sábado, 29 de noviembre de 2014

LA LOMA DEL GUSTO

LA LOMA DEL GUSTO


Por Francisco Cadrazco Díaz
Escritor Colombiano-Región Caribe

El alto de la mina, por Bosconia Cesar, La loma de la Venera, en Ovejas Sucre y La Loma del Gusto en Loma Seca, San Benito Abad, han sido promontorios de arena y barro rojos que causaron más de un problema a los conductores que por ellas transitaban.

Por la región de la Loma del Gusto, no se podía transitar en horas de la noche, por varios factores negativos, de este y del otro mundo, en especial cuando estaba llovido, era una loma enjabonada, llena de fango y barro rojo, más lisa que resbaladero de caimán.

Esas eran las palabras de miedo y terror que contaba Teocrito Jaraba Meza, un anciano que vivía a tres kilómetros de  la loma y que cuándo llovía, el en su mente un poco desequilibrada, contaba con lujos de detalles lo que veía desde su morada.

Decían los mayores y los menores escuchábamos con miedo y terror de todas las cosas que sucedían en la loma del Gusto, llamada así, por todo el gusto que daba subirla en vehículo y al mismo tiempo bajarla, como decía el cabo Leytón, se me quería salir el corazón, allí la prudencia del conductor era subir la Loma despacio y a 20 R.P.M,  y disgusto de los conductores que tenían que transitar y superar la loma, después de un fuerte aguacero.

También decían los mayores, que allí en la loma, el tigre se comió a una señora que venía para el puesto de salud, con dolores de parto, también decían que allí se reunían los penitentes, en semana santa y que un primo del mono, mató a su mujer y a sus hijos, picoteados con una rula y  muchas cosas más, para llegar o salir del pueblo, cuando caía un fuerte aguacero sobre ella, había que esperar que el Astro rey emitiera sus rayos con toda la potencia.

Teocrito nos contaba en el parque principal del pueblo, cuando venía de su casa cerca a la loma que: Una noche se despertó por el ruido de una nave espacial que se posó en la Loma del Gusto a eso de las once de la noche de un domingo oscuro y bajo la lluvia.

El observó a la nave de donde se bajaron unas personas extrañas, que corrían de un lado a otro de la nave que no apagaba sus luces, bailaban y danzaban alrededor de ella, la empujaban con sus manos, vociferaban y cantaban melodías celestiales, los perros de las fincas cercanas aullaban de terror.

Después de un rato observando, vio a otra nave que se posó en el camino delante de la otra y luego las personas desaparecieron y las dos naves siguieron por tierra con vía al pueblo.

Al día siguiente el mono Jaraba como lo llamaban, se acercó al sitio de la loma y observó unas huellas de zapatos de gigantes, unas huellas de pies, de niños y mujeres, huellas de tigres y panteras, perros y gatos cimarrones, abarcas suela de cauchos, latas de embutidos con letras en japonés y un sinnúmeros de elementos no propios de las tiendas comestibles del pueblo caribeño.

Joselito Abril, un ducho  conductor de esos caminos estaba escuchando el relato del Mono Jaraba, a sabiendas de que el señor estaba Loco, más cuando esa noche en referencia Joselito no se quería acordar ya que él fue el protagonista y responsable de todo lo que en ese sitio de la Loma del Gusto sucedió ese domingo, cosa distinta a lo que narró con lujos de detalles el mono, tan buena la historia que los niños y jóvenes temblaban del miedo.

La verdadera historia contada por Joselito, días después que se enteró que a Teocrito Jaraba Maza, se lo habían llevado para el sanatorio de Turbaco Bolívar, por la perturbación de lo que veía en la Loma del Gusto, siempre que llovía, desde su casa a tres kilómetros distancia.

Esa tarde de Domingo, cuenta Joselito Abril, salió de la capital, con treinta pasajeros conformados por hombres mujeres y niños, además llevaban gallos, gallinas, perros y hasta gatos, iban en la chiva la melón, ya entrada la noche el vehículo presentó fallas mecánicas.

Joselito y su ayudante se orillaron de la carretera y dictaminaron que la guaya del acelerador del vehículo hizo corto circuito y se quemó, perdiendo el vehículo la aceleración y por su puesto la marcha, para desvararse se consiguieron un bejuco y desde la cabina hasta el motor Joselito aceleraba con la mano izquierda y manejaba con la derecha.

Luego se presentó un fuerte aguacero que  preocupó al conductor,  por el paso de la Loma del Gusto, el automotor seguía su camino despacio, hasta que llegó a la Loma y no pudo subir, todos los pasajeros se bajaron y procedieron a empujar el automotor a ver si lograban superar la Loma, bajaron la carga, para quitarle peso, pero fue imposible. Las luces del vehículo daban y encandilaban la casa del Mono Jaraba.

A la hora apareció el único tractor de Marca Ferguson que había comprado el Blanco Pérez para rolear en su finca de pastar Ganado y fue la salvación para la Chiva La Melón y sus pasajeros  el único trasporte público que circulaba por esa vía.

Teocrito Jaraba Meza, se encuentra mejorando de su mente senil, un agricultor que entregó todas sus fuerzas de trabajo para criar a sus 7 hijos, que lo visitaban en el sanatorio, lo mismo hacía Joselito Abril, al cual le tocaba escuchar el relato de los ovnis y los extraterrestres de la Loma del Gusto, en Loma Seca, San Benito Abad, mi querida tierra.


Las tres lomas citadas ya no existen, los protagonistas, tampoco, solo está mi persona, uno de los niños que escuchaba los cuentos de La Loma del Gusto, contados por El Mono Jaraba Meza, hoy, toco madera, con el fin de no acordarme en las noches, de todo lo que decían los mayores, sobre La Loma del Gusto.

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