sábado, 2 de septiembre de 2023

VIANDAS PARA UNA ETNIA ANCESTRAL

 

VIANDAS PARA UNA ETNIA ANCESTRAL
Por Francisco Javier Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano

 

Por situaciones de la vida, una vez me convidaron para La Ranchería en Maicao, compuesta por una conglomeración de personas de la etnia Wayuu y Ari junas (blancos). Específicamente íbamos para donde Juancho Chole y Luz Mila Epiayú, desde Maicao un avispón negro nos llevó, para evitar que me cobraran caro, le hable guajiro que me sale bien por tener familiares allá, el recibimiento fue apoteósico, una numerosa familia que con una venia de cabeza nos dieron la bienvenida.

Ya advertidos que había que recibir todo lo que nos ofrecieran, nos dispusimos sentarnos en una estera sobre el piso y compartir una amena conversación, como lo hicimos en Barranquilla a su llegada a mi hogar.

Acto seguida una totuma pequeña con un hirviente café tinto, degustado sin espabilar, pedí permiso y fui a el vehículo y baje un bulto de alimento no perecedero y se lo entregue a Juancho, este lo llevó a un saxo o deposito y cerró la puerta con candado, mentalmente me acordé que de esa comida, no oleríamos ni la manteca caliente, así fue, después de la tertulia con esa hermosa familia, vi que traían un chivo macho y lo colocaron frente de mi, vea Primo ese es mi regalo por su hospitalidad y comportamiento con nosotros, le estamos agradecido, le amarraron las patas y lo tiraron en el platón de mi camioneta Ford 100, de modas en los 1970s, el almuerzo fue chivo friché con guiándolo y yuca arenosa, de reojos miraba a mi esposa Vallenata, ella casi no come y ellos servían cerros de arroz y chivo a la carta. Tragos vienen y tragos van, era Wiski y lo combinaban con chirinche. Llegada la noche, Luz Marina se llevó a mi esposa para la casa y le tendieron un toldo. Mi persona bajo una fogata de leña, la luna brillando en el firmamento, estuvimos hablando de negocios hasta las dos de la mañana.

Bien temprano nos despedimos y fuimos a la policía de Maicao a sacar un permiso para trasladar el chivo a Barranquilla, especificando de quien era, si fue comprado, robado o regalado. De las viandas, no supimos nada, porque la costumbre es que lo que se les lleva de regalo, no es compartido con los Ari junas.

Ya el chivo no existe, pero sus descendientes están pastando a la orilla de la falda de la Sierra, en Mariangola Cesar, al cuidado de un Tío Política, a quien recordamos infinito.