miércoles, 17 de octubre de 2018

UN AJUSTE A LA IMAGINACIÓN HUMANA- EN HONOR A MI HERMOSO PUEBLO







UN AJUSTE A LA IMAGINACIÓN HUMANA- EN HONOR A MI HERMOSO PUEBLO
Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano


Al igual que en los ajustes contables en la economía, a la imaginación hay que ajustarla en el debe y el haber, porque si no le puede pasar como el desboque del caballo blanco de don Abel de la Ossa en las barrancas de pichilin, así decia Toñole, en otrora tiempos de la subienda del bagre y la pacora por la ciénaga de machado.

En la plaza principal donde florecía el palo de matarraton y el arizal del portón de entrada al seminario mayor de mi pueblo, la hermosa Villa de San Benito Abad, los mayores se reunían a hablar de política, comercio, pesca, ganadería y agricultura, era un conglomerado sin ínfulas de grandeza y con ínfulas de buenos trabajadores, cada uno de ellos destacado en su oficio.

Por ejemplo, el pescador decía que el año pasado en la ciénaga de machado se cogieron mas de trescientas arrobas de bagre, con unas ganancias en pesos de puntos. El Agricultor manifestaba que la cosecha a recoger este año en la finca madre de Dios, estaba dando unos cinco mil bultos de arroz en espiga. Que iban a tumbar las montañas barrieras, que solo esperaban la primera lluvia para la siembra.

El ganadero manifestaba que en la finca Palo negro se estaban sacando a la venta mas de cincuenta cantaros agrarios de leche y una producción de queso de cien arrobas. De allí salió el famoso cuento del lomo del toro negro.

Desde la distancia con un oído finísimo estaba el cubita, digiriendo en su imaginación, la valentía de esos señores, esa matanza de bagres en ciénagas de la Villa, esa espiga de arroz en madre de Dios, sembrada por los Cadrazco, Caldera, Benítez y Garavito, presencia de este escritor siendo un niño joven, palo negro una hermosa finca de no sé quién era el dueño, pero al fin mucho ganado a orillas de la carretera, que orgullo, que ejemplos de padres, entre ellos el cuba viejo. Allí entraba a hacerles ajustes imaginarios a mi mente, que captaba guardaba y lo que no me servía lo desechaba con el filtro de las buenas costumbres aprendidas en la Escuela San Luis Gonzaga de Palo Alto, dirigida por la regla y tabla de madera del multiplicador del conocimiento Gustavo Benjumea, 

Otro templo de mi educación y los valores lo era la casa de bareque y pisos de tierra, adornada con tres hermosos parches de barro rojo y cenizas de leña, en la esquina sur de la placita, dirigida por Isabel Román, las primeras letras de la niña Cristina Cárcamo y Lucita Bermúdez.

Allí en la placita en donde las tertulias para niños y jóvenes tenían sus ajustes de imaginación, historias contadas por Rafael Gazabon, José Hernández, Nelson Montes De Oca, Abigail Mario (El Docto), Luis Pupo, Nereo Barbosa, El cuba y José Morón y Hector Atencio, con calibres de miedo como para no dormir e ir a dar a media noche a los pieceros de los abuelos o padres, siempre despedían las tertulias con tres frases, viene el Candelillo.

Querido pueblo que recorría en las noches el caballo relinchón con jolones de cuero, el perro con lengua de fuego en el pretil de la casa de la niña Chancho, el hombre vestido de blanco haciéndole pantomimas a El Val, en la calle de las Avispas, los burros o asnos de propiedad de los Benítez, quienes en fila india recorrían el pueblo, semejándose en la oscuridad a grupos armados, la luz del playón, que ahora dicen que se mudó para las playas, porque ya no hay playones.

Impresionante la salida al paso en la madrugada, donde salian unos caballitos de mar electrizados corriendo en la superficie del agua y haciendo cruces por las piernas de los humanos.

Y donde me dejan la salida al volcán desde la casa de María Berania había que atravesar la laguna hasta coger las barrancas del volcán hasta la casa de Santander Imbett, el tigre de madre de Dios saliendo a los playones a comerse el ganado cimarrón, el toro Candelillo, las ensenadas de rincón largo, el arroyo la dorada desbordado en los tres puentes con rendijas en las tablas de madera, el arroyo del paso de los chivos, la chambita, el ojo de agua, los jobos y la punta de la pesquería.

De esa famosa Escuela de la Vida, de ese oscuro pueblo la planta municipal se prendía a las seis de la noche y se apaga a las diez en punto, enclaustrado en el bajo San Jorge, perteneciente al triangulo del saber, de la inteligencia humana (Bolívar, Córdoba y Sucre), en donde brota la décima, el porro, la cumbia, el canto de vaquería, la poesía, las bandas de viento con su guapirreo implícito en su alegría, la pesca la ganadería y la idiosincrasia del hombre trabajador, de allí son mis cuentos, mis escritos con sabor a pueblo, con ajustes de la Imaginación Humana, plasmados en el  Blog: entrecuentosporrosyfandangos.blogspot.com. Con sello Villero %.



lunes, 15 de octubre de 2018

UN TIGRE DE BENGALA A LA MITAD DE LA MAR






UN TIGRE DE BENGALA A LA MITAD DE LA MAR

Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano

Venía un Barco Japonés surcando las aguas del Océano pacifico para cruzar por el canal de panamá, administrado por estados unidos por espacio de 99 años, , cargado de mercancías del occidente, su tripulación y un circo en donde venían toda clase de animales salvajes, lo llamaban el gran circo de don Pacho, con toda su tripulación cirquera con dirección a la placita de la Villa.

Entre los cirqueros venia un joven de unos 16 años, hijo del dueño del circo mas su mamá, ellos de origen Indio, a mitad de la noche se formó una gran tormenta con rayos y centellas y estas fueron a dar al motor del Barco y este se estalló, volando en diez mil pedazos, sólo quedo bien una canoa salvavidas de color blanca, el muchacho nadó hacia ella, pero ya en su interior estaba acomodado el tigre de bengala que le peló sus dientes blancos y no lo dejó subir, el muchacho recogió  pedazos del barco e hizo una balsa, pero se aferró a la cabuya que sujetaba el ancla que ya no existía, allí amarrado al barco bajo la intemperie al amanecer divisó el panorama y no había humano respirando, no mas quedaba el tigre de bengala y él.

Ya el felino presentaba agresividad, comprendió el joven que esos dos animales tenían hambre, había que buscar la manera de conseguir comida para el tigre y por su puesto para él, se tiro a la mar y recogió una maleta metálica y pudo comprobar que se trataba de elementos de auxilio en caso de un naufragio, luces de bengala, un Jarpón, un anzuelo, un chinchorro de mallas pequeño, un cuchillo banquero y unos guantes de cuero fino.

En la lucha de poderes, el joven le cortó con el cuchillo un pedazo de oreja al tigre y con eso se dispuso a pescar, la justicia divina estaba de su lado, ya que era un joven educado en la religión de a su país, pescó una pacora de vente kilos y no la podía subir a la balsa, allí fue donde intervino el tigre que por primera vez le hablo al joven y entre los dos subieron la pacora y la mataron con una porra de madera, a los cinco minutos los estaban rondando mas de veinte tiburones, cual de ellos fuera más grande, atraídos por la sangre, con ellos llegaron un cardumen de sardinas y llenaron el bote del tigre que ya había hecho las pases con el muchacho.

Exhaustos y llenos de estomago se quedaron dormidos, la barca pasó por el canal de panamá, cogió orillas de Urabá, Cartagena y toda la costa hasta llegar a bocas de ceniza en Barranquilla, pasó el puente Pumarejo, el Alejo Duran, el puerto de Magangué y entró por la boca a quince kilómetros antes de Magangué, pasó por la boca de san Antonio, jegua rio san Jorge arriba y fue a dar a doña luisa, una hermosa playa de mí pueblo, la Villa de San Benito Abad, unos pescadores de chinchorro estaban en la orilla a las tres de la mañana jalando cinco chinchorros, eran unos treinta hombres y atónitos vieron a dos vallenas anclar el bote blanco, acto seguido  bajó  el tigre de bengala, le siguió  un joven negro, con una melena larga, cuando en esa época de la vida el corte de cabello era bajito, con un copete o moña en el jopo.

El tigre fue a dar a la placita, desde ese momento reina el tigre en ese lugar, claro que después se mudo para la ventana al mundo, el muchacho lo veían al lado del tigre, con un pantaloncito mocho, seguía melenudo, era un experto en subirse a los árboles entre ellos las palmeras de coco y bajar cuanto fruto tuviera, nadaba en la chambita y se bañaba con sus compañeros de la placita en los reventones, jalaba trompadas en la esquina de la niña pupo, después ayudaba al cura a decir misa y tocaba las campanas.

Por esos motivos casi nadie sabia quienes eran sus verdaderos padres, solo la adopción de dos ancianos, quienes lo protegieron hasta que un día desapareció de la vista de los Villeros.

El Tigre ronca de vez en cuando por los lados de palito, las vallenas moran en doña luisa y el joven lo han visto de vez en cuando en la misa de diez, la de los peregrinos del señor de los milagros.