jueves, 23 de diciembre de 2021

HILOS, BOTONES Y TIJERAS

 

HILOS, BOTONES Y TIJERAS
Por Francisco Cadrazco Díaz
Escritor Colombiano

 

Unos días antes de las dos fiestas de mí Pueblo, La Villa,  de San Benito Abad, llegaba un cacharrero de Sincelejo, con una chaza de madera, vendiendo entre otros productos: Hilos, Botones, Tijeras, dedales, correderas etc.  Ya mi personita estaba para cumplir  los ocho abriles, con el fin de colaborar con el sustento de mi hermoso hogar, me ofrecí a acompañar al mono en su periplo y pregonar por las cinco calles  y callejones de mi pueblo, a cambio de cuatro monedas de cinco centavos diarios, que al sumarlas daban veinte centavos, suficiente para adquirir comestibles en la tienda de Díaz

Por las carencias de la vida. No por la pobreza, porque a decir verdad, los Cadrazco nacimos inteligentes y con valores Éticos, que a estas alturas muchos han perdido, pero este  no es el motivo de mi narración, el cuento es que para esa fecha, los niños jóvenes no usábamos ropa interior, en mi caso, camisa de cuero, cuero, pantalón mocho y zapatos de cuero, cuero, para resumir solo una prenda, el pantalón, lo demás lo bronceaba el Sol.

Bien temprano me bañé, con la mano erice mi cabello-afro-indígena y me aposté en la puerta del hotel en donde se alojaba el Mono, con el fin de iniciar el día de trabajo, con la chaza de madera en mi panza, sostenida con una correa que pasaba por mi cuello.

No habían corrido dos minutos, cuando del interior de la residencia, salía una mujer de mal carácter a decirme que me retirara del lugar, porque le iba a espantar los comensales, que por cierto eran muchos, hasta esta fecha, no entiendo que quiso decir la señora, pero esta afrenta a mi persona, jamás se me ha borrado de la mente, no quiero especular con sus palabras, pero a carta pelada me corrió porque no tenía camisa, menos zapatos y mi afro cabello no reunía las condiciones para estar en tan lujoso hotel.

Como el tiempo pasa y deja huellas, unas buenas y otras malas, la vida cambia de acuerdo al camino que elijas, en ese mismo hotel, después de cincuenta años, tuve la oportunidad, no de pararme en su puerta, si no de alojarme con mi familia,  pasar desapercibido como un forastero y ser bien atendido por su dueña heredera, a vuelta de cinco días, fue que se enteró, que la familia que estaba allí alojada, era del Cubita como cariñosamente me decían en mi Pueblo. Esta narración es hecha con todo el cariño para mi gente linda de mi Patria Chica, la cual abandoné desde mi juventud, buscando caminos de progresos, solo es una referencia de como mi Dios traza los caminos de la Vida, a cada ser humano.

 

 


A UNA REINA VALLENATA.

 

A UNA  REINA VALLENATA.
Por Francisco Cadrazco Díaz
Escritor Colombiano.

De esas anécdotas de vida, que a través del tiempo les he narrado, esta es una de mis favoritas, como mi persona sabe de dónde viene y para donde va, basado en la experiencia por mi paso fugaz por la Policía Nacional, en el tiempo de la cosecha de la marimba, un día cualquiera me confundieron por mi físico con un guajiro Riohachero, que por cierto fueron desagradables esos momentos y que luego del suceso, mis amigos me decían el Guajiro.

Sabia de mis cercanías  de mis Bisabuelos y Tatarabuelos eran nacidos en la Guajira y que sus castas eran Díaz Barros y Calderón, hasta allí la película, en mi andar de rueda suelta y con ganas de madurar me encuentro a una bella mujer, que no la deje respirar, me pegué y dieron sus resultados, después de 36 años, ya este cuento está añejado en toneles de roble blanco, ya se puede narrar, para que los hijos  nietos lo lean y digan Waooo Abooo.

No fue fácil conquistar a esta bella Dama Vallenata, quería un hombre especifico y a mí me faltaba una sola cualidad de su lista de deseos, la escuché le capte sus mensajes y me lancé, quería casarse con un hombre natural de la guajira, vea ella que me dice eso y de inmediato deje de golpear las palabras como buen sucreño y me convertí en guajiro; Veee prima si yo nací en Urumita, no te suena el apellido Díaz de mi Madre y seguí hablando guajiro que por cierto se me escucha bien y por ultimo cerramos la conversación con un Achooo.

Visitas vienen , visitas van, llegue a su casa con la pinta que me caracteriza, zapatos de cueros marrones, pantalón gris, camisa manga larga floreada, cinturón cuero de babilla y una leontina colgante con un reloj ferrocarril de Antioquia, un buen trabajo, estudiando en la noche y el respaldo de una buena empresa, más para donde.

Llegamos al sexto mes de amores y no aguanté más, había que decirle la verdad a esta bella mujer, que me tenía pechichón con su forma de tratarme, yo que venía a los empujones, pero haría cualquier cosa por no perderla, sus padres muy complacidos, un sábado la invite a Almorzar a un restaurante y después de la comida le solté el bombazo y le manifesté que por no perder esa oportunidad que la vida me brindaba, me cambie de Sucreño a guajiro, como ella lo deseaba, respaldándome en mis apellidos lejanos de mis visa y tatarabuelos, fue un rato amargo, pero después nos nivelamos  este feliz matrimonio con la bendición de mi Dios y como todo, con sus altos y bajos, ya traspasamos la barrera, con tres hijos y dos nietos, pisando fuertes los treinta y seis años y varios carnavales.-