sábado, 23 de julio de 2016

PABLO JOSÉ Y LA HORMIGA ASESINA


PABLO JOSÉ Y LA HORMIGA ASESINA
Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano Región Caribe


Caída la tarde, Manuela María le dijo a su esposo que comiera algo suave para que la digestión fuera rápida y no se le fueran a presentar problemas de pesadillas como en otras ocasiones, pero Pablo José con la terquedad de los sesenta y tres años no le hizo caso a su esposa, fue calentando un medio bocachico frito, buscó limón y le echó en el ojo al pescado para que le ardiera, lo acompañó con yuca parafinada y un jarrón de guarapo de panela Ceciliana.

Después de tremenda cena, sacó su taburete espaldar de cuero de vaca muerta y lo recostó a una madrina de matarratón seco en la puerta de la casa, como siempre lo hacía, los vecinos pasaban con la luz tenue de una electricidad deficiente y entre oscuro y claro lo saludaban: “Adiós don Pablito”, si estaba despierto contestaba adiós fulanito, si estaba dormido el saludo seguía su curso y se estrellaba en el muro de la pared.

Entre sueño y medio dormir comenzó la odisea de la hormiga gigante, Tulio su vecino pasó y lo saludó, su respuesta entre cortada fue: La hormiga gi gi gi y más nada, ya a las 00:00 meridiano, o sea a media noche, Manuelita se despertó, tiro su brazo derecho y no estaba en la cama Pablito, como un resorte se levantó en paños menores y allí en la entrada de la casa, puerta principal estaba sentado gimiendo y llorando el viejo Pablito.

Pablito, Pablito, que te pasa viejo: con su lengua volteada a medio lado le contestó: La hormiga asesina, quítame la hormiga asesina, Manuelita temblaba del susto y lo sobaba por casi todo el cuerpo, menos en el parpado del ojo derecho, que ya a esas horas lo tenía hinchado de la picadura de una diminuta hormiga llamada en mi tierra ají molido, que había descargado su veneno en tan delicada parte del cuerpo de Pablo José.

¡Claro!, te lo dije Pablito, ripostó Manuelita asustada y enfadada, a deshoras de la noche no comas pescado frito con yuca y agua de panela, esa es una bomba de tiempo para ti, por tu edad, mejor bébase un vaso con agua y se acuesta, así no vas a llegar a los 115 años vivo.

Esta historia me la contó Pablo José cuando cumplía sus primeros 63 años, de eso hacen 52 años. Ya Pablito cumplió sus sueños y metas en esta vida, ya no se pertenece, sigue diciendo que la hormiga asesina lo está matando y acusa a su esposa Manuelita que ya se fue hace tiempos, de no darle alimentos.


La Longevidad es buena, hasta que llega la demencia, 115 años no es nada y es toda una larga vida, sueños para contar.

viernes, 15 de julio de 2016

LOS ALGODONALES DE PAPÁ HOO

LOS ALGODONALES DE PAPÁ HOO
Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano- Región Caribe



Veinte hectáreas de tierra sembrada de algodón, con la tecnología y asesoría del Ica, dinero aportado por la Caja Agraria, con respaldo económico de las tierras fértiles de las Sabanas de Aguas blancas, progreso y tesón de su gente. En las calles se veían los tractores con sus zorras de madera arriando toneladas de algodón hacia la Desmotadora ubicada a la entrada del pueblo, las avionetas fumigando el algodón, bandereadas por los niños y jóvenes de esa hermosa época de la vida cotidiana y costumbrista de una región en progreso.

Papá Hoo, salía bien temprano a desmontar la maleza del algodón, de tras del se iba su hijo Ismaelito y sus nietos Willy, (Wii) Antonio, Fernando,  José, cuál de los cuatro  fuera más inquietos, juguetones y perequeros, Vivian haciéndole broma a su abuelo papá Hoo, cuando era el tiempo de la recogida le echaban tierra al saco con que papá Hoo recogía el algodón.

Utilizaban  la calle de algodón con más motas y llenaban los sacos dejando a papá Hoo rezagado, cuando pesaban el algodón en la romana, encontraban que los sacos de papá Hoo estaban más pesados y por su puesto al desocupar el saco le encontraban bolas de barro y arena en el fondo.

Esas Bromas era motivo de risas y festejos, cosa que no le gustaba a papá Hoo y le ponía las quejas a Ismaelito: Ve Ismaelito ponle contención a Wii, eso no se hace con papá Hoo.

Y las bromas con su abuelo aumentaban en la recogida del algodón, una vez encontraron una culebra boa, le amarraron la boca y la cubrieron con una gran mota de algodón, la colocaron en la fila por donde papá Hoo iba a pasar y se escondieron, que atractiva era esa mota de algodón ya recogida de la mata, en tierra, quien la dejaría allí, se preguntaba papá Hoo, miró a su alrededor y no vio a nadie, se agachó y agarró la mota que tenía cabeza y cola, papá Hoo, se privó y resucitó al tercer día en el hospital Rosario Pumarejo de López en Valledupar. Cuando despertó le dijo a su hijo hombee  Ismaelito esas bromas de Wii, van a matar a papá Hoo.

Después de un fuerte regaño a los hermanos y nietos de papá Hoo, le prometieron no hacerlo más, pero ellos no eran de palabra, Wii en especial, le jugaba  la cabeza en la maldad y borró la promesa a su padre y abuelo, se fue para la finca algodonera bien temprano y le armó una trampa a su abuelo, la última, porque después no lo volvió a ver en su vida.

Estaba papá Hoo, alistando los sacos para iniciar su actividad de recoger el algodón, Wii estaba escondido con una carpeta llena de pólvora y una mechera para encenderla y tirársela a su abuelo, papá Hoo lo miraba con el rabito del ojo, con el celaje de la vista, ya sabía que su nieto le iba a hacer una broma pesada, comenzó su actividad y Wii se le fue detrás encendió la mecha de la carpeta con pólvora y se la tiró a papá Hoo, este cayó al suelo, se untó salsa de tomate en la cara y la boca, simulando estar muerto.

Wii al ver la escena de su abuelo papá Hoo, cogió camino y se fue, al llegar a la carretera, se embarcó en una chiva que iba para Venezuela y todavía no ha regresado, pensando que su abuelo papá Hoo estaba muerto.

Hoombe Wii, porque le haces eso a Papá Hoo.


sábado, 9 de julio de 2016

UN RÍO A DOBLE CALZADA

UN RÍO A DOBLE CALZADA
Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano Región Caribe


Pello el hombre de las llaves pidió unas vacaciones para venir a darle vueltas a sus familiares que ya son lejanos por los miles de años que lleva administrando, él sabe que sus generación en la tierra no se ha perdido, con poderes transitorios que le concedió el patrón. Pipo es uno de sus protegidos, llegó del  lejano oriente porque un paisano suyo que vendía telas lo mandó a traer al paraíso, él vive en Colombia a orilla del majestuoso río de la magdalena.

Pello por su longevidad le falló la brújula y vino a dar mucho más abajo de la ciudad del petróleo, acuatizó en la calle principal llamada la albarrada de la segunda ciudad del departamento de bolívar, región caribe Colombia, preguntó y le dijeron que estaba a diez tabacos negros del punto exacto donde se encontraba su pariente, esa es una distancia bastante lejos, más por el río.

Se acordó de los pocos poderes transitorios que le concedieron, miró al majestuoso que corría de sur a norte, contrario a sus pretensiones y dictaminó hacerlo correr a doble calzada, invocó al altísimo y en presencia de todos los lancheros, chaluperos, canoeros y público en general por primera y última vez vieron al río corriendo la mitad hacia el norte y la otra mitad devolviéndose, con un retorno en el Banco Magdalena y el otro en Barrancabermeja Santander sur Colombia.

Allá en el cielo dejaron encargado de las llaves a Mateo, el que cobraba los impuestos en una época lejana, ese que llamó Jesús y lo puso a predicar y pescar hombres de fe, pariente del que cobra los tributos en el distrito de Barranquilla, observó  el circuito cerrado de televisión divisó a la multitud en el punto Magangué, colocó la cámara telescópica y amplio el radio de acción y lo que vio lo dejó tirado en el piso con un infarto del miocardio de la muerte.

Lanchas que subían el rió y canoas que bajaban cargadas de mercancías hacia bocas de cenizas, el tiempo se acortó en la distancia de un lugar a otro, el rio se volvió navegable, comenzaron a llegar los cachacos a la hermosa costa atlántica, venían con el propósito de conocer el mar, colocar tiendas y negocios, por eso es que esta región está cambiando sus costumbres.

Pello llegó a su destino en menos de lo que canta un gallo, que ya cantó. Cuando estuvo en puerto seguro, miró al cielo que estaba encapotado y se venía un fuerte aguacero, las líneas imaginarias del río se fueron borrando y el agua del majestuoso rio de la magdalena colombiano se encausó de sur a norte nuevamente, con un inconveniente, que no quiso coger una pequeña curva más abajo del Banco y siguió derecho por el brazo de loba.

Desde entonces no se ha visto el rió correr a doble calzada, tampoco la principal que corría por la Ciudad Colonial de Mompox y todos los puertos del departamento del magdalena se han quedado estáticos en espera que Pello el hombre de las llaves vuelva de vacaciones y coloque todos los ríos de Colombia a doble calzada, esa sería una buena idea.



sábado, 2 de julio de 2016

EL PATO YUYO Y EL MANATÍ

EL PATO YUYO Y EL MANATÍ
Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano Región Caribe

Hermosa laguna de agua dulce que baja a través del río y su último recorrido es el mar, en sus orillas pastan los patos, las tangas, los piscingos, garzas blancas y morenas, gallitos de ciénagas, collongos y barraquetes, tortugas, hicoteas, babillas y caimanes, ponches o chigüiros y las verdes iguanas.

En especial el pato yuyo, que con su vista dotada de lentes intraoculares y mira telescópica, hace un trabajo de alimentación hundiéndose en las profundas aguas para sacar entre su pico un brillante pez que sin pensarlo realiza la operación de engullir en menos de un segundo.

El manatí un pez exótico de las ciénagas y pantanos, tapones y caños se dio cuenta de la ligereza y certeza del pato yuyo para sacar peses y se le acercó con la propuesta de hacerse socio, partirían la pesca mitad por mitad, a cambio de dejarlo pescar en su territorio, un caño viejo, abundante en peses y rayas con dos agujas en su cola.

Va jugando dijo el pato, pero me tienes que quitar los tapones y tarullas para poder realizar con comodidad la pesca, no se puede dijo el manatí, ese es mi refugio y mi alimento secundario, si  te parece bien saco los peses a playa abierta y tú te encargas de atraparlos, cerrada la negociación, el manatí comenzó a revolver las aguas del caño y los peses comenzaron a salir, el pato a sacar peses y depositarlos en la orilla, pero no contaban con la presencia del caimán, la babilla y las aves carroñeras como la Laura, el golero y la pigua.

Al darse cuenta el pato que se estaban llevando los  peses de la orilla, le dio aviso al manatí que su parte estaba en la orilla, cuando el manatí quiso salir a buscar su parte ya se la habían llevado los enemigos.

Mientras el pato yuyo tenía la barriga llena de peses, que se le movían en su saco y ya no le pasaban de la garganta, el manatí le reclamo al pato diciéndole que ese no era el trato que habían pactado, a lo que el yuyo le contestó que él no tenía cara de bobo y lo que pretendía era juntar los peses en la orilla tragárselos y no dejarle nada.

El Pato vio las malas intenciones del Manatí que cada vez se le acercaba más y sus reclamos eran airados con ganas de tragárselos, entonces el yuyo sacó su mejor cualidad que es “comiendo y cagando”, en pocos minutos evacuo de su estómago los peses que se había tragado y le dejó un montón de desechos al manatí, estiró sus alas y voló bajito a través de la hermosa laguna, jurando no volver a hacer tratos con animales de doble personalidad, como el Manatí del caño de Cecilia.



sábado, 25 de junio de 2016

PIN Y SU MULO PRIETO

PIN Y SU MULO PRIETO
Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano Región Caribe

Decían los mayores que por el camino viejo ya no se podía transitar en el día, menos en horas de la noche, ese camino fue olvidado y la maleza lo fue cerrando entre cardones, tunas y enredadera, el agravante fue que las malas energías se apoderaron de el para hacer toda clase de festines con los humanos.

Plinio PIN, tenía su roza de aquel lado del arroyo calzones, cuando el sol le pegaba diagonal a su rostro, se quitaba el sombrero, se sacudía el sudor con la manga de la franela amansa locos, ensillaba su mulo y partía con los últimos rayos de sol para su casa en el pueblo.

De un momento a otro sonó un trueno, se vino una ráfaga de vientos fríos se oscureció y a llover se dijo, cayeron granizos grandes que atormentaron la humanidad de PIN, esa noche no llegó a su casa, ni el mulo tampoco, cosa extraña porque en otras ocasiones pin se quedaba tomando, pero su fiel compañero de trabajos llegaba con la carga.

Al día siguiente había quedado una estela de árboles en el suelo, las matas de plátano, el maíz, la yuca y el ñame, a ras de piso, indagaron por pin, nadie lo había visto y por mucho tiempo pin no apareció.

De la montaña barriera vino el capataz a dar aviso que el mulo de pin se lo estaban comiendo los samuros, se encontraba a diez metros de altura en el copito de un viejo árbol de mamón macho, fueron a inspeccionar y si era el animal con ti angarilla, aperos y carga, hicieron un barrido al lugar y no dieron con la pista de Pin.

Por la región de córdoba en las estribaciones de la serranía de Ayapel, encontraron a un señor con las características de Pin, sus familiares fueron a averiguar, un poco desesperanzados por la distancia de su pueblo al sitio donde se encontraba el anciano, una casa finca en donde criaban toros bravos de corraleja, había un letrero grande fondo amarillo con letras en negro que decía: “Hacienda Bellavista, toros bravos no entre”.

Allí recostado a la madrina seca de un árbol estaba un taburete espaldar de cuero y sentado en el nada más que el PIN. Tan pronto divisó a su mujer y al Alcalde del pueblo y dos policías amigos, se fue en llanto.

Contó PIN en voz baja que cuando el aguacero una ráfaga de viento levantaron al aire a su mulo y que unos angelitos negros lo rescataron a él, y volaron y volaron y lo dejaron al lado de unos toros que estaban durmiendo en esa finca, a la mañana él se despertó, analizo el paisaje y se dio cuenta que estaba al lado de unos animales que por su apariencia y corpulencia era un viaje de toros de lidia en corraleja, allí se quedó hasta que los animales se fueron a pastar.

Han pasado los años y es la hora que todavía no se sabe la verdad de lo sucedido a Pin, un hombre trabajador, que por desgracia se lo cogió la noche en el camino viejo, que ya a estas alturas del tiempo nadie se acuerda de él, pero sí de la perdida de pin y su mulo subido a un gran árbol de diez metros.

¿Quién se llevó a PIN?, ¿quién subió su mulo a esa altura?, que lo averigüe mandraque el mago.



domingo, 19 de junio de 2016

TOM Y HARRY, UNA HISTORIA DE VIDA

TOM Y HARRY, UNA HISTORIA DE VIDA
Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano Región Caribe

Estos eran dos hermanos Gemelos que nacieron del hogar de Tolentino e Hilaría, al momento de su Bautizo Católico los padres no se ponían de acuerdo que nombres colocarles a cada uno de ellos, desde ese momento esos niños no se pusieron de acuerdo en sus pensamientos, le daban mucho que hacer a su madre y a cada momento estaban peleando y como eran igualitos, el uno culpaba al otro y su mamá lo castigaba.

Ya Jóvenes, cuando terminaron su bachillerato, Tom le decía a su hermano que se iba para el seminario a ordenarse de Sacerdote y servir a la comunidad, en cambio Harry el más rebelde de los dos, su deseo era ser militar, pero no de fila, sino de mando, un oficial, carreras que no aprobaban sus padres, Tole decía que fueran Abogados e Hilaría deseaba en su hogar dos médicos.

No conciliaban hijos y padres, tampoco gestionaron para avanzar en esta corta vida, Tom se ganaba la vida en un camión transportando mercancías varias de la región, Harry, bueno a decir verdad no hacía nada, vivía en la calle, cargaba una navaja, una rama de totumo viche y le sacaba punta hasta que se le acababa, masticaba tabaco negro y sus dientes se fueron carcomiendo con la nicotina, cosa que sufría su mamá Hilaría, hasta que su corazón no dio más, antes de su despedida de esta vida, reunió a sus hijos y les cantó la cartilla coquito, por última vez y los comprometió a ser mejores, a superarse y seguir adelante, ambos con sus lágrimas brotando de sus ojos afirmaron que iban a ser lo que cada uno prometió.

Parece mentira,  la ignorancia sobre esta hermosa vida nos carcome la mente y no llegamos a un punto de equilibrio mental, así como llegamos, nos vamos, pasamos desapercibidos y tratamos de atropellar a nuestros semejantes, en vez de ayudarlos a sobrevivir, esto se los comento porque a Tom y Harry, les cambio la forma de pensar la muerte de su madre, me imagino, pienso y razono que su progenitora seguía dándoles vueltas y empujándolos a llevar mejor vida, el viejo Tole se la pasaba en su pedacito de tierra de 500 hectáreas sembradas de algodón y peleando el sueldo con sus trabajadores.

Una mañana a las tres y media, los dos hermanos se tropezaron al frente de la tinaja de agua helada en la sala de su casa, uno le dijo al otro: Herdaaa Tom no he podido pegar los ojos en toda la noche, esas palabras de mamá me taladran los oídos, la mente y la tranquilidad, yo como que me voy a estudiar a la U. Veee Tom, contesto Harry a mí me está sucediendo lo mismo, tenemos el mismo pensamiento. Se pusieron de acuerdo y hablaron en la mañana con su padre Tole, no se diga más, los felicito hijos, su madre debe estar contenta allá en el cielo y miró para arriba el viejo.

Las dos maletas de cuero con fuelles de acordeón, fueron bajadas del salso y empacaron su ropa, ese día ese único día, los hermanos se vistieron con el color de la ropa igualitos, pero ya no se parecían, Harry tenía un aspecto de desaseo total y necesitaba un retoque, un maquillaje, en especial su dentadura, pero la intención de ambos era buena, diríamos buenísima, con la bendición de su Padre partieron para la gran ciudad a conquistar el mundo que les quedaba de vida, el otro ya lo habían perdido.

Pasaron los años y los hermanos Tom y Harry no asomaron sus narices en el pueblo, es más ya sus habitantes no se acordaban de la lata que daban, Tole, su padre se fue deteriorando,  el capataz y su esposa decidieron mandar a un mensajero su primo Evaristo a localizarlos para que se encargarán de su salud y sus bienes, después de un mes de búsqueda los encontraron, Evaristo no los conocía, menos los distinguía, no sabía quién era Tom y quien era Harry, ambos vestían una bata blanca con un símbolo de una serpiente subiéndose por  un perchero y debajo unas letras en alto relieve que decía “Medico”. Pero lo más sorprendente era la dentadura de Harry, dientes blancos blancos, dos de ellos de forrados en oro y dos del otro lado en plata.

Llegaron al pueblo y se formó un alboroto en la calle principal, solo en casa quedaron las gallinas y los gatos, no fueron a ver a los hermanos por purita flojera, en cambio que los perros estaba allá en primera fila, sacando pecho y gases los mal educados, Tole al ver a sus hijos se levantó del taburete y caminó, abrazó a sus hijos y nuevamente miró al cielo y dijo: Gracias vieja sé que esta transformación de vida de mis hijos, es obra tuya. Mandó a buscar la banda de música y pidió que le tocaran el Tole, un porro sabanero que interpretaba su abuelo y su tío en la banda vieja del pueblo y sacó pareja a bailar.

Las filas en esa casa eran inmensas, los dos galenos examinando, formulando y regalando la medicina para la cura de los habitantes de ese hermoso pueblo macondiano, incrustado en la falda de la imponente Sierra Nevada, Tom era médico y Harry Odontólogo, Tole gozó de  larga vida, ya en la longevidad, bajo la mirada fija de sus dos hijos fue a encontrarse con Hilaría, más allá donde la mente y los ojos del humano quieren y no pueden ver. Tóquenle el Tole, a Tole.



sábado, 11 de junio de 2016

LA PEINILLA DE DOBLE FILO

LA PEINILLA DE DOBLE FILO
Por Francisco Cadrazco Román
Escritor Colombiano Región Caribe

María Del Pilar Loreste Valdivia, una mujer extranjera, llegada a esta región en compañía de sus padres, usaba una pañoleta de colores en su cabeza, embonada hasta sus cejas, difícil de verle su rostro completo, a pesar de esas  limitaciones visuales era muy bella, del matrimonio con Baldomero Rizo el hombre de la peinilla de doble filo, nacieron dieciséis hijas y un varón al final del ocaso de la bella mujer, crecieron bajo la rigidez del padre y el buen cuido de su madre.

Salían a la calle de a cinco juntas, adornaban la cuadra por donde transitaban, les tenían prohibido pasar por el kiosco de Paulino porque allí habían muchos hombres consumiendo licor, Baldomero se mantenía en una porción  de tierra, a la cual le sembraba pan coger y alimentaba con hierba a sus vacas, de allí salían cosechas de maíz, arroz, yuca y frijol, suficiente para mantener a su numerosa familia.

Bien vestidas y acompañadas de su madre, pasaban por la calle del medio los Domingos a misa, los hombres apostados en las aceras para observar y escoger a la más bonita, trabajo que les costaba ya que su madre les colocaba pañoletas en sus cabezas, sin embargo sobresalían, María, Bebsaida, Olivia y Teresa.

Dentro de la finca de Baldomero había un cerro de gran altura adornado con matas de pringamoza, caliche y barro resbaladizo, era imposible subirlo en tiempos de invierno, además su dueño lo rezaba para que nadie entrara a su sembradío, habían diez perros bravos,  en las noches los soltaban y era muy peligroso merodear por ese camino, decían los vecinos que Baldomero se ponía a rezar y de sus manos salían los perros.

Él decía que el hombre que fuera capaz de sembrar una bandera en su honor, en lo más alto del cerro, se cazaría con una de sus hijas y quien pretendía burlarse, conversaría con su peinilla de doble filo.

Les cayeron los primeros rocíos de agua lluvia bendita y las niñas y se convirtieron en señoritas, que dolor de cabeza para esa madre cansada de tanto parir y el acoso de los jóvenes por adquirir una de las belleza humana, vestidas de uniforme de cuadro azul con blanco, medias blancas y zapatos negros, una detrás de la otra para el colegio.

Cuando se formaba un alboroto en la escuela de varones, eran las hermanas Rizo Loreste que iban pasando, ya los profesores no podían controlarles las hormonas a esos jóvenes y se formaban peleas.

Al terminar su bachillerato diez de las Rizos se fueron a estudiar carrera, quedaron seis más el joven Adelfo entrado en los ocho años, después se fueron las restantes a encontrarse con sus hermanas en un país del oriente medio, en unas vacaciones de junio se presentaron tres de las dieciséis y se formó la revolución masculina.

Pacco, Ambrosio y Tomás, los postulados por tener facilidades económicas y ya profesionales llegaron a la casa  de Baldomero a pedir la mano de las bellas mujeres, llegaron sus padres y tres testigos, acompañados por el Alcalde Municipal.

Firmaron un acta de compromiso que entre sus cláusulas decía: Subir el cerro empinado a pies descalzo en línea recta, después de un fuerte aguacero, Izar la Bandera Colombiana, una dote de mil cabezas de ganado cebú cada uno de los postulados, respetar sus costumbres Árabes adquiridas por línea materna, la pañoleta en sus cabezas, respeto y buen trato para cada una de ellas, donde los tres eran petulantes, borrachones y prepotentes, y la última clausula si no lograban las barreras se tenían que largar del pueblo y no molestar más a las tres hermosas damas.

Se llegó el día, esa noche anterior cayó un aguacero, pero solo fue en el cerro, ese día las matas de pringamoza amanecieron más grandes y florecidas, las piedras con filos cortantes y el barro listo para amasar.

Pacco, no amaneció en el pueblo, su papá lo sacó a media noche cuando comenzó a tronar y llover, Ambrosio estaba resfriado y con fiebre, solo quedaba Tomás, quien pretendía a la bella Bebsaida, un muchacho fornido de color blanco, entrado en sus veinticinco años, acostumbrado a coger corozos en buenos aires y el ojo de agua.

Todo el pueblo se volcó a la finca de Baldomero, los murmullos y las risas por los que no se presentaron, les decían poco hombres, Tomás recibió del Alcalde una Bandera en honor a las tres señoritas y a sus padres, debía llegar y situar la bandera en lo más alto del cerro.

Después de seis horas llegó Tomás a la punta del cerro moribundo por las laceraciones de la pringamoza y las piedras cortantes, izó  la bandera y se desmayó, cuando lograron bajarlo ya estaba muerto, al día siguiente de su muerte casaron a Bebsaida con Tomás.

Tres días después los Rizos cargaron sus enceres y se marcharon para el lejano oeste, la finca se la dejaron a la familia de Tomás y solo se recuerda a las hermanas Rizo, su belleza y buena Educación.

El Cerro fue tecnificado de él salen las mejores cosechas y donde ondea la bandera  Colombiana hay tres grandes torres de comunicaciones, por donde se comunica Tomás del más allá, con su hermosa Bebsaida, la peinilla se escucha todas las noches cortando y limpiando el gran cerro. Pacco y Ambrosio, siguen su vida desordenada, aperados en sus caballos, de corraleja en corraleja.