domingo, 10 de diciembre de 2017

EL TORO CANDELILLO, EL HOMBRE ARAÑA Y HULK



EL TORO CANDELILLO, EL HOMBRE ARAÑA Y HULK
Por Matías Cadrazco Blanco (3.8 años)
Futuro Escritor Colombiano

Mi abo, de abuelo, como lo llamo desde mis primeras palabras de vida, me cuenta en una hermosa tarde, que el gran toro Candelillo, que pastaba en los playones de su querido pueblo San Benito Abad, la Villa, su color Candelillo, su morillo de cincuenta kilos y sus astas a media luna, temido por su fiereza, con solo un silbido del Nello, el señor  Morón, Carlos bello, o Héctor se venía sigiloso.

Mi abo me cuenta que un día salió para palito, llevaba en el cinto  un mocho de lo que fue algún día una rula colín, eso si bien afilada, dispuesto a llegar al cayo de piña que se encontraba frente al aeropuerto de palito, iba acompañado del milagroso de la Villa, con el rezo del padre nuestro en latín.

Ya de regreso venia silbando la Pollera Colrorá, de Wilson Choperena, de  moda en ese lejano tiempo, atravesando el camino playón para entrar por el volcán o por la charca de María Correa, siente unos pasos de 600 kilos ya casi pisándole los talones y emprende carrera que alcanzó la máxima velocidad, como él dice venia volando y el Candelillo detrás, la salvación de mi Abo fue una termita de más de tres metros de altura, allí legó el Candelillo y le arrancaba pedazos de barro a él gran muro construido por miles de comején o termitas.

Antes de que mi Abo continuara narrando ese episodio yo no aguanté más y le mandé a El hombre araña, quien amarró por las astas al toro Candelillo, mi Abo vociferaba pidiendo auxilio, Auxilio, El gran amigo Nello Montes De Oca su salvación en casos difíciles como el día que se subió en la escalera de la Melón que iba con destino a Sincelejo, a la distancia el Nello gritó desde su caballo alazán: He, He, He, el Candelillo se voltio y emprendió carrera hacia el Nello, oportunidad que aprovechó mi Abo y emprendió feroz carrera hacia el centro de la placita.

Pero yo quedé pendiente que pasó con el Amigo Nello, el Candelillo ya estaba dándole alcance y  saque de mi mente al temido Hulk que se enfrentó al Candelillo, arrancaron con las astas a más de cien termitas, cavaron huecos en el playón como si fueran a sembrar cabuyas de arroz y para remate llegó el hombre araña y le dio una manito a Hulk. 

Esa pelea vino a dar al paralelo 5-4ª del área Metropolitana de Barranquilla, el toro Candelillo acosado voló de torre en torre y fue a dar a una torre de Corelca de más de 4.000.000 voltios de energía, lo perseguían el hombre araña y el temido Hulk que en esa ocasión se unieron en contra del toro Candelillo, y por fortuna se electrocutaron, el Candelillo fue  volaba y volaba y se arrinconó en la huerta entre María Correa y Dioselina de Hernández, duró una semana allí, en esos días no hubo clases en la escuelas primarias masculina y femenina de la placita, entorno de la niñez mi Abo a quien quero y adoro.

Y así fue que pudieron dominar al Candelillo que emprendió carrera hacia la placita y destruyó las cercas de la estaca, la huerta de Virino y el callo de bijao de María Librada, iba escoltado por cinco vacas y tres huelles, encima llevaba al hombre sin cabeza con destino  hacia la finca El Siso de propiedad de la familia Imbett. 

La verdad que no podía dejar solo a mi Abo en esa odisea con el Toro Candelillo y como yo tengo mis aliados le colaboré con El Hombre Araña y el temido Hulk dos muñequitos con quien juego cuando salgo del colegio y el hombre sin cabeza que sale en la batalla de flores en los carnavales de Barranquilla.


lunes, 6 de noviembre de 2017

UNA BETA DE PIEDRAS DE MARFIL, EN EL CASCAJAL




UNA BETA DE PIEDRAS DE MARFIL, EN EL CASCAJAL
Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano

Erase  la poza del Cascajal un lugar mágico, en donde una vez los Bolaños se les dio por sacar tierra con piedras (Cascajo), para levantar cimientos de casa, achicar los huecos de las calles llenos de  agua lluvia y más, mágico porque allí nos bañábamos los jóvenes cundo despuntábamos la pubertad.

Lo malo de la poza el Cascajal era que después de zambullirnos, jugar y retozar hasta que las tripas internas nos daban el alerta que ya el almuerzo estaba a la hora en casa. Llegábamos de color blanco y con la piel reseca, solo era hacernos la prueba en el brazo y quedaba una raya blanca plateada, por eso nos echábamos manteca de corozo de la tienda de la niña Gilma Garcés antes de llegar a casa.

De la poza el Cascajal se sacó tanta cascajo, que el hueco era inmenso, es más allí se ahogaron muchos de mis compañeros de juventud. Una noche estando soñando se me apareció una bella dama y me confesó que en el Cascajal habían unas piedras de colores varios, blanco blanco, azul cielo, amarillo pollito, rojo tinta, rosa, clavel y marfil.

A todas esas, no creí, ya había soñado con toda clase de oro, plata y marfil, de nuevo la Dama me dijo, vez a la casa del Alcalde y observa las paredes de la fachada para que veas como las piedras brillan con el sol, duré quince días con un sol canicular a 39 grados, observando la terraza del Alcalde, ya me daban por desquiciado, tanto así que terminé citado a la Alcaldía, me trajeron el medico del pueblo, este me miró a los ojos, la boca, me preguntó la tabla de multiplicar hasta el 10, camine para allá, devuélvase, haga el cuatro con las piernas y miraba el medico al Alcalde y negaba con la cabeza estilo Pedro el Apóstol, terminaron prohibiéndome la estadía al frente de la casa del Alcalde.

La otra oportunidad de tener piedras de Marfil, era escarbar la poza como puerco trompa largo buscando lombrices, cogí media totuma y sacaba la tierra y piedra por piedra analizaba a ver si brillaban con el sol y como el que persevera alcanza se me dio, cargaba una media de zapatos rellenita de piedras al igual que la media de Abadías Méndez Tolosa, llena de bolitas de uñita.

Cuando los Sacerdotes españoles me dijeron que ya no estaría más con ellos y me vine para Corozal, mi mamá Chave, vendió los libros que estaban en una mochila de lona de hamaca, allí iban las piedras de marfil, que tiempo después le reclamaba con insistencia al pariente, dándomelas por perdidas.


Debía ser una fortuna, porque el joven pariente se educó y compro combis en Sincelejo, bebe ron todos los días, pero como mi Dios nunca en la vida me ha desamparado, soplaron vientos agradables al alma y al corazón, hoy solo son recuerdos que se me vienen a la mente de las piedras de Marfil en la poza del Cascajal, en el barrio zapato en mano, en mi querida Villa de San Benito Abad, una tierra macondiana a la que nunca voy a olvidar, hay que visitarla.

sábado, 28 de octubre de 2017

LOS TRES ÁRBOLES HUMANOS




LOS TRES  ÁRBOLES HUMANOS
Por Francisco Javier Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano

Decía el señor Lucho Celedón allá en lo alto de la Sierra Nevada, en la Finca Santa Tirsa, que salieron tres hermanos a aventurar y le pidieron la bendición a su papá y como él era un hombre de fe arraigada en su corazón y había estado estudiando en un seminario para ser sacerdote, los bendijo en latín. In nomine Patris, et Filii, et Spiritus Sancti. El Amén

Cuando iban en el trayecto, los dos mayores decidieron por envidia desaparecer al menor, lo metieron a un zanjón y le echaron piedras sobre piedras, allí por obra del creador nació un frondoso árbol que sus tallos divisaban el inmenso mar, allí se posaban las aves y observaban su presas para la subsistencia.

Ese árbol brotaba un pitico en su flor, a la distancia por donde iban sus hermanos, el pitico les taladraban sus oídos y tuvieron que devolverse a donde enterraron su hermano, cuando ya estaban cerca la interpretación del pitico decía: Hermanitos espérenme, no me dejen.

Cuando llegaron al frondoso árbol había un hombre corpulento y un perro echado a sus pies, el hombre les dijo que tenían que cumplir un deseo si querían ver nuevamente a su hermano con vida, tenían que cogerle una rama al árbol cuando este se remecía con una inmensa brisa y el perro tenía que estar con los ojos abiertos

El hermano mayor, cogió la rama, el perro estaba con los ojos cerrados y se dio cuenta, en ese instante se volvió cinco perros de los más grandes y salieron en persecución de los hermanos, estos se escondieron y los perros siguieron de largo, seguía el pitico silbando hermanos espérenme, no me dejen, se devolvieron de nuevo ya el hombre no estaba, tampoco el gran árbol, el hermano menor extendió sus dos manos y los abrazó.

Minutos más tardes los tres hermanos quedaron sembrados y convertidos en tres grandes árboles, pero sucedió que donde comienzan las ramas quedó un hueco grande en el tercer árbol, llegaron unas niñas a jugar, se subieron al tercer árbol y la más pequeña cayó al hueco que tenía el árbol a diez metros de profundidad.

La mayor llamó a sus papas y la sorpresa tan grande al escuchar a la niña clamar para que la sacaran, llegaron los bomberos y duraron tres días con sus noches para sacar la niña sana y salva, sin ningún rasguño.

Mientras el papa de los tres hermanos clamaba por saber de ellos un hato de ganado pastaba alrededor de los tres árboles, una vaca grande pescuezo largo agarró una rama, partió el tierno tallo y lo masticó, el hermano menor se trasformó en humano y con su humildad,  agarró las dos ramas de los árboles faltantes y sus hermanos recuperaron su cuerpo humano, solo en ese sitio de la Sierra hay tres grandes piedras que el río se desbordó y arrastró, justo quedaron las tres piedras en símbolo de que allí hubieron  tres árboles humanos, sembrados por muchos años.


Al final de los cuentos decía el señor Lucho, mis hijos cada uno para su rancho, que es hora de dormir y en las tres piedras sonaban los tres piticos, que producían miedo, escalofrío y terror. Y de purita maldad, Patrocinio sonaba un pito de barro en forma de gallina, que nos hacía correr y buscar refugio en las polleras de mamá Chave.

martes, 17 de octubre de 2017

EL CHIGUIRO INTELIGENTE



EL CHIGUIRO INTELIGENTE
Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano

Armados con una mochila de corteza de guácimo y dentro de ella dos docenas de madera de sesenta centímetros, un arpón y quince perros, salió de su casa  Kabir, un hombre de 1.89 de estatura, contextura delgada cuan vara de premio. Sus perros siempre permanecían con un bozal, se pensaba que eran muy bravos pero no, simplemente para que no ladraran y espantaran a la manada de chigüiros que pastaban a la orilla del rio en el pajonal.

El jefe de la manada de chigüiros era “INTELIGENTE”, un animal de respeto y obediencia, para donde él cogiera seguían los demás, desembarcó Kabir muy sigilosamente, amarró la canoa por el ojo con una estaca de mangle seco y cogió el camino por donde los Chigüiros entraban al río, lo que no sabía Kabir era que Inteligente abrió otro camino paralelo a diez metros de distancia del primero.

La regla decía que los chigüiros por donde se van regresan, pues Inteligente hizo la excepción, esto debido a  la que boa contrita estaba acabando con los chigüiros más jóvenes y la raza estaba desapareciendo, ella la boa armaba su lazo corporal y esperaba de regreso al río a la manada de chigüiros, cuando Inteligente llamaba a lista, hacía falta un chigüiro.

Mandaba una comisión de tres, para que llegaran al remolino de la pipa, a  la tienda cantina de Tío Julio, a ver si estaban allá, después prendían Johnson hacia Cecilia córdoba, indagaban si estaban donde las fusfurusfas de turno, nada no estaban y se desaparecían.

Inteligente, al día siguiente mando la manada adelantada y observó cuando la Boa de cinco metros lineales atravesaba el camino y armaba su lazo pacientemente, fue cuando decidió limpiar camino por otro lado, pensando en la boa y en Kabir el intrépido humano.

Habló con su manada y les cambio el camino de regreso, como él era tan inteligente, planeo su estrategia para que Kabir cayera en la trampa de la Boa los triturara y después se los comía, aquí incluía a los perros.

Ese día la  boa capturo a cinco perros que no aparecieron con el oscurecer, Kabir preocupado regresó al día siguiente a buscar los cinco perros y se fueron cinco más, al tercer día con sus cinco perros restantes se consiguió con la boa a mitad de camino dormida, la despertó y le preguntó por los perros, ella le contestó que los chigüiros tenían dos días de fiesta comiendo perros, pero Kabir no le creyó, le miro la panza y le preguntó que si estaba preñada,  los perros que estaban dentro y que no le  hacían digestión porque estaban vivos ladraron.

Kabir sacó su macoco o cuchillo afilado, colgó la boa y le quitó el cuero, le  rajó la barriga y salieron los diez perros que se dirigieron de una a la canoa y se devolvieron para su casa, ahora todas las noches se apostan en el parque principal del pueblo y allí narran con pelos y señales la odisea de la boa.

Kabir sigue yendo a cazar chigüiros pero ahora solo tiene cinco perros porque los diez que se tragó la boa, se resisten a regresar, Inteligente está pendiente y ojo de espía al regreso de Kabir y armó una estrategia para capturar a Kabir y sus diez perros sin bozal, ese día en particular no salieron del rio y los juguetones chigüiros se bañaban en la playa, kabir los vio y armó el arpón, Inteligente alerto a la manada y se hundieron, nadaron y salieron sus narices en el tapón de tarulla que venía bajando por el río, Inteligente desde abajo del agua abrió sus ojos y divisó la figura de Kabir, se le acercó lo cogió por sus dos piernas y lo arrastro a su madriguera en el barranco de río a diez metros de profundidad.

Tres años después de esa odisea, Kabir se volvió chigüiro y ahora pasta con la manada, le crecieron sus caninos y le sobresalen de la boca, come hierva y hociquea el barro para sacar lombrices, su hermano Paul, ahora es el encargado de cazar chigüiros lo acompañan sus cinco perros que le heredó a Kabir, al sentir la presencia de los perros los chigüiros salieron en manada y dejaron a Kabir, este al verse perdido hablo después de tanto tiempo y su hermano lo reconoció lo envolvió en una lona y lo llevó a casa. 

Desde ese día no salieron a matar chigüiros y le hicieron un cuarto especial a kabir, donde lo exhiben al público y cobran veinte centavos por persona a la entrada a ver el Chigüiro con cara de humano. Los domingos en la mañana viene Inteligente con su hermana y cinco sobrinos que le dejó la unión de Kabir con Milis, la chiguira más bonita de la manada.


sábado, 7 de octubre de 2017

LAS FANTASÍAS DEL VOLCÁN



LAS FANTASÍAS DEL VOLCÁN
Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano

El Volcán era una laguna de aguas corredizas que pasaban por un callejón de salida de la Villa a San Roque, su suelo de barro rojo, con unas barrancas en donde se hacían casimbas para coger el agua que emanaba de las profundidades del subsuelo. Permanentemente ese arroyo corría y cuando llovía se crecía, hasta llegar a la esquina de la casa de Berania Cadrazco.

Allí en ese sitio había magia y fantasías, que nuestras mentes, jamás las podremos olvidar, me refiero a los jóvenes de esa hermosa época, residentes en La Placita o barrio El Prado, también a los mayores que  transitaban por ese sector del pueblo, los que venían de San Roque, La Ventura, Callejón y Tierra Santa.

Coger esa manga de dos kilómetros y medio, traspasar la laguna y subir las barrancas, era sinónimo de tranquilidad, de arrojo y valentía, porque siempre algo sucedía, cuando alcanzabas la profundidad máxima, que a veces te llegaba al pecho, y ojo con su corriente que te podía arrastrar y llevarte hasta la laguna la chambita, después de recorrer el arroyo, las divisiones de alambre de púa, un cayo de yuca sahagún, rasquiñosa en sus hojas, la poza de María Librada, en donde salían los desechos de  las monjas.

Entrando en materia, recuerdo que íbamos varios jóvenes a bañarnos a la poza el cantil, que ese día amaneció borderita después de un fuerte aguacero caído en la noche, muy prevenidos ropa en la cabeza, traspasamos la laguna, al llegar a la barranca, miles de Pasa arroyos eléctricos nos invadieron las piernas, nos pasaron corriente y fuimos a dar todos al puesto de la sudad, en la plaza grande, frente a la Iglesia.

En las noches oscuras de octubre, se escuchaba la entrada de un caballo aperado, con su jinete, cogía calle derecho, doblaba por la esquina de Manuel Tous y salía al puerto por el callejón de María Cerbellona, allí en la puerta de Alejandrito Ortega, emitía un relincho de esos que penetraban el alma y paralizaban el corazón. Cogía el callejón y salía a la calle de las avispas y entraba al cementerio, directo a la tumba de un forastero.

Sabidos de todo eso, contado por los mayores y ancianos y bajo las amenazas, el atrevimiento de esa hermosa juventud, traviesa, pero educada, seguíamos bañándonos en el cantil y atravesando por la laguna del volcán. Tipo seis de la tarde, nos cogió la noche bañándonos, una voz salió del matorral y nos dijo, muchachos salgan de allí y váyanse para sus casas,  ojo con los perros negros lanza llamas.

Dicho y hecho salimos corriendo y cuando llegamos al volcán, no habíamos pasado la laguna cuando cinco perros negros, grandes nos pelaron su dentadura en señal de atacarnos y marica el ultimo, al día siguiente vinieron a mi casa a preguntar por el Cachaco que no durmió en casa y la verdad que más nunca lo encontraron, pero como él no era villero, dicen que se fue para donde su familia o en su defecto se lo comieron los perros negros.

La otra figura de la laguna del volcán, eran los peses voladores, todo estaba quieto en sus aguas cristalinas, hasta que un humano tocaba sus aguas, miles de peses voladores de color negro, parecidos al moncholos con dientes, te atacaban y salías de allí rasguñado, había un señor llamado Plinio, el venia de un pueblecito y atravesaba la laguna, no sabemos los jóvenes que le pasó en su nariz, pero los mayores para asustarnos nos decían que los peses voladores de la laguna el volcán se la mocharon.

Y por último, la temible Puerca Negra, grande rabiosa, esa salía en las noches y te perseguía y te  llevaba a la puerta de tu casa, babeado, hociqueado y mordido. Creo que la inocencia, el miedo de esa juventud, la astucia de los viejos, para que no le revolvieran el  agua donde ellos se bañaban con una totuma y jabón de monte y el pueblo sin energía, contribuían a esas fantasías de la laguna del volcán.



sábado, 30 de septiembre de 2017

EL CONEJO Y EL ÁGUILA



EL CONEJO Y EL ÁGUILA
Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano


Un ágil conejo marrón, que pastaba en la huerta de mi pariente Virino, estaba en la mira de mano Sico, de un águila bebe humo y una boa de tres metros que se encontraba en esa zona, el águila sigilosa en el copito de la ceiba de la estaca, con sus ojos a punto de mira telescópica apuntando a toda dirección, a cualquier animal rastrero que se le moviera en un perímetro de un kilómetro a la circunferencia,  lo vio brincar, extendió sus dos metros de alas cuan avión de Avianca en huelga y se fue de picada, llevaba sus garras afiladas, listas para atrapar apretar y matar.

La boa mimetizada en un tronco seco de matar ratón, que yacía inerte en siete metros de suelos lineales, con un hueco por donde un día corrió la sabia que lo nutria, cabeza a fuera, notó el movimiento y con su vaho corporal fue guiando al Cotilino directo al hueco donde se encontraba, primero entro el ágil conejo y en picada venia el águila bebe humo y se incrustó en el hueco, la boa, boca abierta los esperó y se los tragó.

Del otro lado del hueco por donde la boa tenía la cola venía entrando el Caimán, después de una ardua jornada nocturna en la charca de Mayte, donde llegaban toda clase aves de rio, para no mencionarlas, cuando entra a la cueva del árbol, nota la invasión de la boa y de una le mochó la cola con sus afilados dientes que no eran treinta y dos, poco a poco fue engullendo y tragando hasta solo quedar la inmensa cabeza de la boa, que no pudo salir porque dentro de su vientre había tremenda pelea entre el Cotilino y el águila bebe humo.

Todo esto lo captó mano Sico, que solo llevaba una linterna de baterías, una rula vieja sin cacha y con oxido en su filo, más peligrosa que el caimán, la boa y el águila, porque al que le daba un machetazo se moría de tétano por el óxido.

Regresó a casa y notificó a los vecinos de la placita, quienes armados de Arpón, tres perros entre ellos el capitán de mi hogar y, dos hachas y machetes, un lazo de  pinga de toro, dispuestos a sacar el gran caimán, que en plata su cuero valía un mil pesos de la época, eso era un platal.

La lucha por sacar el caimán, el conejo y el águila duró ocho horas, la solución fue meterle candela por la retaguardia del árbol y obligar al caimán salir de la cueva, como dicen, con candela no hay viejo lerdo, en la boca del árbol hueco, estaba un lazo, en espera que el gran caimán asomara su trompa larga y sus dientes afilados, no se podía escapar.


Dentro de la barriga del caimán, habían muebles, taburetes, cuadro en sus paredes, lo que no había eran puertas y ventanas, había una cocina con tres bindes y leña de mangle seco por sus tres lados, una ponchera de aluminio llenita de boca chicos, cinco libras de yuca harinosa, una docena de naranja agrias y diez panelas de hoja, el águila encendió el fogón y el mollo de barro estaba listo con agua caliente para hervir al conejo y comérselo, él conejo  estaba amarrado por sus dos patas traseras colgado de un horcón, dentro del buche del caimán, el  Cotilino estudiaba a toda prisa, como se deshacía del amarre y luego como escapar del águila, que lo quería ahumado y en tiritas.

El ágil conejo escuchaba la conversación externa, cuan feto humano capta las conversaciones de los padres, escuchó el conejo la  lucha por sacar de la cueva al caimán, ya le habían prendido fuego con unas chiribitas y de una, le dijo al águila: Que estaban planeando matar al caimán, metiéndole una dinamita por la boca de atrás y hacerlo miga y que ellos iban a morir de una forma miserable, que se acordara de sus polluelos que los iba a dejar en el nido sin quien les llevara alimentos, al águila se le aguaron sus ojos, y siguió diciéndole que él tenía una cría de conejos pequeños en una madriguera cerca donde se encontraban y que si lo dejaba salir,  él le regalaba los conejitos para que alimentara a sus polluelos.

El águila le dijo que porque iba a hacer eso, a lo que el Cotilino inteligente le contestó que para alimentar a las águilas que no podían volar, que no se preocupara que dentro de tres meses si estaban  vivos la coneja traía al mundo otros conejitos.

Cayó el águila, soltó al conejo, este se sacudió la tierra que había en su cuerpo, miro hacia la puerta de salida, que se encontraba abierta, porque ya el caimán y la boa estaban sofocados por las llamas que tenían en su colas, emprendió carrera y salió a la luz, mientras que el águila se enredó con los muebles y cuando quiso salir el lazo la atrapó, hoy está encerrada en una jaula grande, le ponen guineo de comida y le dan agua.

Sacaron el caimán, vendieron su cuero, este reposa en unos zapatos de dos colores blanco y negro, de un prestigioso abogado-docente, quien los luce para dictar sus clases y dar catedra de Derecho Penal.

La boa, le volvieron tiras su cuero y también lo vendieron, hoy son unos hermosos cinturones y los venden en la puerta del Congreso de la República a los padres de la patria.
El Conejo, pasó un día cerca donde el águila se encontraba cautivo y ella lo reconoció, le pidió encarecidamente que cuidara a sus crías que habían quedado desamparadas en el nido, a lo que el conejo le contestó que no se preocupara que él se los llevó para la madriguera y comparten vida con sus conejitos hijos.

Mano Sico, se fue del pueblo, llega de vez en cuando, habla con el conejo y su familia que  ya está viejo y tiene las uñas largas, conversa con sus paisanos en la placita y el parque, recorre las cuatro calles que dejó cuando se vino para la gran ciudad, visita al Milagroso va al cementerio allá donde una mañana una señora con chalina blanca atravesaba el campo santo a las cuatro y media de la mañana y luego se regresa a su Urbe Metropolitana.


domingo, 24 de septiembre de 2017

PESCANDO EN EL RÍO SAN JORGE




PESCANDO EN EL RÍO SAN JORGE
Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano

Con la inmensidad del cielo azul, unas cuantas nubes blancas viajando hacia el sur, la lucidez de las estrellas en las noches, el paisaje de garzas morenas y blancas, los coyongos y chavarries, pisisngos y barraquetes, caimanes y tortugas, a lado y lado de la orilla del río, con su exuberante vegetación cuan cultivos de caña de panela, siendo pajonales, en donde los chigüiros pastaban en manadas, una canoa de madera de unas dos varas de largo, repleta de personas, entre hombres, mujeres y niños, perros y gallinas, y un tejido social encaminado a la labor de pesca, con un futuro y mira puesto a ganar unos pesos colombianos en el arte milenario de pescar, surcábamos las aguas del  majestuoso río San Jorge, al igual que Jesús el hijo de Dios, con sus apóstoles, tiraban la red y pescaban hombres de bien.

Los pescadores de la Villa, escogían los sitios a la orilla del majestuoso, en donde se alojaban, hacían chozas y ajuntaban el fogón, para cocer los alimentos, tirar la red y depositar la cosecha de peces, después de prepararlos con sal gruesa traída de Galerazamba Bolívar.

Cuidadosamente preparaban el lance o sitio para tirar la red, cuatro o cinco metros de profundidad, personal de hombres concatenados con jóvenes entre los diez y veinte años de edad, dispuestos a zambullirse en las aguas amarillas, en espera de un millar de boca chicos, bagres y pacoras de tamaño regular, desechando a los pequeños, que en esa época eran pocos, los peces llevaban la misión de poner huevos en lo más alto del nacimiento del río, su viaje era de  muchos kilómetros, río arriba, a media noche, disponíamos de una ponchera llena de pescado frito, acompañado de ñame o plátano cocido y un caldero de agua de panela, para mitigar el cansancio y el sueño, después de comer, encendíamos un tabaco negro ovejero para espantar los zancudos. A cada sacada de la red, había un grito de victoria, ánimos  y esperanzas por la labor realizada.

De vez en cuando pescaban a un esqueleto de humano que venía río abajo con destino a bocas de cenizas en la desembocadura del río magdalena, cuerpos inertes, víctima de las guerras que siempre han predominado en este hermoso país, humanos que salían a pescar, a trabajar y nunca regresaban a su hogar donde su esposa e hijos los esperaban.

Llegaba el momento de la subienda de peces, un chinchorro con mayas grandes, sacaba en cada lance tirado unos quinientos o mil boca chicos que convertidos en pesos no daban más de 10 pesos el ciento, mil pesos el millar, su metraje oscilaba entre doce a cuarenta centímetros, bagres pintados de más de dos metros de largo, una abundancia total, trasformada matemáticamente en: A más unidades, menor precio. A menor unidades más precios. Hermoso juego de la Oferta y la Demanda, según la teoría de Carlos Max, en su libro El Capital.

Llegaba el día sábado, diez de la mañana a la repartición del dinero producto de la pesca semanal. El dueño del chinchorro, doble paga, una por el chinchorro y otra por su trabajo, la ranchera mujer que se dedicaba a atender la cocina para una quincena de hombres, le sacaban una parte, los hombres mayores de 21 años, cada uno recibía una parte, los jóvenes entre 21 y 10, cada uno recibía media parte, de la parte de un mayor.

Con ese dinero, los menores comprábamos los libros y los uniformes para el colegio, los mayores, tenían que hacer varios repartos, en el hogar y sacaban media parte de su parte para llegar al remolino de la Pipa a tomarse unas polas.

Indudablemente era un oficio bien duro, pero  lo hacíamos con mucho amor al arte, y cada uno de los pescadores se destacaba en la labor, obteniendo un reconocimiento que perduraba en su vida, que honor haber pescado con determinado jefe o dueño de chinchorro, cada uno de ellos era así como especie de un General de tres soles en la milicia, claro que también habían soldados y muchos cabos.

Hoy en día, solo quedan los recuerdos en nuestras mentes, en especial en la mía, nunca podré olvidar a mi familia pescadora, los hombres de esa época, se medían por su trabajo, no por su dinero o bienes materiales, no es mi caso pero han salido jóvenes de esa época profesionales, con el dinero de la pesca, han sido muchas las satisfacciones que nos dio esa época de pesca, cuando la abundancia reinaba en mi pueblo cada seis meses, en épocas de verano, noviembre-mayo.

Para todos esos hombres que forjaron su vida y la de sus familias a través de la pesca artesanal, sana, compartida con sus compañeros, unos están gozando de vida, otros están en la eternidad, sería tedioso nombrarlos por la cantidad, casi todo el pueblo de mi hermosa Villa de San Benito Abad, fuimos pescadores o en su defecto ligados a tan hermosa y milenaria profesión. Para todos mis recuerdos, me quito el sombrero, en respeto y honor a su difícil labor.


Hoy en día la pesca artesanal es poca su actividad, se sigue pescando y sembrando la semillas en la fe, los valores y muchos seguimos a Jesús y los apóstoles, en cabeza de Simón Pedro, tirando el chinchorro o red,  multiplicando el conocimiento adquirido, en la misión de hacer hombres de bien, para una mejor Sociedad.