sábado, 4 de julio de 2015

PARAGÜITAS, EL DOMADOR DE TIGRES Y LEONES

PARAGÜITAS, EL DOMADOR DE TIGRES Y LEONES
Por Francisco Cadrazco Díaz
Escritor Colombiano-Región Caribe.


Paragüitas eran un joven de unos treinta y dos años, que llegó al pueblo unos días antes de la fiesta patronal y fiestas de corralejas.

Inicialmente Paragüitas venía a torear, era mantero, cuando se terminaba la fiesta en el pueblo, se quedaba unos días más, al igual que el circo de don Francisco, un cachaco que no se sabía de donde venía, tenía una silla voladora, tan vieja que un día cuando estaban dando vueltas sus sillas a la altura de cinco metros, se reventó la cadena y el primero que voló por los cielos fue Paragüitas  haciéndole honor al avión cuatrimotor, el único aparato que se veía por esa comarca.

Esa vez don Francisco le tocó correr con todos los gastos de Paragüitas que por su agilidad de mantero logró salirse de la silla y caer en una cerca de cardón, donde lo esperaron unas afiladas puyas.

Por ese hecho, Paragüitas se quedó trabajando en el circo de don Pacho, lidiando los tigres y leones que a vuelta de pocos días le obedecían a paragüitas y se convirtió en el domador del Circo.

Una noche del mes de septiembre, cayó un fuerte aguacero, venía con ráfagas de viento y ocasionó la caída de la gran carpa y el hábitat de los tigres y leones, que al verse libre cogieron playón, buscando refugio en las montañas.

Bien temprano se conformó una comisión de hombres bien armados  con escopetas de tiro 12 y 16 y Balín número 0, especial para matar tigres, como viento en polvorosa se regó en la comarca que los tigres y el león estaban sueltos y los animales y población corrían peligro.

La única persona que no iba armado era paragüitas, solo llevaba tres cáñamos con lazos en las puntas, se internó Paragüitas en la montaña en busca de los dos tigres y el viejo león, rezó lo que sabía, lo mismo hicieron los de la comisión de búsqueda, con la diferencia que iban gritando y acompañados de treinta perros, sería del miedo, mientras que Paragüitas les cogió la parte contraria a al sitio por donde ellos iban, además caminaba en silencio y tenía cuidado de pisar y quebrar basuras para no espantar a los felinos del circo.

En un peladero dentro de la montaña se encontraban los dos tigre y el viejo león, acostados, lamiéndose las patas delanteras, al ver a Paragüitas, se levantaron y salieron hacia él: Paragüitas al verlos se mojó en sus pantalones, pero tuvo el valor de llamarlos por sus nombres: Simba, Zambo, Chombo, sacó sal del bolsillo derecho de su pantalón mojado y a cada uno le dio de comer y les sobaba las cabezas, acto seguido armó los cáñamos y fue colocándoselos a cada uno en el cuello y como si llevara a pasear a tres perros emprendió el camino de regreso para el pueblo, donde la multitud lo ovacionó desde la entrada hasta el circo de don Pacho en la placita.

Volvió don Pacho a agradecerle a Paragüitas por su valentía y amor por los felinos del circo, mientras tanto la comisión de búsqueda llevaba tres noches con sus días en busca de los tres felinos que ya se encontraban en sus respectivas jaulas.

Paragüitas se despidió de los presentes y cogió rumbo desconocido, como siempre lo hacía cada vez que llevaba al pueblo a torear, momentos después de la partida de Paragüitas, se presentó la comisión, argumentando haberle dado de baja a los dos tigres y el viejo león chombo, que había perdido sus colmillos y las garras, por lo tanto no representaba peligro para los humanos.

Los Bravos Bravos que salieron en busca de los animales, fueron sometidos a la burla del pueblo, por no haber encontrado a los felinos del circo de don pacho en algún sitio de la hermosa región caribe, al norte de Colombia.


sábado, 27 de junio de 2015

LA POZA DE LAS PISTOLAS

LA POZA DE LAS PISTOLAS
Por Francisco Cadrazco Díaz
Escritor Colombiano Región Caribe




En nuestra Región Caribe Colombiana, los ganaderos ordenan hacer pozas con una Catapilas, con el fin de recoger agua lluvia para darle de beber al ganado y a la vez para los quehaceres de la casa, inclusive para beber, después de un tratamiento con cardón o piedralipe.

Una hermosa poza construyeron los hermanos Ortega, dueños de los terrenos cerca donde aterrizaban y decolaban los aviones en el Aeropuerto las Brujas de Corozal Sucre, el único terreno parejo que hay en esa comarca, ya que se encuentran sobre las faldas de los montes de María.

Cornelio era un hombre Alvino, o sea que veía muy bien en las noches oscuras y en el día los rayos del sol lo molestaban, trabajaba en el aeropuerto de corozal y vivía en Morroa Sucre, el día viernes en la tarde cuando todos los trabajadores salieron de su jornada, se pasaron para el frente en la tienda de  Cosme y comenzaron a beber ron verde, ese que tenía 80% de alcohol.

Botellas tiradas en el piso, después de cinco horas de parranda, sus compañeros decidieron volver a sus casas, pero Cornelio no los acompañó, ya casi a media noche, cerraron la tienda cantina y el Alvino decidió coger camino de atajo para llegar a Morroa a diez kilómetros de distancia, monte adentro.

La famosa poza, que todavía existe, guarda en sus profundidades seres misteriosos, que en horas de la noche se hacían sentir, eso decían los trabajadores del Aeropuerto y los pilotos de vuelo, que en las alturas se veía un enorme faro.

Los jóvenes de los alrededores se bañaban en el día, allí a esas horas no pasaba nada y si pasaba, habían veces que los jóvenes se tiraban desde un frondoso árbol inclinado hacia la poza, sus ramas se prestaban para columpiarse y luego lanzarse en picadas en la poza, como podías caer en un lodazal y clavarte de cabeza, como también encontrar profundidades y perder pie buscando fondo.

Cornelio el Alvino, como todo lo veía en las noches, cogió por la poza de las pistolas, bautizada así, por las balaceras que allí se formaban a las cero horas. Durante tres meses largos no se supo más del Alvino, la autoridad, después de una denuncia de la empresa donde laboraba, indagaron en la tienda cantina y su propietario Cosme, narró con pelos y señales los últimos hechos que vieron con vida al Alvino, concluyendo que la poza de las pistolas se lo tragó.

A los tres meses largos, trajeron noticias del Alvino, andaba vociferando palabras no concordantes con la realidad de la vida para los humanos cuerdos, quizás él tenía razón de lo que decía, por las calles de Maicao Guajira Colombia.

Una comisión compuesta por sus padres y un delegado de la Secretaria de Salud municipal, viajaron al norte en busca del Alvino y lo trajeron a su terruño, pero ya no era el mismo.

Hablaba en otra lengua, intercambiaba conceptos de tú a nadie, nombraba a los hombrecitos, manejaba avión y su boca se llenaba de saliva, y lo más relevante era que nombraba ciudades capitales del viejo mundo.

Desde ese momento, ningún joven se baña en la poza de las pistolas, menos dejan acercarse el ganado, tampoco jarrean agua en burro de ese lugar. Los pilotos siguen viendo el faro, ahora es intermitente y confundible con los del Aeropuerto las brujas, en Corozal Sucre Colombia.


sábado, 20 de junio de 2015

LA APUESTA ENTRE DOS COLOSOS DE LA PESCA ARTESANAL

LA APUESTA ENTRE DOS COLOSOS DE LA PESCA ARTESANAL
Por Francisco Cadrazco Díaz
Escritor Colombiano de la Región Caribe




Era normal, que entre los pescadores de rio, se hicieran apuestas al que sacara más Bagres, Sábalos y Pacoras, siempre habían discusiones sanas en el parque principal del pueblo los días domingos en la noche, como también habían pescadores aventajados que cargaban el rotulo en su frente, por la cantidad de peces que se colgaban en sus redes.

De eso hace ya medio siglo, Toño Ñame y Pablo Yuca, dos amigos dedicados a la pesca en verano y en invierno vendían los productos por el cual se les apodaba, salieron el día lunes en sus canoas de diez varas, quince hombres y sus respectivos chinchorros, surcando las aguas de las ensenadas que hacia el rio San Jorge, buscando el sitio exacto donde la concentración de peces era mayor.

La apuesta estaba echada, Pablo Yuca, desafío a Toño Ñame, en el parque principal, que el lunes sería el ganador, en sus redes caerían los mejores y más grandes sábalos de la historia de la Villa, un hermoso pueblo de la depresión Momposina, perteneciente en esa época al departamento de Bolívar.

A la media noche del lunes iban empatados, 50 sábalos cada uno, a las cuatro de la mañana del día martes se hizo el último conteo y Toño ñame, iba en desventaja con un sábalo menos.

Pablo Yuca, se sonreía y dejaba ver su diente de oro con el reflejo de la luna, ese era su mejor presentación, vociferaba en todo el pueblo la hazaña de haber sacado una chorla de oro de las profundidades de la playa de cholen, sitio de un asentamiento indígena del cacique Tacazuan, antes de que el Alcalde del municipio ordenara abrir una boca al rio para que se inundara una bonita región agrícola. Pablo mandó a fundir el oro de veinticuatro quilates, se colocó su diente y con el resto de plata mandó a elaborar la red de pesca.

A las cinco de la mañana del día martes, recogieron los chinchorros de pesca y emprendieron el viaje de regreso al pueblo, Toño Ñame, venia tranquilo, era un buen ganador y un buen perdedor, su mano derecha era nada menos y nada más que “El compae Sico”, hombre de lidia como los toros cebú de la región, él sabía que las cosas no iban a quedar así, le colocó el brazo en el hombro a su amigo Toño y le dijo las siguientes palabras:

No se preocupe compadre, que todavía no hemos perdido, coja el centro de playa rica y después hablamos, seguían las canoas de Pablo y Toño, paralelas, separadas a una distancia de diez metros, en el rostro de Pablo Yuca, se veía la alegría, ahora su diente de oro brillaba con los primeros rayos de sol.

Era común ver los peces saltar alrededor de las canoas en marcha, alguno de ellos caían dentro de ellas, pero lo que sucedió en ese instante solo se cuenta después de cuarenta y nueve años, por un joven que hacia parte de la cuadrilla de pesca de Toño Ñame. 

A la distancia se asomaban del agua dos hermosa aletas de color plateado que emitían destellos de luz con el inmenso sol del día, eso vio a la distancia Compadre Sico, le hizo señas a su compadre Toño, quien llevaba el timón del Johnson, lo direccionó hacia los peces y a los cinco minutos, bajo la mirada atónita de todos los presentes, dos sábalos de cuatro metros cada uno saltaban sobre la canoa de Toño Ñame, quien por su pericia logró estabilizar la canoa, los demás cayeron como patos al agua.


Al llegar al puerto, miles de curiosos esperaban el desenlace de la apuesta, entre esos dos colosos de la pesca artesanal, bandera roja en un asta, traía la canoa de Toño Ñame, en señal de ganador, celebraron con júbilo la sana apuesta, en buen gesto, amistad y compañerismo, Toño le regaló el Sábalo ganador al pueblo, lo mismo hizo Pablo Yuca, y así de esa manera quedaba la apuesta empatada y el pueblo, los declaró ganadores.

sábado, 13 de junio de 2015

EL MERENGAZO DE LA NIÑA NENA

EL MERENGAZO DE LA NIÑA NENA
Por Francisco Cadrazco Díaz
Escritor Colombiano Región Caribe.

Wilfrido Vargas y sus Beduinos, sonaba sus merengazos, en las emisoras de la capital y todos sus municipios, desde Maicao guajira Thermo Luna, con la venta de dos hectáreas de maíz, trajo un radio marca Internacional, forrado con cuero de chivo muerto, y un televisor marca Nivico, había que colocarlo en horas de la tarde, porque a esa hora prendían la planta Lister en el pueblo.

La casa se llenaba de curiosos que venían a ver en pantalla a Wilfrido Vargas en el Show de Jorge Barón, administraba la tv, la niña Nena, esposa de Thermo, lo más admirable de todo lo que sucedía en esa sala era que Jorge, se salía de la pantalla del tv y entrevistaba a los presentes.

La primera vez que Jorge Barón dijo, señoras y señores, vamos a entrevistar al público presente, creyeron los de la sala de Thermo que no eran ellos los entrevistados, cuando de pronto se estiró la pantalla del tv Nivico y emergió la figura vestida de blanco, en esa casa no quedó nadie.

Luego como hacen los burros cuando se encuentran con tío tigre, muy precavido fueron llegando uno por uno los presentes del Schow, en casa de la niña Nena, una señora chusca de un buen humor, que analizaba todos los dardos que le lanzaban y los devolvía convertidos en poesía o en doble sentido, nunca salía con altanería por su buena educación.

La segunda vez que don Jorge Barón se salió de la pantalla a entrevistar a los presentes le tocó el turno a la niña nena, quien con valentía se quedó sentada en su mecedora de mimbre seco que chasqueaba cuando se mecía.

Señoras y señores la entrevista del Show, señora como se llama usted,

”Yo me llamo la Nena”

Cuantos años de edad tiene:

Tengo 65 años

Y su esposo cuantos años tiene:

Tiene 80 años.

Admirable, son longevos esta pareja.

La última pregunta mí querida señora Nena:

Ustedes todavía hacen vida nocturna.

La Niña nena que no se la brinca un chivo, se salió por la tangente y dijo:

No don Jorge, nosotros teníamos un televisor viejo en casa y con una truenera que hizo una noche, hace muchos años, la pantalla se quemó y el control del tv, se perdió.

A lo que contestó Jorge, caramba niña Nena, usted se me salió por la tangente y no me contestó a mí pregunta, a lo que la Nena contestó:

Eso se cree usted don Jorge Barón.

Thermo Luna su esposo, que estaba sentado al frente de la niña nena en una butaca de cuero, la miró fijamente, pero no musitó palabra alguna.


sábado, 6 de junio de 2015

RUFFO, UN CONEJO AVISPADO

RUFFO, UN CONEJO AVISPADO
Por Francisco Cadrazco Díaz
Escritor Colombiano de la Región Caribe




Uno de los animales más inteligentes y desconfiado, ha sido el Conejo, más si anda revuelto con los humanos, tratando de sobrevivir en este mundo de escopetas, resorteras y trampas artesanales, su carne es una de las más exquisitas de los llamados animales de monte y si Cotilino el conejo bailador estuviera vivo, otra cosa sería.

Ruffo, es bisnieto de Cotilino, al igual que mi persona, nació en esta bonita región, aunque digan lo contrario los de las frías montañas, aquí se vive bien, solo que hay que andar con mucho cuidado, esas palabras se las dijeron al compae Remanga y no prestó atención, pero Ruffo es más precavido.

Se encontraba Ruffo, escarbando una mata de yuca, cuando sintió las pisadas del humano, del gigante, del cromañón, a quien le tenía físico miedo, en vez de correr y huir, el animal se metió en la cueva de la mata de yuca.

Ya el desgraciao conejo está escarbando la yuca, vociferó el humano, bajó el saco de fique, dio media vuelta para enganchar su mochila en un árbol y de inmediato Ruffo salió de la cueva y se le metió en el saco de fique.

A lo que Dios quiera, desde esa posición, la mejor decisión del caso, chequeaba al humano, lo primero que hizo fue arrancar la mata de yuca, donde estaba escarbando Ruffo, diez yucas más unas rabizas y las metió en el saco, favor que me haces, dijo el conejo, comió hasta que no quiso más, encontró una botella de agua en el saco de fique y se la empinó, no sabiendo que era ron.

Cuando despertó de la borrachera estaba en una tienda, dentro de la carga de yuca, lista para la venta al detal, se acercó el tendero y cargó el bulto, lo colocó en la romana y dictaminó veinte kilos y tres rayas, las tres rayas era el peso de Ruffo jacto de yuca y de ron, abrieron el saco y salió el animalito corriendo hacia cualquier dirección, tan rápido iba que el tendero dijo: ajooo, hoy amanecí viendo conejos.

Ruffo llegó al patio, dio cinco vueltas al cuerpo, como huracán en invierno y se transformó en un muchacho, solo que sus orejas no cambiaron, salió por la puerta falsa o de atrás y venia Kiko el hijo del campesino dueño de la yuca, enseguida Ruffo se le pegó al lado.

Hey pelao para donde vas

A cobrar la yuca al tendero.

Quien te mandó.

Mi papá

Cuanto es de plata

Son quinientos pesos.

La malicia del Conejo, afloró y nuevamente le dijo al muchacho.

El tendero dijo que viniera a cobrar el valor de la yuca tu papá, que él no hace trato con pelaos.

A lo que el muchacho le dijo al orejas de conejo: Y tu como lo sabes.
Hay, pendejo, yo soy el hijo de él.

Y se devolvió el muchacho bobo, pilas orejas de conejo, tienes tres minutos para recoger ese dinero y largarte para el monte, se dijo la mente del conejo.

Cuando Bernabé (Berna), el campesino quiso llegar a la tienda ya Ruffo el orejas de conejo, tenía embolsillado los quinientos pesos de las dos cargas de yuca, es más se encontraba en la cantina del pueblo empinándose una botella de ron, igualita a la que estaba en el saco de fique donde cargaron la yuca.

Y que tremenda pelea mantenían los dos amigos Berna y el tendero por el dinero, decía el tendero que él le entregó la plata a su hijo, que hoy vino con las orejas de conejo, al fin muchacho juguetón, mandaron a buscar al muchacho y este contó lo sucedido con el hijo del tendero, el orejas de conejo, hasta ese momento los dos amigos fueron amigos, se tranzaron a trompada limpia en la calle y fueron a dar a la cantina, dándose trompada de la física.

Ya Ruffo llevaba tres botellas de ron entre pecho y espalda y, al ver la gresca, se arregazó las mangas de la camisa, peló sus puños y la emprendió contra los dos enemigos de la yuca, después de una hora de pelea, todos los bancos de madera de la cantina estaban esparcidos por el piso hechos añico, los tres enemigos sin fuerza para pelear.

El cantinero, le decía al orejas de conejo de Ruffo, que se fuera, que ya estaba bueno de pelear, los dos amigos enemigos, pagaron los daños de la cantina y juraron que ese orejas de conejo, se las pagarían, no tendré que llamarme Magdaleno de la Cruz, vociferó el tendero.

Ruffo, el Conejo, bisnieto de Cotilino, cogió camino, se ajuició y vive con su mujer en una cueva de un árbol, criando a sus conejitos. Con el dinero de la yuca, compró una parcela y cultiva zanahoria, maíz y yuca, sus comidas preferidas, y es el único campesino avispado que no le debe a la caja agraria.


sábado, 30 de mayo de 2015

LA CARRETILLA DE HIPOLITO

LA CARRETILLA DE HIPOLITO
Por Francisco Cadrazco Díaz
Escritor Colombiano, Región Caribe.


Un mal día, que Hipólito amaneció con el primer apellido revuelto y el segundo pidiendo carretera, la rueda de la Carretilla en donde vendía productos comestibles por las calles, se le salió y toda la mercancía fue a dar falda abajo de la calle empinada.

Nadie conocía al diminuto hombre, de uno con cincuenta de estatura, sombrero vueltiao en fase de darle de baja, nariz achatada, cara cubierta y atravesada por las arrugas de la vida y una machetilla a la cintura amarrada con una faja artesanal Morroana.

Todos sus clientes salieron a la calle a ver que le pasaba al hombrecito, pero no era de extrañarse porque siempre vivía con una botella de ron Candela entre pecho y espalda y hablaba con la lengua pegada al frenillo de la boca, a veces dormía dentro de la carretilla en mitad de la calle y un perro lo cuidaba.

“Maldeciosea porque no baja dios para picarlo con esta rula y echárselo a los cerdos de mi casa, como es posible que sean las once de la mañana y no he vendido un centavo de mercancías, que es lo que pasa, las patronas se van para la calle y dejan a las muchachas del servicio sin plata para comprar la comida”.

Los tomates, la cebolla, el ajo, el ají, habichuela, la berenjena, la ahuyama, la yuca y los plátanos, los tomates, las naranjas dulces y agrias regadas calle abajo, daba tristeza ver al hombrecito impotente, ante el reguero de sus producto, sustento de su hogar, compuesto por una hamaca, dos cáñamos, unos harapos viejos y un perro que lo acompañaba a donde quiera que fuera.

Ese día bien temprano, antes de que Hipólito salir a comprar los productos de la venta al mercado, la señora Teófila, lo mandó a desocupar por irresponsabilidad en el no pago del canon de arriendo de la pieza que tenía en alquiler, se fueron a palabras y se le dañó el día al hombrecito, así lo llamaban por su estatura.

Y seguía Hipólito vociferando palabras de alto calibre, situación que no era común en él, se portaba muy amable con su amplia clientela, todos salieron a ayudar al hombrecito a recoger todos los productos que yacían inertes en toda la calle y arreglarle su Carretilla.
La brigada del barrio, le compraron toda la mercancía que vendía y nuevamente Hipólito el hombrecito, peló su sonrisa y dejó entrever un diente completamente de oro, en su dentadura marrón oscuro de la nicotina del tabaco negro Ovejero.

Ya en horas de la tarde, cuando el astro rey, recoge sus alas, vieron al hombrecito, empinando el codo en la tienda de los bloques, repartiendo plata a todas las muchachas del servicio, la carretilla parqueada y el perro al lado cuidándolo.

Fue la última vez que vieron al hombrecito, no amaneció, las señoras de las casa del barrio se inquietaron y mandaron al cura decir una misa por el alma del hombrecito, esa noche de su desaparición calló un fuerte aguacero con ráfagas de vientos y centellas.

Dicen que el arroyo se creció y se lo llevo con carretilla y perro, que el hombrecito iba timoneando la carretilla arroyo abajo, las autoridades se alertaron y buscaron hasta la desembocadura del arroyo entre Santiago Apóstol y  San Benito Abad y no encontraron rastros o indicios que dieran con la vida del hombrecito, otros curiosos decían que por estar peleando con el altísimo, se lo llevó el huracán.

Pasaron muchos años desde ese insuceso con un hombre trabajador, un día cualquiera se presentó el hombrecito al barrio, traía a una señora de casi dos metros de estatura y al lado de ella, nueve hijos varones a altura de su padre.

Los habitantes del barrio se aglomeraron y el hombrecito contó la historia de la Carretilla a todos los presentes. Él llegó a su posada temprano antes de lluvia, le pagó el arriendo a la señora Teófila, quedó a paz y salvo, se acostó y le pidió perdón a Dios por sus gruesas palabras.

La carretilla que estaba escuchando todo, le habló, “Hipo, si tú quieres, yo me voy contigo esta noche, no más es que tú te decidas y hacemos una vida nueva en otro lado”, Hipólito que estaba en tres quince, le sonó la propuesta, pero sin embargo le contestó a la carretilla.

“Pero si tú eres una simple carretilla, yo necesito es una mujer a mi lado”, nuevamente la Carretilla le habló, “si soy una carretilla, porque no dices eso cuando borracho duermes sobre mí, o como los mentiras que tú le echas a la gente, con tus productos de segunda y los vendes de primeras, ya no me aguanto más tus carretillas”.

En ese instante sopló una brisa fuerte en la habitación de Hipólito y la carretilla se volvió mujer y, que mujer, alta como le gustaban al hombrecito, buen color, buena cabellera, pómulos salientes, dientes de oro de 24 quilates y una hermosa sonrisa.

Esa noche salieron los tres, con el perro, llegaron al parque y contrataron un Jeep Wilis modelo 53 y se marcharon para la región de Flor del monte, en lo alto de los montes de maría en el departamento de Sucre, lugar de su nacimiento, tierra que jugaaa, y allí sembraron la tierra, cosecharon  y procrearon una numerosa familia, entre la Carretilla e Hipólito, el hombrecito.





sábado, 23 de mayo de 2015

CASI, EL PRIMATE INTELIGENTE

CASI, EL PRIMATE INTELIGENTE
Por Francisco Cadrazco Díaz
Escritor Colombiano-Región Caribe.



Bajó Casimiro de la montaña, además de su mulo bayo, traía en su hombro derecho un mico mono que pretendía vender para comprarles los regalos de navidad a sus hijos que quedaron en la montaña, acompañados por su madre.

Casi, fue criado en la casa de su dueño porque la mamá falleció, los niños de la casa lo querían mucho y lo enseñaron a jugar y hacer piruetas, sacaba la lengua, se rascaba la cabeza, mataba piojos de mentira, les ofrecía guineo maduro a los niños y cuando estos estiraban la mano para recibirlo, él se lo comía de un solo bocado, y un sinnúmeros de morisquetas hacia Casi, en especial a los niños.

Tan pronto llegaron al pueblo, Casimiro se dirigió a casa de la niña Teodora, que en el pueblo le decían Teo, por cariño, a ella le gustaban los animales, pero no los tenía amarrados ni enjaulados, era un patio grande donde los animales podían estar cómodos, pero no más cómodos que en su habita natural, las montañas.

Veinte centavos dieron de precio por el animal en casa de la niña Teo, quien fue a la alacena de los guineos y trajo dos para alimentar a Casi, que como era muy inteligente, metió el rabillo del ojo izquierdo y vio la alacena llena de gajos de guineos y de queso.

Cincuenta centavos dio don Pacho por Casi, para presentarlo en el circo, en especial a los niños, era una inversión segura, ya en el circo, fue dejado suelto dentro de él, observó Casi, a más de cien animales de todas las especies metidos en una jaula, con la incomodidad más grande que un humano pueda darle a sus semejantes terrícolas, claro que como no pueden hablar y están en desventaja, baya y venga.

Anunciaron por altoparlantes la presentación en la noche de Casi, el primate inteligente, en especial a los niños, pero en la entrada del circo había un letrero en papel cartón, escrito con un carbón de leña que decía “Todo niño paga la entrada”.  

Fue lleno total esa noche, las entradas sumaron ciento veinte pesos, tan así que volvieron a anunciar su presentación para la tarde siguiente, pero esta no se realizó, porque Casi, se organizó con los demás micos del circo y planearon una escapada. Ya la boletería estaba vendida, a las cinco de la tarde comenzaba la función, Casi se dirigió a Don Pacho, comenzó a rascarle la cabeza y cuando lo durmió, le dio en la cabeza con una taza de aluminio donde le daban la comida, ya fuera de combate don pacho, procedió a sacarle el dinero producto de las entradas, luego liberó a sus compañeros micos, emprendieron la huida hacia las altas montañas, antes de esto, pasaron por casa de la niña Teo, y vaciaron las alacenas llenas de guineo maduro y queso duro salado.

Esa noche fueron a dormir en casa de Casimiro, su antiguo hogar, Casi, no le perdonaba a su dueño el haberlo vendido, bueno tenía ya con el abandono por parte de su madre, con quien no contaba.

Bien temprano levantó Casi a la manada y se dirigieron al sembrado de tomates, donde no quedo un tomate rojo, todos fueron devorados por los micos, en su defecto, Casi, le dejó una misiva escrita en la arena a Casimiro, diciéndole que lo sentía por el sembrado de tomates, pero era que se habían escapado del circo y llevaban mucha hambre, que volviera a sembrar el tomate y por ultimo le dijo que en el palo de jobo que se le había quemado el corazón, metiera la mano que allí había un paquete, que le comprara la parcela a don José y educara a sus hijos.

Al mando de Casi, el primate inteligente, emprendieron su viaje a las altas montañas donde viven libres, fuera del peligro de la mano de los mayores depredadores, los humanos. Casi, vive agradecido con Casimiro y sus hijos, con quien pasó su niñez, en agradecimiento baja de la montaña los sábados a visitarlos, sin antes pasar por la despensa de la niña Teo, y sustraer de ella, un queso de cinco libras y un gajo de guineo maduro para llevárselo a los niños de Casimiro Casas Causil, sus hermanos.