domingo, 13 de abril de 2014

LAS MONTAÑAS DE TECA

LAS MONTAÑAS DE TECA
Por Francisco Cadrazco Díaz
Escritor Caribeño Colombiano


En unos momentos de mi vida, el subconsciente se encontraba en una montaña de Teca, en honor a un árbol frondoso maderero que siembra una empresa multinacional después de extraer un precioso mineral de nuestro suelo caribeño, hectáreas sembradas en surcos que van bordeando la carretera, manejaba mi persona un Autobús de pasajeros de una empresa privada que por medio de un contrato, transportaba a los obreros de la mina al pueblo y viceversa.

Era una noche oscura y lluviosa, que solo se veía el camino de arena roja, sin ninguna señal de tránsito, solo la luz del vehículo enfocaba a los Zainos, Armadillos, culebras, conejos y perezosos, que atravesaban el camino despacio, sin ninguna prisa.

De regreso al pueblo, sin pasajeros en ese camino angosto y solitario, en espera a que pasaran los animales para no atropellarlos y conservar las especies, experimenté la sensación agradable ver subirse al autobús, unas veinte criaturas cuya cara era cilíndrica, sus cuellos largos parecidos a una tribu africana, median aproximadamente ciento setenta centímetros de estatura, eran de color blanco, ojos rayados saltones, no tenían cejas, menos pestañas.

Uno de ellos, el líder, se acercó a la cabina del conductor y me dijo

Hey mi llave, por cuanto nos llevas a marte, ida y regreso.

Esa voz era conocida, ese tono barranquillero, esa mamadera de gallo, disque los llevara a Marte.

Le conteste que eso no era posible, porque Marte es un planeta que está ubicado a tantos años luz de la tierra.

Me dijo: No te preocupes yo te guio

Percibí un susto cuando el timón del vehículo giró a la derecha, el Autobús, bajó la carretera y se internó en la montaña sembrada de árboles teca, con rumbo desconocido.

Hermoso paisaje, árboles que median unos quince metros de altura, con sus surcos limpios y anchos por donde circulaba el vehículo sin ningún contratiempo recorrimos toda la noche en un ambiente familiar como si los pasajeros que llevaba en el vehículo eran viejos conocidos, cantaban y reían.

A la hora de la alborada, llegamos a un sitio donde los arboles fueron talados y allí, había una hermosa nave de color plateado con bombillos rojos encendidos en intermitente, ellos se bajaron en orden y por una escotilla que se abrió, subieron diez y nueve cilíndricos, de nuevo se me acercó el jefe y me dijo:

Acompáñanos, te regresamos nuevamente, a lo cual negué con gesto de cabeza hacia los lados, se sentó al volante del autobús, lo subió a la nave, cerraron puerta y en silencio de motores se desaparecieron en los tallos de las montañas de teca.

Mis cinco sentidos volvieron a la normalidad, en medio de la montaña, sin un rumbo fijo y extrañado de todo lo acontecido, grité, grité y grité y solo el eco de mi voz retumbaba en la espesura de la  montaña.

Caminé por espacio de cinco días con sus noches, siguiendo el astro sol en el día y la hermosa luna nueva en la noche y por ultimo fui a parar en una agradable cama acolchonada, de madera teca que mi primo Francisco Miguel Martínez Carrasco me trajo por encargo de Bijao, Córdoba.

Me sentí cansado, agotado, sin alientos para hablar, volviendo a la realidad de la vida, mi esposa con quien comparto la agradable cama de teca, desde hace muchos años, conocedora de mis aventuras cuando estoy dormido, me preguntó:

Caramba niño donde te encontrabas, en la madrugada te escuche cantando una hermosa melodía, esa no estaba en tu rutina. (Rey de Papel-Ruben Dario Salcedo).

Le contesté:

Esa canción me la enseñaron anoche unos marcianos y acto seguido, le conté lo que experimentó mi mente, cuando estuvo trabajando el Subconsciente.

Ella jocosamente me dijo:

Te voy a tener que amarar en la pata de la cama de teca, porque todas las noches te me vas para otro lugar de este mundo, ten cuidado que un día de estos no regresas, se levantó y salió riéndose y murmurando palabras como: este se está volviendo loco.

Entre sueño, le contesté:

Sí, porque solo a los locos se les ocurren tremendas aventuras, como la de las montañas de Teca.

Seguí durmiendo plácidamente y después de dos horas me levanté y fue entonces cuando ella, mi esposa, me contó el cuento de la montaña de teca, que mi persona semidormido le había contado dos horas antes.


jueves, 10 de abril de 2014

CARRASCO UN ÁRBOL FRONDOSO (GENEALOGÍA).

CARRASCO UN ÁRBOL FRONDOSO (GENEALOGÍA).


ESTIMADOS FAMILIARES, PARIENTES Y ALLEGADOS A LA FAMILIA CARRASCO, CADRASCO Y CADRAZCO, NACIDOS EN MOMPOX BOLIVAR, SAN MARTIN DE LOBA, JUANA SANCHEZ Y LA VICTORIA BOLIVAR, MAGANGUE, SAN BENITO ABAD SUCRE, CARTAGENA, BARRANQUILLA, SINCELEJO, MONTERIA, MEDELLIN, MARACAY, CARACAS, EL VIGIA EN VENEZUELA, VANCOUVER CANADÁ, BELARCAZAR ESPAÑA, AMIGOS Y COMPAÑEROS DE TRABAJO Y DE LA U. PERSONAS QUE QUIERAN SABER DE DONDE VIENE SU APELLIDO Y COMO INVESTIGARLO, TENGO EN MIS MANOS EL MACHOTE PARA CORREGIR, DE LA INVESTIGACIÓN DEL APELLIDO CARRASCO DE ORIGEN ESPAÑOL.

ESTE HA SIDO UN TRABAJO SERIO AL CUAL LE HE DEDICADO MUCHOS  AÑOS DE MI VIDA Y QUE AL CONCLUIRLO ME SIENTO SATISFECHO POR EL DEBER CUMPLIDO EN ESTA INVESTIGACIÓN.

LAS PERSONAS QUE QUIERAN COLABORAR CON LA EDICIÓN DE ESTE LIBRO, FAVOR LLAMAR AL CELULAR No. 3013022979, AQUÍ LES INFORMO COMO ADQUIRIRLO.

TAMBIEN PUEDEN PAUTAR EN LAS ULTIMAS PAGINAS, CON EL FIN DE REUNIR EL DINERO PARA SU RESPECTIVO TIRAJE, ES UNA AMENA  Y ENRIQUECEDORA LECTURA QUE NOS VA A LLEVAR SABER QUIENES SOMOS, CUANTOS SOMOS, COMO EVOLUCIONAMOS EN ESTE MUNDO Y LO MAS IMPORTANTE SABER QUIENES FUERON NUESTROS ANTEPASADOS, ES UN LIBRO LLENO DE MUCHAS ANEGDOTAS, ES UNA BUENA INVERSIÓN, SE LOS ASEGURO.

DE USTEDES ATENTAMENTE,


SU SERVIDOR:
FRANCISCO JAVIER CADRAZCO DÍAZ.
ESCRITOR CARIBEÑO COLOMBIANO.

sábado, 5 de abril de 2014

PRIMERO, SEGUNDO Y TERCERO, LOS ESPANTAPAJAROS

PRIMERO, SEGUNDO Y TERCERO, LOS ESPANTAPAJAROS
Por Francisco Cadrazco Díaz
Escritor Caribeño Colombiano.


Primero, Segundo y Tercero, tres muchachos que su padre decidió bautizarlos numéricamente en orden, pues su idea era tener una docena para que en esa casa rindiera el trabajo y no faltara nunca el pan de cada día, la mamá de ellos nunca estuvo de acuerdo con esos nombres, pero allí, en esa casa campesina el que mandaba era el hombre.

Ya grandecitos peleaban entre ellos y se le fueron saliendo de las manos a sus padres por la forma de crianza que recibían, nunca fueron a un colegio, porque  los necesitaban era en el monte.

Salían con su padre a las cinco de la mañana y regresaban a las siete de la noche, maltrechos, rasguñados y con hambre de todo un día de labores en el campo, cosechando arroz, maíz y yuca.

En  horas de la noche, cuando en el pueblo todos estaban dormidos, Sinforosa, (Sinfo) para los allegados a la familia, madre de los numéricos hijos, hizo un reclamo a su esposo con relación a los jóvenes que no habían pisado un plantel educativo, aspiraciones que ellos tenían y su madre los apoyaba, le dijo:

“Si no dejas que mis hijos vayan a la escuela, no paro un muchacho más”.

La ira y el tono de Fredonio aumentó, entró en cólera y se faltaron el respeto el uno al otro, por último Fredo, le puso la mano encima  a Sinfo, y esta en un estado de nerviosismo le gritó a su esposo:

“Prefiero ver a mis hijos siendo unos espantapájaros, clavados en una vara en la roza, que no verlos estudiar, además dijo”:

 “No te paro un muchacho más, pare tú desde el cuarto al duodécimo”.

Primero, Segundo y Tercero, escucharon tremenda gresca entre sus padres, se levantaron y en un rincón del cuarto tomaron la decisión de ser unos espantapájaros en la roza de su padre.

Tan pronto amaneció, salieron los tres hermanos hacia la parcela, a armar los espantapájaros, muñecos harapientos vestidos con retazos de telas  viejas, zapatos en desusos, pelo de cascaron de maíz y sombrero concha de coco maltratado por el inclemente sol y el agua.

Llegaron a la parcela y procedieron a colocar los tres espantapájaros con su ropa, sombreros y sus abarcas viejas, los ubicaron en sitios estratégicos y se marcharon bien lejos de su hogar, cuando su padre llegó, se sorprendió al ver a sus tres hijos convertidos en espantapájaros, acordándose de las palabras sabias de Sinfo, dio media vuelta y en feroz carrera se devolvió llorando hacia su casa.

Sinfo, notó que sus hijos no amanecieron en casa, un poco preocupada porque ella sabía que sus tres numéricos escucharon la trifulca y temía por lo que pudiera suceder con su padre.

Desde la primera casa en la entrada al pueblo Fredo vociferaba en llantos que sus hijos se volvieron espantapájaros y que la culpable era Sinfo, desde ese momento el hombre perdió la razón.

Una multitud de curiosos se agolparon en la parcela de Fredonio a observar detenidamente a los tres espantapájaros y decían que si eran ellos en personas, algunos los tocaban y los llamaban por sus nombres.

Afrodísio un amigo de Primero, dijo que el espantapájaros le pico el ojo y se echó a reír con él.

Sinforosa, arrepentida, pegada de la sotana del cura del pueblo, pedía perdón a Dios, por esas palabras pronunciadas a media noche en medio de la ira e intenso dolor por la pelea con su esposo.

Así pasaron seis meses, tiempo en que la cosecha sembrada había que recogerla en presencia de los tres hermanos espantapájaros, quienes aguantaban sol y agua y ya se encontraban deteriorados.

Anunciaron la recolección de la cosecha, muchos vecinos se ofrecieron para ayudar a la señora Sinfo, quien luchaba día a día en recuperarle la memoria a su esposo y con la pena de que sus hijos se convirtieron, en lo que ella los quería ver.

Oscureció ese día, la noche fue larga, Sinfo no pegó ojos, los perros aullaban en la calle y se escuchaban murmullos de muchos hombres caminando hacia la salida del pueblo, las puertas se habrían y se cerraban al instante y muchas cosas más que pasaron por la mente de Sinfo esa noche.

Al día siguiente las brigadas de vecinos salieron a recoger la cosecha y hallaron en el sitio dos mil quinientos cincuenta bultos de arroz, dos mil bultos de maíz y cinco mil bultos de yuca, debidamente empacados y los tres espantapájaros habían desaparecido.

Primero, Segundo y Tercero, los hermanos numéricos, se convirtieron en hombres de bien, todos profesionales, con la ayuda de una tía materna a donde llegaron después de armar los tres espantapájaros en la roza de su papá, se cambiaron sus nombres, regresaron a los diez años a recoger a sus padres, Fredonio quien había recobrado la cordura después de recoger la cosecha y Sinforosa su madre quien sufría de pena moral, por haber convertido a sus hijos en unos espantapájaros.

Vivieron juntos el resto de sus vidas y jocosamente entre la familia se hacían llamar Primero, Segundo y Tercero, los espantapájaros.


















sábado, 29 de marzo de 2014

MANO TIGRE VS MANO BURRO


MANO TIGRE VS MANO BURRO
Por Francisco Cadrazco Díaz
Escritor Caribeño Colombiano








Mano Gollo tenía sembrado un cuarterón de maíz cariaco,  dos cuarterones de arroz y un cuarterón de ajonjolí, en una parcela que quedaba a 10 kilómetros del pueblo, distancia que recorría todos los días en la mañana y en la tarde en su burro bayo.

Se hacía acompañar de cinco perros barcinos que una perra vieja dejo abandonados por irse detrás de un can nuevo y de buena raza, además de los perros había en la parcela un tigrillo recién nacido recogido en el camino por Gollo, al cual  alimentaba con un tetero de leche de ganado de la finca cercana.

Los perros estaban celosos porque al tigrillo le daban leche y a ellos los tiraban al monte a ver que conseguían para alimentarse.

Un día hablaron con el burro bayo y le comentaron que mano Gollo no quería fiesta con el tigrillo, en cambio a ellos que todos los días le cuidaban la parcela y espantaban los yolofos y los saínos que arrancaban el maíz y el arroz, además tío burro a usted que es un señor serio lo tiene amarrado a soca corta y apurado puede coger un bocado de hierba fresca de aquel lado de la cerca.

El burro que es burro al fin encendió motores, rompió la soga, rebuznó, se tiró tres yerberos y cogió playón, los perros al ver la rebeldía del burro también se fueron detrás del animal, cuando mano Gollo salió en la tardecita de limpiar la roza ya los animales no estaban menos el tigrillo a quien subieron sobre el burro y se marcharon.

Discutían los animales en el camino que iban a hacer con el tigrillo recién nacido, los perros decían: ‘mátalo tío burro para que se acabe la pendejada, mira que ellos se comen a los burros, tú vas  a ser el primero en morir cuando este animal crezca’.

Tío Burro a pesar de su ignorancia decidió pegárselo a una vaca que estaba recién parida, ella lo podía alimentar hasta que el felino se defendiera solo.

Les amaneció a los animales lejos de la parcela de donde salieron la tarde anterior, ya estaban cansados, hambrientos y con mucha sed, tío burro halló un peladero con buena arena fresca y allí se tiro a bañarse y le dijo a los perros, de aquí no camino más, si ustedes quieren lárguense, yo me voy a devolver.

Los perros siguieron su camino y mano burro se durmió plácidamente en ese sitio tan especial, sin medir el peligro de que esa es zona de tigres, tigrillos y leones y él era su presa favorita.

No había transcurrido quince minutos, cuando de la maleza apareció tío tigre, hambriento y en su olfato olía a burro trasnochado, seguía tío burro en el primer sueño,  donde veía que un tigre de pintas blancas menuditas se le acercaba y le pelaba los enormes dientes que el conto uno por uno para un total de treinta y dos.

Mandíbula larga, garras afiladas y colmillos blancos, cabeza grande como totuma de guardar semillas, a todas esas tío burro se despertó, miro a su alrededor, se le erizaron los pelos y sintió miedo, pánico, presentía que dos enormes ojos lo miraban.

Conservo la calma y se dijo yo me voy trato de devolverse por donde vino y en ese instante una voz gruesa le dijo, para dónde vas burro viejo, ya estás muerto.

Los perros en el camino discutieron porque unos decían que no han debido dejar a tío burro solo a merced de los tigres y decidieron devolverse a buscarlo y protegerlo.

Llegando ellos y se va formando una pelea entre tío burro y tío tigre, el primero a defenderse y el segundo a comérselo, el perro mayor de la manada le dijo a sus compañeros: “No se metan esa pelea es entre los dos, si vemos que  tío burro va perdiendo la pelea cogemos a ese tigre y lo descuartizamos”.

Pelearon todo el día los dos animales, gancho de derecha del burro y garras de izquierda del tigre, patadas voladoras del burro que se perdían a la distancia porque tío tigre se agachaba, la pelea seguía pareja, sin embargo a tío tigre le olía a tigrillo recién nacido y paró la pelea.

Tío tigre le preguntó a tío burro que porque él olía a tigrillo, a lo que tío burro le contesto que ellos señalando a los perros que estaban a la distancia habían recogido un tigrillo y se lo habían colocado a una vaca para que lo alimentara y no se muriera.

No crean que por eso se van a salvar de mis garras y arremetió contra los cinco perros que se abrieron a pelear dispuestos a ganarse a tío tigre como fuera, uno atacaba al tigre de frente y los otros por la cola, hasta cansarlo y dejarlo tendido sin fuerzas, cogieron un cáñamo y lo amarraron, se lo subieron al burro y retornaron a la parcela donde los esperaba su amo, que elaboro una jaula de madera antes que despertara el tigre ya estaba enjaulado, contactaron al domador del circo y se lo vendieron por un buen dinero que el amo repartió entre los cinco perros y el burro bayo.

Pasado un tiempo se encontró el burro con tío tigre y este le dijo al domador que sería bueno y rentable montar una pelea en el circo entre él y tío burro, cosa que le sonó al domador, hablo con tío burro y le propuso un buen dinero, tío burro hablo con sus amigos los cinco barcino y estos se convirtieron en manager.

Anunciaron con megáfonos por las calles del pueblo una pelea entre tío tigre y tío burro en la placita donde se encontraba el circo a las ocho de la noche.

Masivamente acudieron a tan desproporcionada pelea, que daban por ganador a tío tigre que se encontraba enjaulado, trajeron a tío burro quien venía preparado para ganar la pelea, ya los perros lo habían entrenado y tenían un plan en caso que tío burro fuera perdiendo la pelea.

Tío gallo era el réferi, burro vs tigre al centro del cuadrilátero, un redondel de madera con piso de tierra lisa de color blanco marfil, de esa que hace arder los ojos.

Las apuestas fueron altas por su puesto a favor de tío tigre que en el round cinco iba ganando la pelea, ya tío burro tenía las dos orejas desgarradas a peso de zarpazos y  tres costillas zafadas que le impedían respirar bien, tío tigre sangraba a chorros por la nariz, tenía un ojo tapado de la hinchazón del casco del burro, en ese preciso momento el burro dio media vuelta de campana y con sus cascos traseros le tiro un puñado de tierra al tigre quien quedo ciego, dio la espalda y quedó  fuera de combate.

Tio gallo como pudo le alzó  una de las patas delanteras a tío burro y lo dio como ganador, los perros cobraron el dinero y se marcharon de inmediato del pueblo y hasta el sol de hoy, no se ha sabido más de ellos, tío burro sigue en su rutina de ir a la parcela, sogueado a pita larga ya disfruta de la hermosa yerba verdecita, apareció tío tigrillo ya hecho un hombrecito y cuida de su amigo el burro bayo, que un día le salvo la vida.


domingo, 23 de marzo de 2014

LAS COSECHAS DE ÑAME

LAS COSECHAS DE ÑAME
Por Francisco Cadrazco Díaz
Escritor Caribeño Colombiano


Una noche de verano, mano Antenor, venía en tres quince bajando el Páramo rumbo a la Arena, por la vía de Laguna Flor, la tierra de las mujeres bonitas, todas blancas y ojos verdes, en ese camino se encontró con el curandero o curioso más prestigioso de la región, quien era muy amigo del papa de don Ante, cuando este estaba vivo.

Venía en un burro brioso de alta gama, o sea de gran estatura, paso ligero y aperos elegantes, tan pronto estuvieron frente con frente, don Ante le dijo:

Hombre docto tenia años de no verlo, por donde andaba, supo que su amigo se murió (el papá).

 Si don Ante yo me encontré con él, como va esa cosecha de ñame.

Hombre docto este año eso no va a producir casi nada, ahora con ese verano que nos está atropellando, acto seguido se acordó que el indígena Zenu era el hombre que le podía poner a parir esas matas de ñame.

Hombre docto yo necesito de sus servicios a ver si esa cosecha sirve.

Claro don Ante, aunque ya no me dedico a eso, lo voy a ayudar por la amistad que tengo con su padre, todas las noches jugamos tejo allá donde estamos, esta misma noche le voy a trabajar a ese ñame y le pronosticó a don Ante, que buscara muchos sacos para depositar la cosecha y que fuera ubicando al comprador porque lo que venía era una gran cosecha de ñame de buena calidad.

También le dijo que los honorarios por el trabajo realizado, se los pagara en la tercera cosecha.

No fue más la conversación ambos se despidieron y siguieron sus caminos, uno venia hacia el Páramo y el otro iba para la Arena.

Los campesinos de la región sabanera de Bolívar, Sucre y Córdoba,  donde se siembra la semilla del ñame, conocen la tierra, el mes de siembra y cuando se recoge la cosecha.

Don Antenor había sembrado la semilla a principios del mes de abril, en una tierra negra, cuarteada por el verano, con las primeras lluvias, se vuelve barro, intransitable en vehículos y animales, pero buena para el ñame criollo y espino, de un gran valor nutritivo y especial para hacer un mote de queso.

Con todos los cuidados que requiere sacar una cosecha, Don Ante, se metió de lle no a su cultivo de cinco hectáreas, para recoger una producción de diez toneladas, que con mucho cuidado contrata a un personal experto en sacar el tubérculo de la tierra en los meses de noviembre, diciembre y enero.

La penúltima cosecha, se pronosticaba que el ñame no estaría a la altura de otros años porque el verano atropelló la semilla y una parte se pudrió y se murió, no germinó.

Pero las esperanzas y la fe de don Ante, por salir adelante con los compromisos familiares y financieros, lo obligaban a buscar estrategias para que la semilla que sembró, diera buena cosecha.

Un poco desconfiado de las palabras del indígena, pero con una gran esperanza de que lo que dijo fuera la purita verdad, salió a Sincelejo y en el mercado compro dos mil sacos ñameros, amarro la cosecha con los mayoristas y fue hablando con los señores que recogían el ñame, para que no se comprometieran con otro cultivador.

Llego el mes de noviembre y por última vez le pasó revista a la cosecha, mata por mata y observó que el pie estaba pronunciado, augurando una gran cosecha.

Don Antenor Paternina recogió esa vez la cosecha de ñame y la vendió a buen precio, salió de los compromisos y le quedo un buen dinero por la cosecha.

Al año siguiente no sembró semilla, la que quedó enterrada nuevamente germino y la cosecha fue al doble, cada ñame pesaba una arroba, sus ganancias se triplicaron, al no tener que comprar la semilla.

Después de recoger la cosecha, metió al terreno un ganado de engorde, que pisoteo todo lo que quedó de rezago de ñame.

A la tercera cosecha, sacó el ganado y metió tres tractores a arar la tierra, ese mismo día a los quince minutos de arado los tractoristas le dijeron a don Antenor que allí había sembrada una semilla de ñame.

Suspendieron el arado y a las primeras lluvias comenzó a germinar, fue tan grande la cosecha de ñame, que tuvieron que contratar más mano de obra para recoger la cosecha, fueron cinco bodegas de tres mil metros cuadrado cada una que llenaron con bultos de ñame criollo y espino, vino un barco a cargar el ñame para llevárselo a los EE.UU.

Esa tercera cosecha fue paga en dólares americanos, motivo que le dio a don Antenor a dejar el burro en que andaba y comprarse una camioneta doble cabina, fue a buscar al indígena que le rezó la primera cosecha para recompensarlo y fue tan grande la sorpresa que recibió de sus familiares al contestarle que él tenía diez años de haber fallecido.

Don Antenor Paternina no creía lo que le decían, pero si se acordó de la conversación en el camino del páramo que un tiempo antes sostuvo con el indígena y que por ir borracho no capto bien frases como: Si yo me encontré con él o todas las noches jugamos tejo allá donde estamos.

Cayó don Ante redondito, privado y con la respiración a bajo volumen, tan pronto volvió a la realidad se dirigió al cementerio del pueblo indígena y comprobó la verdad, un epitafio en una tabla rustica decía:

Aquí yace un hombre servidor en vida y en la otra, fecha de nacido y fecha de su partida a la eternidad.

Le entregó el dinero de la paga a la hija mayor, se dirigió a la iglesia y le mandó a decir dos misas cantadas para quedar en paz y salvo con el indígena mayor.

La tierra de la Arena sucre, sigue produciendo ñame de exportación, no hay que comprar semilla, ella queda lista de la cosecha anterior.

Estas cosas solo pasan, en nuestros  pueblos macondianos, que lastima que se encuentren tan abandonados.


sábado, 15 de marzo de 2014

EL SUPER CULTIVO DE AJI PICANTE

EL SUPER CULTIVO DE AJI PICANTE
Por Francisco Cadrazco Díaz
Escritor Caribeño Colombiano












Ángel, era un amigo de la familia que lo contrataban para cortar el junco en una poza que había en la finca, con ese  junco se hacen las esterillas con que aperan los burros y mulos, después de un proceso de secado al sol y luego se va amarrando con una pita pasada por cera de abejas, quedando una esterilla de cuarenta por cincuenta centímetros, lista para ponérselas al sillón del burro o mulo cerrero.

Se ganaba Ángel un jornal de trabajo diario y con ese dinero pretendía sembrar tres hectáreas de maíz en su parcela, para luego venderlo al mejor postor, ya tenía la tierra arada, esperando las primeras lluvias de mayo.

Se alimentaba ese señor con ají picante, uno que le llaman topito, más peligroso que una mapaná rabo seco enroscada,   observé a Ángel recogiendo ají picante de unas matas que estaban cerca de la casa, la advertencia para los niños, era no acercarse a esas matas porque tenían gusano y el que lo picaba ese gusano le daba fiebre de 40 grados y le tenían que colocar una inyección para sanarse, por ese motivo a nosotros, nos era indiferente ese sector de la casa.

Pero como la curiosidad mata al gato, y  al ver a Ángel recogiendo esos ajíes rojos y no picarle los gusanos optamos por recoger las pepitas rojas y las verdes también las arrancamos.

A los pocos minutos, la cara y los ojos se nos hincharon como boxeador que pierde la pelea, los labios parecían a las figuras de la morena pintada por Aguas Limpias y sí, nos llevaron para donde el médico y de inmediato ordenó las inyecciones para bajar la alergia.

Ángel continuo haciendo pava de ají picante con huevo revuelto acompañado de yuca y suero, ese era su alimentación mientras estuvo recogiendo junco o enea para hacer esterillas.

Los ojos se le ponían rojos y llorosos y al preguntarle porque lloraba, decía que porque su mujer lo abandono, ella no quería comer pava de ají picante.

Cuando ya las matas se les acabo la cosecha, se mudó para otras matas de ají, estos eran grandes, largos y picaban más que los topitos, un buen día recogió sus ajíes, los cocinó, luego de enfriarse los molió y se los revolvió a los huevos con todas las semillas.

A los dos minutos de haber comido Ángel, se retorcía del dolor de estómago, al igual que su burro a quien también lo alimentaba con ají, estaba tirado al piso con los aperos encima, a ambos le dieron leche de ganado, cuando ya estuvieron aliviados, Ángel se montó en su burro y se fueron de prisa, sin cortar el junco.

Al pasar de los días y no regresar a sus labores el señor Ángel, mandaron a un trabajador de la finca a buscarlo a su casa a 2 kilómetros de distancia.

Cual sorpresa se llevó el mensajero, al observar en el camino un semillero de ají picante germinando, más de tres kilómetros cuadrados con las matas verdes, abonadas con estiércol de burro.

Al llegar a casa de Ángel, el trabajador le preguntó porque no había vuelto a su trabajo de cortar junco, que el patrón lo mando a buscar y que le explicara ese semillero de ají picante abonado con estiércol.

Ángel se sonrió y le comentó que ese semillero era del estiércol del burro que votaba al comer ají picante con la semilla incluida, que al pasar por la finca las iba sembrando por surcos y como la tierra estaba arada, tan pronto llovió, comenzaron a germinar, después la fue trasplantando y nacieron unas matas canillonas, cada una de ellas dio de cosecha cinco kilos, por eso se llamó la súper cosecha.

Le mandó a decir al patrón que no lo esperaran, porque él se iba a dedicar a cosechar ají picante para venderla  a una empresa que lo transformaba y lo vendía en frascos con etiquetas.

Tan buena fue esa cosecha de ají picante, que con el dinero compro la finca donde trabajaba, más las tres hectáreas que había sembrado y se dedicó al cultivo de ají picante, sus ganancias superaban sus expectativas y la empresa le compraba la cosecha, antes de sembrarla.

Los vecinos le preguntaban que cual era la formula, para ellos implementarla, el burro que estaba pastando cerca, escucho la conversación,  le dijo al vecino, vea es mejor que usted no sepa la formula porque creo que no va a aguantar los dolores de estómago.

Su amo lo recriminó por meterse en la conversación de los humanos y le dijo al vecino:

No le pare bolas a ese burro, mírelo bien,  tiene los ojos rojos, eso es por comer pava de ají picante.

El vecino le contesto: A vecino, entonces usted también es un burro, porque tiene los ojos rojos y brillantes, como gallo fino, antes de pelear.


Ya un poco molesto Ángel le dice al vecino que lo respete, que él no es ningún burro, el de cuatro patas paró las orejas y contestó, si porque el único que como yerba soy yo, sacudió sus orejas, brinco con las dos patas traseras y se fue rebuznando.

domingo, 9 de marzo de 2014

CARRY CARRY, UN GALLO PAJARITO

CARRY CARRY, UN GALLO PAJARITO
Por Francisco Cadrazco Díaz
Escritor Caribeño Colombiano

Nacido de un cruce entre un gallo fino y una gallina pajarita, de esas que se comen hasta la comida que le sirven al vecino, no hay mata de Verbena, ají, papaya y tomate que crezca, donde hay esas gallinas y pollos pajaritos.

Se crió en las sabanas de Patillal, al aire libre, y en compañía de cuatro pollonas, todas de raza pajarita, se recogían a las cinco de la tarde arriba de  un palo de totumo frondoso que había pegado a la pared de la casa, sobre la única ventana por donde se respiraba aire puro, se divisaba la luna y las zorras que intentaban comérselos.

En la mañana bien temprano volaban y caían de pecho en un inmenso playón, donde se alimentaban con grillos, gusanos y moluscos que escarbando sacaban de una mata de corozo de vaca que había tirado en el suelo, podrido por el sol y el agua, sitio predilecto donde escarbaran y escarbaran para sacar el alimento, cuando uno de ellos conseguía un robusto molusco amarillo, llamaba a los demás para compartir ese exquisito manjar lleno de pulpa de comida y buena grasa.

Con esa alimentación más granos de maíz blanco de ese que sirve para hacer peto, se crió el gallo pajarito, a los tres meses de nacidos, su dueño lo aparto de las gallinas y comenzó su entrenamiento para pelearlo en las galleras y ganar buen dinero en las apuestas a favor del gallo pajarito.

La primera pelea la gano a los tres segundos, en una alzada le perforo el buche al gallo contrario y este se fue de huida lo mismo que su dueño.

La segunda pelea, la realizo en Sincé Sucre, donde gano a los dos minutos de haberse iniciado la riña, porque se formó tremenda gresca por una apuesta abultada en contra de carry carry, que iba ganando la pelea,  el dueño del gallo contrario lo levanto del ruedo y se esfumo de la gallera, para no pagar las apuestas y ser víctima de las botellas que volaban sin alas por toda la gallera.

Después de esa pelea, llego un familiar que vive en Galapa Atlántico  a casa y se enamoró del gallo fino de color blanco con plumas rojas en su alas y dio por el ciento veinte mil pesos en billetes de a dos mil nuevecitos, lo metieron en un guacal y vino a dar a un patio viejo donde habían un poco de gallinas ponedoras y de otra raza diferente a pajarito.

Cuando lo soltaron le pusieron media totuma de un alimento que se llama  puyana, eso no le gusto al gallo sabanero, acostumbrado a comer buen maíz, de ese que tiene el grano como diente de burro, de allí en adelante su cuido no fue bueno, menos para un gallo de pelea.

Un sábado bien  temprano su dueño lo recogió del patio y le dijo carry carry hoy vas a pelear, hay una apuesta de quinientos mil pesos, con esa plata sumada al doble vamos a comparar unos bloques para hacer la casa.

Ese gallo inteligente lo miro maluco y lo levanto a picotazos, acto seguido le echo agua de la boca y lo roció, siguió diciéndole ya sabes pajarito, no me vallas a quedar mal, ve que pague por ti un poco de plata y estoy comprometido con mis compañeros de trabajo que apostaron por ti.

Nuevamente el gallo pajarito lo miro a medio lado con sus ojos brillantes y tres círculos de colores en su iris, y se dijo entre sí, como me des la papaya me largo para mi tierra.

Apuestas vienen, apuestas van, quinientos mil pesos a pajarito y un millón al gallo contrario, vino el careo y de salida carry carry entuerto al gallo contrario, le saco el ojo con lengua incluida, no hubo necesidad de pelear, gano por decisión unánime, vea y se va formando la de Troya, el dueño cogió su gallo reclamo las apuestas y salió por debajo de la gallera arropado con un saco de esos que sirven para meter cinco arrobas de arroz.

Cuando salieron a la carretera el gallo divisó un bus que iba con rumbo a Sincelejo, cuando el bus paso al lado del dueño, el gallo lo pico y se soltó, bolo, bollo y bolo y se alcanzó el bus, se subió en el estribo o escalera en el primer peldaño y a las cinco horas estaba en Patillal contándole a su antiguo dueño lo mal que paso en los meses de estadía en Galapa.

El día lunes el dueño de carry carry llego al trabajo mal humorado y a todo el que aposto a favor de su gallo, le hacía señas con la mano derecha y se la pasaba por el cuello, diciéndoles que el gallo había perdido la pelea y que lo guisaron acompañado de arroz blanco y ñame espino, recogió unas plumas en el patio y las llevó como evidencias, para no darles el doble de las apuestas, tampoco compro los bloques para hacer su casa, se bebió la plata en ron.

Mientras tanto carry carry, un gallo muy inteligente, nuevamente está libre en los playones de Patillal Sucre, al lado de sus gallinas y sus treinta y cinco polluelos, todos de la raza pajarito, sus gallinas se burlan de él, porque le mocharon la cresta y lo motilaron al etilo soldado recluta. 

El riposta con un canto de gallo fino rejugado, haciendo respetar su casta.