sábado, 25 de octubre de 2014

VUELA, COMO EL AGUILA

VUELA, COMO EL AGUILA
Por Francisco Cadrazco Díaz
Escritor Caribeño Colombiano




Vivian nació un día de verano, en una hermosa ciudad del cono sur, llevaba en sus manitos un par de guantecitos de lana de color rosado, el día que la vi estaba chapeada por el inclemente frio del polo sur, era hermosa, con esos ojos color miel, la cargaba su madre en sus brazos, el padre de la criatura estaba haciendo fila para comprar el boleto hacia el país de Colombia.

Solo había un cupo en el avión y no podían viajar en el mismo vuelo, les ofrecí el mío y solucionaron el impase, en espera de la salida del vuelo nos presentamos, intercambiamos conceptos de trabajo y los elogios de mi parte a esa bella niña, copiamos direcciones y teléfonos en Colombia, y de allí en adelante surgió una buena amistad con esa familia.

No vi mas a esa hermosa criatura, en estos momentos está en sus 29 primaveras, quizás ya ha cursado una carrera profesional en Colombia, o tal vez está estudiando en una Universidad de EE.UU o Europa.

Sus padres Tonny un Ingeniero de Petrolero y Vanessca una mujer de hogar, mis amigos desde hacen muchos años, ellas siempre en espera de que su marido regresara de viaje, por su profesión no podia estar al lado de ellas, dos personas dependientes de uno, su padre, su esposo, que las consiente, por lo que vi en el aeropuerto de la capital de Argentina.

Como el mundo da tantas vueltas y lo más lejos de repente esta tan cerca que las sorpresas no se creen. Después de tantos años por situaciones de trabajo me encontraba en la ciudad de Johannesburgo en el sur de África alojado en un hotel, llevaba dos días de estar allí y en un cambio de turno del personal de planta, estaba dando órdenes en Ingles una Joven con acento Colombiano, mi sexto sentido me decía que era conocida.

Esperé que terminara de hablar y me acerque a ella,

-Excuse me are you from Colombia?

Ella afirmó: yes, yes, Who are you,

Respondí I`m from Colombia too,

Ok hábleme en español me dijo Vivian

En el trascurso de la conversación Vivian se dio cuenta de que conocía bien a sus padres, quienes vivían en esa hermosa ciudad de Suráfrica, ella había estudiado en Colombia Hotelería y Turismo y sabia hablar el Ingles, fue contratada por una Cadena de Hoteles a nivel Internacional y fue asignada como Manager desde hace cinco años a ese famoso Hotel.

En horas de la tarde me invito a casa de sus padres, ella les hablo de mi unas horas antes,  haber si en verdad  era conocido de ellos, renació la vieja amistad con la familia Argentina que en un tiempo atrás conocí en un aeropuerto y luego en Colombia.

Tonny con la cabeza blanca de las canas y el paso de los años, ya pensionado y Vanessca haciendo gala de su edad y el sacrificio de andar de un lado para otro, en espera de esa pensión de su esposo que al fin llegó.

Vivian, con una vida cómoda disfrutando las mieles del sacrificio  por las que pasaron en un camino estrecho, una mujer hermosa, educada y dispuesta a volar muy alto en las condiciones del mundo global.

De regreso al hotel, Vivian, me explicaba cómo llegó a esa ciudad tan lejana con  esfuerzos, sacrificios, constancia y perseverancia, el destino la fue guiando hasta llevarla a un puesto de dirección en  una cadena de hoteles del mundo, a una ciudad con costumbres distintas a las de donde nació, y como  llegaron sus padres a esa ciudad donde trabajaba ella, que añoraba  tenerlos  cerca.

Las oportunidades llegan en segundos y tenemos que estar preparados para enfrentar este mundo competitivo, tomar la mejor decisión y alzar el vuelo de las águilas.
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      El Secreto de cómo irte está oculto en el cómo llegaste.
-           Si en el camino llegas a una bifurcación, tómalo por intuición. (Yogi Berra).






sábado, 18 de octubre de 2014

LA COSTURERA

LA COSTURERA
Por Francisco Cadrazco Díaz
Escritor Colombiano de la Región Caribe




En el camino real que conduce al pueblo, angosto y lleno de árboles a lado y lado, mano Mando, oyó un llanto de un niño abandonado, como iba con tres botellas de ron blanco entre pecho y espalda, más animado que un bazar para niños, no se percató del peligro en que se iba a meter.

Todos los domingos en la mañana, mano Mando, cargaba su burro prieto con dos jolones de cuero, llenos de ahuyama, maíz biche, ajonjolí, yuca, batata y habichuelas, que canjeaba en el pueblo en la tienda de Don Mañe, por Comestibles, tabacos, panelas y sus inmancables botellas de ron blanco.

Si le alcanzaba para más, le llevaba a sus hijos un juguete y a su mujer un corte de popelina floreada, para que se hiciera un vestido elegante, para lucirlo en la fiesta en el mes de Septiembre, ese día era que ella y sus hijos se veían por el pueblo.

Mano Mando, era un campesino letrado, había cursado la primaria en el pueblo, dígase de un Bachiller de esta época, más los valores inculcados en el hogar de Mando, esfuerzo de sus padres en ese tiempo, después de recibir el diploma, se devolvió al monte a ayudar a su padre a criar ganado y sembrar la tierra.

Nunca se olvidó Mando de su primer amor  en el pueblo, una señora extraña, que llegó y se quedó en el pueblo, hizo una choza a las salidas de un camino, colocó un letrero en un pedazo de cartón, que decía “Se Confeccionan Vestidos para damas y Pantalones para hombres, era una mujer  bella, de color blanco, pómulos rosados, con una cabellera corta, caderas anchas, muy educada, se ganó el cariño de todo el pueblo.

Tan pronto vio a él joven Mando, se enamoró de él y el de ella, contra la voluntad de sus padres mando visitaba a la extraña mujer, cuando la enfrentaban le decía a los padres de Mando, que ni el mismo malo, podía quitarle a ese amor.

Pero como el que lleva, trae, el bravo es, hasta que hay uno más que él, el que a hierro mata a hiero muere, le pusieron la contra a la bella dama desconocida, le pusieron pimientica en la puerta de su casa y al siguiente día, no amaneció, cogió camino a las montañas y no se supo más de ella.

Dicen los que andan por los caminos en las noches y los que pasan por el solar donde vivía  a las salidas del camino que la ven con un niño en los brazos y sienten los pedaleos de la máquina de coser, se les levantan los bellos del cuerpo y la cabeza  se les pone como balón de vejiga de puerco.

También dicen que Mando la preñó y su hijo no alcanzó a nacer, él,  Mando niega alguna versión que le quieran afirmar en contra de su palabra, lo que si es que desde que la forastera se desapareció Mando no le levanta la cabeza a nadie.

Han pasado tantos años, ya el campesino tiene la piel arrugada de las faenas del campo, perdió parte de su frontal dentadura, por culpa de la nicotina del tabaco negro, que fuma al derecho y al revés o sea con la candela hacia adentro de la boca, bota el humo por los orificios de la nariz y por los oídos.

Venía mando del pueblo de regreso a su hogar, cargado de provisiones en su burro, guía del camino, porque Mando no se pertenecía de la borrachera, esta era faena de todos los domingos, su esposa lo recriminaba y le decía que una noche se iba a tropezar con la costurera y su hijo, pero mando no le tenía miedo a nadie ni a nada.

Se llegó el momento esperado por el campesino, que solo vivía del recuerdo de la bella mujer, cogió camino, cuando pasó por el solar donde vivía la costurera oyó que lo llamaban, miró y vio a la hermosa mujer, se bajó del burro y se internó en la maleza del patio, allí lo encontraron al amanecer, con los cinco sentidos fuera de él, el burro siguió su camino y a las doce de la noche, un niño salió de la maleza y se montó en el burro, se comió todas las provisiones que iban en los jolones, el burro y el niño llegaron a casa de Mando,  su esposa en el lecho de su hogar, escuchó al burro rebuznando acompañado del llanto de un menor y la voz de un niño que decía mamá ento, mamá ento, o sea mamá me reviento, como se había devorado todas las provisiones.

La mujer que había estado estudiando interna en la normal para señoritas regentada por monjas, presintió que nada bueno estaba sucediendo, prendió su lámpara de petróleo, se dirigió al altar de los santos en su cuarto y rezó, el padre nuestro y el credo, afirmando que si cree en Dios el creador.

El llanto del niño, se alejaba, poco a poco, el eco traía su voz melancólica y apagada, llamaba también a su papá, papá ento, papá ento. (Papá me reviento).

A los pocos minutos, se oyó una explosión, como la de un transformador eléctrico en sobre carga.

Mando fue revisado en el puesto de salud por el médico del pueblo, dictaminando que lo que tenía era un fuerte guayabo, que le prepararan unas sopas de Gallina criolla y un guarapo de panela con naranja agria.

Siguió el campesino su rutina del campo, su esposa se quedó con su secreto y no le comentó una sola palabra a su esposo Mando para no perturbarle su mente, más de lo que la tenía, ya estaba casi loco.

Volvió al pueblo a hacer el trueque de lo cosechado por alimentos para su subsistencia, ya no se dejaba coger la noche, tampoco bebía mucho, un modelo de hombre para bien de su familia, pero como siempre hay quien haga el mal, llegó Antolín un vecino a la tienda y se trenzaron a beber hasta media noche que salieron los dos en sus vestías por el camino real, Antolín dejó a su amigo en casa y siguió más adelante a la suya.

Al día siguiente juró Antolín a las autoridades que dejó en su casa a su amigo Mando, cosa que no fue así, afirmado por su esposa que se encontraba muy preocupada porque no apareció más  su esposo, el burro y la carga de alimentos.

Dicen, que la hermosa costurera, su primer amor, vino por él y se lo llevo engañado con la famosa pimientica negra molida.
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sábado, 11 de octubre de 2014

LA CAMA DE PIEDRAS

LA CAMA DE PIEDRAS
Por Francisco Cadrazco Díaz
Escritor Colombiano, Región Caribe


De piedra ha de ser la cama, de piedra la cabecera, la mujer que a mí me quiera, me ha de querer de veras, hay, hay, corazón porque no amas, estrofa de la canción del mexicano, Antonio Aguilar, colocada en el picok de tubos y bocina larga, que sonaba todos los sábados en el Volcán.

Con esta melodía ranchera, enamoró Pedro Neil García a Policarpa Díaz, unos amores de diez años, una cama moderna de cemento, con dibujos de ramilletes dorados en la cabecera, de dos puestos tan ancha como el rio San Jorge, dos petates abullonados, dos almohadas rellenas con lana de ceiba en verano,  un matrimonio que solo duró unos meses.

A Pedro Neil, se lo cogió una Tormenta Eléctrica, en medio del mar, en su barco Policarpa, cuando venía de pescar y la embarcación se hundió, sus compañeros de faena, lograron llegar a la orilla sano y salvos, más no el capitán de la embarcación, que se quedó en ella,  hasta verla hundir totalmente.

Cuenta la tripulación que el capitán Pedro Neil, les ordenó, tirarse al mar, nadar y nadar, hasta llegar a alguna parte, en tierra firme, o esperar un rescate a media noche.

Su terquedad no tenía límites, no habría esperanzas de vida, en la embarcación, estaba cogiendo mucha agua y se iba a hundir.

A la distancia y por última vez, vieron al Capitán en la proa de la embarcación de nombre Policarpa al igual que su esposa, sin chaleco ni salvavidas y con su ruana roja, de allí el sobrenombre de “Pájaro Carpintero”.

Los tres amigos, lograron nadar a tierra firme y en la mañana bien temprano, pidieron auxilio a un barco de bandera panameña, que pasaba por esas coordenadas, dieron aviso de la Nave Policarpa, pero la búsqueda no dio resultados, el capitán no apareció.

Pasaron los años y solo se recordaba al Capitán Pedro Neil, con todos sus cuentos y anécdotas de vida, tanto en el mar, como en su vida, tenía la gran característica de reunir a los jóvenes en la plaza y contarles con lujos de detalles, verdades e imaginaciones, exageraciones y miedos sobre las criaturas de la noche y, sobre todo el cuento del sábalo de mar que cayó en la caldera del barco y solo tuvieron que echarle sal, condimentos y verduras, buscar las totumas y las cucharas, servirlo y deleitarse, con tremendo manjar.

Un día Domingo, característicos por la llegada de buses de turismo de otros lugares del país, en el parque del pueblo, entre sus pasajeros, procedente de Bogotá se bajó, un señor de tés morena clara, cachetes rojos, bien vestido, con una maleta inn, gafas oscuras finas, botas altas puntiagudas con figuras, miró a todos lados y se dirigió a una esquina en particular, donde se encontraban unas cinco personas reunidas.

Saludó el forastero a cada uno de los presentes por su nombre de pilas, todos extrañados por la actitud cordial del señor, quien acto seguido les dijo:

Sé que no me conocen, pero yo si los identificó a todos, han pasado muchos años y las personas se olvidan, más cuando desaparecen en alta mar, soy El Capitán Pedro Neil, vengo procedente de Tokio Japón.

Suerte la del Capitán, que a poco que su embarcación se hunde y sus compañeros se tiraron al mar, en la proa el capitán esperaba lo peor, lanza una bengala de auxilio y a pocos minutos aparece un barco de bandera Japonesa y lo recogen unos hombres orientales, que con una mala intención, no reportan el naufragio y rescate del ducho Capitán.

En su recorrido a Japón, lo ponen a trabajar duro y parejo, le dan ropa y comida al ver que daba la talla, lo dejan como jefe auxiliar de máquinas, por muchos años trabajo, en espera de que saliera un barco hacia las Américas, para retornar a su tierra.

Con los ahorros de años de trabajo en el barco Kani, Kani, decidió regresar a su tierra después de quince años, lo cual su familia lo hacía fallecido, todo esto lo contó el Capitán en el parque, en menos de cinco minutos, los presentes se miraban atónitos y desconcertados por lo sucedido, más por la situación de uno de ellos, su mejor amigo, hacen trece años, se casó con Policarpa.

Para comprobar que él era Pedro Neil, en voz alta entonó la primera estrofa de esa bonita melodía, que le gustaba a su esposa Policarpa “De piedra ha de ser la cama, de piedra la cabecera, la mujer que a mí me quiera, ha de quererme de veras, hay, hay, corazón porque no me amas”. No encontró eco entre los presentes. Lo sentaron en una banca en el parque y su gran amigo le contó todo lo sucedido con su esposa en el tiempo de su ausencia y que para ellos estaba muerto.

El Capitán Pedro Neil, solo duró unos días en su tierra natal, retornó a Tokio, donde vive de su pensión, por haber trabajado en el Barco Keni, Keni, por  treinta años, en compañía de una mujer Japonesa y sus tres hijos, a una de ellas la bautizo con el nombre de Policarpa, no por su anterior esposa, sino por su embarcación que yace en el fondo del mar.

Tanto amó Pedro Neil García a Policarpa Díaz, que hasta la cama, era una melodia.




sábado, 4 de octubre de 2014

UN BATRACIO EJECUTIVO

UN BATRACIO EJECUTIVO
Por Francisco Cadrazco Díaz
Escritor Colombiano de la Región Caribe.



De la suerte y de la muerte nadie se escapa, refrán popular de los humanos, en este caso la suerte le toco a un animal de la naturaleza, SAPO, su nombre científico de numerosas especies de anfibios anuros, con su piel verrugosa, horrible en su aspecto, al andar, a simple vista, pero por algo está en este hermoso mundo.

Simplicio, es un campesino que siembra plátano  en su finca, cuando ya están de corte los clasifica y los mete ordenadamente en unos guacales y los trae a la ciudad para ser distribuidos entre los mayoristas y estos venden al público.

Corso, un sapo grande, que vivía entre las matas de plátano en la finca de Simplicio, todas las noches salía a comer grillos, langostas y todo animalito que se encontrara en su camino, excepto la culebra, el gavilán pollero y la pigua, sus arrecimos enemigos.

Esa noche Corso salió de su guarida como de costumbre  a las seis de la tarde, ya estaba oscuro, al salir al camino real, se tropezó con un borracho, que se encontraba tirado en el camino, portaba una botella de ron y estaba fuera de combate, o sea borracho, Corso se acercó, miró y analizó el panorama y la situación, en eso el borracho dejó caer la botella destapada, Corso ingirió liquido hasta perder la razón, se arrastró hacia las matas de plátano y cuando despertó estaba en un guacal con  tres docenas de plátano verde, y unas majaguas secas de la sepa del plátano.

Escuchaba, el gritar de personas, en demanda y oferta de productos comestibles, “a mil, todo a mil, tres por cinco mil, a tres mil la mano”, en eso Corso escondió las dos paticas delanteras, el vendedor lo detectó, lo cogió por las paticas traseras y se lo metió en un bolso a una señora, sin que ella se diera cuenta.

Fue a para Corso a una oficina que por su aspecto, era de carácter público, todas las personas allí presente, las mujeres hablaban de cosas del hogar, los hombres planeando para las próximas elecciones, en eso uno de ellos dijo:

“El Sapo ese del jefe lo vamos a quebrar, porque se porta mal”.

Otro dijo: Tanto Sapo inteligente que hay, para nombrar a ese batracio en ese cargo.
Un aseador de la empresa que estaba oyendo la conversación dijo:

No se preocupen muchachos que mañana amanece el jefe convertido en un sapo de cuatro patas.

En un descuido Corso se metió en la gaveta de un escritorio en donde estaba el bolso de la señora que estuvo comprando plátano en el mercado.
En horas de la noche como el batracio era inteligente, comenzó a tratar de hablar, en eso llego Tía  rana y le dijo:

Ajáaa Corso y tú que haces por aquí, esta no es tu zona, el animalito le contó a tía rana lo sucedido con lujos de detalles y también le contó la conversación del Jefe Sapo, y le manifestó, que él quería ese puesto, la rana le dijo a Corso, no te preocupes, ese puesto es tuyo, desde mañana, tienes cuatro meses, para enderezar esta oficina.

Fueron a la casa del jefe y lo convirtieron en Corso, con voz y voto, con el cerebro del jefe y el hablado del jefe siendo un poco ronco, sus vestidos y su caminado.

Esa mañana llegó el Jefe bien temprano y se ubicó con lista en mano, a la entrada de la oficina, al lado del Guardia de seguridad, que no podía creer lo que veía, esa mañana el relevo de la vigilancia fue a las ocho y no a las seis y media, como lo hacían y a todo el que iba entrando lo chuleaba de la lista, dispuesto a desquitarse de los revoltosos que lo querían quebrar.

La empleada del bolso y secretaria, llegó quince minutos tarde, le pasaron una raya roja a su nombre.

Los tres restantes revoltosos llegaron una hora tarde y salieron directo a la oficina del Jefe Sapo, extrañados por encontrarlo a la entrada con una lista de todos los empleados, cuando él no se pertenecía de esas cosas.

Corso, les aplicó la Ley Laboral, solo en cuatro días los empapeló, el primer día de llegada tarde, una amonestación verbal, el segundo un memorando, el tercero diez días de suspensión y el ultimo día, la carta de retiro y los boto a los cuatro, incluyendo su secretaria, que fue reemplazada por la rana inteligente, gestora de la transformación de Corso.

En cuatro meses de transformación del Sapo Corso a ejecutivo de una Empresa del Estado, reformó la oficina, dio cátedras de valores a sus colaboradores y la oficina de atención al público, se ganó un premio por la atención esmerada a los usuarios.

Después de la fecha para que Corso dejara el Cargo, lo llamaban Don Sapo, porque el ejecutivo a quien reemplazó Corso, su cara quedó marcada para siempre, tenía verrugas y los ojos eran de sapo, los espejuelos eran como dos vidrios del fondo de una botella donde se envasa el vino, cuando cogía rabia, votaba un líquido blanco y espeso por sus poros.


Queda comprobado, que los Batracios, también hacen las cosas bien, cuando se lo proponen.

sábado, 27 de septiembre de 2014

NADIE, NINGUNO Y LOCO

NADIE, NINGUNO Y LOCO
Por Francisco Cadrazco Díaz
Escritor Colombiano de la Región Caribe.

Para que una persona pierda la razón, solo falta que aparezcan tres locos, que con sus viveza, lo desequilibren mentalmente, eso le sucedió al Inspector de Policía de una localidad en la región caribe de Colombia, lo que no se sabe es como tres personas de distintos barrios, ciudades o pueblos, se unieron en franca Lid, para sabotear las clases en los colegios, en los espacios públicos, en el cementerio, hasta en la iglesia.

Lo más sorprendente de este cuento es que individualmente sus padres los bautizaron con los nombres de:

Nadie, Ninguno y Loco.

Un día estaban los tres mosqueteros en la plaza principal, viendo una retreta de la banda de paz de la policía nacional, en el cambio de guardia  e izada de la bandera, como cosa curiosa se miraron los tres, hicieron revoletear sus ojos, sacaron la sonrisa maliciosa y sin mediar palabra alguna, se dirigieron a la fuente de agua, donde emanaba un chorro de unos tres metros de altura.

“Ninguno se tiró a la fuente",  "Nadie lo subió el chorro de la fuente y lo mantuvo en alzas por más de una hora", "por supuesto Loco", que se encontraba viendo el espectáculo, hizo señas con sus manos a los policías que tocaban la retreta, y de inmediato  dieron media vuelta a lo militar y se dirigieron a la fuente.

A Nadie lo sacaron de la fuente y lo llevaron preso a una comandancia, Ninguno cayó exhausto, cuando apagaron la fuente y también fue llevado a la comandancia por la policía y Loco que no estaba metido en ese lio, fue el que pago los platos rotos, por el hecho de que fue el que avisó a la policía que Nadie y Ninguno estaban en la fuente pública, dando espectáculo y alterando el orden.

La Banda de Paz, cesó la retreta y todos le cayeron a Nadie, Ninguno y Loco, como pudieron trataron de defenderse, pero era imposible con tanto policía, tratando de defender el orden y la ley.

Le leyeron sus derechos, y les dijeron que tenían un abogado de oficio, para que argumentara  en su defensa de acuerdo a los hechos sucedidos en la fuente del parque, cuando la policía tocaba la retreta para izar la bandera.


Contratado el Abogado de Oficio, Nadie, Ninguno y Loco, le contaron con lujos de detalles lo sucedido en la fuente, a la vez el abogado le contó al Inspector de Policía, lo que Nadie, ninguno y Loco le contaron con lujo de detalles:

Señor Inspector, con el respeto que usted se merece y en aras de impartir justicia, pongo mi mano en el pecho, delante de Dios y la Santa Biblia, juro a usted que diré la verdad y solo la verdad sobre el caso de “Nadie, Ninguno y Loco”.

Continúe dijo el Inspector de Policía:

Resulta que Nadie, llegó al parque, Ninguno estaba alzado en el chorro de la fuente, Loco estaba viendo la retreta de la policía al izar la bandera, como loco alzó la mano y señaló hacia la fuente, los integrantes de la Banda, dieron media vuelta y se dirigieron hacia la fuente, como el que ordena, no fue el que dio la orden de seguir hacia la fuente, se enojó y ordeno poner preso a Nadie, Ninguno y Loco.

El señor Inspector que ya se encontraba rabioso al escuchar al Abogado, tremenda barbaridad, fue y hablo con el comandante de la Policía que hizo el arresto de Nadie, Ninguno y Loco, y esto fue lo que escucho del comandante:

Señor Inspector, yo me encontraba izando la bandera en el parque principal, cuando estaba a media asta, la banda de Paz, dio media vuelta y se dirigió, sin mi orden a la fuente, al indagar que pasaba, me comentaron, yo no vi nada, que Nadie, Ninguno y Loco, estaban alterando el orden público, de inmediato ordene arrestarlos y conducirlos a la Inspección de policía.

El Inspector que había estado en un sanatorio en años pasados, por estrés de trabajo, sedado y amarrado a una camilla no aguantó la situación que se estaba presentando, se le vino a la mente todo lo ocurrido en el sanatorio municipal  y mandó a desalojar el recinto y vociferaba palabras salidas de tono, se arregazó las mangas de la camisa, el cabello indio largo se le fue a la cara, las gafas se le cayeron y pedía que no sé lo llevaran, que no lo encerraran en el sanatorio.

El comandante de policía que lo conocía, en voz baja dijo, “el Inspector se volvió Loco” y como autoridad de policía, procedió a encerrarlo en la celda donde se encontraba, Nadie, Ninguno y Loco.

En los corrillos de la Inspección de Policía, comenzaron los rumores que el Inspector estaba encerrado por Loco, con Nadie y Ninguno.

Se hizo el informe de los hechos en la Inspección por parte del Comandante de la Banda de Paz, hacia el comandante de la Policía Nacional, que al leerlo y sin esperar, salió hacia la Inspección, ordeno que sacaran al Inspector de policía, que ya no estaba, Loco se había escapado, solo quedaron en la celda Nadie y Ninguno, por lo tanto, aquí no ha pasado nada, dijo el Abogado no hay a quien endilgarle cargos, porque no está Nadie, Ninguno, y el inspector, no estaba Loco.

Si usted, tiene en su mente, un tornillo flojito o suelto, tenga cuidado con Nadie, Ninguno y Loco.




sábado, 20 de septiembre de 2014

ARAMA, LA MUJER DE LA BOTELLA

ARAMA, LA MUJER DE LA BOTELLA
Por Francisco Cadrazco Díaz
Escritor Colombiano de la Región Caribe











Una hermosa Dama de la realeza de un país del primer mundo, gozaba de todas las comodidades de una reina, belleza, joyas, vestidos, collares, pulseras, zapatos finos de gran variedad.

El Sultán benjuí, estaba enamorada de ella, pero sus padres y sus países eran enemigos, ella adoraba al sultán, un muchacho joven, soldado militar, con energías y poder, consultó con una señora de esas que se la saben todas, con el fin de hacer traer de su país a la hermosa Arama.

Pagó el sultán una suma de dinero considerable a la señora, para traer a Arama; una noche, la reina estaba en su alcoba, acompañada de su hermana menor, cuando de repente corrió una brisa fría que se caló por la ventana en forma de una botella de color verde oscuro y se tragó a la reina, su hermana nada pudo hacer, la botella salió por la ventana y se perdió en el horizonte del mar.

La reina en miniatura, dentro de la botella tapada con un corcho de madera, pedía auxilio, yacía en las aguas de un mar inmenso, después que pasó la tormenta en casa de la reina, la señora llevaba la botella en sus brazos, con tan mala suerte que la brisa se la arrebató y fue a dar a las profundidades del mar, donde ella no tiene territorio, salió a flote la botella después de tres siglos, ya el sultán no existía, menos la señora malvada que hizo el trabajo.

Solo esperaba la reina Arama que algún humano se encontrara la botella y la destapara, para ella salir de ese castigo que le impuso un amor imposible, seguía flotando la botella, ya no en aguas del mar, ahora se encontraba en una ensenada de aguas dulces a orillas del golfo de Morrosquillo, el cual sus olas botaban todo desecho que traía el mar, en la costa atlántica, en la región caribe colombiana.

Aniceto, un pescador de larga trayectoria, solterón, recolector de objetos que venían del mar, estaba en su faena de pesca en la ensenada, había tirado sus anzuelos con carnadas en la noche, para recogerlos en la madrugada, a las siete de la mañana estaba en el puerto vendiendo sus productos y hablando hasta por los codos, narrando cuentos e historias de la vida en el mar y las pescas, los encantos y los encuentros con criaturas desconocidas.

Esa mañana, después de recoger sus anzuelos, cargados de peces, en la orilla de la ensenada, en tierra firme, escucho que lo llamaban por su nombre, era una voz apagada y con un acento extranjero, el solo había oído ese acento en la región de Lorica, Córdoba, donde los árabes, turcos y palestinos formaban una algarabía en el camellón frente al rio Sinú.

“¡Anicetoooo, Anicetooo, Anicetooo!”, salió el hombre, que no le tenía miedo ni a las animas y con el oído en dirección a la voz caminaba despacito, hasta que se tropezó con una botella grande de color verde oscuro, con una tapa de corcho de la antigüedad, recogió la botella y escucho nuevamente la voz dentro de la inmensa botella.
“Auxilio, auxilio, auxilio”.

Aniceto no destapó la botella, se la llevó para su casa y no le dijo a nadie de lo sucedido, la metió en la mochila junto con los tabacos negros, la mechera de encender, el foco grande de baterías, un escapulario de la virgen y una navaja pico de loro.

En la tarde después de dormir unas horas, ya listo para la siguiente jornada de pesca, se acordó de la botella y fue en busca de ella, la llevó delante de su mamá, una anciana de la raza Zenu, que se las sabia todas y las que no las apuntaba en su memoria senil, Aniceto le contó a su madre lo que había escuchado dentro de esa botella y donde la encontró.

El pescador dejo todo en manos de su madre y se fue de pesca, la señora indígena a media noche, encendió un mechón de gas, trajo la botella y la colocó en una vieja mesa de madera rustica que estaba situada en la mitad de la sala, jaló un taburete de madera con cuero de vaca muerta, encendió su tabaco negro con la llama del mechón, tiro el primer sorbo de humo hacia la botella y la reina estornudó, signos para la indígena que la mujer de la botella, estaba viva.

Acto seguido le hablo: ¿Cómo te llamas y de dónde vienes?
Le contestó la mujer, sáqueme de aquí y le cuento con detalles, en un acento extranjero.

Captó la indígena que esta mujer no era de por aquí, y que debía estar encerrada en esa botella hace muchos años.

Que me vas a dar a cambio de sacarte de allí, dijo la indígena
Tengo mucho poder, oro y plata, le daría un rio con sus aguas de oro y un mar azul inmenso, mis joyas, mis collares y mi vida, soy la reina Arama.

Reina de donde, por aquí no hay reinados, solo el de Cartagena.

De mi país, en el lejano oriente.

La indígena comprendió que esto se trataba de una mala jugada que le hicieron a esta muchacha, le tiró nuevamente un poco de humo salido de su boca y vio a la hermosas Arama, con un cintillo verde en su cabeza, una hermosa cabellera negra azabache, una cara redonda con unos hermosos dientes blancos, dos pecas a lado y lado de sus pómulos, una nariz pronunciada que se repicaba con la botella, siempre que esta se movía.

Ha de ser incomodo permanecer metida en una botella por largo tiempo ¿verdad?, dijo la indígena.

Si, llevo tres siglos así, en espera que una persona de este mundo me devuelva la felicidad que perdí una noche que me encontraba en mi alcoba en acompaña de mi hermana menor, en el palacio de mi familia.

Bueno, ya sé que te está pasando, espera que llegue mi hijo Aniceto por la mañana y el decide que hacemos para sacarte de allí.

A la mañana siguiente, Aniceto habla con su madre y se pusieron de acuerdo para sacar a la mujer de la botella y pedir lo que ella prometió, además Aniceto estaba soltero y era la hora de emparejarlo con la mujer de la botella, según su madre, ella, se iría derechito al cielo, viendo a su hijo bien casado.

Esa noche no fue a pescar Aniceto, se quedó en casa para ver el desenlace de la mujer de la botella, después que su madre, conocedora de esta vida y de la otra la conjurara y la invitara a salir de ese encierro.

A las doce de la noche nuevamente la indígena prendió un mechón un tabaco negro y otro para Aniceto, echaron humo en toda la casa y se dispusieron a quitarle el corcho a la botella.

Salió una hermosa mujer de uno con noventa de estatura, vestía de verde lino con encajes, lentejuelas y canutillos, tenía porte de reina y todos sus veinte dedos estaban cubiertos con anillos de oro, abrazó a la indígena anciana y luego se dirigió a Aniceto, le dio un fuerte abrazo y le dijo que dispusiera de ella, el muy educado le dijo que no.

“Mis respetos para usted bella dama”, sin embargo amaneció la reina acostada en su hamaca artesal donde dormía Aniceto.

Al día siguiente, ordenó la reina llevarla a Montería al consulado de Babilonia, donde por largo tiempo la reina conversó con el cónsul, hizo varias llamadas y quedaron en regresar, le preguntaron la dirección de Aniceto y luego se marcharon a casa.

Durante esos días, Aniceto no fue a pescar, la reina ordenó estar en casa y cuidarla, siempre le decía que ella le pertenecía a él.

Pasaron treinta días y la reina seguía dando muestras de agradecimiento, ordenó tumbar la vieja casa de palma de Aniceto y mandó a hacer un palacio de color blanco con muros de oro empotrado, pisos brillantes y escaleras por dentro de la gran sala, alfombras en los pisos, le cambio el aspecto de vestir a los dos miembros de la familia, ya Aniceto portaba un turbante en su cabeza, al igual que su anciana madre y los perros de la casa les hicieron una perrera con piscina  incluida.

La reina mandó a pavimentar las calles, a mejorar las fachadas de las casas vecinas a Aniceto, los proveía de comida y no dejaba que les faltara nada.

Meses después de todo este boom una mañana de Barranquilla llegó el Embajador de la Antigua Babilonia, venía acompañado del rey y una comitiva en veinte carros blindados, arroparon la calle de alfombras rojas, se bajó un señor con barbas rojas, turbante en la cabeza, un bastón pequeño de color oro, guantes en sus manos y se dirigió a la Casa Palacio de Aniceto.

Entró le hizo una venía a Arama, le dijo que él era el tataranieto de su hermana y que era el rey Arsenito y venia por ella. Se abrazaron se dieron besos en las mejillas por espacio de una hora, se sentaron en el suelo, cruzaron sus piernas y hablaron en un idioma distinto al nuestro.

Permanecieron unos días en casa, luego le dijeron a Aniceto que se lo llevarían para su tierra con su mamá, cosa que no aceptó, exigió lo prometido y se mantuvo en su punto.

Le concedieron a Aniceto oro y plata, que es la riqueza de la región, una parte se la llevaron los españoles y la otra está enterrada bajo metros de profundidad, esparcida en la región del San Jorge y el valle del Sinú, le dieron un rio con sus aguas de oro que es el Sinú y un mar azul inmenso, desde tolú, hacia a dentro, las joyas, y collares, Aniceto le devolvió la vida a la reina, solo a ella le pertenecía.

Aniceto vivió larga vida con su anciana madre en el palacio construido por la reina Arama, quien se devolvió para su lejano país, hoy reposa la historia de la hermosa Arama en la región del san Jorge y Sinú, fértil para sembrar arroz, maíz yuca y plátano sustento diario de una comarca llena de talento humano que  pesca en sus aguas que van a desembocar en el inmenso mar donde un día llego la botella de color verde oscuro con una reina imaginaria del lejano oeste.


sábado, 13 de septiembre de 2014

LA GARZA MORENA

LA GARZA MORENA
Por Francisco Cadrazco Díaz
Escritor Colombiano de la Región Caribe



De las Islas Canarias, vino una garza morena con su pico afilado, sus ojos saltones, grandes alas y unas patas bien situadas, ella, se vino porque un pato ganso, su esposo, lo atraparon con una redes y lo subieron en un barco de carga comercial, sus compañeras de manada no quisieron acompañarla porque el viaje era muy largo, temían caer al mar y ser devoradas por un tiburón o por un cachalote viajero, de esos que se le pegan a los barcos, en busca de comida y desecho que arrojan al mar.

La imponente garza, voló alto, donde las nubes y las tormentas tropicales no la alcanzaran, con tan gran suerte que pasó un avión comercial, que llevaba ciento veinte pasajeros y tenía como destino Bogotá Colombia, venia procedente de Madrid y Cádiz España, los pilotos notaron la angustia de la garza por llegar a aeropuerto seguro, acercaron el avión a una distancia prudencial, con el fin de que ella los viera en el firmamento.

Lograron los pilotos el objetivo, se hicieron señas y a los treinta minutos llego un avión de las fuerzas aéreas de Colombia y la rescataron, la hidrataron le dieron de comer pescado y en su conversación narro la odisea en que estaba por la captura del pato ganso, su esposo.

El avión que traía a la Garza Morena, aterrizo en Cartagena Colombia y después de los rigores de protocolo entregaron a la garza a el zoológico de Barranquilla, la llamaron “La Española”, y le prometieron conseguir a su pato ganso, se dieron las autoridades a la tarea de requisar a todo barco carguero que venía de procedencias Islas Canarias en el centro del mar caribe.

Dieron aviso a las autoridades del canal de panamá por si seguían con destino a países del océano pacifico, hasta ese momento no se sabía del porque una Garza Morena viajaba de tan lejos, en busca de su parejo.

La Española, una garza libre en su territorio patrio, dentro de una manada de aves felices y ahora encerrada en un cuadro de tres por cuatro, sola y acongojada, decidió fugarse y salir en busca de su compañero, en un descuido del encargado de su alimentación alzo vuelo y cogió nubes, en el trayecto se le pegaron unas aves llamadas garza rosada, oriundas de la alta guajira Colombiana.

La invitaron a su morada, una hermosa playa tan grande que se pierde el paisaje en la mirada, fue aceptada después de dos días de deliberaciones por cuestiones de territorio, no por su color moreno, menos por su nacionalidad.

En el Zoológico de barranquilla, despidieron al encargado de cuidar a la española, con tan buena suerte que en el sitio donde estaba el ave, se encontró cuatro huevos de oro, con un peso cada uno de un kilo, se los llevó a su casa y se los metió a una gallina ponedora, multiplicándosele la cría de garzas ponedoras de huevos de oro.

La Española, cogió nueva pareja, no esperó a su compañero, de esa unión nacieron y crecieron una manada de garzas unas morenas y otras del color del sol, brillantes como sus huevos de oro, que ponen en las orillas del mar caribe en la alta guajira, tierra protegida por el estado, como reserva natural.

Otra fue la suerte del pato Ganso, que venía en un barco de carga, el cual hizo su arribo al puerto de Santa Marta, a quien le hicieron una requisa rigurosa, encontrando al ganso metido en una jaula, mal alimentado, triste y desplumado.

Ese que un día, le pasó el secreto a su compañera, para que ella fertilizara sus huevos de oro, que él había heredado de su madre la reina de un país lejano, que un día su padrastro lo convirtió en Pato Ganso y lo echo a volar bien lejos, para que no perturbara en la relación con su madre reina.

Le contaron la historia de la garza de oro y su deseo de encontrarlo, le mostraron los recortes de los periódicos donde ella pedía que encontraran a su pareja y regresarse a las Islas Canarias donde un día salieron los dos.

Después de recuperarse el ganso, alzo vuelo en busca de su pareja, la garza morena más linda de la Isla, siguió la costa, hacia el norte y pernotó, por cansancio y hambre el santuario de flora y fauna, precisamente donde se encontraba la garza de los huevos de oro.

Este ha sido el encuentro más grande y apoteósico que unas aves de alto vuelo han protagonizado, el ganso fue bien recibido por las garzas rosadas, hubo baile, con chicha maya por tres días con sus noches, el Ganso se hiso líder con el tiempo y ordeno enterrar los huevos de oro en la región más rica del mundo y a la vez más pobres, que hasta los niños se mueren de hambre.

Siglos después, como la madre tierra vuelve todo de su color y abono, unos americanos encontraron minas de carbón y la explotan, llevándose nuestros recursos no renovables que un día sembraron las garzas en la alta media y baja guajira, en el hoy departamento del cesar y parte del magdalena en mi querida Colombia.

Las Garzas, reclaman sus riqueza que un día ellas sembraron en todita la región caribe colombiana, a través de los huevos de oro, que trajo la garza morena, con el fin de enriquecerla y verla convertida en una región prospera con liderazgo nacional, es más independiente.

El pato Ganso y la Garza Morena española, no pudieron alzar su vuelo nuevamente, hoy reposan sus huesos en la Macuira, una hermosa región de la alta guajira Colombiana, la de sus paisajes bellos, la engreída, la altanera, la exótica, la que sus habitantes esperan que le devuelvan sus huevos de oro, que un día una Garza Morena en sus tierras sembró.


Dicen por allí, en las reuniones Wayuu, en los corrillos de Maicao, Uribía, Riohacha, el Valle y hasta en Barranquilla, que el Pato Ganso y la garza morena recobraron su estilo de hombre y mujer, viven en Maicao, tienen unos almacenes de telas y asisten todos los domingos a la Ermita, acompañado de una mujer morena clara, delgada ojos saltones, piernas delgadas con unas zapatillas de oro, la llaman “La Española”.