lunes, 18 de abril de 2016

CUANDO TU IBAS, YO VENÍA

CUANDO TU IBAS, YO VENÍA
Por Francisco Cadrazco Román
Escritor Colombiano, Región Caribe

Así es, Manuel Jacinto a La Cintura, cogió camino en su canoa de cinco varas, punteada por su socio Carlos José con un palo de tres metros una horqueta en su punta y navegaba por una tabla de cativo al lado derecho de la gran embarcación, mientras tanto Manuel Jacinto la timoneaba sentado en una tabla, con un canalete de dos metros.

Río arriba cargado de plátanos, que vendían la mano a dos pesos, recordando que la mano de plátano o pescado es de cuatro unidades, por eso de las matemáticas inexactas, y en cada veinte plátanos o cinco manos se le agregaba un plátano más.

La mercancía la contaba Carlos José bajo la mirada de águila de Manuelito Jacinto, allí estaban las ganancias de tanto trabajo y navegando el inmenso rio Cauca, en esa correría llegaron a la boca del Cura, llamado así a un caño que mandó a abrir  un Cura Párroco religioso de las Misiones de Burgos España en Guaranda Sucre y que comunicaba los ríos cauca y san Jorge.

En los albores del día, salieron los amigos a cerrar el recorrido, desde la otra orilla un negociante de panelas sacó un pañuelo blanco y lo ondeaba cual bandera izada, esa señal o código de río da aviso a que la canoa llegue a esa orilla.

Era Camaleón, un hombre de esos que el ojo le jugaba y al menor descuido sacaba su partida, se alertaron los dos hombres, pilas que es Camaleón, se saludaron y el hombre de la orilla del río le dijo a Manuelito Jacinto que tenía unos bultos de panela para canjearlas por plátano, aceptaron el canje se orillaron y comenzó el conteo, primero contaron las panelas.

Cuando habían contado veinte panelas Camaleón paró el conteo, porque no habían colocado la panela del vendaje, Manuelito le hizo ver que la panela no tenía vendaje, menos eran cuatro la mano, porque la panela no tiene mano.

Al terminar de contar la panela habían quinientas panelas que serían cambiadas a palo limpio por quinientas manos de plátanos según los códigos mercantiles de la Costumbre y la razón Comercial del siglo diecinueve y veinte, en nuestra costa caribe Colombiana, donde las reglas se imponían de palabras y que palabras.

Había un pero en esta transacción comercial, como era un canje de productos no había vendaje a las cinco manos de plátanos, cosa que no le gustó a Camaleón y volvió a alegar con Manuelito y Carlos más los cargueros que tenía Camaleón, fue cuando Manuelito le dijo a Camaleón que cuando él iba ya yo estaba en casa reposado, allí fue donde Camaleón cambio de color, mandaron a buscar al inspector más cercano y este determinó que Manuelito estaba actuando en razón, que en Canje de Mercancías y Fiaos de las mismas no había vendaje.

A los comerciantes se los cogió la noche en esa orilla, contrataron a un celador para que cuidara las dos canoas cargadas con plátano y las quinientas panelas canjeadas.

Cuando la madrugada comenzó a despuntar a orillas de río, al celador se le caló el frío en la espina dorsal, que ni el tabaco habano que se estaba fumando para espantar los mosquitos, quitar el sueño y el hambre pudieron  y sus parpados se entrelazaron y comenzó un concierto de ronquido, que hasta las babillas se saltaron a la orilla a bailar.

Momento que aprovecharon cuatro hombres fornidos que había mandado Camaleón a robar la mercancía de Manuelito y Carlos que a esa hora departían en la cantina del pueblo dos botellas de ron Ñeque o ron campesino, ese que hace pelear hasta un cura.

A la mañana llegaron a la orilla desamarraron su gran canoa y se largaron para sus casas a tres tabacos de distancia. Mientras tanto Camaleón le daba una fuerte muñequera a los cuatro ladrones que se robaron la canoa de él. Y el celador cogió playón porque lo andaban buscando por dejarse robar.

Cuando tú ibas, yo venía, ese fue el letrero que dejó escrito Manuelito con carbón de leña de mangle en el costado de la canoa del vivo de Camaleón. Cuando camaleón quiso llegar al puerto donde desembarcaron los dos negociante a reclamar, ya un camión de estaca estaba en el mercado de la capital desembarcando la panela.


Cuando tu Ibas,  yo Venía.

sábado, 9 de abril de 2016

EL RETIRO DE LOS INDIOS

EL RETIRO DE LOS INDIOS (RELATO)
por Francisco Cadrazco Román
Escritor Colombiano Región Caribe

No es que los indígenas de la Etnia Zenu, Gobernados por el Cacique Panzenú de los alderedores de la gran Ciudad de Montería, se retiraron de sus tierras, es un hermoso sitio ancestral Zenu, aquí en este apacible lugar, donde la naturaleza parió Árboles de Mamey, Cacao, Níspero, Guama, Guayabas, Aguacate,  Zapotes, Papayas, limón, Naranjas, Mandarinas, Plátano,  guineos, Maíz, Yuca y toda estas frutas y pan coger, lo sembraron los indígenas en una tierra planificada y abonada, según el concepto de montículos o camellones y a los lados una zanja con agua o canales de riego permanente traída por gravedad del terreno desde el gran río Sinú.

A ellos se les debe el equilibrio que presentaban los ríos de la región, evitando inundaciones, sequías, la abundancia de peses perduró por siglos, hasta la década de los años 1980, cuando comenzaron a escasear los peses.

En cuanto al Retiro de los Indios, un caserío de Cereté Córdoba, a orillas de la carretera hacia Montería, era el lugar donde todos los indígenas con mando de la Etnia Zenu se reunían en el mes de noviembre para planificar las cosechas que se sembraban en el mes de Marzo, cuando caían los primeros aguaceros del año.

Todavía se conserva ese hermoso lugar, lleno de árboles frutales cuyas cosechas sacan los descendientes de la Etnia Zenu a la orilla de la carretera a vender a los miles de transeúntes que van para Montería y su Aeropuerto los Garzones, en el corregimiento del mismo nombre.

La paz y la tranquilidad que se respira en el Retiro de los Indios, donde el clima es fresco y la atención de sus habitantes demuestra a un pueblo pacífico, trabajador, ellos los indígenas Zenu, se resisten a desaparecer, bajo la mirada ciega e indolente de las autoridades del país.

No perdamos de vista a este hermoso pueblo ancestral, que de allí venimos, antes de las mezclas raciales e invasión de extranjeros. No es verdad todo lo que dijeron, nos contaron la historia al revés, todo el oro se lo llevaron, nos dejaron pocas cosas que servir.

Evocando esa hermosa composición protesta Vallenata, Sabanera. “El Indio Sinuano”, que un día compuso el gran Maestro David Sánchez Juliao, uno de los baluartes del triángulo de la inteligencia y el saber Costeño, compuesto por los siete departamento que forman la región Caribe, y que  interpretara magistralmente Gilberto Alejandro Durán Díaz, para hacernos lloran de coraje y remordimiento de una historia de desastres de los extranjeros invasores, que ya a la mayoría de sus habitantes se nos olvidó de la mente.

Hoy entre cuentos porros y fandangos, la vamos a recordar, para sensibilizar los corazones y tomar buenas decisiones, somos orgullosos de nuestra raza y algún día nos volveremos a pintar los cachetes de color e infundirles a ustedes miedo y temblor:

Yo soy indio de los puros del Sinú
Yo soy indio chato Cholo y Chiquitín
Esta Tierra es mi Tierra
Este Cielo es mi Cielo.

A mi casa llegó un día el español
y del oro de mi padre se apropió
y la tumba de mi abuelo como guaca exploró

y mi tierra me quitaron de las manos
Despojado quede con mis hermanos
al abrigo de los vientos
 relegado a los pantanos

y mi nombre desterraron para siempre
con sus nombres bautizaron a mi gente
Los Chimá son los Rodríguez
Los Arachez son los Sánchez

Muchas cosas que los blancos se creen de ellos
Son producto de mis abuelos,
como el bollo, la hicotea, huevo de Iguana y el Sobrero

Y mi historia la contaron al revés
me dejaron pocas cosas de servir
Y lo único que queda de mi raza
Lo usaron para burlarse de mí:

Indio Cholo pelo largo
gran comedor de babilla,
cogedores de cangrejo
fabricantes de esterillas,
con su nariz achatada
y su porte medio metro,
con los tobillos torcidos.

Oye blancos les advierto si señor
que mi raza volverá tal como el Sol
a pintarse los cachetes de color,
a infundirles a ustedes miedo y temblor.

Porque Este Cielo es mi cielo
Esta Tierra es mi tierra.

El retiro de los indios, tierra de Paz y amor, sitio ancestral, patrimonio Cultural de la Región. Visítalo.

En honor a una amiga que le brotan de sus ojos las lágrimas al escuchar esta melodía: Olga Sánchez en Chinú Córdoba, descendiente de la raza, a todos los Sucreños y Cordobeses, que llevamos en la Sangre el ADN, de la raza Zenu.



domingo, 3 de abril de 2016

LA HERMOSA MARIPOSA ENCANTADA

LA HERMOSA MARIPOSA ENCANTADA
Por Francisco Cadrazco Román
Escritor Colombiano Región Caribe







En el bello Jardín de mi Hogar, en el traspatio donde las Gardenias, los Tulipanes, los nardos, las rosas rojas, amarillas y cobrizas, con dulzura y amor abrían sus pétalos, después de un roció  natural de la creación de mi Dios, se presentaba una hermosa mariposa, imposible adivinar sus múltiples colores,  aleteaba al chupar el néctar y cargar en sus patas el polen de la reproducción de la Naturaleza, angustiada por su corto tiempo de vida.

Ella sabía que mi persona la estaba observando fijamente, angustioso ejercicio que solo duraba unos pocos minutos porque ella revoloteaba, pasaba sus largas alas por mis narices chatas, hacia una circunferencia en el aire y partía siempre a la misma dirección, cuando iba a cinco metros de distancia se desaparecía, espabilaba varias veces, me pellizcaba en el antebrazo derecho y gritaba Uuuuuuuuuuuz.

Comprendía que no era la misma mariposa de ayer, era otra semejante, pienso que cambiaba de ropaje,  me adoraba, ella lo demostraba todos los días de mi vida me dejaba una sensación de amor, de felicidad, para mi esa mariposa representaba alguien que me quería de verdad, sentía sus aleteo en mis oídos, ya unas personas que saben el tejemaneje de lo humano, de lo divino, del más allá, me lo habían confesado, pero a pesar de mi fe ciega en el creador, tenía mis dudas.

Tengo que confesarles que un día cansado de la misma operación con la Mariposa encantada, saque la rula colín del armario de Herramientas y me dispuse a podar el Jardín, tres machetazos a la derecha y dos a la izquierda, no importando si estaba florecido, no acordándome que la mariposa iba a regresar a la hora en punto de su corta vida a ofrecerme sus coqueteo, confundiendo mi mente si eran de amor o de amistad sincera.

Por ultimo vendí mi casa de habitación, recogí mis chécheres y me largue para donde la brisa da la vuelta,  tan pronto llego, me encuentro con un inmenso Jardín al frente de la nueva vivienda, el cansancio del traslado de mis enceres, me venció el sueño, fue cuando supe que la Mariposa Encantada habitaba en mi alma, ni siquiera en mi corazón, óigase bien, en mi alma.

Me dijo: Porque te fuiste dejando ese hermoso Jardín donde yo me deleitaba viéndote con mis ojos en las alas, pensaste que te ibas a librar de mí, grite internamente, mi esposa no me escuchaba, hasta que la memoria gris dio la orden y brinque de la cama como un resorte de amortiguador de vehículo y fui a tener a la puerta principal de la alcoba, mi compañera desde hace treinta años, que sabe de mis aventuras nocturnas mentales, también salto de la cama encendió la luz y me dijo, tenías pesadillas, estas pálido, todo atormentado, sin saber la realidad de la Mariposa Encantada u otro ser de mis pensamientos, esos que vuelan muy alto y siempre están donde ellos quieren estar.

No volví a ver esa hermosa Mariposa, no una cualquiera, esta era bella, indescriptible, pero estaba seguro que iba a regresar, me dispuse a sembrar gardenias, rosas y fonches en el inmenso traspatio de mi nuevo hogar, allá donde rugen las piedras que arrastra el río, donde la fertilidad de la naturaleza pario árboles inmensos, donde anidan los pájaros Péndulo, se mecen los micos rojos aulladores,  aquí se siembra una mata  de yuca y da cosecha para un año y más, en fin un hermoso paraíso encantado como la bella Mariposa, a quien la bautice como Z.

Z, la última letra de la abcdario, la misma que ayer bien temprano se presentó revoloteando, meneando su cuerpo diminuto cual bailadora Árabe en concierto familiar, con el aplauso de los presentes y con su mirada fija en mí.

El palpitar de mi corazón era tan fuerte que mi cuerpo se contoneaba, no podía perder esos momentos con la mariposa y salió de mi garganta las palabras que emitió mi mente: Volviste mi Mariposa Encantada, quédate conmigo que yo te necesito, hay un inmenso vacío en mi alma que no sé quién me lo dejó. Me dijo  con voz entre cortada, fui yo mi hermoso hijo, mientras se trasformaba en una hermosa mujer árabe o Hindú, ataviada de ropas de colores igual a la mariposa, yo te parí en tu pasado mundo, estaré en tu mente y en tu corazón, dio dos vueltas alderedor y se marchó. 

Ahora mi sufrido corazón  descansa y se abre paso a otras locuras de la mente y del alma.

Adiós mi Hermosa  Mariposa Encantada, madre en mi mundo anterior.


lunes, 28 de marzo de 2016

EL CABALLO DE HERRADURAS AL REVÉS

EL CABALLO DE HERRADURAS AL REVÉS
Por Francisco Cadrazco Román
Escritor de la Región Caribe- Colombia

Imbastaro Primorí era un señor entrado en edad, su defecto en la vida era enamorar a las niñas, comprárselas a sus padres por diez pesos, él había llegado en un barco carguero desde la Alemania Nazi y se arrinconó en Pisa Bonito.

Una vez pisó mal, se enamoró de la hija de Rula de dos filos y perdió el año, la bravura y la cordura mental, al saberlo el padre de la menor, se colgó la Vaina y dentro de ella la rula afilada en piedra de amolar, lo buscó toda la noche y en la madrugada le siguió las pisadas de herraduras del caballo de Imbastaro.

La sagacidad del Forastero llegó a un camino de dos salidas, allí se bajó del caballo, sacó puntillas y martillo y en un dos por tres le cambio las cuatro  herraduras a su caballo, se las colocó al revés para despistar y cogió el camino derecho, por el camino izquierdo mandó a un trabajador a todo galope, a tres kilómetros venía Rula, que al llegar a los dos caminos notó que un caballo venia por el camino derecho y otro caballo iba por el lado izquierdo, por supuesto que seguía al caballo del camino izquierdo.

Mientras tanto Imbastaro le llevaba una distancia prudencial difícil de alcanzar, al llegar a Boscanta, pueblo grande con un cruce de tren abandono su caballo de herraduras al revés, cogió tren y guardo distancia con Rula que pernotó a las cinco horas al punto de cruce de tren.

A la primera parada del tren se bajó y cogió chance en un camión que venía hacia el cruce del tren de donde partió al dejar su caballo, rula descubrió el caballo en un parqueadero y le notó que tenía las herraduras al revés y se llenó de rabia hacia el forastero y juró que se las pagaría, a los pocos minutos venia el tren y se embarcó siguiendo al forastero.

Imbastaro llego al punto del tren se bajó del camión buscó su caballo y nuevamente le cambio las herraduras, llegó a Pisa Bonito buscó a su mujer, alquiló un camión carguero y se le llevó todo lo que tenía Rula en Casa, sacó un permiso al camión hasta Boscanta y luego en vez del seguir al norte cogió camino al sur, dejo a su mujer donde una tía de ella y siguió camino sin rumbo.

Totalmente despistado Rula, retornó a su hogar encontrando su casa sin sus muebles y pertenencias, entonces se volvió camionero y recorrió todo el país buscando a Imbastaro y su hija.

Una tarde noche llegó a un paradero y parqueaderos de carro mulas, se bajó buscó alojo y contemplo la figura ya vieja de Imbastaro y un niño de un 8 años a su lado, se le acercó le pago el parqueo del carro mula, lo analizó, detallo y busco la peca roja al lado de la nariz del viejo y preciso allí estaba.

En horas de la mañana rula se subió a su camión y siguió a Cartago, entregó mercancía, regresó al sitio donde estaba Imbastaro, parqueo su Carro mula comió durmió y al día siguiente cogió carretera, entregó el Carro mula al dueño, le dijo que no trabajaba más, con la liquidación compró un revolver y se devolvió a arreglar cuentas con el forastero y rescatar a su única hija.

Las únicas palabras que escuchó Imbastaro el Alemán fueron: “Imbastaro vengo por mi Hija”, seguido de un sonido pan pan pan pan pan pan y le vacío los seis tiros que estaban en la recamara de un Coll Caballo 38 largo pavonado. Hechos sucedidos en este mundo, donde unos pocos quieren ser más hombres que otros.

Rula afilada de los dos lados, cogió una moto se alejó de la escena del crimen llegó al comando de policía entregó el revólver y se acusó culpable en defensa propia por la burla de Imbastaro y el perjuicio a su hija menor de 14 años, le colocaron en el juicio un Abogado de Oficio y a los dos meses salió libre de culpas, hoy vive en el mismo sitio con su hija y un nieto que le dejó el viejo verde de Imbastaro Primorí un Alemán que huyó de la Guerra de Hitler.

Entre el cielo Y la tierra solo cabe la Y, lo demás está al descubierto.






sábado, 12 de marzo de 2016

LA LAMPARITA DE LA VIDA

LA LAMPARITA DE LA VIDA
Por Francisco Cadrazco Román
Escritor Colombiano- Región Caribe

Sorprendido de lo que le acaba de suceder al señor Buenahora, emite un suspiro largo, se sonríe y se acomoda en su silla, su esposa que se encontraba en la oficina (cocina), su cuñado Pacho estaba leyendo un Libro, sentado en un taburete que se encontraba apoyado por una madrina de un árbol de campano seco, le preguntan, ¿Que sucede Buena?, vea mis familias lo que les voy a contar no sé si lo creerán. El cuñado pacho, se limpió sus oídos y se dispuso a escuchar y captar la narración, seguro que de allí saldría un hermoso cuento Cultural Costumbrista.

Ustedes se acuerdan del edificio viejo de cuatro pisos color amarillo al lado de la Iglesia, en la entrada había un frondoso Árbol de Arizal, por allí salía la camioneta Power Wagon manejada por Caña, bueno mi persona se encontraba esperando la salida del vehículo, cuando venía pasando un señor alto de barbas copiosas que le llegaban al pecho, para mí era familiar, ya lo había visto en otra ocasión.

Volvió a suspirar Buena delante de su esposa y cuñado, no era su costumbre ni sus modales, además él se había quedado dormido un rato, siendo casi el medio día, ya que en la noche estaba pescando en las playas. No se sabía si lo que nos estaba contando le sucedió en la noche o ahora.

Ese señor de barbas se acercó a mi persona y dijo, ¿tú quieres saber de la lamparita de la Vida?, bueno en mi ignorancia sobre temas del más allá de la tierra le dije que sí, me tomó de la mano llegamos a un inmenso cuarto oscuro y contemplé esa belleza, esa paz interior, el ambiente, el olor a rosas frescas, un mundo espiritual donde reinaba la tranquilidad.

Y de inmediato pregunté que eran esas lamparitas, las habían grandes, medianas, unas que desaparecían y otras que se encendían. El señor de barbas largas con la paciencia del patriarca Job, me dijo te voy explicar paso por paso el significado de esa Bóveda entre la Vida y la muerte,  otro mundo y cada una de las lamparitas.

La curiosidad mató al gato,  Buena en un descuido del maestro comenzó a jugar con una lamparita, le pasaba los dedos y como no quemaban, hasta que el maestro lo vio y le dijo, no juegues con las lamparitas que cada una de ella representa una vida humana,  las que alumbraban bastante eran larga vida, las que alumbraban poco eran corto periodo de vida y las que se estaban apagando ya venía la muerte por ellas. Pero había otras que comenzaban a alumbrar con mucha fuerza, esas eran intermitentes al comienzo, significaban  nuevas vidas, los niños, el comienzo de un mundo individual y que al final era colectivo, llamado en la tierra Sociedad.

Este era el mundo colectivo de la vida, esta era la Sociedad, que al contrario de la nuestra funcionaba mejor por la unión de cada lamparita, sin reparos, odios y rencor, aquí había amor, felicidad, comprensión y cuando una lamparita desaparecía, otras surgían de la oscuridad y la reemplazaban.

Preguntó Buena al Maestro, cuál era su lamparita, el miró a su alrededor y señaló una lamparita muy opaca, casi apagándose, el Maestro salió a atender un llamado de la vida y la muerte y Buena aprovechó para acercase a su lamparita y verla casi agonizando, le entraron los nervios y recorrieron  de los pies al cerebro y en vez de avivar la llama de la vida, la sopló y se murió.

En ese instante llegó el Maestro y Buena no estaba, se había ido con su lamparita de vida a otra parte del Universo, se apresuró el maestro sacó una yesquera y con su don sobre natural encendió la lamparita de vida de Buena y fue cuando esa criatura humana emitió ese suspiro largo, se sonrío y se acomodó en su silla, venia de la muerte hacia la vida.

Su esposa y su cuñado Pacho se miraron, tierno cuento, hermoso relato de la lamparita entre la vida y la muerte, la inmensa bóveda celestial, donde casi nadie vuelve para contarlo, y concluyeron que a Buena le había caído muy mal la viuda de pescado con ñame harinoso que se había comido horas antes de dormirse.


martes, 1 de marzo de 2016

LA MUERTE AMARRADA A UN ÁRBOL


LA MUERTE AMARRADA A UN ÁRBOL
Por Francisco Cadrazco Díaz
Escritor Colombiano-Región Caribe


Llegó la muerte a un pueblo de la Costa Atlántica en Colombia, comenzaron a morirse las personas a cualquier edad, había una tristeza porque hasta los perros que cuidaban el pueblo de las personas extrañas del más allá, en las noches oscuras cuando la luna descansaba, se murieron, las autoridades civiles decían que ese chicharrón de la muerte  suelta no les competía a ellos, instaban al Sacerdote a que conjurara el pueblo, que le echara agua bendita a todo ser vivo.

Todos los días habían tres entierros, el médico del pueblo no sabía qué hacer, ninguno tenía un diagnostico critico de muerte, por ejemplo El Pirri se murió con una pepa de mamón atravesada en la tráquea, cuando quisieron llevarlo al puesto de salud, ya había colgado los guayos, la señora Trinitaria no estaba marchita y se murió de una sofocación corporal, se sacudía la pollera, le echaban aire con un abanico de hoja de palma y cayó desplomada en mitad de la calle y para que les cuento más hechos desechos de esas pobres personas.

El Sacerdote mando a buscar refuerzos y determinaron  amarrar a la muerte que hacia desastre en ese hermoso pueblo, el hueso duro era quien se atrevía a hacerlo. Y se acordaron de los poderes del Cura Luis, un español de aproximadamente 40 años de edad, de uno con noventa y nueve de estatura, fornido, con una nariz como la de pinocho y el cabello como puerco espín, el sabia sus secretos porque a los jóvenes del pueblo los mandaba a buscar una hoja de periódico y les soplaba en las manos y salía un billete de 0.50 centavos nuevecito, lo entregaba y se reía al verlos correr hacia la tienda más cercana a comprar galletas de panela rociada con bicarbonato.

Esa noche todos los habitantes del pueblo, los adultos salieron con antorchas a amarrar a la muerte, el cura Luis iba adelante, le seguía el monaguillo con una vasija con agua bendita, seguían los Sacerdotes y por último el pueblo y el médico.

Se la encontraron sentada bajo un palo de mango de rosas, con una totuma llena de mangos los más bonitos, un cuchillo banquero y el gancho de guayacán tirado a dos metros. El Cura Luis formó un polvorín de arena y palos viejos y le cogió el gancho a la muerte, el señor Calazan le dio dos vueltas a un bejuco de amarrar las casas de  bahareque y se la colocó en la cintura, la llevaron a la estaca y la amarraron en la centenaria bonga.

Desde ese momento y por treinta años nadie se moría, el que se estaba muriendo de hambre física era el sepulturero, no había trabajo para él, los señores se volvieron ancianos con barbas que le caían hasta el pecho, los niños se hicieron hombres y reinó la longevidad.

Después de ese prolongado tiempo las autoridades decidieron desamarrar a la muerte, pero ya el Cura Luis no estaba, en su remplazo estaba el monaguillo Mano Yeyo a quien el Cura le enseñó varios secretos entre ellos desamarrar y amarrar la muerte, lo localizaron le propusieron el negocio, veinte bultos de yuca, cien de ñame espino y cinco hectárea de tierra sembrada de arroz y aceptó soltarla.

Esperó que la luna descansara de turno nocturno y se fue a la estaca y le dijo a la muerte, yo te suelto y tu coges camino, no va a haber represalias con ninguno en este pueblo, y a mí me vienes a buscar después de los 100 años, por ahora ni se te acontezca porque si me incumples te vuelvo a amarrar por cincuenta años más, la muerte juró por la vida de ella a que se esfumaba tan pronto mano Yeyo la soltara.

Cincuenta nudos con el bejuco Martín Moreno, treinta vueltas a la derecha y treinta a la izquierda y una vuelta en cruz amarraban la muerte. Tenía mano Yeyo toda la noche para soltarla, hasta las cuatro de la mañana, antes de que cantaran los Gallos del pueblo.

La brisa venia del norte hacia el sur, Mano Yeyo se situó donde la brisa no lo fuera a llevar con la fuerza de la muerte, el mudo se oscureció, los perros aullaban, las gallinas cacareaban y los gallos cantaron hasta que el galillo les falló, todo el ganado cimarrón que estaba en la plaza cogió playón.

Desde ese momento todo volvió a la normalidad, paulatinamente se fueron muriendo los ancianos  ya habían longevos hasta de ciento veinte años, el cementerio lo pintaron de blanco y le colocaron una cruz grande para que la muerte no volviera tan seguido.

Lo que si le dijo la muerte a Mano Yeyo es que iba a buscar al Cura Luis Arocena, de que se las pagaba se las pagaba, le pregunto que para donde se había ido, pero el  salió primero del pueblo que el cura.


Ahora cuando se muere una persona en el pueblo, no viene la muerte, manda a su hijo, ella juró no volver más.

domingo, 3 de enero de 2016

TENGAN CUIDADO CON LA COMADREJA

TENGAN CUIDADO CON LA COMADREJA
Por Francisco Cadrazco Díaz

Escritor Colombiano Región Caribe.


Se secaron las playas de agua dulce del gran río que nace en el nudo de Paramillo, se cerraron los chorros por donde la corriente del río mayor fluía sus aguas e invadía territorios de su hermano menor, tiempo de verano época propicia para improvisar canchas de juegos, donde el agua un día formaba remolinos y llevaba en sus espaldas taruya y tapones criaderos de culebras y nido de las famosas hormigas viajeras llamadas candelillas o ají molido.

Allí venia la Comadreja con sus crías, cabeza levantada parada en sus dos patas, pendiente a los enemigas que viajaban en el gran tapón que se desprendió por allá por las altas cordilleras afluentes del gran río.

Al llegar el río a la curva de la boca de la metra el tapón se desvió y fue a parar a una de las doce ensenadas o playas de la gran Villa, se estacionó a dos kilómetros de distancia del puerto comercial, todos los animales abandonaron su hábitat, menos la Comadreja, esperó que David estacionara su canoa grande y pesada, que duraría allí todo el verano. Cinco meses para después ponerla en circulación comercial y cargarla con plátanos, panelas, yuca, ajonjolí, maíz y arroz, sacado de las plantaciones de rabón, la sierpe, Cecilia y Ayapel.

En tiempo de abundancia, cuando los campesinos sembraban y recogían cosechas, la depositaban debajo del techo de sus casas para esperar el tiempo de invierno, sin saber que un roedor les iba a causar daño.

Ya instalada la Comadreja debajo de la canoa de David, un animal netamente recolector, con sus garras cavó un hueco de cinco metros y conformó su madriguera, de allí salía a buscar alimento para su gran familia.

La señora Josefina, surtía su tienda todos los sábados y ya para el día lunes la veía un poco vaciada de productos, a Joche el carnicero se le perdía una pata de la vaca en un descuido, a mañe le subsionaban el cántaro de leche y la medida no daba, los pescados que asoleaban las hermanas pierris, en el patio de su casa, le faltaban cien bocachico, al sacerdote se le perdían las hostias sin consagrar, a pocho le sacaban la yuca debajo de la mata y no le dejaban huellas, al joyero se le pedían anillos, cadenas y sortijas que mandaban a arreglar.

La gente estaba muy preocupada por lo que les estaba sucediendo, el malamañoso de enriquito no estaba en el pueblo, se había ido para Venezuela, así que no había a quien echarle las culpas de todo lo que se perdía.

A los pocos meses comenzó a llover para el interior del país y el gran río se fue creciendo, lo mismo hizo el hermano menor y sus aguas se juntaron y desbordaron hacia los pueblos ribereños, la Comadreja olio en el ambiente un aire fresco y mojado y se alertó, comenzó a subir a la canoa de David, todo lo depositado en su madriguera, tanto así que la gran canoa se llenó.

La Comadreja dio órdenes a su cría y partieron sin rumbo conocido dejando una estela de desastre ambiental a su paso, parecía un huracán de invierno, en verano.

La sorpresa que se llevó el comerciante David, cuando en compañía de varios amigos y vecinos fue a desencallar su canoa y la encontraron llena de todos los elementos perdidos durante el verano en la gran Villa.

De inmediato dieron aviso a las autoridades del pueblo y a la media hora pasaron a David, sin Goliat, esposado sin su esposa para el calabozo, en espera de resolverle su situación, acusado de robo continuado, con una lista de artículos incluyendo las polleras pollerines, enaguas y morunos de las mujeres del pueblo, los investigadores del caso encontraron vestigios de una gran cantidad de animales, roedores y concluyeron la investigación, así:

Aunque no se comprueba que animal se sustrajo parte de los elementos hallados, recurrimos a la mente y concluimos que esa si puede arrear todo lo que pasa por ella, por muy grande o pesado que sea lo transportado.

Por lo anterior se le devuelve la reputación al señor David, pidiéndoles disculpas públicas por el daño causado en su moral, también se le entrega su canoa con todos los elementos encontrados en ella, dándole la oportunidad de citar al pueblo para que cada persona reconociera y recuperara sus elementos, solo falta por recoger las prendas íntimas.

La Canoa de David fue removida por el agua de la ensenada y allí en el hueco donde la comadreja vivió por espacio de cinco meses, se forma un remolino que todo el que pasa por él, se desaparece, el último en desaparecer fue el Pipe, de allí en adelante a ese enorme remolino en mitad del gran río San Jorge, hermano menor del Cauca, le llaman “El remolino de la Pipa”.

Moraleja: Tengan cuidado con las Comadrejas.