sábado, 20 de septiembre de 2014

ARAMA, LA MUJER DE LA BOTELLA

ARAMA, LA MUJER DE LA BOTELLA
Por Francisco Cadrazco Díaz
Escritor Colombiano de la Región Caribe











Una hermosa Dama de la realeza de un país del primer mundo, gozaba de todas las comodidades de una reina, belleza, joyas, vestidos, collares, pulseras, zapatos finos de gran variedad.

El Sultán benjuí, estaba enamorada de ella, pero sus padres y sus países eran enemigos, ella adoraba al sultán, un muchacho joven, soldado militar, con energías y poder, consultó con una señora de esas que se la saben todas, con el fin de hacer traer de su país a la hermosa Arama.

Pagó el sultán una suma de dinero considerable a la señora, para traer a Arama; una noche, la reina estaba en su alcoba, acompañada de su hermana menor, cuando de repente corrió una brisa fría que se caló por la ventana en forma de una botella de color verde oscuro y se tragó a la reina, su hermana nada pudo hacer, la botella salió por la ventana y se perdió en el horizonte del mar.

La reina en miniatura, dentro de la botella tapada con un corcho de madera, pedía auxilio, yacía en las aguas de un mar inmenso, después que pasó la tormenta en casa de la reina, la señora llevaba la botella en sus brazos, con tan mala suerte que la brisa se la arrebató y fue a dar a las profundidades del mar, donde ella no tiene territorio, salió a flote la botella después de tres siglos, ya el sultán no existía, menos la señora malvada que hizo el trabajo.

Solo esperaba la reina Arama que algún humano se encontrara la botella y la destapara, para ella salir de ese castigo que le impuso un amor imposible, seguía flotando la botella, ya no en aguas del mar, ahora se encontraba en una ensenada de aguas dulces a orillas del golfo de Morrosquillo, el cual sus olas botaban todo desecho que traía el mar, en la costa atlántica, en la región caribe colombiana.

Aniceto, un pescador de larga trayectoria, solterón, recolector de objetos que venían del mar, estaba en su faena de pesca en la ensenada, había tirado sus anzuelos con carnadas en la noche, para recogerlos en la madrugada, a las siete de la mañana estaba en el puerto vendiendo sus productos y hablando hasta por los codos, narrando cuentos e historias de la vida en el mar y las pescas, los encantos y los encuentros con criaturas desconocidas.

Esa mañana, después de recoger sus anzuelos, cargados de peces, en la orilla de la ensenada, en tierra firme, escucho que lo llamaban por su nombre, era una voz apagada y con un acento extranjero, el solo había oído ese acento en la región de Lorica, Córdoba, donde los árabes, turcos y palestinos formaban una algarabía en el camellón frente al rio Sinú.

“¡Anicetoooo, Anicetooo, Anicetooo!”, salió el hombre, que no le tenía miedo ni a las animas y con el oído en dirección a la voz caminaba despacito, hasta que se tropezó con una botella grande de color verde oscuro, con una tapa de corcho de la antigüedad, recogió la botella y escucho nuevamente la voz dentro de la inmensa botella.
“Auxilio, auxilio, auxilio”.

Aniceto no destapó la botella, se la llevó para su casa y no le dijo a nadie de lo sucedido, la metió en la mochila junto con los tabacos negros, la mechera de encender, el foco grande de baterías, un escapulario de la virgen y una navaja pico de loro.

En la tarde después de dormir unas horas, ya listo para la siguiente jornada de pesca, se acordó de la botella y fue en busca de ella, la llevó delante de su mamá, una anciana de la raza Zenu, que se las sabia todas y las que no las apuntaba en su memoria senil, Aniceto le contó a su madre lo que había escuchado dentro de esa botella y donde la encontró.

El pescador dejo todo en manos de su madre y se fue de pesca, la señora indígena a media noche, encendió un mechón de gas, trajo la botella y la colocó en una vieja mesa de madera rustica que estaba situada en la mitad de la sala, jaló un taburete de madera con cuero de vaca muerta, encendió su tabaco negro con la llama del mechón, tiro el primer sorbo de humo hacia la botella y la reina estornudó, signos para la indígena que la mujer de la botella, estaba viva.

Acto seguido le hablo: ¿Cómo te llamas y de dónde vienes?
Le contestó la mujer, sáqueme de aquí y le cuento con detalles, en un acento extranjero.

Captó la indígena que esta mujer no era de por aquí, y que debía estar encerrada en esa botella hace muchos años.

Que me vas a dar a cambio de sacarte de allí, dijo la indígena
Tengo mucho poder, oro y plata, le daría un rio con sus aguas de oro y un mar azul inmenso, mis joyas, mis collares y mi vida, soy la reina Arama.

Reina de donde, por aquí no hay reinados, solo el de Cartagena.

De mi país, en el lejano oriente.

La indígena comprendió que esto se trataba de una mala jugada que le hicieron a esta muchacha, le tiró nuevamente un poco de humo salido de su boca y vio a la hermosas Arama, con un cintillo verde en su cabeza, una hermosa cabellera negra azabache, una cara redonda con unos hermosos dientes blancos, dos pecas a lado y lado de sus pómulos, una nariz pronunciada que se repicaba con la botella, siempre que esta se movía.

Ha de ser incomodo permanecer metida en una botella por largo tiempo ¿verdad?, dijo la indígena.

Si, llevo tres siglos así, en espera que una persona de este mundo me devuelva la felicidad que perdí una noche que me encontraba en mi alcoba en acompaña de mi hermana menor, en el palacio de mi familia.

Bueno, ya sé que te está pasando, espera que llegue mi hijo Aniceto por la mañana y el decide que hacemos para sacarte de allí.

A la mañana siguiente, Aniceto habla con su madre y se pusieron de acuerdo para sacar a la mujer de la botella y pedir lo que ella prometió, además Aniceto estaba soltero y era la hora de emparejarlo con la mujer de la botella, según su madre, ella, se iría derechito al cielo, viendo a su hijo bien casado.

Esa noche no fue a pescar Aniceto, se quedó en casa para ver el desenlace de la mujer de la botella, después que su madre, conocedora de esta vida y de la otra la conjurara y la invitara a salir de ese encierro.

A las doce de la noche nuevamente la indígena prendió un mechón un tabaco negro y otro para Aniceto, echaron humo en toda la casa y se dispusieron a quitarle el corcho a la botella.

Salió una hermosa mujer de uno con noventa de estatura, vestía de verde lino con encajes, lentejuelas y canutillos, tenía porte de reina y todos sus veinte dedos estaban cubiertos con anillos de oro, abrazó a la indígena anciana y luego se dirigió a Aniceto, le dio un fuerte abrazo y le dijo que dispusiera de ella, el muy educado le dijo que no.

“Mis respetos para usted bella dama”, sin embargo amaneció la reina acostada en su hamaca artesal donde dormía Aniceto.

Al día siguiente, ordenó la reina llevarla a Montería al consulado de Babilonia, donde por largo tiempo la reina conversó con el cónsul, hizo varias llamadas y quedaron en regresar, le preguntaron la dirección de Aniceto y luego se marcharon a casa.

Durante esos días, Aniceto no fue a pescar, la reina ordenó estar en casa y cuidarla, siempre le decía que ella le pertenecía a él.

Pasaron treinta días y la reina seguía dando muestras de agradecimiento, ordenó tumbar la vieja casa de palma de Aniceto y mandó a hacer un palacio de color blanco con muros de oro empotrado, pisos brillantes y escaleras por dentro de la gran sala, alfombras en los pisos, le cambio el aspecto de vestir a los dos miembros de la familia, ya Aniceto portaba un turbante en su cabeza, al igual que su anciana madre y los perros de la casa les hicieron una perrera con piscina  incluida.

La reina mandó a pavimentar las calles, a mejorar las fachadas de las casas vecinas a Aniceto, los proveía de comida y no dejaba que les faltara nada.

Meses después de todo este boom una mañana de Barranquilla llegó el Embajador de la Antigua Babilonia, venía acompañado del rey y una comitiva en veinte carros blindados, arroparon la calle de alfombras rojas, se bajó un señor con barbas rojas, turbante en la cabeza, un bastón pequeño de color oro, guantes en sus manos y se dirigió a la Casa Palacio de Aniceto.

Entró le hizo una venía a Arama, le dijo que él era el tataranieto de su hermana y que era el rey Arsenito y venia por ella. Se abrazaron se dieron besos en las mejillas por espacio de una hora, se sentaron en el suelo, cruzaron sus piernas y hablaron en un idioma distinto al nuestro.

Permanecieron unos días en casa, luego le dijeron a Aniceto que se lo llevarían para su tierra con su mamá, cosa que no aceptó, exigió lo prometido y se mantuvo en su punto.

Le concedieron a Aniceto oro y plata, que es la riqueza de la región, una parte se la llevaron los españoles y la otra está enterrada bajo metros de profundidad, esparcida en la región del San Jorge y el valle del Sinú, le dieron un rio con sus aguas de oro que es el Sinú y un mar azul inmenso, desde tolú, hacia a dentro, las joyas, y collares, Aniceto le devolvió la vida a la reina, solo a ella le pertenecía.

Aniceto vivió larga vida con su anciana madre en el palacio construido por la reina Arama, quien se devolvió para su lejano país, hoy reposa la historia de la hermosa Arama en la región del san Jorge y Sinú, fértil para sembrar arroz, maíz yuca y plátano sustento diario de una comarca llena de talento humano que  pesca en sus aguas que van a desembocar en el inmenso mar donde un día llego la botella de color verde oscuro con una reina imaginaria del lejano oeste.


sábado, 13 de septiembre de 2014

LA GARZA MORENA

LA GARZA MORENA
Por Francisco Cadrazco Díaz
Escritor Colombiano de la Región Caribe



De las Islas Canarias, vino una garza morena con su pico afilado, sus ojos saltones, grandes alas y unas patas bien situadas, ella, se vino porque un pato ganso, su esposo, lo atraparon con una redes y lo subieron en un barco de carga comercial, sus compañeras de manada no quisieron acompañarla porque el viaje era muy largo, temían caer al mar y ser devoradas por un tiburón o por un cachalote viajero, de esos que se le pegan a los barcos, en busca de comida y desecho que arrojan al mar.

La imponente garza, voló alto, donde las nubes y las tormentas tropicales no la alcanzaran, con tan gran suerte que pasó un avión comercial, que llevaba ciento veinte pasajeros y tenía como destino Bogotá Colombia, venia procedente de Madrid y Cádiz España, los pilotos notaron la angustia de la garza por llegar a aeropuerto seguro, acercaron el avión a una distancia prudencial, con el fin de que ella los viera en el firmamento.

Lograron los pilotos el objetivo, se hicieron señas y a los treinta minutos llego un avión de las fuerzas aéreas de Colombia y la rescataron, la hidrataron le dieron de comer pescado y en su conversación narro la odisea en que estaba por la captura del pato ganso, su esposo.

El avión que traía a la Garza Morena, aterrizo en Cartagena Colombia y después de los rigores de protocolo entregaron a la garza a el zoológico de Barranquilla, la llamaron “La Española”, y le prometieron conseguir a su pato ganso, se dieron las autoridades a la tarea de requisar a todo barco carguero que venía de procedencias Islas Canarias en el centro del mar caribe.

Dieron aviso a las autoridades del canal de panamá por si seguían con destino a países del océano pacifico, hasta ese momento no se sabía del porque una Garza Morena viajaba de tan lejos, en busca de su parejo.

La Española, una garza libre en su territorio patrio, dentro de una manada de aves felices y ahora encerrada en un cuadro de tres por cuatro, sola y acongojada, decidió fugarse y salir en busca de su compañero, en un descuido del encargado de su alimentación alzo vuelo y cogió nubes, en el trayecto se le pegaron unas aves llamadas garza rosada, oriundas de la alta guajira Colombiana.

La invitaron a su morada, una hermosa playa tan grande que se pierde el paisaje en la mirada, fue aceptada después de dos días de deliberaciones por cuestiones de territorio, no por su color moreno, menos por su nacionalidad.

En el Zoológico de barranquilla, despidieron al encargado de cuidar a la española, con tan buena suerte que en el sitio donde estaba el ave, se encontró cuatro huevos de oro, con un peso cada uno de un kilo, se los llevó a su casa y se los metió a una gallina ponedora, multiplicándosele la cría de garzas ponedoras de huevos de oro.

La Española, cogió nueva pareja, no esperó a su compañero, de esa unión nacieron y crecieron una manada de garzas unas morenas y otras del color del sol, brillantes como sus huevos de oro, que ponen en las orillas del mar caribe en la alta guajira, tierra protegida por el estado, como reserva natural.

Otra fue la suerte del pato Ganso, que venía en un barco de carga, el cual hizo su arribo al puerto de Santa Marta, a quien le hicieron una requisa rigurosa, encontrando al ganso metido en una jaula, mal alimentado, triste y desplumado.

Ese que un día, le pasó el secreto a su compañera, para que ella fertilizara sus huevos de oro, que él había heredado de su madre la reina de un país lejano, que un día su padrastro lo convirtió en Pato Ganso y lo echo a volar bien lejos, para que no perturbara en la relación con su madre reina.

Le contaron la historia de la garza de oro y su deseo de encontrarlo, le mostraron los recortes de los periódicos donde ella pedía que encontraran a su pareja y regresarse a las Islas Canarias donde un día salieron los dos.

Después de recuperarse el ganso, alzo vuelo en busca de su pareja, la garza morena más linda de la Isla, siguió la costa, hacia el norte y pernotó, por cansancio y hambre el santuario de flora y fauna, precisamente donde se encontraba la garza de los huevos de oro.

Este ha sido el encuentro más grande y apoteósico que unas aves de alto vuelo han protagonizado, el ganso fue bien recibido por las garzas rosadas, hubo baile, con chicha maya por tres días con sus noches, el Ganso se hiso líder con el tiempo y ordeno enterrar los huevos de oro en la región más rica del mundo y a la vez más pobres, que hasta los niños se mueren de hambre.

Siglos después, como la madre tierra vuelve todo de su color y abono, unos americanos encontraron minas de carbón y la explotan, llevándose nuestros recursos no renovables que un día sembraron las garzas en la alta media y baja guajira, en el hoy departamento del cesar y parte del magdalena en mi querida Colombia.

Las Garzas, reclaman sus riqueza que un día ellas sembraron en todita la región caribe colombiana, a través de los huevos de oro, que trajo la garza morena, con el fin de enriquecerla y verla convertida en una región prospera con liderazgo nacional, es más independiente.

El pato Ganso y la Garza Morena española, no pudieron alzar su vuelo nuevamente, hoy reposan sus huesos en la Macuira, una hermosa región de la alta guajira Colombiana, la de sus paisajes bellos, la engreída, la altanera, la exótica, la que sus habitantes esperan que le devuelvan sus huevos de oro, que un día una Garza Morena en sus tierras sembró.


Dicen por allí, en las reuniones Wayuu, en los corrillos de Maicao, Uribía, Riohacha, el Valle y hasta en Barranquilla, que el Pato Ganso y la garza morena recobraron su estilo de hombre y mujer, viven en Maicao, tienen unos almacenes de telas y asisten todos los domingos a la Ermita, acompañado de una mujer morena clara, delgada ojos saltones, piernas delgadas con unas zapatillas de oro, la llaman “La Española”.

sábado, 6 de septiembre de 2014

DEL PORQUE LOS PERROS CUADRUPEDOS, PERDIERON SUS RABO ORIGINAL

DEL PORQUE LOS PERROS CUADRUPEDOS, PERDIERON SUS RABO ORIGINAL
Por Francisco Cadrazco Díaz
Escritor Caribeño Colombiano



En la hacienda el Guarumo, zona del Magdalena Grande, habían unos quinientos perros, encargados de recoger el ganado y llevarlo a los corrales con distintos fines, para ordeñar, colocarles sus respectivos purgantes de totumo con hierro giral, sales minerales, sepa de plátano y otros productos.

Otro de los motivos de jarrear el ganado cimarrón con los perros era el de colocarles un hierro caliente en la tabla del pescuezo y registrarlos.

Había tanto ganado sin dueño en esas tierras que a veces el mismo dueño preguntaba que de quien era ese toro berrendo cachos de chivo macho y pertenecía a él, lo mismo sucedía con los perros, se multiplicaban y cada día había más perros regados en toda la comarca.

Una vez, la líder de los perros de nombre Paquita, de color blanco con franjas negras en su cuerpo, grande como una gacela, buena con el diente y madre de la mayoría de los cachorros de la raza se colocó en la fase fértil y comenzó a jarrear perros machos de todita la población, no le quedaba otra opción sino la de coger camino, atravesar ríos y cañadas con esa jauría de perros en filas larga que ocupaban hasta tres kilómetros lineales.

De tantos perros, ella Paquita, escogería a los que les simpatizaban para su nueva cría de unos diez cachorros aproximadamente, para engrandecer la jauría de estos animales, los amigos del hombre.

Durante su recorrido pasaron por el Valle de upar, Riohacha, Maicao, llegaron a Paraguachón y la guardia Venezolana, no los dejó pasar, entonces hicieron una travesía por las montañas y salieron a Cúcuta, Bucaramanga, subieron el cañón de chica mocha y salieron a Aratoca y sal Gil, allí formaron los machos una gresca bloqueando el paso por la carretera, a la intervención de la policía, fueron encerrados cien machos para aplicarles vacunas, esos animales se quedaron de la caravana.

Siguieron hacia Bogotá, en Arcabuco Boyacá ya entraron en la pugna los peludos de clima frio, nuevamente bloquearon la carretera y se formó un trancón de vehículos, trajeron la perrera y embarcaron quinientos perros, esos también se quedaron en esa región hermosa de Colombia, a la entrada de la caravana a Bogotá, nuevamente la autoridad que ya estaba informada de la jauría de perros que marchaban detrás de la hermosa Paquita, los esperó con antimotines y cinco jaulas para recoger Can, allí se quedaron otros cuatrocientos perros.

Los demás siguieron al Palacio Presidencial y se apostaron en la plaza que fue en un tiempo de Bolívar el Caraqueño, le echaron maíz a las palomas de la paz, hablaron con el alcalde, con senadores, representantes a la cámara y los concejales, les ofrecieron sus votos para la próxima contienda electoral, con el mandatario de los colombianos, no pudieron hablar, porque no estaba en palacio.

Siguieron vía  Ibagué, pero antes se dieron un chapuzón en la represa del muña y salieron perfumados, con los aromas que emanan del rio Bogotá, para agradar a la hermosa Paquita, pasaron por Silvania, Fusa, chinauta, la nariz del diablo, el espinal Tolima donde comieron tamales, llegaron a Ibagué y se perra-tearon el festival del bunde, pasaron por Cajamarca y no por caja marcada, subieron el alto de la línea y cada vez se agregaban más perros, la vuelta a Colombia y la vuelta a España, les quedaba pequeña en las carreteras de tanto animal en busca de emparejarse con la hermosa Paquita.

El problema surgía cuando uno de los pretendientes quería acercársele a Paquita, enseguida salían los más osados a defender su puesto dentro de la jerarquía y el respeto que cada uno de ellos debía infundir para así obtener el amor de Paquita.

Cuando la caravana de perros llegó a tierras de Antioquia, se formó la jarana, los can de esa región querían tener la primacía a cualquier precio sobre la hermosa perra a quien no habían tocado ni un bocado de ella, en ese gran recorrido.

Cuando pisaron tierras del bolívar grande si fue el acabose, salieron unos perros grandes con músculos de león, bien alimentados con suero dulce y migajón de cerdo frito, agua de panela criolla y leche de vaca con espuma.

Fue cuando Paquita se paró en firme y con su inteligencia y control de la situación, antes que sucediera una desgracia entre los canes pretendientes, les ordenó  hacer un círculo y ella en el medio les dijo:

Señores Canes pretendientes, les agradezco su gentileza de querer pretender ser mi pareja, ya hemos recorrido mucho terreno, estoy exhausta y esto lo vamos a definir enseguida, coloquen su rabo aquí en el centro del círculo, yo voy a venir vendada a escoger el rabo que me guste y ese será el perro, mi compañero, es más escogeré diez rabos para tener una camada de cachorros en esta fertilidad.

Así fue, cada perro se iba quitando su rabo y colocándolo en el sitio indicado, una loma de arena de color blanco, Paquita se retiró del lugar, salió a la carretera y le sacó la pata derecha delantera a una chiva de palo interdepartamental que venía a cien, pero como la hermosa paquita, tenía sus atributos, el perro de dos patas del chofer de la chiva de palo, frenó en seco y paquita se embarcó, tocándole el puesto al lado del chofer, quien la gallináceo en todo el recorrido, pero como paquita no era gallina sino perra, no logro su cometido, dejando la Can un pelero de los más grandes que ha habido en este mundo, en ese sitio indicado.

Júpiter, un Can sin raza, siguió a paquita y vio cuando esta se embarcó en una chiva de palo, espero unos treinta minutos a sabiendas que él no sería  el escogido por Paquita por su poco pelaje y desfachatado en su vivir y luego dio aviso a la gran manada:

Señores perros, Paquita se ha fugado de la manada, se embarcó en una chiva y ya va llegando a su tierra, el magdalena grande.

Se formó un polvorín al intentar cada perro en recoger su rabo original, cosa que fue imposible, se formaron peleas y se dieron dientes hasta quedar sin un molar, se colocaron rabos distintos y hasta unos quedaron sin rabos, por esa razón es que cada vez que un can se encuentra con otro, salen a oler el rabo del contario a ver si es el que se les extravió en esa tremenda pelea, hay unos temerosos y cuando este hecho sucede, tratan de esconderlo para que no se los quiten a fin de cuenta esto sucedió hace tantos siglos que ya se amañaron con el rabo ajeno.

En el sitio de la pelea por el rabo, quedaron esparcidos más de diez toneladas de dientes de perro, como esa era tierra indígena Zenu, ellos los recogieron y ahora lucen hermosos collares en sus cuellos.

Muchos años después, Júpiter se encontró con Paquita y como el mundo es cambiante y da tantas vueltas en círculos, el Can lucia atractivo, con bastante pelaje, bien alimentado y Paquita se enamoró de él y tuvieron una camada de cachorros.

Esos si nacieron con su rabo original, porque Júpiter no entregó su rabo y no intervino en la gran pelea de perros, que quedaron esparcidos en la región triangular de Bolívar Córdoba y Sucre, donde brota la escritura, la poesía, la música, los cuentos, las décimas y centésimas, narradas a través de:

Entrecuentosporrosyfandangos.blogspot.com


sábado, 30 de agosto de 2014

EL BOMBARDINO DE ORO DEL BENNY

EL BOMBARDINO DE ORO DEL BENNY
Por Francisco Cadrazco Díaz
Escritor Caribeño Colombiano

 La inocencia de los niños, nacidos a principios y mitad del siglo pasado, los principios morales intrínsecos en cada persona encargada de impartir valores, conocimientos y educación, eran el pilar fundamental para edificar una cultura de respeto, honradez y solidos valores, para enfrentar la vida.

La carencia de energía, la reinante oscuridad, acompañada de todas esas manifestaciones de miedo y terror infundida o camufladas dentro de la misma educación, las tormentas, los truenos y los relámpagos, los rezos para conjurar males de la vida, un pueblo netamente católico, apostólico y romano “entre comillas”, nos hacían temerosos de la Justicia Divina, de los espantos, los perros lengua de fuego, las mariposas negras voladoras, el loco de los jolones de cuero montado en un caballo recorriendo las calles del pueblo a partir de las diez de la noche, la llorona loca, el burro que le hablaba a su amo, el niño que se encontró un campesino en un camino solo y llorando, la luz del playón, el temido toro candelillo y un sinnúmero de cosas que lo hacían temer y portarse bien y, que además le servían para su formación como persona, claro que habían unos jóvenes malos, que no cogieron consejos y hoy son blanco de esta sociedad que no perdona, sobre todo errores sin causas.

Corrían los años 1958-59, del siglo pasado, en un pueblo macondiano de la costa caribeña colombiana, en un mes de septiembre, una pareja de novios de una familia prestante se casaron, la novia con traje blanco de cola larga de tres metros arrastrada por la calles destapadas de tierra roja, dos cuadras de distancia de la casa a la iglesia, como de costumbre, los pajecitos con los anillos y dos bellas jovencitas con ramos de flores en sus manos enguantadas, seguido de una cola de parejas que llegaban a doscientas personas, tan así, que cuando el matrimonio venia saliendo de la iglesia, era que los últimos padrinos iban entrando.

Mientras eso ocurría, en la casa de los novios, se bajaban unos veinte músicos, con sus labios gruesos como pepita de mamón pelado y una cicatriz hecha por el instrumento al que le inyectaban aire de sus pulmones, le movían unos émbolos y le sacaban bellas melodías.

En todas esas manifestaciones, estaba El Benny, no como invitado, tampoco como familiar, más bien era por curiosidad, no llevaba calzado en sus pies, no portaba una camisa que le tapara su musculatura, sin peinarse su cabello negro ensortijado ajaracado, pero eso sí, captando todo lo que veía y oía a su alrededor, zambulléndose por debajo de las piernas de los adultos para poder mirar más cerca el espectáculo de una orquesta, creo que fue la primera que amenizó un matrimonio en ese olvidado pueblo, habitado por políticos liberales y conservadores, quienes se encontraban con los jóvenes y en un tono grotesco le preguntaban.

“Tú de quien eres hijo”, si el joven contestaba que su papá era del mismo bando, si porque eran bandos, el politiquero contestaba.

“Cuando cumplas la mayoría de edad vas a votar por mí.

Ahora si el joven contestaba que su papá se llamaba Serafín y era del bando contrario, el politiquero lo despachaba para su casa inmediatamente y, como la urbanidad de Carreño, nos ensayó que hay que obedecer a los mayores, esa orden se cumplía, acompañada de:

“Dígale a su papá, que yo fulano de tal, lo mande para la casa”.
Recordándole al ciudadano, que él, seguía mandando en el pueblo, cuando a los habitantes los mandaban a acostar.

Todo este relato es con el fin de hacer un recuento de lo que pasaba en ese pueblo, en esos años, es para que sepan que pasó en ese siglo, porque las historias, si no las cuentan se olvidan, y un pueblo no debe olvidar sus historias buenas o malas.

Resulta que el que se estaba casando en esa fecha era un politiquero reconocido, acompañado de una bella dama de la sociedad, a quien el Benny le agradece, haberlo desprendido de las manos de tigre del papá, después de ocho latigazos, con un cáñamo doble, por no asistir a clases en el colegio, durante ocho días, sin justificación.

La orquesta comenzó a tocar el vals “Tristeza del Alma”, la calle se encontraba taquiaita de curiosos, con ganas de ver a la novia bailando con el gamonal del pueblo, la puerta de entrada quedó angosta para entrar tanta gente, los invitados siguieron al patio, secándose el sudor con sus pañuelos perfumados con olor a sauco, a vino de palma de corozo de vaca, a nectalina de escaparate, a jugo de mango de rosa, a níspero maduro, etc.

El Benny un regordete jovencito, modelo de nacimiento 1953, inquieto, travieso y de chispa adelantada, se encontraba en la sala de la recepción, bien situado, viendo y analizando todo lo que sucedía, guardando en su memoria las melodías que interpretaba la orquesta, los instrumentos, cada músico tocaba y soplaba los cachetes, la garganta se les querían reventar, se ponían rojos y, volteaban el instrumento para que botara el agua, que no se sabe por dónde entraba.

Esa noche, cuando el Benny se fue a su casa y se metió en la hamaca, tenía a toda la orquesta en su mente, tocando y tocando, no pudo dormir del miedo que le cogió al instrumento llamado bombardino alto, o sea el más grande y el que sonaba más ronco, todavía es y después de cinco décadas y ñapa, es la hora que Benny no puede conciliar el sueño, cuando se acuerda del bombardino de la Orquesta de Pello Torres y sus Diablos del Ritmo, imagínense ustedes, “Diablos del Ritmo” que llego esa noche procedente de Sincelejo Bolívar, en la chiva la melón, contratada para amenizar uno de los mejores matrimonios en ese pueblo de la costa caribe. Siempre que cerraba sus ojos, veía un poco de diablos con cola, tocando los instrumentos.

Años después, cuando El Benny era un adolecente, se enteró que los músicos de la Banda 12 de octubre de Caimito Bolívar, eran primos hermanos de su papá y como en tiempo de fiesta los alojaban al frente de la casa del Benny, tuvo la oportunidad de aprender a tocar al enemigo, “El bombardino Alto”. Desde entonces reina en su casa un Bombardino de Oro Alto, con su funda, enganchado en la pared.

Hoy, cada año de nacimiento que cumple El Benny, es amenizado por sus parientes los  integrantes de la Banda Caimitera, los que han quedado, porque los viejos están gozando en la eternidad, para esa fecha aprovecha el Benny, para tocar su Bombardino de Oro, uno de sus pasatiempos.


“Atesora con amor y firmeza, los valores impartidos y aprendidos durante tu niñez y juventud y, tendrás la oportunidad de vivirlos cada día, compartirlos con los habitantes de este mundo global a través de “entrecuentosporrosyfandangos.blogspot.com”, untado de un pueblo netamente caribeño.

sábado, 23 de agosto de 2014

EL ANIMOSO DEL NEGRITO

EL ANIMOSO DEL NEGRITO
Por Francisco Cadrazco Díaz
Escritor Caribeño Colombiano.



En la finca Pajonal, en jurisdicción de Aguas Blancas Cesar, nació el negrito, su abuelo paterno, tenía unas diez hectáreas de tierra, que compartía con los campesinos, que sembraban cosechas de maíz, yuca, ahuyama plátano, criaban gallinas, pavos, cocadas y chivos.

Ese era el ambiente del negrito, su hermano mayor hacia los mandados y traía al pueblo un bulto de yuca y uno de maíz y lo canjeaban por alimentos que llevaban para la parcela, siempre vivía el mayor haciendo coger miedo al negrito, que tenía un oído agudo y escuchaba el cantar de los pájaros, el roncar del tigre, el rebuznar de los asnos, a dos kilómetros a la redonda, era muy especial el negrito, captaba todo lo que su papá le decía de la vida.

Una noche llegó el mayorcito con unos tragos de más a la casa del pueblo que compartían con dos hermanas y su mamá, el negrito, dormía sueño intermedio, o sea, medio dormido y como les dije, escuchaba todo ruido alrededor, pero no se percató que el mayorcito se acostó en el piso, justo debajo de la cama donde dormía él, se durmió y comenzó a roncar la borrachera que traía, el cuarto hedía a níspero maduro, en boca de un azulejo.

Comenzó a rastrear el negrito, el ronquido agudo, grueso y profundo, que le calaba en el cerebro y lo intranquilizaba,  llegó al pie de la cama de la mamá y comprobó que no era ella la que roncaba, sus hermana tampoco, el mayorcito no había llegado, porque no lo he sentido abrir la puerta, porque sus dos bisagras suenan como balde para sacar agua, en pozo calicante, decía en su mente.

Se acostó nuevamente, el mayorcito al sentir el ajetreo del negrito se voltio de posición de dormir y emitió un quejido acompañado con un viento de esos que vienen del sur, se sacudió el negrito de la cama, prendió luces, alarmó a su mamá y sus hermanas, se puso histérico y despertó al borracho, que no alcanzó a salirse debajo de la cama donde dormía el negrito, se paró con ti cama y tiró al negrito a un rincón del cuarto, que al caer se partió la cabeza con un horcón de madera llamado hediondo, a esa hora se formó la de Troya, en casa del negrito.

Se levantaron los vecinos y lo llevaron al puesto de salud, le cogieron quince puntos en la cabeza, quedando con un cien pie de esos de 30 centímetros de largo, desde la frente hasta el cogote. Por esa razón el negrito no pudo prestar el servicio militar, que era lo que le gustaba como profesión.

Un sábado el negrito lo mandaron de la parcela en un burro cargado con cosecha para el pueblo, con el fin de hacer el trueque y llevar las provisiones de subsistencia, ya en la tarde con las provisiones en el burro, su abuela le dijo que se quedara esa noche, que al día siguiente se fuera, le guindaron una hamaca en la sala de la casa, al poco rato cuando los gallos dieron la hora, nueve en punto, sintió el negrito que le alzaron un lado de la hamaca y lo dejaron caer nuevamente, él se alertó y se quedó quietecito.

Al rato, sin poder dormir, escuchó sacando agua del pozo, con una carrucha, tiraban el balde desde el bordo y caía en las profundidades del pozo, llamó a la abuela que estaba en el cuarto contiguo a la sala y le dijo que le habían movido bruscamente la hamaca y que alguien estaba sacando agua del pozo, la abuela conociéndolo por miedoso y cobarde, lo tranquilizo y lo instó a dormir tranquilo.

Nuevamente cuando ya se estaba quedando dormido le alzaron el canto de la hamaca del otro lado donde se lo movieron la primera vez, se levantó el negrito le dijo a la abuela que él se iba para la parcela, abrió la puerta falsa, ensillo el burro con sus provisiones y a esa hora de Dios, se fue, cogió camino para la sierra.

Cuando iba llegando, después de viajar toda la noche, al lado de la finca, sintió que un burro sacudía las orejas, miró para todos los lados y no vio nada, siguió en su burro, con la luna llena y nuevamente le sonaron las dos orejas al burro, sonido que el captaba cerquita, apuró el paso y al fin llego a las cuatro y quince de la madrugada.

La sorpresa de su papá, el negrito viajando toda la noche por ese camino, tan peligroso para un jovencito de trece años, apetecido por las criaturas de la noche y maldad para los que nunca gustaron de él, como el marido de su abuela que no era su abuelo, quien había fallecido hacía dos años, con un tiro de escopeta cero atravesado en la garganta por error y manipulación de la misma, “Tu no me simpatizas”, le decía el negrito al compañero de su abuela, cuando estaba vivo, quién vino de metiche a desprenderlo de su querida Abue.

Al día siguiente, el negrito le confesó a su papa del porque cogió camino y la sacudida de orejas de un burro, concluyendo que era el Padrastro, que se le atravesó el tiro en la garganta hace dos años, precisamente, en el sitio donde el negrito escuchaba, la sacudida de orejas, del burro burlón, esa era la parcela que quedó abandonada, después que el señor se pegó un tiro, mas ni nunca el negrito ha dormido donde su abue, ni siquiera en el pueblo, cuando pasa en su carro por el pueblo, en horas de la noche, acelera hasta ciento veinte, no mira para los lados y prefiere ir acompañado, no se le valla a subir al vehículo el “No me simpatizas”.

Cosas de esta vida, que suceden, con los que están en la otra vida.


sábado, 16 de agosto de 2014

LAS AVENTURAS DE PONCIANO-(PONCHO).

LAS AVENTURAS DE PONCIANO-(PONCHO).
Por Francisco Cadrazco Díaz
Escritor Caribeño Colombiano.



Espigado, como el gajo de arroz sembrado en tierra de bajo, alimentado con puro pescado, creció Poncho, ya cuando estaba borrego, con su 1.80 de estatura, color moreno, caminando de frente y con velocidad, apareció en el pueblo una indígena Zenu, vestida con faldas largas, un turbante en su cabeza, manos arrugadas, cuerpo regordete, trenzas hasta la cintura, muy parca al hablar, fumaba tabaco negro y calillas boca abajo, solo por los orificios de su nariz botaba el humo condensado que le servía para adivinar el futuro, en especial a los jóvenes que no habían despuntado su inocencia.

Poncho fue uno de ellos, perseguido, donde quiera que se encontraba, pescando, durmiendo, por los famosos playones, en camino a casa, después de una pesca, pero a Poncho su abuelo, tío y padre, los tres, le enseñaron a ser hombre desde muy joven y, sobre todo a defenderse de esas criaturas de la noche, que solo quieren hacer daño.

A ellas, no las nombro, porque si las nombro, les doy crédito y en este negocio no se fía y, como dijo Diomedes Díaz en una hermosa canción “Vallan al carajo señoras  Maldad”. Así dijo Poncho, después de un periodo de tiempo, unos  treinta y cinco años, cuando ya el peligro desapareció, sentado en una bóveda, en el cementerio del pueblo, sano y salvo, pero eso si con su interior al revés, tratando de contarme esas odiosas aventuras con una señora que vino del más allá.

Amárrense los pantalones y recen lo que saben, que lo que viene, es dinamita pura, ya mi persona está asegurada, porque lo que si le sé decir por adelantado es que Poncho no se dejó joder la vida, es más, esta pelea la perdió la desconocida.

Tenía Poncho una machetilla larga, afilada por los dos lados, metida en una funda de color verde oliva, herencia de su abuelo, que fue soldado de la guerra de los mil días, que no fueron mil, solo setecientos treinta, porque los contrincantes llegaron a un arreglo, para acabar con este país, sin embargo, el coletazo de esos días amargos, se sienten todavía, y, ellos siguen amangualados, acabando con este país.

Salió Poncho a las tres de la tarde a pescar y cazar algún animal para el sustento familiar, se dirigió hacia las playas, después de atravesar un hermoso playón, el sol emitía unos rayos y de la tierra brotaba un vapor que hacía sentir el infierno en que se metería Poncho esa noche.

Ya instalado, con sus anzuelos al agua y reposando bajo unos árboles de uvero, sintió el revoletear de un ave grande, tomó su escopeta, tiro doce, con tres cartuchos en la recamara, apuntó y punnnnnnnnn, todo quedó en silencio, no cayó ningún animal, buscó y buscó y nada, en ese instante se imaginó  que algún humano lo estaba vigilando, siguió su rutina y nuevamente sintió que un ave grande se posó cerca del sitio donde se encontraba Poncho, ya prevenido y su intuición le decía que se preparara porque la noche iba a ser larga oscura y accidentada.

“Pajarita, pajarita, asoma tu cabecita, que te la voy a dejar como una silueta de tiro al blanco, asómala pajarita y, apunta, dispara y se escuchó un hayyyyy, estás cogía pajarita, estas cogía pajarita, valla a joder a otra parte”, esas fueron las palabras de Poncho, creído que estaba victorioso.

Se pasó la noche despierto, adquirió ojeras negras como las vacas de raza cebú, al día siguiente retornó a casa y tan pronto vendió los bagres y sábalos cogidos en anzuelo, se bañó, se cambió de ropa y salió a hacer un mandado, pasó por la puerta de la casa de la susodicha y estaba cerrada, saludo al marido de ella y le pregunto que como habían amanecido, este contestó:

Mi señora amaneció con un dolor en el brazo derecho, dice que fue que anoche se cayó de una hamaca, allí le coloque unas hojas de uvero soasadas y le inmovilicé el brazo,  me la saluda dijo Poncho con una sonrisa maliciosa, regresó a casa y le contó a su tío, lo sucedido esa noche, no fue más, pasaron varios días y todo siguió normal para el pescador joven, animoso, brioso y lleno de vida.

Un martes en la noche, se hallaba Poncho en una bola de monte casando unos coyongos que estaban durmiendo en el copito de un árbol de ceiba roja, armado el cazador, pisando con sumo cuidado para no quebrar las virusas de palo seco y alertar a las aves, cuando se vio de cerca, muy cerca una culebra boa, que se lo quería tragar, con su bocona emitía un olor a masticada de tabaco, revuelta con pescado descompuesto.

Sacó Poncho su machetilla afilada reluciente y le dijo:

“Culebrita, Culebrita, es mejor que te retires o te pico en mil pedazos para que te recoja mi Dios, y no vuelvas a hacerme abusajo, se quién eres y ve que no te ha ido bien con migo, tengo la contra y los secretos para cogerte amárrate y no soltarte nunca más”.

La culebra desapareció esa noche, el cazador trajo tres coyongos que vendió a buen precio por libras, volvió a pasar Poncho por casa de la susodicha y estabasentada en la puerta de su casa, solo alcanzó a brindarle una mirada de Lobo con Liebre.

Dos y van dos, o sea dos de dos, dos bolas y dos estrais, como se dice en el argot beisbolero, seguía la susodicha haciendo estragos con los jóvenes del pueblo, esos que estaban cambiando su voz de niño por hombrecitos, carne preferida por la aludida, menos mal que mi persona no estaba ya por esos contornos, me hallaba en puerto seguro.

La tercera vez que Poncho se tropezó con la figura humana, fue en un cayo de peras agrias de color amarillo, sitio llamado buenos aires, no sé el nombre, pero allí no corrían ningunos aires, ese era un lugar mágico, donde se iba a comer peras con sal.

Poncho frecuentaba ese lugar, esa noche venía con una ensarta de pescado cogido durante la tarde y parte de la prima noche, del matorral salió una puerca brava, pero lo que se dice brava, con la intención de envestir a Poncho, este tiró la carga y con el leño de mangle que traía atravesado de hombro a hombro, se arqueo hacia atrás el cuerpo y le dio a la puerca en todo el espinazo, salió torcida y en un santiamén se desapareció.

Cuando Poncho me estaba narrando este cuento, en el cementerio del pueblo, escuché un quebrar de ramas secas, ambos miramos alrededor y apareció una puerca grande, de dos colores, blanco con negro, venia hacia nosotros, pero en son de paz, pasó cerquita y detrás traía unos ocho lechoncitos de amamantar, Poncho no le perdió mirada, mi persona se subió en una bóveda de dos pisos.

Después del episodio jalamos risas, ahora que estoy en puerto seguro, y que es el día de la virgen, por lo tanto estoy protegido, me rio solo, de la puerca del cementerio.

Bueno sigo narrando, después del leñazo a la puerca en el cayo de peras agrias, no se vio a la figura por espacio de tres meses, decían que se había devuelto para su tierra, cuando apareció caminaba torcida, como si hubiera sufrido un accidente y el chasis se torció.

Nos imaginamos la rabia de esa figura humana, por no haber podido llevar a cabo su objetivo, nos suponemos que era asustar a Poncho, dejarlo mal, ante sus maestros, abuelo, tío y padre, que todos los días cuando salía a pescar o casar animales, le recomendaban repasar la lección para ese caso que le estaba sucediendo.

Ya eran las cinco y treinta de la tarde, nosotros seguíamos en el cementerio del pueblo, echando cuentos, se estaba oscureciendo, mi persona es muy miedosa desde niño, a los muertos se respetan, decía mi abuelo, alerte a Poncho sobre el peligro que corríamos metidos en el campo santo, él me dijo:

“No se preocupe, aquí es donde más estamos a salvo, nadie viene a aquí a mortificar la vida de nosotros, escuche lo último de la Zángana esa y nos vamos”.

Por último, una noche de regreso a casa en el playón abierto, me salió un ternero de año y medio, escarbaba de la rabia, votaba baba por la boca, baje la carga y con el mismo leño que le di a la puerca se lo atravesé en el lomo al ternero, que ni se inmutó, con más fuerza se abalanzó hacia mí, me arrastró, se babeo en mí, me ensucio la ropa, como pude lo agarre por los cuernos y nos fuimos a fuerza limpia, lo trabe con mis piernas, le agarre el rabo, se lo metí por el jamelgo y lo tenía dominado, cuando cantaron los gallos del pueblo y el toro me soltó y antes de desaparecer me dijo:

“Agradece el canto de los gallos, ya te tenia vencido hombrecito necio.

Poncho que se sentía victorioso respondió.

“Agradece tú, te has salvado, ya te tenia vencida”. Pájara, Boa, Puerca y Toro.”

Llegó Poncho a casa, arrastrado, babeado y con la ropa sucia, el que llega y se va presentando la figura a su casa, preguntando por Poncho, la mamá le dijo, por allí llego que lo arrastro un ternero bravo anoche que venía para la casa, ella con voz de triunfo dijo:

“Ese muchacho es un verraco, no se dejó vencer, ya lo voy a dejar quieto”.

El tío y maestro de Poncho que la escuchó le dijo:

Ahora el problema es con migo, yo si te aquieto.

En esos instantes, entre oscuro y claro,  veo caminar por el centro del cementerio a una mujer vestida de blanco, con un niño en sus brazos, tiré el sombrero vueltiao 19, con que me cubrí durante todo el día del sol que permanecí pintándole la bóveda a mis padres de crianza y arranque a correr hacia la puerta del cementerio, Poncho me llamaba, venga primo, esa es la mujer de Toño, que va haciendo el cruce hacia su casa, para no darle la vuelta al cementerio, todas las personas circulan por él.

Cierro este cuento, tocando madera, sí, el tío de Poncho terminó enredado sentimentalmente con la señora de raza Zenu, ese si sabe enlazar vacas cimarronas.


Poncho, ya es un señor metido entre los cincuenta años, sigue usando el interior al revés, teníamos cuarenta y seis años que no nos veíamos, o sea que cuando salí de mi pueblo, él, era un niño, ya la figura humana está en el más allá, este cuento no es imaginación del narrador es la pura verdad, “toquen madera”.