sábado, 2 de mayo de 2015

UNA CANASTA DE ENSUEÑO

UNA CANASTA DE ENSUEÑO
Por Francisco Javier Carrasco Díaz
Escritor Colombiano de la Región Caribe.




En la calle 102 con transversal 19, de la ciudad del Sol, había un depósito de basuras del  edificio Perry, en él se escuchó el llanto de unos bebes.

Antolín un muchacho de 27 años, salido de las entrañas de un pueblo, tan pequeño, que todos sus habitantes eran una misma familia, se fue a la ciudad a buscar futuro y se empleó de vigilante, su medio de transporte era una bicicleta, que compartía la barra con su esposa, ellos mantenían unidos una lucha por tener familia, pero durante cinco años de matrimonio, después de muchos tratamientos, no había sido posible.

Salía Antolín de su trabajo a eso de las nueve y cuarenta y cinco pasado meridiano, manejaba su bicicleta con rumbo a su hogar, donde lo esperaba su gran amor Aurora de la Mañana, una mujer obsesionada por tener un bebe, ya habían hecho vueltas por medio del Bienestar Familiar para adoptar.

Al pasar raudo y veloz, Antolín escuchó el llanto de varios bebes en el depósito de basuras del edificio, le metió mano a los frenos de su vehículo, dio meda vuelta y se dirigió al sitio, afiló oídos y no escuchó nada, se bajó de su bicicleta y esperó unos segundos cuando sintió movimientos internos del depósito, fue cuidadosamente quitando unos paquetes de basuras, con su linterna de manos alumbró el lugar y para su sorpresa cuatro ojitos verdes y tiernos lo estaban mirando fijamente, acto seguido  se les movieron sus labios y le ofrecieron una sonrisa cada una.

Dos hermosas bebe, Antolín temblaba de miedo y alegría, miraba para todos los lados y al poco rato, tomó la decisión de llamar a la autoridad inmediata, la policía, llegó a la portería del edificio, se comunicó con el portero, se identificó con su carnet de vigilante de una empresa reconocida y acto seguido llamó a Aurora de la Mañana, para que se viniera inmediatamente.

En el sitio del hallazgo de las bebé, se aglomeró de curiosos, llegaron las autoridades y Antolín les narraba como llegó a las bebés, que todavía se encontraban en un Canasto de mimbre, cubiertas con sabanas de algodón, gorros rojos en sus cabecitas y guantes rojos en sus manitos, en espera del Bienestar Familiar, para que se hicieran cargo de ellas.

Acto seguido hizo su arribó Aurora de la Mañana, muy nerviosa por el acontecimiento narrado por su esposo minutos antes vía telefónica, la prioridad era pedirlas en adopción, si no aparecía su degenerada madre, que las dejó en el depósito de basuras.

Después de las indagaciones pertinentes al caso, con los vecinos del edificio Perry,  levantaron el acta de rigor que exige el código del menor, la policía hablaba con los transeúntes, con los recoge basuras del sector, miraron las cámaras de vigilancia instaladas en los edificios, llegaron a la conclusión que la madre de las dos criaturas gemelas, no las quería tener con ella.

Aurora de la Mañana, todos los días visitaba a las bebés en el centro de Bienestar, las atendía y las cuidaba, las niñas se fueron encariñando con la mujer, que no podía engendrar en su vientre a una hermosa criatura.

Le dieron la prioridad de adopción a Antolín y Aurora de la mañana, los esposos que tenían la solicitud en el bienestar Familiar y un Juez de Familia después de un año, les concedió su petición.

Con muchos sacrificios los esposos sacaron adelante a sus dos hermosas criaturas, que tuvieron todos los gustos y educación que se merece un niño y un joven adolecente, sus padres le confesaron a las niñas con uso y razón, su procedencia y las llenaron de mucho cariño.

Años después, Antolín y Aurora  de la Mañana, presenciaban con mucha alegría, como Anie y Tere, dos jóvenes hermosas e inteligentes, recogidas de un depósito de basuras, tiradas allí por una mujer, quizás en un acto de desespero por las circunstancias de la vida, el temor a enfrentar una responsabilidad tan grande como es criar a dos niñas, la llevó a tan desproporcionada decisión, se graduaban de Medicas Cirujano. Hoy, esas niñas gemelas, hicieron su Juramento Hipocrático y le prestan un servicio  Social a la humanidad, salvar vidas.


sábado, 25 de abril de 2015

DOS COLOSOS DEL BOXEO

DOS COLOSOS DEL BOXEO
Por Francisco Carrasco Díaz
Escritor Colombiano Región Caribe


En el siglo pasado y en las lidias del boxeo, no se había visto una pelea desprogramada, callejera, campesina y ganadera, protagonizada por dos hombres, amansadores de vestías, como el caballo, el mulo y el burro chó, aquí no hubo ring, tampoco los amantes del boxeo a puño limpio, pagaron entradas y como si fuera poco, la cantidad de humanos que presenciaron a dos colosos dándose trompadas.

María José, un hombre con nombre de mujer, así lo bautizaron sus padres, ellos tendrían motivos para hacerlo, al contrario de su nombre  María José, se crió entre Vacas, Caballos, Mulos, aves de corral, rudo como su padre el capataz de la hacienda Los Patos II, con sus pastizales llenos de Toros de lidia, con avisos en sus alambradas, no entre, toros bravos.

Sus padres, no tuvieron la delicadeza de mandarlo a un colegio, al contrario lo subieron a un burro a jarrear agua de la tapa cercana, después lo enseñaron a amansar caballos cerreros y termino garrochando toros en las corralejas.

Con todo esa experiencia, María José, se sentía súper hombre, a pesar de su nombre femenino, no se lo brincaba un chivo de un año de nacido, andaba en busca de lo que no se le había perdido, siempre protagonizaba peleas a puño limpios, atropellaba a los transeúntes con su caballo, azotaba a sus contrincantes con una vara de guayaba suaza.

Hay un refrán que dice, que “el bravo llega hasta donde el cobarde se lo permite”, a María José le tenían sentenciada una puñera, que se acordaría de ella toda su vida.

En la Iglesia Católica del pueblo, se unieron en matrimonio Chucho y Adelis una hermosa morena de quien estaba enamorado María José, quien se enteró del matrimonio en horas del mediodía, se apuró a la cantina y comenzó a sufrir y a beber por haber perdido a la mujer de sus sueños, ella no estaba enamorada de él.

Advertido por el tío de la joven, un hombre a quien le llamaban Popeye, pero no el marino, era un poeta de la décima, famoso por ganar el primer premio en el festival del pito atravesado, en Morroa Sucre, dotado de dos brazos largos, gruesos, con músculos grandes, acostumbrado a romper las camisas cuando se estiraba su cuerpo, vaquero de profesión, amansador de vestías, mujeriego y bebedor, ya entrado en edad, pero con la misma vitalidad que su contrincante que sabía de las cualidades de Popeye.

Llegó María José, en su caballo domado, lo paraba en sus dos patas delanteras, lo arrodillaba, lo obligaba a hacer la venia, se alejaba de la fiesta y regresaba en carrera con dirección a la puerta principal y allí lo frenaba, agitaba la vara de guayabo y la hacía silbar, con ganas de darle a alguien y ese alguien era Chucho el desposado, en fin llegó dispuesto a dañar la fiesta del matrimonio.

El tío  Popeye estaba durmiendo en el patio en una hamaca artesanal, reposando la primera de las cinco borracheras por el matrimonio de su sobrina querida. Alguien fue a avisarle que María José, estaba borracho, dando espectáculos en la puerta de la casa donde se estaba festejando el matrimonio.

Semidormido se levantó el tío, se colocó su camisa, se amarro una panola roja en la mano izquierda y salió a enfrentar al intruso, quien estaba haciendo su segunda retirada y venía con la vara de guayaba a azotar a Chucho por haberse robado en corazón de su novia platónica.

El tío tuvo tiempo para estudiar la forma de pegarle una trompada a María José, lo esperó a medio lado y cuando pasó al frente de él, se impulsó como un resorte y le colocó su puño izquierdo en pómulo del intruso, quien cayó  por el lado derecho y fue alcanzado por el cose de la pata derecha trasera de su caballo.

Le tiraron agua lluvia del tanque, de esa que no necesita hielo para enfriarse, se incorporó y para tomar ventaja, lanzó su pierna derecha contra la humanidad de Popeye, oportunidad que aprovechó este para cogerlo de la pierna y voltearlo como puerco muerto para la venta, amarrado en un árbol de matar ratón en plena vía, a exhibición de los presentes y de los que iban llegando.

En la tarde ya reposados ambos contrincantes, Popeye bajó a María José y entonces si se formó la pelea del siglo pasado, yo le iba a Popeye porque era mi tío, además ya tenía un pedazo de palo de guadua seca para arrecostarselo a María José en las costillas, pero no hubo la necesidad, porque Popeye le lanzó un derechazo a María el pómulo derecho, que lo mandó al barro amarillo a comer tierra.

Se despertó María José en el hospital Las Mercedes de Corozal Sucre a  los tres días siguientes del matrimonio de Chucho y Adelis, quienes a esa hora se encontraban de luna de miel en las paradisiacas playas de San Andrés Islas. Tenía calcados en los dos cachetes, del lado izquierdo los cuatro dedos de la mano de Popeye y, del lado derecho una herradura de la buena suerte, del casco de su caballo.

Desde esa fecha, María José, el hombre con nombre de mujer, no se ha visto más, en la faz de la tierra.

En la mente de los niños, hay gravado hechos que los mayores les parezca insignificante, pero la película está intacta, para la muestra un trompón.


sábado, 18 de abril de 2015

JACO, UN CAMPESINO INTELECTUAL

JACO, UN CAMPESINO INTELECTUAL
Por Francisco Carrasco Díaz
Escritor Colombiano de la Región Caribe.


Sale el sol, sus rayos penetrantes ponen en movimiento a Jaco, un muchacho popular, que nunca dice no a las personas con quien trata, a pesar de su corta edad, sus conceptos de vida están bien cimentados, su cuerpo y su estatura no coinciden en la realidad, todos los días va al colegio a doble jornada y los días Sábados y Domingos se va a ayudar a su padre a sembrar cosechas de maíz.

La particularidad de Jaco es admirable, sus sueños se hacen realidad, ya las palabras del joven son creíbles, todas las mañanas le cuenta a su madre con lujos y detalles lo soñado en sus noches de insomnios, donde comienza a ver fantasías, a experimentar y maquinar ideas que rayan fuera de lo común.

Europa es un continente que Jaco conoce como la palma de sus manos marcadas con unas líneas en forma de M, una gitana le dijo a su mamá que ese niño que tenía en brazos, sería muy importante en la vida.

Por ejemplo uno de sus sueños semidormido es que está en metido en unos viñedos recogiendo la cosecha de uvas, compartiendo trabajo con personas que piensan distinto a él.

Otras veces sus sueños lo llevan a la vida intelectual de las hermosas ciudades de París, Madrid, Londres y Moscú, compartiendo un café, en una de esas cafeterías  situadas a la orilla de un gran rio, por donde surcan barcos de turismo y de carga.

Otra de sus testarudas ideas nocturnas, es de ser una persona con muchos poderes, capaz de movilizarse a través del tiempo y el espacio con la fluidez y la naturalidad que Dios les concedió a las aves de alto vuelo.

Como si fuera verdad, todo lo narrado y ocurrido a Jaco en las noches de insomnio, al día siguiente amanecía cansado, con el casete mental dispuesto a contar, donde estuvo, que hizo y con quien se encontró.

Eran tan efectivas las palabras de Jaco, que todos los politiqueros de la región, lo buscaban para que les asesorara su campañas politiqueras, los novios pagaban para saber si sus novias los amaban, los campesinos le preguntaban por las cosechas, los tenderos le consultaban sobre a quién se le podía fiar y a quién no, los pescadores le consultaban, a donde tirar sus chinchorros para sacar buena pesca.

Pasaron los años y Jaco se desapareció del mapa de su pueblo y alderredor, su amigo Honorio, su padre lo mando a estudiar una carrera política a Europa y en una de esas salidas a coger el aire de la ciudad a orillas del río, encontró a Jaco sentado, tertuliando con unos amigos, se saludaron, intercambiaron conceptos y desde ese momento Jaco asesoró a su amigo y paisano en la tesis de doctorado para poderse graduar.

Manuelito, otro amigo de Jaco en su niñez, se fue a especializarse de Médico Pediatra a Madrid, su gran sorpresa encontrarse a Juaco, dictando una Cátedra de Derecho Internacional en la misma Universidad donde él se especializaba.

A ambos le dijo que sus carreras iban a ser exitosas, pero a Manuelito le dijo al oído izquierdo que no se preocupara, que tan pronto llegara al pueblo, comprara una mesa ovalada, de ocho puestos, que le colocara un lujoso mantel y la situara en el centro de la sala y esperara que el Duende Alambrito se la llenara de billetes de Cincuenta mil pesos Colombianos, todo eso acordándose que Manuelito lo llamaba loco por los sueños de vida que ocurrían durante las noches y lo humillaba por su pobreza en el vestir.

Honorio un prestigioso Político con Ética Profesional, a Manuelito, la vejez se lo cogió, no ejerció la medicina, se quedó solo en su casa al morir sus padres, todos los días se levantaba bien temprano y miraba para la sala, guardando las esperanzas que  el duende alambrito le llenara la mesa de ocho puestos, de billetes de Cincuenta mil pesos Colombianos, afirmaba, que Jaco no le podía fallar.

Jaco, el campesino intelectual, en su pueblo casi no se acuerdan de él, pero Manuelito afirma haberlo visto en Madrid, es más lo asesoró en su tesis de grado, pero la gente no le cree, porque está loco, jamás ha salido de su entorno familiar.


sábado, 11 de abril de 2015

LAS TRES PRINCESAS

LAS TRES PRINCESAS
Por Francisco Javier Carrasco Díaz
Escritor Colombiano-Región Caribe


Gregorio (Goyo), un hombre criollo, hijo de un español y una hermosa mulata, nacido en tiempos de la colonia, sus facciones sobresalían, así como sobresalía la belleza de sus hijas.

El señor Goyo, “el Loco”, había criado en su parcela a sus tres hermosas niñas, blancas, ojos azules, la mamá de las niñas se fue con un forastero que llegó al pueblo vendiendo cachivaches.

La parcela de Goyo, estaba dentro de los predios del Blanco Sofanor, se la había comprado a cambio de trabajo en la finca, poseía sus escrituras y era titular del predio.

Sofanor  tenía tanto ganado que no alcanzaba a herrar, sus tres hijos no se percataban de los bienes que poseían, eran desordenados en especial con el ron y perseguían a las muchachas de la comarca, tan pronto se desarrollaban, iban por ellas, como tenían dinero, eso era a diez pesos por cada una.

Las niñas hermosas de Goyo, se fueron poniendo pechugonas y los tres hermanos, hijos del blanco Sofanor, les pusieron el ojo.

Afilaba el señor Goyo su rula Colín todos los días, quedaba tan cortante, que con ella se afeitaba su barba.

En una noche lluviosa, venían los tres mosqueteros del pueblo, cada uno en su caballo aperado, ya habían volteado la cantina, pelearon con unos extraños y perdieron la pelea, parecían toros en huida, que todo lo arrastran a su paso, al pasar al frente de la casa del campesino Goyo, se frenaron los caballos, se miraron los tres y su malévolo plan afloró.

El mayor, les dijo a sus hermanos, vamos por las princesas, ya están buenas.

Goyo era un señor de 47 años aproximados, campesino de profesión desde hacía veinte años, que llegó al pueblo, no se sabía de donde vino, ni quien era en realidad.

Dormía Goyo con un oído despierto y el ojo izquierdo abierto, su rula debajo del petate, listo para lo que fuera, ya había rumores que los tres mosqueteros pretendían llevarse a sus hijas por sobre de sus narices y esa osadía no la iba a permitir, para eso su madre la mulata, le enseñó cómo defenderse en la vida.

Esa noche, escuchó Goyo el acercamiento de tres caballos, justo al frente de la parcela, en su humilde casa de palitos con rendijas en la cerca por donde se podía observar la presencia de personas que se acercaban.

Abrió Goyo su ojo derecho, afilo su otro oído, se incorporó, cogió su machetilla, se colocó sus abarcas y su sombrero sinuano, se dirigió a la puerta, le quito la tranca y sigiloso salió y se escondió muy cerca de la puerta.

Los tres mosqueteros se bajaron de sus caballos y de inmediato entraron a la casa, se extrañaron de que la puerta estaba abierta, pero el ron que habían consumido, no los dejaba pensar, solo en su objetivo, las tres princesas, que se encontraban en edad de 11, 12 y 13 años.

Goyo los dejó entrar a la sala, pero no a las habitaciones de sus tres hermosas hijas a quien cuidaba y hasta daba la vida por ellas, era su padre y madre, rula en mano, músculos tensos, ojos rojos y mirada serena, les trancó la puerta por donde entraron, los tres se llevaron las manos al cinto y de inmediato Goyo los desarmó, los juntó, les puso la rula en el cuello y les dijo:

Lárguense antes de que los pique a pedacitos, mis hijas no las tocan ustedes, sus ojos estaban rojos y de su lengua brotaban chispas de candela

Adiós borracheras y abusos de los tres hijos del blanco Sofanor, esa noche no llegaron a su casa, los encontraron deambulando con sus caballos en la finca, picaron el alambre de púa, el ganado se esparció en toda la comarca, fue recogido y repartido entre los campesinos de la región, quienes hoy gozan de bienestar al multiplicar su pobreza, porque 5x 8 es igual a 40.

La hierba de la finca del Blanco Sofanor se secó y solo es un peladero, donde no nace nada, los tres mosqueteros no reconocieron a sus padres, solo hablaban de Goyo y sus tres Princesas y, después de eso, reposan en un manicomio en la ciudad capital.

La finca quedó abandonada, los padres de los tres mosqueteros fallecieron de pena moral, al ver a sus hijos, amarados al tubo de una cama de hierro.

Goyo y sus tres hijas, tampoco amanecieron en la casa de la parcela, los sembrados fueron recogidos por los vecinos y cada año la cosecha en la parcela de Goyo es mayor, ella misma se reproduce como la verdolaga y la siembra de ñame, en nuestra Región Caribe.

Goyo y sus hijas, no dan señales de vida, así como llegaron un día cualquiera, se marcharon. Toño su vecino de parcela manifiesta que ve a Goyo todas las noches limpiando y sembrando en la parcela, claro que tampoco eran confiables las palabras del vecino, porque este ya había regresó del manicomio.

Como cambian los tiempos de vida, los ricos de plata y poder del ayer, hoy son los pobres de plata y, los pobres de plata del ayer, hoy son los ricos de plata y poder.



sábado, 4 de abril de 2015

LA FE MUEVE MONTAÑAS

LA FE MUEVE MONTAÑAS
Por Francisco Carrasco Díaz
Escritor Colombiano de la Región Caribe


Despuntaba el sol en el horizonte, cuando Harry José Pineda un campesino, de estatura bajita, fornido y de buen hablar, sus padres en su juventud lo mandaron al colegio a estudiar y aprendió a leer y escribir bien, pero el estudio no era su fuerte, salió en su burro hacia la montaña, donde tenía una parcela sembrada de pan coger, que le daba el sustento familiar.

Una tarde de invierno Harry venía en su burro cargado de alimentos escogidos de la cosecha, para vender y consumir en su casa, había salido más temprano de la parcela porque venía un fuerte aguacero del lado oriental, el cielo estaba cubierto de nubes grises, jarreo su burro a ver si alcanzaba a llegar a casa.

A Harry se lo cogió la tempestad en el camino y decidió acampar en una choza abandonada a la orilla del camino, descensillo su burro y ambos se refugiaron en la choza.

A los pocos minutos Harry, alcanzo a divisar una figura que venía a la distancia en un caballo blanco, a medida que se acercaba, con la luz de los relámpagos, se notaba que el jinete era una persona de bien que no daba indicios de tenerle recelos, pero a la vez el campesino se preguntaba, ¿qué hará un blanco por acá a estas horas?

Ya estando cerca de la choza, una luz parecida a la de la Luna alumbró y adornó  el lugar, una voz le dijo en tono suave:

Hola Harry como la estás pasando.

Harry le contestó con voz nerviosa : Bien señor ya está escampando y notó el campesino, que el jinete y su caballo, no estaban mojados por la lluvia que caía a torrenciales, en cambio él si estaba empapado porque el rancho se mojaba más que por fuera.

Sin bajarse el jinete de su caballo le preguntó a Harry,

¿Que llevas en esos costales?

Son unas patillas y unas yucas, lo demás es ají y berenjenas para vender y aliviar la parte económica que está bien mal.

Descárgalas, yo te las voy a comprar, palabras extrañas para el agricultor, porque en esa época el que tenía dinero no compraba nada, todo lo pedía regalado y si era un campesino más, ya que ellos prestaban la tierra para que cosecharan a cambio de sembrar hierba para su ganado.

El jinete pregunto el valor, Harry sacó cuentas mentales y dijo: Son veinte pesos, suma que le entregó el jinete, cargó sus alforjas, brillaron sus aperos, dio media vuelta a su caballo y se alejó en camino contrario donde venía, ves con Dios Harry.

Gracias señor, contesto el modesto y humilde campesino.

Llegó a su casa y le contó todo lo sucedido a su esposa, una mujer llena de fe, positiva en todas sus actuaciones, equilibrada, la guía de su esposo en la toma de decisiones de la vida.

Café caliente y una cobija de lana de ovejos le entregó Chepa a su esposo mientras que él maravillado por lo sucedido le contaba a su esposa.

De un momento a otro el campesino dijo:

Claro era él, yo sabía que su voz era conocida, caramba como no me di cuenta, como no me percaté de sus gestos y movimientos.

De que hablas hombre, dijo Chepa, porque esa alegría.

Era él, era él, era él.

Harry le dijo a su esposa que el Jinete que le compró los alimentos que tría en su burro ere Jesús, el salvador del mundo, al  que crucificaron en la cruz.

Como Harry, tú estás loco.

Si mujer, era igualito al de la película que nos vimos el jueves santo, el que abrió los mares, para que cruzaran los Israelitas, el que partió el pan y multiplicó los peses, el que curaba a los enfermos y habló hasta que se quedó dormido.

Meditando, Chepa se sentía fresca, aliviada y sonriente y en voz baja decía Jesús gracias por escuchar mis peticiones terrenales, nunca dudé de la fe que te tengo.

Al día siguiente, Harry se metió la mano al bolsillo donde guardaba los veinte pesos de la venta al Jinete y no encontró el dinero, sorprendido llamó a su esposa Chepa y le preguntó por el dinero, ella le dijo, no te preocupes Harry, los deposité en tu mochila, cuando el hombre metió la mano a la mochila sintió y palpó monedas, al sacarlas y contarlas habían mil monedas de oro.

La humildad, la fe y la esperanza, mueven montañas.



sábado, 28 de marzo de 2015

LA LEYENDA DEL GRAN HOMBRE LOBO

LA LEYENDA DEL GRAN HOMBRE LOBO
Por Francisco Carrasco Díaz
Escritor Colombiano de la Región Caribe




Josefina y su esposo Iván, salieron  a las ocho de la noche de la parcela para su hogar, después de una jornada de trabajo de más de catorce horas, tenían que recorrer doce kilómetros de montaña y camino angosto en sus mulos bayo y mojino.

Después de  los tres kilómetros de camino, el espacio se oscureció, la luna se ocultó, se escucharon ladridos de perros de monte y un fuerte huracán se venía de frente hacia ellos.

Josefina sacó de sus seno derecho un rosario y se puso a orar, Iván la miraba de reojos pero no dijo una sola palabra, a medida que avanzaban el ambiente se les volvía más pesado y enrarecido, sintieron los esposos que alguien los venía siguiendo a corta distancia.

Las veces que ambos miraron hacia atrás , no vieron a nada ni a nadie, el paso de los mulos ya no era acompasado, se sentían toscos y enredados, es más el mulo bayo casi se cae, por una mala pisada.

Al llegar a una quebrada, notaron que estaba desbordada y era imposible pasarla, a pesar que no estaba lloviendo en el sitio donde se encontraban, pero había caído un fuerte aguacero en las cabeceras de la montaña.

Decidieron acampar un poco, mientras las aguas bajaban su nivel, bajaron de los mulos, los amarraron a soga larga parta que comieran pasto fresco, Josefina le comentó a su esposo que ella tenía mucho miedo porque los venían siguiendo, Iván afirmó lo mismo, pero que no se preocupara, que quizás era por el cansancio y la fatiga de la pesada jornada de trabajo que tuvieron que realizar.

Decidieron hacer una fogata, Iván se internó al monte a recoger leña seca para encender y resguardarse de cualquier animal feroz o culebra cascabel.

Al notar Josefina que su esposo no regresaba, comenzó a vociferar el nombre de Iván, Iván, Iván, pero su llamado se lo llevaba el viento que ya comenzaba a soplar fuerte, decidió hacer  una fogata con hojas y palos secas en un espacio de arena, para que las llamas no se extendieran a la montaña.

De la espesura salió un hombre peludo como un mico, con las orejas como conejo blanco, tenía los ojos grandes y redondos y estaba provisto de unas largas y afiladas garras.

Josefina cogió un tizón de candela y lo amenazaba con quemarlo, haciéndolo retroceder, dio media vuelta y se internó en la montaña, pasaron veinte minutos de desosiego y miedo de la mujer e Iván no aparecía, Josefina se llenó de ánimo y decidió internarse a la espesa montaña y buscar a su esposo.

Gran sorpresa se llevó, cuando vio a su esposo sentado debajo de una mata de peralejos, emitió un aullido de lobo y se estaba transformando de lobo a humano, la mujer se escondió sorprendida por lo que acababa de ver y volvió al sitio donde estaba la candela y los mulos cargados.

Al poco rato regresó su marido con una frazada de leña, se le notaba un mal color de la piel de su cara y todavía se le veían sus uñas largas afuera.

Salió la Luna llena, bajaron las aguas en la quebrada y los esposos siguieron su camino a casa, no hubo conversación durante el recorrido de nueve kilómetros de camino faltante.

A la mañana siguiente bien temprano Iván ensillo su mulo bayo, se sirvió un café tinto caliente que el mimo preparó y se marchó nuevamente para la parcela, momento que esperaba Josefina, quien no pegó los dos ojos durante el resto de la noche, sabiendo que el que estaba acostado a  su lado en la cama, era el hombre lobo de la montaña.

Cogió un saco de recolectar algodón, metió sus tres trapitos de vestir, se calzó sus andalias y salió a la calle principal, ya venía el Jeep de Juan Buelvas, con destino a Corozal por  el camino de San Roque y después de muchos años, dicen que se fue a vivir a Maracaibo Venezuela, pero yo estoy seguro que ella no ha olvidado a Iván su esposo, tampoco sabe a ciencia cierta que paso esa noche en la montaña.

El hombre Lobo, después de que la fase lunar, paso de llena a nueva, le vino a la memoria, la hermosa mujer de la montaña, con quien hizo el amor y se convirtió en un animal peludo de color verde y con garras, ahora todas las noches a las doce en punto, en el parque del pueblo, emite su aullido el gran hombre Lobo.


sábado, 21 de marzo de 2015

HISTORIAS DE LA TIERRA PRIMITIVA

HISTORIAS DE LA TIERRA PRIMITIVA
Por Francisco Cadrazco Díaz
Terrícola y Escritor Colombiano, de la Región Caribe.

Nuestro Planeta, La Tierra, así como la hicieron, según la historia, quedo bien hecha, superado el impase por parte de Nicolás Copérnico, si es redonda o achatada, como la nariz de un boxeador, para nosotros los humanos que la habitamos, es lo de menos.

El mundo nació inocente de toda maldad, así permaneció por muchos años, los terrícolas, vivíamos arrastrándonos por el suelo, acompañados de los animales, sin ley y sin fronteras, comíamos de lo que la naturaleza nos proveía, nos tapábamos con unas hojas, usábamos flechas para cazar, y los alimentos que al sol se secaban, sin sal, sin comino y pimienta, eran deliciosos, nutritivos y saludables, también había una estructura familiar, mandaba la mujer.

El matriarcado funcionaba como el primer reloj, el sol, nada de irse para la calle, ¿cuáles calles? si no existían, las cantinas con las chicas provocativas, con cara de mono aullador y, un sinnúmeros de situaciones, que nos han complicado la vida a los humanos.

El licor de esa época era la chicha, que se hacía de maíz fermentado o de yuca pasada por un colador, artesanal que filtraba el agua de yuca, que por espacio de quince días mínimo se fermentaba y ese era el ron, o en su defecto la parte más tierna de una palma, se le hacía una abertura con una rula colín y por allí se filtraba el vino, que se echaba en un bangaño amargo, se le tapaba con un pedazo de palo y se dejaba diez días, les aseguro que la borrachera era grande que algunos iban a parar al cepo de madera.

En esa época de la vida de los humanos, no se hacían transacciones con moneda, era en trueque la forma más correcta de negociar especialmente los alimentos de la subsistencia.

Alguien se acordó de Judas y comenzó a negociar con monedas para venir a dañar el sistema de vida de los alegres terrícolas, dando pie a la envidia, el rencor, la avaricia, otro avispado que se le dio por convencer a los demás a comprar y vender, a vestirse con telas, a tener comunicación instantánea, solo con el sonar de un cacho de vaca, un caracol de mar sin la pulpa, o una señal de humo a la distancia, se sabía que había venta de cerdo, pescado, carne de res, o alguien se murió, convocar  a una reunión para ponerse de acuerdo a la siembra del arroz o maíz. Lo demás, se lo dejaban a la Luna o el sol en sus fases.

¿Por qué le pusieron precio a la vida?, si la vida no tiene precio alguno, las parejas se unían y procreaban, los partos eran normales, de pie o en cuclillas, asistidos por una matrona, sin anestesia y parían por donde la naturaleza ordenó salir al humano, así como los animales lo hacen.

La medicina, la sacaban de las plantas, los humanos se morían pocos, los cementerios estaban vacíos, los carpinteros elaboraban angarillas para burros y mulos, taburetes y camas, no usaban clavos de hierro sino espigas de madera, que pegaban con cola de vejiga de vaca.

Las casas eran de maderas y paja, embutidas de barro, los pisos eran de arena prensada, el agua bajaba del cielo, los ríos no se desbordaban, no había tsunamis en el mar, los arroyos corrían raudos por quebradas y ensenadas y daban sin tropiezos al mar, las familias eran numerosas, apostaban al que tuviera más hijos y todos comían y dormían, las culebras se arrastraban por los pies de los humanos y no las mataban, ni ellas mordían al humano, hoy en día no se puede tener culebras, menos por dinero.

Quien fue el desadaptado que se le dio de dividir nuestra tierra en porciones, limitándonos a seguir esa vida de nómadas, a dormir donde nos cogiera la noche, hacer lo que nos venía en ganas y vivir felices en manadas, con las jerarquías establecidas, la casa, la pesca, la siembra y cosechas de productos comestibles que almacenaban para repartir en épocas malas, todos trabajaban y todo se repartía equitativo, no había hambre, no había rencor, el que se salía del límite establecido lo metían en cintura, y no lo volvía a hacer.

La tierra era libre, sin dueños, los animales los había cimarrón, los habitantes eran casi todos familiares, los mares, los ríos, las montañas y toda la tierra era libre.

Los humanos, de acuerdo donde se encontraban, el clima de los polos y las grandes cordilleras, así era su pigmentación de la piel, pero no se discriminaban entre ellos, todos eran hermanos, vivían en sociedades bien constituidas, todos daban un  saludo y eso que no había nacido Carreño y su Urbanidad, las leyes eran costumbres no escritas y se cumplían a cabalidad.

Antes los animales no se les perseguía hasta exterminarlos, solo se cogían para la subsistencia humana, las hicoteas, los caimanes, las tortugas, los sábalos de ríos, el ponche o chigüiro, el saíno, el armadillo o jerre jerre, el tigre, el león, la guartinaja, la paloma torcaza, la pava congona, el toche, el chupaflor, el sinsonte, aves exóticas que nos enorgullecían, el rey golero, el águila pero no la cerveza,  donde quedaron, se han esfumado de la faz de la tierra.

Porque las medidas de pesos, si antes era al ojo y al tino, así la vida era bella, porque dividieron al mundo terrícola, en naciones, en estados, en regiones, en departamentos, en municipios, en corregimientos y caseríos, si así libres en la tierra vivíamos mejor, ¿por qué las jerarquías, sociales, religiosas, políticas y económicas?.

Quien inventó el papel moneda, ya debe estar bajo cinco metros de tierra, a dejarnos tremendo problema, que si no tienes dinero no comes, no vives, no eres nadie, no tienes vida, el carro, el yate, el avión, las mansiones, nada de esto es indispensable.

Las jerarquías  familiares recaían en el padre y la madre, los demás obedecían, ahora hay un poco de personas que se creen superiores, de quien y de que, si aquí en la tierra todos nacimos de una mujer, vinimos a este mundo en cueros, todos iguales.

Nadie es superior a otro, todos tenemos derechos de vivir en igualdad de condiciones, a repartir las riquezas de la naturaleza, depositar los alimentos y conservarlos como las hormigas, o es que no nos da pena que tengamos que coger ejemplo de un minúsculo animal, que al igual que los humanos, son terrícolas.

Quien dijo que se debe pagar dinero para ir a otro lugar de la tierra, ¿por qué la tramitología, los controles, la discriminación racial?, ¿por qué varias lenguas, si solo debe haber un código al hablar?, ¿a quien se le ocurrió la idea de acumular riquezas para una sola persona y los demás qué?, la desigualdad genera molestias a los humanos y eso no debe ser.

Hoy, hay humanos menospreciados, sin dinero para subsistir, pero también hay ricos de dinero que atropellan a los demás, también hay unos que se hacen llamar la autoridad monetaria que tienen la obligación de equilibrar, de repartir los bienes de la tierra en igualdad de condiciones, quien les da derechos a ser omnipotentes.

Que dolor, que pesar, para nosotros los humanos inteligentes, que nos hayan metido en tremendo bololó con eso del dinero, de la sociedad, de la división, resta y multiplicación, la economía, los idiomas y los limites terrenales, ya no somos libres y lo peor de todo este cuento es que nos estamos destruyendo uno por uno, quien dijo Guerra, es la eliminación del humano por el humano.

Se llegará el tiempo en que no quedará un espécimen de esta raza en la tierra, solo quedaran cenizas y arenas como en otros planetas, de aquí allá éste humano terrícola que está reflexionando, no debe existir, porque la tendencia del humano es a morir.

Allá los que acumulan riquezas en dinero, para que, los que maltratan, los que se creen superiores a que o quien, los que remplazaron a los patriarcados y  matriarcados, con la diferencia que aquellos trabajaban y acumulaban alimentos para todos.

Por todo lo anterior, solo quiero decirles que este mundo terrícola, ha retrocedido desde que el dinero entró a manejar al mundo.

La globalización de la tierra, la libertad, la igualdad de condiciones de cada individuo, el respeto a la vida, al buen vivir, a la naturaleza y a todo aquel ser viviente, con memoria o sin ella, que por algo están en este planeta.

Hay muchos ojos aguaitando, tomando notas de nuestro comportamiento, visitándonos, incrustándose en nuestro cuerpo, dispuestos a recuperar su identidad, a ellos no les conviene que destruyamos el planeta, ellos se nutren de las riquezas que tiene la tierra. No crean que estamos solos, no señor.

Referenciando a nuestra costa caribe, esa porción de tierra privilegiada, deseo que volvamos a despertar con el canto del gallo, las mañanas del domingo, frescas y alegres, esperemos con anhelo, la plaza de mercados para adquirir los productos comestibles, los vestidos para salir y trabajar, como la franela amansa locos, * juguemos el “montucuy” como lo hacían los indígenas Zenúes, en la región de las sabanas de la costa, que regresen las carreras de a caballos con jinetes acoplados, la esgrima a machete, la pólvora bien manejada y el ron (“ñeque” o “chirrinche”) y resultará la gran fiesta costeña típica hoy y de siempre.

Al llegar  los extranjeros e invadirnos nuestra privacidad, se revolvieron las sangres al compás del amor libre en miembros de las tres razas que se formaron, con mulatas y mulatos, zambos, cuarterones y tentes-en-el-aire, hasta contribuir a la mezcla triétnica que caracteriza al pueblo costeño.

Los abolengos, la nobleza, aquí no existía, lo que se formó  * fue”la raza cósmica” triétnica de la que hablaron el pensador mexicano José Vasconcelos. Los de “oro”, los de  “plata, los de cobre y hojalatas”, según la posición social resultante: Una morena pelirroja de ojos claros, el blanco de labio grueso y apretado cabello cuscús, el de piel zapote con cabello dorado y rizado, hasta el moreno con nariz aguileña y pelo lacio, que podían ser todos hijos de un mismo padre, así que déjense de pendejadas, más bien abran sus brazos y arropemos al conglomerado humano y tratémonos como hermanos.


Para reflexionar, piensa, mientras estés vivo, pon a funcionar esa materia gris, en bien de los demás, solo utilizas un cuarto de tus capacidades mentales y desperdicias el resto, abandona el complejo del “dejao”, estas actitudes tiene que ver con tendencias al descuido o apatía en la gente, que conlleva a la indisciplina, la informalidad e incumplimiento, esto es permitir que se hagan las cosas o avancen por inercia un poco antes de comprometerse en firme y personalmente con ellas.

Nada de lo anterior sucedía en este hermoso planeta, antes de la llegada del dinero, del espejo y de la violencia racial. Abrámosle las puertas al mundo, quitemos las barreras maginaría e imaginarias para que los terrícolas circulen sin dificultad, por todo el planeta.
Recordando a Candelario Obeso, el poeta Momposino, recogió en 1869, este importante sentimiento del costeño en su Canto del montará:
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       Esta vida solitaria que aquí llevo, con mi jembra y con mis hijos y mis perros, no la cambio poc la vida de los pueblos…., no me facta ni tabaco ni alimento; de mi pacmas ej er vino má que gueno, y er guarapo de mi caña estupendo, los animales tienen todo su remedio; si no hay contra conocía pa er Gobiecno, conque asina yo no cambio lo que tengo, poc las cosas que otro tienen en los pueblos…

Por todo lo anterior, la mayoría de los humanos, en especial los terrícolas asentados en el paraíso de “Región Caribe”, donde bien temprano, canta el gallo, solo deseamos la plena libertad, la igualdad de condiciones, la paz y la hermandad.

*Fals, Borda Orlando su libro Mompox y Loba.