miércoles, 21 de febrero de 2018

TANGENTE, CENO Y COSENO




TANGENTE, CENO Y COSENO
Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano

En el colegio de Bachillerato de mi pueblo, en el tercer grado, había un Profesor de Matemáticas de apellido Castillo, él renuncio,  pero antes de irse dictó y explicó los conceptos de Ceno Coseno y Tangente, unos alumnos se quedaron a escuchar la última clase del docente,  entre ellos Villaba Cadrazco y Octavio Tercero Rodríguez, dos amigos inseparables, ahora son compadres, otros se fueron, no era obligatorio quedarse a escuchar la clase, , el  profesor entrante era un militar en retiro de apellido Pinilla, en su primer día de clases, pasó lista y observó a cada uno de los alumnos de tercer grado.

Octavio Tercero, no le estaba  escuchando la clase a Pinilla, estaba pintando un caballo, porque era un alumno destacado en la pintura, el docente se le acerca y le pregunta que pinta, Octavio Tercero le contesta sin míralo que un Caballo, o sea que usted no me está escuchando mi clase, prefiere pintar un simple caballo que escucharme, Octavio le contesta que él no entendía lo que estaba explicando, además esa clase ya me la aprendí, bueno entonces pase al tablero y explíquela, no contesto el alumno, al poco rato le dice al profesor, el que se la  sabe es  Villalba Cadrazco, él  es  bueno para las matemáticas.

Villaba al tablero, dijo Pinilla con voz militar, bueno Profe yo lo puedo explicar pero con otro método, (el que le explicó el Profesor Cantillo, antes de irse), el  docente que estaba medio envolatado en su explicación, le dijo hágalo con el método que sabe, Villalba le dio Sopa y Seco con el Ceno, Coseno y Tangente, a partir de ese día bautizaron al Profesor Pinilla, TANGENTE, porque se salió por la Tangente en la explicación de las tres operaciones matemáticas.

NOS SALVÓ LA MOCHILA DE LANA DE CHIVO MACHO CUENTO No. 2





NOS SALVÓ LA MOCHILA DE LANA DE CHIVO MACHO CUENTO No. 2
Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano






Acontece  que esta mochila que cargo en mi hombro derecho desde el año pasado 2017 en el mes de agosto, me ha salvado de peligros inminentes en mi andar por la vida, para mi tiene un valor sentimental, de amistad y arraigo con ese pueblo del Cesar llamado Atanquez, en donde unas manos indígenas, de la cultura y la sabiduría ancestral tejió con el mayor cariño para este Escritor, muchas gracias mamá Pelo Tostao, así le decía cariñosamente su tío, el  hombre de los secretos y que mi persona le viene a recordar. Su hijo, Don Édison y nada más, le dijo que me hiciera una mochila que le cupieran 500 limones de los de la Sierra Nevada y así fue, además que me sirviera para protegerme de los males de los humanos.

Esta segunda vez, estaba en mi pueblo la Villa de San Benito Abad, en el Departamento de Sucre, cumpliéndoles a mis padres de crianza algo que les ofrecí, colocándole baldosas a sus bóvedas donde yacen sus restos de lo que quedó de la vida. Volvió y cantó el gallo basto del patio de una casa vecina del cementerio de mi pueblo a las doce del mediodía de un domingo pasado por agua, en el mes de enero.

Después de la misa de los peregrinos, entre ellos mi esposa y mi persona, porque a decir verdad, después de 50 años ausentes, son muy pocos los paisanos que me conocen, a pesar de haber nacido en la calle de las avispas y criado en la placita, cogí una moto rumbo al cementerio a supervisar el trabajo magistral y de calidad de mis dos paisanos Octavio Tercero y Segundo, dos hermanos maestros de la Alta Albañilería.

Al salir, no veo la moto que nos transportó, habían dos chirris haciéndonos la cacería para atracarnos, estaban apostados en la puerta del cementerio, vean ustedes, ni en cincuenta años viviendo en Quilla, nadie me ha hecho un abusajo de atraco o similar y me van a hacer la encerrona en mi pueblo, haberse visto.

Observé el panorama y de una metí la mano a la mochila y agarré el estuche de  las gafas, le dije a mi esposa quédate un poco  detrás de mí, los chirris venían de frente a diez metros y con voz fuerte dije: bueno y el moto taxista para donde cogió, y mire alrededor de la entrada, a esas palabras y  el medio brazo dentro de la mochila, el chirris mayor le dijo a su cómplice: Hey vale vámonos de aquí, el chirris dos no quería dejar ir las presas, que eran mi esposa  y mi persona, volvió a gritar el chirris uno, ya le dije mi vale, vámonos de aquí y dijo una palabra que no cabe en este cuento, dieron media vuelta y adiós te dije, se desaparecieron.

En ese instante apareció el moto taxista y dijo estas palabras: Erda Docto, no sé porque ese man no los atracó, es el terror de este pedazo, ese va sacando un chopo hechizo que tiene y ban ban. Cuando nos montamos en la moto, un vecino nos para y dice, ustedes son forasteros, menos mal que esos dos guardaespaldas los salvaron, porque ese man es la V, grande.

Dos días después del hecho, no hecho, en el mismo lugar estaban los dos chirris y vieron al moto taxista que nos transportó el día Domingo, lo abordaron y le preguntaron que quien era ese Docto,  porque carga dos guardaespaldas cuajados como los de los Billares del paseo Bolívar.  El moto taxista sabido de mi persona, le dijo, se salvaron, porque ese docto es el cubita, carga una 45 en la mochila, él era el más temido de la placita, si no me crees pregúntale a tu abuelo.

domingo, 10 de diciembre de 2017

EL TORO CANDELILLO, EL HOMBRE ARAÑA Y HULK



EL TORO CANDELILLO, EL HOMBRE ARAÑA Y HULK
Por Matías Cadrazco Blanco (3.8 años)
Futuro Escritor Colombiano

Mi abo, de abuelo, como lo llamo desde mis primeras palabras de vida, me cuenta en una hermosa tarde, que el gran toro Candelillo, que pastaba en los playones de su querido pueblo San Benito Abad, la Villa, su color Candelillo, su morillo de cincuenta kilos y sus astas a media luna, temido por su fiereza, con solo un silbido del Nello, el señor  Morón, Carlos bello, o Héctor se venía sigiloso.

Mi abo me cuenta que un día salió para palito, llevaba en el cinto  un mocho de lo que fue algún día una rula colín, eso si bien afilada, dispuesto a llegar al cayo de piña que se encontraba frente al aeropuerto de palito, iba acompañado del milagroso de la Villa, con el rezo del padre nuestro en latín.

Ya de regreso venia silbando la Pollera Colrorá, de Wilson Choperena, de  moda en ese lejano tiempo, atravesando el camino playón para entrar por el volcán o por la charca de María Correa, siente unos pasos de 600 kilos ya casi pisándole los talones y emprende carrera que alcanzó la máxima velocidad, como él dice venia volando y el Candelillo detrás, la salvación de mi Abo fue una termita de más de tres metros de altura, allí legó el Candelillo y le arrancaba pedazos de barro a él gran muro construido por miles de comején o termitas.

Antes de que mi Abo continuara narrando ese episodio yo no aguanté más y le mandé a El hombre araña, quien amarró por las astas al toro Candelillo, mi Abo vociferaba pidiendo auxilio, Auxilio, El gran amigo Nello Montes De Oca su salvación en casos difíciles como el día que se subió en la escalera de la Melón que iba con destino a Sincelejo, a la distancia el Nello gritó desde su caballo alazán: He, He, He, el Candelillo se voltio y emprendió carrera hacia el Nello, oportunidad que aprovechó mi Abo y emprendió feroz carrera hacia el centro de la placita.

Pero yo quedé pendiente que pasó con el Amigo Nello, el Candelillo ya estaba dándole alcance y  saque de mi mente al temido Hulk que se enfrentó al Candelillo, arrancaron con las astas a más de cien termitas, cavaron huecos en el playón como si fueran a sembrar cabuyas de arroz y para remate llegó el hombre araña y le dio una manito a Hulk. 

Esa pelea vino a dar al paralelo 5-4ª del área Metropolitana de Barranquilla, el toro Candelillo acosado voló de torre en torre y fue a dar a una torre de Corelca de más de 4.000.000 voltios de energía, lo perseguían el hombre araña y el temido Hulk que en esa ocasión se unieron en contra del toro Candelillo, y por fortuna se electrocutaron, el Candelillo fue  volaba y volaba y se arrinconó en la huerta entre María Correa y Dioselina de Hernández, duró una semana allí, en esos días no hubo clases en la escuelas primarias masculina y femenina de la placita, entorno de la niñez mi Abo a quien quero y adoro.

Y así fue que pudieron dominar al Candelillo que emprendió carrera hacia la placita y destruyó las cercas de la estaca, la huerta de Virino y el callo de bijao de María Librada, iba escoltado por cinco vacas y tres huelles, encima llevaba al hombre sin cabeza con destino  hacia la finca El Siso de propiedad de la familia Imbett. 

La verdad que no podía dejar solo a mi Abo en esa odisea con el Toro Candelillo y como yo tengo mis aliados le colaboré con El Hombre Araña y el temido Hulk dos muñequitos con quien juego cuando salgo del colegio y el hombre sin cabeza que sale en la batalla de flores en los carnavales de Barranquilla.


lunes, 6 de noviembre de 2017

UNA BETA DE PIEDRAS DE MARFIL, EN EL CASCAJAL




UNA BETA DE PIEDRAS DE MARFIL, EN EL CASCAJAL
Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano

Erase  la poza del Cascajal un lugar mágico, en donde una vez los Bolaños se les dio por sacar tierra con piedras (Cascajo), para levantar cimientos de casa, achicar los huecos de las calles llenos de  agua lluvia y más, mágico porque allí nos bañábamos los jóvenes cundo despuntábamos la pubertad.

Lo malo de la poza el Cascajal era que después de zambullirnos, jugar y retozar hasta que las tripas internas nos daban el alerta que ya el almuerzo estaba a la hora en casa. Llegábamos de color blanco y con la piel reseca, solo era hacernos la prueba en el brazo y quedaba una raya blanca plateada, por eso nos echábamos manteca de corozo de la tienda de la niña Gilma Garcés antes de llegar a casa.

De la poza el Cascajal se sacó tanta cascajo, que el hueco era inmenso, es más allí se ahogaron muchos de mis compañeros de juventud. Una noche estando soñando se me apareció una bella dama y me confesó que en el Cascajal habían unas piedras de colores varios, blanco blanco, azul cielo, amarillo pollito, rojo tinta, rosa, clavel y marfil.

A todas esas, no creí, ya había soñado con toda clase de oro, plata y marfil, de nuevo la Dama me dijo, vez a la casa del Alcalde y observa las paredes de la fachada para que veas como las piedras brillan con el sol, duré quince días con un sol canicular a 39 grados, observando la terraza del Alcalde, ya me daban por desquiciado, tanto así que terminé citado a la Alcaldía, me trajeron el medico del pueblo, este me miró a los ojos, la boca, me preguntó la tabla de multiplicar hasta el 10, camine para allá, devuélvase, haga el cuatro con las piernas y miraba el medico al Alcalde y negaba con la cabeza estilo Pedro el Apóstol, terminaron prohibiéndome la estadía al frente de la casa del Alcalde.

La otra oportunidad de tener piedras de Marfil, era escarbar la poza como puerco trompa largo buscando lombrices, cogí media totuma y sacaba la tierra y piedra por piedra analizaba a ver si brillaban con el sol y como el que persevera alcanza se me dio, cargaba una media de zapatos rellenita de piedras al igual que la media de Abadías Méndez Tolosa, llena de bolitas de uñita.

Cuando los Sacerdotes españoles me dijeron que ya no estaría más con ellos y me vine para Corozal, mi mamá Chave, vendió los libros que estaban en una mochila de lona de hamaca, allí iban las piedras de marfil, que tiempo después le reclamaba con insistencia al pariente, dándomelas por perdidas.


Debía ser una fortuna, porque el joven pariente se educó y compro combis en Sincelejo, bebe ron todos los días, pero como mi Dios nunca en la vida me ha desamparado, soplaron vientos agradables al alma y al corazón, hoy solo son recuerdos que se me vienen a la mente de las piedras de Marfil en la poza del Cascajal, en el barrio zapato en mano, en mi querida Villa de San Benito Abad, una tierra macondiana a la que nunca voy a olvidar, hay que visitarla.

sábado, 28 de octubre de 2017

LOS TRES ÁRBOLES HUMANOS




LOS TRES  ÁRBOLES HUMANOS
Por Francisco Javier Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano

Decía el señor Lucho Celedón allá en lo alto de la Sierra Nevada, en la Finca Santa Tirsa, que salieron tres hermanos a aventurar y le pidieron la bendición a su papá y como él era un hombre de fe arraigada en su corazón y había estado estudiando en un seminario para ser sacerdote, los bendijo en latín. In nomine Patris, et Filii, et Spiritus Sancti. El Amén

Cuando iban en el trayecto, los dos mayores decidieron por envidia desaparecer al menor, lo metieron a un zanjón y le echaron piedras sobre piedras, allí por obra del creador nació un frondoso árbol que sus tallos divisaban el inmenso mar, allí se posaban las aves y observaban su presas para la subsistencia.

Ese árbol brotaba un pitico en su flor, a la distancia por donde iban sus hermanos, el pitico les taladraban sus oídos y tuvieron que devolverse a donde enterraron su hermano, cuando ya estaban cerca la interpretación del pitico decía: Hermanitos espérenme, no me dejen.

Cuando llegaron al frondoso árbol había un hombre corpulento y un perro echado a sus pies, el hombre les dijo que tenían que cumplir un deseo si querían ver nuevamente a su hermano con vida, tenían que cogerle una rama al árbol cuando este se remecía con una inmensa brisa y el perro tenía que estar con los ojos abiertos

El hermano mayor, cogió la rama, el perro estaba con los ojos cerrados y se dio cuenta, en ese instante se volvió cinco perros de los más grandes y salieron en persecución de los hermanos, estos se escondieron y los perros siguieron de largo, seguía el pitico silbando hermanos espérenme, no me dejen, se devolvieron de nuevo ya el hombre no estaba, tampoco el gran árbol, el hermano menor extendió sus dos manos y los abrazó.

Minutos más tardes los tres hermanos quedaron sembrados y convertidos en tres grandes árboles, pero sucedió que donde comienzan las ramas quedó un hueco grande en el tercer árbol, llegaron unas niñas a jugar, se subieron al tercer árbol y la más pequeña cayó al hueco que tenía el árbol a diez metros de profundidad.

La mayor llamó a sus papas y la sorpresa tan grande al escuchar a la niña clamar para que la sacaran, llegaron los bomberos y duraron tres días con sus noches para sacar la niña sana y salva, sin ningún rasguño.

Mientras el papa de los tres hermanos clamaba por saber de ellos un hato de ganado pastaba alrededor de los tres árboles, una vaca grande pescuezo largo agarró una rama, partió el tierno tallo y lo masticó, el hermano menor se trasformó en humano y con su humildad,  agarró las dos ramas de los árboles faltantes y sus hermanos recuperaron su cuerpo humano, solo en ese sitio de la Sierra hay tres grandes piedras que el río se desbordó y arrastró, justo quedaron las tres piedras en símbolo de que allí hubieron  tres árboles humanos, sembrados por muchos años.


Al final de los cuentos decía el señor Lucho, mis hijos cada uno para su rancho, que es hora de dormir y en las tres piedras sonaban los tres piticos, que producían miedo, escalofrío y terror. Y de purita maldad, Patrocinio sonaba un pito de barro en forma de gallina, que nos hacía correr y buscar refugio en las polleras de mamá Chave.

martes, 17 de octubre de 2017

EL CHIGUIRO INTELIGENTE



EL CHIGUIRO INTELIGENTE
Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano

Armados con una mochila de corteza de guácimo y dentro de ella dos docenas de madera de sesenta centímetros, un arpón y quince perros, salió de su casa  Kabir, un hombre de 1.89 de estatura, contextura delgada cuan vara de premio. Sus perros siempre permanecían con un bozal, se pensaba que eran muy bravos pero no, simplemente para que no ladraran y espantaran a la manada de chigüiros que pastaban a la orilla del rio en el pajonal.

El jefe de la manada de chigüiros era “INTELIGENTE”, un animal de respeto y obediencia, para donde él cogiera seguían los demás, desembarcó Kabir muy sigilosamente, amarró la canoa por el ojo con una estaca de mangle seco y cogió el camino por donde los Chigüiros entraban al río, lo que no sabía Kabir era que Inteligente abrió otro camino paralelo a diez metros de distancia del primero.

La regla decía que los chigüiros por donde se van regresan, pues Inteligente hizo la excepción, esto debido a  la que boa contrita estaba acabando con los chigüiros más jóvenes y la raza estaba desapareciendo, ella la boa armaba su lazo corporal y esperaba de regreso al río a la manada de chigüiros, cuando Inteligente llamaba a lista, hacía falta un chigüiro.

Mandaba una comisión de tres, para que llegaran al remolino de la pipa, a  la tienda cantina de Tío Julio, a ver si estaban allá, después prendían Johnson hacia Cecilia córdoba, indagaban si estaban donde las fusfurusfas de turno, nada no estaban y se desaparecían.

Inteligente, al día siguiente mando la manada adelantada y observó cuando la Boa de cinco metros lineales atravesaba el camino y armaba su lazo pacientemente, fue cuando decidió limpiar camino por otro lado, pensando en la boa y en Kabir el intrépido humano.

Habló con su manada y les cambio el camino de regreso, como él era tan inteligente, planeo su estrategia para que Kabir cayera en la trampa de la Boa los triturara y después se los comía, aquí incluía a los perros.

Ese día la  boa capturo a cinco perros que no aparecieron con el oscurecer, Kabir preocupado regresó al día siguiente a buscar los cinco perros y se fueron cinco más, al tercer día con sus cinco perros restantes se consiguió con la boa a mitad de camino dormida, la despertó y le preguntó por los perros, ella le contestó que los chigüiros tenían dos días de fiesta comiendo perros, pero Kabir no le creyó, le miro la panza y le preguntó que si estaba preñada,  los perros que estaban dentro y que no le  hacían digestión porque estaban vivos ladraron.

Kabir sacó su macoco o cuchillo afilado, colgó la boa y le quitó el cuero, le  rajó la barriga y salieron los diez perros que se dirigieron de una a la canoa y se devolvieron para su casa, ahora todas las noches se apostan en el parque principal del pueblo y allí narran con pelos y señales la odisea de la boa.

Kabir sigue yendo a cazar chigüiros pero ahora solo tiene cinco perros porque los diez que se tragó la boa, se resisten a regresar, Inteligente está pendiente y ojo de espía al regreso de Kabir y armó una estrategia para capturar a Kabir y sus diez perros sin bozal, ese día en particular no salieron del rio y los juguetones chigüiros se bañaban en la playa, kabir los vio y armó el arpón, Inteligente alerto a la manada y se hundieron, nadaron y salieron sus narices en el tapón de tarulla que venía bajando por el río, Inteligente desde abajo del agua abrió sus ojos y divisó la figura de Kabir, se le acercó lo cogió por sus dos piernas y lo arrastro a su madriguera en el barranco de río a diez metros de profundidad.

Tres años después de esa odisea, Kabir se volvió chigüiro y ahora pasta con la manada, le crecieron sus caninos y le sobresalen de la boca, come hierva y hociquea el barro para sacar lombrices, su hermano Paul, ahora es el encargado de cazar chigüiros lo acompañan sus cinco perros que le heredó a Kabir, al sentir la presencia de los perros los chigüiros salieron en manada y dejaron a Kabir, este al verse perdido hablo después de tanto tiempo y su hermano lo reconoció lo envolvió en una lona y lo llevó a casa. 

Desde ese día no salieron a matar chigüiros y le hicieron un cuarto especial a kabir, donde lo exhiben al público y cobran veinte centavos por persona a la entrada a ver el Chigüiro con cara de humano. Los domingos en la mañana viene Inteligente con su hermana y cinco sobrinos que le dejó la unión de Kabir con Milis, la chiguira más bonita de la manada.


sábado, 7 de octubre de 2017

LAS FANTASÍAS DEL VOLCÁN



LAS FANTASÍAS DEL VOLCÁN
Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano

El Volcán era una laguna de aguas corredizas que pasaban por un callejón de salida de la Villa a San Roque, su suelo de barro rojo, con unas barrancas en donde se hacían casimbas para coger el agua que emanaba de las profundidades del subsuelo. Permanentemente ese arroyo corría y cuando llovía se crecía, hasta llegar a la esquina de la casa de Berania Cadrazco.

Allí en ese sitio había magia y fantasías, que nuestras mentes, jamás las podremos olvidar, me refiero a los jóvenes de esa hermosa época, residentes en La Placita o barrio El Prado, también a los mayores que  transitaban por ese sector del pueblo, los que venían de San Roque, La Ventura, Callejón y Tierra Santa.

Coger esa manga de dos kilómetros y medio, traspasar la laguna y subir las barrancas, era sinónimo de tranquilidad, de arrojo y valentía, porque siempre algo sucedía, cuando alcanzabas la profundidad máxima, que a veces te llegaba al pecho, y ojo con su corriente que te podía arrastrar y llevarte hasta la laguna la chambita, después de recorrer el arroyo, las divisiones de alambre de púa, un cayo de yuca sahagún, rasquiñosa en sus hojas, la poza de María Librada, en donde salían los desechos de  las monjas.

Entrando en materia, recuerdo que íbamos varios jóvenes a bañarnos a la poza el cantil, que ese día amaneció borderita después de un fuerte aguacero caído en la noche, muy prevenidos ropa en la cabeza, traspasamos la laguna, al llegar a la barranca, miles de Pasa arroyos eléctricos nos invadieron las piernas, nos pasaron corriente y fuimos a dar todos al puesto de la sudad, en la plaza grande, frente a la Iglesia.

En las noches oscuras de octubre, se escuchaba la entrada de un caballo aperado, con su jinete, cogía calle derecho, doblaba por la esquina de Manuel Tous y salía al puerto por el callejón de María Cerbellona, allí en la puerta de Alejandrito Ortega, emitía un relincho de esos que penetraban el alma y paralizaban el corazón. Cogía el callejón y salía a la calle de las avispas y entraba al cementerio, directo a la tumba de un forastero.

Sabidos de todo eso, contado por los mayores y ancianos y bajo las amenazas, el atrevimiento de esa hermosa juventud, traviesa, pero educada, seguíamos bañándonos en el cantil y atravesando por la laguna del volcán. Tipo seis de la tarde, nos cogió la noche bañándonos, una voz salió del matorral y nos dijo, muchachos salgan de allí y váyanse para sus casas,  ojo con los perros negros lanza llamas.

Dicho y hecho salimos corriendo y cuando llegamos al volcán, no habíamos pasado la laguna cuando cinco perros negros, grandes nos pelaron su dentadura en señal de atacarnos y marica el ultimo, al día siguiente vinieron a mi casa a preguntar por el Cachaco que no durmió en casa y la verdad que más nunca lo encontraron, pero como él no era villero, dicen que se fue para donde su familia o en su defecto se lo comieron los perros negros.

La otra figura de la laguna del volcán, eran los peses voladores, todo estaba quieto en sus aguas cristalinas, hasta que un humano tocaba sus aguas, miles de peses voladores de color negro, parecidos al moncholos con dientes, te atacaban y salías de allí rasguñado, había un señor llamado Plinio, el venia de un pueblecito y atravesaba la laguna, no sabemos los jóvenes que le pasó en su nariz, pero los mayores para asustarnos nos decían que los peses voladores de la laguna el volcán se la mocharon.

Y por último, la temible Puerca Negra, grande rabiosa, esa salía en las noches y te perseguía y te  llevaba a la puerta de tu casa, babeado, hociqueado y mordido. Creo que la inocencia, el miedo de esa juventud, la astucia de los viejos, para que no le revolvieran el  agua donde ellos se bañaban con una totuma y jabón de monte y el pueblo sin energía, contribuían a esas fantasías de la laguna del volcán.