sábado, 28 de febrero de 2015

PANDEROS Y PANDERETAS

PANDEROS Y PANDERETAS
Por Francisco Cadrazco Díaz
Escritor Colombiano-Región Caribe














Contaban los mayores, que sus mayores les contaron, que en el arraigo popular, heredado de nuestra raza indígena Zenú, la fabricación de los panderos de yuca, había una señora llamada Cayetana, descendiente de la raza, famosa por la elaboración de panderos, pan de coco, pan de queso, parpichuelas, hojaldras y peto de maíz cariaco.

A todo lo que hacía para vender y mantener a sus dieciséis hijos, le ponía el toque del sabor, imposible de resistir a no comprarle cualquiera de estos artículos comestibles.

Los más famosos eran los panderos elaborados con almidón de yuca, huevo criollo y anís, por eso era que cuando la señora Cayetana pisaba el parque principal, las aglomeraciones eran tan grandes, que la autoridad eclesiástica de la Iglesia Católica, le prohibía a Cayetana, llegar antes o en misa al parque, porque los feligreses se salían de la iglesia a comprar los panderos y el cura quedaba solo, con el monaguillo.

Ya esa pelea del español con la indígena Zenú, estaba casada, porque Cayetana no le prestaba atención al cura y lo desafiaba, con su grito popular.

“Hay panderos, pan de coco y peto de maíz cariaco”.

Por todas las calles de los pueblos de la Región Caribe, se escuchaba el pregón de las mujeres vendedoras de los famosos y agradables al paladar, los panderos.

Los españoles a través de la iglesia católica, introdujeron las Panderetas, instrumento de percusión usado para acompañar la misa las procesiones y los villancicos en navidad, con un toque Andaluz.

Una vez, salió bien temprano, Cayetana, con su pesada ponchera de aluminio, llena de panderos, pan de coco, de queso y hojaldras, venia por la calles, pregonando su mercancía.

Por la misma calle, venia el cura con la procesión y los fieles a la misma hora, sonaban las panderetas y Cayetana gritaba panderos, panderos y sonaban las panderetas.

El cura, al ver a los fieles y la Banda de música Sabanera, que se aglomeraron alrededor de Cayetana, no le quedo mas, que unirse a la comitiva de los panderos, los panes de queso y de coco, las parpichuelas, acompañadas de un peto de maíz cariaco, dejando la ponchera que llevaba  Cayetanna, completamente vacía, acompañada de un público entusiasta, herencia de la triétnica  raza, que caracteriza al pueblo costeño.

Alguien del público entusiasta gritó: se prendió el fandangooooo, en la esquina de la placita.

Dieron la orden a que sonara la música, y del centro del estómago y los pulmones de los asistentes, salió un grito fuerte, gueeeeepajeee.

Cayetana meneaba sus polleras y bailaba al revés de las manecillas del reloj, con la ponchera de aluminio en la cabeza, y de allí de este famoso encuentro entre la procesión y Cayetana, fue el primer fandango  que se bailó en el pueblo, duró tres días con sus noches a peso de vela de cuba encendidas que se derretían en las manos de las mujeres alegres y bailadoras, de la región caribe.


Sus habitantes se agolparon en la famosa esquina de la placita del barrio el prado, bailaron, gozaron de la fiesta más popular de la región sabanera y la popularidad de Cayetana por sus Panderos y la tradición religiosa de un pueblo, sonando las Panderetas.

Hoy, les rindo honores a las mujeres trabajadoras, alegres bailadoras, en especial a la matrona y popular Cayetana, al fandango, y a los Panderos y Panderetas, para recordar las historias de  mi pueblo.


sábado, 14 de febrero de 2015

EL ALFAJÓN DE MANOLO

EL ALFAJÓN DE MANOLO
Por Francisco Cadrazco Díaz
Escritor Colombiano-Región Caribe



Jamás se imaginó Manolo que iba a ser un hombre famoso, carecía de pocos estudios, solo llegó a tercero de primaria, porque su mente no le funcionaba bien, lo tildaban de loco, su andar era pausado, su cuerpo era completamente delgado, que cualquier brisa se lo podía llevaba por los aires, de color blanco pálido, lo único en que sobresalía era en su buen vestir, la niña Ita, su madre procuraba tenerlo bien arreglado con pantalón blanco, bien almidonado y planchado con plancha de carbón, camisa manga larga a doble puño y abotonado hasta el cuello, de buen hablar, cariñoso y trabajador.

Poseían unas buenas hectáreas de terreno que heredó la niña Ita de sus padres, motivo de discordia entre el padre de Manolo, a quien botaron de la casa, por querer apoderarse de las montañas heredadas.

Los días Lunes, bien temprano se montaba Manolo en su mulo, cargado de provisiones, hacha y machete, para regresar de la finca el día viernes en la tarde después de arduas jornadas de trabajo, queriendo tumbar la montaña para convertirlas en pasto para alimentar a su ganado.

Imposible hacerlo un solo hombre y menos con las características físicas de Manolo, apurado hachaba un árbol diario, donde habían cientos de ellos, que hacía veinte años sembró su abuelo materno, precisamente pensando en la crianza y educación del joven, de allí de esa madera estaba el futuro  de Manolo.

Y no se equivocó su abuelo, que siempre decía, el que siembra recoge, el que recoge vende y el que vende obtiene ganancias.

En una noche, Manolo con pensamientos positivos y sin complicaciones monetarios, porque todo se lo daban y había de dónde coger, tiró su petate al suelo, la luna estaba redondita y alumbraba la tierra, la naturaleza verde, se volvía azul, el firmamento estrellado donde se alcanzaban a ver,  a Sirio, Conopus, Carina (La Quilla), Rigel Kentacurus (del cinturón de Orión), Arturo, Vega (Calpha  Lyrea), Capela, Rigel Procyon, Acherner y Batelgeuse, las estrellas que más brillaban.

Todo lo astral, lo aprendió de su abuelo, un octogenario Oriental, que llegó un día en busca de progreso, Manolo se quedó profundamente dormido, en su sueño alcanzo a divisar desde el oriente, a una figura bajita, cabello largo recogido, un cintillo azul en su cabeza, vestido largo negro, con franjas rojas, parecido a un ninja.

Cada vez que daba un paso, miraba a su alrededor, hasta que llegó a los pies de Manolo, quien se encontraba inerte en un sueño de esos que cuando despiertas, no sabes si es realidad o un mero sueño.

El ninja, le decía a manolo, que no se preocupara, que le traía la solución a sus problemas y que nadie de ahora en adelante se burlaría de su estado corporal, lo iba a hacer un hombre fornido, echado para adelante y muy famoso, estaría acompañado de un Alfajón y los demás le temerán, con el haría cosas buenas, que el día que lo utilizara para algo malo, volvería a ser el hazme reír del mundo.

El ninja, le habló al oído, le dio instrucciones como usar el Alfajón y se despidió siendo aproximadamente las cuatro de la mañana, hora que canta el gallo y si es basto, canta más duro.

Despertó Manolo con el pensamiento puesto en el sueño, cuando se levantó y fue a recoger el petate, brillo el Alfajón desde la empuñadura hasta la punta afilada de ambos lados, sintió escalofríos, miro a todas las direcciones y se acordó de su abuelo, que en vida le contaba que se había criado  en un monasterio oriental.

Con las instrucciones dadas, Manolo esperó la noche y cuando los grillos cantaban activo el Alfajón con sus dos brazos, dio vueltas en círculos y lo lanzó al aire, solo se veían los arboles cayendo, con un corte a flor de tierra parejo y nivelado, trozas de árbol de seis metros, otras de tres metros, la hojarasca recogida a la orilla de la finca, las aves volaron y buscaron otra habita, los animales también hicieron lo mismo.

La mente de Manolo reaccionó, era un hombre renovado, durante esa noche del sueño y la noche de la montaña, se engordó, creció y se volvió activo. Fue al pueblo, contrató la venta de la madera, la cual le dieron unas ganancias sustanciales que le alcanzarían para vivir bien y educarse, esa era el propósito de su abuelo.

Alfajón en el cinto, Manolo daba instrucciones a sus trabajadores para sembrar hierba para su ganado, el cual se incrementó al mil por ciento, llegando a ser la hacienda ganadera de más prosperidad en la región.

Respeto y  miedo infundía Manolo con el Alfajón a cuestas, pero siempre se acordaba del ninja que se la trajo para que conquistara al mundo y dejara de ser el asme reír de sus compañeros y toda la gente del pueblo, La niña Ita, orgullosa de su hijo, bondadoso y caritativo, en especial con los campesinos a quien les regalaba pedacitos de tierra para que sembraran pan coger.

Después de tantos años de estar el Alfajón en poder de Manolo, en un Domingo de mercado y trueque en el pueblo, llegó un hombre más avispado que Manolo y le propuso comprárselo, con unos tragos encima Manolo aceptó el negocio, recibiendo una gruesa suma de dinero por el objeto que le cambio la vida, le dio opulencia, le abría su mente y lo convirtió en un hombre útil a la sociedad.

Al día siguiente de haber vendido el Alfajón, amaneció Manolo igual o peor que en sus primeros años que todos se burlaban de su musculatura, su hablar y vestir.

Vendieron la hacienda y a los pocos meses la niña Ita, murió de pena moral, al ver a su único hijo perdido en el trago y desfachatado,  despilfarrando todo lo que su abuelos les dejó, quedando Manolo acompañado de sus veintidós hijos que tuvo su mujer, Adelina, que era su amor platónico, hasta que el ninja apareció con el Alfajón y decidió enamorarla.


Nacer, crecer, hacer y morir, es el destino de los humanos.

sábado, 7 de febrero de 2015

EL BURRO POLLINO DE MANUEL BUCHE Y EL TIGRE DE LA PLACITA

EL BURRO POLLINO DE MANUEL BUCHE Y EL TIGRE DE LA PLACITA
Por Francisco Cadrazco Díaz
Escritor Colombiano-Región Caribe.














Manuel Buche, era un campesino, que se levantaba bien temprano, ensillaba su burro y cabresto en mano, se dirigía a la montaña, en donde cultivaba arroz.

Su hijo Miguelito lo acompañaba en un burro pollino, brioso y juguetón, por exceso de trabajo en la rosa, Manuel buche, mandó a Miguelito de regreso al pueblo, en su burro pollino, cargado de arroz en espiga.

Miguelito arreo su burro y se quedó rezagado en el camino, como siempre lo hacía, ya el pollino sabía para donde iba, pero Miguelito no sabía que ese burro era muy miedoso y que tan pronto llegó al puente de madera, paró las orejas, miro por las rendijas de las tablas, el agua que corría a toda velocidad y, se acostó en el puente con todo el peso de la carga.

Llegó la noche y miguelito batallaba con el pollino para que se levantara, pero no tenía suficiente carácter para hacerlo levantar, a distancia se oía el roncar del tigre, que le pegaba en su olfato el olor a burro sudado, y con su agilidad salió al camino en busca de su presa.

Solo un transeúnte mayor, salvaría al pollino y a Miguelito, que escondido y subido en un frondoso árbol, sentía las pisadas del felino.

Ya no había nada que hacer, el tigre se comería al pollino, en dos bocados, según la mente del muchacho, que le corrían las lágrimas por las mejillas, a pesar de lo bravo que era peleando a los puños.

El pollino inteligente, el único burro que hablaba, le dijo al tigre: No te me acerques, porque estoy cargado de dinamita y pólvora negra, vas a morir al instante, estás pisando el cordón detonante, que era la cabuya que llevaba en su pescuezo.

El hermoso véngala, dio tres pasos a tras y dijo:

No te creo, lo que cargas es arroz en bultos, esa carga no me interesa, en ese instante de la conversación de los dos animales, Miguelito, del susto no se sostuvo más en las ramas del árbol y cayó a tierra, el tigre lo miró fijamente y no le prestó mayor atención, porque Miguelito era flaco, sin nalgas, ni carne que comer, en cambio el pollino de Manuel Buche estaba gordo y fresco, ese era su presa y no la iba a desperdiciar.

Miguelito, se sacudió, tomo aire y emprendió una carrera, parecía que iba volando por los aires, que solo se frenó en la sala de su vivienda, donde cayó privado. Su abuela le tiró media totuma de agua recogida del alar de la casa y depositada en un tanque de hierro, donde permanecía fría y llena de gusarapos.

El muchacho sorprendido volvió a la vida y solo decía el tigre, el tigre, el tigre, los presentes miraron alrededor y buscaban al vecino Marcos Berrios a quien le llamaban el tigre de la placita.

Después de una corta explicación por parte de Miguelito, buscaron de inmediato a Mañe Teval y le comunicaron la novedad, escopeta en mano y cincuenta tiros calibre O, se montó en su caballo y partió hacia el puente del arroyo la Dorada, en busca del tigre de véngala que por su piel, daban un dineral.

Se pegó a la carrera del caballo de Mañe, Miguelito, cuando llegaron al puente, a prudencia distancia, todavía el pollino, le hablaba al tigre, tratando de distraerlo, infundiéndole miedo y terror con lo de la dinamita, el pollino estaba en pie y la carga que llevaba, estaba en la cabecera del puente.

Tremenda sorpresa de Mañe Teval y Miguelito, cuando les pega olor a ron ñeque, ya se habían tomado entre el tigre y el pollino, diez botellas de ron, Mañe apunta a los dos animales con su escopeta y dice en voz fuerte:

“Quieto los dos, no se muevan o los destrozo con estos tiros O, que tengo en la escopeta”.

El tigre le contesta a Mañe, tranquilo, no se preocupe que no soy bravo, no me voy a comer a nadie, más bien venga y tómese un trago,

El pollino borracho, peló su chapa, bajó su bemba y confirmó las palabras del tigre.

Miguelito a la distancia y sorprendido, presencio la parranda entre El Pollino de Manuel Buche, el tigre de la placita y Mañe Teval, el cazador de tigres más osado de la región Caribe.

Miguelito, adormitado escuchaba vociferar a los tres borrachos, un tigre de véngala, un burro pollino y a Mañe Teval, cuando el reloj del pueblo tocó su campana, en la Torre uno de la iglesia, anunciando que eran las 12:00 de la noche.

Miguelito se despertó y vio con sus ojones casi salidos de las  orbitas, como se transformaban, el pollino en su papá (Manuel Buche), el tigre de véngala en (Marcos Berrios) y Mañe Teval los abrazaba ya que eran tres amigos inseparables.

Nuevamente Miguelito, perdió las fuerzas de su cuerpecito y se desgajó del árbol de mango, donde estaba observando tremenda metamorfosis, flácido y perdido de este mundo y después de cuarenta y ocho años, ya canoso y  con parte de sus amigos de la niñez, narra en el atrio de la Iglesia de su pueblo, la osadía mental que guarda en sus recuerdos.


sábado, 31 de enero de 2015

EL TURCO "AGUAMANIL"


EL TURCO "AGUAMANIL"
Por Francisco Cadrazco Díaz
Escritor Colombiano-Región Caribe










En el siglo antepasado y mitad del siglo pasado, por toda la región caribe Colombiana, en pueblos y ciudades, se oían nombrar y ver a los turcos, que no eran turcos sino palestinos, pero como venían con pasaporte de Turquía, le llamaban turcos.

En las costas de la lejana y remota alta guajira, en esa época, muchos barcos llegaban con mercancías   de contrabando a sus puertos, entre ellos los de: Dibulla, Camarones, Uribía, Riohacha, Manaure y otros puertos más, surtían a las ciudades de Colombia de elementos Losa, electrodomésticos y telas, en especial, lo mismo sucedía con los puertos marítimos de Tolú, San Antero, San Bernardo del Viento y toda la costa del Golfo de Morrosquillo y el Urabá Antioqueño.

Dentro de esos elementos venían las Aguamaniles, hermosas jarras y jarrones que adornaban la mesa auxiliar del comedor, servía para depositar en ella, agua al clima para lavarse las manos, antes de llegar al comedor, como complemento lujosos manteles con figuras decorativas, que hacían ver la opulencia del hogar. Pero las aguamanil, también habitaban los hogares de clase media y baja y, cumplían la misma labor.

Una vez se presentó un turco a un remoto pueblo vendiendo telas y jarrones de aguamanil, decorados con figuras hermosas, que por acá no se habían visto nunca y llamaban la atención, como los vestidos de las gitanas inmigrantes.

Marianita, una joven hermosa, hija de un prestigioso ganadero, miró la mercancía que vendía el turco y entre todo, le gustó un aguamanil blanco decorado con una figura de mujer árabe, le dijo a su madre que se lo comprara.

Los aguamaniles por seguridad traían la tapa sellada para que no se fueran a romper tan delicada prenda y lo costosa que era.

Ya en casa de Marianita, el jarrón adornaba la mesita auxiliar de comedor, pidieron a la señora del servicio que lo destapara, lo lavara y le echara agua caliente con el fin de desinfectarlo de los trajines del viaje, del lejano medio oriente.

Bien temprano, Caribia, la señora del servicio, una mulata de aproximadamente 32 años, cogió el aguamanil y se lo llevó para la cocina, le dio tres vueltas a la tapa y, de inmediato salió un polvillo blanco en forma de nube e invadió el lugar, una voz suave le hacía señas con el dedo en la boca y un silbido siiiiiiiiiii.

La sentó a una silla y le contó que era un mago atrapado en el Aguamanil desde muchos años, le ofreció dinero para que lo escondiera y que hablarían en la noche en su casa.

Caribia guardó silencio y escondió en su bolso personal al mago, en horas de la noche, abrió su bolso y emergió de adentro un hombre grande con barbas negras, nariz grande y larga, dedos gruesos llenos de anillos de oro.

Para el mago y la señora caribia, había un problema y era que había que confesarle a su esposo la presencia del mago, cosa que se hacía difícil, pero había que afrontar la situación, tan pronto llegó el campesino, recibió de su esposa media totuma de agua fresca de la tinaja de barro, acto seguido reposando en un taburete recostado al frondoso palo de mango, Caribia se le acercó a su esposo y en voz baja y amable como era ella, le expresó a su esposo la presencia del mago.

Con todas las precauciones del caso, el campesino, rula en mano se dirigió con su esposa al segundo cuarto, donde se encontraba alojado el mago, se saludaron, hablaron largo rato los tres.

Propuso el mago a los esposos un viaje que les cambiaría la vida, después que le conquistara el corazón a la bella Marianita, un premio a  dos personas humildes y trabajadoras por parte de un mago de esos tiempos, que llegó encapsulado en un jarrón aguamanil.

La joven Marianita, su madre y la familia, se quedaron a la espera que llegara Caribia, quien trabajaba con ellos desde niña, allí también trabajó su mamá y en la finca, trabajaba el esposo de Caribia,no los vieron más.

Bien temprano se presentó el Mago en casa de Marianita, quien al oír la aldaba grande de la puerta principal, quitó el cerrojo de cadena y del lado afuera había un apuesto hombre de unos 30 años, ese que ella estaba esperando, porque el tren del sol ya le estaba pisando los talones, incluyendo los de Aquiles.

Con el pretexto de hablar con su papá entró a su casa y fue amor a primera vista, a los pocos días se casaron y partieron en compañía de Caribia y su esposo.

Dicen los vecinos de Caribia, que en las noches, cuando el mundo estaba durmiendo y la chismosa de la vecina despierta, escuchaban una música melodiosa, tocada con flauta, guitarras panderetas, tambores y algarabía de muchas personas bailando y aplaudiendo.

En otra parte del mundo, en un lejano país, en una fábrica de jarrones de Aguamanil, se encontraba el esposo de Caribia laborando, su dueño el famoso mago, quien les brindó su protección, Vivían en una mansión adornadas con vitrales de colores, ventanas grandes con vidrios transparente, puertas de aluminio, como un día se lo soñaba la humilde Caribia, obsequiada por el mago del jarrón de Aguamanil y atendía a Marianita.

A los pocos meses de haber partido Caribia con su esposo, se presentó el turco con sus telas y los jarrones de Aguamanil, al pasar por la casa de la pareja, la vecina lo llamó y le entregó un sobre cerrado que le había dejado Caribia y el Mago.

En horas de la noche, en el hotel donde se alojaba el turco, en su habitación, procedió a abrir el sobre, que contenía una carta y una gruesa suma de dinero, donde el Mago le explicaba que en uno de sus jarrones de aguamanil, venia atrapado él, y que por muchos años quiso hablarle para que lo liberara de allí destapando el Aguamanil.

Gracias a Caribia que trabajaba en casa de Marianita, destapó el jarrón y se ganó el premio, ofrecido hacía muchos años por el mago, que en un acto de magia, había quedado atrapado en el Jarrón de Aguamanil.

Desde ese momento al turco vende jarras, le llamaron el “Turco Aguamanil” y como se vio con dinero, montó un negocio de telas en Maicao Guajira, a donde atendía a toda su clientela, en especial a los amigos Wayuu, de la alta Guajira Colombiana.



sábado, 24 de enero de 2015

UN LUCERO DEL FIRMAMENTO

UN LUCERO DEL FIRMAMENTO
Por Francisco Cadrazco Díaz
Escritor Colombiano-Región Caribe.



Como en este mundo suceden cosas tan increíbles, que la mente humana no comprende, entre ellas los amoríos de un Lucero del Firmamento y una hermosa Ballena Azul.

Todas las noches, cuando la Luna estaba bien clara y el firmamento completamente azul, haciendo juego con el inmenso mar, una ballena deja ver su hermoso cuerpo y su figura esbelta en las aguas frías del mar  y juguetona le envía unas señales al lucero más grande que alumbra en el firmamento.

Ráfagas de agua salían de su cuerpo en forma de fuente, levantaba chorros y hacia figuras de corazones, cintas entrelazadas y ramilletes de flores y por último una mano de agua blanca estirada, invitaba al lucero a que bajara hacia ella.

El lucero captó la señal desde lo alto y comenzó a pendulearse de un lado para otro, un sereno de la noche que lo veía siempre que se desprendía de un lado y salía raudo hacia otro, le decía:

Dios te Guie, Dios te Guie.

Y el lucero se pegaba a otro lado, sin poder bajar a donde la hermosa ballena Azul lo invitaba, pero una noche, el sereno llegó con unos tragos encima y se durmió por espacio de media hora, tiempo suficiente que aprovechó el lucero y se desprendió del firmamento, con la complicidad de la Luna y el Mar y, en picada se precipitó direccionado por la ballena, quien abrió su vientre y el Lucero fue arropado en su gran estómago.

Cuando el sereno quiso reaccionar, ya su amigo con quien hablaba todas las noches, no estaba en su lugar, sorprendido por la novedad, miró hacia varios lados del firmamento y no encontró al lucero, fue entonces cuando se acordó que el lucero le había confesado sus amoríos con una hermosa ballena que todas las noches le hacía pantallas.

El Lucero brillaba dentro del vientre de la Ballena Azul, que se encontraba muy complacida por tal hecho y a los tres meses decidieron casarse, colocaron como padrinos a el firmamento y la luna.

Después de un largo periodo, el lucero volvió al firmamento a ocupar su espacio y siguió brillando, pendiente de la ballena que a los pocos meses parió a un hermoso cachorro ballenato, que alumbraba su cuerpecito con la luz de lucero y le colocaron por nombre Luce bello.

Todas las noches Luce bello y su madre la Ballena Azul, hacían figuras al respirar, para agradar al Lucero del Firmamento.

Ya grande Luce bello, se casó con una Sirena y de esa unión engendraron dos Sirenitas, tan lindas que el sol se enamoró de una de ellas y como la quiere tanto, su carita, es la representación del sol y solo se puede mirar por unos segundos, la otra se casó con Marte, un día martes y procreo una docena de marcianos, que periódicamente visitan la tierra y se alojan donde su familiares en las profundidades del mar.

La Ballena Azul, vive esperanzada a que el Lucero regrese por ella, Luce bello y la Sirena, viven en el inmenso Mar y son visitados por el Sereno, cómplice de las noches de bohemios entre un Lucero del Firmamento y la Ballena Azul.


Los marcianos están estudiando las posibilidades de invadir la tierra, porque según ellos, acá se vive mejor, además somos sus parientes.

sábado, 17 de enero de 2015

EL PAJUIL, AVE DE LA MONTAÑA

EL PAJUIL, AVE DE LA MONTAÑA
Por Francisco Cadrazco Díaz
Escritor Colombiano-Región Caribe.




Desde el centro de la montaña, se escucha el eco del cantar de un pajuil, mingo, un hombre de hacha y machete, se interna en la espesura, lleva en sus hombros un hacha cortante y una rula bien afilada, la misión de hoy es cortar un árbol maderero de cuatro metros de largo por 0.50 centímetros de ancho, un encargo que le hizo el carpintero, con el fin de hacer una hermosa puerta tallada, sellada con espigas de madera y pega de cola.

A medida que avanzaba mingo, se escuchaba más cerca el canto del pajuil, que según las enseñanzas de los ancianos, él canta cuando su hembra está calentando los huevos en el nidal, o cuando consigue alimentos.

Precisamente era el árbol perfecto para el querer del leñador, donde el pajuil anidaba a una altura de veinte metros.

En el punto exacto mingo preparaba sus herramientas para derribar el árbol, trozarlo y arrastrar con sus dos mulos, que se hallaban parqueados con soga larga a unos metros de distancia, hacia el pueblo.

El Pajuil macho, no estaba dispuesto a dejar talar el madero de Teca fina, la primera advertencia fue un sobrevuelo cerquita de mingo, dejándolo un olor que emana de su estomago, sustancia que poco a poco lo fue adormitando, perdió el equilibrio y pun, al pavimento acolchonado de hojas secas.

Cantó de nuevo el pajuil, con un tono grueso como llamado de auxilio.

Transcurrieron dos minutos de tiempo y mingo se encontraba abobado, sin aliento, sin fuerzas corporales y veía que muchas aves y animales salvajes, lo tenían rodeado.

El pajuil, le decía que ese árbol no lo podía cortar, porque en el copito de sus ramas, se encontraba su compañera anidada, calentando dos huevos que estaban a punto de picar desde adentro, los polluelos de pajuil.

Que a cambio le colocaría en la puerta de su casa, un madero con las especificaciones requeridas por el carpintero.

Se quedó profundamente dormido Mingo, soñó que miles de hormigas acompañadas de muchas aves, cargaban un pedazo de madero, con dirección a su casa, en el camino se unieron a la caravana burros, mulos y caballos cargueros.

Al despertar del día siguiente, mariposas amarillas, rojas y cobrizas, revoloteaban en su ventana, dándole aviso de la odisea del pajuil para cumplir la promesa a mingo, con el fin de que no le talara el árbol donde anidaban sus polluelos.

Sorprendido mingo, se levantó y en su puerta había tirado un hermoso tronco de madera de corazón rojo, los dos mulos ensillados que supuestamente llevó a la montaña para jarrear el madero.

Un hermoso canto del pajuil, se escuchó en el copito del árbol de mago del patio de la casa, demostrándole y recordándole a mingo, que la palabra empeñada se cumple a cabalidad.

Días después en el mismo árbol de mango, aterrizaban de un vuelo muy largo, el pajuil, su hembra y dos hermosos polluelos de pajuil, cantando de alegría al unísono, agradeciéndole al humano, haberles permitido nacer con vida.

Mingo, se asomó a la ventana posterior de su cuarto y se deleitó con el canto de la familia de aves pajuil.

¡Es preciso, que tengas que soñar, para que exista un equilibrio entre, el hombre, los animales y la naturaleza!.



sábado, 10 de enero de 2015

LA APUESTA DE TÍO BURRO CON MANO MORROCOYO

LA APUESTA DE TÍO BURRO CON MANO MORROCOYO
Por Francisco Cadrazco Díaz
Escritor Colombiano-Región Caribe.















Rifa, un burro brioso y juguetón, mañoso en su andar, cuando estaba de mal humor, se orillaba a la cerca de alambre de púa, para quitarse la carga que llevaba más el peso de su dueño.

Cuando lo liberaban de la carga, lo bañaban y lo soltaban para que descansara, rebuznaba, tiraba coces y emprendía veloz carrera a los playones, donde lo esperaban las burritas y sus hijos.

En un día de descanso de tío burro, se tropezó con mano morrocoyo en el camino, lo miró en su andar y se dijo:

Mano Morrocoyo vamos a apostar a que yo soy más veloz que usted.

A lo que mano morrocoyo sin pensarlo le contestó:

Que vamos a apostar y desde donde comienza y termina la carrera.

Desde el cayo de la tía hasta el pueblo, apostaremos a que si pierdo la carrera, no rebuznaré durante dos meses, arriaré el agua y no me juntaré con las burras durante ese periodo de la apuesta.

Y tu mano Morrocoyo, si pierdes la apuesta, te pierdes de este territorio y te llevas los tuyos.

Tío burro daba por seguro ganarle la apuesta a mano morrocoyo, lo desluciría delante de los demás animales.

Aceptada la apuesta, megáfono en mano, el parlanchín del pueblo anuncio la carrera de velocidad entre el Rifa y mano morrocoyo.

Mano Morrocoyo, sabía de antemano que en la meta de llegada, lo que había eran morrocoyos y que alguno de ellos sacaría la apuesta con tío burro.

Contaron, uno, dos y tres y salieron en gran carrera, dejando tío burro a mano morrocoyo rezagado, este al ver que la apuesta estaba perdida, se echó a dormir debajo de un árbol de algarrobo.

Cuando el burro llegó a la meta, un ciento de morrocoyos, estaban apostados en la raya de llegada y se burlaban de Rifa, el burro avispado.

A los cinco días de haber hecho la apuesta, rifa se sentía mal y se tiró al suelo y se hizo el muerto.

Se regó la noticia, de la muerte de tío burro el Rifa, nombre que recibió de su dueño, porque se lo ganó en una rifa, el morrocoyo se enteró de la muerte de Rifa y acudió a su entierro.

Cuando estaban para tirar al burro en un zanjón, tirarle tierra encima, se acercó a él mano morrocoyo, le cogió la oreja derecha y en voz baja le dijo que había hecho trampa el día de la carrera.

Rifa al escuchar tremenda confesión de mano morrocoyo, dio un brinco, se sacudió y patio al morrocoyo, quedando este en la zanjón y con las patas hacia arriba, en espera de que alguien lo volteara, para poder andar.

Ante la autoridad confesó mano morrocoyo su estrategia para dejar en entredicho las osadías de Tío Burro, a sabiendas de que por su condición y estructura corporal era imposible ganarle la carrera a un asno brioso, mañoso y avispado como Rifa.

Sacaron a mano morrocoyo del zanjón, por orden de la autoridad y le impusieron el castigo a mano burro, de cumplir la apuesta.

Moraleja: No subestimes la capacidad, condición y ventajas, que tú, crees tener, sobre los demás.