sábado, 25 de junio de 2016

PIN Y SU MULO PRIETO

PIN Y SU MULO PRIETO
Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano Región Caribe

Decían los mayores que por el camino viejo ya no se podía transitar en el día, menos en horas de la noche, ese camino fue olvidado y la maleza lo fue cerrando entre cardones, tunas y enredadera, el agravante fue que las malas energías se apoderaron de el para hacer toda clase de festines con los humanos.

Plinio PIN, tenía su roza de aquel lado del arroyo calzones, cuando el sol le pegaba diagonal a su rostro, se quitaba el sombrero, se sacudía el sudor con la manga de la franela amansa locos, ensillaba su mulo y partía con los últimos rayos de sol para su casa en el pueblo.

De un momento a otro sonó un trueno, se vino una ráfaga de vientos fríos se oscureció y a llover se dijo, cayeron granizos grandes que atormentaron la humanidad de PIN, esa noche no llegó a su casa, ni el mulo tampoco, cosa extraña porque en otras ocasiones pin se quedaba tomando, pero su fiel compañero de trabajos llegaba con la carga.

Al día siguiente había quedado una estela de árboles en el suelo, las matas de plátano, el maíz, la yuca y el ñame, a ras de piso, indagaron por pin, nadie lo había visto y por mucho tiempo pin no apareció.

De la montaña barriera vino el capataz a dar aviso que el mulo de pin se lo estaban comiendo los samuros, se encontraba a diez metros de altura en el copito de un viejo árbol de mamón macho, fueron a inspeccionar y si era el animal con ti angarilla, aperos y carga, hicieron un barrido al lugar y no dieron con la pista de Pin.

Por la región de córdoba en las estribaciones de la serranía de Ayapel, encontraron a un señor con las características de Pin, sus familiares fueron a averiguar, un poco desesperanzados por la distancia de su pueblo al sitio donde se encontraba el anciano, una casa finca en donde criaban toros bravos de corraleja, había un letrero grande fondo amarillo con letras en negro que decía: “Hacienda Bellavista, toros bravos no entre”.

Allí recostado a la madrina seca de un árbol estaba un taburete espaldar de cuero y sentado en el nada más que el PIN. Tan pronto divisó a su mujer y al Alcalde del pueblo y dos policías amigos, se fue en llanto.

Contó PIN en voz baja que cuando el aguacero una ráfaga de viento levantaron al aire a su mulo y que unos angelitos negros lo rescataron a él, y volaron y volaron y lo dejaron al lado de unos toros que estaban durmiendo en esa finca, a la mañana él se despertó, analizo el paisaje y se dio cuenta que estaba al lado de unos animales que por su apariencia y corpulencia era un viaje de toros de lidia en corraleja, allí se quedó hasta que los animales se fueron a pastar.

Han pasado los años y es la hora que todavía no se sabe la verdad de lo sucedido a Pin, un hombre trabajador, que por desgracia se lo cogió la noche en el camino viejo, que ya a estas alturas del tiempo nadie se acuerda de él, pero sí de la perdida de pin y su mulo subido a un gran árbol de diez metros.

¿Quién se llevó a PIN?, ¿quién subió su mulo a esa altura?, que lo averigüe mandraque el mago.



domingo, 19 de junio de 2016

TOM Y HARRY, UNA HISTORIA DE VIDA

TOM Y HARRY, UNA HISTORIA DE VIDA
Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano Región Caribe

Estos eran dos hermanos Gemelos que nacieron del hogar de Tolentino e Hilaría, al momento de su Bautizo Católico los padres no se ponían de acuerdo que nombres colocarles a cada uno de ellos, desde ese momento esos niños no se pusieron de acuerdo en sus pensamientos, le daban mucho que hacer a su madre y a cada momento estaban peleando y como eran igualitos, el uno culpaba al otro y su mamá lo castigaba.

Ya Jóvenes, cuando terminaron su bachillerato, Tom le decía a su hermano que se iba para el seminario a ordenarse de Sacerdote y servir a la comunidad, en cambio Harry el más rebelde de los dos, su deseo era ser militar, pero no de fila, sino de mando, un oficial, carreras que no aprobaban sus padres, Tole decía que fueran Abogados e Hilaría deseaba en su hogar dos médicos.

No conciliaban hijos y padres, tampoco gestionaron para avanzar en esta corta vida, Tom se ganaba la vida en un camión transportando mercancías varias de la región, Harry, bueno a decir verdad no hacía nada, vivía en la calle, cargaba una navaja, una rama de totumo viche y le sacaba punta hasta que se le acababa, masticaba tabaco negro y sus dientes se fueron carcomiendo con la nicotina, cosa que sufría su mamá Hilaría, hasta que su corazón no dio más, antes de su despedida de esta vida, reunió a sus hijos y les cantó la cartilla coquito, por última vez y los comprometió a ser mejores, a superarse y seguir adelante, ambos con sus lágrimas brotando de sus ojos afirmaron que iban a ser lo que cada uno prometió.

Parece mentira,  la ignorancia sobre esta hermosa vida nos carcome la mente y no llegamos a un punto de equilibrio mental, así como llegamos, nos vamos, pasamos desapercibidos y tratamos de atropellar a nuestros semejantes, en vez de ayudarlos a sobrevivir, esto se los comento porque a Tom y Harry, les cambio la forma de pensar la muerte de su madre, me imagino, pienso y razono que su progenitora seguía dándoles vueltas y empujándolos a llevar mejor vida, el viejo Tole se la pasaba en su pedacito de tierra de 500 hectáreas sembradas de algodón y peleando el sueldo con sus trabajadores.

Una mañana a las tres y media, los dos hermanos se tropezaron al frente de la tinaja de agua helada en la sala de su casa, uno le dijo al otro: Herdaaa Tom no he podido pegar los ojos en toda la noche, esas palabras de mamá me taladran los oídos, la mente y la tranquilidad, yo como que me voy a estudiar a la U. Veee Tom, contesto Harry a mí me está sucediendo lo mismo, tenemos el mismo pensamiento. Se pusieron de acuerdo y hablaron en la mañana con su padre Tole, no se diga más, los felicito hijos, su madre debe estar contenta allá en el cielo y miró para arriba el viejo.

Las dos maletas de cuero con fuelles de acordeón, fueron bajadas del salso y empacaron su ropa, ese día ese único día, los hermanos se vistieron con el color de la ropa igualitos, pero ya no se parecían, Harry tenía un aspecto de desaseo total y necesitaba un retoque, un maquillaje, en especial su dentadura, pero la intención de ambos era buena, diríamos buenísima, con la bendición de su Padre partieron para la gran ciudad a conquistar el mundo que les quedaba de vida, el otro ya lo habían perdido.

Pasaron los años y los hermanos Tom y Harry no asomaron sus narices en el pueblo, es más ya sus habitantes no se acordaban de la lata que daban, Tole, su padre se fue deteriorando,  el capataz y su esposa decidieron mandar a un mensajero su primo Evaristo a localizarlos para que se encargarán de su salud y sus bienes, después de un mes de búsqueda los encontraron, Evaristo no los conocía, menos los distinguía, no sabía quién era Tom y quien era Harry, ambos vestían una bata blanca con un símbolo de una serpiente subiéndose por  un perchero y debajo unas letras en alto relieve que decía “Medico”. Pero lo más sorprendente era la dentadura de Harry, dientes blancos blancos, dos de ellos de forrados en oro y dos del otro lado en plata.

Llegaron al pueblo y se formó un alboroto en la calle principal, solo en casa quedaron las gallinas y los gatos, no fueron a ver a los hermanos por purita flojera, en cambio que los perros estaba allá en primera fila, sacando pecho y gases los mal educados, Tole al ver a sus hijos se levantó del taburete y caminó, abrazó a sus hijos y nuevamente miró al cielo y dijo: Gracias vieja sé que esta transformación de vida de mis hijos, es obra tuya. Mandó a buscar la banda de música y pidió que le tocaran el Tole, un porro sabanero que interpretaba su abuelo y su tío en la banda vieja del pueblo y sacó pareja a bailar.

Las filas en esa casa eran inmensas, los dos galenos examinando, formulando y regalando la medicina para la cura de los habitantes de ese hermoso pueblo macondiano, incrustado en la falda de la imponente Sierra Nevada, Tom era médico y Harry Odontólogo, Tole gozó de  larga vida, ya en la longevidad, bajo la mirada fija de sus dos hijos fue a encontrarse con Hilaría, más allá donde la mente y los ojos del humano quieren y no pueden ver. Tóquenle el Tole, a Tole.



sábado, 11 de junio de 2016

LA PEINILLA DE DOBLE FILO

LA PEINILLA DE DOBLE FILO
Por Francisco Cadrazco Román
Escritor Colombiano Región Caribe

María Del Pilar Loreste Valdivia, una mujer extranjera, llegada a esta región en compañía de sus padres, usaba una pañoleta de colores en su cabeza, embonada hasta sus cejas, difícil de verle su rostro completo, a pesar de esas  limitaciones visuales era muy bella, del matrimonio con Baldomero Rizo el hombre de la peinilla de doble filo, nacieron dieciséis hijas y un varón al final del ocaso de la bella mujer, crecieron bajo la rigidez del padre y el buen cuido de su madre.

Salían a la calle de a cinco juntas, adornaban la cuadra por donde transitaban, les tenían prohibido pasar por el kiosco de Paulino porque allí habían muchos hombres consumiendo licor, Baldomero se mantenía en una porción  de tierra, a la cual le sembraba pan coger y alimentaba con hierba a sus vacas, de allí salían cosechas de maíz, arroz, yuca y frijol, suficiente para mantener a su numerosa familia.

Bien vestidas y acompañadas de su madre, pasaban por la calle del medio los Domingos a misa, los hombres apostados en las aceras para observar y escoger a la más bonita, trabajo que les costaba ya que su madre les colocaba pañoletas en sus cabezas, sin embargo sobresalían, María, Bebsaida, Olivia y Teresa.

Dentro de la finca de Baldomero había un cerro de gran altura adornado con matas de pringamoza, caliche y barro resbaladizo, era imposible subirlo en tiempos de invierno, además su dueño lo rezaba para que nadie entrara a su sembradío, habían diez perros bravos,  en las noches los soltaban y era muy peligroso merodear por ese camino, decían los vecinos que Baldomero se ponía a rezar y de sus manos salían los perros.

Él decía que el hombre que fuera capaz de sembrar una bandera en su honor, en lo más alto del cerro, se cazaría con una de sus hijas y quien pretendía burlarse, conversaría con su peinilla de doble filo.

Les cayeron los primeros rocíos de agua lluvia bendita y las niñas y se convirtieron en señoritas, que dolor de cabeza para esa madre cansada de tanto parir y el acoso de los jóvenes por adquirir una de las belleza humana, vestidas de uniforme de cuadro azul con blanco, medias blancas y zapatos negros, una detrás de la otra para el colegio.

Cuando se formaba un alboroto en la escuela de varones, eran las hermanas Rizo Loreste que iban pasando, ya los profesores no podían controlarles las hormonas a esos jóvenes y se formaban peleas.

Al terminar su bachillerato diez de las Rizos se fueron a estudiar carrera, quedaron seis más el joven Adelfo entrado en los ocho años, después se fueron las restantes a encontrarse con sus hermanas en un país del oriente medio, en unas vacaciones de junio se presentaron tres de las dieciséis y se formó la revolución masculina.

Pacco, Ambrosio y Tomás, los postulados por tener facilidades económicas y ya profesionales llegaron a la casa  de Baldomero a pedir la mano de las bellas mujeres, llegaron sus padres y tres testigos, acompañados por el Alcalde Municipal.

Firmaron un acta de compromiso que entre sus cláusulas decía: Subir el cerro empinado a pies descalzo en línea recta, después de un fuerte aguacero, Izar la Bandera Colombiana, una dote de mil cabezas de ganado cebú cada uno de los postulados, respetar sus costumbres Árabes adquiridas por línea materna, la pañoleta en sus cabezas, respeto y buen trato para cada una de ellas, donde los tres eran petulantes, borrachones y prepotentes, y la última clausula si no lograban las barreras se tenían que largar del pueblo y no molestar más a las tres hermosas damas.

Se llegó el día, esa noche anterior cayó un aguacero, pero solo fue en el cerro, ese día las matas de pringamoza amanecieron más grandes y florecidas, las piedras con filos cortantes y el barro listo para amasar.

Pacco, no amaneció en el pueblo, su papá lo sacó a media noche cuando comenzó a tronar y llover, Ambrosio estaba resfriado y con fiebre, solo quedaba Tomás, quien pretendía a la bella Bebsaida, un muchacho fornido de color blanco, entrado en sus veinticinco años, acostumbrado a coger corozos en buenos aires y el ojo de agua.

Todo el pueblo se volcó a la finca de Baldomero, los murmullos y las risas por los que no se presentaron, les decían poco hombres, Tomás recibió del Alcalde una Bandera en honor a las tres señoritas y a sus padres, debía llegar y situar la bandera en lo más alto del cerro.

Después de seis horas llegó Tomás a la punta del cerro moribundo por las laceraciones de la pringamoza y las piedras cortantes, izó  la bandera y se desmayó, cuando lograron bajarlo ya estaba muerto, al día siguiente de su muerte casaron a Bebsaida con Tomás.

Tres días después los Rizos cargaron sus enceres y se marcharon para el lejano oeste, la finca se la dejaron a la familia de Tomás y solo se recuerda a las hermanas Rizo, su belleza y buena Educación.

El Cerro fue tecnificado de él salen las mejores cosechas y donde ondea la bandera  Colombiana hay tres grandes torres de comunicaciones, por donde se comunica Tomás del más allá, con su hermosa Bebsaida, la peinilla se escucha todas las noches cortando y limpiando el gran cerro. Pacco y Ambrosio, siguen su vida desordenada, aperados en sus caballos, de corraleja en corraleja.


domingo, 5 de junio de 2016

LA HISTORIA DEL MOCHO BLACHO

LA HISTORIA DEL MOCHO BLACHO
Por  Francisco Cadrazco Román
Escritor Colombiano de la Región Caribe

Me contaron que en un paraje rodeado de cardonales, quebradas y Sequías de regadío estaba el Caserío donde nació Blas, tan pobre de dinero que en esa región no se usaba, existía el trueque para todas las modalidades del comercio citadino, un muchacho de baja estatura, color blanco orejas grandes como las de un murciélago, se le fue llenando el cuerpo de bellos, y con esa figura se parecía a un mico mono, no se sabe cómo vino a dar tan lejos de su tierra, a unos  cincuenta tabacos negros de la época,  se le veía montado en un mulo  con dos tanques Inagrarios, arreando leche, agua y todos los comestibles que producía una finca de un blanco donde estaba concertado.

Con su apariencia física, todos los muchachos le llamaban el murciélago, tan pronto se desocupaba en las mañanas de sus quehaceres obligatorios, se colgaba de las ventanas del colegio de primaria y colocaba sus orejas al sonido de la voz del profesor, cuidadito le gritan algo a Blacho porque los levanto a fuete y regla, decía el educador, él entendía la situación del menor, del porqué no asistía a la escuela.

Era un hombre como de veinte años, a esa edad ya había perdido la dentadura delantera, llámese la defensa, de tanto pelar cocos con ellos, destapar cervezas y gaseosas y su favoritos comer mango de hilaza, o de puerco. Sus costumbres eran distintas a la del pueblo donde se encontraba, además era explotado y trabajaba más de las horas reglamentarias de ley. Hablaba poco y sus sonidos eran pausados.

Blacho se las llevaba bien con todos los muchachos, jugaban  trompo y bolita de uñita, les contó a sus amigos de juventud que era nacido en los cardonales que sus papás estaban allá, pero a él se lo trajo un señor  que vendía cortes para hacer pantalones.

Para saber dónde eran los cardonales y en esa época del mundo  juuuuu. Una vez que Blacho venía en su mulo sonso cargado con dos cantaros llenos de leche hacia el pueblo, de los matorrales salieron unos perros juguetones, el mulo creyó que eran tigres, levantó sus orejas a 180 grados, se sacudió y los cantaros cayeron a tierra, menos Blacho, el mulo lo llevaba arrastrado por una pierna colgado de un cáñamo y no obedecía frenos, cuando el muchacho quiso sacar el pie ya lo tenía fracturado.

Fue la última vez, en el pueblo que vieron a Blacho en el puesto de salud lleno de murciélagos en su techo, más a él que también le decían así por sus orejonas peludas, muy temprano al día siguiente se lo llevaron para Cartagena.

Pasados los años cuando varios jóvenes se trasladaron a la capital de la Región Caribe a estudiar, en una oficina pública, vieron a Blacho, caminando cojo de una pierna, con una figura de candado en la barba, se le acercaron y lo saludaron temerosos a que no fuera él.

Blacho, Blacho, se quedó fijamente observándolos y peló su diente de oro y les contestó 
“Hola muchachos”, espérame que vamos a charlar, ya regreso, llevaba en sus manos unas carpetas z, vestía pantalón de gabardina color beis, camisa manga larga de cuadros abotonada hasta el cuello, zapatos negros brillantes, cabello peinado con gomelina, dientes blancos ordenados y formados militarmente, uno de ellos era de oro de 24 quilates, completamente distinto a como era en el pueblo, hablaba fluido pero pausado.

Se había zafado del yugo opresor de sus antiguos patrones, buscó a su tío materno un guajiro que no se lo brincaba un chivo cerrero, además tenía plata hasta en dólares guardados en una bodega subterránea en el patio de su casa, y le contó lo sucedido.

Blacho con lo que escucho y captó en la escuela del pueblo, subido en la ventana, validó la primaria y el bachillerato a la vez, porque a decir verdad, antes si enseñaban, con regla y perrero, para bien de la juventud, entró a una universidad paga, de las mejores y se graduó de Abogado, no lo podían creer sus amigos, y ocupaba un alto puesto en la Gobernación.

Blacho una transformación de Vida, de valores y empuje, un hombre que salió de la nada, para convertirse en una persona educada al servicio de la Sociedad.

Aprovechó de su tío, la bonanza guajira y se educó, sus colaboradores le decían por debajo de cuerda “El Mocho Blacho”. “Al que le van a dar le guardan y si se demora se la tapan con dos platos de loza china”.


sábado, 28 de mayo de 2016

PAPA ROMA, UN GALLO FINO DE MIL PELEAS

PAPA ROMA, UN GALLO FINO DE MIL PELEAS
Por Francisco Cadrazco Román
Escritor Colombiano-Región Caribe



Cuenta la historia que a este gallo fino le ha tocado pelear hasta con las plumas desde antes de salir del cascaron, todos los demás polluelos con su pico rompen la cascara que los cubre,  asoman su pico rosado y bienvenidos a la vida de aves de corral.

Este en especial, salió antes del tiempo estipulado, se lo encontraron en una finca algodonera, esperaron a que saliera la luna y lo interpusieron entre el ojo del humano y la sombra lunar, desde ese momento se volvió lunático, allí estaba pero no se movía, lo tiraron a al cesto de la basura, él escuchaba lo que los humanos decían, este huevo no sirve ni para un revoltillo, epaaa, me van a desechar y como pudo comenzó a hacer fuerzas con el pico delgado y frágil, después utilizó las pocas plumas que tenía y hasta que logró perforar la capa blanca que lo cubría, alguien de la casa pasó y notó que el polluelo estaba saliendo del cascaron, dio aviso de inmediato y comenzó la primera  batalla de la vida.

Lo limpiaron, lo cubrieron con algodón para que se calentara, lo metieron dentro de los senos grandes de una señora, allí permaneció por tres o cuatro meses, hasta que ya cogió fuerza suficiente para pisar la arena blanca de un hermoso patio.

Era un pollo de color blanco, con su cuello y cresta roja, a quien una vecina lo bautizó con el nombre de  papa roma, por su plumaje blanco, bien cuidado por sus dueños y dispuesto a librar batallas feroces, ya llevaba una, su mamá lo acostaba en una hamaca y lo mecía hasta que el pollito se dormía, su abuelo era mal genio, cuando salía del algodón cansado y con hambre vio la hamaca atravesada en su camino, vociferó y la desguindo de un lado y la colgó, cuando la mamá venía con el tetero de maíz pilado, no lo encontró, formo una alharaca y el pollo estaba plácidamente dormido en el seno de la hamaca.

Se iba con unas gallinas y pollos a banderear las avionetas que fumigaban el algodón, salían empapados de paration un insecticida toxico y mortal, sin embargo papa roma se fue enconchando hasta ser un gallo pequeño, pero fuerte, capaz de pelear una y mil batallas y salir airoso.

Una vez lo vio un sargento del ejército y como a él le gustaban los gallos finos para ponerlos en la cuerda, se inventó que ya estaba bueno para pagar el servicio militar y se lo llevó, fueron dieciocho meses que papa roma y gallo fino diminuto estuvo con el fusil entre las alas. El día que juró banderas, su mama y sus hermanos no lo conocían, el casco le tapaba hasta las orejas, el pantalón talla cuarenta le daba cuatro vueltas en la cintura, la camisa le llegaban las mangas al puño y para que les sigo contando.

Eso sí, ese pollo, era adicto a la diana que sonaba a las cuatro de la mañana, a esa hora cantaba, se levantaba de primero y cuando los otros soldados se querían levantar, ya él estaba uniformado de pies a cabeza arropado con su sabana de dotación.

Una vez le concedieron diez días  de permiso por su buen comportamiento en general, llego el pollo uniformado a su barrio a su cuadra, se cambió se fue para una verbena con un primo y pasó un bus con el conductor borracho y atropelló a cuanto pollo, gallo y gallina había en la verbena y al hospital fue a dar. Otra batalla que libra el gran gallo papa roma, por quien no daban ni medio peso por su vida.

Papa roma, después de pagar el servicio militar, con su libreta de primera, estudio en el sena mecánica automotriz,  sacaba pecho delante de los grandulones acaba ropas, como los llamaban en el ejército, en su trabajo se le dio por manejar una tracto mula, no midió bien los espacios laterales y la repicó contra un portón, pero se lleva el orgullo que la manejó, sigue su lucha y ha peleado con cuanto gallo se le atraviese, eso sí también incluye en estas peleas a las gallinas que lo han querido desafiar.

Papa Roma un gallo cincuentón de buena raza y estirpe, responsable y honesto hasta los tuétanos, muy familiar y agradecido con la alcancía de su abuelo y sus papás, no se tuerce ni con las temperaturas a más de cuarenta grados, es un filtro en su trabajo, por eso ya está pensionable, al pan pan y al vino vino, catalogado como uno de los mejores gallos que han pasado por la cuerda de la empresa, se le mide a cualquier gallo fino, por muy fino que sean.

Hace cuatro años que sometió a terminar el bachillerato y sacó las mejores calificaciones, graduándose con honores, es amante de los cuentos e historias, ha estudiado a los astros en todas sus dimensiones, en sus noches de insomnio lo acompañan el cinturón de orión, las siete que brillan, Júpiter, Neptuno, Plutón y habla con ellos, hoy le tocó la de papa roma, una historia de vida, para un gallo muy inteligente y de mucha fama.


A pesar de las batallas que ha librado, no le han podido ganar las apuestas de torcerle el pescuezo y echarlo pelongo a una olla, con fogón de tres bindes avivada con leña seca y agua hirviendo con malanga a bordo. eKala.

sábado, 21 de mayo de 2016

EL CURA MAGO

EL CURA MAGO
Por Francisco Cadrazco Román
Escritor Colombiano – Región Caribe


Luis, era un Sacerdote de la religión Católica, perteneciente a los misioneros de Burgos, de unos 40 años, nacido en una Provincia de España, llegó a mi pueblo en la década de los sesenta, media 1.89 de estatura, rozaba la puerta de la sacristía y la de la casa Cural tuvieron que alzarla un poco, tenía la nariz como Pinocho y el cabello rizos como puerco Espín.

No respetaba  la disciplina del Vicariato Apostólico del San Jorge, por esos motivos y razón lo mandaban para Montelibano y la región indígena del tambo en el alto San Jorge, pero a la vez era un buen predicador, buen amigo y hombre de mucha fe.

Cuando se reunían  en retiros espirituales, llegaban de toda la región y en total eran unos 80, no alcanzaban los monaguillos para ayudarlos a oficiar su misa diaria, casi todos los jóvenes de la escuela primaria se ofrecían de voluntarios para esa misión, una tarde se dirigió a mi persona, preguntó cómo me llamaba y me invitó a que le ayudara a oficiar su misa.

En las noches, después de los oficios religiosos, reunía  en el atrio de la iglesia a gran cantidad de personas y comenzaba a hacer sus trucos de magia, sacaba de la multitud a una persona y la mandaba a buscar una hoja de papel, por su puesto que de un cuaderno, porque el periódico que llegaba al pueblo era el campesino y sus hojas después de leerlo las cogían para envolver los huevos criollos de las gallinas para después venderlos.

Ya con su papel en la mano lo doblaba  en cuatro partes y ordenaba a su ayudante a soplar, como resultado aparecía un billete de 50 centavos y se lo entregaba al joven que más corría y llegara a la tienda más cercana a comprar galletas de panela, pero el emisario solo llegaba con el billete  hasta la mitad del camino a pesar de la velocidad que llevaba.

Después cogió una moneda de 5 centavos de plata al 90% y se la introdujo en la oreja a su secretario, buscaron la moneda por todos lados y no apareció, la tenía en el ombligo.

En la mesa de comedor de 30 puestos que había donde las monjas, ocupaba el puesto al lado izquierdo del obispo para este controlarlo, sin embargo se le esfumaba y de los platos servidos también se desaparecían las porciones de carne.

En una tarde asoleada, cuando la temperatura estaba en su máximo, se situó en la ventana de su alcoba y miro al horizonte, no pasaron tres minutos cuando el cielo se oscureció y cayo un aguacero con rayos y centellas, se desbordó el arroyo La Dorada y se incomunicó la Villa, las babillas se saltaron de la playa, las otras se bañaban por las calles, se encontró un pescado vivo en la mitad de la placita.

En la Esquina de la niña Chancho, después que se oficiaba la misa de las ocho de la noche y en tiempo de invierno cuando solo se veía con los relámpagos, se apostaba en el pretil en espera a que yo pasara y se convertía en un gran perro negro que brotaba llamas de candela por su lengua larga, se me crecía la cabeza, los cabellos se erizaban y a correr se dijo.

Una vez tenían la comida embolatada y se fue con su secretario en una chalupa, llevaba una escopeta 12 de regadera, se situó silencioso en playa doña luisa y piscingos que llegaban eran presa fácil para el almuerzo, todos estábamos pendientes de los perdigones, él se los tragaba.

En el colegio de primaria donde asistía a clases, una vez en mi pantalón mocho con bolsillos largos me aparecieron un rollo de billetes de cincuenta centavos, me iban a expulsar por no saber la procedencia de ellos, en esos difíciles minutos y angustias en la que me encontraba, apareció el cura riéndose y le dijo al profesor Raimundo Bravo que los billetes eran para la merienda de todos los alumnos, ese día comimos turrones de coco, arranca muelas, arropillas y panes de coco, con chicha de maíz en la esquina de la niña pupo.

Se levantaba en las noches oscuras y con una sotana blanca de dormir recorría todo el pueblo acompañado del aullido de los perros, las puertas y ventanas se tiraban, las trancas de mangle se caían y el miedo y terror era total.

A mi papá se le aparecía en el monte y le ayudaba a cortar la carga de leña, a la hora de haberse ido ya estaba mi papá en casa, pero no decía quien le ayudaba a recoger la leña.

En una noche bien oscura, con ganas de llover, se me atravesó en forma de un mulo cerrero en mitad del camino, pase por sobre de él, se levantó y me tiro por los aires a cinco metros, todos los habitantes de la placita se levantaron y llegaron a mi casa, porque el diablo me salió.

Por último, como él me tenía mucho aprecio, me descolgó la hamaca donde dormía y la amarró en el patio entre el árbol de mango y el palo de coco, allí amanecí plácidamente dormido, mi papá Javier que lo conocía manifestó esta es obra del padre lucho.

Luis Arocena Lavandía, un cura Mago, con mucho carisma y sobré todo con mucha fe, como todos los curas españoles, no avisaban cuando llegaban al pueblo, tampoco avisaban cuando se iban, al igual que el monaguillo, su secretario, así como vino,  se fue.







sábado, 7 de mayo de 2016

TIGRE MICHELL

TIGRE MICHELL
Por Francisco Cadrazco Román
Escritor Colombiano-Región Caribe
                                             ZIGLIBITHIENS - COSTA DE MARFIL

Rafael Giraldo Vélez, era un antioqueño negociante de cuanto cachivache se pudiera vender o canjear, una vez en el puerto fluvial de la Villa se presentó un circo de carpas procedente de Magangue, en el venían tigres, leones, jirafas, micos, caballos poni, gallinas kiriki y perros inteligentes, su dueño un africano que los tenía entrenados, les daba buena comida, pero no eran animales libres.

Entre los animales del circo sobresalía un Tigre que hacia malabares, intercambiaba la inteligencia humana con su raciocinio animal y por esas piruetas se ganaba el cariño y aprecio del público presente y su dueño se ganaba sus pesos.

Una noche bien oscura, cuando el corcovao desde las serranías de San Lucas en el sur de Bolívar emitía su rugido y los truenos y centellas brillaban con luz propia, los animales se inquietaron y formaron desde sus jaulas un zafarrancho que todo el pueblo se alarmó.

A la mañana siguiente en la chiva de palos llamada la melón, que trasportaba pasajeros de Corozal a la Villa, llegó don Rafa Giraldo dispuesto a comprar caballos y mulos, tan pronto se bajó, el cubita le contó lo que había sucedido anoche en el circo de la placita.

De inmediato don Rafa Giraldo se dirigió al circo y habló con el africano su dueño que ya cansado de recorrer el mundo estaba dispuesto a vender el circo o canjearlo por unos kilos de bagre o pacora salada, don Rafa estaba interesado en comprarlo, a la media hora estaban en la Alcaldía elaborando un documento de Compra y Venta y se llevaron el circo para Medellín.

Don Rafa mandó a un Médico Veterinario (Basarius), a examinar a los animales encontrando al tigre malabarista enfermo, lo llevaron para una clínica de animales y cuando lo iban a inyectar para curarlo, se escapó, cogió calle derecha y fue a dar a una terminal de trasporte interdepartamental, se metió al baño, dio cinco vueltas de trompo y se volvió un humano con melena larga, al igual que en el tiempo jipi.

Compró un tiquete con una plata que le había escondido a su antiguo dueño, en la ventanilla de compra la señorita le pregunto que si para Barranquilla, él con un movimiento de cabeza le dijo que si, le preguntó su nombre y con una voz ronca le dijo que Michell, tigre Michell repitió, se acordó del segundo apellido de su dueño de origen Africano.

A las doce horas estaba Tigre Michell en el Paseo de Bolívar de Barranquilla, donde quedaban los transportes interdepartamentales, el conglomerado lo miraba y murmuraban y ese jipi negro de donde vino, nojodasss aquí si llega gente rara.

Se orientó y escuchó una hermosa melodía de corte Africano que le taladraba los oídos, salía de un sitio de cantina, llegó, pidió una cerveza, dos, tres, y cuatro, se quedó dormido, a la media noche el cantinero lo llamó, señor, señor despierte es media noche, Tigre Michell levantó la cabeza de Tigre peló sus colmillos y el tipo cogió calle, todavía no ha regresado, al día siguiente llegó el dueño del local y se encontró fue con Tigre Michell, quien le explicó que el cantinero se había marchado y lo dejó encerrado.

A partir de ese momento Tigre Michell se volvió cantinero, Disjoki y bailador de Salsa, él era africano y ese sabor inconfundible se lleva en la sangre. Bailaba en tarima y cogió mucha fama y como los Lompley de música africana venían de Francia y eran exclusivos de cada Pico, lo que el oído costeño escuchaba, así se llamaba el disco, hasta que llegó el exclusivo Ziglibithiens de Costa de Marfil,de inmediato le quitaron el sello de la caratula y lo bautizaron Tigre Michell, así sucedio con el ejen, la muha, Akien, la bollona, el militar, el Giovanni, el Satanás, a Coco, Rapizan, Bote en Bote, Carolina, la banda, la botellita, la Tota, Mamemá, la Bomba, el Cheque,  el Salomón, la turbina y muchos más, que después de cuatro décadas se siguen escuchando en los bailes, en los hogares, porque los pico y verbenas desaparecieron de las calles de Barranquilla.


Tigre Michell, un Tigre de Bengala Africano, nacido en el Costa de Marfil Africa, que recorrió el mundo de circo en circo, hasta que su inteligencia animal lo convirtió en humano y vino a dar a la hermosa ciudad de Barranquilla, la puerta de Oro de Colombia, la Arenosa, la Salsera, la Picotera e inmortal, con sus puertas abiertas de par en par, mis recuerdos Tigre Michell, amante de la buena Salsa Africana.