sábado, 20 de diciembre de 2014

PRIMOROSO

PRIMOROSO
Por Francisco Cadrazco Dáz
Escritor Colombiano Región Caribe



María Cecilia y Prospero, procrearon un varón, a quien le pusieron por nombre Primor y por cariño su progenitora  le decía que era  Primoroso y así se quedó, todos en el pueblo lo llamaban Primoroso, fue el único hijo de la familia, por ese motivo lo sobre protegieron y lo convirtieron en un inútil, no ayudaba a su padre a las labores del campo, no estudio y era altanero con las demás personas, a diferencia de sus padres a quien todos apreciaban.

Prospero se dedicaba a ponerle trampas a los animales salvajes como el tigre, el gato de monte, el tigrillo, ponche, saíno, venado, perro de monte y toda clase de animales que por esa zona transitaban.

Nunca se imaginó Prospero que esa trampa le iba a servir para reeducar a su hijo, que sin saber ni conocer el área de trampas de su padre se dirigió allí, después de salirle con desplantes a su mamá por no querer colaborar en casa.

Salió Prospero como una bala hacia el monte, llevaba una navaja pico de loro, una vara de totumo a quien le sacaba punta de pura rabia y pechiche, cogió la vía que utilizaba el tigre pintado un animal que salía a media noche al camino real y pedía chance a los vehículos que por allí transitaban.

La rastra de pisadas y huellas la llevaban los dos animales, Primoroso y el tigre pintado que lo seguía para satisfacer su apetito estomacal, la misma línea que trazó Prospero a quinientos metros e instalo su trampa, una vara de guayabo macho, arqueada con un cáñamo grueso y en la punta del mismo un lazo con un nudo llamado tres a la derecha y cuatro a la izquierda, que no lo suelta ni mandraque, especial para animales grandes.

Primoroso alza su pie izquierdo con el fin de posarlo en la trampa, cuando viene el tigre pintado con un salto felino, el cual capta el humano y se hace a un lado cayendo el tigre en el lazo, levantado a diez metros del suelo, pidiéndole suplicas a Primoroso que lo soltara, y en voz quebrajosa le promete que si lo suelta le da como recompensa, un carro, ropa nueva y se lo lleva para otro país lo pone a estudiar y lo convierte en un hombre productivo.

Acepta Primo el acuerdo y lo libera de las ataduras del lazo, algo útil que le aprendió a su padre, tan pronto el tigre se siente libre, le da un zarpazo con su manopla a Primoroso y lo pone a dormir por largo rato, lo sube al lazo, hasta el día siguiente que llegó su padre, con una jauría de perros cazadores de tigres y otros animales de monte.

Despierta Primoroso en el puesto de salud del pueblo con las garras del tigre pintadas en sus pómulos, recordando las palabras que unas horas antes le prometió.

Diferente trato, amabilidad y confianza con sus padres y allegados presentaba Primoroso al despertar en el hospital, le recomendaron reposos y se marchó para su hogar, sin antes pedirles perdón a sus padres por su mal comportamiento y prometió de acuerdo a las palabras del tigre que iba a cambiar y que seria un hombre útil a la sociedad que tanto necesita de personas buenas.

A los dos días, Primoroso cogió su maleta metió los tres pantalones y unos suertes que tenía en casa, se calzó sus abarcas y partió a encontrarse con el tigre pintado en un sitio acordado por los dos.

Palabra de gallero, allí estaba el tigre esperándolo, le compro unos zapatos suaves, tres mudas de ropa para clima frio, tiquete en mano y en un vuelo aéreo se marcharon los dos personajes de este cuento.

Pasaron diez años, sin que Prospero y su esposa supieran de su hijo, hasta un día que llegó un señor metido en sus treinta y cinco años, venia chapeado en sus pómulos del frio, tocó la rustica puerta de madera sin pintura de la humilde casa de Prospero, quien se encontraba en el patio hacha en mano para sacarle unas astillas a un palo de matar ratón seco, que al escuchar el toque con insistencia de la puerta se dirigió a ella, sacudiéndose el sudor con la manga de la camisa.

Papá, no me conoce soy Natanael, su hijo

Natanael, contestó el viejo sorprendido.

Si Natanael papá, Natanael Primoroso Primo Polo.

Aaaaaa, Primoroso?

El mismo mi viejo

Se abrazaron, lloraron de alegría, lo mandó a entrar y que se sentara en un taburete viejo, el único en la casa, porque los demás se desarmaron.

Luego llegó la madre, María Cecilia, llena de canas, abatida por los males de la vida y la vejez, se abrazó con su hijo, un modelo de especie humana, difícil de conseguir, lleno de planes para cambiar el modus vivendis de sus padres y del pueblo que lo vio crecer.

Médico especializado en oncología, al servicio de la sociedad, titulo con honores recibido de una Universidad, pagados por un tigre pintado, de la especie humana, con deseos de servir y ejemplo de su raza en especie de extinción, por la mano depredadora del hombre, entre ellos de Prospero, el padre del Docto, como llamaban a Natanael Primorosos Primo Polo.

Este cuento es un ejemplo de cambio de vida, de muchas personas que han salido a flote de la gran pobreza del dinero, pero con una mente limpia dispuesta a recibir para dar.

Todas las miradas, las congratulaciones y la popularidad, del médico Nata a sus coterráneos a quien no les cobraba un peso por consultas medicas y ellos pagando sus favores, con pavos, gallinas, cerdos, ganado, que no cabían en el patio de la casa de su padre Prospero, quien no volvió a colocar trampas para cazar tigres y animales de monte.


sábado, 13 de diciembre de 2014

BROCHE Y BOMBARDINO

BROCHE Y BOMBARDINO
Por Francisco Cadrazco Díaz
Escritor Colombiano-Región Caribe.
 













Bien temprano salió Mano Hipo (Hipólito) de su casa en un burro mojino, barriga blanca, con destino al pueblo, llevaba enganchado en las orejas de la angarilla, de un lado su mochila tejida con pencas de guácimo y dentro de ella un sinnúmero de artículos personales: Un ciento de tabaco negro, una Yesquera para encenderlos, cuatro bollos de plátano envueltos en cascaron de maíz, un sarape de queso blandito, un bangaño con agua fresca, un foco de baterías, una vela  de cebo de vaca muerta, unos espejuelos viejos envueltos en un pañuelo de seda, para leer las partituras musicales, media libra de sal gruesa, un cordel y un anzuelo para pescar, si se presentaban inconvenientes con la comida.

Del otro lado de la oreja de la angarilla, llevaba nada mas y nada menos que su bombardino y un clarinete desarmado, compuesto por cuatro partes, siendo la más pequeña la boquilla. Del pueblo salió con sus compañeros de La  Banda de música Sabanera 25 en total, se embarcaron en un bus interdepartamental a cumplir un compromiso, por espacio de cinco días.

Al llegar al sitio de la fiesta, en la entrada del pueblo, había un letrero o valla publicitaria que les daba la bienvenida y, se anunciaban cinco días de toros bravos y cinco fandangos en horas de la noche, mano Hipo, era un amante de las fiestas bravas, en especial a los toros de lidia, gran parte de su juventud la pasó en una hacienda ganadera, lidiando con estos animales, el segundo día de toros eran de la finca Papayal.

Repartió el sarape que llevaba entre sus amigos y compañeros y les manifestó que estaba dispuesto a dejar el bombardino y metérsele a uno de esos toros bravos y demostrarle a sus compañeros que era un torero de verdad, ya que todos se burlaban por lo miedoso que era, y a su edad, él no estaba para esas lidias, además en su casa habían cinco personas que lo esperaban.

El director de la banda, le hizo saber a mano Hipo, el descontento por querer abandonar la banda y su bombardino que lo tocaba a las mil maravillas y hacia reventar de alegría al público presente, pero no hubo palabras posibles de convencimiento a tan gran hazaña, desde niño aprendió a tocar ese instrumento.

Dicho y hecho, a las tres de la tarde del segundo día de toros, entre los cuarenta de lidia venia un astado de seiscientos quilos de peso, color cenizo, Morrillo de  binde, cachos grandes en forma de mata de yuca sembrada inclinada, que al que se cogiera, no daría razón de quien era en vida,  por la manteada en esa época, daban cien pesos, que alcanzaban para comprar una finca de trece hectáreas de tierra, esa que necesitaba mano Hipo, para cultivar y no tener que prestarle terreno al blanco Pocho, quien  pretendía a una de sus hijas.

Anunciaron por los alta voces la salida del toro en mención, el precio de la manteada, la garrochada y quien se atreviera a encerrarlo en el toril, ya mano Hipo, no se encontraba en el sitio del palco donde la Banda sonaba sus porros, melodías que hacían guapirrear al público presente, se encontraba parqueado como carro viejo detrás de la puerta del toril viendo la faena de los hombres encargados de sacar el toro al ruedo.

Sonaron las tres bandas al unísono al ver salir a tremendo animal, quien se paseó por la corraleja y todos huían despavoridos, se acercó mano Hito al palco de honor, llevaba una manta roja en sus dos manos y su bombardino terciado a la espalda, y una pequeña mochila, esto le llamó la atención al dueño del toro, el tipo con más dinero en la región, mano Hipo le dijo que le multiplicara por cuatro su oferta de manteo al toro.

El Dueño del fiero animal, le preguntó a los que lo acompañaban, entre ellos a el negro rocha, quien era ese individuo, quienes no dieron explicación, además con un bombardino terciado a la espalda, que hacia ese músico allí, indagaron a las bandas que sonaban en cada palco y comprobaron la procedencia de mano Hipo, a quien autorizaron el manteo del toro.

Sacó su bombardino mano Hipo, se llevó la boquilla a sus labios y entonó una hermosa melodía, todo quedó en silencio, se acercaba mas y mas al fiero animal que escarbaba y estaba próximo a embestir con sus astas al músico, pero esto no sucedió, un grito de mano Hipo se escuchó en la corraleja Broche, Broche, el animal movía su cola larga y peluda, bajaba su cabeza en señal de bienvenida, se dejó sobar su cara, agarrar sus orejas, el mantero se subió sobre el animal, se acostó en su lomo, sacó un tabaco, su yes quera y lo encendió, votaba bocaradas de humo y el toro escarbaba de la rabia.

Apoteósico, sonaron las tres bandas de música, aplausos por doquier bajo el asombro del dueño del animal, que daba por descontado los cuatro sueldos ofrecidos, mas ser dueño de la muchacha que pretendía, sin darse cuenta quien en realidad era el músico torero.

Siguió la faena de mano Hipo, se bajó del animal, sacó sal de ganado de su mochila, se la colocó al toro sobre unas hojas de plátano y lo puso a comer, se dirigió hacia el palco de honor y brindó por ellos, el alcalde municipal, el consejo en pleno, las damas de honor y el ganadero, quien ordenó pagar la hazaña al músico mantero.

Mano Hipo, con señas les dijo que esperaran que no había terminado la jornada, se volvió hacia el toro y en un grito fuerte  Heeee, Heeee y Heeee, venga Broche, el toro levanto su cabeza sacudió los cascos hacia el palco de honor levantó arena, mandándola hacia los miembros de honor, quienes tuvieron que sacar sus pañuelos perfumados y limpiarse el rostro y luego ver una  de las escenas más brillantes del toreo en corralejas de la sabanas de bolívar, sucre y córdoba de mi región caribe Colombiana.

Uno, dos y tres mantazos, uno dos tres y cuatro mantazos, más arrodillada, de lado, de espaldas, de frente y hole, hole y hole. Se le paro al frete y lo invito a entrar al toril.

Nuevamente sal gruesa en su mano, le brindó mano hito al toro, quien comió de su mano, las bandas tocaban porros y animaban la fiesta, la algarabía de los innumerables presentes y el rumor de que mano Hipo, rezó al temido toro de la hacienda papayal de propiedad del ganadero más rico de la región.

Recibió mano Hipo su premio en efectivo de manos del ganadero, una banda tricolor de parte del Alcalde Municipal, felicitaciones y besos por parte de las damas de honor y por último el ganadero eufórico le dijo a mano Hipo, delante de los presentes que le pidiera lo que quisiera, que con mucho gusto él lo cumplía.

Pidió Mano Hipo, sin pensarlo, veinte hectáreas de terreno de la hacienda Papayal, un ternero de un año hijo del toro manteado por él.

Al preguntarle el ganadero quien era, Mano Hipo le contó que en tiempos pasados lo despidieron de su finca, sin causa justificada, delante de la esposa del ganadero le informó que era el padre de la joven a quien él pretendía y que el toro que manteo era huérfano y él lo alimentaba con agua de panela, sal gruesa y le tocaba un viejo bombardino que su abuelo dejó enganchado en un horcón de la casa en la hacienda mencionada, además lo bautizo con el nombre de broche, debido a que no había broche en la cerca que no abriera por muy fuerte que fuera, para escaparse de la hacienda.

Mano Hipo, lo nombraron  Administrador de la finca papayal, recibió su paga cuando lo despidieron y siguió tocando su bombardino y acompañando a sus amigos en la Banda, ahora es respetado, cuando narra sus cuentos e historias, como la de Broche y Bombardino.


sábado, 6 de diciembre de 2014

EL SAÍNO ESTÁ EN LA ROSA, COMINDOSE EL MAÍZ

EL SAÍNO ESTÁ EN LA ROSA, COMINDOSE EL MAÍZ
Por Francisco Cadrazco Díaz
Escritor Colombiano-Región Caribe




Un saíno, de tamaño descomunal, era el protagonista de todos los males que le estaban sucediendo a Pedro Juan, con un esfuerzo, hipotecó su vivienda para respaldar el préstamo en La Caja Agraria y con ese dinero sembrar diez cuarterones de Maíz, Yuca y Ajonjolí, con la cosecha recogida y vendida, pagaría las deudas y le quedaría algo de ganancias para el estudio de sus cinco hijas.

Matilde María, era su compañera y madre de sus hijas, una mulata, bien formada, con unos brazos largos y gruesos de tanto moler el maíz para hacer Bollitos de maza y cafongos, sus hijas salían a la calle a venderlos al detal, de esta manera ellas las Hayas, como las llamaban por su apellido paterno, le ayudaban a su padre sostener el hogar.

Pedro Juan, después de obtener el dinero, procedía a comprar la semilla de la mejor calidad a Juan Nazareno, un comerciante del pueblo, contrataba a sus vecino y también campesinos a la modalidad de pago, hoy donde ti, mañana donde mí.

Con el primer aguacero caído, de acuerdo al Almanaque de Bristol, salían bien temprano a sembrar la semilla con la tierra preparada, con un chuzo de palo, cada uno iban sembrando en surcos cinco granos de cada especie y con el pie derecho, cerraban el hueco.

Tres meses después de la siembra procedían a limpiar la maleza de alrededor de cada mata sembrada, hasta esperar la cosecha, el secado del grano y la recolección.

Todas las mañanas salía Pedro Juan a darle vueltas a su sembrado, que pronosticaba dar una buena cosecha y salir de una vez por todas de sus compromisos financieros y vivir la vida al lado de su señora e hijas de una mejor manera.

Notó Pedro Juan, dentro de su sembrado, unas pisadas grandes, que el con su experiencia de campesino, no pudo determinar de qué animal se trataba, al día siguiente fue acompañado de su hermano mayor y, aquí comenzó el dolor de cabeza para los campesinos que habían sembrado al igual que Pedro una hermosa cosecha.

Todos ellos se reunieron en la noche y acordaron colocar trampas artesanales dentro del sembradío y de una vez por todas atrapar a los animales que les querían hacer daño en sus predios.

Cada día eran más y más pisadas de animales, que no podían determinar a ciencia cierta de quien se trataba, si de un tigre, de un león, de un chigüiro, un Saíno o tal vez del conejo cotilino el de la canción de Nucira Machado y su Orquesta.

Las trampas las desarmaban la manada de animales, que cada noche crecían las pisadas, la preocupación era tanta, que mandaron a traer a unos expertos en tiros y los apostaron a la orilla del camino, según la rastra de pisadas de la gran manada desconocida hasta ahora por los campesinos.

Sospechaban de los temidos saínos de monte, bravos con el diente, que ningún tigre felino se atrevía a desafiarlos, no había montañas altas en la zona para pretender cierta la afirmación anterior, era todo un misterio la actitud desafiante de los animales, que ya habían tumbado media hectárea de Maíz biche.

Dos noches y todo transcurría con normalidad, los tiradores no encontraban una razón para estar apostados toda la noche, ojo pelao bebe, sin obtener resultados positivos, y así transcurrieron varios días hasta que en una noche oscura, fueron apareciendo varias lamparitas que alumbraban en la lejanía.

Una Manada de doscientos Saínos se acercaba por el camino real, en dirección a los tiradores, que a tiro de escopeta, veían como los animales le bailaban de un lado hacia otro, hasta agotarles todos los tiros que llevaron para cazarlos.

Solo quedó una estela de pisadas en la tierra, cual de cada una fuera más grande, los tiradores salieron huyendo despavoridos por todo lo que ocurrió en fracciones de minutos y dieron parte a la autoridad, tan asustados estaban que se contradecían en sus declaraciones.

Ya se sospechaba que algún maligno, tenía metida las manos, en no querer que los campesinos de la región salieran adelante, por los hechos anteriores se reunieron con el sacerdote del pueblo y acordaron acorralar a esos animales, crearon las estrategias y todo quedo preparado, entre los campesinos y el sacerdote.

Rodearon la parcela y esperaron a los enemigos, a las tres de la mañana fueron apareciendo la manada de Saínos por el camino real, el único boquete que le dejaron para que entraran. Fueron entrando y haciendo desastres con el maíz, con la yuca y el ajonjolí sembrado y casi a punto de recoger.

Con ellos adentro del cercado dieron la orden de prender los mechones y armados de estacas de mangle comenzó la cacería y a toda voz cantaban:

“El Saíno está en la rosa comiéndose el maíz, hui perro jeje, El Saíno está en la rosa comiéndose el maíz, huii perro jeje”.

La batalla sin escapatoria estaba dando su resultado, estaban acorralados los supuestos Saínos de monte, destructores de la naturaleza, pero hay que sorpresa, cuando los relojes biológicos de los gallos, abrieron su pico y entonaron su melodía de: Kokoroyó, Kokoroyó, Kokoroyó, y cada uno de ellos en sus patios y subidos en un palo de totumo, interrumpieron la batalla campal, en la rosa de Pedro Juan y sus compañeros.

Cada Saíno, fue cambiando su pelaje y, delante de todo el pueblo que se volcó a capturar a los inquietos animales, fueron adquiriendo forma humana, los débiles de mente se privaron, otros con coraje fueron amarrando de manos y pies a los bandidos, que no pudieron escapar como en otras ocasiones, porque esta vez, se los cogió el día y, después de las cuatro de la mañana, la hora no les pertenece.

Sorpresa mayor, al ver transformarse al Saíno Mayor, dueño de las tierras y del dinero que prestaban los campesinos, en años anteriores, en donde su cosecha y su plata se perdieron y él cada día más rico y los campesinos más pobres, que en esta ocasión tuvieron que hipotecarle su casa a la Caja Agraria.

La autoridad competente, ordenó condonarle las deudas anteriores a los campesinos y quitarle las propiedades a el Saíno mayor, que en compañía de sus secuaces fueron encerrados en una celda especial, cinco metros debajo de la superficie de la tierra, alumbrada con mechones a gas, para que no distinguieran la noche con el día, estacas y cruces de palos alrededor, construidas para esa clase de elementos, hacedores del mal.


Todos en el pueblo reunidos en la plaza, entonaban  la canción: “El Saíno está en la rosa, comiéndose el Maíz, hui perro jeje”.,hui perro jeje, hui perro jeje”.

sábado, 29 de noviembre de 2014

LA LOMA DEL GUSTO

LA LOMA DEL GUSTO


Por Francisco Cadrazco Díaz
Escritor Colombiano-Región Caribe

El alto de la mina, por Bosconia Cesar, La loma de la Venera, en Ovejas Sucre y La Loma del Gusto en Loma Seca, San Benito Abad, han sido promontorios de arena y barro rojos que causaron más de un problema a los conductores que por ellas transitaban.

Por la región de la Loma del Gusto, no se podía transitar en horas de la noche, por varios factores negativos, de este y del otro mundo, en especial cuando estaba llovido, era una loma enjabonada, llena de fango y barro rojo, más lisa que resbaladero de caimán.

Esas eran las palabras de miedo y terror que contaba Teocrito Jaraba Meza, un anciano que vivía a tres kilómetros de  la loma y que cuándo llovía, el en su mente un poco desequilibrada, contaba con lujos de detalles lo que veía desde su morada.

Decían los mayores y los menores escuchábamos con miedo y terror de todas las cosas que sucedían en la loma del Gusto, llamada así, por todo el gusto que daba subirla en vehículo y al mismo tiempo bajarla, como decía el cabo Leytón, se me quería salir el corazón, allí la prudencia del conductor era subir la Loma despacio y a 20 R.P.M,  y disgusto de los conductores que tenían que transitar y superar la loma, después de un fuerte aguacero.

También decían los mayores, que allí en la loma, el tigre se comió a una señora que venía para el puesto de salud, con dolores de parto, también decían que allí se reunían los penitentes, en semana santa y que un primo del mono, mató a su mujer y a sus hijos, picoteados con una rula y  muchas cosas más, para llegar o salir del pueblo, cuando caía un fuerte aguacero sobre ella, había que esperar que el Astro rey emitiera sus rayos con toda la potencia.

Teocrito nos contaba en el parque principal del pueblo, cuando venía de su casa cerca a la loma que: Una noche se despertó por el ruido de una nave espacial que se posó en la Loma del Gusto a eso de las once de la noche de un domingo oscuro y bajo la lluvia.

El observó a la nave de donde se bajaron unas personas extrañas, que corrían de un lado a otro de la nave que no apagaba sus luces, bailaban y danzaban alrededor de ella, la empujaban con sus manos, vociferaban y cantaban melodías celestiales, los perros de las fincas cercanas aullaban de terror.

Después de un rato observando, vio a otra nave que se posó en el camino delante de la otra y luego las personas desaparecieron y las dos naves siguieron por tierra con vía al pueblo.

Al día siguiente el mono Jaraba como lo llamaban, se acercó al sitio de la loma y observó unas huellas de zapatos de gigantes, unas huellas de pies, de niños y mujeres, huellas de tigres y panteras, perros y gatos cimarrones, abarcas suela de cauchos, latas de embutidos con letras en japonés y un sinnúmeros de elementos no propios de las tiendas comestibles del pueblo caribeño.

Joselito Abril, un ducho  conductor de esos caminos estaba escuchando el relato del Mono Jaraba, a sabiendas de que el señor estaba Loco, más cuando esa noche en referencia Joselito no se quería acordar ya que él fue el protagonista y responsable de todo lo que en ese sitio de la Loma del Gusto sucedió ese domingo, cosa distinta a lo que narró con lujos de detalles el mono, tan buena la historia que los niños y jóvenes temblaban del miedo.

La verdadera historia contada por Joselito, días después que se enteró que a Teocrito Jaraba Maza, se lo habían llevado para el sanatorio de Turbaco Bolívar, por la perturbación de lo que veía en la Loma del Gusto, siempre que llovía, desde su casa a tres kilómetros distancia.

Esa tarde de Domingo, cuenta Joselito Abril, salió de la capital, con treinta pasajeros conformados por hombres mujeres y niños, además llevaban gallos, gallinas, perros y hasta gatos, iban en la chiva la melón, ya entrada la noche el vehículo presentó fallas mecánicas.

Joselito y su ayudante se orillaron de la carretera y dictaminaron que la guaya del acelerador del vehículo hizo corto circuito y se quemó, perdiendo el vehículo la aceleración y por su puesto la marcha, para desvararse se consiguieron un bejuco y desde la cabina hasta el motor Joselito aceleraba con la mano izquierda y manejaba con la derecha.

Luego se presentó un fuerte aguacero que  preocupó al conductor,  por el paso de la Loma del Gusto, el automotor seguía su camino despacio, hasta que llegó a la Loma y no pudo subir, todos los pasajeros se bajaron y procedieron a empujar el automotor a ver si lograban superar la Loma, bajaron la carga, para quitarle peso, pero fue imposible. Las luces del vehículo daban y encandilaban la casa del Mono Jaraba.

A la hora apareció el único tractor de Marca Ferguson que había comprado el Blanco Pérez para rolear en su finca de pastar Ganado y fue la salvación para la Chiva La Melón y sus pasajeros  el único trasporte público que circulaba por esa vía.

Teocrito Jaraba Meza, se encuentra mejorando de su mente senil, un agricultor que entregó todas sus fuerzas de trabajo para criar a sus 7 hijos, que lo visitaban en el sanatorio, lo mismo hacía Joselito Abril, al cual le tocaba escuchar el relato de los ovnis y los extraterrestres de la Loma del Gusto, en Loma Seca, San Benito Abad, mi querida tierra.


Las tres lomas citadas ya no existen, los protagonistas, tampoco, solo está mi persona, uno de los niños que escuchaba los cuentos de La Loma del Gusto, contados por El Mono Jaraba Meza, hoy, toco madera, con el fin de no acordarme en las noches, de todo lo que decían los mayores, sobre La Loma del Gusto.

sábado, 22 de noviembre de 2014

EL CHIVO MONO
Por Francisco Cadrazco Díaz
Escritor Caribeño Colombiano
 












A Temilda, una joven Wayuu, la dotaron y la casaron con Euclides, le dieron doscientos chivos, veinte collares, cuatro pulseras y diez cadenas de oro de veinticuatro  quilates, más un rancho al lado de la casa de los padres de Euclides, donde se fueron a vivir.

Entre los chivos recibidos por los familiares de Temilda había uno que tenía dos colores en su piel, cascos negros con medias blancas, el resto del cuerpo era Mono, barba larga amonada, ojos café con aureolas azules, bemba larga y caída, cachos grandes alunados.

Por su edad el chivo Mono era el rey de la manada, hasta que llegó a la ranchería de los padres de Temilda y los revolvieron con doscientos chivos que había pastando a cielo abierto en esa ranchería

Le colocaron el nombre del Chivo Mono, porque había otro chivo de color negro con blanco y mandaba en la ranchería.

Tan pronto llegó el chivo mono, el negro lo encaró y le hizo saber quien mandaba allí, el mono que venia del 30, tierra que jurga, no pensaba dejarse ningunear, menos perder el amor de sus hembras de la manada.

Apartó el chivo mono a toda su manada que traía de la otra ranchería, entre ellas a ciento cincuenta y seis hembras paridas que cuidaba celosamente, pero el chivo negro no estaba dispuesto a compartir la manada y se opuso a tal propuesta.

En horas de la tarde los dos chivos tuvieron un pequeño enfrentamiento, donde el chivo negro midió fuerzas con el mono, allí quedaron empatados, a la noche siguiente encerrados en un corral de varetas  y ante la mirada temerosa de la manada, estas dos fieras se tranzaron en pelea, abrieron campo, contaron diez pasos y salieron del punto equidistante al punto cero, en velocidad de  diez kilómetros por hora.

Como resultado del primer choque, al chivo negro se le partió un cacho y al chivo mono se le desfiguraron las dos astas.

En el segundo encuentro seguido del primero, el chivo mono estudio la estrategia de quitarse para siempre al negro que le estorbaba en su manada compuesta por trescientos noventa y nueve chivos, con estrategias de vencedor, miró el corral de varetas y se dirigió hacia donde habían dos postes cerca, cuando el chivo negro venía con ímpetus de embestirlo, el chivo mono le sacó el cuerpo y el chivo negro fue a incrustarse a los dos maderos, donde para sacarlo tuvieron que sacrificarlo.

Reinó el chivo mono durante dos años, en la noche hablaba confidencias con la luna, y aprovechó ese tiempo para multiplicar la cría de ganado caprino, rico en leche y su carne una de las mejores en la sazón caribeña.

Había un inconveniente para el chivo mono, el chivo negro dejó crías, cinco chivos machos en crecimiento y después de dos años, estaban dispuestos a pelear con el chivo mono, vengar la muerte de su padre y uno de ellos sería el rey de la manada.

Una tarde los recogieron a todos de donde estaban pastando, caso inusual porque ellos buscaban el corral de varetas  a las seis de la tarde, fueron clasificándolos y apartándolos de la manada, al primero que sacaron fue al viejo chivo Mono, después siguieron las chivas hembras y viejas, en ese instante el chivo mono se dio cuenta que para su lado solo echaban las hembras más viejas y flacas de tanto parir, cosa que alertó al mono quien pensaba que los iban a sacrificar y vender su carne al mercado de Riohacha.

Después de clasificarlos y apartarlos de la manada, el chivo mono escucho cuando sus dueños en lengua Wayuu dijeron que mañana temprano venían por ellos,  reunió a sus chivas en círculo y en voz baja les contó lo que pasaría con ellos y les planteó la estrategia de fuga, les dibujó en la tierra el camino a seguir y el derribo de la cerca de madera.

Tan pronto el gallo cantó a las nueve de la noche, sigilosamente los animales emprendieron feroz carrera hacia el cercado y lo derribaron, se sacudieron y en carrera de chivos abandonaron la ranchería.

En su camino pasaron por Cuestecita,  el treinta, el molino, San Juan, Patillal, Aguas Blancas, Bosconia, Plato, Zambrano, Córdoba Bolívar, Magangue, Buenavista Galeras, Sincé Sampues, chimú Sahagún la Ye y fueron a dar a la finca  los  Pepinos del hacendado Vinicio Cordero, donde habían unos cuarenta toros negros de lidia en corralejas, unas quinientas vacas pastando, todas de color negro, era evidente que tan pronto se dieran cuenta de su presencia, los echarían a patadas de la hacienda por la fama que tienen de destruir todo lo que encuentren a su paso.

Allí fue cuando el Chivo Mono, cachos malos, pensó en convertirse en ganado al igual que los toros y vacas de la hacienda, se apartó de la manada y habló con su amiga La Luna y esta le concedió su deseo, fue poco a poco cambiando su estructura muscular, después su tamaño, siguió la cara, sus ojos se engrandecieron y se ocultaron un poco, su cornamenta creció defectuosa y su silueta era parecida a un buey por su estatura, y su cara parecida a un chivo, manso, despacioso y dócil, las chivas, se fueron convirtiendo cada una en hermosas vacas de color mono.

Cuando los trabajadores le fueron a dar vueltas al ganado, encontraron a un toro mono, de gran estatura de unos doscientos kilos de peso, de inmediato dieron aviso al dueño de la hacienda y este dio la orden de tenerlos a parte, para entregárselos a su propio dueño, cuando este viniera buscándolos.

Pasaron seis meses y nadie vino por los animales, y ya se acercaba la fecha de lidiar los toros negros en la corraleja de Sahagún Córdoba, un toro de los negros se partió una pata, peleando con otro toro y se descartó para la corraleja, en su remplazo solo estaba el toro cara de Chivo Mono, a quien ajuntaron en la manada.

El dueño de la hacienda dijo que ese toro era como un buey, que solo le serviría para guiar a los toros negros Bravos y manifestó que tan pronto saliera a la corraleja lo enlazaran y lo trajeran de vuelta al toril.

Eran las tres de la tarde del segundo día de toros, cuando sacaron a la corraleja al Chivo Mono, dieron orden de no garrocharlo, solo manta, sonaron las tres bandas de música sabanera y un osado garrochero se quiso lucir, garrochando al Chivo Mono, este se dio vueltas y saco del camino al garrochero y a su caballo.

Todos los presentes se pusieron de pies en los palcos, la algarabía y los gritos, lo mato, lo mató, se confundían con los sonidos de las bandas y los picok debajo de los palcos, el Chivo Mono escarbaba como diciendo quien sigue ahora.

Los enlazadores iban a cumplir su faena de devolverlo al toril y con una seña del dueño del toro que lo dejaran, un mantero se acercó al palco de honor y le dijo al dueño del toro, que lo mantearía por Quinientos mil pesos, el sí del hacendado fue una Sentencia de muerte para el mantero, y así fue cogiendo fama el Chivo Mono.

En todas las corralejas de la costa caribe colombiana, donde se presentaba, había muertos por cornada del famoso toro, a su paso dejó a muchos hogares de la costa enlutados, corneo a más de treinta personas, tenía la inteligencia de abrirse de la corraleja para ver quien caía de los racimos de humanos que se hacían en las varas del ensogado y dar cuenta de ellos.

Murió en los rodeos de la hacienda Quibdó, en el departamento de córdoba, con las luces del día, por eso su aliada la Luna no pudo hacer nada por él.

Dejo El Chivo Mono, una estela de hijos, regados  tanto chivos en las rancherías de la Guajira, como toros criollos de lidia en córdoba y sucre.  


 Temilda y Euclides, dos Indigenas de la Etnia Wayuu, de la Alta Guajira Colombiana, vivieron una vida feliz, sin saber que en la Dote de Matrimonio, venia El Famoso y temido CHIVO MONO.
RESEÑA HISTORICA, DE LA EDUCACION  EN LA REGIÓN CARIBE COLOMBIA, EN EL SIGLO PASADO
Por Francisco Cadrazco Díaz
Escritor Colombiano de la Región Caribe


                                                 Manuel Antonio Carreño Muñoz

Hemos avanzado vertiginosamente en este planeta llamado Tierra, la educación Básica Primaria en especial, dio un vuelco de 180 grados, ahora la educación es integral,padres, alumno y educador, concatenados en todos los aspectos de la educación de sus hijos, con los medios a su alcance y con la fuerza económica del trabajo.

No sé qué método educativo se utilizaba en esa época, mitad del siglo pasado, porque no soy pedagogo, pero lo que si se, es que era una buena educación que se recibía, tan buena que el alumno se graduaba de Básica Primaria y con esas enseñanzas se podía enfrentar al mundo aún no tan globalizado. La garantía, los Cuatro Tomos del Diccionario de Bruño, de la Editorial Bruño de los hermanos de la Salle en Perú, adaptado a la Enseñanza Primaria en Colombia, hasta 1965, la Historia Sagrada y la rígida educación de los valores en casa y el refuerzo de la Urbanidad de Carreño.  La secundaria era privilegiada y estaba en manos de los particulares.

El Manual de Urbanidad y buenas maneras, para uso de la juventud de ambos sexos; en el cual se encontraban las principales reglas de civilidad y etiqueta que deben observarse en las diversas situaciones Sociales; precedidas de un breve tratado sobre los deberes morales del hombre. El Manual de Carreño es un libro escrito en 1853 por el político, diplomático, músico y escritor venezolano Caraqueño, Manuel Antonio Carreño Muñoz.

LAS MATEMÁTICAS BÁSICAS para la vida, aprendidas de memoria y sustentadas en el salón de clases, bajo la presión de la regla de madera y el perrero del director; las cuatro tablas, suma resta multiplicación y división, quebrados, las medidas; La hectárea, La vara, la Fanega, el Cuarterón, el  pies, La Yarda, el kilómetro, litro, hectolitro, mililitros, gramos, miligramos, decimas, centésimas, el millar, la arroba, el kilo, el quintal, seguía la materia de Geometría; triangulo, rectángulo, obtuso, equisoceles, escaleno, cubo, hexágono, decaedro, dodecaedro, octágono, línea, horizontal, vertical oblicua, había que dibujarlos y colorearlos.

LA URBANIDAD DE CARREÑO: Los Valores en Familia, en reunión particular, el respeto hacia los demás, en especial a los mayores, quienes tenían la orden de corregir al joven si estaba haciendo cosas fuera de lo normal, con un recado a los padres del porque lo corrigió, la honra, la palabra empeñada, la puntualidad, la reunión a comer en la mesa, los modales para sentarse, para dirigirse a los demás, porque aunque ustedes no lo crean, habían muchas personas cultas que imponían la educación.

SEGUIMOS CON LA EDUCACIÓN RELIGIOSA, a cargo de los sacerdotes españoles, el libro de religión contenía, La creación del mundo, las tablas de Moisés o los diez mandamientos, Abraham, David y Goliat, El Patriarca Job, La historia de Jacob y las doce tribus, Moisés y la liberación del pueblo israelita y la travesía del mar rojo. La travesía de la calle principal de los sacerdotes a desayunar, almorzar y cenar en el comedor de las monjas, las novicias en fila hacia la iglesia a oír la santa misa, el sermón del cura, el sermón de las doce palabras en semana santa, el lavatorio de los pies a los alumnos de la primaria con los malos olores y las medias rotas, el cirio pascual y la misa del gallo a media noche.

CONTINUAMOS CON LA GEOGRAFÍA;

África, Asia, Américas y Oceanía
Mares, ríos, volcanes, lagunas, ensenadas, golfos y quebradas, pozas, charcas, acantilados, caminos y veredas, carreteable y carreteras, vía férreas, vías fluviales, caseríos, corregimientos, intendencias y comisarias, municipios departamentos y regiones. 

Todos dibujados y coloreados, además sustentados ante los demás alumnos y el profesor. 

Nos aprendíamos de memoria todas las capitales del mundo, dibujábamos los mapas.

HISTORIA POLÍTICA DE COLOMBIA:

Arrancamos con los españoles descubridores de américa del sur, seguíamos con los criollos criollos, los revolucionarios como Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Palacios de Aguirre, Francisco de Paula Santander y Omaña, el hombre de las leyes y fue al primero que el Presiente Simón Bolívar, mandó a poner preso, porque violo su propia Ley, El mariscal Antonio José Francisco de Sucre y Alcalá, El General José María Cordova Muñoz, Francisco José de Caldas y Tenorio, (el Sabio), Sebastián Francisco de Miranda y Rodríguez (Caraqueño), Capitán Antonio Clemente José María Bernabé Ricaurte Lozano (Villa de Leyva Boyacá), en San Mateo, en átomos volando, la Policarpa Salavarrieta Ríos, Galán José Antonio.

El discurso del 20 de Julio y la pelea por el florero entre un español y un criollo, montado en un taburete de cuero y a memoria, la profesora soplaba si uno se equivocaba o se les olvidaba el discurso por miedo a todas las autoridades municipales presentes.
Además había que personalizar a cada uno de estos próceres de la independencia con bigotes y toda la indumentaria.

Los adultos bebiendo ron con un grado de alcohol, superior al del Senador Merlano, vociferando “Que viva el partido Liberal” y el otro le respondía, “Que viva el partido conservador”, por las calles destapadas y llenas de minas que dejaban los cerdos en horas tempranas, hecho que provocaban frases salidas de tono en los mayores y que nosotros los niños y jóvenes no podíamos repetir.

SEGUIMOS CON LA CIENCIAS NATURALES.

La Naturaleza, el paisaje, las aves, los animales, los reptiles, los peces, el agua, el aire, el mar, el ciclo de la lluvia, las cuatro estaciones, verano, invierno, primavera y otoño, la salida del sol por el oriente y se oculta por el  poniente, ese hermoso sol nos daba la hora exacta con solo mirarlo, la luna y sus cuatro fases, la orientación de los cuatro puntos cardinales, Norte, Sur, Este y Oeste.

El almanaque de Bristol, marcaba el tiempo de la se siembra, tiempo de pesca, día de motilarse, cuando cortar un árbol, cuando recoger las cosechas.

Del Sacerdote botánico José Celestino Mutis y Bosio, nacido en Cádiz, de su libro “El Arcano de la Quina" se aprendían a recetar plantas vegetales medicinales, en especial a los niños, los purgantes vegetales como la leche de higuerón, el malambo para la malaria, , árnica y arará, para los golpes y porrazos de la vida,  la verbena machucada, no bailada, la altamisa, sábila, pitajaya para la buena digestión y seguía el libro de ciencias ilustrándonos para la vida, de esta materia salieron muchos curiosos que iban de pueblo en pueblo curando personas, después de un buen conocimiento sobre plantas.

Todas estas pequeñas y valoradas cosas, las aprendimos en esa época de la vida, donde las oportunidades eran pocas, más cuando estábamos tan lejos de la civilización, donde solo llegaba el periódico El Campesino, que vendía un joven sin camisas y a pie descalzo por las cuatro calles que tenía el pueblo, cada periódico costaba V centavos.

A pesar de los metodos que no eran los mas adecuados, los jovenes de la época tenían una característica, y es que mostraban su nivel de aprendizaje en la vida laboral. Era notorio el nivel de estudio realizado.



viernes, 14 de noviembre de 2014

A HACHA Y MACHETE

A HACHA Y MACHETE
Por Francisco Cadrazco Díaz
Escritor Colombiano















Una cuadrilla de 20 hombres fuertes, acostumbrados a tumbar montañas enmarañadas de árboles que median hasta veinticinco metros de altura, en una extensión de cincuenta fanegadas a la redonda, habitad de Micos Monos, Arditas, tigres y gatos de monte, y toda clase de aves de rapiñas, amén de los réptiles y los enjambres de avispas y paracos.

Pompilio (Pompi), para sus allegados, era el contratista y el que le media 1/2 hectárea a cada uno de los leñadores, para tumbar en un día, hombres duchos en el corte de la madera, una de las más finas y bien paga  en el mercado, para convertirlas en un barco, una hermosa cama, unas lujosas puertas, una carrocería para vehículos pesados, en puentes y otras actividades, que para el dueño de la madera era un negocio redondo.

Cada trabajador alistaba su hacha y su machete en horas de la noche y a las cuatro y media de la mañana salían del pueblo en burros o a caballo con rumbo a las montañas, acompañados de sus mejores perros para la casa de animales que al escuchar el sonido del hacha y el guapirrero típico de los hombres, dándose ánimo para sacar la difícil tarea de tumbar montañas de árboles madereros, salían despavoridos y eran presa fácil de los perros.

En la cuadrilla, se destacaban varios hombres a quienes les tenían fama, tanto en el corte del árbol, como en su rapidez para sacarse la tarea impuesta por Pompi, entre ellos “El Parie”, era de admirar en esa época un corte perfecto, métrico, lineal y nivelado en que quedaba en el tronco, de a dos por árbol, las hachas iban haciendo el corte de la madera en una melodía del pum, pam, pam pum, después caía el pesado madero, que arrastraba a su poso  todo ser viviente y como un ser inerte se desplomaba en la madre tierra, golpeándose su tallo en donde anidaban la guarupendola, el toche y el nido de golero pichón.

El primer árbol en caer, su tronco de uno con cincuenta de alto por dos metros de ancho, se convertía en un hermoso reloj, que el sol y la luna se encargaban  de dar la hora. Después que Pompilio le adecuara dos estacas en la parte superior.

Un bangaño lleno de agua, tres panelas de hoja, cincuenta tabacos, las cerillas para encender el fuego, sal, cucharas y totumas, hacha y machete y un cabo de madera de repuesto por si se partía el del hacha y la contra para la picada de insectos ponzoñosos  y mordida de culebras, eran las provisiones que cargaban en la pesada mochila de fique cada uno de los trabajadores que se dedicaban a tumbar montañas.

El Parie, era un hombre de baja estatura, musculoso y bien formado debido a su oficio, de pulso firme, manos grandes y callosas, pulseador de profesión, miembro de una numerosa familia que llego a ese pueblo a echar raíces, largas y profundas, no había una criatura en este mundo que le ganara en el arte del pulseo de brazos y muñeca, con su fama cargaba el remoquete de tener en sus vise una docena de niños en cruces o angelitos, que lo ayudaban a bajar madera y dejar a sus compañeros rezagados, cuando querían ser las once y treinta del medio día, ya El Parie, se encontraba debajo de una mata de uvero, echándose fresco con su sombrero alón.

Era exagerado para comer, siempre su sarapa, era al doble que los demás trabajadores, Pompi, su primo hermano y uno de los mayores de la cuadrilla, daba la orden de servirle bien la comida al parie, él sabía que ese hombre forzudo y echado para adelante, le rendía en el trabajo y sus ganancias eran altas.

Uno de esos días de jornada de trabajo, en horas de la tarde, El Parie terminó su jornada bien temprano, ayudó a su tío a sacar la tarea y como de costumbre buscó una mata frondosa y se fumó un tabaco negro, se bebió un bangaño de agua de los dos que cargaba a cuestas y se echó a dormir.

La cuadrilla, cada uno de ellos fue recogiendo sus aperos y se marcharon a casa, sin darse cuenta que El Parie no iba con ellos, lo echaron de menos, pensaron que ya estaba en casa, como lo hacía cuando terminaba su jornada.

Se despertó El Parie, con el roncar de un tigre pintado que venía hacia el a unos diez metros de distancia, se encontraba rodeado de toda clase de animales y aves que pastaban en la montaña que habían tumbado durante el día.

Preparado “El Parie”, con sus secretos para pelear, en guardia, mirando de reojos al enemigo, que a cada minuto eran más y más, comenzaron a dar vueltas en circunferencia, lo mismo hacia El Parie, hasta que en forma de remolino lo envolvieron y lo sacaron a un sitio abierto, carente de vegetación.

El tigre pintado, le habló, manifestándole que le iban a hacer un juicio de responsabilidad por los daños ecológicos causados en su habitad. Palabras que ripostó El Parie, alegando que él no era el responsable, solo era un trabajador jornalero al igual que la demás cuadrilla, le preguntaron quién era el dueño de la hacienda maderera, al que no le perdonarían de haber tumbado la centenaria montaña. El Súper hombre apostó a que si se lo ganaban en la pelea, ellos dispondrían de la vida de él, en caso contrario él se comprometería a restablecer la montaña, tumbada a hacha y machete el día anterior,

Amararon de pies y mano a El Parie, quien ya tenía su estrategia de defensa, acompañado de los doce niños en cruces, que uno por uno fueron apareciendo en la escena, convirtiéndose en doce tigres, más grandes que los que estaban juzgando a El Parie.

Trenzándose en una pelea feroz, que recorrió terreno, tumbo montañas, tanto así, que al día siguiente cuando la escuadra llegó al sitio de trabajo, todos los arboles estaban en tierra, solo estaba el parie debajo del árbol de uvero, echándose fresco con su sombrero alón y riéndose, no portaba el súper hombre ningún rasguño, una nube de arena daba vuelta en el firmamento, esa arena se alzó en la trifulca de anoche, en espera de una orden del parie para caer en forma de agua al medio día, con el fin de refrescar la tierra.

Diez tigres enjaulados, cincuenta culebras mapaná rabo seco, veinte pichones de goleros, cinco nidos de toche y guarupendola, quince conejos blancos y tres docenas de torcazas, en espera de que llegaran los protectores de animales para conservar la especie, había rescatado el súper hombre, después de ganarle la pelea a los tigres y monos, que lucharon a fuerza y no le ganaron, victorioso el Súper, cumplió su promesa.

Al medio día cayó sobre la montaña un fuerte aguacero que duró dos días, las pozas o jagüeyes se llenaron, los pescados corrieron raudos por los caudales de los ríos, al dueño de la hacienda se le ahogaron todo el ganado que pastaba en los playones donde se habían tumbado las montañas.

La vegetación, broto de la tierra mojada, los arboles crecieron, en sus ramas, se posaron miles de aves, cantó el mochuelo, la pava congona, rugió el tigre pintado de la montaña, el rey golero se posó en el copito de un árbol, taladró la madera el pájaro carpintero, aullaron los monos colorados, las culebras se arrastraban por dentro de la montaña, torcazas y codornices hacían sus nidos en las ramas de los árboles, cantaba la guacamaya, el loro manglero, la guacharaca y la codorniz.

Los animales enjaulados fueron puestos en libertad, el Bejuco Martin Moreno creció silvestre y permitió hacer dos millares de balay, para cernir el arroz y el maíz,  amarrar las corralejas y trenzarlos para tocar las enormes campanas españolas de la iglesia de mi pueblo.

La cuadrilla, exaltó a El Parie por su hazaña, la noche anterior, contada en medio del torrencial aguacero y desde ese momento, sus compañeros comprendieron que el súper hombre tenía grandes poderes y se podía comunicar con los animales y las aves de la montaña centenaria. No se taló más un árbol y el hacendado repartió las tierras y sus bienes entre los hombres de la cuadrilla, acosado por los animales que lo perseguían día y noche.

Se silenciaron las hachas y los machetes, con que se tumbaban las montañas de árboles madereros, desde entonces la cuadrilla de trabajadores aventajados en ese oficio se dedican a sembrar y recoger cosechas y a pescar para su subsistencia.