domingo, 3 de enero de 2016

TENGAN CUIDADO CON LA COMADREJA

TENGAN CUIDADO CON LA COMADREJA
Por Francisco Cadrazco Díaz

Escritor Colombiano Región Caribe.


Se secaron las playas de agua dulce del gran río que nace en el nudo de Paramillo, se cerraron los chorros por donde la corriente del río mayor fluía sus aguas e invadía territorios de su hermano menor, tiempo de verano época propicia para improvisar canchas de juegos, donde el agua un día formaba remolinos y llevaba en sus espaldas taruya y tapones criaderos de culebras y nido de las famosas hormigas viajeras llamadas candelillas o ají molido.

Allí venia la Comadreja con sus crías, cabeza levantada parada en sus dos patas, pendiente a los enemigas que viajaban en el gran tapón que se desprendió por allá por las altas cordilleras afluentes del gran río.

Al llegar el río a la curva de la boca de la metra el tapón se desvió y fue a parar a una de las doce ensenadas o playas de la gran Villa, se estacionó a dos kilómetros de distancia del puerto comercial, todos los animales abandonaron su hábitat, menos la Comadreja, esperó que David estacionara su canoa grande y pesada, que duraría allí todo el verano. Cinco meses para después ponerla en circulación comercial y cargarla con plátanos, panelas, yuca, ajonjolí, maíz y arroz, sacado de las plantaciones de rabón, la sierpe, Cecilia y Ayapel.

En tiempo de abundancia, cuando los campesinos sembraban y recogían cosechas, la depositaban debajo del techo de sus casas para esperar el tiempo de invierno, sin saber que un roedor les iba a causar daño.

Ya instalada la Comadreja debajo de la canoa de David, un animal netamente recolector, con sus garras cavó un hueco de cinco metros y conformó su madriguera, de allí salía a buscar alimento para su gran familia.

La señora Josefina, surtía su tienda todos los sábados y ya para el día lunes la veía un poco vaciada de productos, a Joche el carnicero se le perdía una pata de la vaca en un descuido, a mañe le subsionaban el cántaro de leche y la medida no daba, los pescados que asoleaban las hermanas pierris, en el patio de su casa, le faltaban cien bocachico, al sacerdote se le perdían las hostias sin consagrar, a pocho le sacaban la yuca debajo de la mata y no le dejaban huellas, al joyero se le pedían anillos, cadenas y sortijas que mandaban a arreglar.

La gente estaba muy preocupada por lo que les estaba sucediendo, el malamañoso de enriquito no estaba en el pueblo, se había ido para Venezuela, así que no había a quien echarle las culpas de todo lo que se perdía.

A los pocos meses comenzó a llover para el interior del país y el gran río se fue creciendo, lo mismo hizo el hermano menor y sus aguas se juntaron y desbordaron hacia los pueblos ribereños, la Comadreja olio en el ambiente un aire fresco y mojado y se alertó, comenzó a subir a la canoa de David, todo lo depositado en su madriguera, tanto así que la gran canoa se llenó.

La Comadreja dio órdenes a su cría y partieron sin rumbo conocido dejando una estela de desastre ambiental a su paso, parecía un huracán de invierno, en verano.

La sorpresa que se llevó el comerciante David, cuando en compañía de varios amigos y vecinos fue a desencallar su canoa y la encontraron llena de todos los elementos perdidos durante el verano en la gran Villa.

De inmediato dieron aviso a las autoridades del pueblo y a la media hora pasaron a David, sin Goliat, esposado sin su esposa para el calabozo, en espera de resolverle su situación, acusado de robo continuado, con una lista de artículos incluyendo las polleras pollerines, enaguas y morunos de las mujeres del pueblo, los investigadores del caso encontraron vestigios de una gran cantidad de animales, roedores y concluyeron la investigación, así:

Aunque no se comprueba que animal se sustrajo parte de los elementos hallados, recurrimos a la mente y concluimos que esa si puede arrear todo lo que pasa por ella, por muy grande o pesado que sea lo transportado.

Por lo anterior se le devuelve la reputación al señor David, pidiéndoles disculpas públicas por el daño causado en su moral, también se le entrega su canoa con todos los elementos encontrados en ella, dándole la oportunidad de citar al pueblo para que cada persona reconociera y recuperara sus elementos, solo falta por recoger las prendas íntimas.

La Canoa de David fue removida por el agua de la ensenada y allí en el hueco donde la comadreja vivió por espacio de cinco meses, se forma un remolino que todo el que pasa por él, se desaparece, el último en desaparecer fue el Pipe, de allí en adelante a ese enorme remolino en mitad del gran río San Jorge, hermano menor del Cauca, le llaman “El remolino de la Pipa”.

Moraleja: Tengan cuidado con las Comadrejas.


sábado, 12 de diciembre de 2015

¿QUE SE HIZO EL VENADO, EL SAÍNO Y LA GUARTINAJA?

¿QUE SE HIZO EL VENADO, EL SAÍNO Y LA GUARTINAJA?
Por Francisco Cadrazco Díaz
Escritor Colombiano – Región Caribe
  

                                 GUARTINAJA             

SAÍNO

En un lugar de nuestra geografía patria, donde abundaban los animales de montañas, se citaron: El Venado, el Saíno y la Guartinaja, trabajo que les costó llegar a ese sitio con el fin de hablar de su pasado, de su vida y la suerte que han corrido los que ya no tienen voz ni voto dentro del conglomerado de animales.

Ellos decían en su lenguaje no verbal que se están  acabando sus generaciones, que ya la Luna y el Sol no rigen su destino, el almanaque Bristol se volvió embustero, el agua no cae del cielo, sus alimentos como la yuca, el maíz y la malanga se escasean, ahora siembran es yuca amarga, los ríos, arroyos y riachuelos están secos, los cultivos de alimentos los cambiaron por unas matas que no son alimento para el cuerpo, menos para el alma, que loa humanos se trasladaron para sus coordenadas, donde hacían su vida más llevadera y para mal, las quemas son descontroladas.

Ahora no tienen donde criar a sus hijos y se han tenido que refugiar montañas arriba, allá donde el sol está más cerca, decía el Venado que en siglos atrás reinaba y caminaba con elegancia, saltaban de una ceja a otra en presencia de los campesinos, se exhibía delante de los otros animales y paseaba a su gran familia por valles y praderas, había una jerarquía dentro de los suyos y se respetaban las normas internas y externas, cada quien hacia su labor para lo cual mi Dios los trajo a este mundo llamado tierra.

El Saíno manifestaba que se están muriendo de hambre y sed, ya el humano no siembra, ya no hay abundancia, han tenido que alimentarse de la raíz de los arboles madereros para poder subsistir, vea decía, antes servíamos hasta para mascotas de la casa de los patrones, para que sus niños nos alimentaran con un biberón, dormíamos entre sus cobijas, ahora en esta época, vamos a parar a una olla hirviendo con condimentos adentro y luego cuando estamos muertos es que nos echan la yuca, el mejor alimento que teníamos.

En esos instantes, el Venado para sus dos orejas y escucha el pisar fuerte y crujir de las varusas secas, la Guartinaja le dice, no se preocupe señor, es que invité a un humano amigo de los animales y la naturaleza, es el compae Sico, el será el vocero ante el mundo de todo lo que nos está sucediendo en este planeta.

Caramba mana Guartinaja, si esta reunión era secreta, que tal que el compae ese venga con una escopeta y nos elimine a los tres, ella, la Guartinaja le contestó a el Venado, ese tipo no carga escopeta, de pronto una libreta de apuntes y un bolígrafo, el utiliza la mente y la razón. 

Vea tuve que dar varias vueltas y hacer un estudio de seguridad al sitio para no cometer errores, de pronto mano Guillo venía siguiéndome con su escopeta de dos cañones, tiro dieciséis, él sabía que a mí no me gusta que maltraten a los animales, menos los que están en vía de no existir.

Hice mi aparición en el cayo de matas donde estaban reunidos los tres animales, mi mente recordó enseguida cuando solo era un niño y me acercaba donde los mayores estaban jugando siglo, arrancón, dominó y cucurubá, uno de ellos el mas gruñón me miraba a medio lado con su ojo izquierdo y decía. Quítate de allí Cubita, ya viniste a salarme más de lo que estoy, refiriéndose a que iba perdiendo por no utilizar la inteligencia, que culpa tenía mi persona.

Fui recibido por los tres animales exóticos, no todo el mundo los conoce personalmente, me saludaron y cada uno fue exponiendo su punto de vista valido de todo lo que les está sucediendo, el que más habló fue el Venado, por ultimo manifestó que se ha quedado hasta sin cachos, para no enredarse con cualquier mata de bejuco, menos con una llamada Martina Moreno, y me recomendó no mostrarlo en fotos.

Para decirles la verdad mis queridos lectores, a esos tres animales los vi muy flacos y desnutridos, que será de sus hijos que se están muriendo de hambre, en una región tan rica como la nuestra, no hay derecho.

La Guartinaja, me miraba como ya les dije y por último se dirigió a mí persona y dijo: Vea compae Sico, yo sé que usted hace los miles de esfuerzos en sus cuentos, para librarnos de la mano depredadora de sus colegas humanos, pero a usted también lo he visto en el mercado de Sincelejo, en el restaurante de la niña Ana, pidiendo Guartinaja Guisada con arroz con coco y agua de panela con naranja agria y cubitos de hielo y lo peor del caso es que nos adoba con ají picante.

No me quedó escapatoria que cambiar la conversación y manifestarle a esos tres animales hermosos que me comprometía a divulgar su mensaje por este medio de comunicación.


¿QUE SE HIZO EL VENADO, EL SAÍNO Y LA GUARTINAJA?.

domingo, 6 de diciembre de 2015

LAS LOMBRICES GIGANTES DE “LA BOMBA” EN LA PLACITA

LAS LOMBRICES GIGANTES DE “LA BOMBA” EN LA PLACITA
Por Francisco Cadrazco Díaz
Escritor Colombiano-Región Caribe


En el centro de la placita de mi pueblo había una vieja bomba de sacar agua subsionada con una manigueta de hierro, que en una época funcionó, antes de que llegara a mí el uso y la razón, era un muro de cemento  cuadrado de unos 60x60cms, con un tubo de hierro de tres pulgadas en el centro cortado y achatado en su punta, eso conocimos los muchachos de esos hermosos años cincuenta del siglo pasado.

Esa plaza de un kilómetro cuadrado, rodeado de casas, entre ellas las de mis padres de crianza, allí jugaban los jóvenes en las tardes y los fines de semana, mi persona no participaba de esos juegos de patear balón, porque mi padre de crianza, tío y abuelo no me lo permitía, para que nadie me hiciera daño.

Allí, a las cinco de la mañana, las aves de corral, gallinas, pavos, patos, las cocadas chelecas, los gallos finos, las palomas tierreritas y las torcazas, después de tirarse del palo de totumo, se reunían a comer grillos, gusanos, lombrices, y culebrillas, una mañana entre oscuro y claro a unos treinta minutos de la salida del astro rey, en esa famosa placita del barrio el Prado, se formó tremenda jarana entre esas aves.

Sucede que la gallina jabada sacó de las profundidades de la tierra mojada después de un fuerte aguacero esa noche una lombriz, el gallo basto Augusto y el pavo, acudieron al llamado de la gallina para que le ayudaran a sacar tremenda lombriz de dos metros y una cuarta, que con ella alimentaria a sus doce polluelos de cinco días de haber salido del cascaron de calcio.

Las cocadas que siempre andas juntas y caen en manadas a pelear cualquier alimento, al notar la victoria de la gallina jabada, cayeron en gavilla y se llevaron la presa  que con tanto esfuerzo habían sacado y en un tono burlón le dijeron que siguiera sacando más lombrices.
Augusto un gallo robusto, bien alimentado, con mucha fuerza cuello en alto, de buena raza, de descendencia pastusa o boyacense  por su cuello rojo, tomó el mando de las aves y le quitaron la lombriz gigante a las cocadas que pidieron refuerzos y llegaron las Chelecas con sus ojos rojos y se formó la jarana.

Cuando se vieron apuradas porque las demás aves le exigían devolver la lombriz a la gallina jabada, salieron diciendo que solo era una chanza, una burla,  tiempo que aprovechó la lombriz y se contorsionó, encontró un hueco y en menos de un segundo estaba en el fondo del pozo de la placita, refrescándose con agua cristalina de más de un siglo atrapada en ese pozo.

Tan pronto se le enfrío el cuerpo a la lombriz comenzó a crecer a engruesar y en menos de quince minutos ya media siete  varas y media y comenzó a subir de las profundidades del pozo, abrió boca y uno por uno fue jalando a las aves y los animales que estaban protagonizando la jarana en la placita de mi pueblo.

Joche el leñador hacia su arribo en su burro blanco barriga negra, le tocaba atravesar la placita de cabo a rabo, se sorprendió al ver tanto animal reunido a esa hora y solo alcanzó a decir, que pasaría aquí, fue cuando el tigre que tenía medio cuerpo afuera y el resto lo tenía la lombriz en su vientre dijo, vea mano Joche menos mal que usted llegó, sáqueme de aquí, pero el tigre no se acordaba que él le había matado la burra mojina que Joche tenia esperando un pollinito.

Epaaa, así te quería coger mano tigre, aquí es donde me las vas a pagar, se bajó Joche del burro, cogió un cáñamo de guácimo trenzado de cinco metros y se lo amarro al medio tigre por el cuello y el resto de animales que quedaban vivos jalaron y jalaron, pero el tigre seguía en el mismo lugar, la que iba saliendo era la gran lombriz, ya llevaba medio cuerpo afuera del pozo, ya mano Joche en su mente tenia vendido el cuero del tigre, para hacer un maletín ejecutivo, o un par de Zapatos.

En esas llegó el Pavo Real, preguntando qué había pasado allí, el Conejo que estaba ansioso de participar, pero el gallo fino no lo  dejaba, le contó con lujos de detalles, lo que él a su modo vio.

Vea Mr. Pavo, lo que paso es que esa lombriz gigante salió del pozo se tragó a las aves que comían grillos y gusanos, entonces vinieron los animales a rescatarlas, pero como el tigre no es amigo de ninguno de nosotros lo elegimos para defendernos, con tan mala suerte que se descuidó cuando mano burro apareció en la escena, la lombriz gigante lo cogió por las dos patas traseras y mire por donde lo lleva.

El Pavo real se fue llenando de rabia, abrió su paragua, emitió su sonido de canto y la gran lombriz botó a todos los animales que tenía en su vientre, se encogió y desapareció en las profundidades del pozo “La Bomba” de la placita, allí se encuentra en compañía de una gran cantidad de lombrices gigantes, que en las noches salen a comer insectos, pavos, gallinas, patos, por eso es que se han desaparecido esas aves de la placita, eso le dijo el Conejo a el Pavo Real, no se sabe si él le creyó porque ese Conejo es majadero.

Allí en ese mismo sitio de la Jarana de aves y animales y a la misma hora, en otro amanecer, después de un fuerte aguacero Joche el leñador se encontró un pescado vivo, tirando sus últimos aletazos de vida, dicen que la nube se lo trago cuando bebía agua del río san Jorge y después lo tiró con la lluvia, también dicen que el Lalo, venia de pescar y se le cayó el bocachico de la ensarta que traía, eso también le dijo tío Conejo a tío Pavo Real, no se sabe si él le creyó, mi persona está seguro que todo lo contado en la bomba de la placita, en la Jarana de aves, es verdad.


Allí, en la bomba de la placita habitan las Lombrices Gigantes, porque las ilusiones y fantasías de un niño, perduran en la mente humana.

sábado, 21 de noviembre de 2015

SOLO POR UNA LIBRA DE ARROZ.

SOLO POR UNA LIBRA DE ARROZ. 
Por Francisco Cadrazco Díaz.
Escritor Colombiano Región Caribe.

Anoche salí a comprar una libra de arroz, en la tienda más cercana, estaba  muy llena y me pase para la otra al frente, allí no había arroz, entonces decidí irme para un barrio cercano, pero allí habían unas líneas imaginarias que como mi hermano Ernesto, no se ven, tan pronto llegue a la tienda, el dueño me dijo, tu no eres de por acá, ¿cómo llegaste?, le conteste: bien, no encontré inconvenientes en el camino, ahora estoy pensando la salida.

Me despacharon la libra de arroz y cogí calle, tenía que pasar por obligación por una zanja de arroyo, me persigné como buen Católico y bajé, en ese sitio me salió un muchacho como de quince años, peló una navaja pequeña de color rojo y me quedó mirando fijamente, le dije no llevo nada, solo una libra de arroz en esta bolsita, me miró el bolsillo y le dije las llaves de la casa, giró la cabeza y con el ceño fruncido me dio a entender que el bolsillo trasero, allí llevo la cartera con papeles del seguro social y la cédula de ciudadanía Colombiana.

Lo extraño era que no me hablaba y entonces entendí que era un atracador mudo, le dije si me sacas de aquí te recompenso con un billete de a $50.000.oo pesos que tengo guardado en la casa para los pasajes cuando salgo.

Me hizo seña que caminara adelante, así lo hice, cuando ya habíamos traspasado la zanja, salieron ocho muchachos más, unos morenos, otros de piel clara y noté que todos habían sido mis compañeros de estudios primarios, uno de ellos me dijo Hola Cubita, le conteste que hubo Toño, como estás, los otros miraron a Toño y le hicieron señas a que me atracaran.

Les dije, caramba muchachos años sin vernos, Manolo me miró y dijo, que haces tú por acá, este no es tu barrio, le contesté vine a comprar una libra de arroz en la tienda de Abigaíl, porque por allá hay es un poco de cachacos que venden caro y despachan poquito.

Marco el más pleitisco de los ocho que habían allí más el mudo que se abrió de la reunión o encerrona en que me tenían dijo: Te acuerdas de las que nos hiciste en la poza el Cantil, que te llevaste la ropa y nos dejaste en cueros y hasta ahora apareces, contesté, hombre muchachos eso hace muchos años, ya somos bien adultos y además somos amigos, no veo ninguna diferencia entre ustedes y mi persona.

Se reunieron e hicieron un circulo y deliberaron mi suerte, momento que aproveché  y di un salto, me apoyé en la punta de los pies y salí volando como una bala, eso le pedí a mi Dios, que me diera alas para salir de ese sitio, cogí camino y me volví invisible, sin embargo los malandros me seguían de cerca.

Llegue a una finca cercana y me quedé en el techo, después pase a una segunda casa, donde había una mujer recién parida, la salude y le comente que me venían persiguiendo unos muchachos del barrio contiguo, ella me dijo, lo mejor es que se vaya porque ellos no se gustan con los de acá y se va a formar una guerra campal y no sé cómo irá a salir librado usted.

A poco rato ya venían, era una turba de muchachos entre los quince y veintiún años, todos armados con revolver y navajas, palos y piedras, como si buscaran a un delincuente, miré un pozo calicanto y me tire de cabezas a sus profundidades, toqué fondo y salí por un lado del ultimo anillo de cemento, me quede allí abajo al lado del tanque, escuchando a los malandros que decían que yo había traspasado sus líneas imaginarias y que tenía que pagar con mi vida.

En ese trance, escuché una voz masculina que me dijo sal de allí y vuela lo más alto que puedas que yo te cubro, esa voz era amigable y  protectora, me impulse y nuevamente salí como una bala, abriéndome camino sobre la tierra, al salir a la superficie causé una explosión que en pocos segundos se volvió candela y comenzaron a arder cientos de taxis amarillos que estaban dentro de un parqueadero.

Como me lastime un brazo, el izquierdo, la voz que me acompañaba me dijo sóbate el brazo que ya estas sano. Así lo hice y les puedo jurar que al día siguiente en la realidad de la vida y no en esa desagradable pesadilla de la Libra de Arroz, el brazo está completamente sano, ahora voy a cancelar la cita que tenía con el médico Ortopedista,  me deshice de los malandrines de barrios que tienen al sur de la ciudad acosado con sus líneas imaginarias, que ya no se puede entrar a ellos a visitar a los amigos que un día dejamos allá.

Después de referirle a mi esposa este cuento, me dijo, no es la primera vez que a ti te sucede esto, eso te pasa por levantarte de la cama que compartimos hace treinta años, para ir a la calle a buscar el peligro, una noche de estás no vas a poder volar y salir como una bala y te van a azar. SOLO POR UNA LIBRA DE ARROZ.


domingo, 15 de noviembre de 2015

AL SON DE LAS MANOS DE UN PILÓN

AL SON DE LAS MANOS DE UN PILÓN
Por Francisco Cadrazco Díaz
Escritor Colombiano – Región Caribe




Vereda arriba de las montañas Barrieras, las únicas existentes en el bajo San Jorge y las más cercas a mi pueblo, después del corcovado en las Serranías de San Lucas al sur, al sur de Bolívar, era común escuchar el sonido del pilón, cuando dos poderosos brazos machacaban la espiga de arroz para que bote el grano. Una hermosa sinfonía de Beethoven, para aquellos oídos que captan la música desde el silbido de un grillo.

Mano Pello era un hombre de música, integrante de la vieja banda de vientos de mi pueblo, por allá repuntando la segunda década del siglo pasado, además era compositor de bellas melodías que le sacaba al cantar de los pájaros y aves silvestres.

Esporádicamente en horas de las mañanas pasaba por la casa de su hermano Yeyo, montado en su burro mojino, silvando  y silvando melodías no conocidas y que no dejaba conocer hasta que los clarinetes, las trompetas y el rey bombardino en su sones  liricos melodiosos les dejaba salir el aire caliente, después que los émbolos de los instrumentos las convirtieran en música.

De regreso de la montaña entre oscuro y claro, Mano Pello, con su oído fino a la distancia escuchó un pun pun pun y después escuchaba un pon pon pon y luego le cambiaban la melodía, pon pon pon y le contestaban pen pen pen, agudizo el oído izquierdo y colocó el punto del telescopio en cero y escuchó en esa dirección.

Y como el hombre empedernido con el ron, dio rienda izquierda a su burro moro y se encamino a esa dirección, cual sorpresa se llevó que en la parcela de Antolín habían dos hermosa mujeres fornidas de la etnia Zenu, dándole mano a unas espigas de arroz dentro de un pilón de madera de tolúa roja. Pello escuchó esa melodía del:

“Pun, pun , pun – pon pon pon – pon pon pon – pen pen pen, en ese instante cantó un grillo: fli, fli, fli, fli, fli, pasó la lechuza y añadió a la melodía el Chuisssssss, de regreso en el camino el burro en que iba montado, peló los ojos y a la distancia vio una culebra cascabel armada y atravesada en el camino de paso y decía con sus cascabeles: shis, shisss, shiiissss, más adelante del camino vio a una burra en celos, sacó sus dientes, olio y dijo, Geeee, ge, ge, ge, geee, geee y remato geee, siiii, siii, siii.

Al pasar por una ceja, escuchó el canto guapiriao de un pajuil Guiiiipiiipiiiiii y cerró la melodía los sapos en la laguna Quee, Queee, Quee.

Cuando llegó a su casa, mandó a su sobrino a buscar a todos los músicos integrantes de la banda, sin excepción, me los traes a todos, dígales que es una reunión muy importante.

Ya reunidos con sus instrumentos en el patio de la casa sentados en un taburete y al estilo de mi gran amigo Calixto Ochoa Campo, personas con mente brillante y con el pentágrama de la costumbre, les dijo cójanle el paso a esta melodía.

Trompetas:Ponponpon,ponponponponpon pon, punpunpunpunpunpunpunpunpún, penpenpen, penpenpenpenpenpene, ponponponponponponponnnnnn.

Clarinetes:Flifliflifliflifliflifli, fliflifliflifliflifliflifli, flifliflifliflifliflifliiiiiii

Bombardino: Geee, geeee,geee, ge, ge, geeeeee, Gegegeeee, sisisisisií,sisisis.

Mientras que el redoblante y el tambor mayos decían: tarraquetatarra, que tatarrraaaa – Pun Pun pun punnnn.

Los platillos decía: Shiss, shisss, shissssssss.

El bombardino bajo : Queee, queee, queeeee.

El animador de la banda gritó: Guiiipiiiipiiiiiii.

(Vis)ponponponponponponnn,ponponponponponnn,punpunpunpunpunpunpunnnnnn y se formó la hermosa melodía, que todos los días, en los acetatos, los casete, en los cd, en las emisoras y presencialmente escuchamos en las bandas de música autóctonas de las sabanas del gran Bolívar.

Así como Mano Pello y otros músicos reconocidos en el ámbito de la música costeña, le cantaban a los pueblo, a las montañas, valles y senderos, con sabor a queso, a suero y yuca harinosa, a chivo guisado, a pescado frito,  a ponche e iguana, a mango maduro, a malanga, níspero y ajonjolí.

A polvo rosita, para mí, brillantina tigre mono, pomada hervor, un clavo, a la espina de pescado, al toro cebú, al toro Candelillo, al burro de Manuel buche y a las bellas mujeres inspiradoras de amores y desamores.

Todo aquello que nos hace feliz en la vida, apoyados en los humanos, la naturaleza y los animales para componer una bella melodía que perdura en los oídos y la mente de los humanos, sin morbo, con cadencia y al son de las manos de un pilón, buscando sacar una melodía de un  grano de arroz blanco, sustancioso al paladar de una audiencia, que añora esas épocas musicales.

Un siglo después que Mano Pello compusiera esa melodía al son de las manos de un pilón, el sonido de pájaros y aves silvestres, no hay pollera que no se habra como atarraya de cinco varas, y hombre que no se tuerza y contonee su cuerpo como el gran palo de higuito, sembrado a la entrada del pueblo de Urumita, al sur de la hermosas Guajira Colombiana.


AL SON DE LAS MANOS DE UN PILÓN. 

sábado, 7 de noviembre de 2015

SE FUE LA LANCHA

SE FUE LA LANCHA
Por Francisco Javier Cadrazco Díaz
Escritor Colombiano – Región Caribe


Increíble, pero cierto, en el siglo pasado comenzando a despuntar esa hermosa época de los 70, cuando  la música  salsa y la africana, el trinche de alambres, pantalones terlenka, camisas chinas mangas largas y botas de vaqueros, eran la moda Quillera, los teatros a cielo abierto presentaban las mejores películas Kunfú, las diecisiete primaveras de Olimpo estaban en su mejor momento, sucedió este hecho.

Sus madre tenía La Patria Potestad sobre el Joven y lo mandó  a pagar el servicio Social obligatorio establecido por el Estado Colombiano, después de graduarse como bachiller, se estrenó Olimpo el uniforme de la Policía Nacional, en esa modalidad, los llamaban los “Chúcaros”, o Auxiliares de Policía.

Con todo el brío de la juventud, un uniforme llamativo y revestido de autoridad, Olimpo cumplió con su ciclo de preparación en La Academia Policial y fue asignado al Departamento de Policía del Atlántico, al mando de un oficial y cinco suboficiales de la Institución, prestaban servicios Sociales como dirigir el tránsito en horas pico, hacer presencia en los eventos deportivos y en las calles de la Arenosa.

Todos las noches Olimpo y dos compañeros más, se escapaban de la concentración, después que la diana anunciaba la hora de acostarse, el suboficial pasaba revista y anotaba en el libro de minutas todo bajo control, momento que aprovechaban los tres inquietos Chúcaros y se salían por el patio y cada uno de ellos dormía placido en su casa.

Hasta que un oficial en turno se le dio la magnífica idea de levantar a los auxiliares y ponerlos a dar vueltas y vueltas en la plaza de armas, un cuadro de terreno escarpado cubierto con brea en mal estado, al llamar por lista, faltaban, Olimpo, Tomás y José, dieron la orden de llegar a sus casas y traerlos, así se hizo, llegaron dormidos los tres angelitos envueltos en sábanas, despertaron cuando el oficial gritó, Chúcaros levantarse y todos los presentes rieron a carcajadas.

Por ese hecho fueron castigados y vigilados, al suboficial que anotó en el libro todo bajo control, le hicieron una anotación en su hoja de vida, que le atrasó su ascenso, este mismo policial, cargaba a su lado a el auxiliar Olimpo para donde quiera que se movía durante su servicio.

En esos días llegaron a la Institución unas camionetas automáticas que por su forma y tamaño parecían unas lanchas y así se quedaron, una de ellas fue asignada a la atención de los Auxiliares Bachilleres o Chúcaros y su jefe el Sargento Piñares, el mismo que cargaba a Olimpo de llavero.

Para un Domingo bien temprano había una orden escrita del comando, era de ir a las playas del atlántico a recoger la basura que bota el río de la magdalena al mar, todos los auxiliares a cumplir la orden, el Sargento Piñares en su vehículo la lancha y el auxiliar Olimpo a bordo, llegaron al sitio asignado y cada uno comenzó su trabajo social, recoger basura, la Lancha fue estacionada en un empinado a orillas del mar que por cierto estaba picado, con olas de más de diez metros de altura que repicaban en el barranco y escupía agua en la Lancha.

Olimpo dio aviso al Sargento que a la Lancha le estaba cayendo agua de mar, perjudicial para el latón y la pintura, el auxiliar era el encargado de lavarla y brillarla, Piñares se saca las llaves del bolsillo derecho y se las entrega a el auxiliar Olimpo y la  vez le pregunta ¿Tu sabes manejar?, con un sí de cabezas el joven afirmó, más no pronuncio palabra alguna, quítala de allí y parquéala debajo de un árbol.

Como ordene mi Sargento, contestó Olimpo, se subió en la camioneta, le dio estárter y fun,  fun, fun, metió cambio, aceleró, y SE FUE LA LANCHA,  salió a velocidad de cien kilómetros por hora, rebasó el barranco y en cámara lenta voló por los acantilados a una altura aproximada de ocho metros, los presentes llegaron a la orilla del acantilado y presenciaron como la Lancha se hundía haciendo burbujas blancas.

Que paso con el auxiliar, se ahogó, se preguntaban, llegaron los bomberos, la Infantería de marina de Colombia, la Cruz Roja, la Defensa Civil, la grúa sacó la lancha sin su tripulante, duraron cinco días buscando a él joven auxiliar Olimpo, su mamá desconsolada y sus compañeros lo extrañaban, el Sargento cargaba con la responsabilidad de haber ordenado mover La Lancha, sin comprobar que el auxiliar sabía manejar y muchas cosas más que tenía que declarar ante el Juez 57 de Instrucción Penal Militar, en la Central Policial.

Declararon a el auxiliar desaparecido y a su mamá la indemnizaron, treinta y ocho años después, Olimpo y sus nueve hijos varones y una hembrita, se aparecieron en casa de su mamá anciana a quien le costó trabajo creer que ese señor era Olimpo.

Como escritor e investigador por casualidades un amigo y vecino del auxiliar me tiró la chiva, que olimpo el chúcaro que tiró la lancha al mar estaba vivo, libreta en mano llegue a su casa y lo indagué, me dijo que él no cerró la puerta del carro y que cuando aceleró y vio que en vez de reversa  había arrancado hacia adelante, se tiró y en cuclillas llegó al matorral y se desapareció del lugar del hecho.

En su angustia por lo sucedido, llegó a su casa se cambió de ropa, cogió las prendas de su mamá que se encontraba trabajando de enfermera, las empeñó  y se largó para donde su padre que vivía en Venezuela, por los periódicos se enteró de todo lo que sucedió en Barranquilla y la televisión mostraba el momento en que SE FUE LA LANCHA.


domingo, 1 de noviembre de 2015

DEL AHOGAO, EL SOMBRERO

DEL AHOGAO, EL SOMBRERO
Por Francisco Javier Cadrazco Díaz
Escritor Colombiano – Región Caribe.




A las tres de la tarde de un lunes salió  Manuel Ignacio, un pescador de mar, en su piragua y dentro de ella los implementos de pesca, un arpón, diez anzuelos y una pequeña atarraya de tres metros, el ultimo implemento lo utilizaría si en su camino se encontrara un cardumen de peses.

Eligió mentalmente el sitio y tiró los anzuelos a las cuatro de la tarde y se colocó en alerta con su arpón, cualquier movimiento que observara en el agua seria pez muerto, no tardo quince minutos cuando divisó en la cresta de las olas una figura que se acercaba, era Juancho un amigo que realizaba la misma labor y como era costumbre unirse a la pesca y no estar solo en alta mar, se saludaron y pegaron las dos canoas.

Cada uno en la proa de su embarcación alerta con su arpón, ya llegada la noche entre oscuro y claro el agua se movió fuerte, ambos hombres cayeron dentro de su canoa, sus sombreros se fueron al agua, se levantaron de inmediato y observaron un pez que jamás en sus cincuenta y dos años de vida, los duchos pescadores de mar, habían visto con sus cuatro ojos.

Ambos tiraron su arpón y el impacto del animal al verse enganchado por la cola, estiró la cuerda y cogió viaje a velocidad de un kilómetro por minuto, los pescadores se miraron y se dijeron hasta donde llegue.

Pasaron por Hawái, las islas galápago y el polo sur, llevaban quince días viajando pegados a ese gran animal que en kilos daba un dineral que les servía para no pescar más, eso se decían los amigos pero a qué precio, allí fue donde Manuel Ignacio le dijo a su compañero Juancho que desengancharan las embarcaciones del gran animal.

Que sorpresas se llevaron cuando se vieron a dos tabacos de un puerto desconocido a las doce de la noche, el animal que los remolcaba ya no estaba pegado a sus arpones, se había ido sin dejar rastros.

Anclaron sus embarcaciones y al minuto estaban rodeados de unas criaturas de a dos metros eran como veinte, tenían uniforme de astronautas y no dirigían palabra alguna a favor o en contra de los dos humildes pescadores, quienes fueron llevados a tierra firme e indagados por un hombre que usaba un sombrero vueltiao tuchinero, tenía una navaja pico de loro en sus manos, una rama de totumo a la que le sacaba filo, un tabaco negro en su boca y le echaba humo al reciento.

Lo primero que lanzo su boca fueron tres preguntas para ellos difícil de contestar, porque esa fantasía que un pez desconocido los arrastro hasta el polo sur, no es creíble, pero tenían que contestar para salvar sus vidas: Quienes son ustedes,  de donde vienen y como llegaron aquí.

Manuel Ignacio que era más vivo que Juancho, sin timidez a responder dijo:

Míster, en la ensenada del Golfo de Morrosquillo a cinco millas náuticas, línea recta al puerto de Tolú Sucre Colombia, estábamos pescando entre oscuro y claro Juancho y mi persona y divisamos un pez que en unos segundos casi que nos voltea la embarcación, nos alistamos y le tiramos arpón y sabe que sucedió, el animal cogió mar adentro y nos paseó por las islas de Hawái, galápagos y llego aquí al polo sur y cuando creímos tenerla controlada, se soltó de los arpones y se fue sin dejar rastros.

El extraño hombre a pesar de que hablaba el mismo idioma que nosotros, soltó una carcajada y ordenó a sus hombres extraños a reunirse en torno a él y volvió a repetir las tres preguntas a los pescadores.

Ahora te toca el turno a ti Juancho que a mí no me creyeron.

Juancho a pesar de su poca capacidad de razonar, se dio cuenta que no estaban en el polo sur, y dijo: Vea compa, lo que dice mi compañero Manuel Ignacio, no es cierto, nosotros no hemos pasado por ningún Hawái, solo vimos a una embarcación con unos japoneses que decía en su proa Hawái, tampoco pasamos por ninguna isla galápago, que yo recuerde unas quinientas animalitos en grupo pasaron a mi lado y por ultimo queremos sabe dónde estamos.

Manuel Ignacio miro feo a Juancho y este le respondió, mi amigo del ahogado, el sombrero y allí fue donde recordaron que en ese sitio donde estaban pescando quince días antes la fantasía de la mente humana, el tiempo de vida, la soledad, el hambre y la sed,  se multiplican en segundos y hacen una explosión de pérdida de memoria, de tiempo y espacio.

Estaban en la isla múcura, a una hora en lancha del puerto de Tolú Sucre Colombia, donde llegaron deshidratados y hablando palabras que no coincidían con la realidad de la vida de un pescador, quien los indagaba era el jefe mayor de esa población, los niños y curiosos escuchaban esa magnífica descripción del pez extraño que nunca existió, el frio de las noches heladas los hacia decir que estaban en el polo sur, sus familiares los buscaban y después de quince días de perdidos entre la gente, fueron reconocidos por medio de un diario local que les tomo fotos en la bella isla. El Jefe ordenó traerle comida, un sancocho de sábalo de mar con arroz con coco para que se recuperaran.

Lo más extraño de este cuento fue que los dos sombreros de los pescadores aparecieron flotando en el puerto de Tolú, de allí que: Del ahogado, el Sombrero.

Manuel Ignacio y Juancho ya no pescan, se la pasan en la primera de Tolú, narrando cuentos, historias y anécdotas de sus vidas como pescadores en alta mar y del pez extraño de la ensenada de Tolú.