sábado, 3 de diciembre de 2016

MANO PECHI, HOMBRE AVENTAJADO A LAS TROMPADAS


MANO PECHI, HOMBRE AVENTAJADO A LAS TROMPADAS
Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano-Región Caribe

Amaneció una parranda en un Sardinel de esos de cuatro escalones, allí estaban once de los amigos del Víctor (El Pechi), él no participó en la parranda, porque su mujer no lo dejó salir, pero al día siguiente tenía que ir a buscar una malanga a la sierra porque ya estaba arrancada y se podía dañar.

Salió el Pechi en su mulo negro de la casa, a la siguiente esquina dobló hacia la casa del pretil porque escuchó la música, el bebedor sigue el sonido del picó, así como la culebra patoco blanco sigue el pun pun del hacha tumba montaña.

Allí estaban sus once amigos del alma y del ron, tan pronto lo vieron venir destaparon la botella y fueron a su encuentro, hombe mi amigo, tómese un trago, bébase otro y lo bajaron del mulo, ya estaban completos, cuando le habían dado media botella de ron le dijeron que anoche habían peleado con los Madariaga y que por él no estar allí, perdieron la pelea.

Enseguida dijo el Pechi, bueno vamos a buscarlos a ver si hoy nos ganan, hay que aclarar que esas peleas eran a puño limpio, de vez en cuando tiran bancas si iban perdiendo la pelea y no se metían los particulares, iban para el Anzuelo donde estaban amanecidos sus enemigos, el Pechi decía en su borrachera que le dejaran a Manuel Madariaga hombre de trompada firme para poner a dormir a cualquier humano.

Esperaron un rato, ya viene la gente, me voy a alistar para aporrear el mío, dijo uno, ya había pelea en el billar el Anzuelo, Cecilio Mercado ya estaba peleando en la cantina contigua, en eso el Pechi estaba sarandete así como palo de coco en mes de brisa, rezagado de la borrachera que tenía,  venia Manuel Madariaga y sin mediar palabra le metió una patada en el flanco derecho, que indefenso se fue a tierra.

En el billar tiraban bancas de madera, botellas de cervezas y todo objeto volador que tuviera peso, iban perdiendo la pelea, los doce apóstoles del ron y las trompadas,  el Pechi es nuestra salvación, aquí está un mierda en el suelo, gritó uno de los doce, porque nos van aporreando los Madariaga, en esa venía entrando Manuel Madariaga y gritó, “El Pechi uuuuuu, ya lo volteé antes de llegar, más bien corran porque voy a comenzar a tirar trompadas.

A tanta jarana en el Billar el Anzuelo, el nieto del Pechi, un borregon de catorce años fue a asomarse y los demás mirones le decían, el Pechi, el Pechi y señalaban donde estaba el hombre que más jala trompadas en la región de San Ángel, El Difícil y Chibolo Magdalena, tirado en la arena, gozando de su tercer sueño, y su esposa lo hacía llegando a la sierra cargando el mulo con los dos bultos de Malanga.


sábado, 26 de noviembre de 2016

BELLA Y MAGÍCA DURMIENTE


BELLA Y MAGÍCA DURMIENTE
Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano de la Región Caribe

Como la mente humana hurga y camina dormida y despierta, en su mundo del subconsciente, un negro esclavo de la vida y el amor, llegó a tocar la puerta de un castillo encantado, insistió en sonar la aldaba de hierro fundido contra la madera de un viejo portón, hasta que alguien con voz suave y tierna de mujer, sacaba las aldabas que la aseguraban, ya voy, ya voy.

Hermosa figura angelical, creación divina, para estar en un pedestal, vio y pensó el negro sin mirar, pero ya la había visto, ella abrió una ventanita diminuta y asomó su ojo izquierdo, azul como las bolitas de cristal con que jugaba en mi niñez. Que desea señor dijo, deseo trabajar en su mansión, que sabe hacer. Siembro y corto rosas, claveles, le quito las espinas, siembro nardos y cardones, amapolas y tulipán.

En eso viene la madre de la Bella Durmiente que se desaparece, abre el portón y pregunta ¿que desea señor?, ahora no tengo nada que regalarle, vuelva mañana, el negro le dice: No señora yo busco trabajo en esta mansión, no tengo trabajo a aquí señor vivo sola y soy auto suficiente, dice la señora entrada en edad, con facciones limpias y señorial, sola?, preguntó el señor, sí sola, tengo una hija pero está dormida desde hace treinta años y no despierta, es aquella que está en esa estatua del jardín. La mente rápida y audaz del negro reacciona y dice:

Mi persona se la hace despertar, reinará en ella el amor, la felicidad y la esperanza, será el amanecer de la vida, dijo el negro, no mire mi señor aquí han llegado muchas personas y no han podido lograr ese sueño tan anhelado, ver a esa bella dama caminar y actuar, subir peldaños hasta llegar a lo infinito de la vida, ella está así porque le han marchitado su corazón, dijo afligida la hermosa señorial.

Entre señor, no lo voy a descartar, daría mi vida entera por la felicidad de la Bella Durmiente y a usted lo recompensaría con Oro y Plata, si lo llega a lograr, no mi bella señora, a mí el oro y la plata no me interesan, yo solo quiero felicidad, amor y comprensión.
Fue alojado el negro en una habitación con vista a esa hermosa estatua del Jardín, donde la luz de la luna en noches de primavera, alumbra con más fulgor, a las doce de la noche el negro se levanta y camina hacia el jardín acompañado de mil luceros, mira a todos los lados y le estampa un beso en los labios de la Bella Durmiente, como magia y encanto, revolotearon las golondrinas, las mariposas aletearon formaron un corazón, los nardos abrieron sus capullos y la bella durmiente se fue levantando lentamente, se despoja de sus mantos y se lanza en brazos del esclavo de la vida y el amor.

Como un resorte desde su cama, su madre se incorpora, aletargada por su sueño y grita: Despertó, despertó, mi hija despertó, entra a la mansión en brazos del negro y pregunta ¿Que me pasó?, su madre le dice: hija has estado durmiendo por espacio de treinta años, en espera de un beso de amor,  se sientan en la mesa del comedor, silla de honor para el Príncipe encantado, a su derecha la bella durmiente y a su izquierda la madre de ella, quien cumplió su promesa y acepto una relación libre y amorosa entre su hija, la Bella Durmiente y el negro esclavo de la vida y el amor, reinó la felicidad y la comprensión, en esas del subconsciente, suena el timbre del reloj por tres veces,  poco a poco, el negro va despertando y se encuentra tendido en cartones de ilusiones y cabeceras de ese otro mundo mágico, surreal y verdadero existente en los humanos, que lo hacen soñar con Bellas Durmientes.

“No importa el color de la piel, valen los sentimientos intrínsecos del ser humano, sus valores y virtudes para interactuar en la vida, ficción o realidad, al fin sentimientos”.


sábado, 19 de noviembre de 2016

TIMOTEO, UN GALLO BASTO, BASTO


TIMOTEO, UN GALLO BASTO, BASTO
Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano-Región Caribe

Entre los gallos finos que cuidaba mi Bisa en el paso de los chivos, se coló un pollo grande comelón, era un huevo de gallina basta, o sea no de cría para pelear, a ese pollo había que esconderlo cuando el Blanco Pérez llegaba en su Jeep Willis modelo 53, color Rojo, procedente de Corozal Bolívar.

Allí viene el Blanco, gritaba mi Bisa, de inmediato salía una andanada de muchachos a coger el gallo basto Timoteo, ese nombre lo sacaron de una predica del Padre Mamú, el párroco de la Iglesia en ese tiempo, a Timoteo lo metían en un guacal, hasta que el señor Pérez se iba de la finca gallera.

Los sábados apartaban los gallos finos que se encontraban en mejores condiciones para pelear el día domingo, en cualquier gallera del país, Timoteo lo habían motilado al estilo gallo fino, una estrategia de mi Bisa con el fin de camuflarlo entre los finos finos, esos que no permitían que un humano se les acercara, porque lo levantaban a picotazos.

Ya cuando llegaba el señor Pérez, no había que esconder a Timoteo, al contrario el Blanco se enamoró de ese gallo canillón de pescuezo rojo como el de mi suegro y, llegó el día en que faltaba un gallo para pelear y señalaron a Timoteo “Ese dijo el señor Pérez”, mi Bisa cambio de color y se le levantaron las espinas que le cubrían la cabeza, hombre Blanco está todavía muy pollo, déjelo unos meses más, no Manuel Vicente es ese.

Llegaron a la Gallera con los huacales de gallos finos cantando, el único que no cantaba era Timoteo, creo que iba asustado pero no miedoso, criado con maíz cariaco y tomas de Mejoral en agua dulce, va de primero dijo el señor Pérez, sacó mi bisa de su mochila secreta dos calzas pequeñas, hizo su trabajo, cuando los fueron a confrontar en el centro de la Gallera se formó el alboroto que ese gallo era basto, mandaron a buscar a una enfermera para que le sacara la sangre y ellos determinaban si era basto.

Cuando la enfermera iba con el tarrito de sangre de Timoteo, de la carpa gallera salió una mano que la jaló, era su jefe político que había apostado a favor de Timoteo, le dieron un rollo de billetes de cincuenta centavos y le cambiaron el tarro, la prueba era negativa, ese gallo era fino, de la cuerda de los españoles Andaluz que vinieron de gitanos a echar la suerte, pelear gallos y comprar caballos. De todo esto el Bisa no supo nada porque el solo sabía entrenar gallos de pelea, fueran bastos o finos.

Estaban en juego miles de pesos en apuestas, a regañadientes aceptaron los contrarios la pelea, pero era la palabra de un gallero la que valía aquí y en la Conchinchina, carearon  los gallos, gritaron del centro de la valla, “Pelea”, Timoteo que era un gallo un poco payaso, salió corriendo y se le entrepierno a mi Bisa. La multitud gritando es basto, es basto, en eso sonó en las gradas la banda vieja de la Villa, mi Bisa le habló al oído a Timoteo, este con la cabeza decía que sí, nuevamente al centro del Cuadrilátero que era redondo, Timoteo cogió al fino por el cuello con el pico, le dio cuatro vueltas y lo soltó, repicándose contra la valla de madera de camajón, no se levantaba, Timoteo miro al Bisa, este le hizo seña que fuera por él, nuevamente lo cogió con el pico por una pata, le dio cinco vueltas de campana y en la última le clavó las dos espuelas en la cabeza y adiós gallo fino.

Se repartieron las ganancias de las apuestas, les querían comprar a Timoteo por un trueque de cincuenta novillas, más cien gallos finos, pero no fue aceptado por parte del señor Pérez, él sabía que su gallo no valía tanta plata canjeada.

Tan pronto llegó mi Bisa a la finca el paso de los chivos le dijo a mi Bisabuela que preparara una olla con agua hirviendo que Timoteo no iba más, un cerdito amigo de Timo, escucho con sus dos orejotas y le avisó a Timoteo, este habló con sus hermanos gallos finos e idearon un plan de fuga, el uno soltaba al otro con el pico donde estaban amarrados de una pata, ese día hubo una fuga de gallos finos y Timoteo llegó al camino real, cogió la Chiva la Melón y no regresó más.


Dicen que se fue para Venezuela, las malas lenguas hablan en el pueblo, que en tiempo de fiesta, llega un tipo con cara de gallo, se va para la Rancha a beber cerveza y cuando ya está picao comienza hablando de Chico, conchaleee vale, coño madre. 

“Será Timoteo”?.

sábado, 12 de noviembre de 2016

UN VEHÍCULO EN REVERSA


UN VEHÍCULO EN REVERSA
Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano-Región Caribe


De las fincas Industrializadas Durania, Aseleco, Clara Alicia, y Boca e Tigre, salía la plata que le mandaban a Jassir el hijo único del Patrón, un muchacho con plata, loco y creativo, quien se encontraba en Europa estudiando una carrera a fin con la Agricultura, la Ganadería y la Industria maderera, puntal de lanza y vanguardia de las ganancias en exportaciones hacia otros países.

Las más modernas máquinas para pulir la madera y auto suficientes en talleres de arreglo de tractores y vehículos al mando de los hermanos Pichón de Barranquilla, mecánicos de reconocida trayectoria, sacados del corazón del Boliche.

Después de cinco años de estudio regresó Jassir a casa, al día siguiente su papá lo mandó a la finca Durania para que aplicara todos sus conocimientos, aprendidos en su carrera, lo primero que hizo fue reunir a los trabajadores del taller para exponerles la idea loca de hacer un carro de madera que no se atollara en las lagunas de agua de los caminos, así no tener inconvenientes en sacar la madera de las montañas, cosa que les gustó a los hermanos P. Eso sí era sin el consentimiento del Patrón Principal.

Carlitos Pérez era el hombre encargado de escoger la madera y manejar el carro, su trabajo en las finca era de tractorista, con una experiencia de más de veinte años, se dispuso a internarse en la montaña con cinco hombres más, lo primero que hicieron fue hacer un tambo, con el fin de no ser devorados por los tigres que merodeaban ese sector, a diez metros de altura y bajo un invierno pertinaz hicieron la troja, nadie hizo el control de calidad y a media noche cuando todos dormían Carlos oyó el ronquido de tigre detrás de su oreja, abrió su ojo derecho, se sobó el izquierdo levanto su cabeza y adivinen, cinco tigres debajo del tambo, tratando de subirse a comer carne humana.

Cogió su escopeta balín cero y disparó a oscuras, los dormidos despertaron, corrían de un lado a otro, allá a diez metros del suelo, los tigres se espantaron y corrieron a un mismo lugar, con tan mala suerte que se llevaron por delante uno de los cuatro postes que soportaban el peso del tambo, este se vino al suelo y le cayó a los tigres que luchaban por salirse y escapar.

Después de ese suceso cortaron la madera y retornaron a la finca, los mecánicos se pusieron a la tarea de armar el carro, Jassir se fue a la capital, realizó unas llamadas al exterior y en treinta días calendarios llegaron unas cajas dentro de un container al puerto de Barranquilla. Vía marítima.

Con todo el equipo y herramientas necesarias Jassir con su destreza y los mecánicos duchos, armaron el carro, con carrocería de madera, timón a la derecha y potencia en sus motores, Carlitos, el tractorista hizo la prueba de encendido, todo bien, rugía más que los tigres de la montaña, con decirles que los tigres se desaparecieron.


El problema surgió al colocarle el cambio de primera para desplazarlo, el famoso carro fabricado en los talleres de mecánica de la finca Durania en el sector de Copey Cesar, solo se desplazaba hacia atrás, desarmaron la caja y esta estaba armada con los piñones al revés, no sirvieron la experiencia de los hermanos pichón y los cinco años de estudio de Jassir, para volver a armar al derecho la caja de piñones del Vehículo.

Se resignaron a que el carro anduviera en reversa y manejado diestramente por el tractorista, la sensación cuando salía al pueblo a buscar provisiones y manejaba de espaldas, todos lo llamaron  El Canadá, por sus emblemas de motor.

sábado, 5 de noviembre de 2016

LOS DURMIENTES DEL FERROCARRIL, DON JUSTO Y DON PERFECTO CABALLERO



LOS DURMIENTES DEL FERROCARRIL, DON JUSTO Y DON PERFECTO CABALLERO
Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano Región Caribe

En la Segunda mitad del siglo pasado, casi todos los sabaneros, bajeros del Magdalena, Sinú y del San Jorge, tan pronto se acababa la pesca, alistaban su maletín, afilaban la rula y se disponían a partir para las distintas partes donde había trabajo, lugares como Venezuela, Codazzi Cesar, San Diego,  El Copey, Los Braciles, Becerril, Fundación y toda esa región algodonera y Bananera.

Nataniel un hombre moreno, bajito, con vises de atleta de tanto jalar chinchorro, tumbar montañas a hacha y machete, era el jefe, el contrataba y su cuadrilla de diez hombres ejecutaban a la perfección cualquier trabajo que se les presentaba.

Salían juntos del pueblo y juntos regresaban, no se quedaba nadie, la plata ganada se la repartían por igual y lo que era con uno, también era con el otro, el que intentaba salirse de las consignas establecidas, se enfrentaban a la manopla humana del Jefe Nataniel. Cuando llegaba el mes de octubre, se miraban los unos con los otros y cuando el primero empacaba sus corotos, todos lo hacían, ya el jefe había hablado con el blanco para que los liquidara.

Don Carlos Restrepo Contratista del Ferrocarril del Magdalena, para hacer la carrilera del tren, se encargaba de cortar y colocar los Durmientes de madera por donde transitarían los vagones, todo el semestre de Mayo a octubre la cuadrilla de Nataniel trabajando, jarreando y colocando durmientes, trozos de madera fina que soportarían un riel de hierro y el peso del tren.

El día de la liquidación ya cada uno de los trabajadores sabia cuanto de dinero recibirían en pago, llega don Carlos y le entrega un cheque a cada uno por el valor ajustado y con aquella tranquilidad les dice: Bueno muchachos gracias por su trabajo, los espero el año que viene, aquí tienen su paga para que lleguen al Almacén Pintoso en Fundación y lo hagan efectivo, Nataniel le contesta, Blanco y si lo cambiamos en el Banco, don Carlos le dice, no mijito como vas a ir tan lejos a cambiar esos cheques, cuanto se van a gastar en pasajes de aquí al Banco Magdalena.

Ya así las cosas no pintaban bien, pero sin embargo fueron al almacén el pintoso y tuvieron obligados a comprar una docena de camisas, tres pantalones mínimos y un par de abarcas Sabaneras para cambiar los cheques, sabe quién los atendió, Don Carlos Restrepo el Contratista de los Durmientes del Ferrocarril, era el dueño del almacén, además los cheque estaban posfechados para hacerlos efectivos los diez primeros días del siguiente año.

Don Justo y Don Perfecto Caballero, hombres de la ganadería y la siembra de algodón en la región del Magdalena, tenían un contrato de suministros para sus haciendas con el Almacén Valla y Venga, su propietario un señor de apellido Pitre de la alta guajira, buenas personas los dos Caballeros y don Pitre como lo llamaban, el encargado de despachar y recoger el valor de las facturas era Juan Pabón, un hombre de armas tomar, malgeniado y pleitisco.

Lo mandó el jefe a la finca de los Caballeros con tres facturas que sumaban un dineral, producto de suministros entregados hacían tres meses, hay un dicho mal dicho que dice, si no me cobras no te pago, eso les paso a los algodoneros por sus múltiples quehaceres, llegó Juan a cobrar las facturas donde  don Perfecto y don Justo Caballero, le dijeron a Juancho que ellos pasaban el fin de semana por el almacén y que con mucho gusto cancelarían las facturas, que le saludaran a Don Pitre.

Cosa que no le gustó a Juancho Pabón, porque si le pagaban a él, se ganaba el 10% del valor de las facturas y al verse sin ese dinero se le vino la sangre a la cabeza y con un tono airado vociferó, quebáaa, ustedes, ni son Justos, ni son Perfectos, menos Caballeros, montó en su caballo alazán y se fue rabiando.


domingo, 30 de octubre de 2016

EL VENADO ENGRAPADO, EL TIGRE AL REVÉS Y UN VIAJE DE GALLINAS.

EL VENADO ENGRAPADO, EL TIGRE AL REVÉS Y UN VIAJE DE GALLINAS.
Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano-Región Caribe


De los tantos cuentos que nos refería ese hermoso viejo en la ronda de la placita, después de ocultarse el sol y entregarle el turno nocturno a la brillante luna, acompañada por millares de luceros, nosotros los niños, jóvenes y adolescentes, bajo la inocencia de la época, siempre pendientes al desprendimiento de uno de los luceros, para decirle con mucha alegría Dios te guíe, se me vino a la memoria presente, estos tres cortos cuentos.

Rufo, solía salir todas las tardes armado de una cauchera y cincuenta piedras chinas, dos docenas de grapas y un martillo dentro de su mochila de fique, con el fin de cazar animales para su supervivencia y la de su familia, lo demás, para arreglar los portillos de su parcela, cuando el Toro de Magín, se embellacaba y se pasaba en busca de sus tres vacas parceladas.

Esa gran noche entre oscuro y claro y fuera de lo natural, al frente y a la distancia se le venía en carrera un Venado grande de cuatro cachos, ojos marrones brillantes, barba espesa y orejas grandes, tiempo suficiente para sacar la cauchera y dos bolos de piedra y acorta distancia le puso la mira telescópica en el centro de la frente, sitio mortal, estiró la cauchera ochenta centímetros por sobre de su pecho, cerro el ojo izquierdo y con el derecho justo al punto mortal.

Siguió el Venado después de ese tiro y con más brío se acercaba a él, por segunda vez el tiro certero con la piedra dio en el blanco, allí Rufo se dio cuenta que esa cauchera no era el arma de caza para ese gran Venado, sacó una grapa de la mochila y justo cuando el venado venía pegado a una ceiba grande disparó la grapa y sin más recursos el golpe le prensó la oreja izquierda contra la bonga y quedo grapado. Al verse perdido el venado le habló a Rufo, rogándole que lo dejara libre y prometiéndose no hacerlo más.

Ese mismo Venado que le incumplió su palabra a Rufo, se le apareció en forma de Tigre, con lo que no contaba era que a Rufo, no se lo brinca un chivo, menos un tigre, le salió de la manigua, no dándole tiempo a sacar su cauchera, menos los bolos de piedras, y se le abalanzó, Rufo le atravesó el martillo en la boca del tigre, metió su mano llegó hasta el rabo y con su pierna derecho lo sujeto bien y jaló y jalo, hasta que el tigre quedó como cuando la ropa se lava al revés.

Y por último, decía mi hermoso viejo, que una vez lo contrataron para que trasportara como viaje de ganado trescientas cincuenta gallinas ponederas, de la orilla de la ciénaga a un corregimiento en las faldas de la montaña, aproximadamente quince kilómetros.

Como era una gran burla a su oficio de vaquero, Rufo le dijo al blanco que con mucho gusto, que por ese trabajo debería darle  su hija como esposa más un dote de un millar de pesos, el blanco casi se ahoga con una pepa de mamón que se estaba chupando, pero el reto le gustó, solo pensaba como iba a vaquear esas gallinas.

Rufo esperó la noche, enguacó las gallinas y a las nueve en punto pasado meridiano llegó el capitán Arrieta en su avioneta “La Avispa” y en menos de lo que canta un gallo, estaban las trescientas cincuenta gallinas en el sitio.

A cumplir su palabra llegó el Blanco de mano de su hija al altar de Dios, que ya no era blanco porque tenía que entregar a su hija, menos  un millar de pesos que se le salieron por querer humillar a Rufo, un trabajador de campo, que en vuelta de diez años era el hombre más rico de la región y con diez hijos de la unión de Blanquita, la hija del Blanco. 

El pensamiento de ese anciano ronda permanente por su cabeza, “Como hizo Rufo para transportar esas gallinas, sin dejar rastros o huellas de ellas”.


sábado, 22 de octubre de 2016

RUSPECTO “EL CONEJO TRAVIESO”

RUSPECTO “EL CONEJO TRAVIESO”
Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano-Región Caribe

Aminón era un conejo de color gris, que unos gitanos trajeron consigo del viejo mundo, ellos lo tenían depositado en una jaula de dos por dos m2, lo que no supieron jamás los gitanos era que Aminón hablaba y escuchaba todas sus conversaciones y por las noches se escapaba de su jaula a comer zanahorias en una huerta cerca donde ellos tenían su carpa.

Una de esas noches, Aminón se encontró con una manada de conejos traviesos que lo convidaron para que hiciera parte de ellos, sobre todo por su color y le encomendaron la misión de conquista a Noni, la más bella de las conejas, para que le cogiera raza, tarea que fue fácil a los pocos meses estaba preñada Noni de Aminón el conejo extranjero.

A esas el conejo se escapó de la jaula y se volvió cimarrón, como no hablaba el idioma Castellano pasó trabajo los primeros meses de estar en el monte, pero al anuncio de que iba a ser padre la confianza entró a su cuerpo y comenzaron a brotar de su boca palabras castizas.

Nació un hermoso conejo al que por unanimidad fue llamado Ruspecto, el nombre de su tatarabuelo materno, de la cabeza hasta la mitad del cuerpo era su color blanco y el resto gris, cuando ya Ruspecto creció y aprendió a defenderse solo, se le presento una noche un conejo viejito que sus barbas le llegaban al suelo y le dijo que le pasaría sus poderes para que se defendiera de los humanos sus perores enemigos.

Ya lo habían visto y lo llamaban el conejo de dos colores, era un blanco perfecto para darle caza, lo que no sabían los humanos de Ruspecto, eran sus travesuras, ninguna piedra tirada con cauchera o resortera daba en su cuerpo, las flechas se torcían, se desaparecía y aparecía en otro lugar, con una barita les hacía cosquillas en las orejas a los humanos.

Entrada la noche, salió una brigada de humanos con jaulas, trampas, resorteras, piedras palos y todo elemento de caza, la misión era darle muerte a Ruspecto, el conejo travieso, toda la noche estuvieron batallando con Ruspecto, hasta que se les terminó la munición de piedras, palos, les desarmaba las trampas, los hizo perder el rumbo a casa, hablaban en otro idioma y deambulaban por la manigua.

A los dos días de haber salido los humanos en busca de Ruspecto el conejo travieso, fueron vistos en los playones, comiendo barro y bebiendo agua llovida en las pisadas del ganado, traídos al puesto de salud, donde solo decían Ruspecto, allí está Ruspecto, y señalaban a un cuadro de una enfermera colgado a la pared,  que con su dedo los mandaba a callar,  “Ruspecto el Conejo travieso”, hijo de Aminón el conejo Gitano y Noni, la coneja criolla más bella de las Conejas.