lunes, 21 de agosto de 2017

LA VENGANZA DE UNA NOTA



LA VENGANZA DE UNA NOTA
Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano


Fíjense ustedes que la figura de lo que hoy en tiempos modernos le llama BULLYING, donde han  penetrado frases en inglés, en tiempos atrás era la montadera, me la dedicaron, me tienen rabia, más se veía en los colegios y en particular en un colegio de Bachillerato en décadas pasadas.

El Profesor que enseñaba inglés a sus alumnos y alumnas, tenía una particularidad, esta se llamaba “El complot de las Bonitas”. Para ellas todo a cambio de una sonrisa, en cambio a los malucos y malucas del salón, esos pasaban al tablero y no se aceptaba una equivocación porque todos al unísono se burlaban, en especial al maluquito de Gaira, a él le caían todos los bultos.

Habían dos hermosas jovencitas hermanas, a una de ellas la atención desbordada del Profesor de Inglés, con lo que él no contaba, era que esa joven no se la dejaba montar de nadie, cargaba en su mochila atanquera un manduco de guayacán,  tenía unos argumentos de defensa para cualquiera que pretendía acercársele con malas intenciones, con decirles que a sus escasos doce años, fue elegida por votación unánime para el puesto de Secretaria en una Junta de Acción Comunal en su Bello pueblo, a esa edad, ya era docente de unos 20 alumnos mayores que no sabían leer ni escribir, los niños que  iban mal en la Escuela Primaria, se los mandaban a la seño Esther.

Esther, como rezaba en la papeleta de Bautismo llenada por su padre junto con sus padrinos, porque así se llamaba su tía, pero en casa y para todo el mundo tenía otro nombre, así quedó sentada en el libro de Bautismo, ella era la protagonista de tan excelente comportamiento en clase y para colmo era amiga del maluquito de Gaira, un filoso alumno en la asignatura de Ingles, él lo único fue que mi Dios lo echó al mundo así.

Como las pretensiones del Profesor, no fueron satisfechas, Esther pasó del complot de las Bonitas a la larga fila de las feas y la sacaron al frente a leer un manuscrito en ingles que contenía malas palabras, ese día peligró el puesto del flamante profesor, ella notó que su lectura era objeto de burlas, guardó la hoja en el único bolsillo derecho que tenía su uniforme de cuadritos y se dirigió a la Rectoría, le entrego la misiva al rector y de inmediato convocaron a una Junta de Educación, confrontaron al docente con la alumna y seis testigos del salón temerosos a los cuales Esther les decía “Van a hablar o no van a hablar, que hubo pantalones, que hubo pantalones donde están.

Ese día para recordar ayer en una tertulia familiar Esther se le sonrojaron sus pómulos, cuando de regreso al salón se encontró con la noticia que la habían cambiado de curso y que tenía un 1 (Uno), en Inglés.

Su otra hermana abogaba por ella, para que le compusieron la nota y la retornaran al salón, el profesor  le mandó a decir, que si llegaba a su apartamento le componía la nota y la reintegraba a el Complot de las Bonitas, su respuesta fue que ella iba, pero con su hermano mayor, un joven alza pesas.

El maluquito de Gaira era su aliado y esa conversación estaba al oído del rector que se encontraba a escasos metros del profe de Inglés, quien le manifestó a la alumna Esther, en tono burlón “Adiós Luz que te Guarde el Cielo, a lo que ella le contestó “A usted es que le van a guardar las manos en otra parte” y lo retiraron del Colegio.

Años después la pilosa alumna Esther iba por una calle bordeando la acera, contoneando sus caderas y a la mirada fija de los masculinos,  de reojos miró una camioneta último modelo que venía justo hacia su humanidad, de un salto subió al andén y por poco hoy no estuviera narrándome este cuento, era el Profesor de Inglés que intento arrollarla con su vehículo por la Venganza de una nota de Inglés.

De ese pleito se encargó el Maluquito de Gaira a quien su amiga Esther le dio el poder escrito para que como Abogado Litigante y de los mejores, se encargara de hacer pagar al Profesor de Inglés por el intento de homicidio premeditado y con alevosía y resarciera a su alumna Esther, la más hermosa joven del salón de clases.



domingo, 13 de agosto de 2017

BIRUTTA Y KAPULGUINA



BIRUTTA Y KAPULGUINA
Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano

 Estos dos Sabuesos nacieron al pie de un fogón de leña, entre cenizas y tierra, su madre tuvo la titánica tarea de lamerlos hasta dejarlos en su color natural, Birutta era de color blanco con lunares grandes de color amarillo  y Kapulguina era de color negro con lunares blancos en su cuerpo, a los días, ya eran dos perros juguetones, malabaristas y muy bravos.

Su dueño vivía entrenándolos con un cuero de conejo orejón, para que ellos buscaran el ritmo de la caza de animales de monte, a lo que se dedicaba el señor Indalecio con su jauría de perros,  a los seis meses se los llevó a la montaña, los susó y solo se oía el ladrido de perros que venía con el eco, Jau, Jau, Jau. Jau, Jau, Jau.

Pasaron unos minutos de silencio, al rato las baruzas secas tronaban y saben quiénes venían con un venado, Birutta y Kapulguina, Birutta lo traía cogido con sus dientes por el rabo y Kapulguina lo tenía por el hocico y el venado berreaba pidiendo que lo soltaran, a las dos horas aparecieron los otros perros sin nada de caza.

A partir de ese momento comenzó la osadía de los dos sabuesos, buenos, buenísimos para la caza monte, esto se dio cuando había abundancia en este país, porqué ahora ni en los libros de aprendizaje salen.

Aconteció que llegaron al pueblo los cirqueros, comprando animales para entrenarlos a hacer malabarismo y enseguida les dijeron que había un señor campesino que tenía dos sabuesos de pequeña estatura, pero buenos para la caza, fueron y le ofrecieron dinero y el campesino no aceptó, en la noche los cirqueros mandaron a secuestrar a Birutta y Kapulguina, se metieron por la puerta falsa del patio y cuando estaban adentro, Birutta se colocó en la puerta y Kapulguina hizo y deshizo con los que los iban a secuestrar, quedaron en cueros y sus ropas fueron rasgadas.

La noche siguiente cuando los animales del circo estaban dormidos y reinaba la tranquilidad en la placita, los sabuesos entraron al circo y liberaron a todos los animales, al día siguiente el pueblo parecía un zoológico, el tigre y su compañera estaban en misa, con chalina blanca, el león de melena apareció en el  puerto fluvial, encendiendo un motor fuera de borda, manifestaba que se iba para la selva de la serranía de San Lucas, donde era oriundo.
Las gazas blanca y morena alzaron vuelo hacia las riveras del rio San Jorge a la altura de Marralú córdoba, los burros moro y blanco barriga negra, dijeron que se quedaban con Ricardo Benítez, para integrar la burrada de más de 20 animales, el Elefante, se quedó en la escuela Primaria de niñas en la placita y se sometió al proceso de disecado por los Seminaristas del Vicariato Apostólico del San Jorge, para el aprendizaje de las alumnas.

El Tigre de la placita, rugía y rugía en el patio de la niña Mañe Cárcamo y con las semanas se vino para Barranquilla, acá está hacen más de cincuenta años, el Venado del circo cogió playón y se internó en las montañas barrieras, allá donde cantaban los cien gallos finos, cuidados por Manuel Vicente Díaz Vanegas Barros.

El circo del Señor Francisco y la silla voladora, cerraron sus puertas, solo quedaron los malos olores del orín de tigres y leones y el bramido en las noches del toro Candelillo en el centro de la placita.

Indalecio, el orgulloso campesino, mostraba las cabezas como trofeos de las cazas de animales de monte, trabajo de los dos perros sabuesos Birutta y Kapulguina, perros, juguetones, malabaristas y bravos, que fueron prestados al capataz de la finca Palo Negro, allí los veo cuando paso en la chiva la Melón para mi querido Pueblo La Villa de San Benito Abad, ahora pastorean a los Búfalos que fueron reemplazo de los toros Bravos de la raza Cebú.


domingo, 6 de agosto de 2017

LOS CUENTOS DE KAKO OJEDA



LOS CUENTOS DE KAKO OJEDA
Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano


El tiempo en la Vida Humana es Impredecible, tenía más de cuarenta años de no encontrarme con Cornelito Montaño, uno  de esos personaje de la otrora  Aguas blancas Cesar, cuando el algodón corrían sus motas por el pueblo y la pujanza de las familias tenían nombres y apellidos propios, cada quien tenía su característica particular, era una hermandad llegada de los pueblos del Magdalena Grande y la Guajira.

En esa tertulia estaba Hernán Maestre, ellos me contaban de la vieja Aguas blancas, cuando los campesinos y pequeños hacendados sembraban cosechas en lo que le llamaban las sabanas, allí recogían Maíz, yuca, fréjoles, cosechas de arroz, y ordeñaban sus vacas para el sustento familiar, la leche de las haciendas, todas las mañanas llegaban los niños a beber espuma de leche de vaca prieta, esa que da cañaña.

La camaradería estaba en su punto más alto, Vivían felices, tomaban ron y trabajaban arduamente para labrarse un futuro, muchos lo consiguieron, a pesar de los ensañamientos de algunos compatriotas, susados por jefes y gamonales enraizados en el poder de este país, llegados de otras regiones que desestabilizaron la tranquilidad y el buen vivir de un pueblo pujante.

Cornelito Montaño me contaba una anécdota de tantas que tenía Kako Ojeda, que un día amaneció sin plata para beber ron, ya era viernes once de la mañana, sus amigos no le prestaban dinero y la desesperación llegó a su punto final, llamo al más malo de esa época que era el diablo, era el único que le podía resolver ese inconveniente: En la noche cogió caminos vecinales y allá debajo de un árbol frondoso de Cañahuate, se toparon. Ajá que quieres Kako, Hombe diablo te he invocado para que me prestes un dinerito, que no tengo para comprar el ron.

Cuanto necesitas, bueno diablo que sean cien mil, hombe Kako esa es mucha plata, no me la vas a poder pagar, no te preocupéis que de alguna manera te la pago, bueno te la presto con una condición que al año vengo por ti, listo diablo, pero yo también te pongo una condición y es que tienes que venir cuando yo esté borracho, el diablo se quedó pensando y concluyó, y este cuando es que no esté borracho.

Pasó el tiempo y el Kako emparrandado todos los fines de semana, la gente se preguntaba que donde consiguió plata para beber, es más le pagó una cuentecita que debía en el Bejuquero y en el foquito rojo, estaba saldado, hasta que se fue aproximando la fecha, dos semanas antes dejó de beber y se preocupó mucho, no salía a la calle, su familia lo extrañaba lo mismo que sus amigos, hablo con la mamá y ella lo mando para donde el cura a confesarse, el cura le recomendó que no bebiera más y que se refugiara en la Sacristía, que allí no entraba nadie.

La noche precisa, viernes fin de semana, el diablo buscó con afán a Kako Ojeda y no lo encontraba, como buen cobra diario se fue por la ventana de la Sacristía y le gritó: Kako Ojeda, no te escondas que vengo por ti, el cura que lo estaba asistiendo en sus últimos minutos sacó su recursiva idea enviada por Dios y le dijo: Kako dile que ya tu no tomas ron y que no estás borracho.

Kako apretó pulmón y le gritó, Diablo acabas de perder la plática, ya yo no bebo ron y menos estoy borracho, así que márchate. El diablo se quedó en silencio, y le dijo al rato, está bien Kako Ojeda, pero acuérdate que me debéis cien mil pesos más los réditos, allá en el infierno te espero.

Kako ya con ánimos le contestó: Ve diablo mejor que me condonéis esa deuda ahora mismo, porque lo que soy yo, no pienso coger para allá, ni quiero quedar debiéndote, apuesta es apuesta y palabra de gallero es palabra de gallero y si es guajiro más.

El diablo se fue refunfuñando en voz baja, solo se le escuchó decir, otra platica que se me pierde, no vuelvo a hacer tratos con borrachos, a este pueblo no vuelvo más. .


lunes, 31 de julio de 2017

LA MOCHILA DE LANA DE CHIVO



LA MOCHILA DE LANA DE CHIVO
Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano

Un amigo, de los verdaderos amigos, carga en su hombro derecho una mochila tejida con lana de chivo macho, esa labor la realizan nuestros hermanos en la sierra nevada, allá en lo más alto, donde se desnucó el Gallo, él me dijo que a esa mochila le caben quinientos limones de esos que nacen en la sierra, a medida que le van echando limón, ella se va estirando, cuando la forzan mucho queda como nido de toche en árbol de cañaguate.

A decir verdad, a mí persona le encantan esas mochilas, eso sí originales, ellas se conocen porque huelen a chivo sofocao, pero es un orgullo portarla, y se la encargue a mi amigo, una de esas mochilas la cargaba mi pariente Don Clodo, cuando iba a curar los mordidos de culebra en el sur de Bolívar,   con lo que es y lo que no es.

Bueno, llegó mi mochila y de una me la clave en el hombro, allí guardo los libros que escribo, los cuentos que narro, una docena de bolígrafos de toditos los colores, los códigos de Derecho, la santa biblia, con ella voy al mercado y traigo la compra, cuando veo algún sospechoso que me quiere intentar atracar, de una meto la mano y apunto con un guineo verde que cargo de revolver y le digo al contrincante cuando me pide la cartera.

Vea valecito, muéstreme que trae usted para querer despojarme de mi cartera, si no me muestra, le comunico que ya me estoy enojando y ese si va a ser el problema grande que usted va a tener con mi persona, porque a decir verdad cuando estoy rabioso, le disparo al que es y al que no es y santo remedio, se van de rever y se esfuman.

Para todo eso sirve esa mochila, con decirles que una vez en la Universidad, estaba realizando un examen de Derecho Procesal Penal, la cosa estaba peluda porque las preguntas no figuraban, ni en el código, menos en los apuntes, una de esas preguntas rebuscadas del Licenciado.

Han de creer ustedes que la mochila me sopló toditas las repuestas, esa noche en particular, saque un cinco, desde ese momento hasta duermo con ella, mi esposa me grita que últimamente hiedo a chivo macho.

El otro día venían unas damas a pleno sol con un paragua de esos mampanos y cuando oigo es a la mochila: Adiós hermosas mujeres, capullos de Alelí, sol que me quema, luna que me alumbra en las noches de penumbras. Las señoras me quedaron  mirando y dijeron, hay niñas, ese si es un hombre, que Piropaso.

Esa hermosa mochila, tejidas con la mano de una Kamkuamo, me da concejos, me indica los caminos y es mi confidente, lo malo es que en ella no se puede guardar plata, porque se la gasta en ron. Carga una panela de hojas y una botella de contra preparada y bebe un trago cada seis horas y le pega un mordisco a la panela, vea compa, mosquito que se atreva a picarla, cae redondito, no hay hormiga o avispa angolita que se pare en el cuerpo. Hay veces que se le olvida que es una mochila y berrea como el chivo, vejeejeee, vejejeee.

Cuando está en tres quince se canta el Carrito Brujo: Ay Atanques se está llenando de pura mujer Patillalera, yo no más las estoy dejando, y las voy a jondear pá fuera. Yo no más las estoy dejando, las voy a jondear pá fuera. Ellas dicen que son brujería, que son brujería para enamorar. Mentira no tengo nada, lo que yo sé es parrandear.

Honor que nos hace esa bella melodía de Rafael “Wicho” Sánchez e interpretada magistralmente por los hermanos Zuletos. Y terminamos emparrandao, la  mochila, mi amigo Édison y mi persona.



sábado, 22 de julio de 2017

LA LEYENDA FANTASMA DE DON ANTÓN GARCÍA DE BONILLA ESCRITA POR HASMMER BRAIN- IDEAS



LA LEYENDA FANTASMA DE DON ANTÓN GARCÍA DE BONILLA
ESCRITA POR HASMMER BRAIN- IDEAS
Por Francisco Cadrazco Díaz Román- Escritor Colombiano

Retomando mis lecturas, fui a la Librería y compré tres libros, uno de Derecho Americano, favoritos por sus Jurados de Conciencia y por la Libertad de los Litigantes para escoger sus testigos y armar una trama espectacular, en favor del acusado, garantizando una defensa digna, el segundo libro es el del escritor Costumbrista Colombiano Don José Eugenio Díaz Castro, nacido en Soacha Cundinamarca, "Manuela" y en dos por uno me encuentro la Leyenda del Español Hacendado Don Antón García de Bonilla, residenciado en Ocaña Norte de Santander.

A decir verdad, yo no conocía a Ocaña, hasta anoche que recorrí sus calles huyendo del Fantasma a caballo de Don Antón. Priscila una hermosa mujer nacida en Ocaña, la semana pasada llegue a un almacén de telas y ella me atendió por su acento supe que era Santandereana y como a mí me fascina saber donde nacen las personas, entablamos una amena conversación, mientras ella media y cortaba las telas, para unas camisas y me recomendó que leyera la historia de Don Antón.

Sucedió que en dos días me leí el libro de la Leyenda de Don Antón, un Hacendado que le ofreció una manda a la Virgen de Torcorama por un apuro que tenía, y se olvidó de su promesa, a pesar de que sus familiares le recordaban. Le sobrevino la muerte y ahora le están cobrando, lo tienen en pena desde hace siglos, en las calles de Ocaña, Aguachica y Convención, por eso los Alcaldes no nombran Celadores, con Don Antón basta.

Anoche después de acostarme, cuando llego al punto medio del sueño, o sea la segunda fase, me encuentro en la carrera doce de Ocaña, por la Catedral, llego al Edificio la Torre del Conquistador y de allí me mandan para el Hotel El Príncipe, cuando estoy tocando el timbre, veo y escucho a la distancia un Jinete bien aperado con chamarras y sus espuelas bulliciosas, no esperé, cogí calle, no sé si para arriba o para abajo, pasé por el Centro Comercial Andalucía, La Universidad Francisco de Paula Santander, y fui a dar a la Plazuela de la Convención en la carrera novena, resulta que en ese plazuela está la Estatua de Don Antón y de allí sale a recorrer las calles de Ocaña y entra al Museo en horas de la madrugada, sigo corriendo derecho a la Iglesia, está cerrada, solo me quedaba entrar donde hubiera una puerta o un alma despierta.

Don Antón seguía tras de mí y gritaba, chaval, devuélveme a mi amada, me quitasteis el Amor de Doña María Joder y otras palabras más que no distinguía en sonidos. Me fue llevando nada menos ni nada más que al callejón de la Calle Santa Rita o Calle Embudo, o sea un callejón sin salida, al notar que no había escapatoria, pegue un salto de dormido y vine a dar a la calle de San Andresito Centro, allí hable con el celador y me dijo que me fuera a dormir al Museo Antón García De Bonilla, gracias a mi Dios que el vecino de mi cuadra, prendió su ruidosa moto a las cuatro de la madrugada, para irse a trabajar.

Por todas esas cosas, es que a mi persona no le gustan las películas de miedo, menos estas historias, porque salgo actuando en ellas, sin embargo por esas charadas de la vida semidormido, conocí a la bella Ciudad de Ocaña, la tierra de los Wichos.


sábado, 15 de julio de 2017

S7, S8, S9 – EL CABO LEYTON



S7, S8, S9 – EL CABO LEYTON
Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano

En mi pueblo querido reina la camaradería, los sobrenombres están a la orden del día, muy pocas personas se salvan de los apodos, a mi persona me llamaban El Cubita y no conozco a Cuba, hay Cabos, sin Grados, Prensillas y Charretelas, pero al fin cabos, hay uno que pagó el servicio militar, el cabo Leyton sacó su libreta militar, distinción honorifica firmada por el propio Presidente de la Republica de Colombia y de una lo empacaron para una empresa de vigilancia, transcurrieron los años y una noche presentó síntomas  de 9.41 (loco), debido a los trasnochos excesivos.

En la tarde fue al mercado y compró un pescado boca chico salado cienaguero de cholén, yuca y limón, dispuesto a hacer una viuda y desayunar temprano al día siguiente para coger turno. No midió el tiempo, se levantó e hizo su viuda, la dejó reposar y comió hasta no querer más, se alistó y salió a la calle en busca del trasporte que lo llevaría a su trabajo.

El sereno lo saludó y le preguntó qué porque a coger turno a media noche, allí fue donde miró el reloj y sus manecillas marcaban 02:35: 36789 segundos. Se sobó la frente, dio media vuelta y se incrustó en su casa, se subió  a la hamaca y despertó a las 09.00 am, ese día no fue a trabajar, su esposa lo recriminó por su actitud y le dijo Leyton, cero y va una.

La segunda vez que el Cabo Leyton le falló la memoria, se subió a una ruta de bus intermunicipal, puesto de los músicos, ventanilla preferencial y zas, se quedó dormido, un Barranquillero de esos mamadores de gallo y gallina, en una parada de semáforos lo vio por la ventanilla dormido, se le acercó y le coloco con fuerzas los cuatro dedos de la mano derecha en la mejilla de Leyton, este se sobó y siguió soñando, su parada era a mitad de camino, llegó el bus a su destino y el único pasajero que divisó el conductor por el retrovisor fue al Cabo Leyton dormido, babeado y roncando, oiga amigo, despierte para donde va usted, se sobo la cara y dijo voy para el Concord, hombe mi amigo ya está en Santo Tomas. Su esposa lo recriminó por segunda vez, por llegar tarde y con cara de dormido. Cero y van dos.

Y se fue deteriorando el Cabo Leyton, no hay tiempo que más desgaste a un humano que la perdida de sueño, su cabellera blanca, sus pasos cortos, treinta años de trabajo y a falta de edad suficiente para pensionarse, en su puesto de trabajo y junto a sus compañeros, ojo de espía era la consigna General y una específica, reportarse ante el SS, tres veces en la noche  vía radio de comunicación.
SS a S1, Sin novedad SS.  SS a S2, Sin Novedad SS,  SS a S7, Sin Novedad SS.  SS a S8, SS a S8, SS a S8, SS a S9, Sin novedad SS, SS a S10, Sin Novedad SS.
SS a S7 pásele revista a S8 que no contesta al llamado de reporte, llega S7 al puesto de S8  y le pregunta porque no se reportó,  S8 le dice, no a mí no me han llamado. Cero  y van Tres, lo empapelaron y lo mandaron al Psicólogo, de allí al médico general, este le recetó un purgante de paico, después comer Hígado licuado, ojo de vaca en sopas, Zanahoria cruda, bolitas de  lentejas y carne molida, Ensalada de Espinaca y un frasquito de Apetigen.

Su penúltimo evento, sucedió en un transporte Inter-municipal, venia del trabajo, se subió, pago su pasaje, se acomodó y despertó llegando a una estación de policía, allí notó que el bus venia de regreso, preguntó que pasaba y le contaron que un pasajero no quería pagar el pasaje, entonces el conductor dio vueltas y se regresó a la estación de Policía ya Leyton se había pasado del sitio donde se iba a bajar.

Y para cerrar este Cuento lo último que hizo el Cabo, salió bien temprano 05:30 a coger turno de vigilancia, eran las 08:30 y no había llegado, tiempo suficiente de espera para reportarlo, llamaron a su esposa, ella contestó que el salió a las 05:30 a trabajar, el SS le comentó que no había llegado, su esposa lo llamó diez veces y no le contestaba al celular, en un bus Inter-departamental el vecino del puesto A5, codeó a Leyton, oiga señor conteste el celular lo están llamando con insistencia, a, a , a contesto sorprendido el vigilante, aló aló, Leyton mijo usted por dónde anda, contestó voy en el bus para el trabajo, como así, o sea que usted no ha llegado por donde va, y Leyton le pregunta al vecino que en que bus van y por donde se encuentran.

A respuesta del vecino de asiento, este bus va para Cartagena y vamos llegando a Luruaco, le contesta a su esposa, mija este bus y que va con destino a Cartagena y va pasando por Luruaco, a su esposa se le salieron las lágrimas y dijo vea mijo páseme al señor de al lado y le dijo que si él iba para Cartagena le pedía encarecidamente un favor, esperar un poco en la Terminal que ella iba a llamar a un familiar para que recogiera al Cabo Leyton, que al parecer estaba 9.41.

Nuevamente el familiar lo embarcó en Cartagena y lo recomendó al ayudante del bus, que no lo dejara bajar en el camino que en la Terminal de  Barranquilla lo estaban esperando.
Por ultimo a S8, lo valoraron y en la empresa decidieron pensionarlo por Sanidad, por su buen comportamiento y ejemplar servicio le concedieron su pensión al 100%. Su esposa lo atiende y le aplica la fórmula del ojo de vaca en sopa y ya está recuperado totalmente.

Un Cuento enmarcado en la realidad, como casi todos los Cuentos.


domingo, 9 de julio de 2017

DO GUMERSINDO



DO GUMERSINDO
Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano

Todos los(Do) días Gumersindo (La Choyita).Sobrenombre por su coposa cabellera negra. Salía bien temprano con un Bangaño en el hombro a recoger agua en el pozo de Palo Alto, en donde se situaban las lavanderas y había que hacer filas para recoger el agua. Joselina Aguilar era una señora habitante del pueblo, su carácter era un poco fuerte y vivía tropezándose con las demás mujeres que acudían a lavar ropa ajena.

Ese día en particular la doña no había encontrado con quien pelear y preciso iba llegando el muchacho, lo miró de arriba abajo y lo mandó para la cola de personas, Gumersindo la miró de reojos y sabía que se la iba a velar o montar, nada más por ser  muchacho e hijo de su mamá, con quien la Aguilar no se las llevaba, ella sabía los tapados que tenía.

Nuevamente se le acercó y le dijo en voz baja al oído de Gumersindo, mira mocoso dile a tu mamá que ella es un Piojo delante de mí. Le quiso decir que la mamá de Gumersindo era una ignorante de las cosas de la naturaleza humana y de la vida, donde esa hermosa señora es la mano del pueblo, siendo el pastel al revés, tremenda ofensa que cometió la Aguilar, ella nunca se había metido con la mamá de Gume la Choyita, una señora respetada, matrona del pueblo a quienes muchos jóvenes le debían la vida, ya que ella los ayudó a venir a este mundo.

A las dos horas de hacer fila para cargar el agua, La Choyita llenó su bangaño, se lo subió al hombro, momento que aprovechó la Aguilar y nuevamente le vociferó al oído ve pelao maluco dile a tu mamá que ella es un piojo delante de mí, a lo que el Gumersindo de la rabia, dejó resbalar el bangaño por su espalda y se hizo cincuenta pedazos.

Llegó a su casa  jipiando y le costaba respirar, su mamá al verlo, lo interrogó, allí fue donde la Choyita soltó la rienda, acordándose de cuantas veces la Aguilar lo ofendió y al estilo la chilindrina dijo:

Estaba yo en el pozo para jarrear el agua en el bangaño, la señora Joselina Aguilar  me miró a medio lado de su ojo derecho y se vino contra mí, dijo que usted era un piojito delante de ella, que ella se  las sabía toditicasss y las que no las apuntaba, después cuando llené el bangaño me lo empujó y cayó al suelo y se hizo mil pedazos.

Ya a esas explicaciones, su mamá se llenó de ira y fue perdiendo la cordura que la caracterizaba, la abuela de la Choyita que escucho a Gumercindo (Que en lengua Kankuamo, significa, niño o muchacho),  le dijo a su hija que viniera para hacerle una trenza en su larga cabellera, terminada la faena, se sopló los puños con aire caliente de su boca, convidó a Gume y salieron para el pozo, ninguno de los dos caminaba, iban volando de lo apresurado del asunto, Yo un piojito delante de ella, se habrá visto semejante atrevimiento.

Cuando la señora y su hijo Gumersindo dieron cara en la curva a unos metros de distancia del pozo, las lavanderas abrieron una circunferencia y dejaron a la Aguilar en el centro, con su pelo esparacao como trapero viejo, no hubieron palabras de preguntas, ni reclamo, fue dando y dando, las presentes se extrañaron porque la mamá de Gume es una señora a cabal, herencia de sus antepasados, pero a esa ofensa, no había piojo que quedara vivo en la cabeza de la Aguilar.

Las dos mujeres cayeron al suelo enmarañadas y a la Aguilar no le quedo un piojo en su cabeza, fueron contados uno por uno por el circulo de mujeres presentes y por Gumersindo su hijo que gritaba, dale mamá, acordándose de los ataques verbales  que le hacia la Aguilar todos los santos días de su corta existencia, ahora es un hombre al servicio de las personas que sufren algún mal.

Al día siguiente de la bifulca en el pozo de Palo Alto, el silencio reinaba en el pueblo, más no en el pozo, todas las mujeres extrañaban la no presencia de la Aguilar, que al tercer día se supo de su paradero, se mudó de Atanques para el Ático de los Indios, la vergüenza se apoderó de su mente, dejó la razón con el cachaco de la tienda, pidiendo perdón y disculpas a Gumersindo La Choyita y a su querida madre, dos personas de bien y haciendo el bien.