miércoles, 19 de mayo de 2021

INVIERNO Y VERANO EN MI PUEBLO

 


INVIERNO Y VERANO EN MI PUEBLO
Por Francisco Cadrazco Díaz
Escritor Colombiano

 

Enmarcando el tiempo en el calendario costumbrista del almanaque de Bristol, una biblia para saber cuándo llegaba el invierno y cuando se iban  las lluvias, era más largo el verano que los meses de lluvias. Fijo cuando la bonga centenaria de la esquina de la estaca, una finca cerca del pueblo, con sus bacotas secas, comenzaba a adornar las calles y caminos con su lana de color amarillo claro, que a la vez servía para abullonar las almohadas de cama, ya venía el invierno

Con nostalgia comenzaban las ensenadas a coger agua, signo de que el rio san Jorge y cauca se iban a desbordar de sus orillas  mi pueblo “La Villa se iba a inundar por los cuatro puntos cardinales. Los pescadores recogíamos los chinchorros y los subíamos a un saxo, hasta el año siguiente que con alegría de verano lo bajábamos y lo poníamos a tono, para seis meses de pesca. Comenzábamos  a estaquear la playa para saber cuántos metros de agua iban entrando, hasta que todo se inundaba.

Las mañanas de invierno eran hermosas, amanecía llovido, la placita con su yerba verde, las lombrices haciendo salidas del subsuelo, las gallinas pavos y cocadas atrapándolas y esperando a las gigantes que se encontraban dentro del pozo o bomba como la llamábamos ubicada en el centro de la placita, ya inservible.

Para los meses de mayo, ya los mangos estaban votando hojas y naciendo hermosos tallos que se encargarían de germinar frutos para recoger en verano. En este largo mes los campesinos del pueblo, alistaban pellón y rulas para emigrar a Venezuela, el Valle de Upar, en especial a Codazzi, los comerciantes del rio salían a Magangué a surtirse de mercancías varias para vender por las costas de los ríos magdalena, cauca y san Jorge, muy poco pernotaban en la villa, sólo quedábamos los estudiantes de primaria de las dos escuelas, para varones y hembras, después  llegó la Escuela Normal Privada  el Seminario Menor, también privado perteneciente a la curia.

En mi entorno de la placita, vía de salida y entrada a los corregimientos de la Ventura, callejón, tierra santa y san roque, amanecía el volcán a reventar de agua, en donde nos recreábamos en sus corrientes hasta llegar entre surcos a la playa “La Chambita”, una hermosa ensenada de aguas oscuras de unos cinco metros de profundidad.

Huracanes, fuertes vientos y tormentas tropicales se formaban en el firmamento al paso de nubes preñadas de color gris, solo esperaban que el cerro corcovado, sonara sus matracas para formar su jarana. Vacas electrocutadas, el maíz y el arroz en el suelo, con sus espigas viches, las líneas del teléfono caídas con la sabida interrupción de la comunicación telegráfica y de bocina. Los pescadores de anzuelos y arpones, todas las tardes partían a las playas y después de una noche estrellada o un huracán, traían el sustento, familiar y particular, para la supervivencia del invierno.

La plaza principal con sus consabidos charcos de aguas rojas, unos diez en toda la plaza, allí sonaban los cañonazos de pólvora en el mes de septiembre, dando anuncios de que entraban al toril cuarenta toros de la raza cebú. En el parque principal, en las noches, se hablaba de la pesca, de arrozales y maizales, de cosechas de patilla y melón, ganadería y agricultura.

Para esa fecha, mes de septiembre después de la fiesta ya los obreros pescadores sabías con que dueño de chinchorro te tocaba pescar, porque ellos les  adelantaban un dinero para que compraran la ropa y zapatos que te ponías en los cinco días de toro.

Para cerrar este Invierno en mi pueblo, la subsistencia de muchos hogares , se basaba en siembras de pan coger en los grandes patios, con la habichuela, la Candía, yuca, guineo cuatro filo o pochocho, naranjas, limones, frijoles, maíz, berenjena y otras siembras, también vendían por las calles: Leche, queso, bollos, cafongos, pan de queso, pan de coco, arropillas, peto,  dulces de panelitas y turrones, otras personas se dedicaban a Administrar la cosa Pública, el sastre, los matarifes, los quioscos de jugos de frutas naturales en la plaza, las tiendas, el café la castilla y el teatro.

A mediados de noviembre cuando el rio San Jorge comenzaba a asomar sus barrancos, ya los pescadores estábamos prestos con petate, franela amanza locos  un cuchillo llamado Banquero, para embárcanos a una travesía por el rio a más de cinco horas, para llegar al departamento de córdoba, a la altura del punto de pesca Marralú, el remolino de la pipa, Segeve entre otros puntos de pesca. De la escases de los alimentos en invierno, pasábamos a la abundancia del verano  con la gran pesca.

Proliferaban los cacharreros, las gitanas echa suerte, los turcos vende telas, los joyeros, las bisuterías femeninas, las mueblerías y los maestros de obras civiles, se contaban miles de pesos en ventas de bagre y pacora saladas, se hablaba de kilos y arrobas, de enhielados de pescado para trasladarlos a Medellín o Barranquilla, en chivos (Canos con remolques), o en jaulas.

Aquí surgía el Golpee mano, a la hora de comer, por la cantidad de hombres que nos ganábamos la vida jalando chinchorro, con la particularidad que los jóvenes solo nos liquidaban media parte de lo que se ganaba un adulto y a decir verdad nos exigían más, porque en esa época, los hombres se medían por el trabajo y no por su estatura.

Puntos referentes de Invierno y Verano: La finca Madre de Dios, tierra fértil para sembrar arroz y maíz, finca babilonia a las orillas de una playa, tierra arrocera, como lo era Rabón corregimiento de la Villa, palo negro y palito. En verano mandaban la parada “La punta de la Pesquería y Los Jobos, sitios turísticos  de comercio en donde pernotaban los pescadores después de una noche de pesca, toda persona que llegara a esos dos sitios, por cortesía las señoras que preparaban los alimentos en tiempo de pesca, llamadas rancheras, le servían una totuma media de Sopas de sábalo fresco, con arroz y tres cucharadas de suero atolla buey.

Del recurso humano, unos hombres líderes y duchos en el oficio, compañeros, amigos, familiares, consejeros de la vida, dispuesto a colaborar   para la consecución de un objetivo común. Sin tacha en su honradez, sus Wood Will era el trabajo en garantía y su palabra empeñada.

Así eran los inviernos y veranos de mi hermoso pueblo en el siglo pasado 1953-1969. Época enmarcada en mi juventud presencial, vista con ojos de colores por mi mente y la inocencia del corazón.