sábado, 29 de abril de 2017

CERO Y VAN DOS



CERO Y VAN DOS
Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano-Zona Norte

Esas palabras se las dijo Tío Tigre a el burro moro de gran altura que permanecía en la mira de tío tigre, al igual tío tigre estaba en la telescópica de mi compadre Mañe, el hombre que tenía una escopeta marca Wínchester con dos tiros en la recamara,  bien a tiro de mira y pavonada, la pelea estaba casada.

Aunque los humanos decimos en términos despectivo, tú eres un burro, refiriéndose a la inteligencia, no al poder de su aparato reproductor, el moro era muy inteligente, su dueño lo soltaba a los playones, en vez de meterlo en una huerta de hierba viche de dos metros de altura que había cerca de la casa. Él decía mijo Sico, suelte ese burro para que se vaya a recrear, en pocas palabras, al día siguiente regresaba con mucho brío.

Tío tigre hacia sus apariciones cerca al playón de palitos, todo animal que habitaba y dormía en esos playones, se los comía, solo le dejaba los huesos, pérdida total para sus dueños porque era exquisito comerse al ternero de meses.

En cambio el burro moro, buscaba para rincón largo, una ensenada de hierbas tiernas, cuando las aguas del río san Jorge se alejaban, allí compartía terreno con otros animales de su especia, vacas y toros más garzas morenas y blancas, piscingos y barraquetes, coyongos, piguas y cocineras, aves que le tiraban el pitazo si llegare a aparecer tío Tigre.

Pero su dueño se empeñaba a dejarlo amarrado a soga larga en la cerca cuando iban a cortar la leña para los fogones de las casas del pueblo,  le quitaba los aperos y se internaba a cortar la madera, en silencio el moro se hacía debajo de un frondoso árbol, allí llegaban los pájaros garrapateros a espulgarlos, oportunidad que aprovechaba el moro para relajarse, eso si la oreja derecha siempre estaba monitoreando los sonidos y pisadas.

La primera vez que hizo su aparición tío tigre en el camino viejo, le fue como perro en misa, porque mano Mañe andaba por la zona, el moro  olfateo y de chévere le mando el mensaje a mano Mañe y por poquito le mete el plomo a tío tigre.

La segunda vez que el burro moro se topó con Tío Tigre se lo cogió amarrado con la soga  a larga distancia, el moro lo vio llegar, venia agazápado, sigiloso y en plan de comer carne de burro Moro fresquecita, en par segundos el burro la pensó, no había tiempo para más, cuando Tío Tigre  se le abalanzó, el moro dios tres vueltas de campanas y envolvió a tío tigre con la soga y lo ató al frondoso árbol de mamón macho, rebuznó y rebuznó hasta que hizo su aparición su dueño, acompañado de Mano Mañe y su escopeta tiro cero.

Vea Tío Tigre lloraba como estudiante de primaria en el siglo pasado cuando le iban a pegar con el perrero cuatrimotores de don Raimundo Bravo, de los bravos de la villa, mano Mañe le dijo te voy a soltar con dos condiciones, una que no te volváis a meter con el burro moro y dos, porque te quiero coger es libre y corriendo, ahora a correr, Tío tigre le decía a mano Mañe, por favor no me mates, no voy a correr, salió caminando despacito y cuando llegó a la bola de monte corrió y grito: Esas me las pagas mano burro, cero y van dos.

Pasaron los años, de Tío Tigre no se supo más, mano Mañe está en la eternidad, el burro moro lo atropelló un volteo cuando iba detrás de una hermosa pollina, mijo Sico, anda divagando por el mundo de las letras, hoy está aquí, mañana está allá, hoy es realidad, luego es ficción, que está en Aguas blancas y Valledupar, en Urumita y La Jagua del Pilar, en Sincelejo y Corozal, Mompox, Magangué, la Victoria, Juana Sánhez  y a la hermosa Villa de San Benito Abad lo ven llegar.

Cero y van Dos.


lunes, 24 de abril de 2017

DONDE SE DESNUCÓ EL GALLO


DONDE SE DESNUCÓ EL GALLO
Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano- Zona Norte

Allá bien arriba de la Sierra Nevada de Santa Marta, sitio sagrado de nuestros mayores los Kankuamos, donde el Sol sale primero y se oculta de último, una gallina no se pudo subir al árbol de totumo, el gallo, rey del gallinero, se intranquilizó porque las zorras estaban bien cerquita, se bajó del árbol y salió en busca de la mejor gallina de su gallinero, con ella ya la familia era numerosa y, por vieja no podía subir al frondoso árbol.

Cantó tres veces, donde no es usual hacerlo a esa hora, ya que sus enemigos lo ubican y es gallo muerto, pero el amor de su vida estaba extraviada en la espesa vegetación, dio vueltas al derredor y llegó hasta el trapiche de caña de panela, volvió a cantar y le respondió fue un tigre de bengala, pero sin la luz.

Cogió camino de Chemesquemena hacia Guatapurí, que era el único camino que la súper gallina se sabía, porque ella era oriunda de Ataques y cada semana bajaba a comprar provisiones en compañía de su gallo, cuando iban pasando por un estrecho camino, el gallo escuchó a la gallina cacarear y del susto perdió pie y fue a dar a una corriente del río, que está a medio tabaco de profundidad, nadó y nadó y llegó a Guatapurí todo mal trecho, pelado, raspado y mojado.

No hablaba, le dieron una media totuma de agua de panela caliente con hojas de limoncillo y reaccionó, narró lo sucedido a sus familiares quienes soltaron la riza de gallos y gallinas, el supergallo cogió camino nuevamente, pero en una bifurcación y rabioso por la burla de que fue objeto se desvío y fue a dar a Palomino, lo más alto del pueblo Kankuamo en la Sierra Nevada, allá permaneció mucho tiempo hasta que lo localizaron y le contaron el cuento al derecho, de su gallina vieja.

Vea Primo Gallo, le dijo el conejo, yo vi a un Zorra rondando su gallinero, la súper gallina cogió camino y la zorra iba detrás, al pasar por el camino estrecho, la gallina le hizo un zig zag a la zorra y esta perdió pie y fue  a dar a l fondo del rio, la gallina surcó camino y fue a dar a Guatapurí, cuando usted llegó esa noche mojado y maltratado, la súper Gallina dormía placida en el árbol de guayaba, con los demás aves de patio.

El Gallo bajó a Valledupar y mandó a hacer un letrero que subió y colocó en el sitio estrecho y angosto de la vía, donde una noche perdió pie y fue a dar a las aguas frías del rio. El letrero decía, “Aquí se desnucó el Gallo”. Hoy el letrero ya no existe, pero es un referente y de cuidado de los pueblos indígenas que transitan por esa vía entre Palomino,  Chemesquemena, Guatapurí y Atanques, allá en la hermosa Sierra Nevada.


sábado, 1 de abril de 2017

LA MEDIA VACA



LA MEDIA VACA
Por Francisco Cadrazco Díaz
Escritor Colombiano-Costa Norte.

Osvaldito Ramírez Suarez, es un tipo dicharachero, nacido hacen 74 años en la Jagua del Pilar, después se vino para Mariangola y por ultimo a Barranquilla, pero Osvaldito no olvida a sus familiares, regados en toda la Guajira y Cesar, por eso aprovechaba las vacaciones laborales y se iba a pasear.

Toda persona que uno nombre en esos dos departamentos, él sale diciendo que son sus familiares, o que los conoce, una vez su hermano mayor Geño Ramírez Suarez, residente en la Jagua del Pilar, le mató una vaca para que se la trajera para Barranquilla, la compartiera con sus 9 hijos más su querida esposa, su hermano la empacó en diez costales de fique y se los montó en el platón de una camioneta Ranger Guajira, que Osvaldito tenía.

De paso, subió a Urumita a saludar a unos amigos y conocidos, como Los Liñán, los Annicchiarico,  y a Eder Rojas García le dejó un bulto de la res, de los diez que le empacó con todo el cariño, su hermano mayor.

Cuando Osvaldito llegó al Valle, fue a saludar a su sobrino Dimas Durán, allí le dejó un bulto y a su pariente Alfonsito Ramírez le dejó otro, para que los repartiera entre Armando, Henry y Luis Alfonso  de los diez bultos que traía con la vaca muerta, después paso a Aguas blancas y le dejó un bulto a Álvaro Escobar y uno para el Profe Wilmar Villalba.

En Mariangola le bajo un bulto a unos familiares, en Bosconia la policía le decomisó un bulto para hacerle una prueba, a ver si eran robados o tenían aftosa y por último se topó en la carretera, a la altura de Ciénaga con el compae Sico, que iba para Aguas Blancas y Urumita, por el aprecio y el compañerismo de empresa, le regaló un bulto.

Cuando llega a su residencia en Barranquilla, le dijo al gordo, uno de sus hijos que bajara el resto que quedaba de los diez bultos de la vaca que salió de La Jagua del Pilar y han de creer ustedes, señores lectores de mis cuentos, que todavía quedaba MEDIA VACA, o sean cinco bultos.

Como para enderezar el cuento, Osvaldito se quedó pensativo, a lo mejor comenzó a sumar y las matemática le fueron inexactas, y fue cuando expresó verbalmente  que, él estaba hablando con los parientes y no sabe si su ayudante bajo o no los bultos, desde ese día a nuestro querido amigo, a quien estimamos mucho, le llamamos MEDIA VACA.


Después de tantos años y ya pensionados ambos, nos topamos en servicios médicos donde acudimos a hacernos los controles rutinarios, y me volvió a nombrar uno por uno a sus familiares en la Jagua, en Urumita, en el Valle, Aguas blancas y Mariangola, en ese instante de mi vida, me acordé de este hermoso cuento.