sábado, 27 de julio de 2019

UN CHIVO INTELIGENTE






UN CHIVO INTELIGENTE
Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano

Liberto entregó en dote por el casamiento de su hijo, unos mil chivos, entre hembras y machos, los subieron en un camión con destino a la guajira venezolana cerquita a la frontera, desde el resguardo Sirroshirra en la alta guajira Colombiana, entre esa manada iba un chivo joven que se distinguía por su color de piel, blanco con marrón y lo llamaban barretiao.

Barretiao luchaba en la jaula del camión por escaparse ya que toda su familia quedo en la ranchería en Colombia, por un accidente lo escogieron a él, fue una orden del nuevo propietario de la dote, fue un largo camino en donde perdían el equilibrio ya que no llevaban ninguna barrera o protección dentro del camión, pero a pesar de eso Barretiao iba copiando el camino y tan pronto llego a su destino, como era de noche, se escapó.

Guiado por la Luna el chivo emprendió camino de regreso, para alimentarse pelaba el cardón y se comía la sabia, esta le daba fuerzas para seguir tan largo y penoso camino, no podía coger carretera porque de seguro lo capturaban y lo hacían presas, o tal vez iría a pastar a otra ranchería en donde las condiciones no fueran la misma que en Sirroshirra.

Halló en el camino a un perro hambriento que lo perseguía hasta caer exhausto, pero no logro su objetivo, barretiao le consiguió agua y comida a tarzan un perro negro de gran tamaño, quien le agradeció el gesto del chivo inteligente, esa noche hablaron de todo y no dijeron nada, quedaron a unirse y emprender viaje a la alta guajira colombiana en busca de la familia de barretiao.

A la semana de camino dieron con la ranchería, pero ya la familia de barretiao, no estaba, los subastaron y su destino era un matadero, pero no sabían cual y en donde estaría, tarzan y barretiao emprendieron camino e iban de ranchería en ranchería, preguntando por su familia.

Llegaron bien temprano a Albania y en la carretera indagaron, otro perro que se encontraba en una carnicería les dijo que esa familia iba en un camión con destino a Huadurupiahu guajira, allá llegaron y a la entrada de la ranchería les dijeron que pasaron con rumbo a Jotomahana a unos dos kilómetros de distancia, no los encontraron, tarzan rastreo y el olfato los llevaba al siguiente pueblo wayuu llamado Huayanetamahana, una señora que estaba barriendo en la calle, les informó que ese carro pasó con destino a Maicao, toda la noche bajo la luz de la luna los dos amigos recorrieron camino y llegaron en la madrugada a Maicao, palmo a palmo recorrieron sus calles y no encontraron rastro de la familia de Barretiao.

Descansaron ese día en un colegio que se encontraba en las afueras, debajo de un frondoso árbol, ahí llego el celador y les trajo agua y comida, hablaron de dónde venían y a quien buscaban, sorprendido el humano de que los dos animales hablaran en Wayuunaiki y español, se despidieron a las siete de la noche con rumbo a Riohacha posible destino de la manada de chivos, duraron tres días recorriendo a Riohacha, los mataderos clandestinos en los patios de las casas, pero fue infructuosa la búsqueda, barretiao le informó a tarzan que en Alto Pino tenían unos parientes y allí se dirigieron, ya sus contexturas eran insípidas, tarzan se parecía al perro de Copetran y barretiao tenía las barbas como Bing Laden, no daban confianza a quienes se los encontraba en el camino.

Lo que los salvaba era que tenían una educación a prueba y no se metían con nadie, es más en Pioureka, se unieron dos perros más, una chiva recién parida a quien le quitaron el cachorro, dos gallos finos y un burro, bajo el pacto de no agresión, por mucha hambre que tuvieran, el objetivo, encontrar a la familia de Barretiao.

En Amenasín encontraron a un hermano de barretiao y este les informó que siguieron para Paumahana, ahí tampoco los encontraron, decidieron coger carretera a ver si daban con la familia, llegaron bajo la dirección de tarzan a Tomarrazón y en una granja se unieron a la gran familia de barretiao, quienes estaban desesperados por el paradero del único Chivo macho que hablaba dos idiomas y que no estaba en venta ni al alcance de una olla hirviendo.

Así bajo un hermoso sueño el chivo macho inteligente, de nombre Barretiao conoció a las rancherías Wayuu  sus nombres y costumbres, sus hermanos, en la alta guajira, hermosa tierra al norte de Colombia.


martes, 23 de julio de 2019

EL MEDIO HOMBRE DE NEGRO, EN LA FINCA “LA CONCEPCIÓN”





EL MEDIO HOMBRE DE NEGRO, EN LA FINCA “LA CONCEPCIÓN”
Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano

Porqué las cosas sucedían antes de entrar el siglo xxI, sobre todo en caminos y veredas de nuestra costa caribe colombiana, los hombres eran correctos en su hablar y actuar, todo aquel que se saliera del marco legal familiar, era castigado por los mayores, así no fuera su papá, los presupuestos familiares se respetaban, los jueces eran los padres, que con solo una mirada de tío a sobrino, ya estaban orinados en sus pantalones.

Al Padrino del Bautismo había que rezarle el Bendito y besarle su mano, a cambio de ese gesto de valores, recibían los ahijados una moneda de a cinco centavos, ya fuera de plata o de cobre al 100% legitima, aconteció que allá en la Finca la Concepción de Propiedad de los de La Hoz Vergara, a las siete de la noche se ponían a jugar dominó, a tirar fichas en una mesa de tablas de cativo y después del juego, cuando ya los contrincantes se recogían, comenzaban a tirar fichas y no dejar dormir a nadie.

El Blanco era un hombre métrico, correcto y nivelado, no admitía que un hijo se le saliera de sus parámetros de vida trazados a peso de machete y ordeñe de ganado, fue poco a poco adquiriendo terreno y ganado vacuno, sus hijos eran sus colaboradores, la Concepción era una tacita de plata.

Por sus predios corría el río de Aguas blancas, producto de las calizas allá arriba de la sierra, había una piedra a mitad del río y las mujeres llegaban a lavar cuando el río estaba bajito de agua, siempre escuchaban ruidos que venían de las montañas cercanas, pensaban que era un tigre, pero una tarde a las tres en punto, vieron a un hombre negro, sin piernas, solo de la mitad hacia arriba, se reía y tenía los dientes cubiertos en oro de veinticuatro quilates y su color de piel era negro azabache, se iba bajando lentamente y desaparecía, todas las tardes salía en el mismo punto, una lomita de arena a mirar a las mujeres que lavaban.

Le dieron aviso al Blanco De la Hoz, hombre que no le tenía miedo a ninguna clase de espantos, una tarde se preparó y dijo, hoy es el día que me voy a dar de frente con ese medio hombre, si sale de día es de este mundo, se aperó de su revolver Smith Huesson, calibre treinta y ocho, con seis tiros y una caja más de cincuenta cartuchos, él pensaba que era su vecino Magín, con quien tenía una pelea casada por un toro bravo que le rompía la cerca de alambre púa.

Esa tarde no salió el medio hombre de color negro, al día siguiente el rio amaneció crecido y las mujeres no fueron a lavar, ya llevaba el Blanco una semana haciéndole casería al medio hombre y este no aparecía, entonces cambio de estrategia, se subió en un palo de cañahuate, bien temprano y aguardó con paciencia a las tres de la tarde, las mujeres lavaban, se reían de sus cuentos, aporreaban la ropa con manducos de guayacán y fijo, de la tierra fue brotando el medio hombre hasta llegar a la cintura, sus piernas no se le veían, apunten, disparen y pun. pun, pun, retumbaban los disparos del Blanco en las montañas.

No volvió a aparecer el medio hombre de color negro azabache. Una noche mucho después de ese hecho al Blanco se lo cogió la noche en el pueblo, llevaba una compra del depósito Giner en el hombro derecho, en la mano izquierda llevaba un bastón de palo fino, a mitad de camino vio la figura del hombre negro, pero completa, con abarcas tres punta, pantalón blanco y su sonrisa fingida, el blanco bajo el saco y lo apuntó con el bastón fino a la cara y le dijo hombre, yo lo ando buscando, y su contesta fue yo también, le volvió a hablar el Blanco  que quiere, que se le ofrece, el medio hombre le dijo: Vea yo soy el dueño original de esas tierras, me pertenecen de hace cinco siglos y la verdad es que no me he podido ir de ellas, porque tengo el ombligo enterrado debajo de esa casa que construyeron hace años.

Además en el sitio donde aparezco todos los días a las tres de la tarde, tengo unas alforjas llenas de monedas de oro, producto de la venta de panela, porque esta era una finca panelera, si usted me colabora, partiremos mitad por mitad, primero desenterramos el ombligo y después las alforjas con las monedas.

Bueno cuente con migo, mañana mismo nos ponemos en esa, fue la respuesta del Blanco, a lo que el medio hombre contestó, no, es ahora mismo, desocuparon la casa y sacaron el ombligo que media cincuenta metros y estaba enrollado como cabuya de barco, después se dispusieron a escarbar con pico y pala y sacaron las alforjas, eran cuatro y dividieron dos y dos.

Hoy en día es historia narrada, así como vino se fue, tanto el medio hombre negro como las monedas de oro, pero eso sí, el Blanco creo fama y su emporio duro hasta el día de su despedida, solo desde la carretera que va para El Valle y el cementerio del pueblo, se ve la Finca La Concepción, donde un día reinó la abundancia, la familiaridad y el trabajo honrado.




jueves, 18 de julio de 2019

DEJEN Y LES CUENTO, PACHITO







DEJEN Y LES CUENTO, PACHITO
Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano


Decían los ancianos respetados de mi época, de mi niñez, que todo acto que realices en la vida, que sea de mala fe, da la circunferencia del bobo y regresa a ti, siempre los ancianos decían la verdad, la palabra empeñada,  sin firmas en papel y el refrán palabra de gallero, daban el aval. En esta época en que la tierra da la vuelta a su alrededor en menos tiempos, no sé, como tampoco meto las manos al fuego por nadie.

Aconteció que Pachito con sus diecisiete años cumplidos vendía loterías para subsistir, buscando caminos que lo llevaran a tener una mejor vida. Una vez un capitán de aviación civil lo llamó y le dijo, si tú me acompañas a realizar una diligencia en esta avioneta, yo te compro toda la lotería que llevas allí.

Como no había nada que perder, sino ganar, por primera vez el joven surca los cielos de su país, el capitán le iba indicando por donde se encontraban, en la tierra se veían los ríos convertidos en unos arroyuelos, las casas de techo de zin, alumbraban el firmamento y las montañas con surcos y senderos parecían caminos hechos de cabellos en cabeza de una hermosa mujer raizal.

Ese día le dieron la orden de cuidar la nave parqueada debajo de un frondoso árbol, buen desayuno, almuerzo y una nevera pequeña llena de bebidas, tanto alcohólicas como refrescos.

Acto seguido, tipo cuatro de la tarde se apareció el capitán con unas cajas las acomodó y las amarró dentro de la nave y emprendieron vuelo de regreso, al llegar a la pista de aterrizaje, parqueo la nave y dentro de ella le compró a Pachito toda la lotería que llevaba para la venta de la semana.

Advertido el joven de que no se debía enterar nadie de la odisea, partió para su casa satisfecho por la jornada, al día siguiente le avisaron que vendió el premio de la lotería  de ese día, que al darle la noticia al capitán su alegría fue infinita.

En otra ocasión en un retén de policía, un dragoneante con mando le quitó toda la lotería que pachito llevaba para la venta, resulta que él no sabía que pasar de un departamento del país a otro, la lotería queda siendo de contrabando y si sucedió que de San Pedro sucre, al pasar a Magangué, en esa época la lotería comprada en Sincelejo, era de contrabando por no pagar los impuestos establecidos por el gobierno departamental, eso no lo sabía Pachito, dejen y les cuento.

Fue despojado de la lotería por el Dragoneante Sarmiento, un señor delgadito, fileño de gafas trasparentes, figura desagradable, tanto que Pachito le  rogó, no comprendía los motivos de la detención y despojo de la lotería, hasta le lloró al uniformado,  para que lo soltara y devolviera la lotería, dieron aviso al mayorista de la lotería y este arregló el chico, pero se la descontó.

Pasaron tres escasos años y como dijo el chavo del 8, sin querer, queriendo Pachito se convirtió en policía nacional y por sus buenos estudios en la escuela le condecoraron con una dragona o agente distinguido, lo mismo que aquel dragoneante que le había quitado la lotería y hacerle pasar un mal rato.

Como a ese personaje no se le olvida el momento en que su madre lo trajo a este  maravilloso mundo, menos se le iba a olvidar el rostro del Dragoneante Sarmiento, ya en el departamento de policía atlántico, en las filas de la vigilancia, divisó la figura y la observó detenidamente y concluyó, que era la misma persona que estaba haciendo reten en el corregimiento de Camilo Torres Bolívar, dejen y les cuento.

Instalado en oficina de la pagaduría, entre las funciones a desempeñar a Pachito le correspondia cada mes liquidar la nómina y en un sobre de manila depositarle el sueldo a cada miembro de la policía nacional del departamento del atlántico, con su hecho pensado y con la complicidad del jefe del área, a quien le contó tan tremenda odisea con el Dragoneante Sarmiento, allá en Camilo Torres Bolívar, llegando a Magangué, le descontó los trescientos pesos, con intereses que dejo de recibir por la pérdida de la lotería tres años a atrás, cuando era solo un civil.

No paso el tiempo, solo media hora, cuando el Dragoneante Sarmiento con cara arrugada estaba reclamando el faltante de su sueldo, la tiraron a la pelea en la oficina, llevaron el pleito delante el jefe y fue cuando Pachito soltó el bombazo, que tenía atragantado en su garganta, con pelos y señales, le expuso al capitán lo sucedido tres años en retroceso del tiempo. El policial quedó pensativo, retrocedió el tiempo en su memoria y reconoció el hecho, pidió disculpas y manifestó que era en cumplimiento del deber, envolvió su sobre con el dinero restante y le entregaron un recibido del dinero descontado con los intereses de mora, lo felicitó por tener retentiva y buena memoria fueron sus palabras y el oficial en relación general expuso el hecho sucedido entre el Dragoneante Sarmiento y el civil Pachito. Dejen y les cuento.


domingo, 14 de julio de 2019

EL PAVO REAL




EL PAVO REAL
Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano

El alma viajera de Prudencio salía a media noche de la ceiba centenaria sin rumbo fijo, a molestar a todo aquel que con la luna llena pernotaba por los caminos de herraduras, barro y fango, aquellos laberintos olvidados de la civilización, que por las noches se convertían en atarraya de arañas ponzoñosa y atrapaban el alma de todo ser moviente.

Por eso los campesinos villeros procuraban quitarse el sombrero y darle un vistazo al reloj del sol, recoger sus implemento de trabajo y marcharse a su hogar, y no exponerse a tener ningún inconveniente con los del más allá, en especial con el N.N. que había en el cementerio, en donde está sembrada la ceiba centenaria,  ninguna autoridad eclesiástica y civil, sabía cuándo vino y quien lo sepulto allí.

Alguien cogió un carbón de leña y le colocó el nombre de Prudencio, tan cuidadoso que siempre que caía un aguacero y el nombre se borraba, esa persona volvía a colocar el nombre de Prudencio, tan notado era el caso que,  había mesura al hablar y transitar por ese sitio, después de las cinco de la tarde.

Juan de Dios, un hombre de estatura pequeña, orejas grandes y peludas, poco hablado y estudiado, que como muchos en el pueblo llegaban en tiempo de fiesta del milagroso y se quedan sirviendo a los llamados blancos del pueblo, era el caso de Juancho, con un apellido originario del magdalena grande, muy querido por todos, iba y venía de la finca carruso, en un mulo carguero con dos cantaros de leche para vender menudeada en la casa vieja de los patrones.

Por algún motivo de peso y razón, Juan de Dios, se quedó en la finca esa noche de luna llena y a media noche decidió regresar al pueblo a pie, cogió camino para recorrer los dos kilómetros que hay hasta el portón de la mansión donde vivía, vean a veces uno piensa y no razona, las personas no deben subestimarse, Juancho nunca tuvo problemas con ningún humano en mis dieciséis años que viví en mi pueblo, se dedicaba a sus labores y punto, pero esa noche que  silbaba la pollera colorá le tocó sacar sus garras y pico a defenderse de Prudencio que le venía siguiendo los pasos, donde Juancho pisaba en el barro, Prudencio metía sus patas.

Situación que capto Juancho y se dispuso a aplicar viejas fórmulas de salvación humana que su Bisa le enseñó, más su nombre acompañado del altísimo, eran prenda de garantía para que ningún rostro llegado del más allá, pudieran dar un parte negativo de esa escena, situada en la boca calle a la carretera que daba al aeropuerto de palito vía a San Roque.

Tan así fue, que sólo después de cincuenta y cinco años me atrevo a contar tan intrincada y macabra pelea entre el Pavo Real y Prudencio, contada con pelos y señales por mi amigo Juan de Dios, quizás mi persona era uno de los terrícolas con quien hablaba ese personaje, porque a decir verdad, el que no intercambia conceptos con mi persona, es porque está muerto.

Para comenzar Juancho le tiró la atarraya de arañas tarántulas a Prudencio y lo enredó por dos largos segundos, se volvió un monstruo de carne y hueso,  ya Juancho no podía darle la espalda a tan desagradable criatura del más allá, tenía que enfrentarla, los perros en unísono ladrido anunciaban que alguien les causaba miedo, pánico, escondían su rabo para no quedar mochos y se refugiaban en las cenizas del fogón de leña, acto seguido, Juancho le tira una cerca de palenque, compuesta por estacas de mangle seco, que ni el toro Candelillo podía salir de ese encierro.

Sólo duró tres segundos ese malvado para volver a envestir, pero estaba enfrentándose a un hombre de pelo en pecho, tan peludo que parecía un oso, así era Juancho en su vida normal.

Por último, y casi perdiendo la pelea el humano, dio tres vueltas en el mismo punto donde estaba parado, sacó pico, patas y plumas y en un santiamén se convirtió en Pavo Real, se sacudió, abrió su plumaje de infinitos colores y acto seguido comenzó a vocear su sonido característico,capaz de romperle los tímpanos de los oídos a un gato siete vidas, esa era la contra de Prudencio, que acobardado emprendió carrera, sus patas se levantaron de la madre tierra a treinta centímetros, el pavo alzó su corto vuelo y lo persiguió llevándolo a la gran ceiba centenaria, bajo una jauría de perros criollos que existían en mi bello pueblo, “La Villa”. Selló la bóveda con el candado de la muerte y más ni nunca se ha sabido de Prudencio. 

Al día siguiente a la pelea, Juancho no se levantó a realizar sus faenas, su ropa estaba desgarrada, tenía ojeras negras como si lo hubieran quemado, su temperatura corporal registraba fiebre de cuarenta grados y el medico del pueblo le recetó dos mejorales, dos sefalinas y un purgante de leche de higuerón, la bomba de ese tiempo, para que se mejorara.

Con la señal de la santa cruz, en Latín, como me enseñaron los Sacerdotes Españoles, cierro este cuento para protegerme de los del más allá.  Per signum Sanctae (†) Crucis, de inimicis (†) nostris, libera nos, (†) Domine Deus noster. In nomine Patris, et Filii, et Spiritus Sancti. ...Amén. 





domingo, 7 de julio de 2019

EL HOMBRECITO DE LA RULA, CACHA DE NÁCAR COLOR ROJO





EL HOMBRECITO DE LA RULA, CACHA DE NÁCAR COLOR ROJO
Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano

A comienzos del siglo pasado, la época en que el hermano país de Venezuela era el invernadero de los Colombianos, en especial de los habitantes de la Costa Caribe, que con pellón al hombro, una hamaca con dos cáñamos y una rula Colín , corneta o barrilito más afilada que los discursos de Gaitán, cogían carretera en busca del sustento familiar, a ordeñar, tumbar montañas, sembrar cereales, subían por la serranía del Perijá, vía Codazzi Cesar y salían a Machaque Venezuela, expuesto a que los Indígenas caníbales en esa época remota, se los devoraran en el camino, que a cada kilómetro izaban una cabeza de humano.

Partieron de cinco esquinas en el viejo Valledupar veinte hombres reunidos en ese sitio famoso, armados de valor, atravesaron la serranía y fueron a dar a una matera (Finca), en el otro país, Colombianos buenos en el trabajo, con fama reconocida por los propietarios de las materas, organizados con un capataz que daba las órdenes.

A mitad de camino vieron a un hombre diminutos a orillas del camino, cada hombre sacó su rula dispuesto a darle la batalla a los indígenas caníbales, llevaba un pellón y envuelto en trapos una rula que solo se le veía la cacha de nácar color rojo, hablaron con el largo y tendido y se integró al grupo, ya cayendo la tarde tenían que pernotar, descansar, además buscar alimentos, de una como buen costeño  bautizaron al hombrecito con el remoquete de cacha roja, él voluntariamente se ofreció para conseguir los alimentos, se internó a la montaña y en menos de quince minutos traía al hombro en un saco carne fresca, dos matas de yuca y unas hojas de plátano verdecitas, organizaron la fogata y en media hora estaban cenando. De los veinte hombres solo habían diez y nueve, el otro decían que se devolvió.

Todos sus compañeros se quedaron atónitos al ver y notar las cualidades de cacha roja, sin comentario se recogieron al lado de la fogata, cacha roja no durmió, se pasó toda la noche dándole vueltas a una leontina de plata que le colgaba del ojal del pantalón blanco. Bien temprano se desapareció del grupo internándose en la espesa montaña que divide a los dos países, diez kilómetros adelante se apareció con un envuelto en hojas de bijao, carne fresca y yuca cosida para todos sus compañeros, con su permanente sonrisa mostrando su diente canino arropado con casquete de oro. Pero ya otro de sus compañeros no estaba en el grupo, desapareció.

Hicieron contrato para tumbar veinte hectáreas de montaña espesa, desahuciada por otros colombianos en días anteriores, el capataz lo llamo y le consultó si se le metían a tan arduo trabajo, con su cabeza dio a comprender que sí, los dotaron de hachas, cantimploras con agua, tres panelas cada uno y estaquearon las fronteras a cada trabajador.

Con el guapirreo característico de los campesinos costeños tumba montañas, los diecinueve hombres comenzaron su faena, montaña, bejucos, enredadera iban cayendo como naipes, culebras hechas picadillos, notaron que el hombrecito de la rula cacha roja estaba sentado debajo de un árbol de ubita, echándose fresco con su sombrero, pero su rula se escuchaba cortante, tumbando el monte a corte bajito.

Lo especial de esto es que sólo una persona notaba que el hombrecito estaba sentado, cuando se terminó la jornada, Felipe se le acercó y le hizo la pregunta del porque la rula roja trabajaba sola, en confianza le dijo el hombrecito, vea compadre ella no va sola, van unos hombrecitos tirando machete, usted no se da cuenta la comida que necesito a diario.

Al día siguiente le manifestó al capataz la decisión de no trabajar porque la tarea la había sacado en la noche, que se dedicaría a buscar los alimentos diarios y servirles la mesa, decisión que compartió el capataz, esa vez uno de los trabajadores se desapareció en la noche, el comentario entre ellos es que se devolvió para Colombia, también se desapareció del grupo el hombrecito, pero notaron que la rula cacha roja hacia su labor a la distancia, es más tumbaba árboles en segundos, terminando la obra quince días antes de lo pactado en el contrato.

Reclamaron al dueño de la matera el pago, que con evasivas pretendía no pagar, fue cuando el hombrecito de la rula cacha roja, sacó la casta, cogió al patrón por el cuello de la camisa, lo levantó treinta centímetros del suelo y sus secuaces que cargaba en los músculos lo levantaron a cachetadas, al punto que vociferó que les iba a pagar el doble de dinero del pactado y así se cumplió, repartieron el dinero, el hombrecito dijo que hasta aquí los acompañaba y se esfumó delante la mirada atónita de todos los trabajadores, que comentaron la verraquera del hombrecito de la rula cacha de nácar color rojo, de raza indígena.

Al día siguiente del pago desapareció otro de los trabajadores, lo buscaron por todos los lados de la matera, hasta que uno de ellos a la distancia vieron dos cabeza de humanos izadas sobre una vara a tres metros de altura en la montaña que habían tumbado, allí fue que se dieron cuenta que la comida que traía el hombrecito era humana, de sus compañeros desaparecidos.

De regreso para Colombia los dieciséis hombres restantes vieron en la orilla del camino estaban izadas las dos cabezas de los compañeros que supuesta mente se devolvieron, esa era la realidad y las vicisitudes que tenían que pasar nuestros compatriotas que se aventuraban a subir la serranía del Perijá por Codazzi Cesar Colombia. Por eso es que me atrevo a afirmar que en este mundo, no hay hombres y hombrecitos, solo Hombres.


miércoles, 3 de julio de 2019

TERTULIA EN EL PIÑÓN Y SALAMINA MAGDALENA





TERTULIA EN EL PIÑÓN Y SALAMINA MAGDALENA
Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano

Después de cruzar el río grande de la magdalena en un Ferry Boad, a la altura de Puerto Giraldo Atlántico y llegar a Salamina Magdalena Colombia, cogimos carretera hacia el municipio del Piñón, tierra natal de  mi suegro Andrés Avelino Páez Arrieta, después de sesenta y nueve años volvió a recorrer sus calles ya no en arenas, pavimentadas, con alcantarilla, hospital, tanto así que no se pudo ubicar la casa donde nació hace 86 años, menos el colegio en donde recibió sus primeras letras.

Extraños recorriendo el pueblo, se me dio por preguntarle a los mayores que reposaban debajo de un árbol frutal de mango por Los Hermanos Martelos, aquellos de la Orquesta famosa que competía con Lucho Bermúdez, Pacho Galán y todas las famosas de Venezuela que tanto le cantaban a Colombia, nos informaron que a cuatro cuadras de distancia vive Juan De Dios Martelo, un gran Músico hijo de Rafael Martelo, padrino de mi Suegro.

Lo ubicamos, le hablamos y su alegría fue desbordante al recibir tan honrada visita, un ahijado de su padre y de 86 años, se tomó fotos con él y nos sentimos muy agradecidos con Juan De Dios Martelo y su familia, él tiene una trayectoria musical internacional que no voy a mencionar las orquestas con quien ha tocado, se devolvió para el Piñón después de largos años en Medellín, en donde viven sus hermanos y sobrinos, hijos y nietos de José Martelo, un hombre que llego de Sampues Bolívar al Piñón, vendiendo helados de crema en conos.

Juan y su Primo hermano, ilustraron la tertulia y nombraron a personajes de la niñez de mi suegro, nosotros familiares de papa Andrés, su hija Rubís, su nieto Diego Abel y mi persona, nos sentimos satisfecho con esa visita en donde el pasado hizo historia y que no desaproveché una sola palabra para plasmarla en los recuerdos del tejido familiar, bajo un pocillo de café caliente.

Le agradecemos a tan prestigioso personaje de la música colombiana su gentileza y hospitalidad en el Piñón Magdalena Colombia. Recorriendo doce kilómetros de regreso, llegamos a Salamina Magdalena, tierra de Nicolasa Páez la matrona y artífice de varias generaciones, entre ellas mi suegro Andrés Avelino. Nos desmontamos del vehículo saludamos a tan grande familia y esperamos a que el Astro rey desgastara un poco sus baterías.

Al filo de las seis de la tarde fueron llegando a casa de Jimmy Caballero y Daira Torres Páez, personajes de la familia con un humor envidiable para narran cuentos y recordar historias de las costumbres de los pueblos caribeños,  José Torres Cervantes con su vitalidad de 83 años, su picardía, sonrisa contagiosa, experiencia en el trabajo y la vida en general, Andrés Avelino Páez Arrieta, su cuñado contagiado de alegría por encontrarse con los suyos, hombre con recorrido de trabajo, familia, un ser agradable, Diego Abel Cadrazco Páez mi hijo menor Periodista, dotado de cámara y grabadora, dispuesto a no perderse un ápice de  esta tertulia familiar, Jimmy Caballero, mamador de gallo y carboneros netos, integrantes de la familia, al igual que mi persona, Felipe Torres Páez, El niño Angulo Páez, nuestras esposas y primas presentes, Aurelia, Daira, Elaine Torres Páez, Rubís Páez De la Hoz, atentos a escuchar los cuentos que a continuación narramos.

Como preámbulo para romper el hielo de la temperatura y el pulso de la conversación, le recordé a Tío José Torres la vez que se estaba llevando a cabo un partido de Futbol en la cancha de Salamina al lado del cementerio, ellos estaban ubicados al costado sur del arco, a su lado tenia sentado en el suelo a su hijo Freddy de unos ocho años de edad, pleitisco que no lo podían mirar porque se iba de trompadas con cualquier muchacho, casi igual que el cubita en la villa. En el arco contrario se formó una pelea, que sólo se veía el polvorín de arenas. Tío José, se sorprendió y dijo, mira que pelea se ha formado allá, menos mal que tengo a Fredy aquí a mi lado y miró para donde él creía que estaba su hijo, era Fredy que estaba peleando allá en el arco contrario.

Era costumbre en los pueblos hombres famosos en pelear a las trompadas y como el gallo fino, se regaba la fama, que hasta venían sujetos trompeadores a desafiar a su contrincante sólo por el hecho de ganar fama. En Salamina había un hombre llamado José Malaquías, además de ser bueno a las peleas a trompadas, sabía algo más, como mi bisa Manuel Vicente Díaz, de por allá de los lados de Tenerife Magdalena, vino un hombre Antonio Bocanegra preguntando por Malaquías, llego a la cantina del pueblo, mandó a apagar el picó y en voz alta preguntó por José Malaquías, él, que se encontraba en un rincón de la cantina habló en nombre de todos los presentes que como en el viejo oeste norteamericanos fueron sacudiéndose y uno por uno desapareció, ellos sabían que Malaquías no era ningún pintado a la pared.

Con la tranquilidad que lo caracterizaba le dijo al forastero, para que lo busca, el hombre contestó: vengo a pelear con él, porque dicen que es el mejor peleador de la región y eso es falso, el mejor soy yo. Malaquías con su picardía le dijo, ese tipo estaba aquí hace un par de horas, pero espérelo que el regresa, siéntese aquí y nos bebemos unos tragos de ron caña.

Ya cuando lo tenía en su punto de trago le dijo, Malaquías soy yo, el forastero se sacudió del banco de madera y lo desafío a la calle que estaba acordonada de parroquianos dispuesto a presenciar una de las mejores peleas a puño limpio, cuando salieron a la calle ya no traían camisa, se notaba en su dorso que eran hombres rudos en el trabajo y las líes del ganado, en pocas palabras de hacha y machete.

La primera trompada se la clavó el forastero a Malaquías en la costilla izquierda que el pujido se escuchó de este lado del rio de la magdalena en el departamento del atlántico. Convinieron los peleadores que al hombre en el suelo, no se le debía pegar, al contrario debía ayudársele a levantar, ya que esta pelea era sin rabia ni rencor.

Malaquías se arrastró hacia un pretil alto,  su contrincante lo ayudo a subirse y ambos se sentaron a conversar mientras a Malaquías se le pasaba el dolor, superada la trompada, se abrieron a la calle y Malaquías le clavo una trompada en la tabla del pescuezo a Bocanegra que este se sacudía la cabeza y hacia como toro cuando pierde la pelea, se babeaba como ternero mamón.

Con la mano abierta le señalaba a su contrincante que esperara a que se repusiera del golpe, ambos pidieron un trago y conversaban sentados en el pretil de la casa de la niña mañe. Ya estaban llegando a las dos horas de pelea, la luna estaba redondita y destellaba rayos de puño limpio.

El fin de la pelea fue un molinete que impactó de frente en el occipital izquierdo con protuberancia de 2. X 1.5mm y pérdida del conocimiento, ojos virados, pupila blanca a él contendor de Malaquías, este lo agarró por la bota del pantalón kakis y lo arrastró hasta la orilla del rio grande de la magdalena, los parroquianos entre ellas mujeres gritaban que no lo tirara al rio.

Al despertar Antonio Bocanegra el forastero que vino a buscar peleas a Salamina, agradeció a Malaquías no haberlo lanzado al rio y reconoció públicamente su derrota, silbó a su caballo que se encontraba amarrado debajo de un árbol de bolombolo, este salió raudo con la rama estronchada donde estaba amarrado y partieron los dos animales vía al Piñón, años después se supo que la rama de bolombolo que se llevó el caballo de Bocanegra estaba sembrado a un costado de la plaza principal en la Villa de San Benito Abad Bolívar, hoy departamento de Sucre.

Después de este relato, afirmamos los tertulianos que esos hombres trompeadores ya no existen, miramos la trayectoria de la luna situada en el punto centro del firmamento, concluimos que era hora de buscar hamaca, con un hasta mañana, de inmediato cantó el gallo javao en el patio de la caza de Jimmy Caballero en Salamina Magdalena.