lunes, 27 de agosto de 2018

UNA CULEBRA BOA, SIN RABO







UNA CULEBRA BOA, SIN RABO
Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano

Recordando pasajes de mi vida, esta mañana a las tres en punto, hora en que la razón pura de la existencia de vida, del ser y no ser, me indica que ocupo un  lugar en el espacio y en el tiempo de este convulsionado mundo global, llegó a mi mente un pensamiento del momento aquel en el mes de noviembre de mil novecientos sesenta y cuatro, en una tarde asoleada, en donde el majestuoso rio San Jorge no daba razón de sus orillas, parecía una manta de saco de algodón, arropando el remolino de la pipa, bajo el desespero de unos pescadores de chinchorro ya casi desprovistos de alimentos, los mayores nos encomendaron ir a cazar carraos, patos yuyo, iguanas, boas, chigüiros, caimanes y babillas de cuatro patas.

Adentro de los manglares, divisamos una boa contrita de unos siete metros aproximados de longitud, los dos jóvenes no fuimos capaces de cogerla, menos de matarla para el sustento de unas treinta personas, dimos aviso a la rancha ubicada en un pretil barranco en una finca del sector, en donde un mes antes habíamos llegado.

Personalmente y con mis once años de edad, tratando de aprenderles a los Cadrazco de esa época, presencie el enlace de la boa, la colgada en una mata de mangle, la sacada del cuero y por último esa hermosa cola hecha presas y después guisada con la sazón de una familiar, fue un manjar, pero se quedó en mi mente esa barbarie.

Por allá en el año mil novecientos sesenta y ocho, un veintiocho de diciembre, si no estoy mal de memoria día de San Agatón, fiesta en corralejas en San-Pues, nombre colocado por un paisa a ese hermoso pueblo y con mis quince abriles, se me acercó una mujer de raza Zenú y me invitó a que me fuera con ella, manifestándome que ella era la boa a quien yo, mi persona le había comido el rabo, me desaparecí del lugar y fue la ultima fiesta de toros sabanero que en mi vida asistí.

En otra ocasión la niña pecho, una señora de San Pedro Sucre, también me confesó, que ella era la Boa a quien mi persona le comió el rabo, no se si son cosas de la mente ágil y queriéndome hacer una jugada de dominó, pero la verdad es que a mis años no se me olvida ese momento de mi juventud.

Anoche, venia por un camino con unos compañeros del B de la R. rumbo a mi morada y uno de ellos dijo: viene un toro cebú, ellos corrieron a la derecha y mi persona a la izquierda, por allí cogió el toro y al notar mi presencia detrás de un matorral, me dijo te estoy observando, tú fuiste el que te comités mi rabo, le miré la cola al toro y no la tenía, allí comprendí que era la boa del sesenta y cuatro. Corrí por el playón de la villa y fui a tener a palitos, allí había una bonga grande semi inclinada y de la velocidad que llevaba fui a dar al copito. 

Allí permanecí hasta las cinco de la mañana, cuando mi esposa con el más sumo cuidado me volvió a la realidad de la vida, porque me encontraba gritando auxilio, auxilio, que la Boa contrita en forma de toro cebú, estaba rabiosa reclamando su rabo que lo hicimos guiso para la subsistencia, en esa época de mi juventud. A eso se suma una jauría de perros peleando, porque su rabo se lo habían cambiado en una cantina de la Villa, después de una borrachera.

“Siempre debes mirar hacia atrás con humildad y decencia, haber donde dejasteis la cola de tu vida y el soñar de tu niñez y juventud, ellos son el soporte de la estructura y tamaño que tienes en el presente”.


domingo, 12 de agosto de 2018

LA TROMPADA DEL SIGLO






LA TROMPADA DEL SIGLO
Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano

Me contaba Julio de la Hoz Vergara “Tío Papi”, que él tenía unos tíos paternos buenos para el trabajo y las trompadas, cuando ya estaban hombrecitos salió tío Juaco que era de baja estatura y tío Francisco era fornido, salieron a recoger algodón a Codazzi, llegaron al Valle a cinco esquinas, allí convergen todos los recolectores del algodón y allí también llegaban los algodoneros a buscar personal para la gran recolección de la mota blanca.

Ya eran conocidos, simplemente llegar y contratar, salieron para la finca unos veinte recolectores, entre ellos los dos hermanos De la Hoz, más un negro Cartagenero de aproximadamente dos metros de estatura, sus brazos parecían dos rulas Gavilán de Incolma, esas de 1,80 centímetros, las manos eran dos ñames carmeros antes de la guerra en las marías, la alta y la bajita.

Al Primer pago que fue a los quince días de la recolección, el negro Cartagenero se fue el sábado bien temprano a Codazzi y regreso a las nueve de la noche, venia guapirreando por ese camino, cantaba décimas, pero eran octavas, en el rancho donde dormían había veinte hamacas guindadas, diecinueve habitadas por sus dueños por las horas que eran. Llego Cartagena cimbreándose con una borrachera de dos pisos, la primera hamaca guindada en el rancho era la de tío Juaco y la última era la de tío Francisco, el negro por no agacharse para sobreponerse a las hamacas, le fue colocando el hombro a cada una de ellas y volaban sus habitantes, menos mal que el piso estaba cubierto por bultos de algodón y amortiguaban la caída, cada uno de ellos se levantaron se sacudieron y volvieron a acostarse, Tío Francisco no se percataba del hecho porque Cartagena era el número seis en hamaca.

Ya eso tenía cansado a Tío Juaco, que no le comentaba nada a su hermano, por saber que a ese si no se lo brincaba un chivo de los que andaban por las calles de Pitillal-Valledupar, pero el limite llego a punto cero, Juaco le hizo el comentario a su hermano Francisco, que sin terminar el relato ya se estaban regazando su camisa de cuadros y rayas y preguntaba por Cartagena.

Tío Juaco inteligentísimo y rebosado de paciencia calmó a su hermano y le propuso un plan para terminar con esa pesadilla que no le dejaba sus sentidos puesto en el negro, se llegó el día del pago, el negro cantaba y salió para Codazzi, el plan ya estaba en marcha, cada uno de los querellantes estaba en guardia, preciso nueve de la noche, estaba mas oscuro que la noche negra, solo las luciérnagas con sus focos intermitentes dejaban ver una luz de alivio.

Penetró Cartagena al caney de mas de treinta metros de largo empalmado con hojas de corozo rajado, y de una le fue a meter el hombro a la hamaca de Tío Juaco, lo espero un pedazo de palo de mangle verde, en la tabla del pescuezo, ni con agua lluvia lo pudieron despertar, tío Juaco le decía a su hermano que no esperara que Cartagena se despertara y lo invitaba a coger sus corotos y marcharse. Pero su hermano quien seguía durmiendo en la hamaca de Juaco roncaba como gato ronroneando.

A la mañana siguiente todos los cinco hombres que Cartagena tumbaba de la hamaca estaban en guardia, Francisco le dijo a su diminuto hermano que se quitara la camisa y se parara frente a Cartagena, cuando este abrió sus ojos se sorprendió al ver a Juaco en guardia de pelea, solo alcanzó a decir, hombre mano Juaco discúlpeme, recogió su hamaca y se fue.

Ell Caney en calma, los comentarios sobre el hecho eran a favor de Juaco, todos los felicitaban por su hazaña con el negro Cartagena, solo que él no comprendía porque el negro le cogió miedo y se fue. Un día le pregunto a su hermano Francisco que pasó, Francisco mas calmado le explico a Juaco que el negro creyó que fue Juaco el que le pegó y que al día siguiente cuando Cartagena despertó vio a Juaco fornido, bien parado dispuesto a darle la revancha y sus músculos pectorales y brazos le brincaban. Desde ese día Tio Juaco se ganó el aprecio de sus compañeros que hasta le recogían el algodón.

sábado, 4 de agosto de 2018

UN RECORRIDO URUMITERO




UN RECORRIDO URUMITERO
Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano

Más que un Cuento es una historia de vida, con la Ilusión de encontrar mis raíces de mi apellido Díaz, que en mi niñez un anciano me contó, como el tenía palabra de Gallero que vale aquí y en la Conchinchina Camboya, además cuidaba más de mil Gallos Finos en El Paso de los Chivos, San Benito Abad “La Villa”, ese hermoso Pueblo donde nací. El Bisa, me contaba que su papa y él, nacieron en la región de Urumita y Punto.

Como a mi persona no se le olvida la fecha en que mi mamá me pario, además siempre he querido saber de donde vengo y para donde voy, me he interesado en aprender de todas las profesiones un poco, para que no me cojan echado como perro fogonero, dándole poca importancia al conglomerado que me rodea y sabiendo que los resultados de esas locuras, darán sus frutos.

Andando camino de Valledupar en un recorrido que lo puedo denominar sin titubeos Ancestro Familiar, bien temprano convide a mi Tío Político o Tío Papi, hombre que se las sabe todas y las que no las apunta para que no se le olviden, ese es el guía que me va a colaborar con esta rasquiñita que traigo desde el siglo pasado, con el pueblo de Urumita.

Siete de la mañana entramos a La Jagua del Pilar, todavía los gallos no se habían tirado del palo de totumo, tierra de mi amigo y colega Rafael Manjarrez Mendoza y su joya musical “Así no es ella,” Juancho y Osvaldo Ramírez compañero de Labores Bancarias y autor del cuento La media Vaca, narrado por mi persona, como también mi amiga Arelis Barrón, dimos vueltas al derredor del parque, le tomamos unas fotos a la Iglesia y me acorde donde sería que vivió el viejo Emiliano, o por donde pasará El Marquesote, pero no había alma transitando sus calles.

Ya a esa hora en un día normal mi esposa me ha brindado un Tinto, entramos a Urumita y lo primero que deseaba era tomarme una foto en el palo de higuito que nombra Fabian Corrales en su canción “Soy de Aquí” o irme a bañar en el Mocho, a orillas de la carretera que sigue para Villanueva, ver a una figura con su rostro parecido al mío, o alguien que me dijera “vee primo y tu donde estabas achoo”,  había un Restaurante abierto con un Letrero que dice Restaurante Urumitero, con una foto en grande de Silvestre Dangon y otra más pequeña del Churo Díaz, allí llegamos a desayunar y a preguntar por la familia Díaz, Barros o Calderón, nada de eso sucedió, tan pronto nos bajamos del vehículo, el pollo papi le pregunto a la señora dueña del restaurante a que Familia pertenecía, cuando le dijo la señora que de los Barros, a mi persona se le pusieron las orejas como cuando me he tomado un jarrón de guiándolo y me dije, me van a dar razón del Tata y el Bisa, no importando que de eso hacen dos siglos, les juro que no hablé más, esos personajes se trenzaron en una conversación familiar y de vecinos, pero no la Chavita.

Pedí a esa hora una Malangada, pero había que buscar la gallina criolla a Villanueva, de allí salimos para donde un señor de apellido Martínez, entramos por el ramal de Urumita y dimos con el señor Martínez, que como dos gallos finos se trenzaron a recordar viejos tiempos, cuando el señor Martínez manejaba un camión y todas las mañanas salía para el Valle y en la tarde regresaba, pregunte por Luisa Ramos y me dijo ella vive para allaaaaa y señalo, le dimos la vuelta al derredor del parque y salimos a la carretera vía a Villanueva, allí pregunte por la Ceiba donde había un gavilán jabao y me dijeron el gavilán y la ceiba ya no existen, el pollo le metió el freno al carro donde íbamos se bajo y se dispuso a conversar con una señora a la orilla de la carretera, de allí doblo por la calle continua y fuimos a dar donde Pello y su esposa Pachita De Oro que es Prima hermana del Pollo.

Después de los saludos y de recordar a la familia, salimos para donde Pepito López y su esposa Asteria, allí jalo lengua hasta el mediodía, que ya sus acompañantes estábamos chiflando Iguana, compró una botella con chirinche para echarle marihuana y curar la artritis y salimos a almorzar donde Pello después del almuerzaso trate de hablar con Pello pero no fue posible, el pollo jalo la silla rima y se dispuso a rematar la jornada, dándome una estocada y dejándome como gallo fino en la gallera con una morcillera. Nos tomamos unas fotos en la tarima Escolástico Romero, No divisé el Cerro Pintao, tampoco fui al barrio el Cafetal, menos escuché en vivo la canción Villanueva Mia, del Maestro Hernando Marín, interpretada magistralmente por Poncho y El Pangue Maestre, como tampoco estaba ya Poncho Cotes Jr. Y su jocosa composición “Así es que se va a llamar”, para demostrar que estuvimos en Villanueva Guajira Colombia.

Ya de regreso, en Urumita llegamos donde Alejandro López “El Coco”, hijo de Pepito y retornamos a El Valle. En sí me dieron una fuetera como perro pekinés en pelea con un Pit Bull, siempre que me quería levantar, tío papi, me ponía sus garras en el pecho y pelaba sus dientes.

Eso me pasa por no haber llamado a mi Compadrazco Eder Rojas García, Urumitero Neto, ese si sabe dónde ponen los García, Díaz, Barros, Calderón y Vanegas, mis parientes de mas de dos siglos, familias de mi Tata y Bisabuelo. Después de cinco días del recorrido Urumitero, “pienso que allí, tengo que volver”.




domingo, 22 de julio de 2018

EL PARQUE DE LOS MACHETES




EL PARQUE DE LOS MACHETES
Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano

Recorriendo mi hermoso País Colombia, el verdor de sus montañas, las innumerables carreteras bordeando las faldas de las cordilleras oriental, central y occidental, sus diferentes climas, su hermosa gente y recordando el libro de la historia patria y la geografía colombiana, que con gran paciencia nos enseñaba La Niña Cristina Cárcamo, mi mente seguía imaginando las razas Blanca, Amarilla y cobriza, como también las razas indígenas milenarias asentadas en mi país. Lo que mas me llenaba de pavor eran unas tribus que comían humanos, eran caníbales.

Entre ellas la Quimbaya, hasta el día viernes 20 de julio de 2018, en la conmemoración de la   “Independencia”, entre comillas, porque todos sabemos que aquí no hubo tal independencia, pero bueno esa historia no la han querido contar al derecho como todo lo que sucede en este país del Sagrado Corazón. Ese día visité Quimbaya Quindío Colombia, volví a la realidad mental, unas hermosas mujeres haciéndole mofa a las hormigas culonas de Santander, un comercio a reventar, plátano, café, caña de azúcar, jeep Willis a la lata, un clima en los 17 grados, la gente de cache-tes rojos, de color blanco.

Mis ojos observaban con detenimiento a todo humano que se me pasaba al derredor, no había indígenas con sus caras pintadas infundiendo terror, como el disco del escritor de Lorica David Sánchez (Zarache) Juliao, tocado y cantado magistralmente por Alejandro Durán Díaz.

A 20 kilómetros de Quimbaya está Filandia Quindío Colombia, enclavada en la cordillera central, a 12 grados centígrados, de allí se observan ciudades como Pereira, hermoso rincón de la geografía, sus autoridades la tienen como una tacita de Plata, lugar turístico para observar sus casas adornadas y pintadas de diferentes colores.

Ya para terminar este relato presencial, visité a Santa Rosa de Cabal, famosa por sus chorizos Santa Rósanos, por sus aguas termales y por el parque de los Machetes, en ese parque hay una estatua de dos rulas de metro con sesenta cada una en forma de tijeras, una es marca Águila Corneta y la otra Gavilán de Incolma Colombia G-13, ambas con su respectivo logotipo. Hasta allí todo bien como dice el Pibe Valderrama, pero mi mente que graba nítido todavía, tan así que recuerda la noche que Cándida Rosa me pario 23 de abril de 1953, en mi hermoso terruño San Benito Abad Bolívar, en la Calle de las Avispas, porque a decir verdad los cuentos se refieren con pelos y señales, al igual que las defensas en derecho penal de oradores natos como Miguel Bolívar Acuña.

Retrocediendo Casset mental a las tres de la mañana hora de pensar semidormido, estaba presenciando una machetera entre dos nativos de Santa Rosa, en el Parque Gonzalo Echeverry, dándose Rula, uno tenia en sus mano derecha la Gavilán de Incolma, el otro era surdo y tenia empuñada la Águila Corneta y le decía a su contrincante “Venga, si no le han dado machete, aquí le damos, el otro le decía “ Vea, si su mujer no le da machete, en este parque le damos Machete del bueno. Y va cantando el gallo pescuezo pelao del patio de la vecina y dañó ese momento, netamente colombiano. Visita el eje Cafetero y convéncete lo bello que es este País.


lunes, 23 de abril de 2018

UN CABALLO Y UN JINETE SIN CABEZA




UN CABALLO Y UN JINETE SIN CABEZA
Por Francisco Cadrazco Díaz Román y Matías Cadrazco Blanco
Escritores Colombianos

Me contaba mi nieto Matías que él vio pasar a través de la ventana de su cuarto un caballo sin cabeza, era de color blanco y llevaba un jinete sin cabeza, se arropó pie y cabeza y al otro día le refirió a su papá lo sucedido y como es un niño de cuatro años, pusieron en duda su historia.

Una noche su papá venia de trabajar, manejaba su carro por la avenida la circunvalar y al frente del cementerio vio atravesar de lado a lado de la carretera, un caballo aperado, pero no le vio cabeza, al igual que su jinete, tampoco se le vio cabeza, cuando llegó a casa  le contó a su esposa quien le dijo ese fue el sueño de Matías.

Mi persona, abuelo y padre de los dos, no sabía nada de ese cuento, una tarde en casa, mi nieto Matías me narro el cuento con pelos y señales y luego mi hijo me contó su cuento,  a   mi persona que  no se  le olvida ni el día que su mamá lo trajo al mundo, (que es hoy, 23 de abril),  tiró su casete memorial y se retrajo a sus escasos seis años y comenzó a recordar:

La noche que cayó un aguacero de queso en el pueblo de mi suegro, Salamina Magdalena, la noche oscura que el caballo relinchón entro por el callejón de María Correa,  la noche que el Candelillo hizo su arribo al pueblo y se arrinconó en la placita, el sueño de  las  lombrices gigantes en la vieja  bomba de agua que había en la placita, también el día que Alonso Olivero salió a cortar un vejuco para amarrar las  corralejas y se perdió por tres días en la bola de monte de los barrios en la villa, los Jolones de cuero arrastrados por un caballo por las cuatro calles de la villa en los años 50 y 60, donde reinaban los mechones de petróleo.

Cuando la Luz del playón no se había mudado para las playas de la Villa y era la reina en los cuatro puntos cardinales de mi hermoso pueblo, jugaba con las cuatro patas de los  caballo de  José  Morón, el Nello Montes de Oca y Héctor Atencio, también se me viene a la mente el día que llegó el Primer carro de color negro a la villa, el hombre vestido de blanco en la mata de lata en la  vía a los  jobos, la totumita de oro que caía en la poza el cantil y los reventones, el perro negro en la esquina de  la niña chancho botando fuego por su boca.

El día que el caimán mocho del remolino de la pipa, se tragó al Parie Pablo en el lance de Marralú, la mañana temprano en que oí el pito de la chiva la melón que manejaba el señor Acosta, venia del puerto recogiendo pasajeros, me levante de mi hamaca, le quité la tranca de mangle a la puerta y salí a la plaza, con tan mala suerte de que no había más pasajeros en la vía, corrí detrás de la chiva, me subí al primer escalón de la escalera, el bus cogió velocidad y cuando iba por donde Acisclo me tiré y rodé  por el cascajo diez metros, desperté en el puesto de salud en la plaza. Tampoco se me olvida el hermoso cuento a mi Tío Político Adalberto De la Hoz, Q.P.D. El gallo Guacharaco, Rey de las Galleras.

Y para no alargarles  los cuentos, la noche que mi bisabuelo Manuel Vicente Díaz Vanegas Barros se tropezó con un cajón con cuatro velas debajo de unos árboles de bolonbolo en el camino hacia el paso de los chivos.

La verdad es que mi persona no quiere tropezarse con ese caballo menos el jinete, porque a decir verdad, para eso tengo a mi amigo Édison, un Kankuamo de pura Cepa, de que le aplico el credo al revés como lo hizo Francisco el Hombre con el que sabemos, porque a mí no me brinca un chivo macho y no me  cogen ni corriendo, menos a mi hijo, amén de mi nieto Matías Cadrazco Blanco, el heredero de la gran dinastía de papá Yé.


sábado, 14 de abril de 2018

ELÍAS Y PATRICIO, LA SABIDURÍA ANCESTRAL




ELÍAS Y PATRICIO, LA SABIDURÍA ANCESTRAL
Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano


Estos dos personajes que pasan desapercibidos por este mundo, nacieron a medio ciento de tabaco negro ovejero de distancia, pero ambos tienen la malicia indígena y la ancestral cultura que regala la madre naturaleza a sus hijos que la tratan bien. Ambos llevan en su sangre la herencia materna, uno hijo de una mujer de raza Zenú y rasgos Wayuu, el otro hijo de una mujer de la etnia Kankuamo Atanquez, ambos usan una mochila de lana de chivo tejida por las manos artesanales de una mujer de la etnia. Saben que el mundo es para todos y que hay que servir, sin recibir.

Hablemos de Patricio, durante su niñez y juventud fue libre como un águila, surcaba los montes ríos y montañas, siempre acompañado de su padre abuelo, quien a cada paso que daba el muchacho iba acompañado por un consejo, cada hoja, cada rama y cada árbol, servía para algo en la vida, cada animal vino a este mundo a cumplir una misión, al igual que un humano, pero había una prueba a todo esa enseñanza.

A Patricio se  lo alcanzo la noche entre el camino de Guartinaja, Cayo de la tía y el Siso, andando por el camino viejo, ya con sus saberes encima Patricio se dijo mentalmente si cojo por el  camino lo más probable es que me voy a encontrar con alguien desagradable, se encomendó al altísimo señor, cerro sus ojos, trazó línea recta y avanzó, pase lo que pasare, pero esa prueba había que superarla, se sumergió con su cuerpo el arroyo la dorada, atravesó el palo de mango de puerco o de hilaza más frondoso que había en la finca palo negro, le piso la cabeza a la boa contrita más vieja del siso, ya a la entrada al pueblo se topó con su amigo el Nello montes de Occa, se saludaron  y preciso fue a dar a la placita.

Mientras tanto Elías, su más entrañable amigo, en otra época de la vida, y con unos años menos que patricio, pero con la sabiduría ancestral, heredada de su Madre, Tíos, Abuelos y Tatarabuelos y másss, también volaba como un águila y como el Gavilán Mayor, a sus escasos años, ya sabía del bien y del mal, donde ponen las palomas, las codornices y las perdiz.

Se ganaba la vida al igual que Patricio, escondido para no dar a conocer su sabiduría, era el ayudante de una prestigiosa mujer en Patillal, a la que el maestro Gilberto Alejandro Durán Díaz le dedicó una canción, eso si todo lo que se ganaba se lo entregaba a su madre, ella con su sabiduría ancestral y haber que contestaba Elías, le preguntaba que donde se ganó esa plata, no importando la repuesta del muchacho, ella sabía cómo y dónde se la ganaba.

Una noche de luna llena, Elías puso en práctica todo lo aprendido, también se lo cogió la noche y en vez de coger carretera de Patillal a Atanquez, como era un joven tímido no quería que lo vieran por la carretera, mentalmente se encomendó al Altísimo señor dueño del mundo y de la vida, trazó línea recta y partió la sierra nevada con lo poco que alcanzaba a ver con la oscuridad,  atravesó la Malena, ríos y quebradas, roncaban los tigres, leones y la Panteras, Chiflaban las volantonas, las culebras se apartaban de su camino, los arboles le hacían reverencia por el vendaval que estaba ocurriendo, ya adelantado de camino,  observó a cuatro personas tiradas en la montaña, sin vida, época de violencia, atravesó camino minado,  se tropezó con personas uniformadas, que no notaron su presencia, en la madrugada llegó a casa.

Ambos tienen algo en común, son honrados y trabajadores, se sacan el pan de la boca para dárselo a los más necesitados, dejan su palabra empeñada, hasta que se cumpla la misión.

Estos dos personajes en sus vidas nunca se habían visto, pero cada uno actúa de la misma manera, Elías con su conocimiento ancestral y Patricio guiado por la malicia indígena y por los sabios consejos de su papá. Cuando actúan juntos ambos se  miran y saben que es lo que es.

Ellos, acortaron las distancias y por casualidad se toparon a un cuarto de tabaco negro ovejero del camino de la Vida.


miércoles, 21 de febrero de 2018

TANGENTE, CENO Y COSENO




TANGENTE, CENO Y COSENO
Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano

En el colegio de Bachillerato de mi pueblo, en el tercer grado, había un Profesor de Matemáticas de apellido Castillo, él renuncio,  pero antes de irse dictó y explicó los conceptos de Ceno Coseno y Tangente, unos alumnos se quedaron a escuchar la última clase del docente,  entre ellos Villaba Cadrazco y Octavio Tercero Rodríguez, dos amigos inseparables, ahora son compadres, otros se fueron, no era obligatorio quedarse a escuchar la clase, , el  profesor entrante era un militar en retiro de apellido Pinilla, en su primer día de clases, pasó lista y observó a cada uno de los alumnos de tercer grado.

Octavio Tercero, no le estaba  escuchando la clase a Pinilla, estaba pintando un caballo, porque era un alumno destacado en la pintura, el docente se le acerca y le pregunta que pinta, Octavio Tercero le contesta sin míralo que un Caballo, o sea que usted no me está escuchando mi clase, prefiere pintar un simple caballo que escucharme, Octavio le contesta que él no entendía lo que estaba explicando, además esa clase ya me la aprendí, bueno entonces pase al tablero y explíquela, no contesto el alumno, al poco rato le dice al profesor, el que se la  sabe es  Villalba Cadrazco, él  es  bueno para las matemáticas.

Villaba al tablero, dijo Pinilla con voz militar, bueno Profe yo lo puedo explicar pero con otro método, (el que le explicó el Profesor Cantillo, antes de irse), el  docente que estaba medio envolatado en su explicación, le dijo hágalo con el método que sabe, Villalba le dio Sopa y Seco con el Ceno, Coseno y Tangente, a partir de ese día bautizaron al Profesor Pinilla, TANGENTE, porque se salió por la Tangente en la explicación de las tres operaciones matemáticas.