LA NOCHE DE LA TORMENTA
(Historia Familiar)
Por Francisco Javier Cadrazco Díaz-Román
Escritor Colombiano-Blog-google entrecuentosporrosyfandangos.blogspot.com
A las cuatro de la mañana de ese día del mes de abril o comienzos de mayo, después
de permanecer por 5 meses en las orillas del rio san Jorge a la altura de
Marralú. Habíamos recogido los cinco chinchorros que unían a cinco familias al
sustento y la supervivencia. Aproximadamente 30 pescadores abordábamos dos
canoas con motores, una cargada con el personal y la cosecha de bagres, pacoras
y sábalos que habíamos recogido, con rumbo a la ranchería “Los Jobos” y la otra con
los pesados chinchorros mojados, sitio preferido por mi persona para sumergirme
en un sueño profundo hasta la llegada a puerto seguro, la orden la dio Manuel
Francisco Cadrazco Ramos Capitán de los barcos y las operaciones, sobrino de mi padre de
crianza Francisco Javier Cadrazco
(Calderón) García, quien se encontraba entre los treinta pescadores y mi
persona a los 13 años de edad (1966), “Recojan muchachos que se viene una
tormenta grito “EL NE”, los relámpagos alumbraban el agua de la inmensa playa
rica, una extensión que cubría el cauce del rio San Jorge y ocupaba unos cinco
kilómetros, desde la boca de la metra hasta la playa del jobo, un sitio
turístico y de comercio informal, en donde se movía el peso en moneda. Como el
peso de la romana para pesar las toneladas de bagres y pacoras, cuando los Johnson
iniciaron la travesía ya la tormenta estaba sobre nosotros, el agua agitada
hacia olas de tres metros, el corcovao embravecido rugía como el tigre de las
marías en cascara. Comenzábamos a invocar a nuestro milagroso de la villa, todo
estaba oscuro, ya sabíamos que había que
nadar y nadar a cualquier lado de esa inmensa playa si las embarcaciones se
hundían a unos seis metros de profundidad. El más joven era mi persona, pero ya
tenía experiencia y pericia al nadar, pensaba y me preocupaba por mi padre que
a esa altura contaba con 72 años, los mismos que tengo ahora en esta narración,
alcanzamos a llegar a la orilla, ya las olas eran de cinco metros de altura y
los vientos nos llevaban, tuvimos que agarrarnos en cadena para poder llegar y
refugiarnos debajo de los árboles de higo, los cuales sus ramas azotaban con
fuerza el suelo, todo quedó en la orilla, las babillas y los caimanes se
saltaban del agua hacia tierra firme,
buscando refugio a los truenos, relámpagos y ráfagas de vientos, ese vendaval
que arrasó con árboles, una ceiba o bonga de más de cien años se salió de
raíces y quedo con sus tallos al suelo y sus raíces elevadas. Esa tormenta
convertida el vendaval duro más de tres horas, me cobije debajo de mi padre y
se oía a mi familiares clamándole a
gritos de desesperación y miedo a mi Dios que cesara esa tormenta que todavía
esta incrustada en mi cienes.
Cuando cesó la horrible noche ya era de día, como dice el dicho, después de
la tormenta vuelve la calma, asina fue, La pesca de la noche, unos plátanos que
habíamos canjeado en zispataca por pescado estaban esparcidos a un kilómetro lineales de playa, las canoas no aparecían,
estaban a mitad de la inmensa playa a la deriva, el chinchorro también se salió
del agua y estaba recogido debajo de un árbol de uvero. Sanos y salvos todos
los pescadores de peces llegamos a la rancha “Los jobos”, bajo la preocupación
de los habitantes de la villa, quienes concurrieron a la rancha los jobos a
saber de los pescadores del pueblo. Hoy después de 59 años, con mi mente lúcida
escribiendo vivencias de esos primeros 16 años de vida en mi pueblo San Benito
Abad “La Villa”, extiendo mis brazos en saludo familiar y de paisanos a los que todavía están
con vida y recuerdan esa osadía de la divina naturaleza.
Las historias duermen en un sueño profundo, hasta que alguien se atreva a
despertarlas y darles un matiz de reconocimiento.
No hay comentarios:
Publicar un comentario