miércoles, 2 de septiembre de 2026

LA NOCHE DE LA TORMENTA (Historia Familiar)

 

LA NOCHE DE LA TORMENTA (Historia Familiar)
Por Francisco Javier Cadrazco Díaz-Román
Escritor Colombiano-Blog-google entrecuentosporrosyfandangos.blogspot.com

 

A las cuatro de la mañana de ese día del mes de abril o comienzos de mayo, después de permanecer por 5 meses en las orillas del rio san Jorge a la altura de Marralú. Habíamos recogido los cinco chinchorros que unían a cinco familias al sustento y la supervivencia. Aproximadamente 30 pescadores abordábamos dos canoas con motores, una cargada con el personal y la cosecha de bagres, pacoras y sábalos que habíamos recogido, con  rumbo a la ranchería “Los Jobos” y la otra con los pesados chinchorros mojados, sitio preferido por mi persona para sumergirme en un sueño profundo hasta la llegada a puerto seguro, la orden la dio Manuel Francisco Cadrazco Ramos Capitán de los barcos y  las operaciones, sobrino de mi padre de crianza  Francisco Javier Cadrazco (Calderón) García, quien se encontraba entre los treinta pescadores y mi persona a los 13 años de edad (1966), “Recojan muchachos que se viene una tormenta grito “EL NE”, los relámpagos alumbraban el agua de la inmensa playa rica, una extensión que cubría el cauce del rio San Jorge y ocupaba unos cinco kilómetros, desde la boca de la metra hasta la playa del jobo, un sitio turístico y de comercio informal, en donde se movía el peso en moneda. Como el peso de la romana para pesar las toneladas de bagres y pacoras, cuando los Johnson iniciaron la travesía ya la tormenta estaba sobre nosotros, el agua agitada hacia olas de tres metros, el corcovao embravecido rugía como el tigre de las marías en cascara. Comenzábamos a invocar a nuestro milagroso de la villa, todo estaba  oscuro, ya sabíamos que había que nadar y nadar a cualquier lado de esa inmensa playa si las embarcaciones se hundían a unos seis metros de profundidad. El más joven era mi persona, pero ya tenía experiencia y pericia al nadar, pensaba y me preocupaba por mi padre que a esa altura contaba con 72 años, los mismos que tengo ahora en esta narración, alcanzamos a llegar a la orilla, ya las olas eran de cinco metros de altura y los vientos nos llevaban, tuvimos que agarrarnos en cadena para poder llegar y refugiarnos debajo de los árboles de higo, los cuales sus ramas azotaban con fuerza el suelo, todo quedó en la orilla, las babillas y los caimanes se saltaban del agua hacia  tierra firme, buscando refugio a los truenos, relámpagos y ráfagas de vientos, ese vendaval que arrasó con árboles, una ceiba o bonga de más de cien años se salió de raíces y quedo con sus tallos al suelo y sus raíces elevadas. Esa tormenta convertida el vendaval duro más de tres horas, me cobije debajo de mi padre y se oía a mi familiares  clamándole a gritos de desesperación y miedo a mi Dios que cesara esa tormenta que todavía esta incrustada en mi cienes.

Cuando cesó la horrible noche ya era de día, como dice el dicho, después de la tormenta vuelve la calma, asina fue, La pesca de la noche, unos plátanos que habíamos canjeado en zispataca por pescado estaban esparcidos a un kilómetro  lineales de playa, las canoas no aparecían, estaban a mitad de la inmensa playa a la deriva, el chinchorro también se salió del agua y estaba recogido debajo de un árbol de uvero. Sanos y salvos todos los pescadores de peces llegamos a la rancha “Los jobos”, bajo la preocupación de los habitantes de la villa, quienes concurrieron a la rancha los jobos a saber de los pescadores del pueblo. Hoy después de 59 años, con mi mente lúcida escribiendo vivencias de esos primeros 16 años de vida en mi pueblo San Benito Abad “La Villa”, extiendo mis brazos en saludo  familiar y de paisanos a los que todavía están con vida y recuerdan esa osadía de la divina naturaleza.

Las historias duermen en un sueño profundo, hasta que alguien se atreva a despertarlas y darles un matiz de reconocimiento.

 

 

 

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