miércoles, 2 de septiembre de 2026

EL VIEJO CHEPE, EL HOMBRE QUE LE GANÓ LA PELEA A UN DESCONOCIDO,(UNA SILUETA).

 

EL VIEJO CHEPE,  EL HOMBRE QUE LE GANÓ LA  PELEA  A UN DESCONOCIDO,(UNA SILUETA).
Por Francisco Cadrazco Díaz Román

Escritor Colombiano-Blog-Google: entrecuentosporrosyfandangos.blogspot.com

 

Chepe, era un hombre con   una fuerza descomunal,  en su juventud  la utilizaba para pelear, tumbar el ganado, y   montañas.  Hábil de mente,  sus conversaciones se convertían en peleas, no le gustaba perder, le gustaba la política y  a cualquiera embolataba.

Al viejo chepe, el peso de los   años lo tenían   caminando despacio, siempre cargaba   un tabaco amargo en la boca sin encender, se lo masticaba  y botaba la saliva al suelo,  formándose una figura  de una atarraya de pescar, abierta.

Al viejo Chepe no se lo brincaba un chivo, tenía un sexto sentido y gozaba de la malicia indígena heredada de su madre, una cocinera de la casa de la familia Del Pino. En una noche de octubre, negra, oscura y sórdida  donde  el zumbido del viento llegaba del más allá, chepe iba atravesando un  playón tan extenso que daba con el otro lado de la tierra, donde allá estaba amaneciendo.

Sus pasos se sentían acompañados de la parte  atrás del camino, su cuerpo y su alma con cada suspiro se le  acortaba la vida, su respiración era cada vez más agitada y su corazón palpitaba como tambor de Banda de música Sabanera,  en un porro tapa´o.

El viejo Chepe con tanta experiencia no se amilanó, caminaba y caminaba, hasta que ya sintió los pasos que lo seguían en las corvas de sus piernas.

Él pensó que era alguien que lo quería asustar, pero no era eso cierto, una voz ronca, llena de gripa acumulada, le habló:

“Aquí era donde te quería coger, esta noche nos arreglamos porque  nos arreglamos”.

Chepe se frenó en seco, el conocía esa voz, en su juventud le había ganado una pelea a puño limpio, pero ahora tenía que enfrentarlo y darle la revancha y pensó con  su mente: Este es el lugar y el sitio preciso para partirle la siquitrilla del depósito de los mocos a este hijeé puta.

Antes de contestarle a la silueta, chepe se puso a tono con sus poderes, sin darle la cara porque si se la daba era hombre muerto,  no era con un humano con quien se enfrentaba.

Chepe giró su cuerpo a 180 grados, levantó la pierna derecha y le puso la marca de la abarca en el pómulo derecho a la figura, que voló por los cielos y cayó a un kilómetros de distancia, cuando se quiso levantar,  chepe estaba de espalda mirando a la silueta con el rabo del ojo izquierdo, atento a los movimientos del enemigo, ya tenía la marquillas de la abarca de chepe en el rostro, esa era una ventaja, porque la marquilla en el ganado es sinónimo de dueño, de dominio.

La silueta se incorporó extendió sus brazos largos y giro tantas veces que se formó un remolino absorbiendo a chepe llevándolo  tan alto,  que parecía un tronco de árbol por los cielos, al igual que todos los bindes del inmenso playón de la villa se fueron en el remolino, no quedo uno solo.

 

Sin embargo la pelea no estaba perdida, tenían toda la noche oscura y un playón que llegaba hasta el amanecer del siguiente día.

El viejo Chepe como pudo se zafó del remolino y venia en picada hacia la tierra y la silueta atrás, aquí fue donde chepe pensó:

Si caigo en tierra firme, esta pelea está perdida, pero si giro hacia la ciénaga de playa rica en la Villa de San Benito, extensa y profunda, esta pelea es mía.

Cayó el viejo chepe en mitad de playa rica, que hizo un hueco debajo del agua de un kilómetro cuadrado, y antes que la figura cayera al agua,  chepe estaba en la orilla de la playa, en tierra firme.

Fue tan estrepitoso el acuatizaje de la silueta al caer a la playa,  que:

En el río san Jorge se murieron todas las especies de peses que existían, por la electricidad, las temperaturas aumentaron a 40 grados, la creciente por la marea inundó a todos los pueblos a orillas del rio.

Las personas se mueren de presión alta por el calor, la boca del cura en el  río cauca se amplió de  tres metros a 200 metros, la boca de san Antonio en el río san Jorge,  quedó abierta que ni las partidas del gobierno la han podido cerrar.

Se abrió un boquete en el san Jorge (La Metra) a la altura de la finca el Vaticano e inundó a los playones de la villa, y la boca de Segeve que comunica a la ciénaga de Ayapel Córdoba con el rio san Jorge desde ese momento le han metido partidas, enteras y mochas y no han podido arreglar el problema.

 

El viejo chepe, con el peso de sus años,  longevo, enfermo y cansado de la vida, sabía  que él, era el culpable de estos males que estamos sufriendo los ribereños, en sus últimos días de vida pidió  que lo voltearan  boca abajo,  para  irse a descansar,  si es que  la silueta se lo permite.

 

 

 

 

 

 

EL HIJO DEL JEQUE ARABE

 

EL HIJO DEL JEQUE ARABE
Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano-Blog –Google: entrecuentosporrosyfandangos.blogspot.com

 A mi hermoso pueblo, todos los días en época de verano, llegaban  personas ofreciendo mercancías varias, a ellos les llamaban cacharreros, recorrían las calles y de casa en casa iban ofreciendo sus productos, así llegaron muchas familias a habitar este territorio. Y en él se quedaron.

Un día bien asoleado se presentó un turco con dos docenas de telas, en el hombro derecho traía los cortes para hacer pantalones para hombres, y en el hombro izquierdo traía los cortes para confeccionar vestidos para damas.

Ya en la tarde, pregunto dónde podía alojarse para descansar después de haber caminado todo el pueblo vendiendo sus cortes de tela fina, dispuesto a seguir su rutina al día siguiente.

Era el turco, un hombre de unos 27 años, con facciones finas, delgado y de buena estatura, bien educado, que llegó tocando la aldaba redonda de la majestuosa puerta de madera en casa de la niña Antonieta, sitio acogedor y familiar de alquiler y residencia a las personas que llegaban al pueblo, llamados forasteros.

Por su acento al hablar se sabía que no era colombiano,  menos costeño, porque nosotros los sabaneros de Bolívar, Córdoba y Sucre,  nos ahorramos el silbido de la S. A los pocos días de estar alojado en casa de la niña Antonieta, le propuso que le vendiera una Máquina de Coser, de marca Singer, que se encontraba en exhibición o adorno en la sala de la casa, esa máquina contaba con unos doscientos años, con ella se ganaban el sustento la abuela, la mamá y la niña Antonieta, tres generaciones.

ADEL, el turco la convenció y  dio por la máquina,  en ese tiempo setenta centavos, sacó de una maleta vieja que cargaba un Aceite de Maquina, le hizo un mantenimiento preventivo y la dejó al pelo.

Muy pronto Adel, monto una Sastrería y la clientela fluyó, tanto que al año tenia montado un Almacén de telas y confecciones para caballeros y damas.

A los dos años, le compró la casa a la niña Antonieta y abrió un comisariato, tan de buenas el turco que para esa época llegó  el Inderena a forestar los playones del pueblo y el comercio se intensificó.

A los tres años de haber aparecido en el pueblo el turco Adel, era el Alcalde Municipal, y le llamaban el doctor Adel., todos los políticos le consultaban y obedecían a sus exigencias.

Por motivos de salud, salió para Cartagena don Pancho, uno de los hombres más respetados, e intelectual que tenía ese pueblo. En espera de ser atendido por el médico, don pancho compró el periódico de la capital de Bolívar, en la primera página y a dibujo resaltado aparecía una foto y un letrero “Se busca”.

 

Don Pancho miró la foto detenidamente, una, dos y tres veces y coincidía con la cara del Alcalde, Adel, el hombre que llegó a ese pueblo apartado de la civilización, vendiendo cortes finos.

Guardó don pancho su periódico y también guardó silencio para no espantar al pájaro que estaba a punto de caer en la trampa.

Abam Adel Hersen Van, un muchacho vivo y caprichoso, a quien su fecha de boda con la princesa Marleyn, había llegado, está desaparecido, por su señal de vida, damos cinco mil libras de esterlina.
La incógnita era, que había hecho Adel en su tierra y porque se desapareció, intrigado  don pancho,  llego al pueblo, con su periódico debajo del brazo y consulto a su esposa, preguntó por  el Alcalde y sin pensarlo dos veces decidió enfrentarlo y saber en realidad quien era.

Adel, al verse descubierto, le confesó a don pancho, quien era y porque se desapareció: Mi padre es un Jeque Árabe, de temperamento posesivo y ordenes cumplidas, nunca tuve en mente casarme tan temprano y menos con esa dama, para mí era prioritario conocer el mundo, su gente, sus bellos paisajes, gozar la vida, mi Dios me puso todo en mis manos para ayudar a mis semejantes y vivir en un sitio hermoso,  en compañía de una mujer que me sea agradable.

Ese día se desapareció antes de casarse y más nunca sus padres un prestigioso Jeque y una bella Dama de la realeza, supieron de él.

Le voy a recompensar con las cinco mil libras de esterlina y hablaré con mi pueblo diciéndole la verdad, a cambio de no delatarme y deportarme para mi país de origen, de aquí no me iré nunca.

Agradecido con ese pueblo que lo acogió y que en vuelta de tres año de haber llegado ya era su Alcalde, los reunió y les manifestó quien era, que a cambio él trasformaría al pueblo y lo dejaría como una tacita de plata, con carreteras, hospital, colegios, calles pavimentadas, acueducto y alcantarillado, gas natural, energía eficiente y un buen comercio ofreció  Abam Adel Hersen Van.
 Un poquito antes de que mi esposa entrara a mi habitación con un buen pocillo de tinto, el primero del día y me despertara, de ese hermoso sueño.

 

“Soñar, no cuesta nada”.

 

LA NOCHE DE LA TORMENTA (Historia Familiar)

 

LA NOCHE DE LA TORMENTA (Historia Familiar)
Por Francisco Javier Cadrazco Díaz-Román
Escritor Colombiano-Blog-google entrecuentosporrosyfandangos.blogspot.com

 

A las cuatro de la mañana de ese día del mes de abril o comienzos de mayo, después de permanecer por 5 meses en las orillas del rio san Jorge a la altura de Marralú. Habíamos recogido los cinco chinchorros que unían a cinco familias al sustento y la supervivencia. Aproximadamente 30 pescadores abordábamos dos canoas con motores, una cargada con el personal y la cosecha de bagres, pacoras y sábalos que habíamos recogido, con  rumbo a la ranchería “Los Jobos” y la otra con los pesados chinchorros mojados, sitio preferido por mi persona para sumergirme en un sueño profundo hasta la llegada a puerto seguro, la orden la dio Manuel Francisco Cadrazco Ramos Capitán de los barcos y  las operaciones, sobrino de mi padre de crianza  Francisco Javier Cadrazco (Calderón) García, quien se encontraba entre los treinta pescadores y mi persona a los 13 años de edad (1966), “Recojan muchachos que se viene una tormenta grito “EL NE”, los relámpagos alumbraban el agua de la inmensa playa rica, una extensión que cubría el cauce del rio San Jorge y ocupaba unos cinco kilómetros, desde la boca de la metra hasta la playa del jobo, un sitio turístico y de comercio informal, en donde se movía el peso en moneda. Como el peso de la romana para pesar las toneladas de bagres y pacoras, cuando los Johnson iniciaron la travesía ya la tormenta estaba sobre nosotros, el agua agitada hacia olas de tres metros, el corcovao embravecido rugía como el tigre de las marías en cascara. Comenzábamos a invocar a nuestro milagroso de la villa, todo estaba  oscuro, ya sabíamos que había que nadar y nadar a cualquier lado de esa inmensa playa si las embarcaciones se hundían a unos seis metros de profundidad. El más joven era mi persona, pero ya tenía experiencia y pericia al nadar, pensaba y me preocupaba por mi padre que a esa altura contaba con 72 años, los mismos que tengo ahora en esta narración, alcanzamos a llegar a la orilla, ya las olas eran de cinco metros de altura y los vientos nos llevaban, tuvimos que agarrarnos en cadena para poder llegar y refugiarnos debajo de los árboles de higo, los cuales sus ramas azotaban con fuerza el suelo, todo quedó en la orilla, las babillas y los caimanes se saltaban del agua hacia  tierra firme, buscando refugio a los truenos, relámpagos y ráfagas de vientos, ese vendaval que arrasó con árboles, una ceiba o bonga de más de cien años se salió de raíces y quedo con sus tallos al suelo y sus raíces elevadas. Esa tormenta convertida el vendaval duro más de tres horas, me cobije debajo de mi padre y se oía a mi familiares  clamándole a gritos de desesperación y miedo a mi Dios que cesara esa tormenta que todavía esta incrustada en mi cienes.

Cuando cesó la horrible noche ya era de día, como dice el dicho, después de la tormenta vuelve la calma, asina fue, La pesca de la noche, unos plátanos que habíamos canjeado en zispataca por pescado estaban esparcidos a un kilómetro  lineales de playa, las canoas no aparecían, estaban a mitad de la inmensa playa a la deriva, el chinchorro también se salió del agua y estaba recogido debajo de un árbol de uvero. Sanos y salvos todos los pescadores de peces llegamos a la rancha “Los jobos”, bajo la preocupación de los habitantes de la villa, quienes concurrieron a la rancha los jobos a saber de los pescadores del pueblo. Hoy después de 59 años, con mi mente lúcida escribiendo vivencias de esos primeros 16 años de vida en mi pueblo San Benito Abad “La Villa”, extiendo mis brazos en saludo  familiar y de paisanos a los que todavía están con vida y recuerdan esa osadía de la divina naturaleza.

Las historias duermen en un sueño profundo, hasta que alguien se atreva a despertarlas y darles un matiz de reconocimiento.

 

 

 

TREMENDO BOLOLÓ, EN LA CALLE DE LOS DESCAMISAOS

 

TREMENDO BOLOLÓ, EN LA CALLE DE LOS DESCAMISAOS
Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano

 

Una singular gresca se formó una mañana bien temprano, cuando dos vecinas estaban barriendo en la calle de los descamisaos.

En esta calle bautizada por los transeúntes de Sincelejo que a diario tienen que pasar por allí, buscando la salida a Tolú, alguien se percató que todos los hombres de esa calle larga, con  una curva  cerrada peligrosa donde hay que bajar la velocidad a los vehículos, “estaban descamisaos”, precisamente en esa curva se apostan en los pretiles docenas de hombres sin camisas e indican si viene un carro en sentido opuesto, para evitar un accidentes más de los ocurridos.

Todo comenzó cuando la vecina número uno le dijo a la vecina numero dos que no le echara la basura para su lado y le entregó una bolsa para que la recogiera.

La vecina numero dos le contestó con el tono más alto, que no fuera tan atrevida al decir que ella tiraba la basura para el frente de su casa y se fue armando el bololó.

En fracciones  de segundos se levantaron los esposos de las dos contrincantes, los hijos e hijas los nietos y en ultima toda la cuadra con curva y todo, todos descamisaos.

Sin mentir, habían mal contados sesenta descamisaos, incluyendo los jóvenes y niños en brazos, la ofensa sigue porque ya la número uno botó el chupo y le dijo a la número dos: cuál es la pendejada tuya, le voy a contar a tu marido que el descamisao número 18, cuando sale el descamisao numero dos a trabajar, se mete en tu casa.

Ofensa suficiente para encender una  de las basuras de tantas que se prenden en esa calle, son las cinco de la tarde y todavía están humeando. A esas alturas ya no había  bomberos que apagaran ese fuego, todos los descamisaos dándose trompadas, las mujeres desde la número  tres al sesenta y seis jalándose los pelos, como la gorda y la flaca en la calle de la pajuela peleando el amor de Calixto Ochoa Campo.

La policía cuando reportan una gresca entre los vecinos de la calle de los descamisaos, hace caso omiso al llamado, porque eso es a diario, no se pueden mirar entre las mujeres porque se forma el bololó.

Ellos los moradores de esta singular calle, se apartan y apaciguan la pelea, esta vez a la insistencia de la comunidad por el bloqueo de la calle y el trancón de los vehículos, la policía llegó.

Observaron los dos policías que llegaron en una moto tremenda pelea a puño limpio, las pelucas en ese tiempo estaban de moda en las mujeres y eso se veían en el suelo por docenas, sostenes, morunos, pantis y pantaletas les arrancaban de sus cuerpo, quedando en cueros.

143 a central decía uno de los policías, siga 143 le contestaba una voz, R Alamagoto Pertuz, envíe refuerzos a la calle de los descamisaos, si es posible el tanque anti-motines y el carro con el chorro de agua para dispersar a la multitud, que aquí se formó un bololó.

R, 5.4, 5.8, espere unas 15 rayas que le envío refuerzos, en ese instante un descamisao que ya no tenía a quien pegarle, le envío una trompada a la mandíbula al policía que estaba pidiendo refuerzos.

Su compañero al ver que golpearon a la autoridad y como a él le gustaba la pelea, encendió a muñeca a uno de los descamisaos.

Pero como ya la cosa se tornó de castaño a oscuro, tan pronto llegó el camión lleno hasta los teques de verdes, cada uno con un bolillo de guayacán, que al que le daban mínimo lo hacían pujar huuuuu, bolillo viene bolillos van, en vez de aplacar la gresca se formó un zafarrancho de padre y señor.

Solo mi persona que estaba haciendo fila de carros podía aplacar esa asonada, digo asonada porque conspiraron contra la autoridad, no respetaron su presencia,  a quienes levantaron a muñeca e iban perdiendo la pelea que comenzó con la vecina número uno vs. La vecina número dos y terminó con cipote de escándalo en la calle de los descamisaos.

En el baúl del carro llevaba cinco docenas de camisetas blancas estampadas con un letrero que decía: Haga la Paz y no la guerra, para una campaña de concientización en los montes de María la Alta y la Chiquita.

Pedí permiso y me subí megáfono en mano en el carro tanque que trajo el agua para dispersar a la turba de los descamisaos que terminaron bañados y festejando la puñera que le estaban dando a la policía.

-Señores y señoras, escuchen por favor y me voy jalando un discurso de valores en Familia, autoestima y compañerismo,  que en vuelta de un minuto los tenia llorando a todos, incluyendo los policías, los obligue a que se abrazaran los unos con los otros.

Desde esa fecha del bololó, en esa calle no se ha visto más un descamisao, la numero uno le pidió perdón a la número dos y aclararon que el número  18 era hermano de la número dos y venia de trabajar temprano porque era celador del colegio de las Cocadas.

         - Mis recuerdos y los  de mi familia, para los habitantes de la calle de los descamisaos, en Sincelejo a la salida para el balneario de Tolú Sucre.

 

 

 

 

SÁBAS UNA LEYENDA-LA PESCA MILAGROSA (Historia)

 

SÁBAS UNA LEYENDA-LA PESCA MILAGROSA (Historia)
Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano

 

Sábas, un hombre de unos 72 años de edad, con una estatura de un metro ochenta, corpulento, de color claro, que usa abarcas tres punta, un buen amigo, un buen vecino, hermano y Padre, Bailador de Fandango,  Cumbia y Mapalé, en la ronda de la placita en San Benito Abad, con una larga experiencia que la vida le ha enseñado.

Pescador de ríos, playas y ensenadas, desde su niñez,  su papá y sus hermanos mayores lo enseñaron a jalar chinchorro, atarraya, arpón y flecha, en las hermosas playas de su pueblo a orillas del río San Jorge.

Heredó de los Indios Zenú (cacique Tacazuan), que vivían en esa región hace muchos años, la habilidad, la pericia y la malicia indígena, para saber dónde se encuentran por cantidades los peces en la playas y allí tirar las redes.

En época de Verano cuando los ríos y playas bajan su caudal de agua y hay desove de pescado y otras especies de peces de agua dulce, la situación con la economía fluye, las ganancias alcanzan para comprar los útiles y los inútiles y alistar los estudiantes de primaria y bachillerato del pueblo.

Las dificultades surgen en tiempo de invierno, cuando el majestuoso río San Jorge se viene con ímpetu, empujado por las aguas de su hermano mayor, el río Cauca, arrasando a su paso con todo ser viviente que se halle a sus orillas, dejando una estela de miseria y malestar, desolación y decepción de sus habitantes.

Aquí no hay fórmulas mágicas que valgan para mitigar tan macro problema.

Sábas un hombre de fe en el creador, apóstol ferviente del Cristo de la Villa, todas las noches salía con sus redes en una embarcación, aguantando las vicisitudes que implican la pesca, frío  hambre, perdida de sueño, preocupación por los compromisos familiares, y al día siguiente regresaba sin un pescado, cansado y agotado de la situación, con palabras firmes dijo:

-Bueno señor-, refiriéndose al creador,

-Que pasa, es que me vas a dejar morir de hambre, tanto que te pido que me socorras,  de pedirte misericordia, y tú te haces el sordo-

Recogió las redes y se devolvió para su casa, vociferando muchas frases de alto calibre.

Llegó  a su vivienda trasnochado, de mal color, seguía vociferando palabras incoherentes que no estaban dentro de la realidad, su esposa notó el cambio de actitud de Sábas, le ofreció una taza  con café tinto caliente y lo llevó a descansar en su Hamaca, colgada al aire libre en el patio de su casa.

Durmió plácidamente y tuvo un sueño con el señor, quien lo acompañaba a tirar las redes o chinchorro y le indicó el sitio donde debía pescar.

En horas de la tarde, se despertó ya relajado, con una muy buena actitud para la vida y sus laberintos, para su oficio, pidió su comida favorita, guiso de hicotea con arroz blanco, yuca harinosa y un buen guarapo de panela con limón, y con mucho cariño de su compañera, quien lo animó a seguir pescando y a tener la paciencia del patriarca Job, en ese momento,  le contó a su compañera del sueño que había tenido con el señor, el dueño y el ordenador de la vida. 

 

Con el firmamento nublado en toda la región, embarcó las redes en una canoa grande, que para llenarla de pescado se necesitaba “Un milagro del creador de este mundo”. Su lugar de pesca indicado en el sueño, era una hermosa y extensa  playa, donde en tiempos pasados se hacían  las mejores faenas de pesca.

Tiró las redes y jaló, jaló y jaló, hasta que se dio cuenta que el chinchorro venia pesado, pensó que era un tronco de árbol que el río arrastra en sus corrientes, inspeccionó y noto el movimiento de las aguas dentro de la red, se zambulló y tropezó con un cardumen de peses, salió a flote, miró a sus compañeros de faena,  frunció el ceño, subió la ceja izquierda y se sonrió maliciosamente, no musitó palabra alguna a pesar de que sus compañeros le preguntaban por la inspección de la red.

Sigilosamente, el pescador ducho, de muchas faenas, de noches largas de pesca y de toda una vida en el oficio, sabía que el creador lo había escuchado, a pesar de sus groserías.

Se unió al grupo y jalo con ahínco la red, que traía la pesca milagrosa, había tantos peces en la red, que tuvo que llamar a otros pescadores que se encontraban cerca para que le colaboraran a sacar la red, hubo algarabía, gritos, Guapirreos, baile y jolgorio por “La Pesca Milagrosa”, cada uno de los pescadores que estaban en la playa, llenaron sus canoas y regresaron por la mañana a sus hogares llenos de felicidad por esa hermosa noche de invierno, luna llena, cargada  de misterios.

Sabas, después de esta pesca, sigue la vida tirando la red, sembrando semillas de pan coger, llevando la satisfacción de sus logros, un gran amigo, no ha cambiado su forma de ser, a pesar de su fama por la pesca milagrosa y sus fotos en los periódicos de la región. 

 

Sàbas, es una Leyenda.

 

 

Con mucho cariño y respeto a mi amigo Sábas Andrés Pupo Navarro, en mi hermosa tierra San Benito Abad.

 

 

 

 

 

 

 

Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano

 

Sábas, un hombre de unos 72 años de edad, con una estatura de un metro ochenta, corpulento, de color claro, que usa abarcas tres punta, un buen amigo, un buen vecino, hermano y Padre, Bailador de Fandango,  Cumbia y Mapalé, en la ronda de la placita en San Benito Abad, con una larga experiencia que la vida le ha enseñado.

Pescador de ríos, playas y ensenadas, desde su niñez,  su papá y sus hermanos mayores lo enseñaron a jalar chinchorro, atarraya, arpón y flecha, en las hermosas playas de su pueblo a orillas del río San Jorge.

Heredó de los Indios Zenú (cacique Tacazuan), que vivían en esa región hace muchos años, la habilidad, la pericia y la malicia indígena, para saber dónde se encuentran por cantidades los peces en la playas y allí tirar las redes.

En época de Verano cuando los ríos y playas bajan su caudal de agua y hay desove de pescado y otras especies de peces de agua dulce, la situación con la economía fluye, las ganancias alcanzan para comprar los útiles y los inútiles y alistar los estudiantes de primaria y bachillerato del pueblo.

Las dificultades surgen en tiempo de invierno, cuando el majestuoso río San Jorge se viene con ímpetu, empujado por las aguas de su hermano mayor, el río Cauca, arrasando a su paso con todo ser viviente que se halle a sus orillas, dejando una estela de miseria y malestar, desolación y decepción de sus habitantes.

Aquí no hay fórmulas mágicas que valgan para mitigar tan macro problema.

Sábas un hombre de fe en el creador, apóstol ferviente del Cristo de la Villa, todas las noches salía con sus redes en una embarcación, aguantando las vicisitudes que implican la pesca, frío  hambre, perdida de sueño, preocupación por los compromisos familiares, y al día siguiente regresaba sin un pescado, cansado y agotado de la situación, con palabras firmes dijo:

-Bueno señor-, refiriéndose al creador,

-Que pasa, es que me vas a dejar morir de hambre, tanto que te pido que me socorras,  de pedirte misericordia, y tú te haces el sordo-

Recogió las redes y se devolvió para su casa, vociferando muchas frases de alto calibre.

Llegó  a su vivienda trasnochado, de mal color, seguía vociferando palabras incoherentes que no estaban dentro de la realidad, su esposa notó el cambio de actitud de Sábas, le ofreció una taza  con café tinto caliente y lo llevó a descansar en su Hamaca, colgada al aire libre en el patio de su casa.

Durmió plácidamente y tuvo un sueño con el señor, quien lo acompañaba a tirar las redes o chinchorro y le indicó el sitio donde debía pescar.

En horas de la tarde, se despertó ya relajado, con una muy buena actitud para la vida y sus laberintos, para su oficio, pidió su comida favorita, guiso de hicotea con arroz blanco, yuca harinosa y un buen guarapo de panela con limón, y con mucho cariño de su compañera, quien lo animó a seguir pescando y a tener la paciencia del patriarca Job, en ese momento,  le contó a su compañera del sueño que había tenido con el señor, el dueño y el ordenador de la vida. 

 

Con el firmamento nublado en toda la región, embarcó las redes en una canoa grande, que para llenarla de pescado se necesitaba “Un milagro del creador de este mundo”. Su lugar de pesca indicado en el sueño, era una hermosa y extensa  playa, donde en tiempos pasados se hacían  las mejores faenas de pesca.

Tiró las redes y jaló, jaló y jaló, hasta que se dio cuenta que el chinchorro venia pesado, pensó que era un tronco de árbol que el río arrastra en sus corrientes, inspeccionó y noto el movimiento de las aguas dentro de la red, se zambulló y tropezó con un cardumen de peses, salió a flote, miró a sus compañeros de faena,  frunció el ceño, subió la ceja izquierda y se sonrió maliciosamente, no musitó palabra alguna a pesar de que sus compañeros le preguntaban por la inspección de la red.

Sigilosamente, el pescador ducho, de muchas faenas, de noches largas de pesca y de toda una vida en el oficio, sabía que el creador lo había escuchado, a pesar de sus groserías.

Se unió al grupo y jalo con ahínco la red, que traía la pesca milagrosa, había tantos peces en la red, que tuvo que llamar a otros pescadores que se encontraban cerca para que le colaboraran a sacar la red, hubo algarabía, gritos, Guapirreos, baile y jolgorio por “La Pesca Milagrosa”, cada uno de los pescadores que estaban en la playa, llenaron sus canoas y regresaron por la mañana a sus hogares llenos de felicidad por esa hermosa noche de invierno, luna llena, cargada  de misterios.

Sabas, después de esta pesca, sigue la vida tirando la red, sembrando semillas de pan coger, llevando la satisfacción de sus logros, un gran amigo, no ha cambiado su forma de ser, a pesar de su fama por la pesca milagrosa y sus fotos en los periódicos de la región. 

 

Sàbas, es una Leyenda.

 

 

Con mucho cariño y respeto a mi amigo Sábas Andrés Pupo Navarro, en mi hermosa tierra San Benito Abad.