TREMENDO
BOLOLÓ, EN LA CALLE DE LOS DESCAMISAOS
Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano
Una
singular gresca se formó una mañana bien temprano, cuando dos vecinas estaban
barriendo en la calle de los descamisaos.
En esta
calle bautizada por los transeúntes de Sincelejo que a diario tienen que pasar
por allí, buscando la salida a Tolú, alguien se percató que todos los hombres
de esa calle larga, con una curva cerrada peligrosa donde hay que bajar la
velocidad a los vehículos, “estaban descamisaos”, precisamente en esa curva se
apostan en los pretiles docenas de hombres sin camisas e indican si viene un
carro en sentido opuesto, para evitar un accidentes más de los ocurridos.
Todo
comenzó cuando la vecina número uno le dijo a la vecina numero dos que no le
echara la basura para su lado y le entregó una bolsa para que la recogiera.
La
vecina numero dos le contestó con el tono más alto, que no fuera tan atrevida
al decir que ella tiraba la basura para el frente de su casa y se fue armando
el bololó.
En
fracciones de segundos se levantaron los
esposos de las dos contrincantes, los hijos e hijas los nietos y en ultima toda
la cuadra con curva y todo, todos descamisaos.
Sin
mentir, habían mal contados sesenta descamisaos, incluyendo los jóvenes y niños
en brazos, la ofensa sigue porque ya la número uno botó el chupo y le dijo a la
número dos: cuál es la pendejada tuya, le voy a contar a tu marido que el
descamisao número 18, cuando sale el descamisao numero dos a trabajar, se mete
en tu casa.
Ofensa
suficiente para encender una de las
basuras de tantas que se prenden en esa calle, son las cinco de la tarde y
todavía están humeando. A esas alturas ya no había bomberos que apagaran ese fuego, todos los
descamisaos dándose trompadas, las mujeres desde la número tres al sesenta y seis jalándose los pelos,
como la gorda y la flaca en la calle de la pajuela peleando el amor de Calixto
Ochoa Campo.
La
policía cuando reportan una gresca entre los vecinos de la calle de los
descamisaos, hace caso omiso al llamado, porque eso es a diario, no se pueden
mirar entre las mujeres porque se forma el bololó.
Ellos
los moradores de esta singular calle, se apartan y apaciguan la pelea, esta vez
a la insistencia de la comunidad por el bloqueo de la calle y el trancón de los
vehículos, la policía llegó.
Observaron
los dos policías que llegaron en una moto tremenda pelea a puño limpio, las
pelucas en ese tiempo estaban de moda en las mujeres y eso se veían en el suelo
por docenas, sostenes, morunos, pantis y pantaletas les arrancaban de sus
cuerpo, quedando en cueros.
143 a
central decía uno de los policías, siga 143 le contestaba una voz, R Alamagoto
Pertuz, envíe refuerzos a la calle de los descamisaos, si es posible el tanque
anti-motines y el carro con el chorro de agua para dispersar a la multitud, que
aquí se formó un bololó.
R, 5.4,
5.8, espere unas 15 rayas que le envío refuerzos, en ese instante un descamisao
que ya no tenía a quien pegarle, le envío una trompada a la mandíbula al
policía que estaba pidiendo refuerzos.
Su
compañero al ver que golpearon a la autoridad y como a él le gustaba la pelea,
encendió a muñeca a uno de los descamisaos.
Pero
como ya la cosa se tornó de castaño a oscuro, tan pronto llegó el camión lleno
hasta los teques de verdes, cada uno con un bolillo de guayacán, que al que le
daban mínimo lo hacían pujar huuuuu, bolillo viene bolillos van, en vez de
aplacar la gresca se formó un zafarrancho de padre y señor.
Solo mi
persona que estaba haciendo fila de carros podía aplacar esa asonada, digo
asonada porque conspiraron contra la autoridad, no respetaron su
presencia, a quienes levantaron a muñeca
e iban perdiendo la pelea que comenzó con la vecina número uno vs. La vecina
número dos y terminó con cipote de escándalo en la calle de los descamisaos.
En el
baúl del carro llevaba cinco docenas de camisetas blancas estampadas con un
letrero que decía: Haga la Paz y no la guerra, para una campaña de
concientización en los montes de María la Alta y la Chiquita.
Pedí
permiso y me subí megáfono en mano en el carro tanque que trajo el agua para
dispersar a la turba de los descamisaos que terminaron bañados y festejando la
puñera que le estaban dando a la policía.
-Señores
y señoras, escuchen por favor y me voy jalando un discurso de valores en
Familia, autoestima y compañerismo, que
en vuelta de un minuto los tenia llorando a todos, incluyendo los policías, los
obligue a que se abrazaran los unos con los otros.
Desde
esa fecha del bololó, en esa calle no se ha visto más un descamisao, la numero
uno le pidió perdón a la número dos y aclararon que el número 18 era hermano de la número dos y venia de
trabajar temprano porque era celador del colegio de las Cocadas.
- Mis recuerdos y los de mi familia, para los habitantes de la
calle de los descamisaos, en Sincelejo a la salida para el balneario de Tolú
Sucre.
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