EL HIJO DEL JEQUE ARABE
Por
Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor
Colombiano-Blog –Google: entrecuentosporrosyfandangos.blogspot.com
Un día
bien asoleado se presentó un turco con dos docenas de telas, en el hombro
derecho traía los cortes para hacer pantalones para hombres, y en el hombro
izquierdo traía los cortes para confeccionar vestidos para damas.
Ya en
la tarde, pregunto dónde podía alojarse para descansar después de haber
caminado todo el pueblo vendiendo sus cortes de tela fina, dispuesto a seguir
su rutina al día siguiente.
Era el
turco, un hombre de unos 27 años, con facciones finas, delgado y de buena
estatura, bien educado, que llegó tocando la aldaba redonda de la majestuosa
puerta de madera en casa de la niña Antonieta, sitio acogedor y familiar de
alquiler y residencia a las personas que llegaban al pueblo, llamados
forasteros.
Por su
acento al hablar se sabía que no era colombiano, menos costeño, porque nosotros los sabaneros
de Bolívar, Córdoba y Sucre, nos
ahorramos el silbido de la S. A los pocos días de estar alojado en casa de la
niña Antonieta, le propuso que le vendiera una Máquina de Coser, de marca
Singer, que se encontraba en exhibición o adorno en la sala de la casa, esa
máquina contaba con unos doscientos años, con ella se ganaban el sustento la
abuela, la mamá y la niña Antonieta, tres generaciones.
ADEL,
el turco la convenció y dio por la
máquina, en ese tiempo setenta centavos,
sacó de una maleta vieja que cargaba un Aceite de Maquina, le hizo un
mantenimiento preventivo y la dejó al pelo.
Muy
pronto Adel, monto una Sastrería y la clientela fluyó, tanto que al año tenia
montado un Almacén de telas y confecciones para caballeros y damas.
A los
dos años, le compró la casa a la niña Antonieta y abrió un comisariato, tan de
buenas el turco que para esa época llegó
el Inderena a forestar los playones del pueblo y el comercio se
intensificó.
A los
tres años de haber aparecido en el pueblo el turco Adel, era el Alcalde
Municipal, y le llamaban el doctor Adel., todos los políticos le consultaban y
obedecían a sus exigencias.
Por
motivos de salud, salió para Cartagena don Pancho, uno de los hombres más
respetados, e intelectual que tenía ese pueblo. En espera de ser atendido por
el médico, don pancho compró el periódico de la capital de Bolívar, en la
primera página y a dibujo resaltado aparecía una foto y un letrero “Se busca”.
Don Pancho
miró la foto detenidamente, una, dos y tres veces y coincidía con la cara del
Alcalde, Adel, el hombre que llegó a ese pueblo apartado de la civilización,
vendiendo cortes finos.
Guardó
don pancho su periódico y también guardó silencio para no espantar al pájaro
que estaba a punto de caer en la trampa.
Abam
Adel Hersen Van, un muchacho vivo y caprichoso, a quien su fecha de boda con la
princesa Marleyn, había llegado, está desaparecido, por su señal de vida, damos
cinco mil libras de esterlina.
La
incógnita era, que había hecho Adel en su tierra y porque se desapareció,
intrigado don pancho, llego al pueblo, con su periódico debajo del
brazo y consulto a su esposa, preguntó por
el Alcalde y sin pensarlo dos veces decidió enfrentarlo y saber en
realidad quien era.
Adel,
al verse descubierto, le confesó a don pancho, quien era y porque se desapareció:
Mi padre es un Jeque Árabe, de temperamento posesivo y ordenes cumplidas, nunca
tuve en mente casarme tan temprano y menos con esa dama, para mí era
prioritario conocer el mundo, su gente, sus bellos paisajes, gozar la vida, mi
Dios me puso todo en mis manos para ayudar a mis semejantes y vivir en un sitio
hermoso, en compañía de una mujer que me
sea agradable.
Ese día
se desapareció antes de casarse y más nunca sus padres un prestigioso Jeque y
una bella Dama de la realeza, supieron de él.
Le voy
a recompensar con las cinco mil libras de esterlina y hablaré con mi pueblo
diciéndole la verdad, a cambio de no delatarme y deportarme para mi país de
origen, de aquí no me iré nunca.
Agradecido
con ese pueblo que lo acogió y que en vuelta de tres año de haber llegado ya
era su Alcalde, los reunió y les manifestó quien era, que a cambio él
trasformaría al pueblo y lo dejaría como una tacita de plata, con carreteras,
hospital, colegios, calles pavimentadas, acueducto y alcantarillado, gas
natural, energía eficiente y un buen comercio ofreció Abam Adel Hersen Van.
Un poquito antes de que mi esposa
entrara a mi habitación con un buen pocillo de tinto, el primero del día y me
despertara, de ese hermoso sueño.
“Soñar,
no cuesta nada”.
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