miércoles, 2 de septiembre de 2026

SÁBAS UNA LEYENDA-LA PESCA MILAGROSA (Historia)

 

SÁBAS UNA LEYENDA-LA PESCA MILAGROSA (Historia)
Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano

 

Sábas, un hombre de unos 72 años de edad, con una estatura de un metro ochenta, corpulento, de color claro, que usa abarcas tres punta, un buen amigo, un buen vecino, hermano y Padre, Bailador de Fandango,  Cumbia y Mapalé, en la ronda de la placita en San Benito Abad, con una larga experiencia que la vida le ha enseñado.

Pescador de ríos, playas y ensenadas, desde su niñez,  su papá y sus hermanos mayores lo enseñaron a jalar chinchorro, atarraya, arpón y flecha, en las hermosas playas de su pueblo a orillas del río San Jorge.

Heredó de los Indios Zenú (cacique Tacazuan), que vivían en esa región hace muchos años, la habilidad, la pericia y la malicia indígena, para saber dónde se encuentran por cantidades los peces en la playas y allí tirar las redes.

En época de Verano cuando los ríos y playas bajan su caudal de agua y hay desove de pescado y otras especies de peces de agua dulce, la situación con la economía fluye, las ganancias alcanzan para comprar los útiles y los inútiles y alistar los estudiantes de primaria y bachillerato del pueblo.

Las dificultades surgen en tiempo de invierno, cuando el majestuoso río San Jorge se viene con ímpetu, empujado por las aguas de su hermano mayor, el río Cauca, arrasando a su paso con todo ser viviente que se halle a sus orillas, dejando una estela de miseria y malestar, desolación y decepción de sus habitantes.

Aquí no hay fórmulas mágicas que valgan para mitigar tan macro problema.

Sábas un hombre de fe en el creador, apóstol ferviente del Cristo de la Villa, todas las noches salía con sus redes en una embarcación, aguantando las vicisitudes que implican la pesca, frío  hambre, perdida de sueño, preocupación por los compromisos familiares, y al día siguiente regresaba sin un pescado, cansado y agotado de la situación, con palabras firmes dijo:

-Bueno señor-, refiriéndose al creador,

-Que pasa, es que me vas a dejar morir de hambre, tanto que te pido que me socorras,  de pedirte misericordia, y tú te haces el sordo-

Recogió las redes y se devolvió para su casa, vociferando muchas frases de alto calibre.

Llegó  a su vivienda trasnochado, de mal color, seguía vociferando palabras incoherentes que no estaban dentro de la realidad, su esposa notó el cambio de actitud de Sábas, le ofreció una taza  con café tinto caliente y lo llevó a descansar en su Hamaca, colgada al aire libre en el patio de su casa.

Durmió plácidamente y tuvo un sueño con el señor, quien lo acompañaba a tirar las redes o chinchorro y le indicó el sitio donde debía pescar.

En horas de la tarde, se despertó ya relajado, con una muy buena actitud para la vida y sus laberintos, para su oficio, pidió su comida favorita, guiso de hicotea con arroz blanco, yuca harinosa y un buen guarapo de panela con limón, y con mucho cariño de su compañera, quien lo animó a seguir pescando y a tener la paciencia del patriarca Job, en ese momento,  le contó a su compañera del sueño que había tenido con el señor, el dueño y el ordenador de la vida. 

 

Con el firmamento nublado en toda la región, embarcó las redes en una canoa grande, que para llenarla de pescado se necesitaba “Un milagro del creador de este mundo”. Su lugar de pesca indicado en el sueño, era una hermosa y extensa  playa, donde en tiempos pasados se hacían  las mejores faenas de pesca.

Tiró las redes y jaló, jaló y jaló, hasta que se dio cuenta que el chinchorro venia pesado, pensó que era un tronco de árbol que el río arrastra en sus corrientes, inspeccionó y noto el movimiento de las aguas dentro de la red, se zambulló y tropezó con un cardumen de peses, salió a flote, miró a sus compañeros de faena,  frunció el ceño, subió la ceja izquierda y se sonrió maliciosamente, no musitó palabra alguna a pesar de que sus compañeros le preguntaban por la inspección de la red.

Sigilosamente, el pescador ducho, de muchas faenas, de noches largas de pesca y de toda una vida en el oficio, sabía que el creador lo había escuchado, a pesar de sus groserías.

Se unió al grupo y jalo con ahínco la red, que traía la pesca milagrosa, había tantos peces en la red, que tuvo que llamar a otros pescadores que se encontraban cerca para que le colaboraran a sacar la red, hubo algarabía, gritos, Guapirreos, baile y jolgorio por “La Pesca Milagrosa”, cada uno de los pescadores que estaban en la playa, llenaron sus canoas y regresaron por la mañana a sus hogares llenos de felicidad por esa hermosa noche de invierno, luna llena, cargada  de misterios.

Sabas, después de esta pesca, sigue la vida tirando la red, sembrando semillas de pan coger, llevando la satisfacción de sus logros, un gran amigo, no ha cambiado su forma de ser, a pesar de su fama por la pesca milagrosa y sus fotos en los periódicos de la región. 

 

Sàbas, es una Leyenda.

 

 

Con mucho cariño y respeto a mi amigo Sábas Andrés Pupo Navarro, en mi hermosa tierra San Benito Abad.

 

 

 

 

 

 

 

Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano

 

Sábas, un hombre de unos 72 años de edad, con una estatura de un metro ochenta, corpulento, de color claro, que usa abarcas tres punta, un buen amigo, un buen vecino, hermano y Padre, Bailador de Fandango,  Cumbia y Mapalé, en la ronda de la placita en San Benito Abad, con una larga experiencia que la vida le ha enseñado.

Pescador de ríos, playas y ensenadas, desde su niñez,  su papá y sus hermanos mayores lo enseñaron a jalar chinchorro, atarraya, arpón y flecha, en las hermosas playas de su pueblo a orillas del río San Jorge.

Heredó de los Indios Zenú (cacique Tacazuan), que vivían en esa región hace muchos años, la habilidad, la pericia y la malicia indígena, para saber dónde se encuentran por cantidades los peces en la playas y allí tirar las redes.

En época de Verano cuando los ríos y playas bajan su caudal de agua y hay desove de pescado y otras especies de peces de agua dulce, la situación con la economía fluye, las ganancias alcanzan para comprar los útiles y los inútiles y alistar los estudiantes de primaria y bachillerato del pueblo.

Las dificultades surgen en tiempo de invierno, cuando el majestuoso río San Jorge se viene con ímpetu, empujado por las aguas de su hermano mayor, el río Cauca, arrasando a su paso con todo ser viviente que se halle a sus orillas, dejando una estela de miseria y malestar, desolación y decepción de sus habitantes.

Aquí no hay fórmulas mágicas que valgan para mitigar tan macro problema.

Sábas un hombre de fe en el creador, apóstol ferviente del Cristo de la Villa, todas las noches salía con sus redes en una embarcación, aguantando las vicisitudes que implican la pesca, frío  hambre, perdida de sueño, preocupación por los compromisos familiares, y al día siguiente regresaba sin un pescado, cansado y agotado de la situación, con palabras firmes dijo:

-Bueno señor-, refiriéndose al creador,

-Que pasa, es que me vas a dejar morir de hambre, tanto que te pido que me socorras,  de pedirte misericordia, y tú te haces el sordo-

Recogió las redes y se devolvió para su casa, vociferando muchas frases de alto calibre.

Llegó  a su vivienda trasnochado, de mal color, seguía vociferando palabras incoherentes que no estaban dentro de la realidad, su esposa notó el cambio de actitud de Sábas, le ofreció una taza  con café tinto caliente y lo llevó a descansar en su Hamaca, colgada al aire libre en el patio de su casa.

Durmió plácidamente y tuvo un sueño con el señor, quien lo acompañaba a tirar las redes o chinchorro y le indicó el sitio donde debía pescar.

En horas de la tarde, se despertó ya relajado, con una muy buena actitud para la vida y sus laberintos, para su oficio, pidió su comida favorita, guiso de hicotea con arroz blanco, yuca harinosa y un buen guarapo de panela con limón, y con mucho cariño de su compañera, quien lo animó a seguir pescando y a tener la paciencia del patriarca Job, en ese momento,  le contó a su compañera del sueño que había tenido con el señor, el dueño y el ordenador de la vida. 

 

Con el firmamento nublado en toda la región, embarcó las redes en una canoa grande, que para llenarla de pescado se necesitaba “Un milagro del creador de este mundo”. Su lugar de pesca indicado en el sueño, era una hermosa y extensa  playa, donde en tiempos pasados se hacían  las mejores faenas de pesca.

Tiró las redes y jaló, jaló y jaló, hasta que se dio cuenta que el chinchorro venia pesado, pensó que era un tronco de árbol que el río arrastra en sus corrientes, inspeccionó y noto el movimiento de las aguas dentro de la red, se zambulló y tropezó con un cardumen de peses, salió a flote, miró a sus compañeros de faena,  frunció el ceño, subió la ceja izquierda y se sonrió maliciosamente, no musitó palabra alguna a pesar de que sus compañeros le preguntaban por la inspección de la red.

Sigilosamente, el pescador ducho, de muchas faenas, de noches largas de pesca y de toda una vida en el oficio, sabía que el creador lo había escuchado, a pesar de sus groserías.

Se unió al grupo y jalo con ahínco la red, que traía la pesca milagrosa, había tantos peces en la red, que tuvo que llamar a otros pescadores que se encontraban cerca para que le colaboraran a sacar la red, hubo algarabía, gritos, Guapirreos, baile y jolgorio por “La Pesca Milagrosa”, cada uno de los pescadores que estaban en la playa, llenaron sus canoas y regresaron por la mañana a sus hogares llenos de felicidad por esa hermosa noche de invierno, luna llena, cargada  de misterios.

Sabas, después de esta pesca, sigue la vida tirando la red, sembrando semillas de pan coger, llevando la satisfacción de sus logros, un gran amigo, no ha cambiado su forma de ser, a pesar de su fama por la pesca milagrosa y sus fotos en los periódicos de la región. 

 

Sàbas, es una Leyenda.

 

 

Con mucho cariño y respeto a mi amigo Sábas Andrés Pupo Navarro, en mi hermosa tierra San Benito Abad.

 

 

 

 

 

 

 

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