LA CHICHARRA-CUENTO
Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano
Son una familia de insectos del orden Hemíptera, que según la historia, su
ciclo de vida es de 2 a 17años, durante
un tiempo son ninfas y permanecen debajo de la tierra y se alimentan de
la sabia de las raíces de los árboles, con esta introducción científica me
permito nárrales el siguiente cuento.
Arrael Bod Geed, vivía en una vereda de la sierra, rodeado de la exuberante
naturaleza, aves y toda clase de insectos voladores y rastreros. Una de ellas
le llamaba la atención, la chicharra por su canto estridente y sonoro, como los
picoc verbeneros de los años 70 y 80, que deleite escuchar esas melodías
traídas de la madre África y que lo identificaban.
La Chicharra lo trasportaba mentalmente, sentado bajo un árbol frondoso,
cerraba sus ojos y se iba quedando dormido a la profundidad del sonido que poco
a poco se alejaba de su mente, comenzando a soñar con esas cigarra entrando a
su cuerpo en metamorfosis. Así estuvo durante tres días con sus noches, en el
desespero de su familia que lo vio salir para la espesa montaña a acerrar
madera. Nadie daba razón de él, los perros rastreadores no lo localizaban,
gritos de hombres monteadores en cuadrillas divididos rodearon el complejo
maderero y no fue posible saber de la vida de Arrael. A los tres días ya Arrael
era una chicharra que preparaba sus alas para volar alto y alcanzar la copa de
los árboles, así lo pensó un día cuando su mente trataba de nivelarse, se decía
en el pueblo que ese señor era muy inteligente, cinco rayitas más de lo normal,
sacudió sus hermosas alas y bolo, posándose en la corteza de una ceiba centenaria entonando su flauta primero
despacio y así fue aumentando el volumen tan alto que las demás aves y animales
cimarrones no aguantaron ese sonido y se fueron a habitar en otra región. Eso
lo capto su hermano menor que no se resistía a perder a su hermano mayor, dio
aviso a la comunidad del vuelo de las aves y la estampida de animales, sin
embargo solo escucharon el canto de la chicharrara que era común en la sierra,
pero esta lo hacía con más volumen de sonido.
Eso era lo que soñaba Arrael, transformarse en una hermosa chicharra, cantar y cantar hasta
reventar su cuerpo y quedar adherida a esa legendaria ceiba, en la huerta” la
estaca” de la Villa. Pasaron los años y se olvidaron de Arrael, en el parque se
hablaba de sus hazañas de vida, sus compañeros seguían en la faena del corte y
acerrar la madera en la sierra, hasta que un día le caminaron a la ceiba para
tumbarla y convertirla en madera, media unos 35 metros de altura y de ancho
estaba en los diez metros, al mirar hacia el tallo notaron un esqueleto humano
pegado a la corteza, era Arrael disecado, mitad humano y mitad Chicharra.