SÁBAS UNA LEYENDA-LA
PESCA MILAGROSA (Historia)
Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano
Sábas,
un hombre de unos 72 años de edad, con una estatura de un metro ochenta,
corpulento, de color claro, que usa abarcas tres punta, un buen amigo, un buen
vecino, hermano y Padre, Bailador de Fandango, Cumbia y Mapalé, en la
ronda de la placita en San Benito Abad, con una larga experiencia que la vida
le ha enseñado.
Pescador
de ríos, playas y ensenadas, desde su niñez, su papá y sus hermanos mayores
lo enseñaron a jalar chinchorro, atarraya, arpón y flecha, en las hermosas
playas de su pueblo a orillas del río San Jorge.
Heredó
de los Indios Zenú (cacique Tacazuan), que vivían en esa región hace muchos
años, la habilidad, la pericia y la malicia indígena, para saber dónde se
encuentran por cantidades los peces en la playas y allí tirar las redes.
En
época de Verano cuando los ríos y playas bajan su caudal de agua y hay desove
de pescado y otras especies de peces de agua dulce, la situación con la economía
fluye, las ganancias alcanzan para comprar los útiles y los inútiles y alistar
los estudiantes de primaria y bachillerato del pueblo.
Las
dificultades surgen en tiempo de invierno, cuando el
majestuoso río San Jorge se viene con ímpetu, empujado por las aguas
de su hermano mayor, el río Cauca, arrasando a su paso con todo ser
viviente que se halle a sus orillas, dejando una estela de miseria y malestar,
desolación y decepción de sus habitantes.
Aquí no
hay fórmulas mágicas que valgan para mitigar tan macro problema.
Sábas
un hombre de fe en el creador, apóstol ferviente del Cristo de la Villa, todas
las noches salía con sus redes en una embarcación, aguantando las vicisitudes
que implican la pesca, frío hambre, perdida de sueño, preocupación
por los compromisos familiares, y al día siguiente regresaba sin un pescado,
cansado y agotado de la situación, con palabras firmes dijo:
-Bueno
señor-, refiriéndose al creador,
-Que
pasa, es que me vas a dejar morir de hambre, tanto que te pido que me socorras,
de pedirte misericordia, y tú te haces el sordo-
Recogió
las redes y se devolvió para su casa, vociferando muchas frases de alto
calibre.
Llegó
a su vivienda trasnochado, de mal color, seguía vociferando palabras
incoherentes que no estaban dentro de la realidad, su esposa notó el cambio de
actitud de Sábas, le ofreció una taza con café
tinto caliente y lo llevó a descansar en su Hamaca, colgada al aire
libre en el patio de su casa.
Durmió
plácidamente y tuvo un sueño con el señor, quien lo acompañaba a tirar las
redes o chinchorro y le indicó el sitio donde debía pescar.
En
horas de la tarde, se despertó ya relajado, con una muy buena actitud para la
vida y sus laberintos, para su oficio, pidió su comida favorita, guiso de
hicotea con arroz blanco, yuca harinosa y un buen guarapo de panela con limón,
y con mucho cariño de su compañera, quien lo animó a seguir pescando y a tener
la paciencia del patriarca Job, en ese momento, le contó a su compañera
del sueño que había tenido con el señor, el dueño y el ordenador de la
vida.
Con el
firmamento nublado en toda la región, embarcó las redes en una canoa grande,
que para llenarla de pescado se necesitaba “Un milagro del creador de este
mundo”. Su lugar de pesca indicado en el sueño, era una hermosa y extensa
playa, donde en tiempos pasados se hacían las mejores faenas de
pesca.
Tiró
las redes y jaló, jaló y jaló, hasta que se dio cuenta que el chinchorro venia
pesado, pensó que era un tronco de árbol que el río arrastra en sus
corrientes, inspeccionó y noto el movimiento de las aguas dentro de la red, se
zambulló y tropezó con un cardumen de peses, salió a flote, miró a sus
compañeros de faena, frunció el ceño, subió la ceja izquierda y se sonrió
maliciosamente, no musitó palabra alguna a pesar de que sus compañeros le
preguntaban por la inspección de la red.
Sigilosamente,
el pescador ducho, de muchas faenas, de noches largas de pesca y de toda una
vida en el oficio, sabía que el creador lo había escuchado, a pesar de sus
groserías.
Se unió
al grupo y jalo con ahínco la red, que traía la pesca milagrosa, había tantos
peces en la red, que tuvo que llamar a otros pescadores que se encontraban
cerca para que le colaboraran a sacar la red, hubo algarabía, gritos,
Guapirreos, baile y jolgorio por “La Pesca Milagrosa”, cada uno de los
pescadores que estaban en la playa, llenaron sus canoas y regresaron por la
mañana a sus hogares llenos de felicidad por esa hermosa noche de invierno,
luna llena, cargada de misterios.
Sabas,
después de esta pesca, sigue la vida tirando la red, sembrando semillas de pan
coger, llevando la satisfacción de sus logros, un gran amigo, no ha cambiado su
forma de ser, a pesar de su fama por la pesca milagrosa y sus fotos en los
periódicos de la región.
Sàbas,
es una Leyenda.
Con
mucho cariño y respeto a mi amigo Sábas Andrés Pupo Navarro, en mi hermosa
tierra San Benito Abad.
Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano
Sábas,
un hombre de unos 72 años de edad, con una estatura de un metro ochenta,
corpulento, de color claro, que usa abarcas tres punta, un buen amigo, un buen
vecino, hermano y Padre, Bailador de Fandango, Cumbia y Mapalé, en la
ronda de la placita en San Benito Abad, con una larga experiencia que la vida
le ha enseñado.
Pescador
de ríos, playas y ensenadas, desde su niñez, su papá y sus hermanos mayores
lo enseñaron a jalar chinchorro, atarraya, arpón y flecha, en las hermosas
playas de su pueblo a orillas del río San Jorge.
Heredó
de los Indios Zenú (cacique Tacazuan), que vivían en esa región hace muchos
años, la habilidad, la pericia y la malicia indígena, para saber dónde se
encuentran por cantidades los peces en la playas y allí tirar las redes.
En
época de Verano cuando los ríos y playas bajan su caudal de agua y hay desove
de pescado y otras especies de peces de agua dulce, la situación con la economía
fluye, las ganancias alcanzan para comprar los útiles y los inútiles y alistar
los estudiantes de primaria y bachillerato del pueblo.
Las
dificultades surgen en tiempo de invierno, cuando el
majestuoso río San Jorge se viene con ímpetu, empujado por las aguas
de su hermano mayor, el río Cauca, arrasando a su paso con todo ser
viviente que se halle a sus orillas, dejando una estela de miseria y malestar,
desolación y decepción de sus habitantes.
Aquí no
hay fórmulas mágicas que valgan para mitigar tan macro problema.
Sábas
un hombre de fe en el creador, apóstol ferviente del Cristo de la Villa, todas
las noches salía con sus redes en una embarcación, aguantando las vicisitudes
que implican la pesca, frío hambre, perdida de sueño, preocupación
por los compromisos familiares, y al día siguiente regresaba sin un pescado,
cansado y agotado de la situación, con palabras firmes dijo:
-Bueno
señor-, refiriéndose al creador,
-Que
pasa, es que me vas a dejar morir de hambre, tanto que te pido que me socorras,
de pedirte misericordia, y tú te haces el sordo-
Recogió
las redes y se devolvió para su casa, vociferando muchas frases de alto
calibre.
Llegó
a su vivienda trasnochado, de mal color, seguía vociferando palabras
incoherentes que no estaban dentro de la realidad, su esposa notó el cambio de
actitud de Sábas, le ofreció una taza con café
tinto caliente y lo llevó a descansar en su Hamaca, colgada al aire
libre en el patio de su casa.
Durmió
plácidamente y tuvo un sueño con el señor, quien lo acompañaba a tirar las
redes o chinchorro y le indicó el sitio donde debía pescar.
En
horas de la tarde, se despertó ya relajado, con una muy buena actitud para la
vida y sus laberintos, para su oficio, pidió su comida favorita, guiso de
hicotea con arroz blanco, yuca harinosa y un buen guarapo de panela con limón,
y con mucho cariño de su compañera, quien lo animó a seguir pescando y a tener
la paciencia del patriarca Job, en ese momento, le contó a su compañera
del sueño que había tenido con el señor, el dueño y el ordenador de la
vida.
Con el
firmamento nublado en toda la región, embarcó las redes en una canoa grande,
que para llenarla de pescado se necesitaba “Un milagro del creador de este
mundo”. Su lugar de pesca indicado en el sueño, era una hermosa y extensa
playa, donde en tiempos pasados se hacían las mejores faenas de
pesca.
Tiró
las redes y jaló, jaló y jaló, hasta que se dio cuenta que el chinchorro venia
pesado, pensó que era un tronco de árbol que el río arrastra en sus
corrientes, inspeccionó y noto el movimiento de las aguas dentro de la red, se
zambulló y tropezó con un cardumen de peses, salió a flote, miró a sus
compañeros de faena, frunció el ceño, subió la ceja izquierda y se sonrió
maliciosamente, no musitó palabra alguna a pesar de que sus compañeros le
preguntaban por la inspección de la red.
Sigilosamente,
el pescador ducho, de muchas faenas, de noches largas de pesca y de toda una
vida en el oficio, sabía que el creador lo había escuchado, a pesar de sus
groserías.
Se unió
al grupo y jalo con ahínco la red, que traía la pesca milagrosa, había tantos
peces en la red, que tuvo que llamar a otros pescadores que se encontraban
cerca para que le colaboraran a sacar la red, hubo algarabía, gritos,
Guapirreos, baile y jolgorio por “La Pesca Milagrosa”, cada uno de los
pescadores que estaban en la playa, llenaron sus canoas y regresaron por la
mañana a sus hogares llenos de felicidad por esa hermosa noche de invierno,
luna llena, cargada de misterios.
Sabas,
después de esta pesca, sigue la vida tirando la red, sembrando semillas de pan
coger, llevando la satisfacción de sus logros, un gran amigo, no ha cambiado su
forma de ser, a pesar de su fama por la pesca milagrosa y sus fotos en los
periódicos de la región.
Sàbas,
es una Leyenda.
Con
mucho cariño y respeto a mi amigo Sábas Andrés Pupo Navarro, en mi hermosa
tierra San Benito Abad.