EL
VIEJO CHEPE, EL HOMBRE QUE LE GANÓ
LA PELEA
A UN DESCONOCIDO,(UNA SILUETA).
Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano-Blog-Google:
entrecuentosporrosyfandangos.blogspot.com
Chepe,
era un hombre con una fuerza
descomunal, en su juventud la utilizaba para pelear, tumbar el ganado,
y montañas. Hábil de mente, sus conversaciones se convertían en peleas,
no le gustaba perder, le gustaba la política y
a cualquiera embolataba.
Al
viejo chepe, el peso de los años lo
tenían caminando despacio, siempre
cargaba un tabaco amargo en la boca sin
encender, se lo masticaba y botaba la
saliva al suelo, formándose una figura de una atarraya de pescar, abierta.
Al
viejo Chepe no se lo brincaba un chivo, tenía un sexto sentido y gozaba de la
malicia indígena heredada de su madre, una cocinera de la casa de la familia
Del Pino. En una noche de octubre, negra, oscura y sórdida donde
el zumbido del viento llegaba del más allá, chepe iba atravesando
un playón tan extenso que daba con el
otro lado de la tierra, donde allá estaba amaneciendo.
Sus
pasos se sentían acompañados de la parte
atrás del camino, su cuerpo y su alma con cada suspiro se le acortaba la vida, su respiración era cada vez
más agitada y su corazón palpitaba como tambor de Banda de música
Sabanera, en un porro tapa´o.
El
viejo Chepe con tanta experiencia no se amilanó, caminaba y caminaba, hasta que
ya sintió los pasos que lo seguían en las corvas de sus piernas.
Él pensó
que era alguien que lo quería asustar, pero no era eso cierto, una voz ronca,
llena de gripa acumulada, le habló:
“Aquí
era donde te quería coger, esta noche nos arreglamos porque nos arreglamos”.
Chepe
se frenó en seco, el conocía esa voz, en su juventud le había ganado una pelea
a puño limpio, pero ahora tenía que enfrentarlo y darle la revancha y pensó
con su mente: Este es el lugar y el
sitio preciso para partirle la siquitrilla del depósito de los mocos a este hijeé
puta.
Antes
de contestarle a la silueta, chepe se puso a tono con sus poderes, sin darle la
cara porque si se la daba era hombre muerto,
no era con un humano con quien se enfrentaba.
Chepe
giró su cuerpo a 180 grados, levantó la pierna derecha y le puso la marca de la
abarca en el pómulo derecho a la figura, que voló por los cielos y cayó a un
kilómetros de distancia, cuando se quiso levantar, chepe estaba de espalda mirando a la silueta
con el rabo del ojo izquierdo, atento a los movimientos del enemigo, ya tenía
la marquillas de la abarca de chepe en el rostro, esa era una ventaja, porque
la marquilla en el ganado es sinónimo de dueño, de dominio.
La
silueta se incorporó extendió sus brazos largos y giro tantas veces que se
formó un remolino absorbiendo a chepe llevándolo tan alto,
que parecía un tronco de árbol por los cielos, al igual que todos los
bindes del inmenso playón de la villa se fueron en el remolino, no quedo uno
solo.
Sin
embargo la pelea no estaba perdida, tenían toda la noche oscura y un playón que
llegaba hasta el amanecer del siguiente día.
El
viejo Chepe como pudo se zafó del remolino y venia en picada hacia la tierra y
la silueta atrás, aquí fue donde chepe pensó:
Si
caigo en tierra firme, esta pelea está perdida, pero si giro hacia la ciénaga
de playa rica en la Villa de San Benito, extensa y profunda, esta pelea es mía.
Cayó el
viejo chepe en mitad de playa rica, que hizo un hueco debajo del agua de un
kilómetro cuadrado, y antes que la figura cayera al agua, chepe estaba en la orilla de la playa, en tierra
firme.
Fue tan estrepitoso
el acuatizaje de la silueta al caer a la playa,
que:
En el
río san Jorge se murieron todas las especies de peses que existían, por la
electricidad, las temperaturas aumentaron a 40 grados, la creciente por la
marea inundó a todos los pueblos a orillas del rio.
Las
personas se mueren de presión alta por el calor, la boca del cura en el río cauca se amplió de tres metros a 200 metros, la boca de san
Antonio en el río san Jorge, quedó
abierta que ni las partidas del gobierno la han podido cerrar.
Se
abrió un boquete en el san Jorge (La Metra) a la altura de la finca el Vaticano
e inundó a los playones de la villa, y la boca de Segeve que comunica a la
ciénaga de Ayapel Córdoba con el rio san Jorge desde ese momento le han metido
partidas, enteras y mochas y no han podido arreglar el problema.
El
viejo chepe, con el peso de sus años,
longevo, enfermo y cansado de la vida, sabía que él, era el culpable de estos males que
estamos sufriendo los ribereños, en sus últimos días de vida pidió que lo voltearan boca abajo,
para irse a descansar, si es que
la silueta se lo permite.
No hay comentarios:
Publicar un comentario