lunes, 15 de octubre de 2018

UN TIGRE DE BENGALA A LA MITAD DE LA MAR






UN TIGRE DE BENGALA A LA MITAD DE LA MAR

Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano

Venía un Barco Japonés surcando las aguas del Océano pacifico para cruzar por el canal de panamá, administrado por estados unidos por espacio de 99 años, , cargado de mercancías del occidente, su tripulación y un circo en donde venían toda clase de animales salvajes, lo llamaban el gran circo de don Pacho, con toda su tripulación cirquera con dirección a la placita de la Villa.

Entre los cirqueros venia un joven de unos 16 años, hijo del dueño del circo mas su mamá, ellos de origen Indio, a mitad de la noche se formó una gran tormenta con rayos y centellas y estas fueron a dar al motor del Barco y este se estalló, volando en diez mil pedazos, sólo quedo bien una canoa salvavidas de color blanca, el muchacho nadó hacia ella, pero ya en su interior estaba acomodado el tigre de bengala que le peló sus dientes blancos y no lo dejó subir, el muchacho recogió  pedazos del barco e hizo una balsa, pero se aferró a la cabuya que sujetaba el ancla que ya no existía, allí amarrado al barco bajo la intemperie al amanecer divisó el panorama y no había humano respirando, no mas quedaba el tigre de bengala y él.

Ya el felino presentaba agresividad, comprendió el joven que esos dos animales tenían hambre, había que buscar la manera de conseguir comida para el tigre y por su puesto para él, se tiro a la mar y recogió una maleta metálica y pudo comprobar que se trataba de elementos de auxilio en caso de un naufragio, luces de bengala, un Jarpón, un anzuelo, un chinchorro de mallas pequeño, un cuchillo banquero y unos guantes de cuero fino.

En la lucha de poderes, el joven le cortó con el cuchillo un pedazo de oreja al tigre y con eso se dispuso a pescar, la justicia divina estaba de su lado, ya que era un joven educado en la religión de a su país, pescó una pacora de vente kilos y no la podía subir a la balsa, allí fue donde intervino el tigre que por primera vez le hablo al joven y entre los dos subieron la pacora y la mataron con una porra de madera, a los cinco minutos los estaban rondando mas de veinte tiburones, cual de ellos fuera más grande, atraídos por la sangre, con ellos llegaron un cardumen de sardinas y llenaron el bote del tigre que ya había hecho las pases con el muchacho.

Exhaustos y llenos de estomago se quedaron dormidos, la barca pasó por el canal de panamá, cogió orillas de Urabá, Cartagena y toda la costa hasta llegar a bocas de ceniza en Barranquilla, pasó el puente Pumarejo, el Alejo Duran, el puerto de Magangué y entró por la boca a quince kilómetros antes de Magangué, pasó por la boca de san Antonio, jegua rio san Jorge arriba y fue a dar a doña luisa, una hermosa playa de mí pueblo, la Villa de San Benito Abad, unos pescadores de chinchorro estaban en la orilla a las tres de la mañana jalando cinco chinchorros, eran unos treinta hombres y atónitos vieron a dos vallenas anclar el bote blanco, acto seguido  bajó  el tigre de bengala, le siguió  un joven negro, con una melena larga, cuando en esa época de la vida el corte de cabello era bajito, con un copete o moña en el jopo.

El tigre fue a dar a la placita, desde ese momento reina el tigre en ese lugar, claro que después se mudo para la ventana al mundo, el muchacho lo veían al lado del tigre, con un pantaloncito mocho, seguía melenudo, era un experto en subirse a los árboles entre ellos las palmeras de coco y bajar cuanto fruto tuviera, nadaba en la chambita y se bañaba con sus compañeros de la placita en los reventones, jalaba trompadas en la esquina de la niña pupo, después ayudaba al cura a decir misa y tocaba las campanas.

Por esos motivos casi nadie sabia quienes eran sus verdaderos padres, solo la adopción de dos ancianos, quienes lo protegieron hasta que un día desapareció de la vista de los Villeros.

El Tigre ronca de vez en cuando por los lados de palito, las vallenas moran en doña luisa y el joven lo han visto de vez en cuando en la misa de diez, la de los peregrinos del señor de los milagros.

sábado, 8 de septiembre de 2018

LA ESPIRAL UNIFORME DE ARQUÍMEDES VS. LA ESPIRAL DEL DOCTOR ORIELO






LA ESPIRAL UNIFORME DE ARQUÍMEDES VS. LA ESPIRAL DEL DOCTOR ORIELO
Por Francisco Cadrazco Díaz Román-Escritor Colombiano



La espiral uniforme de Arquímedes: Es una curva plana trascendente que se describe por un movimiento uniforme de un punto M, que se desplaza sobre una recta R de un plano, que gira uniformemente alrededor de un punto O que pertenece a dicha recta. Es decir, el radio varía de manera proporcional al ángulo girado. En el inicio del movimiento el punto M coincide con el centro de rotación O. es una línea continua e ilimitada, con un punto singular inicial en el origen. O sea, los puntos M recorren con una velocidad constante el eje OX del plano, girando este eje alrededor del punto O con una velocidad angular constante. Cuando el eje OX da un giro de 360º, el punto M se desplaza sobre el eje OX a una distancia E=2aπ, denominada paso de la espiral. S

En una Magisterial Clase de Derecho el Doctor Orielo nombró La Espiral y en su examen oral final lanzó dos preguntas: cada una valía 2.5, por cada dos alumnos entraban y salían del salón con caras tristes, manifestaban que las preguntas no correspondían a las explicaciones, menos a el libro guía. Era nuestro turno, la Doctora Sonia y mi persona. Entré cantando una salsa brava de Rubén Blades, como sabía que el doctor era un miembro de la bacanería barranquillera, suavicé el camino; lanzó la primera pregunta y los dos alumnos nos miramos las caras, seguido vino la segunda pregunta, le dije:

-Estimado Doctor me permite graficar la contestación de la pregunta-
-Siga Doctor Cadrazco.

Respuesta: Basándome en la espiral uniforme de Arquímedes, es una curva plana trascendente que se describe por un movimiento uniforme de un punto M, que se desplaza sobre una recta C. Bla, bla y bla. Y le dibujé un espiral afianzado en el punto M, con caida de la parte de arriba hacia abajo, en una linea recta.

Un poco nerviosos esperamos su afirmación o en su defecto la negación de lo expuesto graficalmente y explicado punto por punto.

Nos miró fijamente y dijo:

 -Los FELICITO, esa era la Respuesta más correcta, mi persona no acostumbra a colocar notas máximas, pero tienen un cinco (5).

Después de cinco años, hurgando en mis apuntes de derecho, encontré en una hoja nueve renglones subrayados con resaltador verde y un gran título La Espiral, entiendo lo que decía un profesor de matemáticas, estudien que la matemática se la van a encontrar hasta en las sopas. Nunca pensé encontrármelas en un examen de derecho constitucional. 

Por esa razón, ese cinco está enmarcado en mi corazón y en los recuerdos históricos de mi mente.

sábado, 1 de septiembre de 2018

UN FRASCO BOCÓN LLENO DE LOTERÍA






UN FRASCO BOCÓN LLENO DE LOTERÍA
Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano

Recorriendo mentalmente el camino de la vida, se vino la figura de lo que en algún tiempo fue una prestigiosa tienda de propiedad de una mujer de buen corazón, que lo tubo todo otrora de la bonanza del algodón en un hermoso pueblo del caribe colombiano.

Tenia unas vitrinas grandes, un mostrador de madera en forma de L, sobre de él, unos quince frascos de vidrio con tapa, en donde pienso que habían galletas de panela, arropillas, turrones, bolitas de coco, tamarindo, cacao, ajonjolí, trompadas, pudines, caballitos, ponqués, merengues de huevos y más.

Los anaqueles con compartimientos grandes, me los imagino llenos de telas para hacer pantalones, supernaval, naval, otomana, paños, lino, overol de trabajo y ropa para damas.
Botas pantaneras, rulas, piedras de amolar, palas, cavadores, escobas, rastrillos, sacos de algodón, latas de manteca, petróleo, sal y más.

Pero la realidad fue que esa tienda- almacén se vino a pique, los motivos los desconozco, ahora lo de buen corazón de parte de su dueña, era que a todo lotero que llegaba a su tienda le compraba hasta toda la lotería y lo mandaba para su casa a atender sus hijos y su mujer.

El hueso duro era cogerle la hora a su hijo, un algodonero de carácter que hasta pelaba el revolver que llevaba en el cinto cada vez que veía un lotero a los alrededores de su casa, y los amenazaba de muerte, la custodia era permanente y uno por uno iban llegando a la tienda después que el hijo se marchaba a atender sus inmensas tierras cargadas de algodón.

Corrieron los años y no se supo más de la señora de la tienda, pero como este mundo va dando vueltas en un mismo eje y las casas de la tierra están en un mismo sitio, un día de la vida llegó razón de la bella señora de la tienda en un pueblo macondiano de esta costa caribeña.

En un Salón de clases de una prestigiosa Universidad entraron los Primíparos y uno a uno se fueron presentando con nombres apellidos y región de donde venían, sus estudios cursados y sus planteles educativos, me llamó la atención uno de ellos, sus apellidos eran similares al del hijo de la señora de la tienda, cuando se terminó la clase, le hice la entrevista y como buen investigador y sabueso policial, además abogado di en el calvo con punta de acero.

Era nieto de la señora de la Tienda de los frascos vacíos en donde reciclaba todos los billetes de loterías que perdía todos los días, ya a esas alturas ella no existía pero su nieto dio todos los detalles habidos y por haber, al preguntarle por los frascos comentó que ella en sus últimos días de vida se dedicó a ayudar a las personas más necesitadas, que le compraba lotería a cuanto lotero se presentaba a su casa, que su papá no gustaba de esos loteros que la estaban arruinando, más de lo que estaba, pero lo que no comento fue que su abuela se ganó un billete de Lotería de Medellín y  le dio al lotero que le vendió el premio a comienzos de la década del setenta, un obsequio por valor de  setenta y cinco mil pesos y con esa plata ese joven se vino para Barranquilla a estudiar y progresar.

No aguanté el cortado de la conversación y le confesé al joven estudiante que mi persona conocía a su abuela y  a su papá, que era uno de los Jóvenes Loteros que cada día le llevaba la suerte a su casa y me tocó contarle mi historia de vida que para bien fue ascendente siendo hoy un multiplicador del conocimiento, compartido con jóvenes que quieren superarse y dejar atrás momentos difíciles.



lunes, 27 de agosto de 2018

UNA CULEBRA BOA, SIN RABO







UNA CULEBRA BOA, SIN RABO
Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano

Recordando pasajes de mi vida, esta mañana a las tres en punto, hora en que la razón pura de la existencia de vida, del ser y no ser, me indica que ocupo un  lugar en el espacio y en el tiempo de este convulsionado mundo global, llegó a mi mente un pensamiento del momento aquel en el mes de noviembre de mil novecientos sesenta y cuatro, en una tarde asoleada, en donde el majestuoso rio San Jorge no daba razón de sus orillas, parecía una manta de saco de algodón, arropando el remolino de la pipa, bajo el desespero de unos pescadores de chinchorro ya casi desprovistos de alimentos, los mayores nos encomendaron ir a cazar carraos, patos yuyo, iguanas, boas, chigüiros, caimanes y babillas de cuatro patas.

Adentro de los manglares, divisamos una boa contrita de unos siete metros aproximados de longitud, los dos jóvenes no fuimos capaces de cogerla, menos de matarla para el sustento de unas treinta personas, dimos aviso a la rancha ubicada en un pretil barranco en una finca del sector, en donde un mes antes habíamos llegado.

Personalmente y con mis once años de edad, tratando de aprenderles a los Cadrazco de esa época, presencie el enlace de la boa, la colgada en una mata de mangle, la sacada del cuero y por último esa hermosa cola hecha presas y después guisada con la sazón de una familiar, fue un manjar, pero se quedó en mi mente esa barbarie.

Por allá en el año mil novecientos sesenta y ocho, un veintiocho de diciembre, si no estoy mal de memoria día de San Agatón, fiesta en corralejas en San-Pues, nombre colocado por un paisa a ese hermoso pueblo y con mis quince abriles, se me acercó una mujer de raza Zenú y me invitó a que me fuera con ella, manifestándome que ella era la boa a quien yo, mi persona le había comido el rabo, me desaparecí del lugar y fue la ultima fiesta de toros sabanero que en mi vida asistí.

En otra ocasión la niña pecho, una señora de San Pedro Sucre, también me confesó, que ella era la Boa a quien mi persona le comió el rabo, no se si son cosas de la mente ágil y queriéndome hacer una jugada de dominó, pero la verdad es que a mis años no se me olvida ese momento de mi juventud.

Anoche, venia por un camino con unos compañeros del B de la R. rumbo a mi morada y uno de ellos dijo: viene un toro cebú, ellos corrieron a la derecha y mi persona a la izquierda, por allí cogió el toro y al notar mi presencia detrás de un matorral, me dijo te estoy observando, tú fuiste el que te comités mi rabo, le miré la cola al toro y no la tenía, allí comprendí que era la boa del sesenta y cuatro. Corrí por el playón de la villa y fui a tener a palitos, allí había una bonga grande semi inclinada y de la velocidad que llevaba fui a dar al copito. 

Allí permanecí hasta las cinco de la mañana, cuando mi esposa con el más sumo cuidado me volvió a la realidad de la vida, porque me encontraba gritando auxilio, auxilio, que la Boa contrita en forma de toro cebú, estaba rabiosa reclamando su rabo que lo hicimos guiso para la subsistencia, en esa época de mi juventud. A eso se suma una jauría de perros peleando, porque su rabo se lo habían cambiado en una cantina de la Villa, después de una borrachera.

“Siempre debes mirar hacia atrás con humildad y decencia, haber donde dejasteis la cola de tu vida y el soñar de tu niñez y juventud, ellos son el soporte de la estructura y tamaño que tienes en el presente”.


domingo, 12 de agosto de 2018

LA TROMPADA DEL SIGLO






LA TROMPADA DEL SIGLO
Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano

Me contaba Julio de la Hoz Vergara “Tío Papi”, que él tenía unos tíos paternos buenos para el trabajo y las trompadas, cuando ya estaban hombrecitos salió tío Juaco que era de baja estatura y tío Francisco era fornido, salieron a recoger algodón a Codazzi, llegaron al Valle a cinco esquinas, allí convergen todos los recolectores del algodón y allí también llegaban los algodoneros a buscar personal para la gran recolección de la mota blanca.

Ya eran conocidos, simplemente llegar y contratar, salieron para la finca unos veinte recolectores, entre ellos los dos hermanos De la Hoz, más un negro Cartagenero de aproximadamente dos metros de estatura, sus brazos parecían dos rulas Gavilán de Incolma, esas de 1,80 centímetros, las manos eran dos ñames carmeros antes de la guerra en las marías, la alta y la bajita.

Al Primer pago que fue a los quince días de la recolección, el negro Cartagenero se fue el sábado bien temprano a Codazzi y regreso a las nueve de la noche, venia guapirreando por ese camino, cantaba décimas, pero eran octavas, en el rancho donde dormían había veinte hamacas guindadas, diecinueve habitadas por sus dueños por las horas que eran. Llego Cartagena cimbreándose con una borrachera de dos pisos, la primera hamaca guindada en el rancho era la de tío Juaco y la última era la de tío Francisco, el negro por no agacharse para sobreponerse a las hamacas, le fue colocando el hombro a cada una de ellas y volaban sus habitantes, menos mal que el piso estaba cubierto por bultos de algodón y amortiguaban la caída, cada uno de ellos se levantaron se sacudieron y volvieron a acostarse, Tío Francisco no se percataba del hecho porque Cartagena era el número seis en hamaca.

Ya eso tenía cansado a Tío Juaco, que no le comentaba nada a su hermano, por saber que a ese si no se lo brincaba un chivo de los que andaban por las calles de Pitillal-Valledupar, pero el limite llego a punto cero, Juaco le hizo el comentario a su hermano Francisco, que sin terminar el relato ya se estaban regazando su camisa de cuadros y rayas y preguntaba por Cartagena.

Tío Juaco inteligentísimo y rebosado de paciencia calmó a su hermano y le propuso un plan para terminar con esa pesadilla que no le dejaba sus sentidos puesto en el negro, se llegó el día del pago, el negro cantaba y salió para Codazzi, el plan ya estaba en marcha, cada uno de los querellantes estaba en guardia, preciso nueve de la noche, estaba mas oscuro que la noche negra, solo las luciérnagas con sus focos intermitentes dejaban ver una luz de alivio.

Penetró Cartagena al caney de mas de treinta metros de largo empalmado con hojas de corozo rajado, y de una le fue a meter el hombro a la hamaca de Tío Juaco, lo espero un pedazo de palo de mangle verde, en la tabla del pescuezo, ni con agua lluvia lo pudieron despertar, tío Juaco le decía a su hermano que no esperara que Cartagena se despertara y lo invitaba a coger sus corotos y marcharse. Pero su hermano quien seguía durmiendo en la hamaca de Juaco roncaba como gato ronroneando.

A la mañana siguiente todos los cinco hombres que Cartagena tumbaba de la hamaca estaban en guardia, Francisco le dijo a su diminuto hermano que se quitara la camisa y se parara frente a Cartagena, cuando este abrió sus ojos se sorprendió al ver a Juaco en guardia de pelea, solo alcanzó a decir, hombre mano Juaco discúlpeme, recogió su hamaca y se fue.

Ell Caney en calma, los comentarios sobre el hecho eran a favor de Juaco, todos los felicitaban por su hazaña con el negro Cartagena, solo que él no comprendía porque el negro le cogió miedo y se fue. Un día le pregunto a su hermano Francisco que pasó, Francisco mas calmado le explico a Juaco que el negro creyó que fue Juaco el que le pegó y que al día siguiente cuando Cartagena despertó vio a Juaco fornido, bien parado dispuesto a darle la revancha y sus músculos pectorales y brazos le brincaban. Desde ese día Tio Juaco se ganó el aprecio de sus compañeros que hasta le recogían el algodón.

sábado, 4 de agosto de 2018

UN RECORRIDO URUMITERO




UN RECORRIDO URUMITERO
Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano

Más que un Cuento es una historia de vida, con la Ilusión de encontrar mis raíces de mi apellido Díaz, que en mi niñez un anciano me contó, como el tenía palabra de Gallero que vale aquí y en la Conchinchina Camboya, además cuidaba más de mil Gallos Finos en El Paso de los Chivos, San Benito Abad “La Villa”, ese hermoso Pueblo donde nací. El Bisa, me contaba que su papa y él, nacieron en la región de Urumita y Punto.

Como a mi persona no se le olvida la fecha en que mi mamá me pario, además siempre he querido saber de donde vengo y para donde voy, me he interesado en aprender de todas las profesiones un poco, para que no me cojan echado como perro fogonero, dándole poca importancia al conglomerado que me rodea y sabiendo que los resultados de esas locuras, darán sus frutos.

Andando camino de Valledupar en un recorrido que lo puedo denominar sin titubeos Ancestro Familiar, bien temprano convide a mi Tío Político o Tío Papi, hombre que se las sabe todas y las que no las apunta para que no se le olviden, ese es el guía que me va a colaborar con esta rasquiñita que traigo desde el siglo pasado, con el pueblo de Urumita.

Siete de la mañana entramos a La Jagua del Pilar, todavía los gallos no se habían tirado del palo de totumo, tierra de mi amigo y colega Rafael Manjarrez Mendoza y su joya musical “Así no es ella,” Juancho y Osvaldo Ramírez compañero de Labores Bancarias y autor del cuento La media Vaca, narrado por mi persona, como también mi amiga Arelis Barrón, dimos vueltas al derredor del parque, le tomamos unas fotos a la Iglesia y me acorde donde sería que vivió el viejo Emiliano, o por donde pasará El Marquesote, pero no había alma transitando sus calles.

Ya a esa hora en un día normal mi esposa me ha brindado un Tinto, entramos a Urumita y lo primero que deseaba era tomarme una foto en el palo de higuito que nombra Fabian Corrales en su canción “Soy de Aquí” o irme a bañar en el Mocho, a orillas de la carretera que sigue para Villanueva, ver a una figura con su rostro parecido al mío, o alguien que me dijera “vee primo y tu donde estabas achoo”,  había un Restaurante abierto con un Letrero que dice Restaurante Urumitero, con una foto en grande de Silvestre Dangon y otra más pequeña del Churo Díaz, allí llegamos a desayunar y a preguntar por la familia Díaz, Barros o Calderón, nada de eso sucedió, tan pronto nos bajamos del vehículo, el pollo papi le pregunto a la señora dueña del restaurante a que Familia pertenecía, cuando le dijo la señora que de los Barros, a mi persona se le pusieron las orejas como cuando me he tomado un jarrón de guiándolo y me dije, me van a dar razón del Tata y el Bisa, no importando que de eso hacen dos siglos, les juro que no hablé más, esos personajes se trenzaron en una conversación familiar y de vecinos, pero no la Chavita.

Pedí a esa hora una Malangada, pero había que buscar la gallina criolla a Villanueva, de allí salimos para donde un señor de apellido Martínez, entramos por el ramal de Urumita y dimos con el señor Martínez, que como dos gallos finos se trenzaron a recordar viejos tiempos, cuando el señor Martínez manejaba un camión y todas las mañanas salía para el Valle y en la tarde regresaba, pregunte por Luisa Ramos y me dijo ella vive para allaaaaa y señalo, le dimos la vuelta al derredor del parque y salimos a la carretera vía a Villanueva, allí pregunte por la Ceiba donde había un gavilán jabao y me dijeron el gavilán y la ceiba ya no existen, el pollo le metió el freno al carro donde íbamos se bajo y se dispuso a conversar con una señora a la orilla de la carretera, de allí doblo por la calle continua y fuimos a dar donde Pello y su esposa Pachita De Oro que es Prima hermana del Pollo.

Después de los saludos y de recordar a la familia, salimos para donde Pepito López y su esposa Asteria, allí jalo lengua hasta el mediodía, que ya sus acompañantes estábamos chiflando Iguana, compró una botella con chirinche para echarle marihuana y curar la artritis y salimos a almorzar donde Pello después del almuerzaso trate de hablar con Pello pero no fue posible, el pollo jalo la silla rima y se dispuso a rematar la jornada, dándome una estocada y dejándome como gallo fino en la gallera con una morcillera. Nos tomamos unas fotos en la tarima Escolástico Romero, No divisé el Cerro Pintao, tampoco fui al barrio el Cafetal, menos escuché en vivo la canción Villanueva Mia, del Maestro Hernando Marín, interpretada magistralmente por Poncho y El Pangue Maestre, como tampoco estaba ya Poncho Cotes Jr. Y su jocosa composición “Así es que se va a llamar”, para demostrar que estuvimos en Villanueva Guajira Colombia.

Ya de regreso, en Urumita llegamos donde Alejandro López “El Coco”, hijo de Pepito y retornamos a El Valle. En sí me dieron una fuetera como perro pekinés en pelea con un Pit Bull, siempre que me quería levantar, tío papi, me ponía sus garras en el pecho y pelaba sus dientes.

Eso me pasa por no haber llamado a mi Compadrazco Eder Rojas García, Urumitero Neto, ese si sabe dónde ponen los García, Díaz, Barros, Calderón y Vanegas, mis parientes de mas de dos siglos, familias de mi Tata y Bisabuelo. Después de cinco días del recorrido Urumitero, “pienso que allí, tengo que volver”.




domingo, 22 de julio de 2018

EL PARQUE DE LOS MACHETES




EL PARQUE DE LOS MACHETES
Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano

Recorriendo mi hermoso País Colombia, el verdor de sus montañas, las innumerables carreteras bordeando las faldas de las cordilleras oriental, central y occidental, sus diferentes climas, su hermosa gente y recordando el libro de la historia patria y la geografía colombiana, que con gran paciencia nos enseñaba La Niña Cristina Cárcamo, mi mente seguía imaginando las razas Blanca, Amarilla y cobriza, como también las razas indígenas milenarias asentadas en mi país. Lo que mas me llenaba de pavor eran unas tribus que comían humanos, eran caníbales.

Entre ellas la Quimbaya, hasta el día viernes 20 de julio de 2018, en la conmemoración de la   “Independencia”, entre comillas, porque todos sabemos que aquí no hubo tal independencia, pero bueno esa historia no la han querido contar al derecho como todo lo que sucede en este país del Sagrado Corazón. Ese día visité Quimbaya Quindío Colombia, volví a la realidad mental, unas hermosas mujeres haciéndole mofa a las hormigas culonas de Santander, un comercio a reventar, plátano, café, caña de azúcar, jeep Willis a la lata, un clima en los 17 grados, la gente de cache-tes rojos, de color blanco.

Mis ojos observaban con detenimiento a todo humano que se me pasaba al derredor, no había indígenas con sus caras pintadas infundiendo terror, como el disco del escritor de Lorica David Sánchez (Zarache) Juliao, tocado y cantado magistralmente por Alejandro Durán Díaz.

A 20 kilómetros de Quimbaya está Filandia Quindío Colombia, enclavada en la cordillera central, a 12 grados centígrados, de allí se observan ciudades como Pereira, hermoso rincón de la geografía, sus autoridades la tienen como una tacita de Plata, lugar turístico para observar sus casas adornadas y pintadas de diferentes colores.

Ya para terminar este relato presencial, visité a Santa Rosa de Cabal, famosa por sus chorizos Santa Rósanos, por sus aguas termales y por el parque de los Machetes, en ese parque hay una estatua de dos rulas de metro con sesenta cada una en forma de tijeras, una es marca Águila Corneta y la otra Gavilán de Incolma Colombia G-13, ambas con su respectivo logotipo. Hasta allí todo bien como dice el Pibe Valderrama, pero mi mente que graba nítido todavía, tan así que recuerda la noche que Cándida Rosa me pario 23 de abril de 1953, en mi hermoso terruño San Benito Abad Bolívar, en la Calle de las Avispas, porque a decir verdad los cuentos se refieren con pelos y señales, al igual que las defensas en derecho penal de oradores natos como Miguel Bolívar Acuña.

Retrocediendo Casset mental a las tres de la mañana hora de pensar semidormido, estaba presenciando una machetera entre dos nativos de Santa Rosa, en el Parque Gonzalo Echeverry, dándose Rula, uno tenia en sus mano derecha la Gavilán de Incolma, el otro era surdo y tenia empuñada la Águila Corneta y le decía a su contrincante “Venga, si no le han dado machete, aquí le damos, el otro le decía “ Vea, si su mujer no le da machete, en este parque le damos Machete del bueno. Y va cantando el gallo pescuezo pelao del patio de la vecina y dañó ese momento, netamente colombiano. Visita el eje Cafetero y convéncete lo bello que es este País.