miércoles, 26 de agosto de 2026

LOS BOTONES DE NACAR-CUENTO

 

LOS BOTONES DE NACAR-CUENTO
Por Francisco Javier Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano

Evocando esos años de juventud en el entorno de la placita de mi bello pueblo San Benito Abad “La Villa”, la mente me trajo al juego de la bolita de uñitas y las apuestas de los botones de nácar, ambos elementos de juego se conseguían en las tiendas y alguien los compraba para poder jugar en la esquina de la escuela de varones.

Después de tanto apostar y perder se  adquiría destreza hasta el punto de ganar y ganar, llenando una media de calzar los pies, cada día eran más los apostadores con el deseo del desquite aminorar la  media llena de bolitas de uñita y botones nácar del adversario, que con orgullo se cargaban como un trofeo. Una vecina costurera se enteró que los jóvenes tenían botones nácar de todos los colores y medidas específicas costando V centavos la unidad y los de hueso tenían mayor valor,  fue así que se volvieron  comerciantes de botones nácar y bolitas de uñitas de todos los colores y combinaciones, había jóvenes que perdían sus medias en apuesta y se iban llorando para sus casas.

Un lunes día de clases en el colegio ordenaron filas, iba el maestro a revisar la presentación personal, la higiene corporal y el buen vestir, todos los alumnos que jugaban y apostábamos en esa famosa esquina, no usaban botones para abrochar la camisa, porque los apostaban en el juego, se peleaban  los palillos encerados de los fósforos “el diablo”, lo hacían una V, lo pasan por el ojal de la camisa y simulaban un abotonado perfecto.

Ese día los alumnos más vivos simularon dolor en la barriga y salían como bólidos para sus casas y se salvaron de por lo menos 5 reglazos o 3 latigazos con rejo el cuatrimotor del Rector Don  Raimundo Bravo, de los bravos bravos. En el cuaderno de revisión escribía, el alumno no tiene botones en su camisa de uniforme y en su bolso se le decomiso una media llena de botones y bolitas de uñita, se cita el acudiente. Esa era una pela de dientes (Mota de cabellos de la cien agarrado de cuatro dedos, que hacia pelar los dientes y gritar de dolor  al más valiente). Punto. entrecuentosporrosyfandangos.blogspot.com.

 

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