sábado, 10 de abril de 2021
HISTORIA DE MANO TÍN
sábado, 7 de noviembre de 2020
UNA PELEA A PUÑOS, FICTICIA
UNA PELEA A PUÑOS,
FICTICIA
Por Francisco Cadrazco Díaz
Escritor Colombiano
Hablando de mano Víctor, un hombre que se espanta
hasta de su sombra, no hay ser humano masculino que se atreva a mirarlo fijo a
los ojos, cuando llegaba al billar a jugar con sus amigos, como en el oeste
norte americano, los demás se largaban de ese sitio, hacia gárgaras con el
trago de ron, lo retenía en su boca hasta por quince minutos, luego se lo
tragaba, nadie sabía cuál era el truco de ese trago, cuando no estaba bebiendo
ron, mantenía una chuaca (pedazo)de tabaco negro en su boca y lo cacheteaba
como el bolo alimenticio de la vaca.
Una tarde que se encontraba en su parcela,
sorpresivamente se le presentó su mejor amigo, todo aporreado, camisa rota y
arrastrado de barro rojo, como el de la plaza de la Villa en los años 50, al
verlo mano Víctor vota el barretón con que estaba arrancando la yuca y dice
“madecio sea mi amigo quien te hizo eso”. El amigo le cuenta que se trompeo con
un señor parecido a Chipilín, que lo vino a buscar para que lo defendiera, que
el tipo lo estaba esperando en el billar, mano Victo dijo en su mente si es
como chipilín me le mido, ese no me gana a mí ni en las corvas, salieron para
el pueblo, mano Víctor sofocado del canicular sol, llegan cerca a los billares
y divisan al tipo de la pelea, media dos metros de estatura , sus brazos como
nido de guarapeándola, casi le caían al suelo y era fornido.
Mano Víctor le dijo a su amigo, ese tipo no se parecía a Chipilín, su amigo
le contesta, si mírale la cara son igualitos, eran mellos pero uno salió
chaparrito y el otro grande, mano Víctor la pensó, con ese no voy a pelear, no
he debido venir porque a decir verdad, ese no es mi problema, le dijo al amigo espérame
aquí, voy a hablar con él. Cuando le llegó cerca le dijo, vea mi amigo la gente
piensa que nosotros vamos a pelear, los amigos no se pelean, además nosotros
tenemos fama de trompeadores, unámonos para cuando alguien nos quiera buscar
bronca y nos hacemos más famosos. Le voy a dar un abrazo en señal de paz y
amistad y lo abrazó, en ese instante el amigo no comprendía que sucedía, porque
se estaban abrazando y no peleando. Se despidió mano Víctor del hombre de dos
metros que al abrazarlo le daba por la cintura.
Llego donde el amigo y le dijo, asunto arreglado mi
amigo, el tipo no me quiso pelear, me dijo que yo tenía mucha fama, que te
dijera que el mas nunca se va a meter con usted. Asunto arreglado, sin pelea,
primó la inteligencia de mano Víctor y se escapó de una tunda que le hubiera
dado el hermano de Chipilín.
Aaaa, lo del trago, lo compartía con los niños en cruces que cargaba entre
pecho y espalda.
BARCINO
BARCINO
Por Francisco Cadrazco Díaz
Escritor Colombiano
Hablando de Perros de cuatro patas, me permito
contarles el siguiente hecho:
Una mañana bien temprano, cuando el astro rey no había asomado sus narices
calientes en mi pueblo “La Villa”, se presentó a la puerta de la casa un perro
cachorro de color barcino, mi papá lo espantó tres veces y no le hacía caso, se
me enroscó en mis piernas y de allí no hubo quien lo despegara, rogué para que
lo dejaran en casa y gané la petición, después de advertirme que tenía que
buscarle comida, hacerle una choza para que durmiera. Se llamaba Barcino, por
su color.
Al poco tiempo lo tenía domado, le enseñé a acostarse,
a dar la mano y lo mejor a montear conejo, atacar a los patos coyongo que caían
a la charca del volcán, un medio día salí a las huertas cerca de la casa a
cortar unas chiribitas (Barusas de árbol secas), en compañía de Barcino, el
exploraba y rastraba en las huertas el olor y madrigueras de conejos.
Lo escuche ladrando fuerte, pidiendo auxilio para
atrapar un conejo orejón que se le había escondido en un árbol seco de
matarratón, que se encontraba en una cerca de alambres, ese árbol estaba hueco
y allí se metió el conejo, corte una vara larga y la introduje en el hueco del
árbol y sentí que había algo anormal allí, como soy una persona nerviosa fui
por ayuda de un vecino mayor, al palpar con la vara me dijo es una culebra boa
y le pregunté y el conejo?.
Buscó un hacha y le fue sacando astillas al árbol
seco, a prudencia distancia, vi que algo se movió y sacó la cabeza, una boa
grité, pensé correr pero Barcino ladraba desesperado, se aglomeraron los
vecinos y colaboraron en sacar la boa de dos metros y medio, tenía en su barriga
un pronunciado como mujer preñada, o eran culebritas o era el conejo.
La colgaron de un árbol, le sacaron el conejo que
estaba vivo, el Barcino lo reclamaba, decía que era de él, le dije si te lo
alcanzas es tuyo.
AL CALABOZO
AL CALABOZO
Por Francisco Cadrazco Díaz
Escritor Colombiano
Mi Persona, o sea Yo, tengo un Tío Político, Víctor De Oro Vergara, heredado de
mi esposa, como soy popular, servicial y buena gente de nacimiento, a cualquier
árbol que me arrime, hecho raíces. Este ser humano, es el hombre de los
cuentos, las peleas y la fama, pero solo en palabras, porque a decir verdad, no
mata ni una mosca, él se labró esa fama
para sobrevivir en un mundo hostil en
donde se desarrolla. Siempre que nos topamos me dice en forma jocosa
“Epaaa, se encontró el hambre con la comida”, ya sé que me va a referir sus
cuentos empapados de ficción, pero al fin cuentos.
Estaba Tío Víctor durmiendo a media noche, a dos
cuadras donde La Cachaca Matilde en Aguas
Blanca Cesar, en el salón de baile, alguien
compró una boleta de veinte pesos para bailar toda la noche con una agraciada dama,
nadie puede quitársela, aquí no hay lugar al barato, pero como no faltan los pleitiscos, formó una
pelea, en los oídos de tío Víctor se escuchaba un picó, que con la brisa se venía
el sonido y luego se iba distanciando, sonaban las melodías de moda, Calixto
Ochoa con su charanga campesina y los menejos todos parrandeando, la garganta
le pedía un trago de ron caña, al rato se oyen unos señores discutiendo y fue
suficiente para decirle a su esposa que iba a salir porque le oyó la voz a su
hermano Oneile pidiendo auxilio porque lo estaban masacrando a puños. Ayy ve
One ya llevaba tres sueños en la finca la Concepción, al lado del cementerio.
Se levantó se colocó la camisa y despertó a su esposa, Tula, Tula, estás oyendo
la pelea, es mi hermano a quién están aporreando, voy a defenderlo, Tula
semidormida le dijo, Vee Víctor no vallas para allá, quitó la tranca de la
puerta, miró la luna en la hora dos de la mañana, llegó al recinto y ya la
parranda se había terminado con la pelea, la dueña llamó la Policía y cuando
esta llegó, encontró a Tío Víctor enclaustrado en el marco de la puerta, brazos
abiertos y desafiando a los presentes “ Bueno llegué Yo, a ver quién es el machito
que quiere darse trompada conmigo, partida de cobardes, venirle a pegar a mi
hermano, que salga el más guapo y le daba puños a la pared”. Claro con esa fama
de trompeador que cargaba, nadie se atrevía a desafiarlo.
Por estar en su lleré no se dio cuenta que la policía
estaba detrás de él, escuchando su hombría, lo cogieron entre dos, le colocaron
los brazos atrás y lo esposaros, momento
que cambio su discursos pidiéndoles a los policías que no se lo llevaran, que
no era el de la pelea, para rematar no tenía documentación de identificarse. No alcanzó a saborear un trago
de ron.
Al día siguiente amaneció en una mazmorra como
chiquero de puerco en invierno, con olor a salvado de maíz, fermentado. Su
esposa se presentó con la documentación ante la policía y le dieron la salida,
el regañón y las palabras de la esposa imagínenselas.
martes, 3 de noviembre de 2020
FEROZ
FEROZ
Francisco Javier Cadrazco
Díaz
Escritor Colombiano ·
Feroz, era un perro cazador, cuando traspasaba los cuatro hilos de alambre de púa, no había voz de humano que lo detuviera y la preocupación de sus dueños era que se ensañaba contra los chivos que pastaban en la pradera, era un perro flaco y larrrgo, orejas grandes caídas, ojos llorosos por su edad, muchas veces intentaron reemplazarlo por un cachorro, por sus travesuras.
Esa tarde su amo estaban encerrando el ganado, momento que no desaprovechaba el can, de repente se frenó, miró hacia la montaña de arboles frondosos, de más de veinte metros, madereros ya en fase de cortar, y vegetación espesa, jau, jau, jau, jau y se internó, fue la ultima vez que vieron con vida al animal, a los años tumbaron la montaña, sacaron la madera, sembraron árboles nuevos, estos crecieron, habían dejado un árbol de la primera cosecha porque estaba hueco, tenia una entrada de veinte por vente circular al metro y medio del pie, allí se quedo, no serbia, este se secó y a los quince años lo cortaron, media diez y ocho metros, al trozarlo encontraron a un fósil disecado, con los dientes pelados y cara de feroz, atrapado en las paredes del árbol y mas adelante en donde el hueco se cerraba, encontraron a un conejo en huida.
Pienso yo, que con
lo fiero que era feroz, el conejo lo desafío a que se lo alcanzara y ninguno de
los dos pudo retroceder, al entrar al árbol. Como tampoco los gusanos se los
devoraron por el olor que emana el árbol maderero de tecas. Si Señooo.
domingo, 25 de octubre de 2020
LOS TROCHEROS DE MI PUEBLO
LOS TROCHEROS DE MI
PUEBLO
Por Francisco Javier Cadrazco Díaz (El Cubita)
Escritor Colombiano
Llamémosles así a aquellas personas que un día lejano
se juntaron en el ala derecha, parte norte de la finca La Marquesita, buscando
un mejor vivir a la orilla de las ciénagas bañadas por el Rio San Jorge. No
había nada en ese bajo, solo un promontorio de árboles de peralejos.
Visualizaron esos colonos una ensenada de aguas
cristalinas, un arroyo que la alimentaba y muchos peces plateados sacando la
cola. La historia no nos permite saber a ciencia cierta quienes llegaron, lo
que sí les puedo afirmar era la presencia de la etnia Zenu, con un cacicazgo
llamado Tacasuán, vestigios de ellos reposan en esas hermosas ensenadas,
llamadas playas por los nativos de la Villa.
Otra afirmación escrita y narrada por los mayores que
nos antecedieron dan cuenta de la mudanza del pueblo de las sabanas de Córdoba
al lugar donde se encuentra. Sin embargo, desconozco las fechas exactas de
estos acontecimientos.
Ahora, ¿cuál es el soporte de mis afirmaciones? Queriendo dejar huellas que rastrearan
nuestros jóvenes en un mañana, partiendo de un punto distante en conversaciones
o tertulias de nuestros mayores del pueblo, aquí no les voy a hablar de lo
político o politiquero, arraigado en el atraso y abandono de un pueblo al que
solo se llegaba por agua, éramos netamente anfibios.
Según lo expresado por el Sociólogo Orlando Falds
Borda, narrado escuetamente por personas de la vida pública en tiempos pasados
y que es valiosa información para el engranaje y conformación del acervo
político, económico y cultural de la villa.
Magangué, Bolívar. Centro de emporio y progreso,
acompañado de la Señorial Santa Cruz de Mompox, eran referencias de los
habitantes de las orillas de los ríos: Magdalena, Cauca y San Jorge; su
comercio era movido, sus puertos los comparo con los mercados de los persas,
hablando de historia.
Muchos años antes que mis ojos se abrieran, ya la
circulación comercial de la vida estaba en su apogeo, fueron llegando familias
y organizándose en sociedad: Los Imbett Arrieta, los Cadrasco, los Mier, Cárcamo.
Los García. Los Benítez, Buelvas, Martelo, los León, los Ramos, los Muñoz, Tovio,
Campo, los Rodríguez, los Villalba, los Gómez, los Barreto, Sierra, Gaibao, Vides,
Villarreal, Ortega, Díaz, Montes De Oca, De la Ossa, Martínez, Quiroz, Román,
Galán, Villarraga, Narváez, Pupo, Barbosa, Ballestas, Naizzir, Alvarez, Gazabón, Morón,
Garavito, Blanquicet, Guerrero, Alemán, Caldera, Cruz, Salcedo, Tuirán, Tous, González,
Castillo, Baldovino, Carriazo y otros más en la lista de este hermoso pueblo
San Benito Abad, “La Villa de Tacasuán”, en otra época.
Todos estos Apellidos venidos de otros lares
conjugaron un nombre y un prestigio, cada uno en sus quehaceres, en sus
profesiones, sus creencias, labraron un `Goodwill´, en respeto, honradez y
palabra, a base de trabajo y sacrificio. Hoy en pleno siglo XXI, podemos afirmar
los hijos y nietos, que su tarea humana fue valiosa, los podríamos llamar: Los Trocheros de la Vida.
Gracias a ellos existen estos nuevos barcos fluviales,
con sus remolques, cargados de arroz, panela, pescado y cuanto cachivache se
encontraba a la orilla de los ríos, acompañados de las rulas y hachas Colín y cornetas.
Las pitas tejidas en chinchorro, de esas almas aventureras que un día dejaron a
los suyos y se establecieron en ese pujante y próspero pueblo, en donde la hermandad, el compadrazgo y la familiaridad,
dieron sus frutos y las cosechas, fueron similares a los arrozales de Madre de Dios,
Palitos, Cuba Babilonia, a las mochilas
de Bagre, Pacora y Bocachicos de las ciénagas Machado, Cholén y Playa Rica, a
los jolones de cuero repletos de queso, suero y carne de res, al jabón de
monte, al casabe, la algarroba, al
turrón y las arropillas de panela, las puyas del diablo y los pirulí, los
cortes fino y las cuatro calles de mi terruño San Benito Abad, “La Villa”..
Es una historia que debemos contarle a la juventud
contemporánea, ensimismada en la modernidad, en el estudio y el progreso,
afirmo que un árbol crece de acuerdo a la profundidad de sus raíces.
martes, 13 de octubre de 2020
EL TOLDO AZUL Y LA SERPIENTE BOA
EL TOLDO AZUL Y LA
SERPIENTE BOA
Por Francisco Cadrazco Díaz
Escritor
A la orilla del río San Jorge, entre Segeve y el
remolino de la Pipa, a la margen izquierda, llegaban los pescadores de la Villa
en el mes de noviembre a tirar las redes y sacar una buena cosecha hasta el mes
de mayo.
En ese lapso de tiempo se generaba una linda
convivencia, mutua de familiares, amigos y paisanos, allí llegaban los jóvenes
entre los diez y quince años a ganarse media parte de lo que le pagaban a los
mayores, ese dinero servía para comprar los libros y vestir en el colegio de
primaria. A comienzo de febrero regresaban a la villa, listos para estudiar.
Patricio, un joven fornido, metido en los trece años,
era uno de ellos, allí en ese sitio las cosas eran duras de trabajo, a cada
quien le asignaban una función que hacer y lo supervisaba el dueño del
chinchorro.
Sucedió que la señora que nos iba a atender llego en
embarazo y en los primeros quince días de la estadía dio a nacer un hermoso
niño, que lloraba día y noche y los chigüiros le hacían el coro, los toldos o carpas
para dormir las abríamos en toda la orilla del río, siendo la primera la de
Patricio.
Por cuestiones de supervivencia alimenticia, salieron
los mayores y de regreso trajeron una porcelana de aluminio llena de carne
fresca, que en menos de una hora era guiso, acompañado de plátano verde y arroz
bolao.
Patricio salía en horas de la mañana hacia el pajonal
o hierba alta que cubría los alrededores del rio y en su recorrido se encontró
un cuero de serpiente boa salao secándose, estirado en dos estacas de mangle,
lo bajó y se lo llevó para su toldo, envuelto en el pajonal.
Serían como las dos de la mañana, Patricio estaba
dormido con el cuero de boa debajo del petate y la hierba, la boa atraída por
el olor a bebé recién nacido y a su compañero que se encontraba debajo del
petate de Patricio, cuando lo despertó un apretón en la cintura que lo estaba
dejando sin respiración, lo estaba comprimiendo para luego tragárselo entero, como
pudo grito como un ratoncito recién nacido, la señora que estaba amamantando a
su hijo a esa hora, escuchó con su oído fino de madre y llamó a su esposo,
quien se levantó azorado, medio dormido, cogió la rula que la tenía al lado
enterrada en el barro blandito y se dirigió a donde salía el pequeño y agudo
chiflido.
Directo al toldo de Patricio, con la rula colín rasgó
el toldo o lienzo de popelina fina, casi transparente y encontró la escena del
joven abrazado con una hermosa boa de pies a cabeza, llamó a los diez
pescadores que lo acompañaban, prendieron mechón de petróleo y se formó un
fandango de gritos e ideas para salvar a patricio de una estripada.
A alguien con inteligencia, experiencia de la vida y
el trabajo se le dio por ponerle un pajon prendido en la cola del reptil que
poco a poco fue aflojando y desenrollándose del cuerpo de Patricio, la
enlazaron por el pescuezo, la guindaron de una mata de mangle y al día
siguiente estaba en función el fogón con un exquisito guiso de boa, acompañado
con ñame y agua de panela.
Después del desayuno, vieron a Patricio desguindando
el toldo y enrollando el petate y en el primer Johnson que pasó para San Marcos
se embarcó y se fue, cuando voy a mi pueblo le pregunto a sus hermanos por él y
me contestan vive en Venezuela con su Familia.
En esa semana que se marchó Patricio de la orilla del
río, como nunca llegaron los chigüiros a comerse el cuero de la primera boa que
sacrificaron para la supervivencia de los humanos, que se encontraba debajo de
las hierbas donde dormía Patricio, en esos hermosos tiempos de la vida.