domingo, 21 de junio de 2020

EL PROFESOR MOCHILA




EL PROFESOR MOCHILA
Por Francisco Cadrazco Díaz
Escritor
16 de junio de 2020

En un colegio de Bachillerato Publico en Barranquilla, llegaron dos Alumnos procedentes de Sincelejo y Valledupar y se integraron al curso 10o. Los alumnos antiguos queriendo hacerle una broma a los dos nuevos, en un examen de Matemáticas, le dijeron a uno de ellos que le preguntara al Profesor Mochila si estaba bien el Problema a resolver, el alumno de provincia se sintió bien con sus respuestas y se levantó de su silla y fue directo al grano: Disculpe Profesor Mochila, esto está bien Así?. Enseguida el Profesor se levantó furioso de su silla y le dijo:

Cómo fue que me dijo?. Profesor Mochila, salga de mi clase y me trae a su acudiente, el alumno en su sano juicio y con el respeto que le enseñaron en su casa le dijo; bueno profesor en que lo he ofendido para que se ponga así de furioso, guarde la compostura que le va a dar un infarto: Fuera, Fuera, Fuera. El salón en silencio, se puso la cosa bien mala. Ustedes los de la bromita les va a salir cara, tienen un UNO.

CONCLUSIÓN: Mochila era un apodo de los Alumnos hacia su Profesor de Matemáticas, porque se parecía en su físico al Famoso Boxeador de la época Mochila Herrera y ya él Docente lo sabía, mas no el alumno que venía de Valledupar.

jueves, 28 de mayo de 2020

LOS AZABACHES





LOS AZABACHES
Por Francisco Javier Cadrazco Díaz 
Escritor Colombiano (Relato Familiar).

Comenzando la década de los años cincuenta, en 1.953, un veintitrés de abril, llegó a este mundo mi persona, el creador,  me ubicó en San Benito Abad Bolívar Colombia “La Villa de Tacazuan”. Que recuerde, la noche del cinco de septiembre de 1957, 06:00 pm, pasó el cometa con su cola en candela y alumbró a la Villa, de allí en adelante seguí grabando con la maquina de la mente.

Tenía una numerosa familia de ambos lados de padre y madre, de los Cadrazco hasta una investigación del apellido, pero de los Díaz comienza la película, ya de mi Bisa Manuel Vicente hablé y él de mí también, nos llevábamos muy bien, del Tata, también hablamos, bien claro me quedo la mente, nacieron ambos en la región de Urumita al sur de la Guajira y que se vinieron a cuidar gallos finos y recostaron la barca en la finca “El paso de los Chivos, en San Benito Abad. Allí cantaban más de quinientos gallos finos, atendidos y bien cuidados por mi Bisa.

La Genealogía es como un pintor, pinta y marca rostros, el ADN, más fuerte lleva la batuta, pero los rasgos no engañan a nadie, mi bisabuela oriunda  de los Palmitos Bolívar, Bienvenida Pérez una hermosa indígena, nariz larga y una cabellera ya entre canosa, me la imagino de quince, cuando envolvió con sus trenzas a mi bisa y lo hizo tragar una bola de cabello. Mi persona como que estaba durmiendo porque no recuerdo cuando partió de este mundo, o tal vez fue después de mi partida de San Benito, año 1968, mes de diciembre.

Bajando en la Genealogía Díaz & Pérez, conocí a Rufino Díaz Pérez, Vicente Díaz Pérez, Inés Díaz Pérez (Mi abuela), Conce Díaz Pérez, Heriberto  Díaz Perez (El Pollo Díaz), en San Roque y a Eusebia (Eusebita) Díaz Pérez en Los Palmitos (La Mayor).

A mis Tíos más cercanos, hijos de Ignacio Arroyo (Sinciano), primo hermano del curioso Clemente Arroyo de Chapinero-Corozal, e Inés Díaz Pérez: Manuel Eusebio Díaz Arroyo, Aureliano Arroyo Díaz (El Poeta decimero), Ana Dilia Díaz Arroyo, Cándida Rosa Díaz Arroyo (Mi Madre) y Nicolasa Díaz Arroyo de los Palmitos.

A esta numerosa Familia, luchadoras de la vida, le llamaban “Los Azabaches”, por su cabellera negra y liza, que les estorbaba en la cara y tenían que estarse espantando los cabellos del jopo o (Moña).

A pesar de su longevidad esta familia desapareció de San Benito Abad Sucre Colombia, mi bisa se fue a la eternidad a los 105 años, heredó de su madre su cabello liso que a pesar de su longevidad, no tenía canas, una hermosa Senú de apellido Vanegas, nacida en Lorica Córdoba, ya quedan pocos que los podría contar, Aureliano vive en Corozal Sucre  y Nicolasa en los Palmitos, los primos muy poco nos comunicamos a pesar de saber en dónde están  y como nos encontramos, llamo a la Familiaridad y  la unión para podernos ayudar, especialmente a mis quince hermanos dispersos en el universo, al Doctor Abogado Felipe Santos Díaz, en Cartagena y sus hermanos en Caracas Venezuela, a mis Primas hijas de Ana Dilia Díaz Arroyo en Turbo Antioquia, de apellidos Díaz & Díaz mis Primos hijos de Rufino Díaz, Francisco, Jaime, Rufino, Ángel Díaz Pastrana y hembras en donde se encuentren, en San Roque - San Benito Abad, hijos de Heriberto Díaz Pérez (el Pollo Díaz): Segundo, Francisco, Desdemona María y a la gran Familia de Vicentico Díaz Pérez, en Los Palmitos Sucre.

Cosas buenas me han dejado como herencia, que he sabido manejar en el transcurrir de la vida, por ejemplo mi físico y parecido con los nativos de la región de Urumita, mis parientes lejanos en esa hermosa tierra y por parte paterna Los Calderón Barros (Tata- José de Jesús Calderón Barros), y lo más valioso mi apellido Díaz, herencia Materna y raíz de mi Tátara abuelo Manuel Vicente Díaz Barros.

“Si no conoces tu historia familiar, no sabrás de dónde vienes, tampoco,  para dónde vas”.

LA PRIMERA VEZ QUE PRINCESA HABLÓ




LA PRIMERA VEZ QUE PRINCESA HABLÓ
Por Francisco Cadrazco Díaz 
Escritor Colombiano

Compae Ciro, tenía una parcela Bajera para los lados de la ciénaga de doña Luisa, que cuando se secaba aprovechaba el abono del terreno y sembraba, maíz, yuca,  fréjol, patilla y melón, mitad de la tierra era anegable y la otra mitad era monte seco, abundaba por allí el conejo marrón de rayas negras, que en una noche podías casar hasta veinte, pero mano Ciro cumplía con su obligación de solo cazar para comer.

Una tarde noche de regreso para la villa, compae Ciro traía en los jolones de cuero, además de su pan coger unos cinco perros acabados de nacer, los habían colocado a la orilla del camino, con el fin de que los recogiera alguien que pasaba por el lugar, la primera casa que visitó en la placita fue la de papá Yé, así le decíamos cariñosa mente a mi padre de crianza, que en sangre era tío de mi papá el que me hizo, me llamo mano Ciro y me ofreció un perrito, de una me enamoré de Princesa, una perrita blanca con lunares marrón, me la llevé para el inmenso patio y la ubique debajo de unas matas de plátano, allí le hice su casita.

En casa teníamos un perro viejo llamado Capitán que ya ladraba echao, era hora de remplazarlo, una noche cayó un aguacero y oíamos a capitán ladrar y ladrar, cogí la lámpara de petróleo y la escopeta de perdigones de mi papá y salí al patio y me guié por los ladridos del perro viejo que me llevó a la casa de Princesa que se encontraba inundada, la sequé y escuché una voz que me dijo pensé que me ibas a dejar morir.

Me quede con la ilusión de la voz y la fantasía de oír hablar a un animal, pasaron los días y los meses hasta que un día pasó mano Ciro y me dijo préstame a princesa que me voy a coger unos conejos para un guiso con yuca allá en la parcela, se llevaron a princesa y no me lo van a creer, en la noche vino preñada, mi reclamo fue airado con mano Ciro, ombe y cuando sucedió eso, si esa es una bebe de perra.

Esa noche no conciliaba mi sueño, de nuevo el capitán pidiendo auxilio en el patio, acudí a sus ladridos de S.O.S. y presencie un parto de cuatro conejos machos del vientre de Princesa, esa noche en particular supe que los animales hablan y mi persona  los escuchaba, tremendo regañón del capitán: “ahora si estoy yo fregao, tan viejo  cuidando perros, llévense ese animal para otra parte” y princesa le decía: “ desagradecido mira cómo estás de gordo, te has comido los conejos que traigo a casa”,  enseguida mi persona ripostó, como así capitán, nosotros los humanos de esta casa, aguantando hambre y tu comiéndote los conejos que nos trae princesa?, esa noche colgué en el saxo de la cocina los cuatro conejos que estaban vivos en el vientre de Princesa.

Al día siguiente capitán me miraba y escondía el rabo y Princesa me sonreía, lo cual mi persona le retribuía con un cucharon de leche de vaca, bien fresco, canjeado donde la niña Matilde por un conejo marrón.

De allí en adelante Princesa, el Capitán y mi persona entablábamos unas conversaciones que terminaban en discusión, cuando cogíamos el tema de la politiquería del país y de nuestro olvidado pueblo, en donde solo llegaba el periódico “El Campesino”.

miércoles, 27 de mayo de 2020

LLUVIA DE GOLES, MANGOS Y AGUACERO, ENTRE EL REAL SAN BENITO Y CLEMOTA DE AGUAS BLANCA CESAR





DIARIO EL MACONDONDIANO

Macondo, Colombia. Viernes 28 de febrero de 1.968. Todo derecho reservados por el Autor

Este Diario registra un duelo por el campeonato de fútbol de pueblos macondianos

LLUVIA DE GOLES, MANGOS Y AGUACERO, ENTRE EL REAL SAN BENITO Y CLEMOTA DE AGUAS BLANCA CESAR

Por  Francisco Cadrazco Díaz . Escritor.

Macondo. Impresionante duelo se vivió entre las escuadras del Real San Benito (La Villa) y Deportivo Clémota de Aguas blanco (Cesar), en el marco del Campeonato de Fútbol de los pueblos macondianos. 

Conformación de Equipos: Aguas blanca 

Miguel Páez (Arquero).  Ismael Lobo (Alambrito),  Arquero Suplente. Juan Gómez (Maravilla). Benigno Lobo (delantero, metía al arquero con ti balón). Carlos Dávila Bolaños. Ricardo Torres (alias Luna). Inarco De la Hoz (El Burro). Rafael Rodríguez (Copetran), corría mucho. Hernán Colón. Juancho Méndez (Conejo Cutiño) y Alfredo Rafael Olea (El panadero).

Director Técnico: Leonso Montaño Tarifa

El equipo Aguas blanquero viajo hasta la villa en dos buses, uno del señor  Emilio  Gonzales llamado (La diosa Regina) conducido por Cenon Cabarcas y el  otro bus era del señor Juan Ochoa hermano del juglar Calixto Ochoa. El bus llamado (La Piragua).

Real San Benito: Seminaristas

Luis Pardo Gloria – Arquero (El Gato Pardo). Víctor Vides. Juan Muñoz. Santiago Muñoz. Dagoberto Mier. Rogelio Manuel Sierra Luna (El negro Sierra), Diego Román. Braulio Cadrazco. Eliecer Mier. Adalberto Sampayo. Reginaldo Jiménez y Julio Lalindez de Guaranda.

Director Técnico: Norberto Carriazo

Los Villeros llegaron a Aguas blanca en los Buses “La Melón” y “El Nojoda”, este era un macro bus que circulaba entre Puerto Colombia y Barranquilla, su nombre se debe a que era muy grande y el que lo veía lanzaba la expresión “Nojoda” y así se quedó.

El Juego de ida cumplió con la promesa de goles que añoraba el pueblo villero y Aguas blanquero. (3 a 3).

Un remate de cabeza por parte de Braulio Cadrazco, al minuto catorce del primer tiempo, abre el marcador a favor del cuadro sucreño. Las acciones se empataron por medio de Inarco de la Hoz (El Burro) a escasos cinco minutos del final del primer tiempo.

Sin embargo las acciones no terminaron así ya que el conjunto bindero (Bindes, Termitas), como se hacia llamar el Real San Benito, remontó el marcador con gol de Adalberto  Sampayo delantero del equipo Villero, luego a los 45 minutos un tiro de media cancha se cogió al arquero Miguelito Páez muy lejos del arco y su carrera no alcanzó, gol de Santiago Muñoz, después vino un tiro libre a favor de Clémota, ejecutado por Juancho Méndez (Cutiño), terminando el Gol y se vino el real con su artillería, un borbollón en los doce pasos Julio Lalindez filtró el balón y gol, para cerrar este marcador, el Panadero se fue por la banda izquierda y por la derecha iba Copetran con la bola, a señas del Panadero hizo el pase a la izquierda y gol a la parte superior del arco, el gato Pardo voló, pero allá no llegaba esas garras. Se inició las hostilidades fuera del terreno de juego, cuando el Real San Benito esperó en agasajo  al onceno aguas blanquero con Piñuelas, mango de chupa, algarrobas, pescado frito en rancha La Pesquería, costeñitas, empanadas a la entrada de la villa, por supuesto, también totumazos de mote de queso, la alegría y el jolgorio de los villeros hacia los Aguas blanqueros fue apoteósico con Pito atravesao de Walter Domínguez de Morroa Sucre y La Banda Villera en la Caseta Tacazuan

La intervención del cónsul de San Benito en Aguas blanca, dijo unas emocionantes palabras por la integración de dos pueblos macondianos, uno enclavado en las faldas de la Sierra Nevada y el otro a orillas de doce ensenadas del rio San Jorge en la mojana  Sucreña. El equipo de Aguas blanca se reposó bajo el palo de Arizal a la entrada al Seminario Mayor de la Villa y durmieron placidos en El Hotel San Benito. Bajo el rebuznar de los treinta burros cargueros de los Benítez, que recorren el pueblo en horas de la noche.

En el juego de vueltas en Aguas blanca Cesar, Rafael Rodríguez Copetran  abrió el marcador a los 24 del primer tiempo, esta vez a favor del conjunto algodonero, sin embargo una pena máxima cometida por Juancho Méndez (Cutiño) contra Reginaldo Jiménez, decretó pena máxima  gol Villero. Se emparejó el marcador. Luego con un certero zurdazo, Carlos Dávila y luego a los 63 minutos del juego Rogelio Sierra (El Negro Sierra) oportuno a un saque del arquero Miguelito Páez lo fusila a los 18 pasos, a los 67 minutos remonta el marcador el Real con gol de Juan Muños, la tribuna coreaba Clemon, Clemon y desde la banda derecha su técnico Leonso Montaño los organizaba. Juancho Méndez (Cutiño) sacó un disparo rastrero a los 20 pasos e impacto en la parte posterior del arco villero, dejando 3 a 3 el marcador final.

Así las cosas el juego se definiría desde los doce pasos, sin embargo a los Aguas blanquero la Electrificadora decidió cortar la energía y de remate se vino un tremendo aguacero, oscureció y los villeros  se dispersaron en todo el pueblo, durmieron en  casas vecinas.

Al día siguiente, bien temprano desayunaron en el restaurante del Toto Ochoa, hicieron su agosto las sabrosas empanadas en la bonga a orillas del río Aguas blanca, acompañadas  con un vaso de agua de maíz.

Se contrataron tres buses pulman de Cosita Linda. Ese empate fuer celebrado en el balneario Contrabando, bajo un sancocho de chivo con cabeza de cerdo salao, y Malanga de la Sierra, con una parranda vallenata y un fandango Sabanero, al derredor de una tarima, con la Banda Sabanera de San Juan de Caimito,

Hermosa Integración de dos pueblos Macondianos, a través del Fútbol, entrelazados  por un Villero (gavilán mayor) y una hermosa Princesa de la Etnia De la Hoz, (Vallenata), nativa de Aguas blanca Cesar, la tierra donde fluye leche y miel. Desde Aguas blanca Cesar, pueblo macondiano,  reviviendo la historia.


sábado, 2 de mayo de 2020

DON JACA







DON JACA


Por Francisco Cadrazco Díaz 
Escritor Colombiano

Era don Jaca un señor muy popular, de origen Holandés, vino a Santa Marta a administrar una finca bananera, sitúo su residencia al lado de la carretera que conduce de Santa Marta a Ciénaga Magdalena, allí tuvo a su prole familiar, a su esposa la llamaba La niña Jaca,  tenían dos hectáreas de tierra sembradas de frutales que sacaban al mercado minoritario y en un quiosco a orillas de la carretera.

Después de la masacre en ciénaga, don Jaca compraba ganado vacuno y caballar, compraba maíz arroz y sorgo, como también sembraba algodón al partir, en esa actividad se conoció con el Blanco De la Hoz, llamado Blanco porque tenía otro hermano con el mismo nombre, para distinguirlos uno blanco y el otro moreno.

Era popular nombrar en la Finca “La Concepción a don Jaca y su esposa, porque ambos hacían negocios con el Blanco que por su honestidad y rectitud, se ganó su cariño. Don Jaca le compraba a el Blanco la cosecha de arroz, de maíz y el algodón que sembraba y el Blanco lo ayudaba cuando este tenía insuficiencia monetaria para negociar.

Aguas Blanca era en esa época un emporio de riqueza del oro blanco, disponían de una Desmotadora de Algodón y sus calles estaban atascadas de zorras de cuatro llantas cargando algodón de las fincas hacia la desmotadora, allí trabajaba quien hoy es mi suegro Andrés Páez Arrieta, escudero del Blanco De la Hoz.

Una vez al Blanco se le estaban robando el ganado unos cuatreros que estaban cebados en la región, él le contó a Don Jaca y este le dio aviso a su mujer que veía más allá del horizonte terráqueo.

Una noche oscuras como todas las noches de la Concepción, después de una partida de Dominó de los hermanos De la Hoz Vergara y compañía en la finca, la caja de Ahorros pronosticaba un fuerte aguacero, que sólo era mirar hacia ese sitio y el agua se venía a torrenciales, la casa de tejas de cementos, la levantaban a piedras y se escuchaban todos los sonidos del pentagrama musical y los terroríficos de la noche, incluyendo el aullido de los can.

Siempre la madre de los pollitos decía desde su cuarto, mis hijos recójanse que la noche no es buena para tirar fichas, y sí, se escuchaban las fichas de dominó a media noche y los alegatos de los jugadores de la noche.

En medio de ese aguacero en particular, se sintió que cayó un ave pesado en el techo, todos esperaban que caminara sobre las láminas o alzara el vuelo, pero no nada de eso sucedió, al día siguiente desde lejos por el playón que conduce del pueblo a la finca, divisaban la silueta de la niña Jaca, vestida de negro con una chalina para mitigar el Sol canicular. Ella no cogía bus, llegaba con el viento desde Santa Marta. 

Esa Señora Jaca si sabía  a qué horas se recogían las gallinas, Se reposaba, le ofrecían un tinto y se habría con el Blanco bajo un frondoso mango de rosa a enderezar el mundo retorcido de la maldad y la envidia, a un hombre quien venía de tirar hacha y  machete, de ordeñar ganado ajeno, de vaquear hacia el rio el ganado en tiempo de verano, que con su sudor y tesón compro la finca y ya ordeñaba su ganado y sembraba sus 10 hectáreas de algodón.

Así se enderezó el camino del Blanco, después llego “El Niño Jose”, un Dodge  600 de Jaula reforzada para mayor capacidad de carga, manejado por El Toto Ochoa, hijo de Juan Ochoa, que por sobrecupo de carga se volcó cerca al cementerio por caminos vecinales, después por Pedro Ortega, dispuesto a hacer fila a la entrada de la desmotadora y descargar 500 bultos de algodón, en compañía del camión Amarillo de Juan Ochoa y los dos de Juancho Pallares, llamados El Wai y el Interna y el de menor capacidad de Mamola, cargaditos de Algodón.

En tiempos de verano prendían las pajas a orillas de la carretera y las brisas impedían pasar con la carga de algodón, momentos que los camiones cargueros de algodón pernotaban a orillas de la carretera.

Esa amistad de Don Jaca, la señora Jaca y el Blanco perduró, tan así que años después cuando las empresas bananeras se fueron, el Blanco le compró las dos hectáreas de frutales a Don Jaca, eso sí conservó la pared de bloques pintada  de azul y el letrero Don Jaca, en compañía de una de sus hijas se mudó. Cuando le preguntaban donde vivía contestaba que En Don Jaca, a orillas de la carretera, entrando a Santa Marta, donde estaba la pared pintada de azul, eso no tenía perdida.

Con Cariño y Respeto para la historia, a la Familia De la Hoz y a los nativos de Aguas blanca Cesar Colombia.

domingo, 26 de abril de 2020

LA CUEVA DE MARIANGOLA





1.       LA CUEVA DE MARIANGOLA
Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano

Enclavada en la falda de la Sierra Nevada de Santa Marta, se encuentra Mariangola, corregimiento de Valledupar Cesar, caracterizada por sus cosechas de aguacate que los campesinos  bajan de la sierra, en la temporada de cosecha.
Me contaba José Antonio Carrascal, un hombre conocedor de la región, que subiendo la sierra por los lados de Mariangola, en los primeros cerros, hay una inmensa y milenaria cueva, con un espesor en la entrada de aproximadamente un cuarto de kilómetro cuadrado, mas adentro se va angostando en forma de embudo.
En horas del día, todo se ve normal, pero en la noche las cosas se ponen pesadas en ese sector. Cuando el sol se está ocultando por el occidente y su color es rojizo, tipo cinco y treinta pasado meridiano, de la cueva comienzan a salir unos murciélagos que por su tamaño diríamos que son goleros y comienzan a revoletear y surcar el derredor de la cueva.
Luego desaparecen para darle paso a una luz azul cielo que ilumina toda la falda de la montaña, incluyendo las fincas de Inarco de la Hoz y la hacienda de Yuyo Quintero, llamada Caja Negra, al igual que los enjambres de murciélagos, al poco tiempo desaparecen y reina la oscuridad.
Ya bien entrada la noche, emergen del fondo de la cueva dos hermosos Leones, uno melenudo y grande como los puercos que sacrificaba el negro Adán en la diecisiete de Barranquilla, el otro más pequeño, se supone era la hembra.
Y toda la noche se pasean en la entrada de la cueva, emitiendo un rugido agudo de alerta y prevención a no permitir el acercamiento de ninguna criatura viva, menos de otro planeta.
Todos los humanos de la región saben de la existencia de la mítica cueva de Mariangola, pero no todos saben del hermoso misterio que encierra, ya que solo una persona entro a ella y regresó con vida.
Don José, calla por un rato su hermoso relato, mire pariente, refiriéndose a la gran amistad y familiaridad que conservaron el Blanco de la Hoz y él, que un día llegaron de Sabanas Magdalena en busca de progreso y bienestar, a la vez este Sabanero de Sucre, que les narra este cuento está casado con una nieta del Blanco de la Hoz.
Decían los mayores que ya no están en este mundo, que a esa cueva entró una noche un misterioso hombre que bajaba de la sierra a Aguas Blancas, montado en un mulo negro barriga blanca, cascos blancos, bien aperado, a vender la cosecha de aguacates y a comprar provisiones para su parcela ubicada bien adentro de la sierra.

Después de la transacción comercial que efectuaba, se iba para la tienda de la prima Ague, así rezaba un letrero hecho en lámina de cinc, amarraba el mulo en un árbol frondoso de cañaguate, saludaba a los presentes y pedía una botella de ron que a los pocos minutos solo estaba la botella sola, se tomaba otra y otra, y guardaba tres docena en las alforjas de cuero que llevaba en el mulo, llegada la  medianoche, con un gran atino de la hora se despedía de los parroquianos y decía:
Muchas gracias a los presentes, prima Ague este roncito esta sabroso pero me tengo que ir, hoy va a ser la noche que voy a entrar en la cueva de Mariangola, pase lo que tuviere que pasar.
Seguido de esas palabras, a media noche y entrar en la misteriosa cueva, todos los presentes se hacían con la mano derecha la señal de la cruz en su cuerpo, el hombre misterioso emitía una sonrisa y dejaba ver su dentadura a media boca abierta, con una destreza después de ingerir varias botellas de ron, ayudado por una vara se subía a su animal, también un poco misterioso por sus brillantes colores en la piel, blanco y negro.
Esa fue la última vez que el hombre del mulo, bajó de la sierra, esa fue la última vez que lo vieron con vida en la tienda de la tía Ague, en Aguas Blancas Cesar, hasta esa media noche se escucharon los rugidos de los dos leones en la puerta de la cueva.
Ahora el que cuida la cueva es el mulo de dos colores ensillado y con carga encima, esperando su dueño que no ha salido más en estos últimos siglos de vida.
Pregunto: ¿Bueno pero usted pariente me decía hace pocos minutos que solo un hombre salió de la cueva, quién fue ese hombre?
Dicen que ese hombre, era el hombre lobo, porque era peludo, que sus melenas eran filamentos de oro, llego a la primera casa que había en la entrada del pueblo, donde moraba una ancianita con una nieta, les toco la puerta y entro, les contó el misterio de la cueva y desde ese momento quedó mudo.
¿Y de la ancianita y su nieta, que pasó?
Ellas al día siguiente de llegar el hombre lobo, salieron bien temprano con un costal de fique en el hombre, se embarcaron para el Valle en un bus de Cosita Linda y ni más se supo de ellas.
¿Y el hombre Lobo?
Ese lo ven todas las noches, los campesinos que suben y bajan de la sierra, pero ya no es de color oro, ahora es negro peludo y horripilante.
O sea que descargó todo el oro que sacó de la cueva en casa de la ancianita, sí señor, ese sitio donde estaba esa choza de paja embutida de barro rojo, los guaqueros la tumbaron y se llevaron la paja y el barro creyendo que se les va a convertir en oro.

¿Bueno y que se dice de la cueva y el hombre misterioso?
Los comentarios acerca de la cueva son pocos, ya eso hacen muchos siglos, la versión más acertada es que allí vivió la Luna antes de subir al espacio en compañía del Sol que al ocultarse se refugiaba en la cueva con ella, después cambio de habitante, que fue el hombre Lobo y por ultimo para cerrar este hermoso cuento, la luna se fue con el sol y dejo cuidando al hombre lobo, los leones y los murciélagos.
Al entrar el hombre del mulo de dos colores, sacó de su trono al hombre lobo, este se arropo en oro y salió derrotado.
Dicen los campesinos y finqueros de la región que hoy reina en la cueva de Mariangola el hombre misterioso, que a media noche ven a una silueta que sale a la entrada de la cueva, habla con el mulo, le saca de las alforjas tres botellas de ron, le da de beber una al animal y se entra a la cueva nuevamente.
En este instante cantan los gallos del pueblo la primera vez y don José mira su reloj Ferrocarril de Antioquia que carga en el antebrazo  izquierdo, me informa que ya es hora de dormir, recoge sus taburetes y se adentra a la casa.
Mi persona, recoge la grabadora humana y se traslada en el tiempo y el espacio hacia su hogar, a dormir el resto de la noche.

Maravillosa historia, sacada de la mente de un humano, entre cuentos porros y fandangos, se permite nárrala.


EL SUPER PUTAS




  1. EL SUPER PUTAS
    Por Francisco Cadrazco Díaz Román
    Escritor Colombiano
             
Ramiro Antonio  Beltrán Ovalle, un trabajador de finca, tumbador de monte, que duraba tres y cuatro meses en la sierra trabajando, su patrón tenía pacto con el diablo y  cada año en diciembre le entregaba un trabajador al propio Lucy.

En esa finca fue donde Ramiro adquirió un pacto con los monitos que pasaban de quince, él los utilizaba para trabajar y beber ron.

Cuando venía de la finca al pueblo, antes de llegar donde  su esposa, llegaba al granero Jeiner y compraba una botella de ron pecho hundido y se la tomaba sólito de un solo trago.

Su efecto era inmediato, “tres quince”, allí era donde comenzaba el calvario de casi todas las mujeres del pueblo, casadas y solteras, las tenía acosadas y no había un hombre que le parara el macho al Súper.

Sacaba un rollo de billetes y le repartía a los pelaos para que fueran a las tiendas a comprar, les decía que no reclamaran el vuelto.

En la noche cuando los tenderos iban a cuadrar caja, solo encontraban unos papeles de celofán de cigarrillos  Piel Roja.

Comenzaba a vociferar y a decir a  parlante alto que todas ellas eran mujer de él..

Hasta que un día Crucita le reclamó al Mello su esposo, que la bravura solo era con ella, o si era que le tenía miedo al Súper Putas.

A los Guajiros Villanueveros  los Mellos Castro que no se lo brincaba un chivo, cuál de los dos hermanos fuera más bravo, a puño limpio a machete o cauchera de jondear piedra a los yolofos, allá en las arroceras del Diluvio.

Esperó el Mello que Ramiro y sus secuaces se emborracharan, cuando se encontraban tirados en el pretil de la casa del señor Goyo Rojas les rastrillo la rula colín de 80 ctms de largo contra el pavimento de la carretera que las chispas de candela le prendieron el sombrero a el Súper Putas y sus quince niños en cruces, se despertaron del susto y se le salieron de los brazos donde se encontraban borrachos.

El Súper, al verse solo, cobarde y pendejo, salió corriendo, el Mello, con rula en mano lo perseguía, lo llevó hasta la entrada de la carretera que va para Pueblo bello, allí se le perdió.

Hasta ese día que uno de los Mellos se amarró el pantalón con una penca de Guácimo y se le paró al Súper, descansaron las mujeres de Aguas Blancas.

Hicieron una Asamblea y nombraron una presidenta para esperar a El Súper, su consigna era Castrarlo, para que se le acabara la bravura contra las mujeres del pueblo.

Todos los hombres apoyaron a las mujeres y se armaron de valor para darle su tactiquito al Súper Putas.

Los monitos roneros se metieron a una casa desocupada, de allí salían en la noche a robarse cuanto cachivache podían. Desocuparon los graneros de víveres que había en el pueblo.

El Inspector Melitón Meza mandó a buscar al brujo que vivía en Pueblo Nuevo para sacarlos de esa casa.

Ese día todo el pueblo cerró sus puertas para que los monitos tuvieran el camino libre hacia la finca Convención a donde fueron a parar, porque de allí salieron.

En  la casa de los monitos encontraron:

Dos sillas de caballos pertenecientes a la finca del Blanco de la Hoz, dos angarillas de Cornelio Quintero, el molino de maíz de Aminta Ochoa, cuatro bultos de Azúcar, dos cajas de panela, una caja de pecho hundido, dos rollos de alambre de púa y cinco cajas de Piel Roja, los quesos de la tienda el Satélite, andaban en bicicletas y motos que robaron en el pueblo.

El Súper se internó en el monte, llegaba al pueblo en horas de la noche, ahuyentado por la rula Colín del Mello Castro “el Guajiro”.

Después se supo que el ron mato al Súper Putas  su esposa, en el pueblo decía que fue el Mello el que lo mató.

Pero todos sabían que fue la pecho hundido la que lo mató, es mas en los últimos días de vida, a Ramiro Antonio Beltrán Ovalle el pecho se le hundió como  piedra de amasar harina.


Ya no le decían el Súper Putas, lo llamaban el Morrocoyo.