jueves, 27 de junio de 2019

SEIS PESOS DE SALDO, AL HABER






SEIS PESOS DE SALDO, AL HABER
Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano

Faltando una hora para que el Astro Rey se ocultara, en la ensenada de Machado (sitio de pesca, río San Jorge), en donde se sacaban toneladas de Bagre y Pacora a peso de chinchorro en la década de los cincuenta y sesenta del siglo pasado, su componente humano, todos de la misma familia, apellido adelante, apellido atrás, daba lo mismo.

Se formaban las características polémicas sobre la familia, el trabajo, la economía, la política y la religión, aquí afloraba la terquedad de ciertas personas, queriendo opacar las opiniones de los demás, sin una base fundamental, cimiento de una buena conversación, con altura, moderada, y con valores éticos.

Una tarde, el caporal mayor tocó el tema de la familia mientras regábamos el chinchorro para después jalarlo a hombros y alegrarnos del resultado de la pesca, dijo: “Si los hijos valoraran la crianza que se les da, el dinero que se les invierte, quedarían a deber a sus padres”.

El hijo mayor, terco como una mula en amanse, le contestó a su padre, delante de treinta hombres más, criados bajo el respeto y la obediencia: Vea Paa, no estoy de acuerdo con usted en su apreciación, cuidado y le saco la cuenta y me va a quedar debiendo, por allí se fue el hilo de la discusión, intervinieron varias personas, pero el circulo se volvió vicioso y durante veinticuatro horas de la jornada de pesca, no hubo poder de convencimiento entre el padre y el hijo, ambos cortados con la misma medida.

Terminada la ardua jornada, llegamos a el sitio de reposo, el progenitor hacia trazos numéricos en el suelo mojado con un léxico que no formaban palabras, total era llevarle la contraria a su padre y colgarse la placa de la identidad de terco.

Cuando la señora que atiende la cocina grito golpe de mano (a comer), ya el hijo mayor estaba ubicado en el puesto de la mesa que le correspondía a su padre, quien reclamó su trono, de inmediato el joven le dijo a su padre que ya había sacado la cuenta y que le quedaba debiendo seis pesos. No quiso argumentar del porque su padre le debía ese dinero de la crianza. Todos nos quedamos atónitos con la actitud del joven, hoy un adulto mayor, cuando se liquidó la venta de la pesca el día sábado, el hijo pretendía descontarle los seis pesos que la mente le indicaban, que su Padre le debía.

Ya con ochenta y cinco años de edad, su padre en la eternidad, sigue igualito a como actuó esa tarde de pesca, ese evento estaba olvidado por el tiempo pasado, pero siempre hay una persona que no olvida, más cuando es del entorno familiar. 

El joven sacó la cuenta de lo que el padre se gastó criándolo e hizo la cuenta contraria y a su favor, total era discutir el hecho sin fundamentos, para probar lo anterior, saque mi arma de la mente “La Palabra”, y narre la historia cuando llegó a mi pueblo “La Villa”, el primer vehículo, procedente de Corozal Bolívar, en el año 1904, narrado por una persona quien en esa época contaba con siete años de edad, ya lucida de mente para poder afirmar ese echo trascendental de la vida de un pueblo apartado de la civilización, porque los medios de transporte eran en animales como el caballo y el mulo.

Terminando de esbozar la historia, ripostó: vea historiador y escritor, yo nací en 1934 y recuerdo que mi padre me enviaba a corozal a comprar medicina y me transportaba en un caballo, no es posible que haya entrado un carro en 1904 a la Villa. Le contesté, tampoco creo que su padre le quedara debiendo seis pesos por la crianza que le dio. Después de este evento y sorprendido por la actitud del actor le conté a un amigo y este se fue en carcajadas, más sorprendido aún, sin saber los motivos, me dijo, vea primo ese tipo es el hombre que lleva la bandera de la terquedad en la Villa, todavía alega que su padre le debe seis pesos por la crianza que le dio.




jueves, 6 de junio de 2019

LA FANTASÍA DE LA VIDA





LA FANTASÍA DE LA VIDA
Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano

La fantasía de la vida consiste en armonizar con tus semejantes, a que la atracción sea mutua, la empatía invada tu cuerpo y el cerebro te azuce a actuar de inmediato, la supervivencia rija en tu cerebro y te grite en voz baja, al ataque.

Esta pequeña introducción, nos hace saber que desde que tienes el uso y la razón llegasteis a esta vida a amar, amen que sucedan cosas que no están plantilladas en tu ADN, entonces viene la lucha, el tira y jala, como el árbol que crece a merced del viento, donde las curvas y rectas por enderezar tus ramas no sea superior a tu voluntad de vivir y sobrevivir a un mundo hostil en donde te enderezas o te enderezas.

Lo anterior va concatenado con el entorno, ya sea familiar social, económico y político, dicho desde el punto de vista objetivo nos referimos a la crianza, a los valores, a tu Autoestima, a tu actuar y la forma de defenderte de los depredadores del mundo, que los hay de diferentes tonalidades en el ámbito del ser y no ser dela vida.

A todo esto le agregamos tus sueños, tus metas, los objetivos a corto mediano y largo plazo, eso sí teniendo tus seis sentidos buen puesto, porque a decir verdad a una persona con entornos y mente indispuesta no piensa ni en respirar el elixir de la vida, no tiene importancia, todo es oscuro e incierto.

Allí comienza ese trabajo de valores enderezarlo el camino a ese ser especie de mi Dios, mi hermano, mi mano tendida hasta que el pulgar del dedo mayor alcance en forma de gancho al rescate de ese ser en desigualdad.

Tu recuerdas a él Casi, no, bueno hace mucho tiempo ese niño estaba bajo la protección de un tío padre y su esposa, todos lo conocían y de un momentos otro sus sueños volaron alto muy alto, mar abierto, su mente le decía que su espacio, estaba en el viejo mundo y que un día crecería cuan palma de cera símbolo de Colombia.

Aterrizó en unos viñedos en Alemania y sin reposarse de ese inmenso sueño se dispuso a trabajar, sus manos inocentes se encallaron, se pusieron ásperas, el frío del clima lo blanquearon, sus cachetes se enrojecieron, su cabello ensortijado se alisó con concha de guácimo en agua, ese color atraía a las mujeres alemanas hasta que se en novio con una hermosa mujer hija del dueño del viñedo.

Como al que le van a dar le guardan, viejo refrán popular, correspondió el Casi a todas esas prerrogativas, presupuestos y demás emolumentos que le ofreció la vida.

Llegó a voz del pueblo las odiseas del Casi, por intermedio de sus familiares y se regó como verdolaga en playa seca, allá en esa remota tierra nació la empresa “Vinos El Casi”, empoderado en los mercados internacionales, pero al llegar a Colombia, en especial La Costa Caribe, los catadores natos le sintieron un saborcito bien conocido en tiendas, bares y cantinas, nada más y nada menos ese Vino él Casi, sabia a ron ñeque. Copia de la Formula del alambique que tenía su Padre, camuflado en unas matas de plátano, en su parcela Ven y Bebe.

Que asombro abismal cuando el famoso y desconocido personaje llego de visita al pueblo que lo vio nacer y crecer hasta ser un joven, que según sus paisanos no tenía esperanzas y futuro y como dice el guapirreo de Leovardo Naranjo, en un hermoso porro o música Sabanera: “Oscureció, Llovió y amaneció”, así se fue el Casi de su terruño natal, para después volver un profesional de saco y corbata, capaz de subirse a un escenario y jalarse un discurso, cuan Político empoderado y con la ilusión de ayudar a sus semejantes. De pies a cabeza analizado y preguntado: ¿Entonces tú eres El Casi? Dios Bendito a cada cual en este Mundo, le tiene su Misión, Visión y Oportunidad. Vinos el Casi, casi igual, tropical y Alemán.

Si miras al poniente por donde se oculta el sol, tus ojos se encandilan y todo lo ves rojo, pero si miras al poniente de la vida, en el camino encontraras el punto de partida y el final del horizonte. Inténtalo, atrévete.



miércoles, 1 de mayo de 2019

EL SUSTO DE JUANCHO





261. EL SUSTO DE JUANCHO
Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano


Todos los sábados de costumbre Juancho salía al pueblo a vender sus pan coger. Los quesos y un lomo fino salado que le encargaba Valentina La Control, para su fonda en la plaza, la esquina de los gallos estaba atiborrada de hombres que les gustaba la pelea de gallos finos, tradicional en esta bonita región.

Decía Ana Raquel a su hijo antes de salir, “veey Juancho procura llegar temprano,  que hoy es luna llena y en el palo de mango del camino sale `El Ahorcao`”, Juancho le contesta a su mamá con ínfulas de bravura, no te preocupes mamá que ese Ahorcao yo lo bajo, lo monto en anca de Caballo y aquí se lo traigo por la madrugada.

Mi persona no es que sea miedoso, pero de acordarme el día que mamá Chave Román me dio la orden de conseguir unas chiribitas para avivar el fogón de leña, para cocer los alimentos y como pelao malcriado zapatee, cogí el machete y me fui, siendo Jueves Santo, en horas de la mañana, ella me dijo: “vee mijo Sico, no sea que te ataque una puerca por allá, por tus groserías”. Y si, sentí que el mundo se desgajaba y las chamuscas o chiribitas se partían, menos mal que en esa época, corría más que el Policía García, emprendí carrera hacia la casa, sino hoy no estuviera narrando este cuento de Juancho.

Ya pasadas las dos de la tarde, hora en que le daban apertura a la Gallera, Juancho se animó y comenzaron las apuestas, el ron ñeque y la temperatura a 40 grados, daban un bochorno, las playas o ensenadas del río San Jorge evaporaban el agua, calentando más la atmósfera, al filo de las seis de la tarde, el corcovao, con sus maracas de chinu, anunciaba un fuerte aguacero. 

Ya para esa hora, Juancho se había gastado el dinero de la venta de sus pan coger, pero seguía neceando y buscando broncas, yo que estaba por debajo del ensogado de la gallera vi con mis dos ojos brillantes de joven cuando Juancho le tiro una patada a mi padrino Cristóbal, este hábilmente se la atajo con su mano izquierda y con la derecha le conecto un nocaut y se avivó el fuego, puños vienen y van, al ver ese zafarrancho gallero, cogí un pedazo de guadua y me armé para darle a Juancho, porque a mi padrino los jueces lo llevaban abajo en el puntaje, los presentes los apartaron, montaron a Juancho en su caballo y lo despacharon para su parcela, el azabache sabía para donde iba.


En su casa sus padres preocupados por el repetitivo mal comportamiento de su hijo, decidieron darle un escarmiento, hicieron un muñeco de trapo y bajo la lluvia llegaron al árbol de mango y lo colgaron en el camino por donde iba a pasar Juancho en su caballo.

Tan pronto el animal cuadrúpedo pasó la curva, divisó al Ahorcao, se paró en dos patas y relinchó, Juancho se acordó de su mamá, se persignó le metió las espuelas al caballo en sus flancos derecho e izquierdo y raudo pasó por el Ahorcao, con tan mala suerte que el cáñamo del Ahorcao se le enredó a Juancho en su pescuezo y así llego a su casa, pidiendo auxilio a sus padres y hermanos, porque el Ahorcao le salió y de verdad lo estaba asfixiando.

Salieron con mechones o antorchas en mano y notaron al muñeco abrazando a Juancho, le quitaron el amarre del cuello, dándole un escarmiento a Juancho, que no quiso salir más al pueblo.

El árbol de mango, sigue después de 50 años en el mismo lugar, Juancho ya no está en este hermoso mundo y Yo, reviviendo esos momentos de niño, angustiosos del Ahorcao y la puerca negra.



jueves, 25 de abril de 2019

LA PESADILLA DE ERNESTO







260. LA PESADILLA DE ERNESTO
Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano

Salió Ernesto con su familia bien temprano de la madrugada, del pueblo para la urbe Metropolitana, su fin hacerse un chequeo médico y su esposa un curso de floristería y de paso visitar a su hermano Pacho que vive en la ciudad llamada la Ventana al Mundo.

Al salir de casa como buen costeño o caribeño se tomó un Tinto y un pintado que le llaman en el eje, al café en con leche en pocillo pequeño, no había traspasado el bus la primera curva del piñal, cuando Ernesto mi hermano gemelo estaba roncando, similar al Corcovado, su esposa iba en la silla del lado, lo miró de reojo y le dio un codazo, pero este hombre no estaba dispuesto a despertar, menos a iniciar una conversación con su compañera, al llegar a María la Alta, con la bulla de los vendedores de chicharrón y arepa e huevo se despertó, se empacó en su estómago dos arepas, acompañadas de un café con leche y volvió a roncar.

La faena de ronquido se volvió aguda, el río de babas cogió la zanja de la boca y corría por su pecho, la prótesis a punto de salir huyendo, hasta que la pesadilla se apoderó de él, brincaba de la silla y volvía a caer en ella, musitaba no palabras de amor, llamaba a su esposa Yaneth, manoteaba y se puso roja su cara, su compañera pedía auxilio, en el bus iba de pasajero un médico y acudió al llamado, sacó su pañuelo, le abrió la boca a las malas y le extrajo la chapa que ya iba camino al esófago con sus dieciséis dientes.

Ya recuperado buscó el pasillo del bus, agarrado de los pasamanos llegó a su destino, reposado en casa de su hermano gemelo, contó su odisea como un terremoto de magnitud 5.2 en la escala del bus, dependiendo el comportamiento  del automotor en la carretera, con sus consabidos baches, huecos, resaltos, policías acostados ect. Para Ernesto era un Terremoto, acompañado de dos arepas de huevo, un café con leche, la chapa flojita y sus ronquidos.

Lo peor del caso citado es que como Ernesto y mi persona, somos Gemelos, a esa misma hora en mi habitación, luchaba de igual manera con un Terremoto, este más violento que me hizo saltar de mi hamaca cinco rayas, fabricada en Morroa Sucre.

Motivos teníamos para iniciar en compañía de la familia, una tertulia sabanera y recordar momentos vividos en la capital de sucre y sus alrededores, ya Ernesto pernotó a su pueblo con la recomendación y correctivos para  no volver a soñar con terremotos.

Comer suave al viajar, puede ser una viuda de Bagre seco, con yuca harinosa, o en su defecto un calentao de arroz de fréjol y guiso de hicotea con sumo de coco. Así somos los Sabaneros Ribereños y anfibios palafitos de esa hermosa región del San Jorge y Sinú. En especial mi Bello Pueblo San Benito Abad Sucre “La Villa”, Visitarlo.


sábado, 13 de abril de 2019

CERRO DEL CORCOVADO




259. CERRO DEL CORCOVADO

Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano
El Cerro Corcovado pertenece al Departamento de Bolívar en Colombia, exactamente en la Serranía de San Lucas.

Está clasificado como: Orográfico (Montaña con una altura superior a los 300 metros)
Latitud: 8.4333333
Longitud: -74.45
UFI: -581287
UNI: -820568
UTM: WQ63
JOG: NC18-15

La serranía de San Lucas es una formación montañosa en Colombia, ubicada en el extremo norte de la cordillera Central perteneciente a la cordillera de los Andes; tiene una extensión de 16 000 km², con alturas que oscilan de 0 a 2700 msnm.
Se ubica en los departamentos de Antioquia y Bolívar en la confluencia de la llanura de la costa Caribe con las elevaciones de los Andes colombianos. La región limita por el oriente y sur con el curso medio del río Magdalena, por el occidente con el río Cauca, y al sur occidente con el Departamento de Antioquia.
Dicho todo lo anterior, me permito describir el corcovao como lo percibimos desde la niñez en mi hermoso pueblo San Benito Abad Sucre “La Villa”.

Para mi persona no era un Cerro, era un trueno ruidoso que comenzaba quejándose cuan niño con malestar de estómago. No les puedo describir exactamente a cuantos kilómetros está de la Villa, pero sí sé qué hacía mucho ruido antes de caer un torrencial aguacero, los mayores lo escuchaban y decían “Oye el corcovao, viene una tormenta”, el mundo del pueblo y sus alrededores se oscurecía, las gallinas se recogían en el palo de totumo en el patio de la casa, los perros buscaban refugio en las cenizas del fogón de leña apagado, pavor y miedo entre los habitantes, en especial los niños, más todavía si la tormenta compuesta por vientos, agua, relámpagos y trueno, era en horas de la noche.

Cuando sonaba sus trompetas y bombardinos en horas de la tarde, mis vecinos y paisanos pescadores de Jarpón y atarraya, el Tito Pupo, Gonzaga, Lalo y Alejandrito Ortega e hijos no salían de su casa, al día siguiente no comíamos pescado fresco.

También pasaban por mi casa en la placita del barrio el Prado, José Morón, Héctor Atencia, El Nello Montes De Oca Herrera, Juan Pavón, Vicente Ballestas, personajes encargados de recoger el ganado de los playones y llevarlos a los corrales.

Después de la tormenta viene la calma, refrán que no calaba en la Villa, eran hasta cuatro horas lloviendo, con todas esas implicaciones de una tormenta, árboles caídos, matas de plátanos arrasadas, matas de maíz, de yuca, las ceibas de la estaca arrancadas de raíz, las pozas los reventones, el cantil y la chambita desbordadas corriendo a velocidades hacia el rio san Jorge. El arroyo la dorada  pasaba por sobre las tablas de los puentes de palo, la loma del guasto, dándose su gusto de no dejar pasar ningún carro, se volvía rebelde cuan resbaladero de caimán.

Salía de servicio el telégrafo, las vacas muertas quemadas por un rayo eléctrico, a mis siete años me mandaba mi padre de crianza a buscar el burro a las ensenadas de la playa llamada rincón largo, a ver si estaba vivo, era el único medio de subsistencia y la herencia material.

Después del desayuno pasaban por la placita, Guillermito Cadrazco Luna y Ezequiel Benítez Villarreal, empleados de Telecom, con los aparejos al hombro, vía san Roque a buscar el daño del telégrafo en una distancia de la Villa a Sincé Sucre Colombia.

Hasta que un día de mi vida comprendí, que el Cerro del Corcovado no era un una tormenta, con rayos y centellas, era un hermoso cerro cubierto de vegetación, lleno metales preciosos en el subsuelo, se ve inmenso e imponente desde el río Cauca y Magdalena, arterias fluviales y medios de transportes de esa hermosa región.

EL HIJO DE UN JEQUE







1. Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano

EL HIJO DE UN JEQUE

A mi hermoso pueblo, todos los días en época de verano, llegaban  personas ofreciendo mercancías varias, a ellos les llamaban cacharreros, recorrían las calles y de casa en casa iban ofreciendo sus productos, así llegaron muchas familias a habitar este territorio. Y en él se quedaron.

Un día bien asoleado se presentó un turco con dos docenas de telas, en el hombro derecho traía los cortes para hacer pantalones para hombres, y en el hombro izquierdo traía los cortes para confeccionar vestidos para damas.

Ya en la tarde, pregunto dónde podía alojarse para descansar después de haber caminado todo el pueblo vendiendo sus cortes de tela fina, dispuesto a seguir su rutina al día siguiente.

Era el turco, un hombre de unos 27 años, con facciones finas, delgado y de buena estatura, bien educado, que llegó tocando la aldaba redonda de la majestuosa puerta de madera en casa de la niña Manuelita, sitio acogedor y familiar de alquiler y residencia a las personas que llegaban al pueblo, llamados forasteros.

Por su acento al hablar se sabía que no era colombiano,  menos costeño, porque nosotros los sabaneros de Bolívar, Córdoba y Sucre,  nos ahorramos el silbido de la S.

A los pocos días de estar alojado en casa de la niña Manuelita, le propuso que le vendiera una Máquina de Coser, de marca Singer, que se encontraba en exhibición o adorno en la sala de la casa, esa máquina contaba con unos doscientos años, con ella se ganaban el sustento la abuela, la mamá y la niña manuelita, tres generaciones.

ADEL, el turco la convenció y  dio por la máquina,  en ese tiempo setenta centavos, sacó de una maleta vieja que cargaba un Aceite de Maquina, le hizo un mantenimiento preventivo y la dejó al pelo.

Muy pronto Adel, monto una Sastrería y la clientela fluyó, tanto que al año tenia montado un Almacén de telas y confecciones para caballeros y damas.

A los dos años, le compró la casa a la niña Manuelita y abrió un comisariato, tan de buenas el turco que para esa época llegó  el INDERENA a forestar los playones del pueblo y el comercio se intensificó.

A los tres años de haber aparecido en el pueblo el turco Adel, era el Alcalde Municipal, y le llamaban el doctor Adel., todos los políticos le consultaban y obedecían a sus exigencias.

Por motivos de salud, salió para Cartagena don Pacho, uno de los hombres más respetado, e intelectual que tenía ese pueblo. En espera de ser atendido por el médico, don pacho compró el periódico de la capital de Bolívar, en la primera página y a dibujo resaltado aparecía una foto y un letrero “Se busca”.

Don Pacho miró la foto detenidamente, una, dos y tres veces y coincidía con la cara del Alcalde, Adel, el hombre que llegó a ese pueblo apartado de la civilización, vendiendo cortes finos.

Guardó don pacho su periódico y también guardó silencio para no espantar al pájaro que estaba a punto de caer en la trampa.

ABAN ADEL HERSEN VAN,  un muchacho vivo y caprichoso, a quien su fecha de boda con la princesa Marleyn, había llegado, está desaparecido, por su señal de vida, damos cinco mil libras de esterlina.

La incógnita era, que había hecho Adel en su tierra y porque se desapareció, intrigado  don pacho,  llego al pueblo, con su periódico debajo del brazo y consulto a su esposa, preguntó por  el Alcalde y sin pensarlo dos veces decidió enfrentarlo y saber en realidad quien era.

Adel, al verse descubierto, le confesó a don pacho, quien era y porque se desapareció:

Mi padre es un Jeque, de temperamento posesivo y ordenes cumplidas, nunca tuve en mente casarme tan temprano y menos con esa dama, para mí era prioritario conocer el mundo, su gente, sus bellos paisajes, gozar la vida, mi Dios me puso todo en mis manos para ayudar a mis semejantes y vivir en un sitio hermoso,  en compañía de una mujer que me sea agradable.

Ese día se desapareció antes de casarse y más nunca sus padres un prestigioso Jeque y una bella Dama de la realeza, supieron de él.

Le voy a recompensar con las cinco mil libras de esterlina y hablaré con mi pueblo diciéndole la verdad, a cambio de no delatarme y deportarme para mi país de origen, de aquí no me iré nunca.

Agradecido con ese pueblo que lo acogió y que en vuelta de tres año de haber llegado ya era su Alcalde, los reunió y les manifestó quien era, que a cambio él trasformaría al pueblo y lo dejaría como una tacita de plata, con carreteras, hospital, colegios, calles pavimentadas, acueducto y alcantarillado, gas natural, energía eficiente y un buen comercio ofreció  Aban Adel Hersen Van, un poquito antes de que mi esposa entrara a mi habitación con un buen pocillo de tinto, el primero del día y me despertara de ese hermoso sueño.

“Soñar, no cuesta nada”.





domingo, 7 de abril de 2019

LAS CHARADAS DE ROBERTICO





LAS CHARADAS DE ROBERTICO
Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano

En el caribe Colombiano, o sea la parte norte, existen unos personajes con características especiales, que con solo hablar, se identifican de los demás, no le hacen daño a nadie, pero si distraen la atención y concentración de los presentes.

Tenía su padre una pequeña parcela de una herencia familiar, allí sembraban tabaco amargo, maíz, arroz y una huerta destinada para el Ganado. Una vez Robertico llevó a la parcela a su novia y los padres de esta, al llegar se los presentó a su padre, le guiñó el ojo izquierdo y dijo: Padre vamos a hacer un recorrido por la finca, repleta de ganado cebú, buen pasto, pero esa era del vecino, un hacendado que vivía en el exterior, pegada a la parcela  ordeñaba todas las mañanas las vacas del ganadero, parecía que fueran las de Robertico pero no. 

Decía Robertico a su Papa, para presumir delante de los padres de su novia, viejo voy a ordeñar las "vaca que pueda," contesta el Papa, vale hijo, yo ordeño "El Resto, Solo habían dos vacas La que pueda y El Resto.

Además de la Parcela Robertico manejaba un taxi en la ciudad y en las tardes después de la jornada llegaba a un depósito de comestibles a aprovisionarse y llevar para la parcela, ya los dependientes lo conocían y sabían que iba a salir con su charada, cargaba un palillo para limpiarse los entre dientes y lo cogió de costumbre.

Llegaba al depósito y saludaba muy amablemente a los presentes, acto seguido lo saludaban los dependientes, buenas tardes don Roberto que va a llevar, despacharme dos bultos de arroz, una lata de aceite, un bulto de azúcar, melaza para el ganado, dos bultos de sal yodada de esa de Manaure Guajira, un cuajo para cortar el queso, una caja de panela etc. etc.

Ya el dependiente sabía que era un pedido ficticio, solo llevaba, dos panelas, una libra de azúcar, dos libras de arroz, el aceite, una libra de sal y pare de contar.

Acto seguida miraba alrededor, como el deposito estuviera lleno soltaba la perra, vea muchachos como hay súper producción de leche, ahora para semana santa les voy a regalar un cántaro de leche a cada dependiente para que hagan los dulces y las panelitas, y ese día que venga a todos los que estén comprando en el depósito también les voy a regalar tres cucharones de leche, porque ese ganado de mi finca si está dando leche.

A don Camilo el dueño del Depósito le dijo que le compraba una Toyota todo terreno que tenía parqueada en la calle, don camilo le dijo que le diera ochenta millones, sin pedir rebaja, sacó una chequera del maletín y le expidió un cheque, los presentes se quedaron atónitos y para rematar se metió la mano al bolsillo y sacó un rollo de billetes de a dos mil pesos y les repartió a todo los presentes.

Esas eran las charadas de Robertico, sin saber que el futuro suegro era amigo del vecino de la hacienda, se encontraron los tres en un Supermercado y el hacendado le ofreció la finca al suegro de Robertico, este abrió sus ojos y miró a su futuro yerno, quedando este al descubierto y confesar que la finca por donde lo pació no era de él.

Esos personajes viven la vida sin complicaciones, su único fin es pretender embolatar a los demás.