lunes, 31 de diciembre de 2018

NOCHES DE SEPTIEMBRE




NOCHES DE SEPTIEMBRE
Por Francisco Javier Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano


Esta historia de vida, convertida en Cuento, va dedicada a mi hermoso pueblo y su adorable gente.

Corrían los años del cincuenta y sesenta del siglo pasado, la vida trascurría con normalidad en mi bello pueblo San Benito Abad erigida en Villa por los españoles, carente de energía suficiente para ensartar una aguja a las seis de la tarde, bajo el amparo de mis dos ancianos que me vieron crecer en una plaza verdecita dos arcos de jugar fútbol, una pila de recoger agua, inservible para esa época, un entorno de vecinos 1A.

En las noches circundaban los fantasmas, escondidos bajo la luna llena, decenas de animales cuadrúpedos irrumpían la tranquilidad de la placita e impedían el paso de entrada a mi hogar, de la esquina de la niña pupo hacia la puerta de palitos con gancho de alambre de mi casa era una odisea nocturna hasta penetrar a la sala donde ya estaba seguro.

En el patio de la niña Mañe contigua a la mía, habían árboles frutales centenarios, como los palos de mango, el de tamarindo y la famosa mata de corozo de vaca, tan alta que llegaba a la luna, en las noches que comenzaban a las seis de la tarde y ya siendo las nueve para mí, era media noche, a esa hora bajaba de la casa cural en donde nos reuníamos a narrar historias, tanto españolas como de toda la costa, allí estaban Julián Caña, Francisco Acosta, los sacristanes Arcadio y Servio Baldovino, Delio Salcedo y mi persona.

Cuando Julián Caña se levantaba de su asiento a apagar la planta de los curas ya yo estaba listo para emprender carrera hacia la placita, solo me separaban dos cuadras, las más largas que un pueblo haya tenido, superada la primera, la segunda era angustiosa, por obligación tenía que mirar hacia el patio inmenso de la niña mañe, allá al fondo había una fogata bajo el árbol de tamarindo, centro punto del patio, su candela se avivaba con solo mirarla, amén de los caballos, mulos y vacas atravesadas en el caminito angosto que con los años formamos con nuestras pisadas.

Superados los miedos en parte a que ya estaba cerrando los siete años, el padre nuestro y el credo que rezaba en esas dos cuadras hasta llegar a mi hamaca en la sala de la casa, en una tertulia bajo dos helados de coco, hechos por la niña pupo, le hice el comentario a mi amigo El Tito Pupo sobre la Luz encendida bajo el palo de tamarindo del patio de la niña mañe.

Esta noche me vienes a buscar cuando la veas, a ver si desenterramos ese oro que hay allí, eso si no me le comentes a nadie y nadie es ninguno para mi vecino.

Animado por salir de pobre con toda esa cantidad de oro, me las pintaba mentalmente en monedas, como las que tenían los curas españoles en unos baúles de madera, bajo un cerrojo y candado de aldaba.

Ese día estuve  silbando cualquier canción que se me atravesara, parecía al nello montes de oca, cuando estaba cuidando el ganado de la señora Jovita en los playones de la Villa, esa noche en especial no fui a la iglesia, estaba seguro que a la mañana siguiente ya no iba a fiar el café, los tabacos de mi padre y los dos cucharones de leche donde el señor Joche y la niña Gilma.

Miré la luna opaca que cruzaba entre las nubes grises, atravesé la placita en diagonal y le avisé al Tito, ya está la fogata encendida, me aposté bajo los árboles de abeto macho sembrados alrededor de la placita con paciencia esperé al amigo, sorprendido quedé cuando salió con pico y pala en el hombro, un foco de baterías en la cabeza, sostenido con un cartón, más atrás salió su hermano Lalo con igual de aparejos para sacar ese entierro que en mi mente desbordaba la capacidad de mis sueños, porque siempre he sido un soñador.

Al penetrar al patio del entierro, la luz se apagó, los tres la vimos, llegamos al sitio y no había rastros de candela, a mí se me puso la cabeza bien grande que quedé paralizado como el chavo del 8, me tuvieron que sacar cargado de ese patio, cada quien cogió su camino a casa y esa noche y las demás noches de mi vida, no he dormido tranquilo, ya mis dos amigos duermen en la eternidad.

Una noche me aposté sobre el árbol de tamarindo a las seis de la tarde, a las ocho de la noche veo la figura humana en forma de mujer, traía una lámpara de caperuza en su mano derecha y en la izquierda una caja de fósforos el diablo (famosas en esa época), juntó unas chiribitas o basuras de palo seco y encendió, se  arrodilló y oraba en voz alta, sus palabras fueron invadiendo mi débil mente, perdí la fuerza total de vida, desperté al día siguiente en el puesto de salud del pueblo con tres costillas averiadas, la cabeza torcida, rígida como cadáver de tres días, fractura en un codo, y raspaduras por doquier.

La señora en mención colocó la denuncia en la Alcaldía del pueblo por invasión de domicilio ajeno en horas nocturnas, falta a la moral y las buenas costumbres ya que ella estaba en paños menores y era señorita, además me indilgaron el robo de treinta bultos de tamarindo seco, que décadas después se los encontraron al Joe Arroyo, en una canción. A mi lado estaban dos policías y mi amigo El Tito, él quería saber que pasó esa noche con el entierro de oro y los policías querían saber muchas cosas más, ellos me dijeron que confesara y dentro de diez años me convertían en policía. A los dos días me dejaron en libertad total, porque los cargos no pesaban ni un bulto de canela, además era un menor, solo fueron travesuras de joven de pueblo.

El oro no existió nunca en ese gran patio, lo de policía si se me cumplió, lo de animoso depende de que se trate y lo de sueños y esperanzas está vigente, ahora sueño más que nunca con el entorno de mi bello pueblo La Villa de San Benito Abad, macondiano como su Recurso Humano. Dejando Huellas, para que me Recuerden. Feliz año 2019.


jueves, 22 de noviembre de 2018

LAYUMAY, UN PUEBLO FANTASMA






LAYUMAY, UN PUEBLO FANTASMA
Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano


Lou den, padre de tres hijos, Faver, Lou Jr. y Filippo, su madre falleció al parto del ultimo, se criaron en la hacienda Paragüitas, eran buenos jinetes, vivían del campo y la ganadería, actuaban los cuatro como uno sólo, Filippo el menor cumplía años de nacido, su padre y hermanos lo mandaron al pueblo a buscar un dinero al banco, cosa que cuando regresara a paragüitas el agasajo estuviera preparado, sacrificaron un becerro, tres pavos y cinco gallinas e invitaron a los amigos de Filippo, pero este no llegó al transcurrir de la noche los amigos se fueron y sus familiares se preocuparon.

Bien temprano ensillaron sus caballos y siguieron el camino desértico por donde Filippo tenia que transitar para llegar al pueblo, a mitad de camino encontraron el sombrero del joven y huellas de personas, según su padre eran como treinta en total, siguieron camino entre lomas y piedras al llegar al pueblo fantasma, escucharon disparos.

Apresurados apretaron riendas a sus caballos y a galopes encontraron a su hijo y hermano con una insolación, le dieron agua de sus cantimploras, el joven reacciono, miró a su alrededor y vio su caballo, un hombre boca abajo que al voltear-lo era la persona que lo había abordado en el desierto y con engañifas le dio con la cacha del revolver y se le llevó su caballo.

También contó a su padre y hermanos que era el forajido que tenia azotado al pueblo de Layumay, al que el defendió como Aguacil, preguntó por Luisa, sus familiares desconcertados le atribuían su estado mental a la insolación en el desierto.

Su padre le contó que Layumay era un pueblo fantasma con una leyenda, que el Forajido Tommy y sus matones los desalojó hacen dos siglos y que ellos sólo esperaban que un hombre valiente los liberara de los forajidos, dicen que murió mucha gente y que el resto que quedó vivo se arrastraron por el desierto en donde divagaban en las noches de luna llena, también le contó que el Forajido Tommy abordaba a los transeúntes del desierto y les quitaba su caballo y el dinero que llevaban.

Filippo les dijo a su padre y hermanos que el pueblo estaba cerca que lo acompañaran para rescatar a Luisa, el empeñó su palabra que volvería por ella.

A sabiendas su padre aceptó llegar al pueblo Fantasma Layumay, en donde solo consiguieron desolación y como en el oeste americano las bolas de hierva seca corrían por su única calle. Filippo no lo podía creer, hacían tres horas aproximadamente estaba allí rodeado de hombres y mujeres, temerosos a enfrentarse a Tommy y sus forajidos que cuando llegaban desolaban el pueblo y mataban al alguacil.

Filippo se tocó el pecho y si, tenía la placa de Alguacil y recordó que Luisa lo convenció para que liberara a su pueblo de Layumay de Tommy y sus forajidos, también estaban las barricadas en la entrada al pueblo que él Filippo como Alguacil ordenó a su gente del pueblo colocar para defenderse de los Forajidos, el convenció a el pueblo que los acompañara a buscarlos y darle de baja, cosa que en la mente de Filippo sucedió.

Ya convencido que sus familiares no le creían emprendieron viaje a la hacienda paragüitas, antes dio la ultima mirada al pueblo desolado y asoleado en medio del desierto y justo, estaba Luisa en la puerta de su casa, la mujer que dijo que lo quería, se tocó sus labios y allí estaban sus besos, la figura se iba desapareciendo a medida que Filippo y sus familiares avanzaban hacia su finca Paragüitas.

La Leyenda cerró su siclo, al enfrentarse Filippo y los hombres del Pueblo Fantasma, al temido Tommy y sus Forajidos.


sábado, 17 de noviembre de 2018

LOS RECUERDOS MENTALES DEL TIEMPO






LOS RECUERDOS MENTALES DEL TIEMPO
Por Francisco Cadrazco Díaz
Escritor Colombiano

Tres de la tarde en punto, eso diagnosticó Josafat, nombre sacado del almanaque Bristol, fechado el 12 de noviembre como San Josafat, se quitó su sombrero, miró al sol, se limpio el sudor de su frente y pensó:
-      
   - ¿Qué estaré haciendo dentro de 66 años?, porque la longevidad familiar nos atropella, no quisiera estarle dando lata a nadie, pero si mi Dios me lo permite sería maravilloso.

El último en partir fue el pariente José de la Rosa a los 102 años cumplidos, nuevamente inicia su faena y va hoyando con su vara de guamo seco y punta afilada, allí deposita cinco granos de maíz cariaco, hora después canta el gallo basto amo y señor de las gallinas de la parcela, cuatro de la tarde, tiempo de descansar para nuevamente sembrar al día siguiente.

Su perro Purrucu de Jesús, estaba acostado a cerca distancia bajo un palo de Uvero, a la expectativa del conejo gris que escarba en las noches la siembra del grano para alimentarse, -vamos purrú- dice Josafat, el perro lo mira y emite un ladrido en tono menor, -te vas a quedar en espera del conejo, lo llevas vivo a casa- exclamó y se marchó a descansar.

A las once de la noche bajo una oscurana divisó el perro dos lamparitas una cerca de la otra, este es el conejo, se colocó en guardia, suspendió la respiración, avivó los sentidos y en menos de lo que cantó el gallo, lo tenia en sus dientes bien sujetado, llego a casa y lo depositó en una jaula bien seguro.

Todas las noches Josafat escuchaba una conversación en el patio entre dos personas masculinas, se levantaba sigiloso foco de batería en manos, alumbraba el conejo, seguido al perro que dormía en una cueva con la cabeza afuera, las matas de plátano del fondo del patio y concluía, ese debe ser fulano que va a ordeñar.

Hasta que una noche llovida, oscura y bajo la electricidad de los relámpagos, dos animales discutían acalorados la tenencia de una botella de ron pecho verde, fulminado cayó Josafat, acto seguido su esposa que venia con la linterna de gas y la mano de cachucha queriendo ver en la oscuridad que pasaba.

Purrucu, con un exceso de hipo, le explicaba a la pareja que se encontraban semi privados:

-Este conejo quiere ser más avispado que yo, hicimos un trato, cosa que no quería, pero me convenció a que lo sacara de la jaula, en cambio al favor nos beberíamos una botella de ron allá en el grill la tinta roja, pidió la botella, después otra y otra; como bebo más que él, me emborraché, oportunidad que aprovechó para correr y dejarme la cuenta abierta, menos mal que allí estaba el cubita y me avisó, el vivo del conejo salió para el baño dispuesto a escaparse, me coloque a la salida y cuando iba a escaparse le metí la traba en sus patas y cayó boca arriba, lo pillé con mis dientes y aquí se los traigo.

Ese día hubo guiso de conejo con yuca harinosa, jugo de naranja agria y suero atolla buey, sesenta y seis años después y sin la presencia del perro, menos del conejo, Josafat le pregunta a su esposa si se acuerda del cuento de Purrucu y el conejo gris, ella le responde,
-Duérmete Josafat, tu con tus cuentos de hace dos siglos, a los dos minutos ambos están roncando-. Bajo la sombra del realismo mágico, me pregunto: ¿Verdad o fantasía mental?.

domingo, 11 de noviembre de 2018

LOS ÁNGELES EN LA TIERRA





LOS ÁNGELES EN LA TIERRA
Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano

Recordando "La Espiral de Arquímedes", así es que la vida de los humanos da vueltas y vueltas, para llegar de nuevo al punto 0, de donde salió. Soy un hombre de mucha fe, en todos mis actos realizados y por realizar, por eso cuando algún humano se acerca a mí, ya de antemano se con que intenciones viene, pueden ser buenas o malas y se encienden las alarmas ultrasonidos que existen en la mente y el corazón. En esta vida recorrida a mas de mitad de camino, con la cabeza florecida como un árbol de cañahuate en verano, varias zanjas en mi rostro, recibo con mucho agrado una voz de aliento, una comprensión y en especial el cariño humano.

Siempre y a diario a las tres de la madrugada los sensores de la vida me dan otra oportunidad, de pasar del sueño a la realidad, todo en esta vida debe ser planeado para que salga muy bien, con mente positiva eso hago, repaso las vicisitudes por la cual he pasado y me aflora en la mente y mi labios emiten una sonrisa en razón a que la fe me ha dado valor para salir adelante, después de la tormenta, viene la calma y los ángeles de la tierra enviados por el divino no me han dejado claudicar, están a mi derecha y a mi izquierda dirigiendo este barco, llegan con la razón, la tenacidad y la comprensión, con una hermosura y su belleza interior, con inteligencia y amor.

Sería egoísta, nombrar esos ángeles uno por uno, porque son millones de ángeles de la tierra los que me han dado la mano, un concejo, un abrazo, de tanta importancia para mí, porque perdí el abrazo de mis progenitores antes de nacer, estos ángeles  discuten con mi persona la importancia de vivir esta vida en paz y amor, borrando de mi mente la rebeldía de la incomprensión el porqué y de la hibridación cultural, con parámetros fundados en valores éticos, sacados del libro Urbanidad del señor Carreño y las palabras sabias de mi Madre de crianza  Isabel María Román Madera, mi ángel en el cielo.

Hoy, me encuentro satisfecho, rodeado de ángeles familiares y amistades, mi mundo es de fe, sólo observo, escucho y analizo esta sociedad convulsionada y a una velocidad que supera los años luz, seré como el espiral de Arquímedes, daré vueltas y vueltas al derredor del mundo con mi mente, buscando el punto de equilibrio entre el ser y la razón, sin detenerme volveré al punto cero de donde salí con mente sana, para volver a renacer.



miércoles, 17 de octubre de 2018

UN AJUSTE A LA IMAGINACIÓN HUMANA- EN HONOR A MI HERMOSO PUEBLO







UN AJUSTE A LA IMAGINACIÓN HUMANA- EN HONOR A MI HERMOSO PUEBLO
Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano


Al igual que en los ajustes contables en la economía, a la imaginación hay que ajustarla en el debe y el haber, porque si no le puede pasar como el desboque del caballo blanco de don Abel de la Ossa en las barrancas de pichilin, así decia Toñole, en otrora tiempos de la subienda del bagre y la pacora por la ciénaga de machado.

En la plaza principal donde florecía el palo de matarraton y el arizal del portón de entrada al seminario mayor de mi pueblo, la hermosa Villa de San Benito Abad, los mayores se reunían a hablar de política, comercio, pesca, ganadería y agricultura, era un conglomerado sin ínfulas de grandeza y con ínfulas de buenos trabajadores, cada uno de ellos destacado en su oficio.

Por ejemplo, el pescador decía que el año pasado en la ciénaga de machado se cogieron mas de trescientas arrobas de bagre, con unas ganancias en pesos de puntos. El Agricultor manifestaba que la cosecha a recoger este año en la finca madre de Dios, estaba dando unos cinco mil bultos de arroz en espiga. Que iban a tumbar las montañas barrieras, que solo esperaban la primera lluvia para la siembra.

El ganadero manifestaba que en la finca Palo negro se estaban sacando a la venta mas de cincuenta cantaros agrarios de leche y una producción de queso de cien arrobas. De allí salió el famoso cuento del lomo del toro negro.

Desde la distancia con un oído finísimo estaba el cubita, digiriendo en su imaginación, la valentía de esos señores, esa matanza de bagres en ciénagas de la Villa, esa espiga de arroz en madre de Dios, sembrada por los Cadrazco, Caldera, Benítez y Garavito, presencia de este escritor siendo un niño joven, palo negro una hermosa finca de no sé quién era el dueño, pero al fin mucho ganado a orillas de la carretera, que orgullo, que ejemplos de padres, entre ellos el cuba viejo. Allí entraba a hacerles ajustes imaginarios a mi mente, que captaba guardaba y lo que no me servía lo desechaba con el filtro de las buenas costumbres aprendidas en la Escuela San Luis Gonzaga de Palo Alto, dirigida por la regla y tabla de madera del multiplicador del conocimiento Gustavo Benjumea, 

Otro templo de mi educación y los valores lo era la casa de bareque y pisos de tierra, adornada con tres hermosos parches de barro rojo y cenizas de leña, en la esquina sur de la placita, dirigida por Isabel Román, las primeras letras de la niña Cristina Cárcamo y Lucita Bermúdez.

Allí en la placita en donde las tertulias para niños y jóvenes tenían sus ajustes de imaginación, historias contadas por Rafael Gazabon, José Hernández, Nelson Montes De Oca, Abigail Mario (El Docto), Luis Pupo, Nereo Barbosa, El cuba y José Morón y Hector Atencio, con calibres de miedo como para no dormir e ir a dar a media noche a los pieceros de los abuelos o padres, siempre despedían las tertulias con tres frases, viene el Candelillo.

Querido pueblo que recorría en las noches el caballo relinchón con jolones de cuero, el perro con lengua de fuego en el pretil de la casa de la niña Chancho, el hombre vestido de blanco haciéndole pantomimas a El Val, en la calle de las Avispas, los burros o asnos de propiedad de los Benítez, quienes en fila india recorrían el pueblo, semejándose en la oscuridad a grupos armados, la luz del playón, que ahora dicen que se mudó para las playas, porque ya no hay playones.

Impresionante la salida al paso en la madrugada, donde salian unos caballitos de mar electrizados corriendo en la superficie del agua y haciendo cruces por las piernas de los humanos.

Y donde me dejan la salida al volcán desde la casa de María Berania había que atravesar la laguna hasta coger las barrancas del volcán hasta la casa de Santander Imbett, el tigre de madre de Dios saliendo a los playones a comerse el ganado cimarrón, el toro Candelillo, las ensenadas de rincón largo, el arroyo la dorada desbordado en los tres puentes con rendijas en las tablas de madera, el arroyo del paso de los chivos, la chambita, el ojo de agua, los jobos y la punta de la pesquería.

De esa famosa Escuela de la Vida, de ese oscuro pueblo la planta municipal se prendía a las seis de la noche y se apaga a las diez en punto, enclaustrado en el bajo San Jorge, perteneciente al triangulo del saber, de la inteligencia humana (Bolívar, Córdoba y Sucre), en donde brota la décima, el porro, la cumbia, el canto de vaquería, la poesía, las bandas de viento con su guapirreo implícito en su alegría, la pesca la ganadería y la idiosincrasia del hombre trabajador, de allí son mis cuentos, mis escritos con sabor a pueblo, con ajustes de la Imaginación Humana, plasmados en el  Blog: entrecuentosporrosyfandangos.blogspot.com. Con sello Villero %.



lunes, 15 de octubre de 2018

UN TIGRE DE BENGALA A LA MITAD DE LA MAR






UN TIGRE DE BENGALA A LA MITAD DE LA MAR

Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano

Venía un Barco Japonés surcando las aguas del Océano pacifico para cruzar por el canal de panamá, administrado por estados unidos por espacio de 99 años, , cargado de mercancías del occidente, su tripulación y un circo en donde venían toda clase de animales salvajes, lo llamaban el gran circo de don Pacho, con toda su tripulación cirquera con dirección a la placita de la Villa.

Entre los cirqueros venia un joven de unos 16 años, hijo del dueño del circo mas su mamá, ellos de origen Indio, a mitad de la noche se formó una gran tormenta con rayos y centellas y estas fueron a dar al motor del Barco y este se estalló, volando en diez mil pedazos, sólo quedo bien una canoa salvavidas de color blanca, el muchacho nadó hacia ella, pero ya en su interior estaba acomodado el tigre de bengala que le peló sus dientes blancos y no lo dejó subir, el muchacho recogió  pedazos del barco e hizo una balsa, pero se aferró a la cabuya que sujetaba el ancla que ya no existía, allí amarrado al barco bajo la intemperie al amanecer divisó el panorama y no había humano respirando, no mas quedaba el tigre de bengala y él.

Ya el felino presentaba agresividad, comprendió el joven que esos dos animales tenían hambre, había que buscar la manera de conseguir comida para el tigre y por su puesto para él, se tiro a la mar y recogió una maleta metálica y pudo comprobar que se trataba de elementos de auxilio en caso de un naufragio, luces de bengala, un Jarpón, un anzuelo, un chinchorro de mallas pequeño, un cuchillo banquero y unos guantes de cuero fino.

En la lucha de poderes, el joven le cortó con el cuchillo un pedazo de oreja al tigre y con eso se dispuso a pescar, la justicia divina estaba de su lado, ya que era un joven educado en la religión de a su país, pescó una pacora de vente kilos y no la podía subir a la balsa, allí fue donde intervino el tigre que por primera vez le hablo al joven y entre los dos subieron la pacora y la mataron con una porra de madera, a los cinco minutos los estaban rondando mas de veinte tiburones, cual de ellos fuera más grande, atraídos por la sangre, con ellos llegaron un cardumen de sardinas y llenaron el bote del tigre que ya había hecho las pases con el muchacho.

Exhaustos y llenos de estomago se quedaron dormidos, la barca pasó por el canal de panamá, cogió orillas de Urabá, Cartagena y toda la costa hasta llegar a bocas de ceniza en Barranquilla, pasó el puente Pumarejo, el Alejo Duran, el puerto de Magangué y entró por la boca a quince kilómetros antes de Magangué, pasó por la boca de san Antonio, jegua rio san Jorge arriba y fue a dar a doña luisa, una hermosa playa de mí pueblo, la Villa de San Benito Abad, unos pescadores de chinchorro estaban en la orilla a las tres de la mañana jalando cinco chinchorros, eran unos treinta hombres y atónitos vieron a dos vallenas anclar el bote blanco, acto seguido  bajó  el tigre de bengala, le siguió  un joven negro, con una melena larga, cuando en esa época de la vida el corte de cabello era bajito, con un copete o moña en el jopo.

El tigre fue a dar a la placita, desde ese momento reina el tigre en ese lugar, claro que después se mudo para la ventana al mundo, el muchacho lo veían al lado del tigre, con un pantaloncito mocho, seguía melenudo, era un experto en subirse a los árboles entre ellos las palmeras de coco y bajar cuanto fruto tuviera, nadaba en la chambita y se bañaba con sus compañeros de la placita en los reventones, jalaba trompadas en la esquina de la niña pupo, después ayudaba al cura a decir misa y tocaba las campanas.

Por esos motivos casi nadie sabia quienes eran sus verdaderos padres, solo la adopción de dos ancianos, quienes lo protegieron hasta que un día desapareció de la vista de los Villeros.

El Tigre ronca de vez en cuando por los lados de palito, las vallenas moran en doña luisa y el joven lo han visto de vez en cuando en la misa de diez, la de los peregrinos del señor de los milagros.

sábado, 8 de septiembre de 2018

LA ESPIRAL UNIFORME DE ARQUÍMEDES VS. LA ESPIRAL DEL DOCTOR ORIELO






LA ESPIRAL UNIFORME DE ARQUÍMEDES VS. LA ESPIRAL DEL DOCTOR ORIELO
Por Francisco Cadrazco Díaz Román-Escritor Colombiano



La espiral uniforme de Arquímedes: Es una curva plana trascendente que se describe por un movimiento uniforme de un punto M, que se desplaza sobre una recta R de un plano, que gira uniformemente alrededor de un punto O que pertenece a dicha recta. Es decir, el radio varía de manera proporcional al ángulo girado. En el inicio del movimiento el punto M coincide con el centro de rotación O. es una línea continua e ilimitada, con un punto singular inicial en el origen. O sea, los puntos M recorren con una velocidad constante el eje OX del plano, girando este eje alrededor del punto O con una velocidad angular constante. Cuando el eje OX da un giro de 360º, el punto M se desplaza sobre el eje OX a una distancia E=2aπ, denominada paso de la espiral. S

En una Magisterial Clase de Derecho el Doctor Orielo nombró La Espiral y en su examen oral final lanzó dos preguntas: cada una valía 2.5, por cada dos alumnos entraban y salían del salón con caras tristes, manifestaban que las preguntas no correspondían a las explicaciones, menos a el libro guía. Era nuestro turno, la Doctora Sonia y mi persona. Entré cantando una salsa brava de Rubén Blades, como sabía que el doctor era un miembro de la bacanería barranquillera, suavicé el camino; lanzó la primera pregunta y los dos alumnos nos miramos las caras, seguido vino la segunda pregunta, le dije:

-Estimado Doctor me permite graficar la contestación de la pregunta-
-Siga Doctor Cadrazco.

Respuesta: Basándome en la espiral uniforme de Arquímedes, es una curva plana trascendente que se describe por un movimiento uniforme de un punto M, que se desplaza sobre una recta C. Bla, bla y bla. Y le dibujé un espiral afianzado en el punto M, con caida de la parte de arriba hacia abajo, en una linea recta.

Un poco nerviosos esperamos su afirmación o en su defecto la negación de lo expuesto graficalmente y explicado punto por punto.

Nos miró fijamente y dijo:

 -Los FELICITO, esa era la Respuesta más correcta, mi persona no acostumbra a colocar notas máximas, pero tienen un cinco (5).

Después de cinco años, hurgando en mis apuntes de derecho, encontré en una hoja nueve renglones subrayados con resaltador verde y un gran título La Espiral, entiendo lo que decía un profesor de matemáticas, estudien que la matemática se la van a encontrar hasta en las sopas. Nunca pensé encontrármelas en un examen de derecho constitucional. 

Por esa razón, ese cinco está enmarcado en mi corazón y en los recuerdos históricos de mi mente.