lunes, 4 de marzo de 2019

LA PUERCA GRANDE AZABACHE





LA PUERCA GRANDE AZABACHE
Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor  Villero

Me cuenta mi Primo hermano Darinel Villalba Cadrazco en el patio de su casa metido en una hamaca grande, como se construyó la primera casa en calle nueva, fue Santander Martínez, quien se ubicó en la esquina, todo era agua y fueron aterrando el sector, ya con esa casa, seguido mi tío Aureliano Villalba (El Chito), levantó una en canillas, que duró así mucho tiempo, cuando Santander se mudó para la suya, la familia Villalba Cadrazco ocupó la propiedad.

Para esos años de la primeras décadas de los noventa, en mi pueblo había personas animosas, entre ellas el chito Villalba, media la hora por la luna, pero la mayoría de las veces iba adelantado, se levantaba y cogía camino para carbonero y cuando llegaba a la finca corralito, solo eran las dos de la mañana.

Salía para las ciénagas bien temprano a coger hicoteas y regresaba al día siguiente. Cosa que no se puede decir de los primos Santander, Servio José y mi persona, allí no tenemos cabida, nos espanta una hoja seca.

En ese sector de su casa había al frente un solar en donde tiraban basuras escombros y demás, con el fin de aterrarlo y hacerlo acto para construir, tenía una cerca con un portón de madera, por allí salía la inmensa Puerca de una talla de cien centímetros de alto por dos de largo, con pelos de espina como de puerco espín, negra azabache como el caballo Timoteo de Miriam Zabaleta en Sincelejo.

Una noche de esas oscuras en la Villa y bajo de un aguacero, mi tío escuchó a unas personas conversando en la calle, acto seguido le tocaron la puerta, se levantó abrió y salió a la calle se dirigió al portón en donde la conversación estaba en un punto álgido ya para pelea, abrió el portón y salió fue la enorme puerca, al estilo cuando en la plaza grande de mi pueblo le abrieron la puerta del toril al toro Candelillo.

Como decía Juan Cuba, “Hombre prevenido, vale por dos”, llevaba mi tío chito una vara de corozo punta afilada, en esa época la llamábamos lata, se le abalanzó esa enorme puerca a comérselo vivo, ella a tumbarlo y mi tío a quitársela de encima, persistente, insistente, ese mal momento a media noche duró unas dos horas, fue una lucha de vida, su esposa sentía la pelea encarnizada afuera pero ella hacia a su compañero en la cama a su lado durmiendo.

Al regresar a su casa, con palabras entre cortadas le contó a mi tía lo sucedido,  con esa enorme puerca negra en lo que es hoy Calle Nueva vía principal de entrada a la Villa, ruta de los buses intermunicipales, y no sólo fue mi tío el que la vio, muchas personas sabían que en ese solar salía la puerca negra dispuesta a comerse vivo a todo el que transitara a media noche por ese lugar, por ejemplo tres borrachos que cruzaron la calle, tuvieron su zafarrancho con la puerca negra. Mi persona con solo escuchar a mi primo hermano narrar esa historia villera cambie de ideas de dormir en el quiosco ronero que hay en el patio de su casa.

Allí en ese solar también veían una fogata a media noche y cuando los animosos le llegaban se desaparecía, afirmaban que era un entierro en oro de veinticuatro quilates que había en ese sitio, todos los vecinos la vieron arder hasta de un metro de altura, se perdió esa oportunidad de ser rico en oro, solo queda esta historia villera de la oscura y fantasmal Villa de las primeras seis décadas del siglo pasado. De que las hay, las hay.

martes, 26 de febrero de 2019




UN TIGRE DE BENGALA A LA MITAD DE LA MAR

Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano


Venía un Barco Japonés surcando las aguas del Océano pacifico para cruzar por el canal de panamá, administrado por estados unidos por espacio de 99 años, , cargado de mercancías del occidente, su tripulación y un circo en donde venían toda clase de animales salvajes, lo llamaban el gran circo de don Pacho, con toda su tripulación cirquera con dirección a la placita de la Villa.


Entre los cirqueros venia un joven de unos 16 años, hijo del dueño del circo mas su mamá, ellos de origen Indio, a mitad de la noche se formó una gran tormenta con rayos y centellas y estas fueron a dar al motor del Barco y este se estalló, volando en diez mil pedazos, sólo quedo bien una canoa salvavidas de color blanca, el muchacho nadó hacia ella, pero ya en su interior estaba acomodado el tigre de bengala que le peló sus dientes blancos y no lo dejó subir, el muchacho recogió  pedazos del barco e hizo una balsa, pero se aferró a la cabuya que sujetaba el ancla que ya no existía, allí amarrado al barco bajo la intemperie al amanecer divisó el panorama y no había humano respirando, no mas quedaba el tigre de bengala y él.

Ya el felino presentaba agresividad, comprendió el joven que esos dos animales tenían hambre, había que buscar la manera de conseguir comida para el tigre y por su puesto para él, se tiro a la mar y recogió una maleta metálica y pudo comprobar que se trataba de elementos de auxilio en caso de un naufragio, luces de bengala, un Jarpón, un anzuelo, un chinchorro de mallas pequeño, un cuchillo banquero y unos guantes de cuero fino.

En la lucha de poderes, el joven le cortó con el cuchillo un pedazo de oreja al tigre y con eso se dispuso a pescar, la justicia divina estaba de su lado, ya que era un joven educado en la religión de a su país, pescó una pacora de vente kilos y no la podía subir a la balsa, allí fue donde intervino el tigre que por primera vez le hablo al joven y entre los dos subieron la pacora y la mataron con una porra de madera, a los cinco minutos los estaban rondando mas de veinte tiburones, cual de ellos fuera más grande, atraídos por la sangre, con ellos llegaron un cardumen de sardinas y llenaron el bote del tigre que ya había hecho las pases con el muchacho.

Exhaustos y llenos de estomago se quedaron dormidos, la barca pasó por el canal de panamá, cogió orillas de Urabá, Cartagena y toda la costa hasta llegar a bocas de ceniza en Barranquilla, pasó el puente Pumarejo, el Alejo Duran, el puerto de Magangué y entró por la boca a quince kilómetros antes de Magangué, pasó por la boca de san Antonio, jegua rio san Jorge arriba y fue a dar a doña luisa, una hermosa playa de mí pueblo, la Villa de San Benito Abad, unos pescadores de chinchorro estaban en la orilla a las tres de la mañana jalando cinco chinchorros, eran unos treinta hombres y atónitos vieron a dos vallenas anclar el bote blanco, acto seguido  bajó  el tigre de bengala, le siguió  un joven negro, con una melena larga, cuando en esa época de la vida el corte de cabello era bajito, con un copete o moña en el jopo.

El tigre fue a dar a la placita, desde ese momento reina el tigre en ese lugar, claro que después se mudo para la ventana al mundo, el muchacho lo veían al lado del tigre, con un pantaloncito mocho, seguía melenudo, era un experto en subirse a los árboles entre ellos las palmeras de coco y bajar cuanto fruto tuviera, nadaba en la chambita y se bañaba con sus compañeros de la placita en los reventones, jalaba trompadas en la esquina de la niña pupo, después ayudaba al cura a decir misa y tocaba las campanas.

Por esos motivos casi nadie sabia quienes eran sus verdaderos padres, solo la adopción de dos ancianos, quienes lo protegieron hasta que un día desapareció de la vista de los Villeros.

El Tigre ronca de vez en cuando por los lados de palito, las vallenas moran en doña luisa y el joven lo han visto de vez en cuando en la misa de diez, la de los peregrinos del señor de los milagros.


sábado, 23 de febrero de 2019

EL PADRE DE LA LITERATURA INGLESA




EL PADRE DE LA LITERATURA INGLESA
Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Villero

Este cuento merece una narración Oral, en esta ocasión va escrito por la simple y llana circunstancia a que el auditorio lee este medio Escrito, así han cambiado los tiempos, quizás tenga que escribir una palabra con error de ortografía, para que el cuento sea entendible.

En un salón de clases en la media vocacional del inolvidable Liceo Carmelo Percy Vergara de Corozal Sucre colombiana, donde algún día de mi juventud quise ser Bachiller, había dos personajes que sobresalían por sus características particulares dignos, de llamar la atención del conglomerado estudiantil.

Hablemos en primera instancia del Flamante Multiplicador del Conocimiento admirado por todos al ver su carisma, Walter González Rizo, Licenciado en Filosofía y Letras, egresado de la Universidad del Atlántico en Barranquilla, un hombre de unos 1.80 centímetros  de estatura, fornido, de color moreno, brazos largos cuan rula colín, ojos blancos, dentadura blanca blanca, Pantalón, guayabera de cuatro bolsillos, zapatos blanco nacido en Cartagena Bolívar, con esas características y su elocuencia, infundía respeto.

El otro personaje era David (Davo) Villareal, un muchacho grueso de unos 1.75 centímetros de estatura, bastante retraído en clase, su actitud era no querer aprender, sólo se limitaba a comentar que él lo que quería en la vida era irse para Venezuela a trabajar, para comprarse un reloj Ferrocarril de Antioquia y una grabadora de doce tacos (Léase Baterías) y hasta allí.

Así inicio el docente su clase, William Shakespeare (Stratford-upon-Avonc. 26 de abril de 1564.- falleció el día 23 de abril de 1616.), fue un dramaturgopoeta y actor inglés. Conocido en ocasiones como el Bardo de Avon (o simplemente el Bardo), Shakespeare es considerado el escritor más importante en lengua inglesa y uno de los más célebres de la literatura universal. ​

Al término de la misma les dejó la tarea de investigar a fondo la biografía de este personaje de la Literatura, el Davo cogió su mochila de fique, se la tercio al hombro y se fue, no dio tiempo a sus compañeros de trabajo a ponerse de acuerdo para realizar la tarea.

A los ocho días siguientes, entra a clase el Profesor Walter González Rizo, El Davo lo miró y se acurrucó en el pupitre, solo se le veían las manos y la cabeza, con esa estatura del docente y la panorámica abierta, sacó la lista del maletín de cuero de babilla muerta, escribió en el tablero “SHAKESPEARE” y dijo David Villarreal, este espabiló tres veces y miró a su gran amigo Daro, por debajo de pupitre le pasa una hoja con apuntes precisos del Literato Ingles, una de las cabezas más sobresalientes del Universo.

Se levanta el Davo de su silla a medio lado, mirando de re-ojos el papelito, se para ladeado, encogido, como si se fuera a caer, señala con su dedo índice al tablero y dice: Ese señor, le interrumpe el docente, ¿Cuál señor?, nuevamente señala al tablero y dice, ESE, diga cómo se llama, nuevamente el Davo señala y afirma ESE, Walter se levanta de su escritorio de docente, se le acerca con una actitud desafiante, saca su pañuelo blanco de uno de los bolsillos de su guayabera también blanca, se lo pasa por su rostro, en ese momento uno de los alumnos a quien familiarmente le decimos Fosfo, dice en voz baja: va a manchar de negro   el pañuelo, el docente pronuncia suavemente Shakespeare (Shespier en su pronunciación) y lo conmina a repetir Shakespeare, nuevamente Davo dice ESE, el docente ya desesperado, quizás en su mente se le pasaba la idea que el Davo estaba profanando el templo de la Literatura Inglesa y nuevamente se le acerca casi besando sus labios y dice Shakespeare, Shakespeare, en ese momento los demás alumnos en su pensar dicen: Mierdaaaa, le va a pegar, ya los ojos del docente están despepitados cuan bola de billar, de tres bandas, la blanca blanca. Davo del susto miró al tablero en donde estaba escrito en letras mayúsculas SHAKESPEARE y en voz fuerte grita: SHASPIENTER, se dirige a su silla recoge la mochila, sale del salón de clases, su amigo Darinel le dice en voz baja al pasar por su lado, Davo vas a cometer la peor de tus locuras, él le contesta ya sabes que es lo que yo quiero, y no volvió más a clases.

Con la elocuencia de mi Primo Hermano Darinel Villalba Cadrazco, desmenuzo la biografía de William Shakespeare, ​ fue un dramaturgo, poeta y actor inglés.

Conocido en ocasiones como el Bardo de Avon, Shakespeare es considerado el escritor más importante en lengua inglesa y uno de los más célebres de la literatura universal.​
Fecha de nacimiento26 de abril de 1564, Stratford-upon-Avon, Reino Unido
Fallecimiento23 de abril de 1616, Stratford-upon-Avon, Reino Unido
OcupaciónDramaturgo, poeta y actor
Libros: Obras de teatro de William ShakespeareSoneto 18MÁS
PoemasSonetos de ShakespeareSonnet 116Soneto 18MÁS.

Dos años después al salir de clases sus amigos lo ven al frente del colegio, con una grabadora de las grandes grandes en el hombro y en su mano derecha un hermoso reloj Ferrocarril de Antioquia y una botella de ron Aguardiente Antioqueño, esas eran sus aspiraciones de su vida, ese día se emborracharon y festejaban el natalicio y muerte del más grande Literato Ingles Shakespeare, al preguntarle a Davo Villareal porque no pronunciaba el nombre del Literato y dijo, ese nombre es difícil y más que termina en PEARE.

lunes, 31 de diciembre de 2018

NOCHES DE SEPTIEMBRE




NOCHES DE SEPTIEMBRE
Por Francisco Javier Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano


Esta historia de vida, convertida en Cuento, va dedicada a mi hermoso pueblo y su adorable gente.

Corrían los años del cincuenta y sesenta del siglo pasado, la vida trascurría con normalidad en mi bello pueblo San Benito Abad erigida en Villa por los españoles, carente de energía suficiente para ensartar una aguja a las seis de la tarde, bajo el amparo de mis dos ancianos que me vieron crecer en una plaza verdecita dos arcos de jugar fútbol, una pila de recoger agua, inservible para esa época, un entorno de vecinos 1A.

En las noches circundaban los fantasmas, escondidos bajo la luna llena, decenas de animales cuadrúpedos irrumpían la tranquilidad de la placita e impedían el paso de entrada a mi hogar, de la esquina de la niña pupo hacia la puerta de palitos con gancho de alambre de mi casa era una odisea nocturna hasta penetrar a la sala donde ya estaba seguro.

En el patio de la niña Mañe contigua a la mía, habían árboles frutales centenarios, como los palos de mango, el de tamarindo y la famosa mata de corozo de vaca, tan alta que llegaba a la luna, en las noches que comenzaban a las seis de la tarde y ya siendo las nueve para mí, era media noche, a esa hora bajaba de la casa cural en donde nos reuníamos a narrar historias, tanto españolas como de toda la costa, allí estaban Julián Caña, Francisco Acosta, los sacristanes Arcadio y Servio Baldovino, Delio Salcedo y mi persona.

Cuando Julián Caña se levantaba de su asiento a apagar la planta de los curas ya yo estaba listo para emprender carrera hacia la placita, solo me separaban dos cuadras, las más largas que un pueblo haya tenido, superada la primera, la segunda era angustiosa, por obligación tenía que mirar hacia el patio inmenso de la niña mañe, allá al fondo había una fogata bajo el árbol de tamarindo, centro punto del patio, su candela se avivaba con solo mirarla, amén de los caballos, mulos y vacas atravesadas en el caminito angosto que con los años formamos con nuestras pisadas.

Superados los miedos en parte a que ya estaba cerrando los siete años, el padre nuestro y el credo que rezaba en esas dos cuadras hasta llegar a mi hamaca en la sala de la casa, en una tertulia bajo dos helados de coco, hechos por la niña pupo, le hice el comentario a mi amigo El Tito Pupo sobre la Luz encendida bajo el palo de tamarindo del patio de la niña mañe.

Esta noche me vienes a buscar cuando la veas, a ver si desenterramos ese oro que hay allí, eso si no me le comentes a nadie y nadie es ninguno para mi vecino.

Animado por salir de pobre con toda esa cantidad de oro, me las pintaba mentalmente en monedas, como las que tenían los curas españoles en unos baúles de madera, bajo un cerrojo y candado de aldaba.

Ese día estuve  silbando cualquier canción que se me atravesara, parecía al nello montes de oca, cuando estaba cuidando el ganado de la señora Jovita en los playones de la Villa, esa noche en especial no fui a la iglesia, estaba seguro que a la mañana siguiente ya no iba a fiar el café, los tabacos de mi padre y los dos cucharones de leche donde el señor Joche y la niña Gilma.

Miré la luna opaca que cruzaba entre las nubes grises, atravesé la placita en diagonal y le avisé al Tito, ya está la fogata encendida, me aposté bajo los árboles de abeto macho sembrados alrededor de la placita con paciencia esperé al amigo, sorprendido quedé cuando salió con pico y pala en el hombro, un foco de baterías en la cabeza, sostenido con un cartón, más atrás salió su hermano Lalo con igual de aparejos para sacar ese entierro que en mi mente desbordaba la capacidad de mis sueños, porque siempre he sido un soñador.

Al penetrar al patio del entierro, la luz se apagó, los tres la vimos, llegamos al sitio y no había rastros de candela, a mí se me puso la cabeza bien grande que quedé paralizado como el chavo del 8, me tuvieron que sacar cargado de ese patio, cada quien cogió su camino a casa y esa noche y las demás noches de mi vida, no he dormido tranquilo, ya mis dos amigos duermen en la eternidad.

Una noche me aposté sobre el árbol de tamarindo a las seis de la tarde, a las ocho de la noche veo la figura humana en forma de mujer, traía una lámpara de caperuza en su mano derecha y en la izquierda una caja de fósforos el diablo (famosas en esa época), juntó unas chiribitas o basuras de palo seco y encendió, se  arrodilló y oraba en voz alta, sus palabras fueron invadiendo mi débil mente, perdí la fuerza total de vida, desperté al día siguiente en el puesto de salud del pueblo con tres costillas averiadas, la cabeza torcida, rígida como cadáver de tres días, fractura en un codo, y raspaduras por doquier.

La señora en mención colocó la denuncia en la Alcaldía del pueblo por invasión de domicilio ajeno en horas nocturnas, falta a la moral y las buenas costumbres ya que ella estaba en paños menores y era señorita, además me indilgaron el robo de treinta bultos de tamarindo seco, que décadas después se los encontraron al Joe Arroyo, en una canción. A mi lado estaban dos policías y mi amigo El Tito, él quería saber que pasó esa noche con el entierro de oro y los policías querían saber muchas cosas más, ellos me dijeron que confesara y dentro de diez años me convertían en policía. A los dos días me dejaron en libertad total, porque los cargos no pesaban ni un bulto de canela, además era un menor, solo fueron travesuras de joven de pueblo.

El oro no existió nunca en ese gran patio, lo de policía si se me cumplió, lo de animoso depende de que se trate y lo de sueños y esperanzas está vigente, ahora sueño más que nunca con el entorno de mi bello pueblo La Villa de San Benito Abad, macondiano como su Recurso Humano. Dejando Huellas, para que me Recuerden. Feliz año 2019.


jueves, 22 de noviembre de 2018

LAYUMAY, UN PUEBLO FANTASMA






LAYUMAY, UN PUEBLO FANTASMA
Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano


Lou den, padre de tres hijos, Faver, Lou Jr. y Filippo, su madre falleció al parto del ultimo, se criaron en la hacienda Paragüitas, eran buenos jinetes, vivían del campo y la ganadería, actuaban los cuatro como uno sólo, Filippo el menor cumplía años de nacido, su padre y hermanos lo mandaron al pueblo a buscar un dinero al banco, cosa que cuando regresara a paragüitas el agasajo estuviera preparado, sacrificaron un becerro, tres pavos y cinco gallinas e invitaron a los amigos de Filippo, pero este no llegó al transcurrir de la noche los amigos se fueron y sus familiares se preocuparon.

Bien temprano ensillaron sus caballos y siguieron el camino desértico por donde Filippo tenia que transitar para llegar al pueblo, a mitad de camino encontraron el sombrero del joven y huellas de personas, según su padre eran como treinta en total, siguieron camino entre lomas y piedras al llegar al pueblo fantasma, escucharon disparos.

Apresurados apretaron riendas a sus caballos y a galopes encontraron a su hijo y hermano con una insolación, le dieron agua de sus cantimploras, el joven reacciono, miró a su alrededor y vio su caballo, un hombre boca abajo que al voltear-lo era la persona que lo había abordado en el desierto y con engañifas le dio con la cacha del revolver y se le llevó su caballo.

También contó a su padre y hermanos que era el forajido que tenia azotado al pueblo de Layumay, al que el defendió como Aguacil, preguntó por Luisa, sus familiares desconcertados le atribuían su estado mental a la insolación en el desierto.

Su padre le contó que Layumay era un pueblo fantasma con una leyenda, que el Forajido Tommy y sus matones los desalojó hacen dos siglos y que ellos sólo esperaban que un hombre valiente los liberara de los forajidos, dicen que murió mucha gente y que el resto que quedó vivo se arrastraron por el desierto en donde divagaban en las noches de luna llena, también le contó que el Forajido Tommy abordaba a los transeúntes del desierto y les quitaba su caballo y el dinero que llevaban.

Filippo les dijo a su padre y hermanos que el pueblo estaba cerca que lo acompañaran para rescatar a Luisa, el empeñó su palabra que volvería por ella.

A sabiendas su padre aceptó llegar al pueblo Fantasma Layumay, en donde solo consiguieron desolación y como en el oeste americano las bolas de hierva seca corrían por su única calle. Filippo no lo podía creer, hacían tres horas aproximadamente estaba allí rodeado de hombres y mujeres, temerosos a enfrentarse a Tommy y sus forajidos que cuando llegaban desolaban el pueblo y mataban al alguacil.

Filippo se tocó el pecho y si, tenía la placa de Alguacil y recordó que Luisa lo convenció para que liberara a su pueblo de Layumay de Tommy y sus forajidos, también estaban las barricadas en la entrada al pueblo que él Filippo como Alguacil ordenó a su gente del pueblo colocar para defenderse de los Forajidos, el convenció a el pueblo que los acompañara a buscarlos y darle de baja, cosa que en la mente de Filippo sucedió.

Ya convencido que sus familiares no le creían emprendieron viaje a la hacienda paragüitas, antes dio la ultima mirada al pueblo desolado y asoleado en medio del desierto y justo, estaba Luisa en la puerta de su casa, la mujer que dijo que lo quería, se tocó sus labios y allí estaban sus besos, la figura se iba desapareciendo a medida que Filippo y sus familiares avanzaban hacia su finca Paragüitas.

La Leyenda cerró su siclo, al enfrentarse Filippo y los hombres del Pueblo Fantasma, al temido Tommy y sus Forajidos.


sábado, 17 de noviembre de 2018

LOS RECUERDOS MENTALES DEL TIEMPO






LOS RECUERDOS MENTALES DEL TIEMPO
Por Francisco Cadrazco Díaz
Escritor Colombiano

Tres de la tarde en punto, eso diagnosticó Josafat, nombre sacado del almanaque Bristol, fechado el 12 de noviembre como San Josafat, se quitó su sombrero, miró al sol, se limpio el sudor de su frente y pensó:
-      
   - ¿Qué estaré haciendo dentro de 66 años?, porque la longevidad familiar nos atropella, no quisiera estarle dando lata a nadie, pero si mi Dios me lo permite sería maravilloso.

El último en partir fue el pariente José de la Rosa a los 102 años cumplidos, nuevamente inicia su faena y va hoyando con su vara de guamo seco y punta afilada, allí deposita cinco granos de maíz cariaco, hora después canta el gallo basto amo y señor de las gallinas de la parcela, cuatro de la tarde, tiempo de descansar para nuevamente sembrar al día siguiente.

Su perro Purrucu de Jesús, estaba acostado a cerca distancia bajo un palo de Uvero, a la expectativa del conejo gris que escarba en las noches la siembra del grano para alimentarse, -vamos purrú- dice Josafat, el perro lo mira y emite un ladrido en tono menor, -te vas a quedar en espera del conejo, lo llevas vivo a casa- exclamó y se marchó a descansar.

A las once de la noche bajo una oscurana divisó el perro dos lamparitas una cerca de la otra, este es el conejo, se colocó en guardia, suspendió la respiración, avivó los sentidos y en menos de lo que cantó el gallo, lo tenia en sus dientes bien sujetado, llego a casa y lo depositó en una jaula bien seguro.

Todas las noches Josafat escuchaba una conversación en el patio entre dos personas masculinas, se levantaba sigiloso foco de batería en manos, alumbraba el conejo, seguido al perro que dormía en una cueva con la cabeza afuera, las matas de plátano del fondo del patio y concluía, ese debe ser fulano que va a ordeñar.

Hasta que una noche llovida, oscura y bajo la electricidad de los relámpagos, dos animales discutían acalorados la tenencia de una botella de ron pecho verde, fulminado cayó Josafat, acto seguido su esposa que venia con la linterna de gas y la mano de cachucha queriendo ver en la oscuridad que pasaba.

Purrucu, con un exceso de hipo, le explicaba a la pareja que se encontraban semi privados:

-Este conejo quiere ser más avispado que yo, hicimos un trato, cosa que no quería, pero me convenció a que lo sacara de la jaula, en cambio al favor nos beberíamos una botella de ron allá en el grill la tinta roja, pidió la botella, después otra y otra; como bebo más que él, me emborraché, oportunidad que aprovechó para correr y dejarme la cuenta abierta, menos mal que allí estaba el cubita y me avisó, el vivo del conejo salió para el baño dispuesto a escaparse, me coloque a la salida y cuando iba a escaparse le metí la traba en sus patas y cayó boca arriba, lo pillé con mis dientes y aquí se los traigo.

Ese día hubo guiso de conejo con yuca harinosa, jugo de naranja agria y suero atolla buey, sesenta y seis años después y sin la presencia del perro, menos del conejo, Josafat le pregunta a su esposa si se acuerda del cuento de Purrucu y el conejo gris, ella le responde,
-Duérmete Josafat, tu con tus cuentos de hace dos siglos, a los dos minutos ambos están roncando-. Bajo la sombra del realismo mágico, me pregunto: ¿Verdad o fantasía mental?.

domingo, 11 de noviembre de 2018

LOS ÁNGELES EN LA TIERRA





LOS ÁNGELES EN LA TIERRA
Por Francisco Cadrazco Díaz Román
Escritor Colombiano

Recordando "La Espiral de Arquímedes", así es que la vida de los humanos da vueltas y vueltas, para llegar de nuevo al punto 0, de donde salió. Soy un hombre de mucha fe, en todos mis actos realizados y por realizar, por eso cuando algún humano se acerca a mí, ya de antemano se con que intenciones viene, pueden ser buenas o malas y se encienden las alarmas ultrasonidos que existen en la mente y el corazón. En esta vida recorrida a mas de mitad de camino, con la cabeza florecida como un árbol de cañahuate en verano, varias zanjas en mi rostro, recibo con mucho agrado una voz de aliento, una comprensión y en especial el cariño humano.

Siempre y a diario a las tres de la madrugada los sensores de la vida me dan otra oportunidad, de pasar del sueño a la realidad, todo en esta vida debe ser planeado para que salga muy bien, con mente positiva eso hago, repaso las vicisitudes por la cual he pasado y me aflora en la mente y mi labios emiten una sonrisa en razón a que la fe me ha dado valor para salir adelante, después de la tormenta, viene la calma y los ángeles de la tierra enviados por el divino no me han dejado claudicar, están a mi derecha y a mi izquierda dirigiendo este barco, llegan con la razón, la tenacidad y la comprensión, con una hermosura y su belleza interior, con inteligencia y amor.

Sería egoísta, nombrar esos ángeles uno por uno, porque son millones de ángeles de la tierra los que me han dado la mano, un concejo, un abrazo, de tanta importancia para mí, porque perdí el abrazo de mis progenitores antes de nacer, estos ángeles  discuten con mi persona la importancia de vivir esta vida en paz y amor, borrando de mi mente la rebeldía de la incomprensión el porqué y de la hibridación cultural, con parámetros fundados en valores éticos, sacados del libro Urbanidad del señor Carreño y las palabras sabias de mi Madre de crianza  Isabel María Román Madera, mi ángel en el cielo.

Hoy, me encuentro satisfecho, rodeado de ángeles familiares y amistades, mi mundo es de fe, sólo observo, escucho y analizo esta sociedad convulsionada y a una velocidad que supera los años luz, seré como el espiral de Arquímedes, daré vueltas y vueltas al derredor del mundo con mi mente, buscando el punto de equilibrio entre el ser y la razón, sin detenerme volveré al punto cero de donde salí con mente sana, para volver a renacer.