domingo, 19 de julio de 2015

EL GALLO KIRIKI DE MATILDE VS. EL GALLO BASTO DE GUME

EL GALLO KIRIKI DE MATILDE VS. EL GALLO BASTO DE GUME
Por Francisco Cadrazco Díaz
Escritor Colombiano-Región Caribe




Cantó el gallo kiriki a las cuatro de la mañana, anunciando que la noche se acabó, lo extraño que Matilde su dueña escucho fue un alargue en su cantar, acompañado de un cierre poco usual: Kikirikiiiiiiiiiiicarajo, aquí mando yooooooo, y le contestó el Gayo de gume: Cocoroyooooooooooooocarajooooo. Aquí mando yooooo. A esa voz de canto, todas las gallinas fueron bajando de las ramas del palo de totumo donde dormían y comentaban esto me huele a pelea.

Gume la señora que vivía al lado izquierdo de la casa de Matilde, escuchó otra cosa al cantar el gallo kiriki de su vecina, se levantó de la cama y codeó a Temistocle su marido y expresó: Oye Temi, ya la señora Matilde se está metiendo con migo tan temprano, y espantando las gallinas, el hombre que estaba en su segundo sueño solo alcanzó a decir tuércele el pescuezo.

Ni corta ni perezosa (Gume), diminutivo de Gumersinda, en bata de dormir, buscó la escoba de varitas y se apostó en la puerta de su casa a tirar escoba, cosa que no le gustaba a Matilde la vecina, quien abrió una hoja de la ventana de madera y le ripostó: Caramba niña no dejas dormir con esa sonajera de escoba, busca juicio.

Y por allí se prendieron los tizones de candela de ambas casas, peor eres tu Matilde que me insultas a las cuatro de la mañana, cantando como gallo kiriki, diciendo que en este barrio mando yo, que te has creído, tú piensas que los demás están pintados en la pared, te voy a torce el pescuezo de una cachetada.

Temi al oír asomos de pelea entre vecinas y conociendo a su mujer, se incorporó de la cama, se colocó en su cuerpo la franela amansa locos de color morada y se asomó a la calle, ya ambas mujeres estaban trenzadas en el piso de tierra jalándose los moños, semi encueras y los transeúntes que iban a buscar agua al pozo, decían ay fue, ay fue, cada vez que Gume, le lanzaba una cachetada a Matilde y viceversa.

Salieron los dos esposos y las apartaron, pero la cosa no se quedaba allí, faltaban los reclamos del porque se insultaron y se pelearon, no sabían a ciencia cierta qué fue lo que pasó, hasta que el Gallo kiriki, nuevamente cantó a las cuatro de la tarde kikirikiiiiicarajo, aquí mando yooooooooooooo. Y le ripostó el Gallo basto de Gume la vecina, Cocoroyooooooocarajo, aquí mando yoooooooooo.

Salió corriendo Matilde para la puerta de la casa de Gumersinda a reclamarle porque su gallo decía que él mandaba en su casa, que en su casa mandaba el galo kiriki que era de buena raza, no como el basto de ella a lo que Gume le respondió que su marido no era ningún gallo basto que si quería se lo echaba a pelear y la confusión fue peor, una chismosa de la cuadra fue y trajo a la policía, quien le exigía a las dos mujeres explicación de lo sucedido y exigió que hablaran una por una que no fueran cotorras.

Gume, pidió un vaso con agua y trató de calmarse porque la sangre le corría por sus venas a velocidades, esa ofensa de que su marido era un gallo basto no la iba a tolerar.

La calle estaba a reventar de curiosos esperando el desenlace de esta tremenda confusión entre estas dos mujeres que se odiaban, solo por el quehacer de sus hogares, si barrían en la puerta de sus casas, como era la escoba, como se vestían, si salían a la calle y muchas cosas más.

Gume le dijo a la autoridad policial que ella estaba semidormida a las cuatro de la mañana, cuando escucho a la vecina que decía que en esa cuadra mandaba ella y le echó un carajo, por eso se levantó a provocarla con su escoba de varitas, además su marido Temi, le dijo que le torciera el pescuezo con una cachetada.

Matilde al escuchar esas locuras de su “vecina”, se defendió y afirmó que el que dice eso es su gallo kiriki, que además el gallo basto de Gume también provoca al mío y yo no digo nada.

A lo que Gume le contestó, sigo pensando que tu marido no es más fino que el mío, allí entendió el policía lo que estaba pasando y la confusión entre el gallo kiriki y el gallo basto de Gume, madaron a buscar a Temi, que explicara porque mandó a su mujer a las cuatro de la mañana a torcerle el pescuezo a la vecina de una cachetada.

Temi explicó que su mujer le dijo a las cuatro de la mañana que si mataba la gallina pescuezo pelao para hacer un sancocho y él le dijo que le torciera el pescuezo, además él estaba dormido y no se acuerda de más nada.

Cuando se pensaba que ya el problema entre las vecinas estaba arreglándose en la puerta de la casa de Gume, vino la vecina del lado derecho a decir que el Gallo kiriki de Matilde se había pasado para el patio de Gueme y había liquidado el gallo basto, corrieron al patio y verdaeramente los gallos estaban tirados al suelo, todavia estaban vivos, cada persona cogio su gallo para hacerlos sancocho.

Cuando nombraron sancocho los dos gallos salieron volando y se desaparecieron, alli terminó la pelea entre Matilde y Gume, quienes a partir de se momento fueron grandes amigas y vecinas de verdad.

domingo, 12 de julio de 2015

UNA ÁNIMA EN PENA

UNA ÁNIMA EN PENA
Por Francisco Cadrazco Díaz
Escritor Colombiano-Región Caribe



Decían los mayores de mi Pueblo, que las animas de las personas fallecidas, que en vida se dedicaban a molestar a los demás, sin tener en cuenta el más mínimo asomo de hacer el bien, no se iban de este mundo, cuando mi Dios las llamaba a juicio, antes de la tortura y las enfermedades terrenales que cogían de la noche a la mañana, esas personas quedaban dando vueltas tratando de enmendar lo que ya no se podía hacer.

Al anochecer, en cualquier esquina del pueblo, bajo la luz de la luna y el manto azul del firmamento lleno de estrellas, había un anciano dictando cátedra de cultura a los niños y jóvenes, que con mucha atención escuchaban las sabias palabras, combinadas con canas blancas en sus cabezas, verdad o fantasías, nos sumían en un mundo desconocido, escalofriante y de terror, acompañado del aullido de los perros y el canto de las lechuzas que se anidaban en lo más alto de la torre de la iglesia, de allí salíamos para la cama o la hamaca con el purito miedo en las corvas a dormir plácidamente.

Don Abel, era un hombre que llegó a la región, no se sabe dónde, se hizo dueño de unas tierras baldías y las midió con el ojo, hasta donde se alcanzara a ver y todo el ganado cimarrón que había en esos predios a partir de ese momento era de él.

Posteriormente llegó el negro Quin, asi se hacía llamar, de pronto se llamaba Joaquín, este se alió con don Abel y le administraba las extensas tierras, acompañado de su mujer Pina, como todos los habitantes de la comarca estaban llegando, no había problemas con las tierras, menos con la autoridad.

El Blanco, como le decían a don Abel, cuidaba de cada centavo que a sus manos llegaba, bien habidos o mal habidos, sobre todo en la venta del queso y la leche que sacaba de su ganado, ya cansado, viejo y solo, se enfermó, tan grave estaba que mandó a buscar con Quin, al médico y el cura, situación que no fue posible, ya que ninguno de los dos estaban.

De regreso a la finca Quin, escuchó vociferar al blanco, luego escucho el relincho de su caballo y a los pocos minutos, vio la figura a caballo, detalló la montura, los aperos y las dos alforjas en la silla del animal, vestido y sombrero, no era otro era el blanco, ya cerca, le dijo:

“Quin, coge las dos alforjas que están enganchadas al horcón de la sala, cava un  hueco al pie del árbol de tolúa roja y las entierras, secreto entre tú y yo”.

Tremenda sorpresa para el capataz cuando llega a la finca y su mujer le anuncia que el blanco estaba muerto, no aguantó el regreso del capataz, el médico y el cura.

De allí en adelante comenzaron a suceder hechos, como la luz roja debajo del la tolúa en horas de la noche, apareció la familia, vendieron el ganado y ya tenían tazada la finca para venderla, Pina le comentó a su esposo sobre su liquidación, por los años de trabajo con el blanco, Quin fue al pueblo y habló con el abogado, este le liquido sus prestaciones legales y les cuento que los familiares salían debiéndole a Quin, que sabidos de sus pretensiones conciliaron con el abogado de Quin, a quien le dio el poder amplio para reclamar, quedando la finca a nombre de Quin y su esposa.

Con el tiempo y cuando la luna alumbraba el firmamento con el reflejo del sol, Quin se asomaba y veía la luz debajo del árbol frondoso de tolúa roja, hasta que en una tarde fresca cargada de nubes preñadas de agua, cogió el pico y la pala, convidó a su mujer y salieron a enfrentar ese misterio.

Bajo una tormenta trueno y centellas que caían cerca de las dos personas que sacaban las dos alforjas pesadas que al abrirlas contenían ocho panelas de oro puro de veinticuatro quilates, con un valor en pesos incalculable en ese momento.

Don Quin, comprendió entonces porque la finca la llamaban “Las Panelas”, también entendió las salidas del blanco a la ciudad a comprar oro y amasar esa fortuna, en cambio a él, el capataz de la finca le debía todos los años de trabajo, a la señora Pina, la lidia de un viejo solitario, que un día se marchó del lado de su esposa e hijos, dejándolos abandonados y en la miseria, que su esposa lavaba y planchaba para subsistir con sus cuatro hijos, todo esto se lo contó una hija del blanco cuando vino a reclamar los bienes de su padre.


Ahora el problema era mayor, escuchando en las noches en la  finca el ánima en pena de  Don Abel, trasteando en la cocina, buscando sus pertenencias, soltando el ganado de los corrales, reclamando sus dos alforjas y después de haber narrado este cuento, los jóvenes y niños que no conciliaban el sueño, escuchando a la lechuza cantar, los perros aullar y las vacas, rumiar, los caballos y mulos relinchar entrando a la plaza del pueblo sitio de dormida del ganado cimarrón.

sábado, 4 de julio de 2015

PARAGÜITAS, EL DOMADOR DE TIGRES Y LEONES

PARAGÜITAS, EL DOMADOR DE TIGRES Y LEONES
Por Francisco Cadrazco Díaz
Escritor Colombiano-Región Caribe.


Paragüitas eran un joven de unos treinta y dos años, que llegó al pueblo unos días antes de la fiesta patronal y fiestas de corralejas.

Inicialmente Paragüitas venía a torear, era mantero, cuando se terminaba la fiesta en el pueblo, se quedaba unos días más, al igual que el circo de don Francisco, un cachaco que no se sabía de donde venía, tenía una silla voladora, tan vieja que un día cuando estaban dando vueltas sus sillas a la altura de cinco metros, se reventó la cadena y el primero que voló por los cielos fue Paragüitas  haciéndole honor al avión cuatrimotor, el único aparato que se veía por esa comarca.

Esa vez don Francisco le tocó correr con todos los gastos de Paragüitas que por su agilidad de mantero logró salirse de la silla y caer en una cerca de cardón, donde lo esperaron unas afiladas puyas.

Por ese hecho, Paragüitas se quedó trabajando en el circo de don Pacho, lidiando los tigres y leones que a vuelta de pocos días le obedecían a paragüitas y se convirtió en el domador del Circo.

Una noche del mes de septiembre, cayó un fuerte aguacero, venía con ráfagas de viento y ocasionó la caída de la gran carpa y el hábitat de los tigres y leones, que al verse libre cogieron playón, buscando refugio en las montañas.

Bien temprano se conformó una comisión de hombres bien armados  con escopetas de tiro 12 y 16 y Balín número 0, especial para matar tigres, como viento en polvorosa se regó en la comarca que los tigres y el león estaban sueltos y los animales y población corrían peligro.

La única persona que no iba armado era paragüitas, solo llevaba tres cáñamos con lazos en las puntas, se internó Paragüitas en la montaña en busca de los dos tigres y el viejo león, rezó lo que sabía, lo mismo hicieron los de la comisión de búsqueda, con la diferencia que iban gritando y acompañados de treinta perros, sería del miedo, mientras que Paragüitas les cogió la parte contraria a al sitio por donde ellos iban, además caminaba en silencio y tenía cuidado de pisar y quebrar basuras para no espantar a los felinos del circo.

En un peladero dentro de la montaña se encontraban los dos tigre y el viejo león, acostados, lamiéndose las patas delanteras, al ver a Paragüitas, se levantaron y salieron hacia él: Paragüitas al verlos se mojó en sus pantalones, pero tuvo el valor de llamarlos por sus nombres: Simba, Zambo, Chombo, sacó sal del bolsillo derecho de su pantalón mojado y a cada uno le dio de comer y les sobaba las cabezas, acto seguido armó los cáñamos y fue colocándoselos a cada uno en el cuello y como si llevara a pasear a tres perros emprendió el camino de regreso para el pueblo, donde la multitud lo ovacionó desde la entrada hasta el circo de don Pacho en la placita.

Volvió don Pacho a agradecerle a Paragüitas por su valentía y amor por los felinos del circo, mientras tanto la comisión de búsqueda llevaba tres noches con sus días en busca de los tres felinos que ya se encontraban en sus respectivas jaulas.

Paragüitas se despidió de los presentes y cogió rumbo desconocido, como siempre lo hacía cada vez que llevaba al pueblo a torear, momentos después de la partida de Paragüitas, se presentó la comisión, argumentando haberle dado de baja a los dos tigres y el viejo león chombo, que había perdido sus colmillos y las garras, por lo tanto no representaba peligro para los humanos.

Los Bravos Bravos que salieron en busca de los animales, fueron sometidos a la burla del pueblo, por no haber encontrado a los felinos del circo de don pacho en algún sitio de la hermosa región caribe, al norte de Colombia.


sábado, 27 de junio de 2015

LA POZA DE LAS PISTOLAS

LA POZA DE LAS PISTOLAS
Por Francisco Cadrazco Díaz
Escritor Colombiano Región Caribe




En nuestra Región Caribe Colombiana, los ganaderos ordenan hacer pozas con una Catapilas, con el fin de recoger agua lluvia para darle de beber al ganado y a la vez para los quehaceres de la casa, inclusive para beber, después de un tratamiento con cardón o piedralipe.

Una hermosa poza construyeron los hermanos Ortega, dueños de los terrenos cerca donde aterrizaban y decolaban los aviones en el Aeropuerto las Brujas de Corozal Sucre, el único terreno parejo que hay en esa comarca, ya que se encuentran sobre las faldas de los montes de María.

Cornelio era un hombre Alvino, o sea que veía muy bien en las noches oscuras y en el día los rayos del sol lo molestaban, trabajaba en el aeropuerto de corozal y vivía en Morroa Sucre, el día viernes en la tarde cuando todos los trabajadores salieron de su jornada, se pasaron para el frente en la tienda de  Cosme y comenzaron a beber ron verde, ese que tenía 80% de alcohol.

Botellas tiradas en el piso, después de cinco horas de parranda, sus compañeros decidieron volver a sus casas, pero Cornelio no los acompañó, ya casi a media noche, cerraron la tienda cantina y el Alvino decidió coger camino de atajo para llegar a Morroa a diez kilómetros de distancia, monte adentro.

La famosa poza, que todavía existe, guarda en sus profundidades seres misteriosos, que en horas de la noche se hacían sentir, eso decían los trabajadores del Aeropuerto y los pilotos de vuelo, que en las alturas se veía un enorme faro.

Los jóvenes de los alrededores se bañaban en el día, allí a esas horas no pasaba nada y si pasaba, habían veces que los jóvenes se tiraban desde un frondoso árbol inclinado hacia la poza, sus ramas se prestaban para columpiarse y luego lanzarse en picadas en la poza, como podías caer en un lodazal y clavarte de cabeza, como también encontrar profundidades y perder pie buscando fondo.

Cornelio el Alvino, como todo lo veía en las noches, cogió por la poza de las pistolas, bautizada así, por las balaceras que allí se formaban a las cero horas. Durante tres meses largos no se supo más del Alvino, la autoridad, después de una denuncia de la empresa donde laboraba, indagaron en la tienda cantina y su propietario Cosme, narró con pelos y señales los últimos hechos que vieron con vida al Alvino, concluyendo que la poza de las pistolas se lo tragó.

A los tres meses largos, trajeron noticias del Alvino, andaba vociferando palabras no concordantes con la realidad de la vida para los humanos cuerdos, quizás él tenía razón de lo que decía, por las calles de Maicao Guajira Colombia.

Una comisión compuesta por sus padres y un delegado de la Secretaria de Salud municipal, viajaron al norte en busca del Alvino y lo trajeron a su terruño, pero ya no era el mismo.

Hablaba en otra lengua, intercambiaba conceptos de tú a nadie, nombraba a los hombrecitos, manejaba avión y su boca se llenaba de saliva, y lo más relevante era que nombraba ciudades capitales del viejo mundo.

Desde ese momento, ningún joven se baña en la poza de las pistolas, menos dejan acercarse el ganado, tampoco jarrean agua en burro de ese lugar. Los pilotos siguen viendo el faro, ahora es intermitente y confundible con los del Aeropuerto las brujas, en Corozal Sucre Colombia.


sábado, 20 de junio de 2015

LA APUESTA ENTRE DOS COLOSOS DE LA PESCA ARTESANAL

LA APUESTA ENTRE DOS COLOSOS DE LA PESCA ARTESANAL
Por Francisco Cadrazco Díaz
Escritor Colombiano de la Región Caribe




Era normal, que entre los pescadores de rio, se hicieran apuestas al que sacara más Bagres, Sábalos y Pacoras, siempre habían discusiones sanas en el parque principal del pueblo los días domingos en la noche, como también habían pescadores aventajados que cargaban el rotulo en su frente, por la cantidad de peces que se colgaban en sus redes.

De eso hace ya medio siglo, Toño Ñame y Pablo Yuca, dos amigos dedicados a la pesca en verano y en invierno vendían los productos por el cual se les apodaba, salieron el día lunes en sus canoas de diez varas, quince hombres y sus respectivos chinchorros, surcando las aguas de las ensenadas que hacia el rio San Jorge, buscando el sitio exacto donde la concentración de peces era mayor.

La apuesta estaba echada, Pablo Yuca, desafío a Toño Ñame, en el parque principal, que el lunes sería el ganador, en sus redes caerían los mejores y más grandes sábalos de la historia de la Villa, un hermoso pueblo de la depresión Momposina, perteneciente en esa época al departamento de Bolívar.

A la media noche del lunes iban empatados, 50 sábalos cada uno, a las cuatro de la mañana del día martes se hizo el último conteo y Toño ñame, iba en desventaja con un sábalo menos.

Pablo Yuca, se sonreía y dejaba ver su diente de oro con el reflejo de la luna, ese era su mejor presentación, vociferaba en todo el pueblo la hazaña de haber sacado una chorla de oro de las profundidades de la playa de cholen, sitio de un asentamiento indígena del cacique Tacazuan, antes de que el Alcalde del municipio ordenara abrir una boca al rio para que se inundara una bonita región agrícola. Pablo mandó a fundir el oro de veinticuatro quilates, se colocó su diente y con el resto de plata mandó a elaborar la red de pesca.

A las cinco de la mañana del día martes, recogieron los chinchorros de pesca y emprendieron el viaje de regreso al pueblo, Toño Ñame, venia tranquilo, era un buen ganador y un buen perdedor, su mano derecha era nada menos y nada más que “El compae Sico”, hombre de lidia como los toros cebú de la región, él sabía que las cosas no iban a quedar así, le colocó el brazo en el hombro a su amigo Toño y le dijo las siguientes palabras:

No se preocupe compadre, que todavía no hemos perdido, coja el centro de playa rica y después hablamos, seguían las canoas de Pablo y Toño, paralelas, separadas a una distancia de diez metros, en el rostro de Pablo Yuca, se veía la alegría, ahora su diente de oro brillaba con los primeros rayos de sol.

Era común ver los peces saltar alrededor de las canoas en marcha, alguno de ellos caían dentro de ellas, pero lo que sucedió en ese instante solo se cuenta después de cuarenta y nueve años, por un joven que hacia parte de la cuadrilla de pesca de Toño Ñame. 

A la distancia se asomaban del agua dos hermosa aletas de color plateado que emitían destellos de luz con el inmenso sol del día, eso vio a la distancia Compadre Sico, le hizo señas a su compadre Toño, quien llevaba el timón del Johnson, lo direccionó hacia los peces y a los cinco minutos, bajo la mirada atónita de todos los presentes, dos sábalos de cuatro metros cada uno saltaban sobre la canoa de Toño Ñame, quien por su pericia logró estabilizar la canoa, los demás cayeron como patos al agua.


Al llegar al puerto, miles de curiosos esperaban el desenlace de la apuesta, entre esos dos colosos de la pesca artesanal, bandera roja en un asta, traía la canoa de Toño Ñame, en señal de ganador, celebraron con júbilo la sana apuesta, en buen gesto, amistad y compañerismo, Toño le regaló el Sábalo ganador al pueblo, lo mismo hizo Pablo Yuca, y así de esa manera quedaba la apuesta empatada y el pueblo, los declaró ganadores.

sábado, 13 de junio de 2015

EL MERENGAZO DE LA NIÑA NENA

EL MERENGAZO DE LA NIÑA NENA
Por Francisco Cadrazco Díaz
Escritor Colombiano Región Caribe.

Wilfrido Vargas y sus Beduinos, sonaba sus merengazos, en las emisoras de la capital y todos sus municipios, desde Maicao guajira Thermo Luna, con la venta de dos hectáreas de maíz, trajo un radio marca Internacional, forrado con cuero de chivo muerto, y un televisor marca Nivico, había que colocarlo en horas de la tarde, porque a esa hora prendían la planta Lister en el pueblo.

La casa se llenaba de curiosos que venían a ver en pantalla a Wilfrido Vargas en el Show de Jorge Barón, administraba la tv, la niña Nena, esposa de Thermo, lo más admirable de todo lo que sucedía en esa sala era que Jorge, se salía de la pantalla del tv y entrevistaba a los presentes.

La primera vez que Jorge Barón dijo, señoras y señores, vamos a entrevistar al público presente, creyeron los de la sala de Thermo que no eran ellos los entrevistados, cuando de pronto se estiró la pantalla del tv Nivico y emergió la figura vestida de blanco, en esa casa no quedó nadie.

Luego como hacen los burros cuando se encuentran con tío tigre, muy precavido fueron llegando uno por uno los presentes del Schow, en casa de la niña Nena, una señora chusca de un buen humor, que analizaba todos los dardos que le lanzaban y los devolvía convertidos en poesía o en doble sentido, nunca salía con altanería por su buena educación.

La segunda vez que don Jorge Barón se salió de la pantalla a entrevistar a los presentes le tocó el turno a la niña nena, quien con valentía se quedó sentada en su mecedora de mimbre seco que chasqueaba cuando se mecía.

Señoras y señores la entrevista del Show, señora como se llama usted,

”Yo me llamo la Nena”

Cuantos años de edad tiene:

Tengo 65 años

Y su esposo cuantos años tiene:

Tiene 80 años.

Admirable, son longevos esta pareja.

La última pregunta mí querida señora Nena:

Ustedes todavía hacen vida nocturna.

La Niña nena que no se la brinca un chivo, se salió por la tangente y dijo:

No don Jorge, nosotros teníamos un televisor viejo en casa y con una truenera que hizo una noche, hace muchos años, la pantalla se quemó y el control del tv, se perdió.

A lo que contestó Jorge, caramba niña Nena, usted se me salió por la tangente y no me contestó a mí pregunta, a lo que la Nena contestó:

Eso se cree usted don Jorge Barón.

Thermo Luna su esposo, que estaba sentado al frente de la niña nena en una butaca de cuero, la miró fijamente, pero no musitó palabra alguna.


sábado, 6 de junio de 2015

RUFFO, UN CONEJO AVISPADO

RUFFO, UN CONEJO AVISPADO
Por Francisco Cadrazco Díaz
Escritor Colombiano de la Región Caribe




Uno de los animales más inteligentes y desconfiado, ha sido el Conejo, más si anda revuelto con los humanos, tratando de sobrevivir en este mundo de escopetas, resorteras y trampas artesanales, su carne es una de las más exquisitas de los llamados animales de monte y si Cotilino el conejo bailador estuviera vivo, otra cosa sería.

Ruffo, es bisnieto de Cotilino, al igual que mi persona, nació en esta bonita región, aunque digan lo contrario los de las frías montañas, aquí se vive bien, solo que hay que andar con mucho cuidado, esas palabras se las dijeron al compae Remanga y no prestó atención, pero Ruffo es más precavido.

Se encontraba Ruffo, escarbando una mata de yuca, cuando sintió las pisadas del humano, del gigante, del cromañón, a quien le tenía físico miedo, en vez de correr y huir, el animal se metió en la cueva de la mata de yuca.

Ya el desgraciao conejo está escarbando la yuca, vociferó el humano, bajó el saco de fique, dio media vuelta para enganchar su mochila en un árbol y de inmediato Ruffo salió de la cueva y se le metió en el saco de fique.

A lo que Dios quiera, desde esa posición, la mejor decisión del caso, chequeaba al humano, lo primero que hizo fue arrancar la mata de yuca, donde estaba escarbando Ruffo, diez yucas más unas rabizas y las metió en el saco, favor que me haces, dijo el conejo, comió hasta que no quiso más, encontró una botella de agua en el saco de fique y se la empinó, no sabiendo que era ron.

Cuando despertó de la borrachera estaba en una tienda, dentro de la carga de yuca, lista para la venta al detal, se acercó el tendero y cargó el bulto, lo colocó en la romana y dictaminó veinte kilos y tres rayas, las tres rayas era el peso de Ruffo jacto de yuca y de ron, abrieron el saco y salió el animalito corriendo hacia cualquier dirección, tan rápido iba que el tendero dijo: ajooo, hoy amanecí viendo conejos.

Ruffo llegó al patio, dio cinco vueltas al cuerpo, como huracán en invierno y se transformó en un muchacho, solo que sus orejas no cambiaron, salió por la puerta falsa o de atrás y venia Kiko el hijo del campesino dueño de la yuca, enseguida Ruffo se le pegó al lado.

Hey pelao para donde vas

A cobrar la yuca al tendero.

Quien te mandó.

Mi papá

Cuanto es de plata

Son quinientos pesos.

La malicia del Conejo, afloró y nuevamente le dijo al muchacho.

El tendero dijo que viniera a cobrar el valor de la yuca tu papá, que él no hace trato con pelaos.

A lo que el muchacho le dijo al orejas de conejo: Y tu como lo sabes.
Hay, pendejo, yo soy el hijo de él.

Y se devolvió el muchacho bobo, pilas orejas de conejo, tienes tres minutos para recoger ese dinero y largarte para el monte, se dijo la mente del conejo.

Cuando Bernabé (Berna), el campesino quiso llegar a la tienda ya Ruffo el orejas de conejo, tenía embolsillado los quinientos pesos de las dos cargas de yuca, es más se encontraba en la cantina del pueblo empinándose una botella de ron, igualita a la que estaba en el saco de fique donde cargaron la yuca.

Y que tremenda pelea mantenían los dos amigos Berna y el tendero por el dinero, decía el tendero que él le entregó la plata a su hijo, que hoy vino con las orejas de conejo, al fin muchacho juguetón, mandaron a buscar al muchacho y este contó lo sucedido con el hijo del tendero, el orejas de conejo, hasta ese momento los dos amigos fueron amigos, se tranzaron a trompada limpia en la calle y fueron a dar a la cantina, dándose trompada de la física.

Ya Ruffo llevaba tres botellas de ron entre pecho y espalda y, al ver la gresca, se arregazó las mangas de la camisa, peló sus puños y la emprendió contra los dos enemigos de la yuca, después de una hora de pelea, todos los bancos de madera de la cantina estaban esparcidos por el piso hechos añico, los tres enemigos sin fuerza para pelear.

El cantinero, le decía al orejas de conejo de Ruffo, que se fuera, que ya estaba bueno de pelear, los dos amigos enemigos, pagaron los daños de la cantina y juraron que ese orejas de conejo, se las pagarían, no tendré que llamarme Magdaleno de la Cruz, vociferó el tendero.

Ruffo, el Conejo, bisnieto de Cotilino, cogió camino, se ajuició y vive con su mujer en una cueva de un árbol, criando a sus conejitos. Con el dinero de la yuca, compró una parcela y cultiva zanahoria, maíz y yuca, sus comidas preferidas, y es el único campesino avispado que no le debe a la caja agraria.